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martes, 12 de marzo de 2024

Arto Paasilinna: El año de la liebre

Idioma original: finés o finlandés

Titulo original: Jäniksen vuosi

Año de publicación: 1975

Traducción: Ursula Ojanen y Juan Carlos Suñén

Valoración:  está bien

Ésta, al parecer. fue la novela que hizo más conocido al escritor y periodista finlandés Arto Paasilinna, uno de los más destacados o, cuando menos prolíficos de su país. La novela, en verddad, resulta bastante sencilla de resumir y, de hecho, con el título y la cubierta de estq edición ya se conoce, a grandes rasgos, de qué trata la trama: el periodista Kaarlo Vatanen, de viaje por el interior de Finlandia junto a un fotógrafo, recoge a una pequeña liebre que han atropellado con el coche. pero en vez de dejarla en cualquier sitio y volver a su vida en helsinki, Vatanen no sólo cura al animal, sino que se la lleva a  un periplo a lo largo y ancho de todo el país, abandonando a su esposa, casa y trabajo. 

Sobrevive llevando a cabo diversos trabajos al aire libre y de paso conoce a multitud de personajes que, salvo alguna excepción le tratan con sorprendente amabilidad, en gran medida por la inusual presencia de la liebre -o también, quizás, porque esa sea la idiosincrasia propia de los finlandeses, no sé-, muchas de estas personas resultan tan peculiares o ma´s que él y el viaje de Vatanen se convierte así en una especie de road trip novel o incluso, en más de un episodio, en una novela picaresca a la manera nórdica. Las excepciones, que aportan un punto de violencia a la narración, vienen de personas vinculadas a la religión, al ejército o a la delincuencia, pero el resto de los personajes con los que se encuentra el protagonista -o los, porque la liebre también lo es- son buena gente.

Este buen rollito deriva hacia una narración en general amable y humorística; de hecho, parece que esta novela fue pionera en lo que en los países nórdicos llaman "humor ecologista", con su reivindicación de la vida sencilla en el entorno natural. Pero que tampoco se espere aquí nadie un despiporre; es verdad que encontramos algunos momentos que derivan hacia un cierto absurdo que casi podríamos calificar de berlanguianos (aunque dudo que este adjetivo exista en finlandés), pero, en general, el humor que encontramos en la novela resulta un poco naïf, "txotxolo" o cándido. Cierto es también que la crítica social que seguramente contienen este libro a mí al menos se me escapa, pero suin duda a los finlandeses les habrá hecho la mar de gracia, puesto que esta novela tuvo gran éxito y ha sido adaptada dos veces al cine. En fin, sin desdeñarla, en absoluto, tampoco es que comprenda del todo tanto renombre, si bien es evidente que hay algunos pasajes de mayor intensidad -el incendio en el bosque, la caza del oso- muy sugestivos y de indudable calidad literaria.  El conjunto, no obstante, a casi 50 años de su publicación y a cuatro mil kilómetros del país donde se desarrolla la acción, quizás se me haya quedado un poco escaso, dejando la sensación de que se podía haber hecho una obra mucho más redonda y compleja, con las mismas premisas (en ese aspecto, me parece algo más interesante la otra novela de Paasilinna que he leído Delicioso suicidio en grupo). Pero si alguien quiere pasar un rato agradable entre bosques y lagos boreales, ésta es una lectura que seguramente le complacerá.

También de este autor y reseñado en Un Libro Al Día: Delicioso suicidio en grupo


martes, 20 de diciembre de 2022

Henry David Thoreau: Walden

Idioma original: inglés

Título original: Walden  

Traducción: Marcos Nava García 

Año de publicación: 1854

Valoración: Entre recomendable y Está bien


Thoreau fue un tipo bastante singular: pensador, quizá filósofo, de amplísima cultura clásica, agrimensor y estudioso de la naturaleza, de vocación profesoral, esencialmente rebelde, en fin, un personaje polifacético sobre cuyas ideas hablaremos un poco a continuación. En 1845 se construyó una cabaña junto a la laguna Walden, en pleno bosque aunque no muy lejos de su casa en Concord, y se fue a vivir allí durante aproximadamente dos años. El libro es, entre otras cosas, una crónica de aquella experiencia.

Hay que empezar por afinar un poco la idea. No es que Thoreau se fuese al bosque en modo ermitaño, aislado de la civilización y huyendo del mundo. En este sentido, su estancia no resulta muy radical. Con frecuencia volvía al pueblo a hacer alguna compra y cenaba de vez en cuando en su casa, además de recibir visitas en su cabaña y relacionarse con leñadores, pescadores, paseantes y campesinos de los alrededores. Así que no es la experiencia mística del superviviente solitario. Con este formato, puede decirse que lo que intenta es llevar a la práctica algunos de los principios fundamentales de su pensamiento.

Desde mi punto de vista, el primero de ellos es el individualismo, ese individualismo feroz que es la marca inconfundible de lo norteamericano, algo que arranca de los propios orígenes del país, muy marcado a mediados del XIX cuando escribe Thoreau y todavía plenamente vigente a estas alturas del siglo actual. La figura del autor, voluntariamente aislado en el bosque, levantando su propia casa y buscando alimento por sí mismo, es (aunque matizada por las peculiaridades que he apuntado antes) la imagen misma del hombre que subsiste en base a sus propias fuerzas, que no necesita comunidad ni gobierno para progresar y construir su vida. Todo el libro tiene el foco puesto en el individuo, supuestamente autosuficiente y sin ataduras que le limiten.

Ese rechazo a todo lo que sea ajeno o colectivo (incluido el ferrocarril que acababa de tenderse muy cerca de su refugio), en buena parte incluso a toda autoridad, tiene reflejo en otra de sus obras más conocidas (Desobediencia civil) y en anécdotas como su paso por el calabozo por negarse a pagar impuestos, parece que en protesta por la esclavitud y la guerra contra México, o su renuncia como profesor en Harvard para dar clases en un instituto de Massachusetts. En Thoreau puede apreciarse con bastante claridad la zona de penumbra, no demasiado amplia, donde ese rechazo al orden establecido desde un individualismo radical que podría considerarse ultra linda con el anarquismo.

Otro de los aspectos más llamativos es algo que podríamos llamar espiritualismo o austeridad. Escenificado en su vida campestre, Thoreau defiende la sencillez en todos los órdenes de la vida, aborreciendo cualquier cosa que signifique ornato o comodidades innecesarias. De forma muy gráfica muestra su desprecio por las mismísimas pirámides de Egipto:

‘No hay en ellas nada que deba asombrarnos tanto como el hecho de que se pudiera humillar a tantos hombres hasta el punto de que dedicaran sus vidas a construir la tumba de un bobo ambicioso, a quien habría sido más inteligente y viril ahogar en el Nilo, para luego ofrecer su cuerpo a los perros’.

En parecida medida muestra su repugnancia hacia modas arquitectónicas que según él se centran solo en la apariencia. El hombre no precisa de las cosas superfluas, la casa o la vestimenta deben ser espartanas, conteniendo solo las cosas necesarias, algo que bien pudiera tener sus raíces en el puritanismo, pero que también conecta directamente con una idea de comunión con la naturaleza en cuyo fondo es fácil encontrar parentescos con algo tan moderno como el ecologismo. La búsqueda de esa integración con el medio natural está presente en cada una de las páginas del libro, por lo que se suceden las descripciones de todo lo que Thoreau contempla, estudia y admira a su alrededor: animales (incluyendo un terrible relato de la despiadada lucha entre… dos hormigas), árboles y plantas en los que era un experto, la formación y disolución del hielo en la laguna, la luz y los sonidos. Muchas páginas repletas de observaciones, acompañadas de su valoración, que siempre acaba confirmando los principios mantenidos por el autor.

Estas largas disertaciones puede resultar algo aburridas, aunque casi siempre se entremezclan con multitud de reflexiones sobre los asuntos más diversos, relacionadas con algunos de sus vecinos o esporádicos paseantes ('cultivar a un irlandés es tarea que precisa una inmensa azada moral'), con puntos de vista vinculados al trascendentalismo (algunos de gran belleza, como el vínculo entre los ciclos anuales y diarios, otros realmente extraños, como la identificación entre los miembros del ser humano y formas del espacio natural) o en torno al sinsentido del progreso encarnado en la imagen aborrecible del ferrocarril. Y de cuando en cuando, nuestro singular amigo se deja llevar con gusto a una catarata de aforismos de fabricación propia que hará las delicias de los coleccionistas de citas.

Individualismo, conciencia ecológica, puritanismo o primitivismo son ideas, en apariencia tan heterogéneas, que se funden formando la curiosa amalgama que constituye el largo discurso de este autor, que aún sorprende más cuando se deja ganar por un tono abiertamente bíblico, cuajado de referencias a las Escrituras, pero también a numerosos textos, lo mismo de la Grecia clásica como de los grandes libros de la filosofía hindú. Todo un cóctel que puede resultar algo pesado por momentos, pero que tiene también un lado sugestivo, alejado de lo convencional y mostrando siempre el indomable espíritu de quien escribe desde la libertad más plena.


sábado, 15 de octubre de 2022

Cal Flyn: Islas del abandono. La vida en los paisajes posthumanos

Idioma original: Inglés
Título original: Islands of abandonment: life in the post-human lanscape
Traducción: Laura Barahona
Año de publicación: 2021
Valoración: Está muy bien

Una lectura superficial de Islas del abandono nos llevaría a decir que este es un libro de viajes y un libro sobre naturaleza, pero una lectura más "atenta" obliga a decir que se trata de un libro mucho más completo porque en él se tocan aspectos tales como Historia, Geología, Sociología, Economía, Colonialismo, etc.

Porque Islas del abandono es un recorrido por doce lugares en los que diferentes motivos, la mayoría de ellos ligados con la actividad más bien tirando a autodestructiva del ser humano, han creado paisajes casi apocalípticos y cómo la naturaleza y nuevas o diferentes formas de vida han ido abriéndose camino. Pero tan importante como lo anterior es el viaje "previo", conocer qué provoca el desastre y los efectos de este sobre el ser humano.

Esto último hace que la mirada de Flyn me recuerde mucho a la de gran Alexievich. Detrás de cada lugar hay individuos que sufren, que malviven, que sobreviven entre los restos de un naufragio que sirve tanto de prisión como de refugio. Su testimonio y el papel que la autora le otorga en el relato es clave para hacer de este algo profundamente humano.

Más cosas a destacar: me gustan esos ensayos que me aportan algo "diferente", algún tipo de conocimiento que no tengo, nuevas preguntas en vez de la confirmación de mis certezas. En el caso que hoy nos ocupa, la parte de "aprendizaje" viene de la Historia de ciertos lugares, de conceptos vinculados a la biología / ecología como transición forestal, selección antinatural o invasión exótica, de la importancia de ecosistemas y lugares aparentemente "feos" o "vacíos"; la parte de "cuestionamiento" procede de la puesta en entredicho de algunas verdades que tenía asumidas y que quizá deban ser matizadas (en parte).

Todo lo anterior, además, con una clara voluntad literaria. No estamos ante un mero recuento de sucesos. Hay una estructura muy clara, voluntad de estilo en las descripciones y cierta variedad en los textos que van desde el reportaje periodístico al relato casi distópico.

En fin, un libro divulgativo, entretenido y bien escrito a partes iguales que no tengo ni idea de cómo envejecerá pero que sí que tengo claro, apenas 3 días después de haberlo terminado, de que será uno de mis libros del año.

jueves, 19 de mayo de 2022

Beatrice Blue: 3x1 Érase una vez un unicornio, Érase una vez un dragón, Érase una vez una sirena

Idioma original: inglés
Título original: Once Upon a Unicorn Horn, Once Upon a Dragon's Fire, Once Upon a Mermaid's Tale
Traducción: Anna Pauner en catalán para Cruïlla, Alejandra Freund en castellano para Ediciones SM
Año de publicación: 2019, 2020, 2021
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


Rompiendo un poco la temática y tipo de libros que acostumbro a tratar en las reseñas, hoy cambio de registro y me inicio con una serie de libros infantiles, pues la literatura infantil también es literatura, y creo que es apropiado darle más espacio en nuestro blog, pues, indudablemente, si hemos llegado hasta aquí en nuestra personal biografía literaria es gracias a esos primeros libros que nos han hecho soñar e ilusionar con otros mundos y personajes.

En los tres libros traducidos hasta la fecha por parte de la escritora, ilustradora y diseñadora gráfica Beatrice Blue, y a pesar de que se trata de libros totalmente independientes (no forman parte de una misma historia, ni tienen los mismos personajes ni comparten trama argumental), vemos en todos ellos ciertos rasgos comunes, que modelan un estilo muy característico a nivel argumental pero también gráfico lo que me lleva a hacer una reseña conjunta de todos ellos. Estos rasgos que conforman el estilo de la autora se caracterizan principalmente por los siguientes aspectos:

  • A nivel argumentativo: los personajes de Beatrice Blue son niños ni muy pequeños ni tampoco muy mayores (quizá estarán entre los cinco y los diez años) que viven rodeados de naturaleza (ya sea el campo, la montaña o el mar) y esa naturaleza y los animales que en ella viven forman siempre el núcleo central en cuanto al argumento. De esta manera, los tres libros guardan como argumento común la relación entre los niños y los animales pero, especialmente, cómo los niños, a través de su relación con ellos, aprenden a conocer el entorno en el que viven, a respetarlo y a cuidar y ayudar a los animales que en él habitan.

  • A nivel gráfico, el trazo de la autora se caracteriza por líneas redondeadas para dibujar sus personajes, aunque en su evolución se aprecia una cada vez mayor precisión y perfilamiento en los rasgos físicos de sus personajes. A nivel colorativo, la autora utiliza una amplia gama cromática, buscando a menudo el contraste entre la oscuridad del entorno (ya sea un bosque, el mar o el campo) con la luz que irradian los personajes.

Los tres libros que se incluyen en esta reseña son interesantes, pues ahondan en temas como la solidaridad y la inclusión en el caso del libro del unicornio, el miedo a lo desconocido y los temores infundados en el caso del dragón, y la importancia de cuidar el entorno y no interferir en el medioambiente. Así, los valores que transmiten los libros de Beatrice Blue giran en torno a la necesidad y conveniencia de establecer vínculos con nuestro entorno, a la vez que en ayudar a los necesitados (a pesar de su apariencia feroz en algún caso) y no dejarnos llevar por nuestros intereses personales sino en pensar en el bien común. Todo ello, rodeado de un estilo gráfico cálido a la vez que rico en matices, en los que los trazos de Beatrice Blue nos acompañan a entrar en sus historias cálidas y bondadosas que seguro que gustarán a los niños y niñas a partir de los tres o cuatro años. Una autora a tener en cuenta.

jueves, 6 de enero de 2022

Wolfgang Harich: ¿Comunismo sin crecimiento?

Idioma original: alemán

Título original: Kommunismus ohne Wachstum? Babeuf und der »Club of Rome«. Sechs Interviews mit Freimut Duve und Briefe an ihn (nada menos)

Año de publicación: 1975

Valoración: Recomendable (solo para interesados)


Uno ya no sabe qué hacer para colocar en estas fechas navideñas algún libro que de verdad conecte con el espíritu propio de la época. En una ocasión fue la reseña de un libro sobre los genocidios más sangrientos del pasado siglo XX, y en este final de año me ha parecido lo más adecuado un ensayo escrito por un comunista ortodoxo de la antigua República Democrática Alemana profundizando en la doctrina clásica, confrontando con las posturas de la socialdemocracia occidental y reivindicando la herencia pre-marxista de Gracchus Babeuf, en contraposición (ojo, quizá solo aparente), con las tesis de Rousseau. Como me gusta decir en estos casos, no hay problema en que usted, amigo lector, con toda la lógica interesado en otro tipo de lecturas, sienta el impulso de abandonar sin miramientos esta reseña: mañana encontrará en ULAD otro título que seguro le atraerá mucho más. Pero antes déjeme precisar un par de cosas.

He dicho ensayo, y este libro no lo es del todo. Efectivamente, Harich (filósofo y periodista de alto nivel de erudición) expone sus ideas en torno al comunismo y otros asuntos conexos que luego indicaré, pero lo hace en un formato poco usual y bastante sorprendente: el libro es una entrevista, una larga charla con Freimut Duve, destacado miembro del SPD (Partido socialdemócrata) en la Alemania Occidental de 1975. Aparte de darle dinamismo y un punto de naturalidad a temas en principio algo rocosos, la fórmula resulta rompedora en el contexto en que se gesta el libro. Recordemos: la actual Alemania estaba dividida en dos países que se miraban con recelo, uno integrado de lleno y a todos los niveles en el mundo occidental, el otro en la órbita soviética. Por medio, la frontera inexpugnable, el Telón de Acero, el muro de Berlin, impermeabilidad absoluta o casi. Por eso la experiencia dialéctica Harich-Duve, plasmada en un libro, constituye una experiencia históricamente destacable.

También he calificado a Harich como comunista ortodoxo. Él mismo reclama este título, pero no todo parece ser tan granítico. De hecho, fue defenestrado por el régimen de Berlin-Este, como tantos otros acusado de revisionismo, y en este mismo libro presenta ideas que a más de uno le habrán parecido heréticas aunque, si lo leemos con atención apreciaremos que siempre intenta imbricarlas en el marxismo pata negra. Pero claro, los tiempos no eran propicios para que nadie innovase demasiado. Y Harich lo hace, aunque desde nuestro siglo XXI nos parezca que de forma muy inofensiva y cargada además de razonamientos hoy interiorizados por la mayoría.

El núcleo del libro gira en torno a la ecología, concepto que ahora tenemos muy asumido y llena sin problema noticiarios y tertulias, pero que en 1975 (con Franco todavía vivo, para hacernos una idea) era una cosa un poquillo rara. Resulta que en esa lejanísima época el Club de Roma, una ONG de carácter científico, había publicado un informe alertando de las consecuencias del deterioro del medio ambiente, el posible agotamiento de combustibles y materias primas, y en definitiva, de los peligros de un crecimiento ilimitado, también en el aspecto demográfico. Harich suscribe en su mayor parte estas tesis y asume la preocupación por el futuro del planeta. Como buen estudioso, desgrana con cierto detalle los peligros que acechan e intenta integrar las soluciones en su ortodoxia marxista asegurando por ejemplo (y argumentando en profundidad) que cualquier solución al respecto solo sería posible en un sistema comunista. 

Pero, al margen de cierta ingenuidad que resulta fácil achacarle con medio siglo de por medio, lo que realmente me interesa es, en primer lugar, cómo Harich tiene la valentía de subirse al carro de la ecología desde el campo pro-soviético, algo que, aunque él insista en que hay científicos y pensadores de esa cuerda que comparten estas ideas, está generalmente muy mal visto desde el Kremlin. Efectivamente, el discurso ecológico, hoy día plenamente asumido por la izquierda, se ve en ese momento histórico como una preocupación pequeño-burguesa utilizada para distraer de la prioridad absoluta de la lucha de clases y, en el terreno más práctico, la guerra entre bloques. Por si fuera poco, el informe al que nos referimos fue elaborado por científicos vinculados al célebre MIT, es decir, plenamente en la órbita occidental, lo que suscita todos los recelos del mundo a los guardianes de las esencias. Pero Harich mantendría sus posiciones contra viento y marea, gracias a lo cual hoy se le considera como el padre del ecosocialismo.

Aún habrá otro motivo de discordia. La alerta del Club de Roma advertía de la inviabilidad de la escalada de crecimiento indefinido iniciada tras la Segunda Guerra mundial, y Harich se pone al frente de la tesis que creo que llama de crecimiento homeostático: hay que mantenerse en torno al crecimiento cero para no dañar más el medio ambiente ni agotar los recursos naturales, aunque ello suponga un cierto sacrificio en el nivel de vida. Algo que también podríamos definir como comunismo ascético. Esto, que nuevamente quiere entroncar con las fuentes originales del marxismo, es una nueva pedrada, y muy potente, para el sistema económico soviético y de sus satélites, así como para los teóricos clásicos, porque pone en cuestión tanto la idea troncal del crecimiento ilimitado hacia la sociedad comunista objetivo como su aplicación práctica, que puso en el núcleo del sistema a la industria pesada. Por tanto, Harich estaba tocando temas muy sensibles, y eso que ni siquiera se habrá imaginado el frenesí de descontrol, contaminación salvaje y explotación brutal de recursos que sus socios estaban ya poniendo en práctica.

Como se puede ver, hablamos de temas quizá algo ásperos, pero puedo asegurar que el formato de charla-entrevista entre dos personajes de alto nivel intelectual convierte el resultado en algo muy interesante, al menos para quien tenga alguna curiosidad sobre el pensamiento político de mediados-finales del siglo XX. Incluso nos proporciona algunos momentos cómicos, como cuando Duve pide a Harich que no se altere tanto, o cuando éste, en una carta posterior dice que ‘por lo menos en tres ocasiones estuve a punto de tirarle a la cabeza todo el manuscrito que tenemos que corregir en común y dar por definitivamente finalizado y fracasado nuestro experimento de diálogo o de entrevista’. Todo un carácter.

Y, ya lo siento, pero al margen de la distancia histórica e ideológica, se me ocurre pensar qué diferencia abismal entre la talla intelectual de estos políticos y algunos a los que veo en las noticias (más bien todos).


jueves, 12 de agosto de 2021

Ludovic Debeurme: Trilogía Epiphania

Idioma original: francés

Título original: Epiphania

Años de publicación: 2017 (#1 y 2) y 2019 (#3)

Traducción: Jorge García Valcárcel

Valoración: recomendable

Sobre un planeta Tierra agotado por los desmanes ecológicos que causamos los seres humanos caen tres mereoritos que provocan un desastroso tsunami. Cuando se retiran las aguas, cientos o miles de bultos empiezan a surgir del suelo en jardines, parques o bosques... pero no se trata de setas o champiñones, sino de nuños que van creciendo en la tierra -a la manera de amanece que no es poco, apra entendernos-, aunque cuando se consigue sacar alos primeros con vida, se comprueba que no son exactamente humanos, sino que comparten algunas características físicas con diversos animales: morros de cerdo, hocicos de perro, trompas, pezuñas de cabra, cuernos... Son los llamados "mixbodies"-aunque luego ellos preferirán el nombre de "epiphanians"-, que son internados en campos para su estudio y control, excepto los más afortunados, que son adoptados por familias que tratan de integrarlos en la vida humana normal. Éste es el caso del pequeño Koji, adoptado por el músico David, pero pese a haber sido criado rodeado de amor, al llegar a la adolescencia -mucho antes que en sus coetáneos humanos- y ante el rachazo de la sociedad en general, el joven Koji siente crecer una ira en su interior, un odio hacia las personas que acaba por conducirle hacia un camino sin retorno.

No voy a contar más de la trama de esta trilogía fantástica del francés Ludovic Debeurme -con ayuda de fanny Michaëlis en las dos primeras partes-; señalar tan sólo que quien haya visto la serie de Netflix Sweet Tooth habrá advertido ciertas concomitancias... no digamos ya con los cómics de los X-Men de Marvel, de quienes los de Debeurme son claramente deudores. Aunque en éstos tanto la crudeza como el traqnsfondo ecologista son bastante mayores y también un tono digamos "lisérgico"; sobre todo en el terecer volumen de la trilogía, en el que parece que al bueno de Debeurme se le fue del todo la olla despliega todo su universo imaginativo , en un alarde de dibujo y color de lo más notable.

Cierto es que el mensaje ecologista que recorre toda la historia -los tres libros, pero sobre todo el tercero- se hace un poco repetitivo, aunque también se pueden extraer otros temas importantes de estos cómics, como son el miedo al diferente o el recelo ante los inmigrantes o simplemente los cambios que se producen en nuestra sociedad. pero, sin duda, es el daño que los humanos le causamos a nuestro planeta (nuestro en el sentido de que vivimos en él, no que nos pertenezca) el tema que articula toda la historia y sobre el que su autor, a través de la fantasía, pretende que reflexionemos. No sé si ésta será la manera más adecuada para hacerlo, pero al menos  estos libros serán un goce visual para quien los lea. Quizás no representen una epifanía planetaria, pero, para alguien, tal vez sí estética.


jueves, 1 de julio de 2021

Adrián Almazán: Técnica y tecnología

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

Técnica y tecnología es un ensayo valioso. En él, Adrián Almazán emplea disciplinas dispares para rebatir minuciosamente el dogmático argumentario de los tecnófilos (o, mejor dicho, de los «tecnolófilos»). 

Almazán desmiente en estas páginas, por ejemplo, que la tecnología (o la técnica) sea algo intrínseco a nuestra especie; que sea neutral; que los problemas ocasionados por ella deban solventarse con la misma; o que el progreso sea necesariamente positivo. De manera que el marco teórico en que se mueve el autor se aleja del antropocentrismo, el exencialismo humano y el capitalismo.

Ahora dejad que liste las múltiples virtudes de esta obra: 

  • Su amenidad la hace accesible incluso para profanos de la materia. 
  • Su claridad expositiva logra que las ideas barajadas permeen. 
  • Se muestra cautelosa a la hora de tocar temas en los que no hay un consenso científico claro o para los que Almazán no tiene una respuesta definitiva.
  • Usa la película Rompenieves de Bong Joon-ho para ilustrar sus tesis.
  • Propugna una revolución (anti-capitalista, ecologista e incluso diría que humanista) sin caer en la ingenuidad en el proceso.
  • No intenta forzar una solución concreta al "statu quo" actual, aunque sugiere que haberla, hayla. 

En cuanto a los defectillos que le pondría al texto, resaltaría los siguientes: 

  • Sus menciones al machismo me parecen algo gratuitas, y sus proclamas igualitarias no me acaban de convencer. Sea como fuere, tanto lo uno como lo otro aparece sólo esporádicamente.
  • Puede que aquí peque yo de esa miopía propia de quienes son incapaces de imaginar un futuro distinto, o quizá haga gala de un pragmatismo con el que no me gusta asociarme, pero no sé hasta qué punto es viable social, política y económicamente transformar las cosas con el nivel de profundidad por el que Almazán aboga. 

En definitiva, Técnica y tecnología es un ensayo la mar de interesante, tan académico como asequible, tan riguroso como idealista (y conste que esto último es un cumplido). 

martes, 18 de mayo de 2021

Olga Tokarczuk: Sobre los huesos de los muertos

 Idioma original: polaco

Título original: Prowadź swój pług przez kości umarłych

Año de publicación: 2009

Valoración: Recomendable



Como saben, sobre Olga Tokarczuk recayó el premio Nobel de 2018 que no recibió hasta el año siguiente junto a Peter Handke, el galardonado del momento –ambos reseñados aquí–, ya que la Academia Sueca decidió hacer una pausa por entonces para resolver sus propios asuntos.

He disfrutado con esta novelita, que quizá merecería otro formato, más reducido, como el relato o la novela corta, para brillar como se merece. Primero descubrimos un personaje femenino con entidad propia que promete dar mucho juego; asimismo, el escenario en el que se mueve está lleno de posibilidades, pero hacia la segunda mitad parece que el argumento se agota, que se enrosca sobre sí mismo, que ya no da más de sí. Una impresión completamente errónea, pues poco después volvemos a sorprendernos y emocionarnos con un giro de guión que no ha sido ideado para hacer un alarde virtuoso, al contrario, sirve para completar el significado más profundo de la trama y conlleva unos cuantos interrogantes éticos. Por eso, si la autora hubiera insistido algo menos en esa vida cotidiana que ya conocíamos, ese anticlímax tan marcado no hubiera llegado a producirse.

Pero vayamos por partes. Los elementos que la componen proceden de una larga tradición, desarrollada en cualquier literatura, aunque hábilmente modificados por Tokarczuk para llevarlos a su propio terreno. En primer lugar, la protagonista constituye un hallazgo destacable. Una ingeniera, de cuyos servicios se prescindió por resultar incómoda, no sabemos por qué, y que ahora vive retirada en un territorio despoblado e inhóspito viviendo de unas clases de inglés a tiempo parcial y de alguna labor de mantenimiento. Este personaje, por lo que luego veremos, recuerda más o menos de refilón a la Miss Marple de Agatha Christie o a la Jessica Fletcher de la vieja serie Se ha escrito un crimen, que quizá alguien recuerde todavía. Con la diferencia de que esta señora tiene entidad propia, incluso muchas capas, y no es un mero instrumento para guiar las investigaciones. Si ha fijado allí su residencia, no fue por casualidad, ya que es una persona reflexiva, con una personalidad muy marcada y pensamientos dignos de atención, que se encuentra unida estrechamente a ese lugar concreto, con su fauna y su flora específicas, y sus opiniones, así como su modo de vida, en comunión con la naturaleza y dedicada obsesivamente al estudio de los astros y su repercusión en lo que ocurre acá abajo, difiere por completo del de sus vecinos, que la consideran, por decirlo suavemente, una excéntrica.

“Al mismo tiempo, deseo exhortar a la Honorable Policía a que no se cierre ante la idea de que los autores de los trágicos acontecimientos arriba mencionados puedan ser los mismos animales. (…) San Bernardo excomulgó a un enjambre de abejas que le impedía hacer un trabajo con su zumbido. Las abejas serían también las responsables de la muerte de un hombre en Worms en el año 846, por lo que el Concilio de Worms decretó la muerte de estas por asfixia. (…) En 1639, en Francia, en Dijon, un jurado condenó a un caballo por haber matado a un hombre. (…) El más famoso de los procesos se celebró en Francia, en 1521 y fue el proceso de unas ratas que causaron grandes daños en las cosechas. Fueron demandadas y citadas a juicio por los vecinos, y les fue designado un abogado de oficio que resultó ser el hábil jurista Bartholomew Chassenée. (…) Finalmente, tras un encendido alegato de su defensor, las ratas fueron declaradas inocentes. (…) Atentamente, Duszejko."

Contra lo que pueda parecer, y aunque escribe varias cartas a la policía de las cuales esta es con diferencia la más estrambótica, nuestra heroína ni es tonta ni está tan desequilibrada como dan a entender estas líneas. Es más, puedo asegurarles que sabe distinguir perfectamente entre las buenas y las malas acciones. Es verdad que, en más de una ocasión, defiende que los animales actúan movidos por propósitos concretos, pero eso, por mucho que les mueva el instinto, nadie puede negarlo. Quede claro, pues, que lo que se narra aquí es algo muy serio, nada que ver con una fábula infantil.

El territorio, desolado y cubierto de nieve durante muchos meses al año, integrado por un puñado de casas dispersas y separadas del pueblo más cercano por unos cuantos kilómetros, es el elemento típicamente novelesco que nos mantendrá en tensión al menor movimiento extraño que se produzca. También aquí, tanto literatura como cine, han encontrado un filón para desarrollar historias inquietantes. Recuerdo ahora el caserón de Otra vuelta de tuerca o el resentido pueblucho llamado Dogville. En este caso las escenas dantescas son escasas y no están descritas con detalle, pero el hecho de que vayan apareciendo cadáveres de vez en cuando, en su propia casa o a la vuelta de cualquier curva, y que la policía demuestre no tener ninguna pista no parece irrelevante en absoluto. Lo malo es que carecemos de sospechosos: los personajes que van apareciendo, siempre en relación con la señora Duszejko, son seres pacíficos, simples aficionados a la caza o a la búsqueda de setas que se ocupan de sus asuntos sin meterse con nadie. Aunque se habla insistentemente de un mafioso local con quien el comandante de la policía –también asesinado– parece haber compartido negocios.

A pesar de lo dicho, no podemos encuadrar esta novela en los géneros negro, policíaco ni nada parecido. Si tuviera que ponerle una etiqueta, la calificaría de ecologista con ciertas dosis de misterio. La propia autora milita en el partido Los Verdes desde hace más de una década. Su transcurso es tan sereno como la protagonista y sus amigos: todos ellos de costumbres pacíficas, carentes de grandes pasiones pero con afectos arraigados y algún gran ideal, causante, quizá, de cierto comportamiento fanático.


Otros libros de la autora: Un lugar llamado Antaño, Los errantes

sábado, 9 de enero de 2021

Marlen Haushofer: La pared

Idioma original: alemán
Título original: Die Wand
Traducción: Claudia Toda Castán
Año de publicación: 1968
Valoración: entre está bien y recomendable


Hay ciertos libros que, a pesar de su antigüedad, parecen gozar de una atemporalidad absoluta. Y, también es cierto, que en época de confinamientos y escenarios nada halagüeños parecen proyectar un futuro que, aunque distópico, tiene ecos en nuestro presente. Este es el caso que nos ocupa, con esta novela de tintes postapocalípticos que podríamos ubicar mentalmente en un estado de aislamiento similar al que un hipotético Thoreau se encontraría en la isla de Robinson Crusoe. Pero dejémonos de conjeturas y paralelismos y vayamos a ello.

Narrado principalmente en clave retrospectiva, ya la primera página del libro es de una atmósfera sobrecogedora, oprimente, claustrofóbica, de una soledad narrativa extrema que defiende con la escritura la amenaza del invierno y del miedo, un miedo que crece alimentado por un horror que «se acerca reptando en todas las direcciones». El estilo de la autora impacta por acongojante, creando cierto pánico ambiental en el que es fácil situarse mentalmente. Se nota el frío, la oscuridad y la amenaza constante de que ninguna de estas cosas va a cambiar y, si lo hace, no será para mejorarlo sino para someter más profundamente en el pesar y el desaliento a la narradora, quien, escribiendo un informe a modo de diario, afirma que «no escribo por el placer de la escritura; tal como son las cosas, tengo que hacerlo si no quiero perder la razón». Este es el propósito por el que escribe este libro, pues «estoy totalmente sola y debo intentar sobrevivir a los meses largos y oscuros del invierno» y «mi mente es libre, puede hacer lo que quiera; lo único que no puede hacer es perder la razón» porque «seguramente la única reacción normal ante todo lo que ha sucedido sea la locura».

De esta manera, el inicio del libro tiene un alto ritmo y una apertura de los más intrigante, pues sitúa a la narradora, protagonista absolutísima del relato, escribiendo un informe desde su cabaña, en una atmósfera opresiva e inquietante. Pocas páginas bastan para ponernos en antecedentes: la protagonista pasa unos días en la cabaña donde viven su hermana y su marido y, tras unos días juntos, la pareja decide salir una tarde al pueblo vecino, aunque, por motivos que en ese momento desconoce, sorprendentemente no regresa; así, la protagonista se despierta con su ausencia y, yéndolos a buscar, topa de golpe con una inmensa pared de cristal interminable, infranqueable, irrompible, invisible, indetectable, una barrera aislante del resto del mundo; al otro lado, la nada, a excepción de una persona y algunos animales que ve a distancia, totalmente inmóviles, inertes, muertos. En su absoluta perplejidad, la autora toma consciencia de que ha quedado sola y aislada en ese lado de la pared con la única compañía de unos pocos animales: una vaca que apoda Bella, un perro de nombre Lince y una gata Gris. Ellos conformaran su círculo y entorno, sus nuevos compañeros en el día a día, su nueva familia. Incomunicada y aislada. Desconectada del resto del mundo por una barrera, tal y como narra la autora afirmando que «de la noche a la mañana, una pared invisible había descendido o había emergido» y, además, con la duda de «si la desgracia había afectado sólo al valle o al país entero». Y, con la aparición de la pared, el surgimiento primero de la incertidumbre y del asombro, de la absoluta perplejidad porque «algo como aquella pared no podía existir. Pero, puesto que ahí estaba, marcarla con palos era el primer intento de remitirla a un espacio racional» y, después, la adaptación a la nueva situación, incluso asumiendo que podía llegar a ser irreversible, pues «no debía esperar que me encontraran jamás».

A partir de ese suceso, del que se sabe poco y no es el foco principal en el que se basa el desarrollo de la novela, la obra gira en torno a la reconstrucción de una vida, a la adaptación a un nuevo mundo que se abre ante la protagonista con muchas limitaciones y pocos medios, con toda una vida por analizar y otra por aventurar, pues la soledad en el bosque le hace recapacitar y evaluar su vida anterior hasta el punto de afirmar que «reflexioné sobre mi vida anterior y la encontré deficiente en todos los aspectos», constatando que «hoy mismo ya no soy la persona que era (…) quizá me he alejado tanto de mí misma que ni siquiera soy consciente. Cuando ahora pienso en la mujer que era antes de que la pared apareciera en mi vida, no me reconozco en ella». Una vida anterior en la que se sentía atada, incluso más prisionera que en la nueva realidad con la que se encuentra, afirmando incluso que «a veces, mucho antes de que existiera la pared, deseaba morirme para poder, al fin, liberarme de mi carga. Siempre callé sobre ese pesado lastre; un hombre no me habría entendido y, en cuanto a las mujeres, les pasaba exactamente lo mismo que a mí». Una referencia clara a la sociedad patriarcal de finales de los sesenta, que alude directamente a una vida oprimida que, en ocasiones, recuerda en parte a «La mujer helada» de Annie Ernaux, como cuando afirma en su aislamiento que «cuando hoy pienso en la mujer que una vez fui, la mujer de ligera papada que tanto se esforzaba por parecer más joven, siento poca simpatía por ella. Sin embargo, no quiero juzgarla con demasiada dureza. Nunca tuvo la posibilidad de planear su vida conscientemente» y constatando, de manera terrible, que «quizá la pared fuera solo el último intento de alguien desesperado que necesitaba escapar. Escapar o enloquecer».

La narración transcurre sobre el paso del tiempo y cómo hace mella en el estado de ánimo de la protagonista; un tiempo que avanza entre estaciones climáticas pero también vitales, pasando por episodios de alegría y felicidad, pero también por otros llenas de cansancio y pesar y, en el paso del tiempo inexorablemente rutinario, la sensación agonizante de que aquello será para siempre, de que no se producirá ningún cambio, de que la compañía de sus animales (con sus nacimientos y sus muertes) será lo único con lo que pueda contar, construyendo su nueva vida en torno a una familia formada por ellos, atribuyéndoles diferentes roles según su temperamento. Así lo gatos son como hijos pequeños, juguetones, de carácter cambiante; la vaca es el temple, la calma y el perro su principal soporte anímico, su compañero en el día a día; de esta manera construye un entorno reconocible y confortable, identificable y con el que poder estrechar lazos anímicos porque, cómo afirma la protagonista, «para vivir, si deseaba seguir siendo humana, necesitaba precisamente esa normalidad familiar» y responsabilizarse de ella, pues la sensación de agotamiento, abatimiento y soledad es constante en voz de la protagonista, llegando a extremos indeseables, afirmando incluso que «no sé lo que habría pasado si la responsabilidad por mis animales no me hubiera obligado a hacer, al menos, lo imprescindible». Así, la ecología conforma otro de los pilares sobre los que se sustenta la obra, pues «el que corre no mira (…) desde que me he vuelto más lenta, el bosque a mi alrededor se ha llenado de vida. No quiero decir que esta sea la única forma de vivir, pero sin duda es la más adecuada para mí. Y cuantas cosas tuvieron que suceder para encontrarla» concluyendo que «aquí, en el bosque, estoy en el lugar adecuado para mí».

Repleto de interesantes reflexiones acerca de la supervivencia no únicamente física sino también emocional, el relato ofrece una introspección con evidentes carices feministas sobre la vida, sobre la familia, sobre la relación con la naturaleza y su defensa de la libertad y la ecología. Estos aspectos son los más destacables de un libro interesante, pues nos ofrece una serie de planteamientos vitales con múltiples interpretaciones y enfoques. A pesar de ello, y aquí confieso que es una sensación muy subjetiva atribuible a la necesidad que tengo de cierto ritmo narrativo, la valoración no es superior pues el libro cae en una cierta y constante rutina, echando de menos puntos de inflexión que insuflen algo de aire fresco para poder seguir con la lectura sin caer en la monotonía de la vida a la que la propia protagonista se ve enfrentada. De manera similar a lo que le ocurre a la protagonista, a media lectura uno entra en cierta fase de repetición, cierto cansancio y reiteración de ideas, sin encontrar cambios que aporten un fresco aliento e insuflen aires de renovación. Es posible que justamente esto sea algo buscado, forzando al lector a entrar en esa misma sintonía (en ocasiones apática) en la que se encuentra la protagonista, contagiándose de su pesar y sensación de que cada día es prácticamente igual que el anterior y son únicamente unos pequeños cambios en la vida (el tiempo, el estado de ánimo —también de los animales—, alguna pequeña alteración de la rutina a la que está sometida) los que dan cierto aliento narrativo. De igual manera, la narración continúa sin capítulos o elementos que rompan el bloque van en esa misma dirección y no contribuye a romper o acelerar el ritmo.

En cualquier caso y obviando cierta lentitud y reiteración de situaciones, la lectura es interesante por la calidad literaria de la autora, repleta de frases profundas, pero también por el argumento, pues lo que podríamos imaginar en un inicio como un libro distópico, se convierte en un ejercicio de autoconsciencia, de revisión de la vida, de las prioridades y las necesidades vitales y afectivas, así como también es un ejemplo de superación y reconstrucción personal. De esta manera, no es de extrañar que el libro pueda ser leído en clave ecológica, como un canto de amor a la naturaleza, a la reconexión física y emocional a un mundo que para muchos se nos antoja ajeno y también lejano. Igualmente, también puede ser interpretado en clave feminista, simbolizando la pared invisible como la frontera y la prisión en las que se encuentran encerradas algunas mujeres; así, la pared invisible es aquello infranqueable, aquello que impide avanzar, pero es algo intangible, casi imperceptible y mucho menos evidente, aunque existe y supone un aislamiento hacia el resto del mundo. Como en el libro, el primer paso es marcar donde se encuentra, para tomar consciencia de ello y decidir si construimos un nuevo comienzo o nos sumergimos y decaemos en la añoranza de un vano y vacío pasado.

martes, 8 de agosto de 2017

Jared Diamond: Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen

Resultado de imagen de colapso diamond amazonIdioma original: inglés
Título original: Collapse
Año de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable por lo menos



En lo que concierne al futuro del planeta, la disponibilidad de recursos, el cambio climático, la inevitable globalidad de los problemas medioambientales y cuestiones similares parece que la opinión esta polarizada. El sector concienciado manifiesta su preocupación constantemente e intenta sensibilizar al resto.
Necesitamos saber a qué atenernos. En absoluto considero una exageración esas alarmas, pues están bien documentadas y proceden de fuentes fiables, pero incluso los que piensan que apenas tienen fundamento deberían salir de dudas de una vez. Colapso no es un texto de ficción ni un ensayo literario, se trata de una obra científica, extensa, y exhaustivamente documentada, imprescindible –junto a otras– para todo administrador público o para cualquiera que desee opinar con conocimiento de causa.
Su propósito es investigar las causas del colapso de algunas sociedades antiguas –la mayor parte de las cuales desapareció sin dejar rastro– comparándolas con las pautas que impulsaban la gestión medioambiental de las diversas regiones del planeta a mediados de la década anterior.
Diamond es doctor en fisiología y biofísica, ornitólogo, geógrafo, gran viajero, profesor universitario, promotor y colaborador en un sinfín de proyectos sobre el terreno relacionados con biología y geología, tiene en su haber obras divulgativas tan relevantes como Armas, gérmenes y acero (reseñado en este blog) que obtuvo el Pulitzer en 1998, y otras, como El mundo hasta ayer y Sociedades comparadas, a las que merece la pena acercarse antes de que queden obsoletas. Desde luego, no se le puede reprochar falta de rigor, desconocimiento de los asuntos que trata, carecer de una formación científica sólida, capacidad comunicativa o falta de entusiasmo. Al contrario, estamos ante un estudio profundo que contiene una ingente cantidad de apoyaturas científicas y datos de toda índole. Esto, que en absoluto es un defecto, puede pillar desprevenido al lector que esté buscando algo más ligero, pero yo aconsejaría que no se desanimen, no es preciso asumir una lectura exhaustiva de sus casi ochocientas páginas, al menos antes de saber hasta qué punto van a interesarnos. Un análisis de estas características, tan bien estructurado y con clasificaciones tan claras, se puede leer de muchas formas, desde la simple consulta hasta la habitual de principio a fin, pasando por saltarse párrafos o capítulos enteros eligiendo aquellos que más nos interesen.
Variedad hay de sobra. Tras una introducción en la que se analiza la situación actual de una zona muy concreta del estado de Montana (región que el autor tiene en gran estima y cuyos vertiginosos cambios, el enfrentamiento de pareceres entre vecinos que estos provocan y el delicado equilibrio ecológico a que todo ello ha dado lugar se utiliza como término de comparación con datos observados en otros territorios), emprendemos un viaje en el tiempo en una primera parte que repasa algunas sociedades tradicionales desaparecidas por causas diversas, dejando, eso sí, rastros inconfundibles –unas más y otras menos– de los que podemos aprender mucho si somos capaces de descifrarlos. Y si alguien sabe leer las señales que dejaron los antiguos es precisamente el autor.
Esta primera sección consta de cuatro capítulos y, para variar, en lo que respecta a la antigua civilización de la isla de Pascua recurre a indicadores y llega a conclusiones que no tienen nada que ver con los extraterrestres. Otros pueblos cuyos indicios se rastrean son: los mayas, los extinguidos vikingos de Groenlandia –en oposición a los inuits, que subsistieron gracias a la sostenibilidad de sus prácticas– o el Japón de la dinastía Tokugawa (s. XV a XVII) y su triunfo frente a la adversidad.
La tercera parte se enfrenta a la complejidad de algunas sociedades actuales: Ruanda y las causas (evidentes y ocultas) de sus conocidas tragedias, el radicalmente distinto abordaje de los problemas medioambientales dentro una misma isla (ejemplificado por los estados de República Dominicana y Haití), los errores cometidos por China y la celeridad con que se resuelven a veces, sin olvidar las dificultades endémicas de Australia y sus tentativas de un cambio de óptica que anuncian una etapa con bastantes probabilidades de éxito. Comparadas con el grupo anterior, se caracterizan por aportar muchos más datos sobre el presente pero más incertidumbre en relación al futuro. Por fortuna, no todas las amenazas de desastre llegan a consumarse, las sociedades remontan a veces, y al contrario: territorios que, se diría, cuentan con todos los requisitos para llevar una vida próspera van decayendo y acaban por desaparecer por no haber previsto que los recursos se consumen con el tiempo a no ser que se adopten medidas drásticas.
En los capítulos finales, el autor repasa la causas, tanto del colapso final como de los desastres ecológicos parciales –unas son atemporales (como la destrucción de recursos naturales, la superpoblación y la producción o traslado de agentes perjudiciales para un hábitat), otras recientes (la energía, el techo fotosintético, los cambios atmosféricos y la toxicidad de los productos)–, explica su estrecha interrelación, se pregunta si proceden de las dificultades inherentes a una zona concreta o más bien radican en conductas erróneas, extrae conclusiones para afrontar el futuro que le espera al conjunto de los seres humanos y, significativamente, acaba con el epígrafe Razones para la esperanza.
Un trabajo impecable, reconocido por profanos y especialistas, aunque se le ha reprochado cierto sesgo ideológico. Y, efectivamente, no se puede negar que, en lo relativo al presente, Diamond es de alguna forma juez y parte. Siempre que vuelve la vista atrás se muestra objetivo y desapasionado, interesándose solo por las prácticas que resultan beneficiosas o nefastas para el medio, en cambio, cuando se refiere a la actualidad encontramos afirmaciones como mínimo discutibles. Por ejemplo, teniendo en cuenta que la sostenibilidad del planeta tiene unos límites muy precisos, considera el afán de progreso de los países tercermundistas –tanto en su propio terreno como en la tendencia a la inmigración– una amenaza para el bienestar de los más prósperos; ni siquiera plantea una solución justa en forma de decrecimiento de unas zonas a favor del avance de otras. A destacar también su énfasis en la inevitabilidad de que las empresas extractivas prioricen el ánimo de lucro, justificándolo tanto por la necesidad de obtener beneficios como por sus legislaciones auto-protectoras, pero no encontramos la misma indulgencia respecto al conservadurismo medioambiental de los noruegos que se instalaron en Groenlandia hace siglos o hacia las costumbres religiosas que extinguieron en Pascua las reservas de piedra y madera.
Este tipo de estudios se desfasa a gran velocidad, como es lógico. Quiero pensar que Colapso, en su mayor parte, todavía está vigente; aún así, el lector no podrá dejar de preguntarse qué cambios se han producido en los once años transcurridos, en qué sentido, cuál habrá sido la causa y quienes los responsables.


Más obras de Diamond: Armas, gérmenes y acero

domingo, 19 de febrero de 2017

Jorge Riechmann: Peces fuera del agua

Idioma original: español
Año de publicación: 2.016
Valoración: Se deja leer (pero hay que ser un poco generoso)


Alguna vez habrá que escribir una metaentrada sobre cómo y por qué elegimos los libros que leemos (hasta es posible que ya lo hayamos hecho, pero la verdad, no me he molestado en indagar). En el caso particular, este libro estaba bien situado en un expositor donde suelen colocar títulos recientes e interesantes. Me fío bastante de ese expositor en concreto, me decidí a echarle un vistazo y, en efecto, lo que vi me resultó atractivo. Parecía un libro atípico: un señor que yo no conocía en absoluto escribía cosas en cortos párrafos separados por encabezamientos (no encabezados) en negrita y en minúsculas, en un vistazo muy rápido se veían comentarios acerca de la sociedad actual, el capitalismo, el medio ambiente. Tenía pinta de transgresor, de diferente.

Y la verdad es que esa impresión de la primera ojeada responde bastante a lo que uno se encuentra cuando lee, ya en casita y con más o menos tranquilidad, ‘Peces fuera del agua’. Nada más empezar nos encontramos con unas cuantas páginas con citas de intelectuales, activistas, eruditos, blogueros y articulistas sobre cosas muy actuales, algunas de cierto calado filosófico o sociológico, otras son más bien ocurrencias, reinterpretaciones, también algunos datos objetivos sobre nuestra civilización, un poco de todo.

Terminan las citas pero el esquema general continúa. Ahora es el propio Riechmann el que va tocando asuntos diversos, la mayor parte de las veces apoyado en textos o reflexiones de otros autores, algunos célebres (no sé, desde Tucídides o Max Weber, hasta Terry Eagleton o Lewis Mumford, a quien tendremos en ULAD dentro de poco), y otros perfectamente desconocidos para los que somos ajenos al mundillo del pensamiento. Las referencias son amplísimas, a veces de otros libros, revistas, mails privados, artículos de prensa, blogs, de todo. A veces parece que estemos leyendo un híbrido entre diario y libro de citas: hoy leo un libro y comento un párrafo, mañana es un correo que me manda un colega, otro día lanzo una idea que se me ocurre.

Bueno, y ¿de qué habla ‘Peces fuera del agua’? Pues, dado el formato, como digo, de casi todo lo divino y o humano. Si tomamos como idea principal del libro la que más se repite, diríamos que anuncia nada menos que el fin de la civilización, el ‘ecocidio’ y el genocidio que tendrán lugar en la segunda mitad del siglo XXI (‘el siglo de la Gran Prueba’), el colapso de la sociedad industrial, el agotamiento final de las fuentes de energía, todo ello causado por el ‘tanatocapitalismo’ global digital financiarizado -por resumir un poco. Esta línea de pensamiento se repite cada pocas páginas, a veces más enfocado desde el punto de vista ecológico, otras desde una perspectiva más política (Riechmann tampoco se corta definiéndose como anticapitalista, ecosocialista, ecofeminista y animalista). Ilustro la cuestión con un ejemplo que también se repite varias veces: cuenta el autor que –se supone que conceptualmente- el Titanic ya estaba hundido antes incluso de avistar el iceberg, y lo mismo nos pasa a nosotros: la catástrofe es ya inevitable, pero aun así debemos luchar por minimizar los daños en lo posible. Mucho, eh?

Alrededor de esta negra visión se arremolinan mil y un reflexiones sobre temas más o menos conexos: la degradación de la democracia, la tecnociencia, datos acerca de la destrucción de la naturaleza, la desigualdad, el consumismo. Vamos, que no rezuma optimismo la lectura, lo cual tiene bastante lógica si tenemos en cuenta que don Jorge considera al ser humano un ‘simio averiado’ –concepto también reiterado en unas cuantas ocasiones. En un tercer círculo encontramos a su vez reflexiones sobre temas digamos más habituales en el ámbito de la filosofía y el pensamiento: la razón, el autoengaño, el poder de la lucha… En esta zona, Riechmann se muestra más pausado, aunque sin abandonar una cierta acidez irónica que, a fuerza de impregnar todo el texto, acaba resultando un poco cansina.

Y la verdad es que entre esta acumulación de fragmentos de pensamiento y pequeñas explosiones pasadas por el tamiz del ingenio hay algunas cosas que no dejan de tener su interés, y hasta algunos pasajes brillantes (el valor de la poesía, o un divertido párrafo en el que reúne a Sade, Nietzsche y Rimbaud). Aunque también hallamos algunos comentarios que merecen calificarse directamente de majaderías. 

El problema es que las casi 350 páginas se convierten en un muestrario más o menos aleatorio de erudición –y que se note- mezclada con ocurrencias, aforismos y apuntes, un paisaje ideológico abierto y bastante deprimente que nunca termina de constituir un cuerpo teórico coherente. Seguramente, uno es demasiado clásico como para saber apreciar el valor de esta pléyade de sentencias dispersas, pero me da la impresión de que el libro, pese a recurrir a montones de argumentos de autoridad, acaba pareciendo una interminable sucesión de tuits: y con ese formato, pese a que entre ellos encontremos algunas ideas valiosas, el conjunto termina siendo perfectamente prescindible.