Idioma original: inglés / español
Título original: Wakefield / La mujer de Wakefield
Año de publicación: 1835 / 1999
Valoración conjunta: recomendable
Después de haber leído Wakefield y La mujer de Wakefield, me resulta imposible reseñar por un lado el cuento de Nathaniel Hawthorne y por otro, la novela de Eduardo Berti: la segunda es, respecto al primero, la bolita de papel que uno coloca bajo esa pata rebelde que hace cojear a la mesa o a la silla. "Ahora sí. Ahora todo tiene sentido".
Supe de la existencia de Wakefield y su mujer durante una charla que dio en la universidad el escritor argentino Eduardo Berti, en la que nos explicó lo mucho que le había impresionado cuando la leyó la historia de ese hombre que, en el Londres del siglo XIX, decide dejarlo todo... incluyendo a su mujer. Contrariamente a lo que uno podría pensar, el buen hombre no se larga a dilapidar sus ahorros en una vida de excesos junto al mar Caribe, sino que se asienta un par de calles más allá y se dedica a observar la vida sin él. Así, porque yo lo valgo. Y a mi mujer, que le zurzan.
Berti se preguntó -y no lo culpo por ello- qué habría sido de su mujer durante los veinte años en los que Wakefield vive otra vida antes de decidir volver al hogar familiar para retomar la de siempre. Nathaniel Hawthorne se centra únicamente en las egoístas motivaciones del protagonista masculino (y tampoco lo culpo por ello: un autor tiene todo el derecho del mundo a elegir la perspectiva que le dé la real gana a la hora de contar sus historias). Pero, precisamente por eso, la novela de Eduardo Berti se perfila casi como una necesidad; da voz a un personaje silenciado no solo por el autor, sino también por la sociedad en la que vive.
Como digo, no soy capaz ahora mismo de separar Wakefield de La mujer…, y no sabría decir de qué modo habría juzgado la novela de no haber conocido y leído antes el cuento que la motivó. Quién sabe: quizá no hubiera tenido ningún interés para mí y la habría calificado con un insípido "está bien". Lo que importa es que leí ambas piezas juntas y, por tanto, recomiendo el combo completo. Un derroche de generosidad en estos tiempos de crisis: una reseña por el precio de dos. Y que ustedes la disfruten.
También de Eduardo Berti en ULAD: Lo inolvidable
También de Nathaniel Hawthorne en ULAD: El holocausto de la tierra, La letra escarlata
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
viernes, 16 de marzo de 2018
Nathaniel Hawthorne: El holocausto de la tierra
Idioma original: inglésTítulo original: Earth's holocaust
Año de publicación: 1835-1850
Valoración: muy recomendable
Para aquellos que, como este reseñista, desconocían la figura de Nathaniel Hawthorne, puede que se sorprendan al saber que Herman Melville no únicamente lo consideraba su padre artístico, sino que, además, por su amistad e influencia, le dedicó su gran obra maestra «Moby Dick». Casi nada. Y es que Hawthorne puede considerarse uno de los grandes escritores estadounidenses en el género de relatos, alguno de los cuales fue incluso reseñado por Edgar Allan Poe e incluso Jorge Luis Borges se deshizo en elogios sobre «Wakefield», uno de los cuentos incluido en este libro y puede que el mejor de ellos. Pero mejor empecemos con la reseña de los cuentos incluidos en esta recopilación, a los que añado también el año de su publicación:
Wakefield (1835): cuenta la vida de un hombre que decide, de golpe, dejar su esposa y su hogar y vivir en la calle de al lado. Desde allí sigue con su vida, mirando su antiguo hogar con ojos de quien lo ha abandonado, estando incluso tentado de entrar en él pues la rutina lo invita a hacerlo. Con este relato, el autor nos plantea qué sucede con las decisiones tomadas y el efecto que causa, no únicamente en los que las toman sino también los afectados. Y en cómo el tiempo transcurre a diferente velocidad a la hora de cerrar heridas y superar los hechos.
La hija de Rappacini (1844)
Este relato, con marcados tintes fantásticos, nos narra una fábula en torno al deseo, la avaricia, el poder, la solitud, la frustración y la desesperación. Como en una obra de Shakespeare, la maldad y el deseo se interponen en la relación entre dos personas y el relato es una lucha entre ambiciones, sentimientos y sufrimiento. Historia de gran interés, cuyo resultado demuestra la habilidad del autor en tejer una historia de amores imposibles.
La catástrofe de Mr. Higginbotham (1837)
Esta narración gira en torno a la veracidad de las historias, la rumorología y las ganas de saberse conocedor de los secretos. La habilidad mostrada por el autor en este cuento radica en mantener el suspense a lo largo de toda la trama, aumentando la expectación del lector quien necesita, él también, conocer cuánto hay de verdad en la historia contada.
El velo negro del ministro (1836)
Este cuento narra la parábola de un monje que decide ocultar su rostro bajo un velo negro durante toda la vida, sin querer desvelar el motivo. Lectura interesante que pone en cuestión la propia actitud, aquello que escondemos y lo que los demás ocultan tras la opacidad de su fachada, ya sea un secreto o un pecado.
El holocausto de la tierra (1844)
En uno de los mejores relatos de la colección, el autor nos narra la historia de los habitantes de un pueblo, que se reúnen para hacer una hoguera en el bosque. En ella depositarán aquellos objetos inútiles o en desuso. Pero el ímpetu del momento les hace ir más allá, y empiezan a quemar también no solo aquello inservible sino aquello que ya no tiene valor para ellos, y en una vorágine de limpieza o purificación, van tomando consciencia de aquello que envuelve nuestras vidas y a lo que damos importancia.
El gran rostro de piedra (1850)
En este relato el autor nos transmite la facilidad que tenemos en divinizar e idolatrar a personas ajenas antes de reconocer los valores de aquellos que tenemos cerca y, asimismo, nos muestra la facilidad para contagiar este espíritu de admiración a aquellos que tenemos en nuestro entorno, buscando a menudo virtudes en los demás sin reparar en las propias.
El interés que despierta la recopilación de cuentos recopilados en este volumen es amplio, pues en cada uno de ellos es fácil constatar la belleza de los relatos y la intencionalidad de lo expuesto. Así, la habilidad de Hawthorne destaca por saber calibrar a la perfección las palabras utilizadas, de manera que la corta duración del texto no obligue ni coarte la exposición de la historia que el autor pretende exponer. Con un estilo sobrio y elegante, como buen narrador de cuentos describe lo justo para sostener el relato y evitar excesos que alarguen la historia o la desvíen de su propósito, dominando los tiempos a la perfección. Además, la riqueza narrativa del autor destaca por su amplitud pues cada uno de los relatos tiene un registro diferente, una "voz" distinta, y la prosa del autor nos permite disfrutar de esta variedad de recursos.
Pero no únicamente el estilo brilla en la prosa de Hawthorne. La habilidad del autor va más allá de su técnica narrativa, pues además de mantener el interés del lector en todo momento a lo largo de la narración, consigue que los temas planteados en su obra sigan vigentes a día de hoy. La actualidad de los cuentos, más de siglo y medio después de ser escritos, es indiscutible; el autor sabe utilizar los relatos como un vehículo, a modo de parábolas, consiguiendo explicar mucho más de lo que éstos narran en apariencia, describiendo a la perfección aquello que conforma la naturaleza propia de los seres humanos.
Nota del reseñista: Cabe indicar que he destacado de forma individual cada uno de los cuentos, pues se pueden encontrar editados en diferentes volúmenes recopilatorios de cuentos del autor. La elección realizada en este caso es la de su publicación en catalán a manos de Quaderns Crema, pero los cuentos reseñados se pueden encontrar en diferentes libros traducidos al castellano. Ya sea gracias a esta edición u otra, no se pierdan la oportunidad de leer a este gran autor. Yo, al menos, no pienso hacerlo porque ésta no será la última reseña que haga de Hawthorne. Sería imperdonable.
Otras obras relacionadas con el autor, en ULAD: La mujer de Wakefield, La letra escarlata
La hija de Rappacini (1844)
Este relato, con marcados tintes fantásticos, nos narra una fábula en torno al deseo, la avaricia, el poder, la solitud, la frustración y la desesperación. Como en una obra de Shakespeare, la maldad y el deseo se interponen en la relación entre dos personas y el relato es una lucha entre ambiciones, sentimientos y sufrimiento. Historia de gran interés, cuyo resultado demuestra la habilidad del autor en tejer una historia de amores imposibles.
La catástrofe de Mr. Higginbotham (1837)
Esta narración gira en torno a la veracidad de las historias, la rumorología y las ganas de saberse conocedor de los secretos. La habilidad mostrada por el autor en este cuento radica en mantener el suspense a lo largo de toda la trama, aumentando la expectación del lector quien necesita, él también, conocer cuánto hay de verdad en la historia contada.
El velo negro del ministro (1836)
Este cuento narra la parábola de un monje que decide ocultar su rostro bajo un velo negro durante toda la vida, sin querer desvelar el motivo. Lectura interesante que pone en cuestión la propia actitud, aquello que escondemos y lo que los demás ocultan tras la opacidad de su fachada, ya sea un secreto o un pecado.
El holocausto de la tierra (1844)
En uno de los mejores relatos de la colección, el autor nos narra la historia de los habitantes de un pueblo, que se reúnen para hacer una hoguera en el bosque. En ella depositarán aquellos objetos inútiles o en desuso. Pero el ímpetu del momento les hace ir más allá, y empiezan a quemar también no solo aquello inservible sino aquello que ya no tiene valor para ellos, y en una vorágine de limpieza o purificación, van tomando consciencia de aquello que envuelve nuestras vidas y a lo que damos importancia.
El gran rostro de piedra (1850)
En este relato el autor nos transmite la facilidad que tenemos en divinizar e idolatrar a personas ajenas antes de reconocer los valores de aquellos que tenemos cerca y, asimismo, nos muestra la facilidad para contagiar este espíritu de admiración a aquellos que tenemos en nuestro entorno, buscando a menudo virtudes en los demás sin reparar en las propias.
El interés que despierta la recopilación de cuentos recopilados en este volumen es amplio, pues en cada uno de ellos es fácil constatar la belleza de los relatos y la intencionalidad de lo expuesto. Así, la habilidad de Hawthorne destaca por saber calibrar a la perfección las palabras utilizadas, de manera que la corta duración del texto no obligue ni coarte la exposición de la historia que el autor pretende exponer. Con un estilo sobrio y elegante, como buen narrador de cuentos describe lo justo para sostener el relato y evitar excesos que alarguen la historia o la desvíen de su propósito, dominando los tiempos a la perfección. Además, la riqueza narrativa del autor destaca por su amplitud pues cada uno de los relatos tiene un registro diferente, una "voz" distinta, y la prosa del autor nos permite disfrutar de esta variedad de recursos.
Pero no únicamente el estilo brilla en la prosa de Hawthorne. La habilidad del autor va más allá de su técnica narrativa, pues además de mantener el interés del lector en todo momento a lo largo de la narración, consigue que los temas planteados en su obra sigan vigentes a día de hoy. La actualidad de los cuentos, más de siglo y medio después de ser escritos, es indiscutible; el autor sabe utilizar los relatos como un vehículo, a modo de parábolas, consiguiendo explicar mucho más de lo que éstos narran en apariencia, describiendo a la perfección aquello que conforma la naturaleza propia de los seres humanos.
Nota del reseñista: Cabe indicar que he destacado de forma individual cada uno de los cuentos, pues se pueden encontrar editados en diferentes volúmenes recopilatorios de cuentos del autor. La elección realizada en este caso es la de su publicación en catalán a manos de Quaderns Crema, pero los cuentos reseñados se pueden encontrar en diferentes libros traducidos al castellano. Ya sea gracias a esta edición u otra, no se pierdan la oportunidad de leer a este gran autor. Yo, al menos, no pienso hacerlo porque ésta no será la última reseña que haga de Hawthorne. Sería imperdonable.
Otras obras relacionadas con el autor, en ULAD: La mujer de Wakefield, La letra escarlata
jueves, 30 de agosto de 2018
Nathaniel Hawthorne: La letra escarlata
Idioma original: inglésTítulo original: The Scarlet Letter
Año de publicación: 1850
Valoración: está bien
La calidad narrativa de Hawthorne es evidente, y ya vimos muestras de ello en «El holocausto de la tierra». Así, con una prosa perfectamente mesurada, el autor teje la historia de frases perfectamente equilibradas, en ritmo y en nivel literario. Y la puesta en escena, situándonos ya de entrada en un conflicto social, para atrapar al lector desde el primer instante, es un logro inmenso, pues sus primeras páginas son realmente potentes.
Así, el autor va directo al grano, y nos ubica en una plaza de pueblo, donde gran multitud de gente de aglutina para ver a Hester Prynne encima de una tarima, expuesta a los ojos de todos quienes la miran con recelo, con repugnancia, con asco y furia, y le espera un público escarmiento, por su conducta inapropiada. Hay quien la colgaría de una horca, y pocos la perdonarían. Estamos a principios del siglo XVII, y la religión manda y rige las leyes, dándole un poder indiscutible y, a ojos de Dios, muchas conductas son reprobables si las juzga y valora únicamente la parte interesada.
De esta manera, el arranque de la novela es impecable, trepidante, de ritmo elevado y clímax inicial envidiable. No hay lugar para el descanso, pues el autor, con su estilo directo y dirigiéndose al lector en algunas ocasiones, sabe mantener el interés, especialmente en sus tramos iniciales y finales, destacando la figura de la hija, que aporta incluso más interés que la propia protagonista. Los personajes estan perfectamente definidos y la trama argumental se sostiene por ellos más que por la propia historia, en ocasiones algo inverosímil en su desarrollo.
Así, y sin explicar más sobre el argumento, pues no sería apropiado ni propio de mí, sí debo decir que el libro es irregular, pues a pesar de que el autor sabe conducir la historia hasta un final de alto nivel, es cierto que en su tramo intermedio decae abruptamente (teniendo en cuenta el gran inicio del que partimos). Además, y más allá de que decaiga la intensidad en el tramo central, auguro que es un libro que no soporta bien el paso del tiempo, pues cuesta entrar de golpe en una sociedad tan marcada por la religión y de mentalidad tan cerrada y arcaica, y debo reconocer que en varios momentos del libro se hace difícil conectar con la historia.
En cualquier caso, se trata de una interesante lectura en la que el autor nos habla de la culpa y la pena, de las apariencias y los secretos para salvaguardarlas, de la dificultad en mantener el silencio cuando todos gritan la culpabilidad alrededor tuyo. Y la (doble) moral de la época, tan clara y brillante a ojos de la gente, tan oscura y confusa a ojos de uno mismo. El libro plantea profundos dilemas éticos, especialmente teniendo en cuenta la sociedad del momento en el que se publicó, pues hablamos de mediados del siglo XIX. Y es por ello que, a pesar de los altibajos narrativos, el libro ofrece una entretenida lectura que retrata perfectamente la rigidez de la sociedad de la época y su íntimo vínculo con una religión que la ata y rige su comportamiento hasta límites difíciles de creer hoy en día.
También de Nathaniel Hawthorne en ULAD: El holocausto de la tierra, Wakefield y La mujer de Wakefield
Así, el autor va directo al grano, y nos ubica en una plaza de pueblo, donde gran multitud de gente de aglutina para ver a Hester Prynne encima de una tarima, expuesta a los ojos de todos quienes la miran con recelo, con repugnancia, con asco y furia, y le espera un público escarmiento, por su conducta inapropiada. Hay quien la colgaría de una horca, y pocos la perdonarían. Estamos a principios del siglo XVII, y la religión manda y rige las leyes, dándole un poder indiscutible y, a ojos de Dios, muchas conductas son reprobables si las juzga y valora únicamente la parte interesada.
De esta manera, el arranque de la novela es impecable, trepidante, de ritmo elevado y clímax inicial envidiable. No hay lugar para el descanso, pues el autor, con su estilo directo y dirigiéndose al lector en algunas ocasiones, sabe mantener el interés, especialmente en sus tramos iniciales y finales, destacando la figura de la hija, que aporta incluso más interés que la propia protagonista. Los personajes estan perfectamente definidos y la trama argumental se sostiene por ellos más que por la propia historia, en ocasiones algo inverosímil en su desarrollo.
Así, y sin explicar más sobre el argumento, pues no sería apropiado ni propio de mí, sí debo decir que el libro es irregular, pues a pesar de que el autor sabe conducir la historia hasta un final de alto nivel, es cierto que en su tramo intermedio decae abruptamente (teniendo en cuenta el gran inicio del que partimos). Además, y más allá de que decaiga la intensidad en el tramo central, auguro que es un libro que no soporta bien el paso del tiempo, pues cuesta entrar de golpe en una sociedad tan marcada por la religión y de mentalidad tan cerrada y arcaica, y debo reconocer que en varios momentos del libro se hace difícil conectar con la historia.
En cualquier caso, se trata de una interesante lectura en la que el autor nos habla de la culpa y la pena, de las apariencias y los secretos para salvaguardarlas, de la dificultad en mantener el silencio cuando todos gritan la culpabilidad alrededor tuyo. Y la (doble) moral de la época, tan clara y brillante a ojos de la gente, tan oscura y confusa a ojos de uno mismo. El libro plantea profundos dilemas éticos, especialmente teniendo en cuenta la sociedad del momento en el que se publicó, pues hablamos de mediados del siglo XIX. Y es por ello que, a pesar de los altibajos narrativos, el libro ofrece una entretenida lectura que retrata perfectamente la rigidez de la sociedad de la época y su íntimo vínculo con una religión que la ata y rige su comportamiento hasta límites difíciles de creer hoy en día.
También de Nathaniel Hawthorne en ULAD: El holocausto de la tierra, Wakefield y La mujer de Wakefield
domingo, 5 de mayo de 2019
Ricardo Piglia: Los casos del comisario Croce
Año de publicación: 2018
Valoración: está bien
Sin más referencia de la obra de Ricardo Piglia que la proteica y excelente Plata quemada, me dispuse a leer éste su último libro; de hecho, publicado de forma póstuma. No se trata de una novela, sino de una serie de relatos policiales protagonizados por el comisario Croce (personaje que ya aparecía, por lo visto, en Blanco nocturno), un pesquisa rural de la provincia de Buenos Aires, especialmente atinado a la hora de resolver misterios gracias a métodos que aúnan la deducción y lo intuitivo. Hay que señalar que estos casos no siguen un hilo temporal, sino que saltan de la época en la que el policía se encontraba en el mejor momento de su carrera, a la de su jubilación o cuando tuvo que pasar a la clandestinidad por motivos políticos (Croce estaba vinculado, aunque no queda claro si de forma muy entusiasta, con el régimen peronista).
Tampoco es que los casos de estos cuentos o, la mayoría de ellos, guarden mucho parecido con los consabidos de la "novela problema", como ocurre con los de Sherlock Holmes o los libros de Agatha Christie, Gaston Leroux y tantos otros... Alguno sí que transita, aun de forma más modesta, por ese terreno, como La resolución, que el autor además aprovecha para explicar el "método" del comisario Croce o uno de los mejores, La señora X, supuestamente basado en un caso real que llegó a conocimiento de Piglia, en el que Croce investiga una "no violación". Son varios, por otra parte, los relatos que parecen basados en sucesos reales o anécdotas que le contaron a Piglia, en personajes y rumores más o menos legendarios de la cultura popular argentina -El astrólogo o La película-, aunque no sean tan conocidos fuera de ese país. También están representadas, y de forma no menor, las tramas de raigambre borgeana: así sucede con esa especie de Wakefield que aparece en El impenetrable y, sobre todo, con el estupendo relato La excepción, donde toda la investigación se lleva a cabo a través de unos versos. El propio Borges o un trasunto suyo protagoniza La conferencia, donde se diserta acerca del relato policíaco y el crimen perfecto.
El último de los relatos (y me he dejado alguno), El método, es más bien un compendio de reflexiones, apuntes y recuerdos de o sobre el comisario Croce, así como un rápido repaso a varios casos que quizás no tenían la entidad para merecer un cuento propio. Tal método de Croce que además de en la observación se basa en su humanidad e incluso empatía con el criminal, recuerda un tanto a los de otros famosos comisarios de los libros, como el Maigret, de Simenon, por su bonhomía, o el Adamsberg de Fred Vargas, aun con menos tendencia que éste a "palear nubes". Croce es más circunspecto, más melancólico, más "tanguero", si se quiere, aunque también , sin duda, está armado con un estoicismo imbatible.
Antes he mencionado Plata quemada, pero he de reconocer que toda comparación con esta novela es injusta. Porque aquella crónica anfetamínica y fascinante de un atraco la escribió un Piglia en la plenitud de su vida y su oficio literario y estos cuentos del comisario Croce, un autor enfermo, en cada vez peor estado físico, que incluso debió utilizar un sistema de escritura a través de la mirada para poder acabarlos. El resultado, claro, es más calmo, relajado, incluso algo desfondado, lejos de la tensión adictiva de aquella otra novela. Pero, eso sí, en ambos libros pervive el interés de Piglia por desvelar y entender, por asumir la complejidad desconcertante del ser humano.
El último de los relatos (y me he dejado alguno), El método, es más bien un compendio de reflexiones, apuntes y recuerdos de o sobre el comisario Croce, así como un rápido repaso a varios casos que quizás no tenían la entidad para merecer un cuento propio. Tal método de Croce que además de en la observación se basa en su humanidad e incluso empatía con el criminal, recuerda un tanto a los de otros famosos comisarios de los libros, como el Maigret, de Simenon, por su bonhomía, o el Adamsberg de Fred Vargas, aun con menos tendencia que éste a "palear nubes". Croce es más circunspecto, más melancólico, más "tanguero", si se quiere, aunque también , sin duda, está armado con un estoicismo imbatible.
Antes he mencionado Plata quemada, pero he de reconocer que toda comparación con esta novela es injusta. Porque aquella crónica anfetamínica y fascinante de un atraco la escribió un Piglia en la plenitud de su vida y su oficio literario y estos cuentos del comisario Croce, un autor enfermo, en cada vez peor estado físico, que incluso debió utilizar un sistema de escritura a través de la mirada para poder acabarlos. El resultado, claro, es más calmo, relajado, incluso algo desfondado, lejos de la tensión adictiva de aquella otra novela. Pero, eso sí, en ambos libros pervive el interés de Piglia por desvelar y entender, por asumir la complejidad desconcertante del ser humano.
Otras obras de Ricardo Piglia reseñadas en Un Libro Al Día: Plata quemada, Blanco nocturno, Los diarios de Emilio Renzi, Las tres vanguardias: Saer, Puig, Walsh
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relatos,
siglo XXI
sábado, 9 de julio de 2011
Libros para el verano: Lo inolvidable, de Eduardo Berti
Idioma original: españolAño de publicación: 2010
Valoración: recomendable
Suele ocurrir que en verano buscamos libros "ligeros" para pasar el rato. No obras "malas", sino aquellas que nos den todo aquello que le habitualmente le pedimos a un libro, pero sin exigir de nosotros demasiado esfuerzo. Al fin y al cabo, vamos a leer mientras estamos de vacaciones, ya sea en la piscina, en la playa o intentando no caer en la modorra post-comida estival (traicionera donde las haya), así que no se puede decir que lo más recomendable sea meterse el Ulises entre pecho y espalda.
Como recomendación veraniega (o como recomendación, a secas), me gustaría hablaros de Lo inolvidable, una colección de relatos escrita por Eduardo Berti que cumple las condiciones anteriores: es un buen libro y podemos leerlo en casa, en el transporte público de camino a algún sitio, en la playa o a la sombra de un árbol.
Lo inolvidable es una colección de once relatos que harán las delicias de cualquier amante de este género: no demasiado extensos, de temas variados y narrados de tal manera que, antes de que nos demos cuenta, estamos tan inmersos en el universo que Berti describe que se nos olvida todo lo demás.
A través de sus páginas conocemos a una ávida lectora perdida en un universo de papel, las consecuencias que acarrea una –en origen– inocente mentira con el paso de los años, la trágica historia de dos hombres que pasan medio año trabajando aislados en una cantera, la pasión que desatan los ojos de color del cielo de un niño... y la fabulosa historia de fantasmas que cierra el libro y que es, sin duda, uno de los mejores relatos de miedo que he leído en mucho tiempo. Para el verano o para cualquier otra estación, que Berti esté en vuestra biblioteca. No os decepcionará.
Otras obras de Eduardo Berti en ULAD: La mujer de Wakefield
jueves, 1 de diciembre de 2011
El libro de mi infancia: Las gemelas de Sweet Valley, de Francine Pascal y Jamie Suzanne
Título original: Sweet Valley Twins
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1986 en adelante
Valoración: estabienparaniñasdediezaños
No, no os habéis equivocado de blog. Sí, estáis en Un libro al día. Y sí, estoy reseñando los libros de Las gemelas de Sweet Valley. Y no, no estoy loca; por lo menos, no del todo... Y es que si me preguntan qué libros leía de niña, de muy niña, no puedo responder cosas tan dignas como El hobbit o La historia interminable. No me gustaban los libros de fantasía o ciencia ficción —a excepción de los Animorphs—, ni tampoco los de miedo. Leía Los cinco, Los siete, Las torres de Malory y otras cursiladas "para niñas"; y, sobre todo, seguía con fruición las historietas de las gemelas Wakefield, que como veréis NO son exactamente —aunque casi ;)— las mismas odiosas adolescentes que las de aquella serie de televisión.
Quizás lo mejor de estos libros, ambientados en un pequeño pueblo de California, es que eran libros para niños —más bien, niñas— pero escritos de tal modo que parecían libros para más adultos, o quizás esa sensación me daba a mí. Además había tantos y eran tan baratos que tenía acceso ilimitado a ellos. En los 118 libros la autora tiene tiempo para tratar todo tipo de temas desde diferentes perspectivas, ya que hay un amplísimo espectro de personajes secundarios: aparte de las gemelas Elizabeth y Jessica, sus padres y su hermano Steven, tenemos a los compañeros de instituto. Cada uno de los libros se centra en algunos personajes, aunque por supuesto las gemelas y sus amigos más cercanos siempre aparecen.
Las gemelas de Sweet Valley me ayudaron a crecer en muchos sentidos. Resulta —ahora me entero— que esta serie que yo leía es en realidad un spin-off de la serie original (a decir verdad, me estoy haciendo un lío y ya no sé cuál era la original...). Lo que tengo claro es que "mis" gemelas estaban en sexto grado (es decir, sexto de primaria), y que cuando empecé a leerlas me parecía que eran muy mayores, con lo cual quizás yo estuviera en segundo, tercero o cuarto de primaria, hasta que llegó un momento en que yo me hice mayor que ellas y sus aventuras perdieron interés para mí. Por lo tanto, me acompañaron durante varios años, básicamente desde que aprendí a leer.
A pesar de ciertos defectos —especialmente, ese tufillo a sueño americano—, los libros de las gemelas de Sweet Valley me inculcaron ciertos valores. Las dos niñas, pese a ser físicamente idénticas, tenían personalidades opuestas (yo, por supuesto, me identificaba muchísimo más con la estudiosa y ávida lectora Elizabeth que con la engreída y caprichosa Jessica), pero las diferentes vicisitudes que vivían en los libros les ayudaban a mejorar y a superar cada una sus propios defectos y limitaciones, muchas veces propiciadas por ciertos prejuicios que los libros trataban de desmontar. Recuerdo especialmente la historia de Mandy, una compañera del colegio muy poco popular a la que le diagnostican cáncer; a lo largo de la novela, los demás niños van digiriendo lo que esto significa, y finalmente Jessica y el resto del selecto Club de las Unicornio dejan de lado sus absurdos prejuicios y prestan a la niña todo su apoyo.
¿Cuántos libros para niños hay que traten temas tan delicados y aparentemente tan lejanos de la vida infantil como la enfermedad y la muerte? En contra de lo que podría parecer, historias como esta, y otras similares, lograron empezar a concienciarme de ciertos asuntos de los que se suele intentar mantener a los niños apartados. Y me parece que es un gran logro que haya libros que consigan calar tan hondo en una niña de 9 o 10 años sin crearle, a cambio, ningún tipo de trauma en absoluto. Más bien, al contrario.
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1986 en adelante
Valoración: estabienparaniñasdediezaños
No, no os habéis equivocado de blog. Sí, estáis en Un libro al día. Y sí, estoy reseñando los libros de Las gemelas de Sweet Valley. Y no, no estoy loca; por lo menos, no del todo... Y es que si me preguntan qué libros leía de niña, de muy niña, no puedo responder cosas tan dignas como El hobbit o La historia interminable. No me gustaban los libros de fantasía o ciencia ficción —a excepción de los Animorphs—, ni tampoco los de miedo. Leía Los cinco, Los siete, Las torres de Malory y otras cursiladas "para niñas"; y, sobre todo, seguía con fruición las historietas de las gemelas Wakefield, que como veréis NO son exactamente —aunque casi ;)— las mismas odiosas adolescentes que las de aquella serie de televisión.
Quizás lo mejor de estos libros, ambientados en un pequeño pueblo de California, es que eran libros para niños —más bien, niñas— pero escritos de tal modo que parecían libros para más adultos, o quizás esa sensación me daba a mí. Además había tantos y eran tan baratos que tenía acceso ilimitado a ellos. En los 118 libros la autora tiene tiempo para tratar todo tipo de temas desde diferentes perspectivas, ya que hay un amplísimo espectro de personajes secundarios: aparte de las gemelas Elizabeth y Jessica, sus padres y su hermano Steven, tenemos a los compañeros de instituto. Cada uno de los libros se centra en algunos personajes, aunque por supuesto las gemelas y sus amigos más cercanos siempre aparecen.
Las gemelas de Sweet Valley me ayudaron a crecer en muchos sentidos. Resulta —ahora me entero— que esta serie que yo leía es en realidad un spin-off de la serie original (a decir verdad, me estoy haciendo un lío y ya no sé cuál era la original...). Lo que tengo claro es que "mis" gemelas estaban en sexto grado (es decir, sexto de primaria), y que cuando empecé a leerlas me parecía que eran muy mayores, con lo cual quizás yo estuviera en segundo, tercero o cuarto de primaria, hasta que llegó un momento en que yo me hice mayor que ellas y sus aventuras perdieron interés para mí. Por lo tanto, me acompañaron durante varios años, básicamente desde que aprendí a leer.
A pesar de ciertos defectos —especialmente, ese tufillo a sueño americano—, los libros de las gemelas de Sweet Valley me inculcaron ciertos valores. Las dos niñas, pese a ser físicamente idénticas, tenían personalidades opuestas (yo, por supuesto, me identificaba muchísimo más con la estudiosa y ávida lectora Elizabeth que con la engreída y caprichosa Jessica), pero las diferentes vicisitudes que vivían en los libros les ayudaban a mejorar y a superar cada una sus propios defectos y limitaciones, muchas veces propiciadas por ciertos prejuicios que los libros trataban de desmontar. Recuerdo especialmente la historia de Mandy, una compañera del colegio muy poco popular a la que le diagnostican cáncer; a lo largo de la novela, los demás niños van digiriendo lo que esto significa, y finalmente Jessica y el resto del selecto Club de las Unicornio dejan de lado sus absurdos prejuicios y prestan a la niña todo su apoyo.
¿Cuántos libros para niños hay que traten temas tan delicados y aparentemente tan lejanos de la vida infantil como la enfermedad y la muerte? En contra de lo que podría parecer, historias como esta, y otras similares, lograron empezar a concienciarme de ciertos asuntos de los que se suele intentar mantener a los niños apartados. Y me parece que es un gran logro que haya libros que consigan calar tan hondo en una niña de 9 o 10 años sin crearle, a cambio, ningún tipo de trauma en absoluto. Más bien, al contrario.
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