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domingo, 27 de abril de 2014

Daniel Pennac: Mal de escuela

Título original: Chagrin d’École
Idioma original: francés
Traductor: Manuel Serrat Crespo
Año de publicación: 2007
Valoración: está bien

Daniel Pennac (del corso Pennachioni, un apellido mucho más sabroso) es autor, además de este libro, del llamado en su momento “cuarteto de Belleville” (que luego se convirtió en sexteto), donde se narraban las andanzas del señor Malaussène, improbable detective, chivo expiatorio de profesión y cabeza de familia numerosa, junto a una extravagante troupe que pululaba por el XX arrondissement. De lo más divertido y recomendable.

Pennac, que además de novelista ha sido enseñante de lengua y literatura francesas durante muchos años, trató ya sobre este tema, aunque fuera de forma secundaria, en el anterior  Como una novela y en este Mal de escuela vuelve sobre ello. En realidad, su intención, al menos en un primer momento no era la de escribir un libro sobre la escuela, sino sobre las vicisitudes de los malos alumnos, los “zoquetes” (que en francés se conocen como “cancres”, es decir, cangrejos, porque en vez de avanzar de frente, van de lado o incluso hacia atrás). La razón es que él mismo,de adulto profesor y escritor de éxito, fue de niño uno de esos zoquetes y así, nos va contando sus angustias como mal alumno incapaz de comprender nada, la desesperación de su madre, su traslado a un internado y su empantanamiento en una situación opresiva y, en apariencia, irreversible para él hasta que la literatura ( de hecho, nos deleita también con su propia “biografía lectora”) y, oh, sí, el amor, le liberaron y recondujeron hacia la normalidad académica.

Sobre estos recuerdos suyos como alumno zoquete versa la primera mitad del libro. La segunda, como era previsible, a pesar de su declaración expresa de que no sería otro libro “sobre la escuela”, trata de su experiencia como profesor de otros alumnos zoquetes, los problemas (o supuestos problemas ) de la enseñanza de hoy y los que deberían priorizar los profesores para lograr su objetivo de “salvar” a esos alumnos zoquetes. De paso, reflexiona de forma quizás algo somera pero llena de agudeza y sentido común, sobre otros temas tangenciales a éstos, como son las infinitas posibilidades y ambivalencias del lenguaje; las diferentes clases sociales y su interrelación; los marginados de la sociedad actual; la violencia urbana contemporánea, magnificada por los medios (más aún en Francia) y, sobre todo, , la omnipresente sociedad de consumo, que instrumentaliza a los niños convirtiéndoles en “niños clientes” (en nuestras sociedades ricas. En otras más pobres, son “niños productores”, “niños soldados”, “niños prostituidos”…).

Todo, eso sí, con el humor y la bonhomía que caracteriza la prosa de Daniel Pennac (quien haya leído alguno de sus libros sabrá de lo que hablo). Quizás con demasiado énfasis, en ocasiones, y también con ese protagonismo del autor que parece se ha extendido entre la literatura francesa reciente (vale, ya se que el protagonismo del autor es inherente a un libro de memorias, pero yo ya me entiendo…). Pero lo resuelve con una prosa tan amena y hasta divertida, que sus posibles defectos son fácilmente soslayables, si es que a alguien le molestan.

En suma, un libro que interesará especialmente, supongo yo, a quien se dedique a la enseñanza o esté relacionado con ella. Pero también a aquellos padres sufrientes por tener un hijo un poco borric… perdón, quiero decir “cangrejo”. Como se ve, siempre hay lugar para la esperanza.


sábado, 18 de mayo de 2019

Daniel Pennac: El caso Malaussène 1. Me mintieron

Idioma original: francés
Título original: Le Cas Malaussène 1: Ils m'ont menti
Año de publicación: 2017
Traducción: Robert Juan-Cantavella
Valoración: Recomendable, sobre todo para fans... aunque si no se conoce a la tribu Malaussène, mejor empezar por La felicidad de los ogros


¡Anda que no lo pasaba yo bien ni nada, hace chorrocientos años, leyendo las desventuras de Benjamin Malaussène y su peculiar familia y no menos peculiares allegados! Fue en aquella serie de novelas que en su momento llamaron "el cuarteto de Belleville", por el barrio parisino donde tenían lugar, aunque luego se alargara con un par más  de títulos. De hecho, hasta leí algún otro libro que no era novela, de M. Pennacchioni (lo siento, pero el apellido completo mola más), basados en su otra ocupación aparte de la de escritor: profesor de literatura: Como una novela y Mal de escuela. Sin embargo, ninguno resulta tan divertido como su serie de la tribu Malaussène, claro... Bien, pues dieciocho años después de la última entrega, Los frutos de la pasión, Pennacchioni retoma sus personajes , sus ambientes y sus enrevesadas tramas para una nueva tanda, que tiene su arranque en este El caso Malaussène 1. Me mintieron.

Ha pasado el tiempo, sí, y ni París ni la familia Malaussène ni el propio Benjamin son lo que eran -aunque hay elementos que permanecen, en apariencia, tan inmutable como Julius el Perro-; la ciudad trata de sobreponerse a la psicosis terrorista, los bebés de la familia ya son jóvenes que comienzan a volar por su cuenta -la pequeña Verdún, incluso, ahora es una jueza de instrucción extremadamente seria y respetada- y el viejo Ben ha dejado atrás su función de "chivo expiatorio" -bueno, no del todo- y se dedica, en la editorial en la que sigue trabajando, a lidiar y proteger a la nueva hornada de autores que triunfan contando los entresijos de su vida y circunstancias: los "vevés" o apóstoles de la "verdad verdadera" (lo que por aquí llamamos "literatura del yo", un grado más insoportable, si cabe, que la autoficción). Uno de éstos, apodado Alceste por la Reina Zabo, la jefa de Benjamin, ha escrito un libro, Me mintieron,  poniendo a caer de un burro a sus padres y suscitando así la ira de sus muchos hermanos, de los que nuestro protagonista ha de protegerlo, escondiéndolo en una cabaña de un bosque de Vercors.

Al mismo tiempo, en París se produce el secuestro de un financiero y ex-ministro, Georges Lapietà, cuando se disponía a cobrar una jubilación de oro tras haber hecho de las suyas en el mundo empresarial. Cómo el pobre Benjamin se ve implicado en esta historia es lo que se cuenta en la novela , aunque por desgracia (y creo que hay que avisarlo a posible lectores), en ella no encontremos aún la conclusión del "caso"... ¡Oooh... decepción por parte de los fans! pero sí: este libro es sólo la primera parte de este revival literario , que M. Pennacchioni y la casa editorial han tenido a bien ofrecernos troceado, qué se le va a hacer...

Por lo demás, encontramos aquí de nuevo todo el universo Malaussène: como ya digo, tramas casi imposibles, peculiares personajes (esa mezcla de diversas etnias entre el mundillo literario, las altas esferas, los polis amigos y maleantes afines), casualidades inverosímiles... En fin, la misma mélange que parece haber inspirado a otros novelistas franceses como la deslumbrante Fred Vargas o el menos convincente Frantz Delplanque. Todo aderezado con un sentido del humor irresistible y una prosa tan rica como dúctil, tan ágil y flexible como llena de energía; una prosa de gimnasta olímpico, vaya...

Pero aún quiero mencionar un tema de fondo que, más allá de las mera peripecia, introduce Pennac en el libro, con toda intención: el de la ficción literaria -representada no sólo por esta su novela, sino también por las supuestamente escritas antes de ella y en ella, en una suerte de autorironía metaliteraria, a partir de las narraciones de las aventuras de los Malussène- frente a la literatura de la "verdad verdadera" que defiende Alceste contra, incluso, la ficcionalización de su propio pasado, que él interpreta como un engaño. sin olvidar, por último, la teoría del comisario Coudrier de que la ficción y su necesidad de coherencia contaminan de manera irremediable la realidad... pero, en fin, todo esto habrá que dilucidarlo (si se puede) en próximas entregas, me temo.


Otros libros de Daniel Pennac reseñados en Un Libro Al Día: Mal de escuela

sábado, 3 de agosto de 2019

Santo Piazzese: Asesinato en el Jardín Botánico


Idioma original: italiano
Título original: I delitti di Via Medina-Sidonia
Año de publicación: 1996
Traducción: Pepa Linares
Valoración: Se deja leer

Si, en principio, de algo podemos estar seguros con respecto a esta novela es que su título no miente: comienza, en efecto, con un asesinato en un jardín botánico, el de Palermo. pero vaya, ya digo que eso, en principio, puesto que su título en italiano hace referencia a varios delitos y al nombre de la calle donde se encuentra dicho jardín; además, el asesinato parece ser un suicidio. Descubierto, por cierto durante un siroco -que es algo que siempre da color local- colgando de un ficus centenario, el finado resulta ser Raffaellle Montalbani (nada que ver con el policía de Camilleri, aunque tal vez sí con Manuel Vázquez Montalbán, de quien se hace alguna referencia en la novela, al igual que de Malaussène, el personaje de Daniel Pennac), hijo de Ruggero Montalbani, el anterior director y de hecho, fundador del departamento universitario anexo al jardín botánico y donde trabaja quien descubre el cadáver: Lorenzo la Marca, biólogo amigo del fiamb... fallecido y además, de Vittorio Spotorno, el comisario encargado de la investigación. Es más, ¡oh, bendita casualidad! La marca es también un antiguo novio de Michelle Laurent, la forense que se ocupa de la autopsia.

Pero, aunque este Lorenzo La Marca se erija, además del nodo central de todos los personajes, como peculiar "detective" del caso y el narrador de la historia, no penséis por un instante que es el protagonista de la historia; ¡de eso nada! De hecho, lo dice él mismo al comienzo de la novela... Total, qué importancia tiene que el 80%, tirando por lo bajo, del libro esté ocupado por sus pensamientos, circunstancias, rutinas, gustos sobre todo tipo de cosas: comida, bebida, ropa, música, libros, películas... No es el protagonista, en absoluto, pero sabemos que es un cuarentón, soltero "sesentayochista", según dice él -la novela está escrita y ambientada en los años 90 del siglo XX, así que haced cálculos-, miope, en apariencia bastante atractivo para las mujeres, al que le gusta el jazz, la novela negra y las películas clásicas de Hollywood -y además no duda en hacernos partícipe de sus conocimientos al respecto, lo que unido a la jerga científica que utiliza con frecuencia, consigue un cóctel de pedantería casi insoportable-; vaya, que el tipo parece ser un alter ego (supongo que mejorado) del propio autor, que comparte con él, ¡oh, nueva casualidad!, al menos edad, procedencia y profesión.

Ciertamente, cuarentones guayotas como éste los había a patadas, en aquellos antidiluvianos tiempos predigitales (y como los habrá ahora, supongo) apalancados en los departamentos universitarios. Porque, aunque la trama de la novela se desarrolle en la capital de la muy noble y pintoresca isla de Sicilia -y al parecer está muy bien reflejada, aunque yo no la conozco, por desgracia-, en realidad podría trascurrir en cualquier universidad de cualquier país del mundo; olvidaos de la Mafia, en este caso (de la que pega tiros y esas cosa, me refiero).

En fin, el crimen que se pone a investigar este inefable personaje tiene cierto intríngulis, sin que tampoco resulte tener una intriga apasionante... pero, caramba, a alguien le puede llegar a interesar, siempre que consiga superar al insufrible Lorenzo La Marca. Personaje que, también hay que decirlo, en algunos momentos se hace perdonar e incluso cae simpático gracias a ciertos golpes de humor autoirónico que, para alivio del lector, nos suministra el señor Piazzese. Ahora que lo pienso... ¿A ver si va a ser todo una parodia, en plan Gran Lebobsky, de la típica novela de detectives, urdida con intenciones satíricas por este autor? Claro, que me temo que aún hay al menos otra novela, que yo sepa, protagonizada por el biólogo-detective la Marca, así que no, me temo que va a ser que no...