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domingo, 8 de junio de 2014

Francisco Casavella: Elevación, elegancia y entusiasmo

Idioma original: español
Año de publicación: 2008
Valoración: muy recomendable

Escritores fallecidos prematuramente. Demasiados. Casavella, novelista barcelonés galardonado, uno de ellos. Dicen, por complicaciones de salud derivadas de ciertos hábitos de largo recorrido. Esto no es el rincón del morbo. No se juzga por la vida sino por la obra. Juro que casi siempre lo intento.
Su muerte volcó la atención no sólo sobre sus obras de ficción, capitaneadas por la trilogía El día del Watusi y Lo que sé de los vampiros, ganadora de un premio Nadal, sino también sobre su obra previa, en esta caso, como colaborador de multitud de medios culturales y periodísticos.
Elevación, elegancia y entusiasmo  es, pues una recopilación de artículos y ensayos en diversas tonalidades críticas e informativas. Gran número de páginas, más de 1000, con el objeto por parte del editor de ser exhaustivo. Artículos que recorren más de dos décadas y en los que se aprecia su progresión, su paulatina madurez (de los veintipocos hasta su muerte a los cuarenta y cinco), y en los que se detecta desde la bisoñez crítica del que habla entusiasta de discos y libros que le gustan, hasta esa progresiva depuración del estilo, esa matización en la expresión de júbilo, ese abandono de la pose ligeramente de fan que progresa hacia otro nivel, conforme evoluciona de cronista a novelista.
En el fondo, esas tres palabras del título vienen como a definir la estructura del contenido. Que no es más (como si fuera poco) que un viaje caleidoscópico por sus artículos (cientos de ellos) sobre literatura, música, cine y algunas series. Afortunadamente su tiempo de vida le llegó para disfrutar las cinco temporadas de The Wire y reflejarlo en un artículo.
Puede que algunos discutiésemos una algo inexplicable filia por las sonoridades latinas (¡Agustín Lara!) y que su primer acceso entusiasta en artículos sobre grupos pop locales ahora nos resulta algo enternecedor (empeñado en alzar a los cielos bandas de las que pocos se acuerdan). Pero algunos de estos articulos los ha escrito un jovenzuelo de apenas veinte años, con ganas de gustar, de hacerse un nombre y de abrirse camino. Sí, puede que la parte dedicada a la música, por el tono que empleaba en función del público al que se dirigía, nos resulte la menos brillante. Pero las primeras 300 páginas, las que dedica en cuerpo y alma a las reseñas sobre libros y a los comentarios sobre literatura. Huyendo (aunque mencionando) del relativo distanciamiento académico de Harold Bloom, Casavella nos sume en un fascinante viaje por influencias, libros de referencia, relaciones de autores, de obras. Uno de esos artefactos que tanto nos gustan por aquí: una especie de viaje de placer literario portentosamente bien escrito y ameno de leer. Y de conservar: sitúense estas páginas a mano a la hora de buscar buenos libros si algún día no se nos ocurre qué leer.
Y el libro acaba con un útil indice por referencias al que podemos acudir a ver qué opinaba de Pynchon, qué pensaba de Tarantino, para qué narices mencionaba a Richard Hell o a Corín Tellado.
No olvidemos a este hombre, por favor.

También de Francisco Casavella en ULAD: El día del Watusi

sábado, 30 de septiembre de 2017

Francisco Casavella: Un enano español se suicida en Las Vegas

Idioma original: español
Año de publicación: 1997
Valoración: se deja leer

Pues si hay que ser sacrílego, se es con un par.
Nada me extraña que algunos escritores locales anden tan veneradores con Casavella. Mi adorado Zanón, por ejemplo. Algún otro, pero no quiero hacer más daño. El tono de esta novela, en particular el de sus primeras decenas de páginas, ya suena a haber sido imitado en ese relato nervioso, acelerado, tardo-adolescente, ese recurso tan usado de hablar de hechos de la niñez, de correrías en pantalón corto por pisos de barrios obreros de Barcelona, proclives a todo tipo de estrecheces. Unos cuantos han ido por ahí y ahora, necrofilia mediante, no puedo negar que sea muy caballeroso rendirle pleitesía al creador de ese discurso, si es que Casavella fue el creador, eso está por ver, quizás Marsé o Vázquez Montalbán ya tantearon antes, no puedo decirlo.
Y es curioso, porque, para mi decepción, (pues aún conservo el agradable sabor a licor bien macerado de los mejores, que eran muchos, fragmentos de El día del Watusi), esta novela, (cuyo título particularmente discutiría mucho, me recuerda a cutreces de usar y tirar como los discos de la Orquesta Mondragón o algunas peliculillas de los 90 donde salían Juanjo Puigcorbé o Gabino Diego o Juan Luis Botto) no me ha gustado casi nada. El casi se lo reservo a esos tramos donde el Casavella-escritor-en-maduración empieza a mostrar maneras, pero en lo relativo a la concepción de la novela, a su desarrollo, y a eso que gusta tanto de la atemporalidad de la situación, demasiadas, sí, demasiadas cosas parecen estar simplemente en ciernes o incluso en pañales para que mi opinión, modesto lector que declara admiración al fallecido escritor barcelonés, pueda establecer que haya que recomendarla. Aquí sobran cosas: el inicio parece irnos a abocar a una especie de juego de persecuciones chorras, la sensación de que no sabemos si Casavella quiere confundirnos con la identidad de esos dos hermanos tan unidos y tan distantes o simplemente quiere definirnos esa dualidad en las relaciones familiares: rencor vs amor incondicional, celos vs defensa de la sangre. Más de 200 páginas y la dispersión de la trama no ha conseguido aclarármelo. Faltan otras cosas: parece reivindicar (véase portada de la reedición de Anagrama) esa condición de novela barcelonesa, cuando la ciudad es un escenario que no pasa de aportar algo más que eso que los pintores llaman veladura. Falta peso de los personajes secundarios: las respectivas compañeras no parecen trascender la condición de compañeras de alcoba, los matones (véase próximo párrafo dedicado a sinopsis) son exasperantemente planos y formulaicos, lo de Chester Winchester - el enano del título - no acabo de entenderlo... en fin.
Pues eso: dos hermanos con suertes dispares protagonizan una situación en la que las deudas de juego de uno de ellos arrastra a la familia y hay que coger el toro por los cuernos o, mejor dicho, ver si se huye hacia atrás o hacia adelante, mientras los mafiosos de turno (estereotipados hasta decir basta) acosan y van adelantando muestras de cariño, optando por organizar una mega-partida donde la cosa va a ser un todo o nada.
Así: cuatro líneas básicas desde las que la prosa de Casavella traza profundos altibajos (situándose más veces en los bajos) hasta convertirlas en eso, en 266 páginas bastante dispersas y confusas, pero, al primer párrafo me remito, capaces de deslumbrar tanto a algún pardal que, cegados por un cóctel donde, claro, la necrofilia no podía faltar, habrá quien, fajas, contraportadas, y aduladores varios incluidos, lo considere hasta algo seminal y capital. Y no.

jueves, 28 de abril de 2016

Reprise: TochoWeek #8. Francisco Casavella: El día del Watusi

Idioma original: español
Año de publicación: 2002, 2009 para esta edición con correcciones
Valoración: bastante recomendable

La Primera Aclaración Preliminar: cuando propuse a los amos de todo esto lo de montar la TochoWeek, uno de mis objetivos era encontrar un pretexto para dejar de aplazar la lectura de esta novela. Cuestión que se agudizó con su reedición. No soporto ser tomado por oportunista.
La Segunda Aclaración Preliminar: esta edición que veis (la foto es de la deterioriada copia que ha pasado algún lustro que otro en mi estantería esperando su turno) ilustrando esta reseña es la de Destino. La que he leído, que es casi inencontrable. Ahí la tenéis, en Amazon a 400 euros. Yisus. Anagrama, supongo que por influencia de Silvia Sesé (anteriormente en Destino), la ha reeditado, añadiéndole prólogos y epílogos de algunos rendidos escritores barceloneses, y contribuye a engrandecer el mito de esta novela, en realidad una trilogía, casi 1200 intimidadoras páginas que son descritas (no unánimemente, la novela se llevó algún que otro palo en su día) como la Gran Novela de Barcelona, o de la Transición, o de lo que sea. Títulos que, alguno de ellos, ya habían sido otorgados a novelas de Mendoza o de Marsé. Pero (y perdonad la frivolidad, que creo que Casavella hubiera entendido) el hombre va y se nos muere. En 2008, 45 años y la flor de la vida. Muere un hombre y nace un mito. Qué gran titular, verdad. Y El día del Watusi se yergue como obra cumbre y las cosas toman ese cariz épico en el que hasta las notas disonantes son agradecidas como excepciones a la regla que es, ahora sí, la unanimidad. Y entonces qué tentador resulta dejarse llevar por ese escenario y mostrarse magnánimo, entusiasta. Así lo ponemos sencillo a quienes nos pueden hacer capturas de pantalla y recriminarnos nuestras concesiones , y nosotros nos defenderemos con nuestras excusas más socorridas. Que es más fácil encontrar cagarrutas, que de eso hay a patadas. O que los muertos no pueden defenderse y ese mínimo de elegancia lo tenemos, aunque quede tan poco moderno hacer alarde. En fin, tan lícito es hacer que la gente se aleje de malos libros como intentar que se acerque a los buenos. 

A El día del Watusi puede que le sobren páginas. Pero no me preguntéis cuántas ni dónde. Porque puede que os diga cada día una cosa. Porque puede ser una (o tres) novela(s) imperfecta(s). O un artefacto donde la forma (presentada en la guisa de una escritura perfecta, depurada, impecable detrás de un perfume acanallado) puede que en momentos eclipse (hasta devore) un fondo que, a veces, no muchas, parece un pretexto, como un soporte cuyo única finalidad es que se le cuelguen ornamentos. 
La historia detrás de esta Trilogía, empaquetada de forma espartana, parte del asesinato de Julia, joven hija de Celso, líder de la delincuencia local de un barrio barcelonés, Las Casitas, situado en Montjuïc, fea y roma montaña que se asoma al puerto, montaña que albergaba hace lustros un parque de atracciones que cerró y que aún alberga barrios curiosos. En la otra montaña emblemática de Barcelona, en ese Tibidabo que acabó dando nombre a alguna turbia compañía, allí encontramos en 1995 a Fernando Atienza, antihéroe y superviviente de mil batallas que recibe, de rostro anónimo, un peculiar encargo. Redactar un informe, sobre un tal Neyra, para un empresario que se encuentra encarcelado, por unos millones especulados, por algún malentendido de corruptelas, ya se sabe. Allá arriba, con la excelente vista de la ciudad a los pies, cualquiera aceptaría cualquier cosa. A cambio de dinero, aún más. Y Atienza empieza su relato, que abarcará tres novelas, aludiendo a aquel lejano día, 15 de agosto de 1971, en que recorrió la ciudad junto a Pepito El Yeyé para advertir al Watusi, celebridad local, de que se le culpaba de la muerte de Julia. Adolescentes de barriada cuyo sentido del deber surge de extraños códigos de honor, y un día que marca su existencia. Un día que arrastrará como motivo recurrente en las tres novelas, aunque solamente constituye el centro de la primera. La segunda, unos años después, nos muestra a Fernando en medio de las intrigas políticas que se sucedieron en los años inmediatos a la muerte de Franco, trabajando como chico para todo para un banco, metiéndose casi sin querer en la formación de una estrafalaria formación política promovida a toda prisa por una serie de prohombres apurados ante la posibilidad de que el establecimiento de las instituciones "democráticas" los aleje de sus prebendas. Todo el recorrido, casi 1.200 páginas, relato de Atienza, con sus historias con las mujeres, casi siempre envueltas de talante trágico, con su consistente paquete de personajes y escenas memorables, en las que su evocación del día del Watusi regresa y toma el poder, como un misterio desentrañable y como un hecho que es a la vez agujero negro y faro que ilumina. Cerca del final (unas nada desdeñables cien páginas finales) Casavella se nos enreda en una maraña de digresiones que, poco a poco y, no siempre con la coherencia exigible a un arquitecto de tramas, van resolviendo los enigmas. Os recuerdo: la forma aquí se impone, y aunque El día del Watusi no pueda ser tildado de ejercicio esteticista, sí que es, y creo que esto representa un gran colofón a la TochoWeek, un caso emblemático de novela de gran extensión: irregular, ambiciosa, difícil y exigente con el lector. Como obra de culto que se precie, dispondrá de admiradores rendidos y de detractores desde el escepticismo o incluso desde la heterodoxia. Yo prefiero confesar haberme quedado en un tibio medio camino, y que la posibilidad de una relectura ahora mismo me asusta  sobremanera, así que lo dejo ahí, en ese bastante recomendable, que es una opinión tanto producto del promedio entre sus picos y sus valles como de pura justicia literaria. Que, a estas alturas, aquí, vamos a creer poder administrar. Sin esperar a que nos den permiso.

También de Francisco Casavella en ULAD: Elevación, elegancia y entusiasmo

jueves, 16 de diciembre de 2021

Matthew Pearl: El club Dante

Idioma original: inglés

Título original: The Dante Club

Año de publicación: 2004

Traducción: Vicente Villacampa

Valoración: entre recomendable y está bien

Los lectores más viejunos veteranos de nuestro blog quizá recuerden una época lejana (aunque no lo suficiente) en la que, sin duda a remolque del estupefaciente éxito del El código Da Vinci, en las mesas de novedades florecieron best-sellers, o que pretendían serlo, con tramas esotérico-criminales y que aludían a secretos relacionados con algún personaje histórico-artístico: El enigma Vivaldi, La clave Gaudí, El pintor de sombras (este último no lo nombra en el título, pero se trata de una novela que enreda a Pablo Picasso con los crímenes de Jack el Destripador... alucina pepinillos); entre estas novelas encontramos también, cómo no, la que ocupa la reseña de hoy, El club Dante, del norteamericano Matthew Pearl, al que no le debió de salir mal la cosa, porque luego repetiría la fórmula misterio+nombre de escritor famoso con La sombra de Poe y El último Dickens.

Este El club Dante, no obstante, hace alusión a un "club Dante" auténtico, el que formaron en el siglo XIX el primer traductor al inglés de la Divina Comedia ( y también de las Coplas a la muerte de su padre, por cierto), el afamado poeta Henry Wodsworth Longfellow, junto a otros escritores e intelectuales vinculados a la universidad de Harvard, como el también poeta James Russell Lowell y Oliver Wendell Holmes, muy conocidos por los profesores de literatura norteamericana de las universidades de la Ivy League... En fin, esta panda de dicharacheros letraheridos, profesores y demás, se ve envuelta en la investigación de unos atroces crímenes que tienen lugar en el Boston post-bélico de 1865, ya que el asesino parece haberse inspirado, precisamente, en los castigos que Dante Alighieri reserva en su obra para los distintos tipos de pecadores (sí, a mí el argumento me recuerda también al de cierta exitosa película dirigida por David Fincher, pero vamos a dejarlo ahí...).

La cosa se anima, además, porque de la investigación se ocupa el agente Nicholas Rey (casi como el cineasta), el primer policía negro de la ciudad, aunque en un principio no sea más que el conductor del jefe de policía Kurtz. Digo que se anima porque en el Boston de 1865, recién terminada la guerra de secesión y llena de veteranos tullidos y desempleados, la causa de los negros no es precisamente la más popular; en efecto, el racismo y la falta de apertura de todo lo que viniera del extranjero (estamos hablando de antes de las grandes migraciones europeas hacia EEUU de fines del siglo XIX y principios del XX; en aquellos días casi no había gente de origen italiano, por ejemplo) impregnan toda la historia.

He de ser justo: aunque al principio he relacionado El club Dante con el timo de la estampita que fue la célebre novela de Dan Brown, lo cierto es que no sólo está escrita con una mayor calidad literaria (tampoco era difícil), sino que el misterio criminal resulta entretenido, truculencias aparte -lo aviso para los estómagos delicados- y, lo que es más importante, gracias a esta novela se pueden aprender algunas cosas interesantes o al menos deja esa sensación: por una parte, sobre la historia estadounidense de mediados del siglo XIX; por otra, sobre Dante y su Divina Comedia (aunque ya sé que es una lectura habitual para casi todos vosotros. Igual que para mí, por supuesto). En realidad, más que con el código de marras, esta novela emparentaría en espíritu -como señaló Francisco Casavella en una crítica que le hizo en su momento- con El nombre de la rosa... salvando no pocas distancias, claro.

Em fin, que es una novela bastante entretenida y adecuada para "desengrasar" entre dos lecturas más exigentes, sin tener que sentirse por ello como un idiota ante tramas sonrojantes, presonajes planos y efectismos hueros, aun con todos lo cliffhangers y plot-twists que aconsejan los manuales de cómo escribir un best-seller. El club Dante, al menos, trata a los lectores como adultos funcionales, que no es poco...

Nota exculpatoria: En este 2021 se  han cumplido 700 años del fallecimiento de Dante Alighieri y de la finalización de su Divina Comedia. Fieles a nuestra costumbre, en Un Libro al Día no le hemos hecho ni puñetero caso a esta efeméride le rendimos ahora un homenaje, puesto que la reseña de su obra ya fue publicada hace años.

Vale, sí, que es un homenjae un poco forzado y hasta cutre, pero qué queréis...


martes, 22 de diciembre de 2015

ULAD: Nuestros libros del 2015

Montuenga

Mejor novela del s. XX: Los reconocimientos, de William Gaddis
Mejor novela del s. XXI: Abril rojo, de Santiago Rocangliolo
Mejor thriller: Vestido de novia, de Pierre Lemaitre
Mejor novela iniciática: Las tribulaciones del estudiante Törless, de Robert Musil
Mi gran descubrimiento: La escritura peligrosa de Tom Spanbauer en El hombre que se enamoró de la luna 
Mejor ensayo: La insensatez de los necios, de Robert Trivers
Mejor volumen de relatos: Extinción, de David Foster Wallace
Peor novela: 1914. El asesinato de Sarajevo, de Eladi Romero García
No he pasado de la cuarta página en: El día en que Nietzsche lloró, de Irvin D. Yalom

Juan G. B. 

Novelón del año (en todos los sentidos): Los reconocimientos, de William Gaddis.
Sorpresa (se entiende que agradable): Londres después de medianoche, de Augusto Cruz.
Novela negra para-disfrutar-más-que-un-cochino-en-un-lodazal: Lennox, de Craig Russell.
Libros que me removieron las entretelas (y algo más): Poeta muerta, de Patricia Heras y La captura de Macalé, de Andrea Camilleri.
Mejor carta de navegación por los procelosos piélagos de nuestra época: La piel de la frontera, de Francesc Serés
Escollos evitados a tiempo: Lección de anatomía, de Marta Sanz y Un mal año para Miki, de José Ovejero.
Libros más preciosamente ilustrados: La vida de las paredes de Sara Morante e Ilustre Ruritania ilustrada de Ainize Santos y Santi Pérez Isasi (lástima de texto, en este caso).
Novela gráfica del año: Yo, asesino de Antonio Altarriba y Keko.
Publicación y recopilación del año (y obra maestra): Torpedo 1936 (integral), de Enrique Sánchez Abulí y Jordi Bernet.

Santi
Novela española del año: Cicatriz de Sara Mesa
Novelón del año: El museo de la inocencia de Ohran Pamuk
Clásico del año: Cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell
Descubrimiento del año: Anna Starobinets, en particular sus relatos.
Autor al que ya no daré más oportunidades: Patrick Modiano
Fenómeno literario del año: Elena Ferrante y su serie de novelas sobre Dos Amigas
Fenómeno literario que no entiendo: la seride de novelas Mi lucha Karl Öve Náusea 
Curiosidades literarias: En Nadar-dos-pájaros de Flann O'Brien y Viaje alrededor de mi cuarto de Xavier de Mestre 
Literatura y/o periodismo, a quién le importa: La agonía de Francia de Chaves Nogales y El fin del 'homo sovieticus' de Svetlana Aleksievich

Carlos Andia
Libro de viajes del año: En mares salvajes, de Javier Reverte
Novela apetecible 2015: Siete casas en Francia, de Bernardo Atxaga
Decepciones de mayor o menor rango: En la orilla, de Rafael Chirbes, y Retrato de un hombre inmaduro, de Luis Landero
Para sumergirse en la Historia: Los Austrias, de John Lynch
Clásico recuperado (y con mucho gusto): Tirano Banderas, de Ramón del Valle-Inclán
Tocho superlativo del año: Las mil y una noches (la reseña, antes de fin de año)

Francesc Bon 

Un año en que publican dos de mis autores favoritos no debería ser malo. Aunque lo hagan con obras que quizás, no sean sus mejores. Pero si bien a Houellebecq todos los acontecimientos ajenos han contribuido a que Sumisión gane en relevancia, crezca en trascendencia y rabie de actualidad y, por lo tanto, sea indiscutiblemente la novela más importante del año y su lectura obligatoria. A su lado, y no por deméritos, Pureza palidece, aunque crece en el recuerdo, lo cual no está nada mal. No suelo ponerme al lado de los vilipendiados por el mero hecho de serlo, pero ¿Franzen? El mejor de los que lo despedazan, que escriba un párrafo como el peor de los incluidos en Las correcciones y entonces hablamos.
Un autor con el que repetiré: aparte de decenas de clásicos, creo que volveré a probar a DeLillo para ver si el brutal desequilibrio entre Ruido de fondo y Cosmópolis tiene algún matiz. Y caerá algún Faulkner más, supongo. 
De este año no pasa: que encuentre unas semanas para apartarme del mundo y lea El día del Watusi de Francisco Casavella.
El libro que marcó mi año: Sumisión, y aún podría exponer una docena de nuevos motivos por los que seguiré defendiendo esta novela.
El accésit: aunque plantee dudas sobre si son puntos de partida de una carrera o no, libros como Nuevo destino son auténticos ganchos en la quijada.
Una apuesta personal: Santiago Lorenzo cambiando de registro o Jenn Díaz poniendo su brillante prosa al servicio de asuntos más carnales. Peligro de que estilo, por brillante y solvente que este sea, devenga encasillamiento, amigos.
Frustrado: por no poder aportar mucho nuevo aquí ya que prácticamente todo lo que he leído ha caído en ULAD. Sí que he reconocer que este año ha sido para mí más un año de editoriales que de autores. Cualquier cosa de Sajalín, muchísimas cosas de Malpaso y bastantes de Blackie Books y Asteroide,
Incomprensible: Anagrama convirtiendo en emblemas de su producción dos naderías como Blitz y También esto pasará.

Y, como siempre, emplazar a nuestros lectores a que aprovechen los comentarios para dejarnos sus listas, sus sugerencias, preferencias, filias y fobias. Que ya tardabais.

miércoles, 19 de octubre de 2016

Víctor Del Árbol: La víspera de casi todo

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: se deja leer

Series: "True Detective" o "Twin Peaks". Cadáveres en parajes boscosos, casetas mugrientas. Zonas fronterizas con climas fríos y húmedos. Detectives amargados arrastrando pasados. Puti-clubs. El panorama de tópicos servido en bandeja en unas cuantas páginas iniciales no elude un solo detalle. Aunque se quiera compensar con lenguaje ampuloso, con párrafos rematados con cortas frases lapidarias, La víspera de casi todo es una novela policíaca y un claro representante del perfil del libro presentado a premios literarios, aunque he de decir que yo esperaba más de quienes premiaron a Francisco Casavella.
Esperaba, por ejemplo, no encontrar algún detalle sobrante en prácticamente cada frase o página. Como si el autor se obstinase en entregar "extras". Os acordáis de eso de los "extras". No digáis que vosotros los veíais con la misma fruición. Pues Del Árbol (que tiene un pasado profesional en la policía que la solapa nos recuerda oportunamente) tiene una historia que no está mal, no exijamos originalidad, pero, dentro de lo que es este género policial, tan proclive a montar historias con la combinación de unos cuantos recursos básicos (policías losers, pasados ocultos, serial killers, etc.), la trama puede seducir a cierto nivel.

Germinal Ibarra es un inspector de policía sobre el que pesa la duda: parece que resolvió un caso célebre a base de tomarse la justicia por su mano. Huyendo de ese pasado se ha trasladado con su familia a Galicia. Una familia marcada por la desgracia: su hijo sufre un extraño síndrome incurable que le condena a morir antes de cumplir los 30 años. El caso que marcó a Ibarra (detalles que se van acumulando: nadie le llama por su curioso nombre), el asesinato de una niña por un hombrecillo, parece perseguirle, no solo a él, sino, obviamente, a la atormentada madre, Eva Malher, rica heredera de un conglomerado empresarial, cuyos arquetípicos complementos son un padre autoritario y vengativo, de origen alemán (topicazo), convencido de que el dinero lo compra todo, y Otto, un incauto e hipócrita marido trepa que parece un pelele. Eva también ha emprendido una huida bajo el impacto mediático del crimen, y se ha entregado a excesos de toda índole, y en esa huida ha acabado en una especie de casona para huéspedes en la Costa da Morte de Galicia, donde espera pasar una temporada de tranquilidad a salvo de miradas indiscretas, dedicándose a la fotografía, una de sus aficiones.
Pero ya sabemos lo que pasa en las novelas policíacas con la gente que quiere dejar atrás su pasado. Del Árbol pone en marcha todas las licencias para reubicar a Ibarra y a Eva en un escenario posterior al crimen, tres años más allá. Y las licencias son excesivas. Hasta efecto Godwin y todo hay aquí. Quizás todo podría colar de ser más sencillo, pero no solo el estilo es aparatoso y recargado (permitidme otro símil: Del Árbol es el delantero habilidoso al que siempre le sobra el último regate, en el que le quitan el balón). El lío que organiza con la trama es de narices, incluyendo amoríos increíbles, nuevos crímenes, perturbados, referencias a la Argentina de la ESMA y la guerra de las Malvinas (en una descabellada historia paralela que parece más que inspirada en Estrella distante,  de Bolaño), lo que haga falta, con tal de rodear (quizás la intención sea redondearla) a la historia del empaque artificioso de obra mayor que, cómo no, le queda grande, enorme. Por mucha referencia colada con calzador,  por mucha intención de desviar la historia de su obvio ADN folletinesco, La víspera de casi todo se alarga y se hace pesada y toma caminos tan dispersos como poco creíbles, intentando ocultar sus carencias (todos los personajes parecen expresarse igual, incluido el narrador, cada uno tiene su misterio y esto ya eleva la categoría al despropósito) a base de capas y capas de misterios pretendidamente trascendentes que solo hacen que poner en relevancia que Del Árbol no sabe cómo salirse del lío en que se ha metido. 
Si este es el que ganó el premio, prefiero no especular sobre los demás.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Lo mejor de 2021: Lo que opinan nuestros lectores

Con cierto retraso y tal como avisamos, estas son las listas que nuestros lectores han enviado indicando sus lecturas favoritas del 2021.

En riguroso orden de llegada.

Os agradecemos vuestra colaboración y, ya que estamos, nos encanta la enorme diversidad de vuestras elecciones.

Salud y cultura, amigos.

Anónimo

Ficción

Libros que merecen mejor valoración en el blog

Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino

Tres tristes tigres de Cabrera infante


Libro que me gustaría que reseñaran nada más que para ver qué valoración le dan

La mano junto al muro/El falso cuaderno de Narciso Espejo de Guillermo Meneses


Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz de Bryce Echenique


Nada que decir, apuestas seguras

Pedro Páramo y el llano en llamas de Rulfo

Ficciones de Borges

Pantaleón y las visitadoras de Vargas Llosas


Imprescindibles en el blog pero no en mi corazón

Bajo el volcán de Lowry

La insoportable levedad del ser de Kundera


No ficción

Libro que llevaba años buscando y finalmente conseguí una copia

Sociología y pragmatismo de Wright Mills

La distinción de Bourdieu

La selva de los símbolos de Turner


Relectura necesaria

La imaginación sociológica de Wright Mills

Outsiders de Howard Becker

La zona gris de Auyero


Libro de método que parece un fastidio pero que puede ser grato para gente de otras áreas

Los trucos del oficio de Becker

Describir el escribir de Cassany

Decir casi lo mismo de Eco


Clásicos que faltaban

La rebelión de las masas de Ortega y Gasset

Técnica y civilización de Mumford


Libros de mi país o sobre mi país que me gusta releer

Adiós al socialismo de Del Búfalo

La renta y el reclamo de Bautista Urbaneja

El Estado mágico de Coronil


Conseguidos por sorpresa

Orientalismo de Said

La invención de Irlanda de Kiberd

Comunidades imaginadas de Anderson


Gabriel Diz

Les dejo una selección de lo que he leído en 2021. Son 13 libros en total, algo más de uno por mes. Estuve un rato largo intentando dejar la lista en 12 para que fuera un libro por mes pero no lo logré:


1)Jane Eyre (Charlotte Bronte)

2)El corazón del daño (María Negroni)

3)Años luz (James Salter)

4)2666 (Roberto Bolaño)

5)Las tres vanguardias (Ricardo Piglia)

6)La virgen cabeza (Gabriela Cabezón Cámara)

7)Nuestra parte de noche (Mariana Enriquez)

8)La hermana menor (Mariana Enriquez)

9)El sueño de los héroes (Adolfo Bioy Casares)

10)Prins (Cesar Aira)

11)La sangre manda (Stephen King)

12)La llamada del Cthulhu (H.P. Lovecraft)

13)Persecución (J.C. Oates)

Carlos Ávila:

El descubrimiento del año: la escritora mexicana Fernanda Melchor. De

todas formas ha sido un año prolífico en esto con Alejandro Zambra, Óscar

Martínez, Kent Haruf o Andrea Abreu entre otros.

Relectura de clásicos: Memorias de un europeo de Stefan Zweig.

Decepciones: Serge de Yasmina Reza y No tengo tiempo. Geografías de la

precariedad de Jorge Moruno.

Autores que no me fallan: Marín Caparrós y su Ñamérica, Leila Guerriero

con Frutos extraños y Carrère con Yoga.

Buenas investigaciones y muy bien contadas: No digas nada de Patrick

Radden Keefe y Laëtitia o el fin de los hombres de Ivan Jablonka.

Una autobiografía muy potente: Trilogía de Copenhague de Tove

Ditlevsen.

Libros para reírse con ganas y desconectar: Cualquiera de los tres de relatos

de Kenneth Cook.

Lecturas que dejan mal cuerpo pero que es necesario hacer: Antisocial de

Andrew Marantz y Extrema derecha 2.0 de Steven Forti.

Propósito para 2022: Seguir y seguir leyendo cada día y atreverme con

Guerra y paz.

Pablo GP

Libros Preferidos:

- Donal Ryan: Corazón giratorio.

- Fiódor Dostoyevski: Los hermanos Karamazov.

- Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas.

- Albert Cohen: Bella del señor.

- Elizabeth Kolbert: La sexta extinción.

- Mario Levrero: La ciudad y El lugar, de la Trilogía involuntaria (París me pareció más flojo).

Libros Destacables:

- Marlon James: Breve historia de siete asesinatos.

- Alan Parks: Enero sangriento.

- Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa.

- Jeffrey Eugenides: Middlesex.

- Bruce Chatwin: Colina negra.

- Peter Kaldheim: El viento idiota.

Mención honrosa:

- Alan Parks: Hijos de Febrero.

- Natalia Ginzburg: El camino que va a la ciudad y otros relatos.

- D.H. Lawrence: El arco iris.

- Chriss Offutt: Kentucky seco.

- Emmanuel Carrère: Yoga

Decepciones:

- George Saunders: Lincoln en el bardo.

- Johnny Marr: ¿Cuándo es ahora? Memorias.

- William Gaddis: La carrera por el segundo lugar.

- Hubert Selby Jr: Última salida para Brooklyn.

Maqroll El Gaviero

Mis mejores lecturas del año (las dejo en 9):

- Los siete locos (Roberto Arlt)

- Limónov (Carrère)

- La mano izquierda de la oscuridad (UK LeGuin)

- Glosa (JJ Saer)

- Me llamo Rojo (Pamuk)

- Martin Eden (Jack London)

- Kokoro (Soseki)

- El idiota (Dostoievsky)

- La suerte de Omensetter (W Gass)


Si se pudiera meter poesía: mención especial a Basilio Sánchez (“He heredado un nogal sobre la tumba de los reyes”) y a Alejandra Pizarnik (cualquier cosa suya).

Ángel Muñoz

El mejor,

No digas nada, Patrick Radden Keefe, minucioso, objetivo (hasta donde uno puede serlo) y muy esclarecedor, el conflicto del IRA explicado casi como si fuera un novela de acción, espectacular.

Me daba perezón pero mira…

Línea de fuego, Arturo Pérez-Reverte, guerra civil y el más famoso de los miembros de la RAE… de entrada lo último que pensaba coger, pero me parece que Arturo sabe dar ritmo a las novelas, sabe transmitir un escenario con verosimilitud, y se intenta alejar de maniqueísmos. Lo fulminé en un plis-plas (¿estará esta expresión reconocida por la RAE?)

Me arriesgué y no me decepcionó

64, Hideo Yokoyama, citando a los inmortales No me pises que llevo chanclas, “Japón, mía que está lejos Japón” Lejos física y culturalmente, y este libro me situó en una sociedad a la que me costaba entender, con una forma de narrar que se aleja de mi zona de confort, pero mereció la pena, novela redonda.

Qué necesidad tenía yo…

A ver, que es que uno es masoca, empezar una serie de libros y dejarlos… me cuesta, y pasa lo que pasa. Entre las sagas en los que mil veces pensé para qué te metes… destaco como horrorosas, Balada de serpientes y pájaros cantores, Suzanne Collins;  La sexta trampa, J.D. Baker y La hora de los hipócritas, Petros Markaris.

Decepción especial para La era de la supernova, Cixin Liu (absurda es decir poco).

Y en el apartado me importa cero lo que me cuentas, Boston. Sonata para violín sin cuerdas, Todd McEwen (recomendación de ULAD, pero yo es que no le veo la gracia) y Contemplaciones, Zadie Smith (¿dónde está la Zadie de Dientes blancos?)

Sorpresas inesperadas

Esos libros que te llegan de algún modo raro y me han dejado impactado, La verdadera vida, Adeline Dieudonne (la violencia hacia la mujer contada de una forma distinta, sin guardar nada pero sin crudezas, obra de arte); El evangelio de la anguila, Patrick Svenson (un libro sobre anguilas, y que se queda corto… no hay mas que decir), Al final siempre ganan los monstruos, Juarma (miedo me daba la expectación creada, y merece la fama que tiene).

Me hicieron reír, mucho

Antes todo esto era campo atrás, Pablo Lolaso (solo para amantes del baloncesto), Subidón, Joaquín Reyes (solo para amantes… pues eso de la muchachada)

Para pasar un buen rato, con ciencia-ficción

Proyecto Hail Mary, Andy Weir (este autor tiene un don cuando habla del espacio) El largo viaje a un pequeño planeta iracundo, Becky Chambers (exquisito, no es el qué les pasa, son los personajes los que hacen esta novela)

Zoila Blanco

ATRAPA LA LLEBRE (L.Bastasic)

Y LLOVIERON PAJAROS (J.Saucier)

VERA (E. von Armin)

ELS DICS (I.Solá)

LA DRECERA (M.Martin Serra)

LAS LEALTADES (De Vigan)

LA AVERIA (F.Dürrenmatt)

ELS PROSCRITS DE SANTA FE (J, Masanès)

EL RETORN DEL CATO (M. Asensi)

TSUNAMI (A. Pijuan)

LLUM DE FEBRER (E.Strout)

L'ANY QUE VA CAURE LA ROCA (P. Coll)

LA KLARA I EL SOL (I. Kazuo)

AMARILLO (F. Romero)

EL IMPERIO DE YEGOROV (M. Moyano)

LAS GRATITUDES (De Vigan)

Sergio Borao Llop

Ante todo, gracias por las reseñas diarias.

En segundo lugar, os paso la relación de lecturas destacadas de este año que termina (tal vez -mi memoria no es tan precisa- vaya también alguna del 2020). El orden es alfabético por apellido de autor

Americanah, de Chimamanda Ngozi Adichie

La parábola del sembrador, de Octavia E. Butler

Noir, de Robert Coover

Todo lo que muere, de John Connolly

La casa de hojas, Mark Z. Danielewski

Solo el silencio, de R. J. Ellory

X, de Percival Everett

Vivir abajo, de Gustavo Faverón Patriau

Breve historia de siete asesinatos, de Marlon James

El gran cuaderno, de Agota Kristof

El intérprete del dolor, de Jhumpa Lahiri

Cuentos completos, de Mario Levrero

Ánima, de Wajdi Mouawad

Plop, de Rafael Pinedo

Las primas, de Aurora Venturini

Michi:

Mejor novela hispanoamericana: El día del Watusi - Francisco Casavella y Basilisco - Jon Bilbao

Mejor novela de lengua extranjera: Un mapa para un crimen - Collin Harrison y El club de los

mentirosos - Mary Karr

Mejor novela en galego: O paraíso dos inocentes - Antón Riveiro Coello 

Mejor libro de viajes: La frontera - Erika Fatland; Los sótanos del mundo - Ander Izagirre; El río de la luz - Javier Reverte 

Mejor ensayo sobre música: The Stooges: Combustión Espontánea - Jaime Gonzalo y Hotel California - Barney Hoskyns 

Mejor ensayo medioambiente: Sueños Árticos - Barry Lopez 

Mejor ensayo sobre cine: El otro Hollywood - Legs McNeil y Jennifer Osborne 

Mejor novela negra: La playa de los ahogados - Domingo Villar 

Mayor decepción: Desierto Sonoro - Valeria Luiselli y Temporada de Huracanes - Fernanda Melchor