viernes, 8 de enero de 2021

Simone de Beauvoir: Los mandarines

Idioma original: Francés
Título original: Les mandarins
Traducción: Silvina Bullrich
Fecha de publicación: 1954
Valoración: Recomendable (aunque no para todo el mundo)

Los mandarines, de Simone de Beauvoir, es una novela de más de ochocientas páginas. Fue galardonada con el Premio Goncourt en 1954, año de su publicación. Trata sobre un grupo de intelectuales franceses que, al término de la Segunda Guerra Mundial, se plantean cómo seguirán con su vida, de qué modo gestionarán sus relaciones con el resto de miembros de su grupo y cuál será su papel en un mundo cambiante.

No os voy a mentir: esta obra es difícil de leer. Es extensísima; tiene muchos personajes, cuyos nombres, bagaje y carácter cuesta recordar; su argumento se cuece a fuego lento; su subtexto filosófico, exitencialista y político es, por momentos, algo abstruso. Asimismo, producirá rechazo a más de uno por cuestiones ideológicas. ¿Qué me importan a mí las movidas de la izquierda?, dirán unos cuantos. ¿Por qué debería interesarme algo que no pasa el test de Bechdel?, se preguntarán otros. 

Pues bien, pese a vuestras reticencias iniciales, hacedme caso y dadle un tiento a este libro. Intercaladlo con algo liviano, si es necesario, pero dadle una oportunidad. Es empachoso, mas perseverar recompensa con creces este hecho. Las tensiones que explora resonarán en todos nosotros. Puede que sus personajes femeninos tengan poca autonomía y sirvan como satélites de sus contrapartes masculinas, pero eso no impide que las mujeres esbozadas por Beauvoir gocen de una psicología extremadamente densa. 

Es curioso, por cierto, el componente autobiográfico de Los mandarines. Y es que reconocemos fácilmente a Beauvoir en el personaje de Anne. También se intuye a la pareja de la autora, Jean-Paul Sartre, en Robert, o al amigo de ambos, Albert Camus, en Henri. 

En resumidas cuentas, considero que estamos frente a una narración muy lograda, que baraja temas complejos desde una perspectiva interesante y que es ambiciosa en la forma. La recomiendo sobremanera a quienes sepan armarse de paciencia y deleitarse con sus múltiples virtudes.


También de Simone de Beauvoir en ULAD: La mujer rota

35 comentarios:

1984 dijo...

Es un libro clásico para conocer las polémicas intelectuales y los rifirrafes personales de la izquierda divina francesa durante la posguerra. Ahora, como novela se hace pesada, más allá de su gran valor ideológico y documental. Son 800 páginas bien tupidas. Yo no la pude terminar. Se ha dicho que en esta novela Beauvoir, compañera de Sartre y pensadora feminista, ajusta cuentas con Albert Camus. Trata de temas como el compromiso del intelectual, la violencia, la URSS, el colonialismo. En fin, estas cosas que hoy han perdido buena parte de su relevancia, o han quedado degradadas a la condición de anécdotas o chismorreos; son historia: querellas de secta que en su momento derramaron ríos de tinta. Más manejable y más grato de leer que “Los mandarines”, para quien le interese el tema de los intelectuales franceses progresistas, es el excelente libro del historiador británico Tony Judt “Pasado imperfecto.”

Un cordial saludo

Anónimo dijo...

Casualmente, hace un par de días terminé la autobiografía de Fernando Sabater “La peor parte”, y, con tu permiso, como Beauvoir en este libro se plantea qué papel debían jugar en el mundo los intelectuales de izquierda, no me resisto a contar una “anécdota” que aparece en el de Sabater. No es una biografía completa, es un homenaje a su mujer, Sara Torres y relata solo los años que pasó con ella, que falleció en el 2015. Un dato sorprendente es que la mujer de Sabater perteneció a ETA un corto periodo en su juventud y decidió abandonarla a la muerte de Franco. ¿Qué tiene que ver todo esto con el libro aquí reseñado? Hago un corta y pega, que seguro que Sabater lo cuenta mejor que yo:

“Pero me contó algo muy significativo de sus últimos meses de militancia. El grupo de jóvenes etarras se reunió en París con intelectuales “progresistas” a los que exponer sus motivos, como Julio Cortázar y nada menos que Sarte cum Simone de Beauvoir, la divina pareja. La muchacha violenta pero ingenua solo recibió de sus ilustres mayores halagos y testimonios de admiración, ni una palabra para recomendarles que ayudasen a restablecer la democracia y optasen por la vía política para defender sus ideales. Más bien lo contrario, los animaban a no abandonar la lucha ahora que había muerto el dictador, a dar el golpe definitivo… Seguro que si hubieran ido a ver a Albert Camus, el consejo habría sido bien diferente, pero de todas formas me asombra –hoy como ayer- la nociva imbecilidad política de muchos intelectuales de izquierda”.

Gracias por la reseña, un saludo.

Oriol dijo...

1984, estoy muy de acuerdo con tu comentario. Un pequeño matiz: "Los mandarines" no es una novela entretenida, cierto, pero tampoco carece de personajes, argumento y exploración temática, por lo que no me atrevería a afirmar que su valor es meramente ideológico y documental. Las dinámicas emocionales que albergan estas páginas son tan interesantes como sus contrapartes políticas.

Coincidimos plenamente, eso sí, en que el tochazo de Beauvoir desnuda las contradicciones y rencillas de la izquierda de la época, y en que desmitifica impúdicamente a muchos de sus grandes exponentes.

Y, ya de paso, admito que, de no ser este un ejemplar solicitado para reseña, quizás yo también lo hubiera abandonado (muy a mi pesar) a medio camino. Gracias, Edhasa, por vuestra infinita paciencia.

Anónimo, tu aportación enriquece la conversación. Los intelectuales (da igual de qué lado del espectro ideológico estén, a qué disciplina entreguen sus energías, capacidades y talentos) son como todos nosotros: seres humanos plagados de defectos. El problema es cuando se les toma demasiado en serio o, por otro lado, se ignora sistemáticamente sus múltiples virtudes.

Anónimo dijo...

* Savater, con uve, perdón.

Un saludo de nuevo

1984 dijo...

Savater fue un ejemplo cívico admirable con su desautorización intelectual del discurso justificador de las tropelías de ETA. Fue un ejemplo de responsabilidad intelectual, aunque tardía. Además, le trajo problemas y hasta escolta. Es muy interesante el fragmento que reproduce Anónimo, porque demuestra la profunda estupidez de personas admirables en otros terrenos. Y es que la lucidez, como la risa, va por provincias. Sartre, por ejemplo, se metía en todo, aunque no entendiera nada. Pero tenía que comprometerse con las peores causas, santificándolas con su prestigio y carisma. Esto le ha pasado factura a posteriori; también a la Beauvoir. Sartre, en un célebre prólogo escrito a principios de los años 70, llegó a decir barbaridades como que la vasca era una etnia recientemente conquistada por los españoles, responsables de su explotación económica y degradación cultural; se imponía, entonces, la lucha armada vasca contra el colonialista español. Este discurso delirante trasponía a la Europa occidental los modos y maneras de los guerrilleros anticolonialistas tercermundistas, argelinos o vietnamitas. Los vascos eran los colonizados y los españoles los imperialistas. Sartre también pontificaba sobre la inexistencia de campos de concentración en la URSS. El Gulag era un invento capitalista. Su soberbia intelectual le impedía aceptar una realidad que rompía sus presunciones abstractas. Este es el orgullo fatuo de tantos intelectuales irresponsables. Basta con imaginar la influencia de estos santones venerados entre jóvenes idealistas como Sara Torres. En cierta manera, les cargaban la pistola, porque daban una justificación aparentemente racional a mentiras, mitos y prejuicios. En realidad, con su comportamiento dejaban de ser intelectuales para pasar a ser activistas de cualquier causa (por lo general, malas causas). Ya decía don Antonio Machado con sorna que algunos intelectuales carecen de inteligencia (y de vergüenza, añado por mi cuenta).

Saludos cordiales

Luis G. dijo...

“Cinco millones de votos. Imagínese, no creía yo que hubiera tantos tontos en España”. Palabras de don Fernando refiriéndose no hace mucho a los votantes de un partido político en este país. Todo un referente para la democracia. A lo mejor habría que aplicarle a él la misma vara de medir que al resto de intelectuales. Ah, no, que él es un referente ético! En resumen, que en todos sitios cuecen habas y en mi casa a calderadas, querido don Fernando... También le es aplicable la famosa ley del embudo, “para mí lo ancho y para ti lo estrecho”. Por cierto, se denomina juancarlista, no republicano. O se denominaba, que a lo mejor es también amnésico... Beauvoir, Sartre y don Fernando, tres intelectuales que, como todo hijo de vecino, tienen sus luces y sus sombras. Y que don Fernando se admirable por liderar, junto a otros anónimos, el movimiento Basta Ya ! , movimiento fundamental para arrinconar socialmente a E.T.A. no le exime de proferir opiniones menos admirables, algunas sonrojantes. Y acabo, “Ética para Amador “ debería ser en si mismo una asignatura obligatoria en el Bachillerato.

Ah , que no había acabado, que juzgar a las personas fuera de su contexto histórico vale tanto para Hernán Cortés como para Sartre. Y para Cruyff, Di Stefano, Pelé, Maradona y Messi, cada uno de en su contexto cronológico. Ay, don Miguel de Unamuno, que hizo de la eterna duda virtud.

Caramba, que a gusto me he quedado, querídisimos blogueros uladianos!!!


ChuangTzu dijo...

Ética para Amador fue lectura obligada en el instituto, para mí.

Lupita dijo...

Hola, Oriol:

Nuevamente, un libro que me gustaría leer y que está en la biblioteca central de la ciudad, situada(por esas políticas absurdas de los ayuntamientos) en las afueras, con escaso transporte público y que invita a hacer uso del vehículo privado. Como tampoco se abre los fines de semana, pues un añadido más para tardar en conseguirlo. Los colectivos que nos dedicamos al fomento de la lectura ya estamos cansados de decirlo. las bibliotecas deben abrirse los fines de semana, son una alternativa al ocio consumista, un lugar de cultura como museos, teatros y cines, por ejemplo, y la mejor forma de acercar a los niños a los libros.

Dicho esto, como parece un libro denso y "empachoso", comparto tu idea de alternarlo con lecturas más livianas. Si no pasa mucho tiempo hasta que lo tenga, o se me olvida, vendré a comentar qué me ha parecido.

En cuanto a los comentarios, a mí me gusta bastante Savater como referente filosófico y ético, lo cual no quiere decir que me parezca que es una persona éticamente intachable, cada uno tiene lo suyo.
Luis G., desde luego que don Unamuno vivió debatiéndose en la duda continua, por eso sus libros san tan intensos y nos ponen a prueba intelectualmente. Un genio del pensamiento, que no deja indiferente.

Saludos


Lupita dijo...

Perdón por las faltas de puntuación o de concordancia. Sólo escribo bien a mano, así de antigua soy.



Juan G. B. dijo...

Hola:
Un apunte sobre las palabras de Savater: "si hubieran ido a ver a Albert Camus", dice... Pues hubieran tenido que ir con una ouijah, porque llevaba muerto desde 1960 (cosaque él no ignora, pero siempre 4s más fácil colocarle nuestras propias opiniones a quien ya no está).
Por otra parte, recordemos que en aquellos años, el propio Savater era uno de aquellos intelectuales de "izquierda contra los que despotrica"...
Personalnente, llevo años estando hasta las pelotas de todos estos "intelectuales" o pseudo-, que de jóvenes eran supermegarevolucionarios (algunos prosoviéticos, muchos maoístas, que se ve que era la moda y algún otro, muy conocido, directamente en ETA) y que con el tiempo, ya sea por convencimiento, interés o hacerse perdonar sus veleidades juveniles, han ido derivando hacia posiciones cada vez más conservadoras, e incluso, en el caso español, recalando en el partido que le robó su honesto nombre a ciertos diccionarios. Son gente que de jóvenes se dedicaban a dictaminar si los demás eran o no buenos revolucionarios , y de viejos, si son buenos reaccionarios (por no decir otra cosa); el caso es dar por saco al prójimo y sacar la tajada que se pueda. A ver si ahora que ya van teniendo una edad, van desapareciendo del panorama público de una puta vez (no digo que desaparezcan públicamente, que Dios les guarde muchos años, pero sí que dejen de dar la brasa en los medios, etc.,por favor).

Juan G. B. dijo...

*No digo que desaparezcan físicamente

Diego dijo...

"Son gente que de jóvenes se dedicaban a dictaminar si los demás eran o no buenos revolucionarios , y de viejos, si son buenos reaccionarios (por no decir otra cosa); el caso es dar por saco al prójimo y sacar la tajada que se pueda."

Aunque no conozco a Savater...
Muy de acuerdo con este último comentario. Esos "intelectuales" que descartan a Descartes...en fin.

Todo lo que he leído de de Beauvoir hasta ahora me ha parecido inteligente y digno de leerse. Sin ir más lejos, "La sangre de los otros" leído el pasado año y, quizás, lo más flojo que le conozco, "profundiza" en este tipo de cuestiones, como la de los que mueren o matan por un ideal.

Los Mandarines es uno de esos pendientes a que lleguen más canas.

Saludos.

1984 dijo...

Bueno, Savater condenaba el terrorismo, la "lucha armada", ya en 1983. Recuerdo una polémica que tuvo sobre este triste asunto con el dramaturgo Alfonso Sastre, reconocido compañero de viaje del nacionalismo vasco radical, en las páginas de "El País." Sastre teorizaba pedantemente sobre el imperialismo, las luchas de liberación nacional, el camarada Lenin etc; Savater le respondía de manera gráfica y concreta, mencionando los asesinatos a sangre fría de mujeres embarazadas o muchachos de 19 años. En el aspecto de intelectuales públicos, con vocación de animar la opinión y el cotarro cultural o cultureta, casi mejor los Savater que los Sastre o Sartre. Unos se equivocan de vez en cuando; pero los otros se equivocan siempre. Otro cantar es el valor de su producción literaria, que no se puede negar, aunque el tipo en cuestión sea un indesable o un estúpido. De todas formas, creo que hay que evitar convertir a nadie en referente moral de nada, porque esto suele llevar a encumbrar acríticamente a determinadas personas que, como todas, tienen sus puntos grises y hasta negros; al final, al ídolo siempre se le intenta derribar, de manera justa u oportunista; así que mejor no hacer ídolos y valorar a los intelectuales a escala humana; por lo demás, el talento para escribir obras de teatro no da lucidez para enjuiciar otros asuntos etc etc; lo importante, creo, es valorar lo que se dice o escribe sin entrar en el juego de "usted dice esto porque..." o "usted antes decía lo contrario...."; puede ser así, por supuesto, los motivos pueden ser múltiples y a veces hasta incongruentes, pero lo bien dicho bien está, lo diga Savater o su porquero.

Saludos

Lupita dijo...

En una época tan individualista como la nuestra y que valora tan poco la ética, a mí me gusta cómo ha hablado Savater de ella en sus escritos. Una concepción de la ética que él mismo, con las contradicciones que cada uno tiene, ha podido transgredir.

Ahora, como personaje mediático ni idea, debo reconocer, hasta con vergüenza, que ni veo apenas la tele ni estoy en rrss. Aunque, por otro lado, qué felicidad..

Saludos conciliadores

ChuangTzu dijo...

Nada más lejos de mi intención que participar en otra apasionante discusión comunismo contra fascismo, pero sí me gustaría puntualizar una cosa. Savater no está atribuyendo opiniones a los muertos. Las diferencias de opinión entre Sartre y Camus las sabe todo el mundo. La frase de Savater sigue valiendo aunque Camus estuviera muerto para entonces.

Elsa dijo...

Leí Los mandarines hace muchos años y me gustó. Ahora pienso por qué y recuerdo que siendo una apasionada lectora de Simone, ese libro ya estaba presente en el segundo tomo de sus memorias, La plenitud de la vida. A pesar de los años que han pasado, Beauvoir logra transmitir con profundidad qué es la libertad, sus contradicciones y la relación con el entorno de forma muy superior a Sartre. Sus novelas no se pueden comparar con las de Sartre: escribe mucho mejor. Y además, ha cambiado vidas y las mujeres agradecidas. Yo, hasta el día de hoy por 2 libros fundamentales: El segundo sexo y La plenitud de la vida.

Gracias por este espacio, saludos desde Montevideo.

Juan G. B. dijo...

Sí, son de sobra conocidas las diferencias entre Sartre y Camus. Pero convendremos en wue colegir el pensamiento que hubiera tenido éate 15 ó 20 años después de su muerte es tan oportunista como si, por ejemplo, dedujeramos el pensamiento de Savater en los 90 o cuando fundó el partido nacionalista español de extremo fentro UPyD basándonos en lo que escribió cuando era colaborador del diario EGIN y mantenía una relación (no sé si ya estaban casados) con una ex-etarra.
Por lo demás, y en honor a oa gerdad, también he de decir que aunque me parece un jeta, un aprobetxategi y un vanidoso, Savater tampoco es el que peor me cae de esa patulea de "niños pijos" que jugaban a revolucionarios (o de ex-revolucionarios convertidos en "viejos pijos", como prefiráis). Él al menos tiene un toque frivolón que lo salva un poco...
Por último, Chuan, y ya acabo, el término "fascismo" e incluso "comunismo" los has empleado tú, no yo.

Oriol dijo...

Gracias a ti, Elsa, por reconducir el debate hacia “Los mandarines”.

Sin entrar en quien escribe mejor, Sartre o Beauvoir, debo decir que la prosa de ésta (al menos en los pocos libros suyos que he leído) es excelente, incluso cuando le imprime a la narración un tono de desapego. Así sucede, de hecho, en la novela que traigo a colación. De su extraordinario talento para urdir tapices psicológicos, y de su certera capacidad para retratar las dinámicas humanas, ya ni hablamos.

Y ya que mencionas el tema de la libertad: es un eje central de este tocho, y una de las inquietudes particulares de uno de los personajes, Henri.

ChuangTzu dijo...

No entiendo. Yo no he dicho que tú hayas empleado esos términos. Los he empleado yo, sí.
Respecto a lo otro, Savater habla sobre lo real, que es lo que Camus pensaba. Lo que habría pensado si hubiera vivido 20 años más son elucubraciones. Eso mismo se puede hacer sobre cualquier tema, pero no lleva a ningún sitio. Quizás Sartre habría condenado los crímenes de la URSS si hubiese vivido más años. Puede ser que Savater apoye a ETA en el futuro y a lo mejor vosotros lo defendéis a él. No tiene sentido hablar sobre eso.

Juan G. B. dijo...

Pues si no tiene semtido hablar sobre eso, ¿por quéldar por bueno lo que diga Savater sobre Camus? Tampoco será la primera tontería que haya soltado, además...

Luis G. dijo...

“Por eso creo que si en un momento determinado el apoyo de Vox es imprescindible para librarnos del Gobierno de Sánchez debemos aceptar el apoyo de Vox.”

Seguramente Camus hubiera dicho lo mismo, verdad don Fernando? A mi me cuesta creerlo, la verdad, Le pega más al miserable de Sartre...

Por la boca muere el pez, le hubiera dicho Amador a don Fernando...

ChuangTzu dijo...

Savater está hablando sobre el pensamiento real de Camus y tú lo estás criticando con un argumento tan peregrino como que Camus podía haber cambiado de opinión en esos 20 años si hubiera estado vivo.

Diego dijo...

Comparto con mi compatriota que de Beauvoir fue mejor novelista que Sartre.

Sobre Sartre, desconozco lo que opinó sobre vascos y españoles aunque conozco sus justificaciones a la violencia junto a Fanon. Eso sí, me parece que, a pesar de que no llegó cuando Hungría, como casi todos, sí condenaba los gulags y toda atrocidad contra los hombres. Otra cosa es que no se pasara el día afirmando que el ahora terror socialista era lo peor del mundo. Entrar en el juego del capitalismo, dijera él.

Algo masomeno parecido a lo que pasó en este país durante el último quinqueño: si no estás todo el día indignado con Maduro es porque estás contra la libertad y la civilización... porque, básicamente, la derecha siempre sabe a quién se debe condenar, cuándo y cómo. Nuestra supuesta "superioridad moral" no vale un quinoto cuando ellos manejan lo que es "real" y lo que no.

Cómo no estar con Camus y afirmar que la moral está sobre la política y que si el socialismo perdió su ideal es tan condenable como el fascismo. Imposible estar en desacuerdo con ese crack. Pero hasta los huevos estaría Sartre, así como estoy yo, de que un sistema que mata y condena todos los días, sistemáticamente, por triplicado, con el lujo de abanderarse con la Estabilidad, La Libertad y la Justicia, señale día y noche al que mata para parecerse a él.

Comparto plenamente lo que dice 1984 sobre "ojito con hacer ídolos". Pero no sé hasta qué punto Sartre se equivocaba al afirmar que se existe de un lado o se existe del otro.
No descubrimos nada si decimos que la Neutralidad, El Centro, son una bonita manera (o cómoda almohada) de estar del lado del que domina.

Diego dijo...

...y como siempre, a diferencia de ChuangTzu, yo aprecio leer y opinar sobre todo esto. Porque no creo que el problema haya estado nunca en los De Beauvoir, los Sartre, los Camus ni los Savater. A setenta años de aquello, yo creo que el problema lo tenemos en que las mayorías se debaten sobre ídolos de otro calibre, esto es, Messi o Cristiano, iPhone veinticinco o treinta y tres, con flash o sin él, etc, etc.
Soy de los que creen que la gran mayoría de los que apretan gatillos contra sus semejantes no leyeron a Sartre justificando la violencia en determinados contextos. Creo que la gran mayoría de esos no leyeron a nadie.
Saludos a todos.

Juan G. B. dijo...

Lo estoy criticando con el argumento de que todo el mundo arrima el ascua a su sardina, como una vez más es evidente y notorio.

Luis G. dijo...

Estas cosas pasan por mezclar churras con marinas y por meter a Savater en los comentarios a este libro, con el que nada tiene que ver salvo que algunos pretendan meter con calzador que los intelectuales de izquierdas son en general unos malvados (Sartre en este caso, que fue la pareja de Beauvoir... que fue ella la escritora de libro, no él !!!! ) mientras que los suyos de cabecera (Savater, aquí) son estupendos, manipulando a su antojo las palabras que en algunos momentos dijeron unos (Sartre) y otros ( Savater). Eso de juzgar a toro pasado y a conveniencia es poco elegante y además se nota mucho. Lo mismo pero al revés hubiera pasado si para criticar a Savater yo me hubiera limitado a citar una de sus tonterías y en paralelo compararla con alguna genialidad de Sartre, para dejar a don Fernando en evidencia. Vamos, que menos lecciones a estas alturas, esas mejor para los tantos tertulianos de medio pelo que pueblan este país...

Por cierto, en Bildu hay gente que estuvo en Elkarri y en Basta Ya. Seguramente los malos, claro...es que no hay por donde coger el tema...y lo cito porque sin venir mucho a cuento y por si faltaba algo también se ha metido a ETA en los comentarios, cómo no. La URSS, los gulag y ETA, así, de rondón...

El libro reseñado se llama Los mandarines, de Simone de Beauvoir. Éste no lo he leído pero sí los 3 relatos de La mujer rota. Me gusta su manera de escribir pero no creo que pudiera con Los mandarines, mucha intensidad y mucho tocho, me parecen. De Sartre no opino (en las reseñas de Muñoz Molina tampoco lo hago de Elvira Lindo ).

Saludos cordiales a todos, opinemos cada uno lo que opinemos. Afortunadamente, a pesar de las diferencias, todos los comentarios blogueros lo han sido desde el respeto, como procede en un blog cultural, en este caso literario.

Ansioso estoy por conocer la reseña de hoy!

Juan G. B. dijo...

Buenos días, Luis:
Tienes mucha razón y declaro el mea culpa por la parte que me toca en toda esta diatriba. Al final, le hemos hecho un manexplaining de manual a Simone de Beauvoir (o manspreadibg, no sé), dedicándonos a discutolir sobre unos "señoros", en vez de sobre su libro, que es lo que tocaba. Yo aquí lo dejo y procedo a penitenciarme.
En otro orden de cisas, creo que la reseña de hoy te gustará y si no, pido disculpas de antemano, también por laparte que me tica... ; )
Un saludo

ChuangTzu dijo...

Al principio justificabas que arrimaba el ascua a su sardina en que atribuía sus opiniones a los muertos. Cuando dije que las opiniones de Camus eran conocidas, lo reconociste, y entonces lo justificabas en que Camus podía haber cambiado de opinión. Ahora, supongo que te has dado cuenta de que es una justificación muy pobre, y mantienes el argumento sin ninguna justificación. Evidentemente, queda un argumento vacío.

ChuangTzu dijo...

Diego, agradecería que no dijeses cosas sobre mí que no son verdad. Yo nunca he dicho que no me guste leer sobre ningún tema, y mi reparo a las discusiones políticas se reduce a Internet, como ya expliqué.

ChuangTzu dijo...

Yo entiendo que se ha hablado de Sartre como tema del libro, no como marido de la autora. Según se dice en la reseña, Sartre y Camus están representados en dos personajes de la novela, que en parte trata sobre sus discusiones. No me parece que nos hayamos alejado tanto de eso.

ChuangTzu dijo...

Me corrijo a mí mismo. Quería decir pareja de Beauvoir, no marido.

Oriol dijo...

Saludos a todos.

Estoy muy de acuerdo con Luis en que las cosas se han ido un poco de las manos. Personalmente, prefiero que las discusiones se centren o bien en la obra o, si no, al menos en el autor. Aunque es cierto que la anécdota del primer Anónimo servía de excusa para hablar de la figura del intelectual (en este caso, el de izquierdas), el debate resultante ha ido alejándose del asunto de marras.

De cualquier modo, nunca dejaré de agradecer el nivel de respeto desde el que el comentarista promedio dice la suya en este blog. Como muestra, la discusión que ha generado esta reseña, que se ha mantenido, pese a las discrepancias de varias posturas, diplomática y sosegada en todo momento. De nuevo, gracias a todos.

Diego dijo...

...y como siempre, a diferencia de ChuangTzu, yo aprecio leer y opinar sobre todo esto...en la internet.

ChuangTzu dijo...

Mi queja venía porque parecía que querías decir que tú leías sobre estos temas y yo no, y por lo tanto tu opinión estaba más fundada. Leyéndolo ahora otra vez lo interpretó de otra manera. Perdona.

Anónimo dijo...

Flor de debate! Para no ser reprendido nuevamente (aunque me encantan los debates respetuosos sobre temas disparados por la obra, su autor o algo relacionado con ellos), simplemente diré que Los mandarines, por algún motivo que desconozco, fue una obra de cabecera de mi padre. A diferencia del 99,9% de sus libros, no estaba en la biblioteca, sino en su mesita de luz. En algún momento le pregunté si demoraba en terminarlo porque era muy largo, y me respondió que no, que lo había leído de un tirón, pero que lo tenía a mano para releer algunos párrafos que le gustaban especialmente. Imagino que más allá de sus ideas, le gustaba porque lo llevaba de regreso una y otra vez a su amada París, donde estuvo becado un año allá por 1964.
Alrededor de los 15 años decidí tomar su ejemplar prestado y lo leí. Era la edad en que me aproximaba al existencialismo francés. Cómo no leer entonces a Simone de Beauvoir? Me agradó mucho, no se si por su calidad literaria o por lo que representaba para mi padre, de quien por aquel entonces solía decir que no entendía nada, como buen adolescente.

El Puma