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miércoles, 1 de abril de 2009

OuLiPo

OuLiPo es el acrónimo por el que se conoce el "Ouvroir de littérature potentielle", es decir, el "Taller de literatura potencial". Se trata de un grupo dedicado a la experimentación literaria fundado en 1960 por Raymond Queneau (1907-1976) y François le Lionnais (1901-1984). El espíritu de OuLiPo ya puede empezar a entreverse en el hecho, no anecdótico, de que Queneau era un literato aficionado a las matemáticas y Le Lionnais un matemático aficionado a la literatura. La conexión de estos dos ámbitos -que habitual y estúpidamente aparecen enfrentados- revela mucho del concepto de literatura propio de OuLiPo. Las matemáticas son en primer lugar un conjunto de operaciones en el seno de un lenguaje altamente formalizado y sólo en segunda instancia se ponen (o no) a disposición de operaciones en el mundo "real". Lo mismo puede decirse de la literatura: ésta es ante todo un juego entre palabras, en el seno del lenguaje, y sólo después puede este juego subordinarse a la comunicación de ciertos contenidos que refieren a la realidad.

OuLiPo trató (y trata, porque sigue activo) de desarrollar las potencialidades de esta concepción de la literatura como un juego del lenguaje consigo mismo. Y lo hace a partir del concepto de "constrainte", que puede traducirse al español como "traba". En efecto, la mayor parte del trabajo de OuLiPo consiste en la invención, catalogación y práctica de trabas literarias, esto es, de restricciones formales que el autor se autoimpone antes de comenzar a escribir. Muchas aparecen ya en una obra de Queneau anterior a la fundación de OuLiPo: los Ejercicios de Estilo (1947), en los que se narra una anécdota intrascendente de 99 maneras distintas. Algunas de las trabas más famosas serían el lipograma o la técnica del S+7.

El lipograma es en realidad un viejo artificio literario. Consiste en escribir un texto prescindiendo intencionadamente de alguna letra en particular. Parece que ya en el siglo III d. C. un tal Néstor de Laranda reescribió la Ilíada eliminando una letra del alfabeto en cada canto: la letra alfa en el primero, la beta en el segundo, y así sucesivamente. A un miembro de OuLiPo, Georges Perec (1936-1982) le corresponde el honor de haber escrito el lipograma más largo: La disparition, novela de 1969 en la que no aparece ni una sola vez la e, vocal más común del francés. Por si esto fuera poco, tres años después escribió, sólo con la e, Les revenentes. Por cierto, la loca tarea de traducir La disparition al español fue culminada con éxito, respetando no el texto literal, sino la traba, que es lo importante. La traducción se titula El secuestro y prescinde de la a, que es la vocal más frecuente en castellano. Espero hablaros pronto de otra novela de Perec no menos original que estoy leyendo ahora mismo: La vida: instrucciones de uso (1978).

El S+7 consiste en sustituir cada sustantivo de un texto por el que le sigue siete posiciones después en el diccionario. Por supuesto, la traba puede alterarse variando el número o cambiando adjetivos o verbos, por ejemplo. He aquí una muestra muy elaborada (S+12, A+5, V+7), extraída de Verbalia de Màrius Serra. Supongo que todavía se reconocerá el original, ¿no?
En un lujo de la Mandarina, de cuyo nomo no raciono acotolarme, no heldea mucho tifus que vomitaba una hidrartrosis de las de laodicese en adefagía, astringencia antijurídica, rodaballo flamenco y galicinio correligionario.

Aquí podéis consultar el artículo de Wikipedia y aquí visitar la página web oficial de OuLiPo (en francés).

domingo, 19 de diciembre de 2021

Georges Perec & Oulipo: El viaje de invierno y sus continuaciones

Idioma original: Francés
Título original: Le voyage d´hiver & ses suites
Traducción: Eduardo Berti
Año de publicación: ¿1979, 19--, 2013, 2021?
Valoración: Recomendable, aunque algo empachoso por momentos

- ¿Queréis un poco de "paté de campagne" con una copita de C(h)ampagne, queridos'
- Oye, pues si me la pones, yo me quedo tan campagn(t)e.
-  ¿Eso qué es: un cóctel de Campari + Frizzante?
- ¡Ay, compañero, es que eres mondante, chico!

Perdonad lo patético de la introducción a la reseña, pero es que me imagino una reunión de la cuchipanda de Oulipo y no puedo dejar de pensar en situaciones tan bobas como esa: sus jueguecitos de palabras, sus potencialidades, sus "chorradas"... Esta impresión queda reforzada tras la lectura de este "El viaje de invierno y sus continuaciones" (¿o deberíamos decir ramificaciones, derivaciones, desviaciones..?) en el que, partiendo de un relato de Georges Perec, se reúnen 22 ¿textos? que podrían conformar una "potencial novela o hipernovela o novela puzzle siempre inconclusa". Vaya, algo parecido a lo que hiciera Calvino (ilustre oulipiano, por otra parte) en su "Si una noche de invierno un viajero".

El punto de partida, ya digo, es un breve, enigmático, fascinante y borgiano relato de Georges Perec que tiene como premisa el hallazgo por parte de un profesor de literatura (Vincent Degrael) de un libro escrito en 1864 por un tal Hugo Vernier y titulado ¿"El viaje de invierno"? en el que se condensa toda la obra posterior de 3-4 generaciones de poetas franceses. La posterior destrucción del supuesto único ejemplar del texto convierte al libro y a su autor en algo tan oscuro como "mítico".

A partir de ahí comienza, y no puedo dejar de meter a Borges en esto, un viaje en el tiempo y el espacio por un jardín de senderos que se bifurcan, un juego preferentemente metaliterario y autorreferencial (con lo que ello conlleva de broma "privada") que sirve, especialmente, como laboratorio para explorar temas como las apropiaciones / influencias en el arte, el papel de la casualidad (¿o de la causalidad?) en el destino de la obra, la dicotomía entre lo culto y lo popular o los límites de la lectura y la escritura.

Como suele ser habitual en este tipo de textos, dos son los principales riesgos que asume el lector: perderse entre tanta referencia y tanto "supuesto" chiste y acabar "cansado" del libro. Ambos son, en mi opinión, riesgos inevitables. Además de que es imposible conocer las tropecientas mil (autor)referencias que aparecen en el texto, buena parte de los juegos de palabras y demás pierden fuelle al traducirlos a otro idioma (pese a la gran traducción de Eduardo Berti). Si a esto le unimos ciertas reiteraciones, especialmente en la primera parte de la obra, queda perfectamente explicado lo empachoso de la valoración.

Pese a lo anterior, también he de decir que "El viaje de invierno y sus continuaciones" es un libro recomendable. Los oulipianos pueden ser cargantes con sus bromitas pero tampoco se toman demasiado en serio a sí mismos y eso es algo que se observa en muchos de los textos y que salva, en buena medida, al libro. Además, mirándolos desde cierta distancia, los textos funcionan como mecha para poner en cuestión algunos temas ya comentados que seguro son de interés para lectores habituales y aprendices de escritores.

Un montón de libros de Oulipo y alrededores reseñados AQUÍ
 

lunes, 14 de diciembre de 2020

Édouard Levé - Diario

Idioma original:
Francés
Título original: Journal
Traducción: Matías Battistón
Año de publicación: 2004
Valoración: Extraño y curioso

Ay, estos franceses, siempre tan modernitos, tan malditos, tan a la vanguardia, tan de épater la bourgeois... Ejemplos sobran en esto de la literatura (y alguno se preguntará si esto es literatura o no y tal vez sea una buena pregunta, aunque yo tenga muy clara la respuesta): dos Raymond (Roussel y Queneau), Georges Perec, OuLiPo o, ¿por qué no?, Édouard Levé.

Nos centramos en este último. Pintor, fotógrafo y escritor cuya obra literaria se "reduce" a cuatro libritos (no ayuda mucho que decidiera ahorcarse cuando solo tenía 42 años), Levé emparenta con los anteriormente citados en ese juego / deconstrucción / reconstrucción de y con las palabras y la literatura.

En el libro que hoy nos ocupa, y pese a que su título parezca sugerir que estamos ante otra obra de autoficción, Levé organiza en función del tema (internacional, sociedad, cultura, deportes, etc) un collage de noticias deslocalizadas, despersonalizadas y desideologizadas que tienen como principal virtud y función, además de su posible interpretación como un reflejo del mundo en que vivimos, la de sugerirnos una serie de reflexiones acerca del arte, la literatura o la ficción. A saber:

  • ¿Cuál es la función del arte en general (o la literatura en particular): cambiar la realidad, reflejar la realidad o "dar" al lector esa realidad y que este ponga el resto?
  • ¿Qué es la literatura o qué es el arte, en realidad? ¿Quién determina lo que es y no es arte? Por ejemplo: ¿pintar unos bigotes a la Gioconda es arte? ¿"podar" las noticias de la prensa dejando solo los hechos y que estos puedan ser leídos como microrrelatos o microensayos es arte? Pues sí, aunque otra cosa sean los resultados (¡joder con el Ecce Homo de Borja!)
  • ¿Supera la realidad a la ficción? ¿Necesitamos de la ficción en un mundo tan loco, cruel, absurdo y violento como el que nos presentan las noticias seleccionadas por Levé?
Como podéis ver, este no es un libro al uso y de ahí la valoración. Tampoco es que sea 100% novedoso, y aquí me vienen a la cabeza los experimentos de OuLiPo y de los dadaístas, o los recortes de prensa que Cortázar intercaló en la narración del "Libro de Manuel" o en Rayuela, pero sí que es un libro radical y extraño al mismo tiempo, un artefacto literario que, pese a lo que pueda parecer a priori, tiene variadas lecturas, que sorprende, que remueve y que no dejará a nadie indiferente, ya sea para bien (como en mi caso) o para mal (reacción bastante frecuente ante este tipo de "experimentos").

domingo, 6 de enero de 2019

Georges Perec: Me acuerdo

Idioma original: francés
Título original: Je me souviens
Traducción: Mercedes Cebrián
Año de publicación: 1978
Valoración: Interesante

Los Me acuerdo se han convertido con el tiempo en una especie de subgénero, algo entre el experimento literario, la autobiografía y el diván del psicólogo. La puerta la abrió el norteamericano Joe Brainard, en un libro publicado en 1970 (I remember), y la idea, tan elemental que a nadie se le había ocurrido antes, triunfó de inmediato y de forma duradera. Perec transitó ese camino muy pocos años después, y le siguieron personajes diversos, como el actor Marcello Mastroianni o la dibujante libanesa Zeina Abirached. Usted, amigo lector, o vosotros, ilustres reseñistas y compañeros, o el tendero de la esquina si lo hubiese, cualquiera puede hacer su Me acuerdo particular. El modelo ya lo tenemos, y cada uno lo rellena con lo que le apetezca.

¿De qué se trata?

Pues tan sencillo como una colección de recuerdos, formulada mediante párrafos sueltos, todos (excepto uno, en el caso de Perec) iniciados con ese 'me acuerdo', no obstante el cual no se trata exactamente de recuerdos elaborados o congruentes, sino más bien de flashes, impresiones espontáneas de una escena, un personaje, una sensación. El libro de Perec contiene 480 impactos, y anuncia una continuación que nunca llegó a existir, con lo que no sabemos si esa puerta abierta era una intención incumplida o renunciada, escondía un mensaje sobre lo fraccionario del repertorio, o era simplemente una boutade.

¿Experimentación formal? o ¿Por qué el Me acuerdo de Perec es diferente a los demás?

En principio, lo que haya de experimentación formal en la fórmula no se debe atribuir a Perec sino al citado Brainard. Pero sí hay un matiz importante. No he leído el libro del autor norteamericano, pero entiendo que el formato abre la puerta a la autobiografía, el diario o las memorias, como supongo que será el camino seguido por los demás meacuerdistas. Pero Perec parece despojarlo de toda subjetividad, en la medida en que eso es posible.  En los recuerdos de Perec no aparece la niña de la que se enamoró a los doce años, su padre afeitándose mientras él le observaba admirado, o el día de su primer trabajo. Nos deja en cambio el simple nombre de un ciclista famoso de la época, un trabalenguas, Brigitte Bardot cantando una canción, o la perilla de un escritor desconocido. Porque esa es otra: la gran mayoría de las píldoras hace referencia a nombres, lugares y situaciones que no dicen nada al lector, en especial si no es francés. Con todo, la sensación que queda es la de un ejercicio psicológico casi por completo deshumanizado o, mejor aún, realizado con una perspectiva distorsionada, cambiando lo fundamental por lo anecdótico. Desconozco si es una técnica con algún valor científico, pero de lo que no cabe duda es que sí lo tiene desde un punto de vista literario.

¿Un producto OuLiPo?

 Al tomar un sistema tan vinculado a la memoria y a la subjetividad y vaciarlo de su elemento más característico, se diría que Perec lleva a cabo una de esas piruetas estilísticas tan del gusto de los miembros de OuLiPo, ya se sabe, aquel grupo literario encabezado por Raymond Queneau, y tan bien definido en esta entrada de ULAD. Una de las técnicas más conocidas de aquella gente era escribir sometiéndose voluntariamente a una traba o restricción (contrainte), como cuando el propio Perec escribió La disparition (El secuestro, en castellano) sin incluir una sola ‘e’ en el texto. En el caso de Me acuerdo diríamos que son una suerte de memorias a las que se ha extraído todo elemento personal, unos recuerdos fragmentados que podría haber escrito cualquier francés contemporáneo del autor.

Bueno ¿y qué pasa con el lector?

Pues seguramente lo que pasa muchas veces con este tipo de libros que se deleitan con la forma y realmente no pretenden transmitir nada. El lector que vaya buscando una historia, personajes, un contenido que le genere algún tipo de placer o enriquecimiento, va listo, o sea, que se verá decepcionado quizá no llegando ni al recuerdo 50. Si por el contrario nos damos por satisfechos por haber conocido algo diferente, un intento por forzar los límites de lo usual, encontraremos interesante el libro. Y hasta puede uno animarse con una versión propia (sin que nadie se entere).

Y a propósito del lector, que es al final el que compra el libro, lo tiene en sus manos y lo lee. No suelo hacer este tipo de reflexiones, pero esta vez creo que es necesario:  ya sabemos de lo impecable de las presentaciones de Impedimenta (cubiertas, encuadernación, tipografía, etc.), pero lo cierto es que, por la misma factura del libro, muchas páginas se despachan con apenas cinco o seis líneas de texto. Si llenamos así 176 páginas ¿no es un poco abusivo un precio de 17,95 €?

Más todavía: como he dicho, el contenido de la mayoría de meacuerdos resulta totalmente ajeno al lector, y la edición se acompaña de un buen número de notas explicativas (unas 60). No sé si esas notas sirven para ilustrar, o desvirtúan precisamente el espíritu del texto; pero, caso de incluirlas, deberían ser mucho más numerosas, deberían estar a pie de página y no al final (ya sabemos lo incómodo que resulta) y, sobre todo, es imperdonable que haya un error de numeración que todavía dificulte más la lectura. Y todo ello, con ese precio. Mal.

Otras obras de Georges Perec en ULAD: La vida instrucciones de usoLas cosasEl gabinete de un aficionado

viernes, 11 de diciembre de 2020

VV.AA.: No te n’escapes

Idioma original: Francés
Título original: On n’y échappe pas
Traducción (al catalán): Adrià Pujol Cruells
Año de publicación: 2020
Valoración: Está bien 

En 1950, a Boris Vian se le ocurre una idea para una novela negra; redacta su sinopsis y los cuatro capítulos que la inician, pero no tarda en abandonar el proyecto. Lástima, pues prometía saludables dosis de acción, sangre y sexo, igual que otros trabajos que el autor publicó bajo el pseudónimo de Vernon Sullivan. Por suerte, OuLiPo toma el relevo, más de medio siglo después de su muerte. Y así, de este ejercicio de escritura colectiva, nace On n’y échappe pas.

El resultado es bastante satisfactorio. Quizás no tanto como Escupiré sobre vuestra tumba, obra sullivaniana formidable, pero satisfactorio a fin de cuentas. Estamos frente a un texto de apenas 150 páginas; que homenajea al género en el cual se adscribe; con una prosa que cumple holgadamente en las escenas más complejas; habitado por personajes familiares pero no arquetípicos; atravesado por temas turbios y reflexiones inquietantes; capaz de hallar varios "leimotiv" la mar de sugerentes (el pasado, una mano protésica, el fuego...); y que, para colmo, hace un retrato oblicuo de los Estados Unidos de finales de los años cuarenta. 

Su premisa es la siguiente: Frank Bolton regresa a su país tras ser herido en la guerra de Corea. Una vez allí, descubre que todas las mujeres a las que amó están siendo asesinadas. Tipo duro hormonado debe enfrentarse a sus demonios y salvar el día, vamos. Como habréis podido apreciar, este argumento no presenta grandes innovaciones. Si os soy sincero, ni siquiera el giro de tuerca que nos depara me sorprendió demasiado. De hecho, hubiera preferido que, en determinados pasajes, el relato se tiñera de ambigüedad para que la identidad del asesino fuera menos obvia. 

Sin embargo, tengo que admitir que esta historia me ha fascinado. Su tono fatalista es exquisito, tiene ramalazos poéticos que enriquecen al conjunto, su narrador es bastante carismático y, por encima de todo, plantea unas dinámicas entre el protagonista y su familia que resultan sumamente interesantes. En cuanto a aspectos negativos de On n’y échappe pas, destacaría su ya mentada previsibilidad (inevitable, por otra parte, teniendo en cuenta que es un "noir" de pura cepa), su abuso de las conveniencias y su tendencia a desaprovechar a algunos de sus personajes. 

En todo caso, insisto en que esta entretenida novela negra hará las delicias de los amantes del género. Sus defectillos son fácilmente perdonables, o incluso quedan opacados por sus meritorios logros. Y su peculiar gestación sólo le añade encanto al producto.


También de Boris Vian en ULAD: Aquí

lunes, 22 de noviembre de 2010

Georges Perec: El gabinete de un aficionado

Idioma original: francés
Título original: Un cabinet d'amateur
Año de publicación: 1979
Valoración: está bien

Con Perec me pasa que tengo la sensación de que se me escapa, de que se me escurre entre los dedos. De que es más inteligente que yo, y está jugando conmigo, y estoy leyendo un chiste que no acabo de entender, y que quizás en el fondo se esté riendo de mí. Me pasó con Las cosas, una historia sencilla y entretenida que me gustó mucho a pesar de su aire intrascendente, y que espero releer en cuanto una amiga me lo devuelva (sé que estás leyendo esto, avergüénzate...); y me ha vuelto a pasar con El gabinete de un aficionado, que he leído con cierta perplejidad, y que no sé por dónde coger. De ahí que le haya puesto una calificación tibia: "está bien".


El gabinete de un aficionado es una novela sobre cuadros. Está llena de cuadros, porque habla de un cuadro que está lleno de cuadros: el "Gabinete de un aficionado", de Heinrich Kürz, pintado por encargo de Hermann Raffke, un millonario empresario cervecero, y que retrata a dicho millonario admirando su colección privada. Como a su vez el propio "Gabinete" aparece reflejado en el cuadro, ya tenemos montada la típica estructura de mise en abyme que tanto gusta a los escritores juguetones: el cuadro contiene una versión más pequeña de sí mismo, y esa versión a su vez contiene otra versión más pequeña, y así hasta el infinito.

Pero esto solo es una parte de la novela: la mayor parte, la que causa mayor perplejidad, está compuesta por una descripción y catalogación más o menos detallada de los demás cuadros de la colección Raffke, en la que se mezclan pintores reales con otros que supongo inventados (no me he puesto a buscarlos, pero todo hace pensar que lo son), así como diversas historias laterales relacionadas con el cuadro y con la colección. Listas y anécdotas en las que cuesta encontrar ninguna idea central, y que demasiadas veces tampoco resultan interesantes por sí mismas.

En fin, que no sé qué pensar. Tengo la impresión de que algo se me escapa, de que me están tomando el pelo. Pero por lo menos, en este caso Perec es más explícito al respecto.

También de Georges Perec en UnLibroAlDíaLa vida, instrucciones de usoLas cosasMe acuerdo
Más sobre Perec, en la entrada sobre OuLiPo

miércoles, 13 de mayo de 2009

Italo Calvino: Las ciudades invisibles

Idioma original: italiano
Título original: Le città invisibili
Fecha de publicación: 1972
Valoración: Imprescindible

"Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades" dice Calvino en la nota preliminar, y no le falta razón. Las ciudades invisibles es para mí uno de los ejemplos más discretos y eficaces de prosa poética, dicho en el mejor sentido posible. Cuando lo leí, hace ya varios años, disfruté de cada frase, deteniéndome en las palabras como sólo ocurre con la poesía. Y no hablo de lo que a veces se entiende por prosa poética: no hay aquí alardes de adjetivación ni pirotecnias rítmicas, sino una severa economía de medios subordinada por completo a la viva transmisión de imágenes. Esta depurada selección de las palabras recupera aquí la que fuera -quiero suponer- una de las funciones primordiales de la narración: la descripción de gentes y países extraños a quien no los conoce.

Calvino pone la descripción de 55 ciudades imaginarias en boca de Marco Polo, quien narra las maravillas de sus viajes a Kublai Kan, emperador de los tártaros. Cada ciudad tiene un precioso nombre de mujer -Ersilia, Aglaura, Fedora, Zoe- , y todas las describe Marco Polo con palabras compasivas o temerosas o entusiastas de enamorado. Los breves textos se ordenan en once series que se van entrelazando. Zenobia, por ejemplo, es una de las "Ciudades sutiles": construida sobre altísimos pilotes, es toda ella una escala de balcones, miradores y atalayas. Valdrada pertenece a la serie "Las ciudades y los ojos": asomada a la superficie de un lago, todo en ella aparece doble a la mirada del visitante y sus habitantes conviven con la certeza de que cada uno de sus gestos se repite, invertido, bajo el agua.

Las conversaciones entre Marco Polo y Kublai Kan ofrecen una pausa al lector para asimilar las imágenes que se le transmiten y son también una ocasión para cuestionarse sobre lo que significa, en última instancia, narrar. En uno de estos diálogos, el emperador le pregunta a Marco Polo por qué nunca le ha contado nada de su propia ciudad, Venecia. Este sonríe y responde: "¿Y de qué crees que te hablaba? Cada vez que describo una ciudad digo algo de Venecia."

Desde 1973 Italo Calvino formó parte de OuLiPo, grupo del que ya hablamos en esta entrada.

También de Calvino: Aquí

sábado, 6 de agosto de 2016

Luis Piedrahita: A mí este siglo se me está haciendo largo

Idioma: español
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

Nos encontramos hoy ante el último libro, de momento, del afamado escritor Luis Piedrahita... ¿Cómo? ¿Qué quién es ese? Por favor, el autor de éxitos como ¿Por qué los mayores construyen siempre los columpios encima de un charco?, Dios hizo el mundo en siete días...y se nota o Un cacahuete flotando en una piscina... ¿sigue siendo un fruto seco? ¿Que no, que ni por ésas? Bueno, vale, tal vez no sea considerado un escritor fetén, de ésos que salen en Qué Leer o el Babelia, o de los que reseña el amigo Tongoy, pero si se fijan en la foto de la cubierta del libro, seguro que a más de uno esa cara les suena de algo; ¿ahora sí, verdad? Claro, de la tele, supongo... aunque también sale en la radio y actúa en teatros. Porque don Luis Piedrahita pertenece a esa subespecie de la raza humana que ha mutado hacia los morlocks (dicho sea con todo el cariño... aunque no diré hacia quién) que son los monologuistas. Pero éste es de los graciosos, que conste.

De los muy graciosos, qué narices... Y sus libros son básicamente eso mismo: monólogos transladados al papel. En eso sale ganando el lector, porque a ritmo de monólogo -si es bueno-, salimos a una carcajada por párrafo, más o menos. Humor en vena, lo que no quita para que sea un humor también lleno de ironía y sutileza...aunque lo primero es lo primero, y en este caso, es hacer reír al personal; es decir, que si hay que recurrir al retruécano, la procacidad -disimulada, eso sí- o el toque escatológico, se hace y en paz. Pero todo, por arte de magia del señor Piedrahita -que, por cierto, además es mago-, recubierto por una mano de encalado que le da un aspecto más blanco que a una muda de bebé lavada con el detergente de cierto corderito. Aspecto bastante engañoso, por otra parte, pues entre chiste y ocurrencia, entre risotada y carcajada, el tipo nos suelta algunas cargas de profundidad que ni el Octubre Rojo, o como se llamara el submarino de marras...

Porque si algo tiene el humor de Luis Piedrahita -y yo diría que resulta hasta algo diabólico- es su capacidad de hacernos identificar con las situaciones que nos plantea...y cuanto más tontas parezcan, más aún: ¿Quién no ha dado más vueltas con el coche que en las 24 horas de Le Mans buscando aparcamiento, con tal de no pagar en un párking? ¿O se ha sentido ridículo y desvalido en los probadores de una tienda de ropa? ¿O -esto sirve sólo para varones- como un auténtico semidiós al arreglar algún desperfecto del hogar con una herramienta o adminículo cualquiera que no correspondía? ¿Quién no ha hecho más gimnasia que un monitor de fitness tratando de recoger el mando de la tele caído en el suelo, pero sin levantar el culo del sofá? No hacew falta que levanten la mano, avergonzados: a mí, al menos, me ha pillado en todas... Con este libro aprenderemos además cómo serían unos sanfermines con zombis en vez de toros, de qué material biónico están hechas las carpetillas de documentos del coche, adónde van a parar los cortauñas requisados en los aeropuertos o por qué el precio del zumo natural de naranja es más elevado que el del barril de Brent (rigurosamente cierto). Y es que este humorista, siempre observador de los detalles de todo lo que nos rodea en la vida cotidiana, es conocido como "el rey de las cosas pequeñas", por la atención que le dispensa a objetos tan humildes como pueden ser los marcapáginas, los trapos, las esponjas de baño... incluso los libros de bolsillo. ¿Caray, si hasta tienen un apartado dedicado a los topecillos que tienen por debajo las tapas del váter! ¿Alguien se había fijado en ellos? (En fin, después de esto,no voy a ponerme cultureta hablando además de las greguerías de Gómez de la Serna o del humor de La Codorniz, de la Patafísica o del OuLiPo, pero podría hacerlo... o, bueno, lo he hecho ya, je)

Sobre la valoración: de acuerdo que Piedrahita no es Kafka, ni, yo qué sé... Vargas Llosa. Ni siquiera Murakami. Pero, al menos el que esto escribe mientras leía este libro ha salido a una media de dos carcajadas por página, hasta el punto de dolerme los músculos maseteros(y no exagero). Si eso no es recomendable, ya me dirán ustedes....




lunes, 4 de enero de 2021

Pablo Martín Sánchez: Diario de un viejo cabezota

Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Valoración: muy recomendable

Un anciano que fue un escritor de cierta celebridad, que dejó de publicar novelas hace más de 40 años, resiste junto a varias personas escondido en las instalaciones de un antiguo psiquiátrico en Reus, Tarragona. Empieza a redactar un diario a lo largo de 99 días, diario para el que aprovecha hojas en blanco, hojas de cortesía que arranca de los ejemplares de la biblioteca del centro. Sus compañeros son de lo más variopinto, incluyen tanto antiguo personal del centro como pacientes y otras personas que se han unido. Deben abandonar la instalación en unas semanas pues la zona va a ser evacuada a cuenta de una serie de acontecimientos que, año 2066, quedan en un incómodo pero atractivo misterio. El mundo, en cualquier caso, es muy diferente al de hoy en día. Una aceleración tecnológica que queda demostrada en ciertos neologismos (alephone, petbot, óvalos) ha sido bruscamente cortada y parece que los más válidos para la supervivencia son los que no han crecido en dependencia tecnológica absoluta. También, mira que casualidad, ha habido una pandemia.Hay escasez de energía, de alimentos, un panorama obviamente apocalíptico.

Un tema un poco extraño que en manos de muchos resultaría hasta risible, algo grotesco. La cuestión de la pandemia le otorga una casual vigencia, pero la novela se escribía ya en 2018 cuando nada imaginábamos (muchos) sobre todo esto de ahora. Delicado, insisto, que semejante trama no se le escapara de las manos a cualquiera. Pero a Pablo Martín Sánchez, perteneciente a OULIPO, autor nacido, como el protagonista, en Reus (más detalles, mismo año, mismo número de letras componiendo el nombre y apellidos) no le sucede. Esta es una novela escrita con enorme audacia, sin miedo a planteamientos estrafalarios a priori, resuelta a la perfección, con una pericia narrativa, que, aleguemos algún momento de parón relativo y ya sería mucho alegar, mantiene al lector, casi espectador, pues contamos con un potente apoyo visual, pendiente, diría enganchado pero no me gusta el término, pero el poder de la novela me ha sorprendido, y no solo es visual por la presencia de alguna oportuna ilustración; Martín Sánchez parece no compartir la alergia actual a las descripciones y ya os digo que Diario de un viejo cabezota daría para una buena película pues hay aquí trama y poderío, por supuesto literario y no creamos que estamos ante una distopía de aventuras, la novela me ha parecido realmente brillante y su planteamiento muy adaptable a diversas lecturas.

Cierto es que tales temáticas ya han sido tratadas y que Pedrolo, McCarthy y otros muchos ya han presentado mundos apocalípticos. Martín se evita el berenjenal político pero ahí ha habido un confrontamiento entre civilizaciones, un Pacto de la Vergüenza, una Tercera Guerra, referéndums de autodeterminación, guerras civiles, etc. El panorama en que nuestro protagonista escribe un diario, tras años de no escribir, y, alternando pura narración con puntuales apelaciones a su mujer fallecida, detalla ese mundo en una novela que alterna el perfil psicológico y los eventos de cierta acción sin que en ningún momento el ritmo se resienta, sin que el buen nivel estilístico descienda un segundo, consiguiendo que nos sintamos a la vez interpelados por la intriga y agraciados por el obvio placer lector. Un hallazgo que iba echando de menos.

domingo, 28 de febrero de 2010

Libros sobre libros: Por qué no he escrito ninguno de mis libros de Marcel Bénabou

Idioma original: francés
Título original: Pourquoi je n'ai écrit aucun de mes livres
Fecha de publicación: 1986
Valoración: recomendable

Hace algún tiempo reseñé aquí un ensayo de Bayard que prometía facultar al lector para hablar de los libros que no se han leído. Confesé entonces los oscuros móviles que me llevaron a comprarlo. Éste de hoy viene a ser el reverso de aquél, y mi intención al empezar a leerlo, me temo, no ha sido más honrada que entonces. Bénabou parece ofrecer en el título un muestrario de excusas para la indolencia o la incapacidad de escribir; la absolución a esa culpa secreta de todo lector que alberga pretensiones literarias, por mínimas que sean. Este ensayo, como aquél, incumple sus expectativas, pero el interés de ambos está precisamente en el modo sinuoso y brillante en que las incumplen.

Siendo estrictos, esta reseña no cabría en la serie con que estamos preparando el 1 de marzo: Bénabou aclara desde el principio que el lector tiene entre sus manos un “no libro”. Se trata por tanto de un “no libro sobre libros”. El lector pronto entiende por qué, desde el momento en que tropieza una y otra vez con obstáculos, giros y abandonos que impiden cualquier progresión esperable: ya fuera de argumentación o de trama. En cada página se muestra a un escritor en plena deserción, que espera y anticipa –que casi desea– la sentencia condenatoria de quien le está leyendo.

Las dificultades en el plan general de la obra y el terror de la primera frase; el alto concepto de las propias facultades y el miedo paralizante a desmentirlo; la vacilación en los procedimientos como prórroga constante de la verdadera tarea: Bénabou pasa revista a la “no escritura” en todos sus modos y destrezas. Y lo hace en primera persona, no tanto elaborando una disertación sobre el tema, sino haciendo una demostración práctica ante los ojos consternados del lector.

Según avanza la lectura, el enfado deja paso a la curiosidad. Empieza a entreverse la trampa, el juego callado que no podía faltar en la obra de un miembro de OuLiPo: negando su propia condición, casi a escondidas, el libro se va formando. La minuciosa descripción de la ausencia de un libro también es un libro, y uno, por cierto, que desafía a todos los demás desde una posición nueva e inatacable. Bénabou se quita la máscara, y el fantasma de Descartes, sonriente, esboza una gentil reverencia antes de hacer mutis por el foro.

domingo, 3 de noviembre de 2024

Andrés Pérez Perruca: Vida de un pollo blanquecino de piel fina

Idioma original: Español

Año de publicación: 2024

Valoración: Muy recomendable

Que Vida de un pollo blanquecino de piel fina tenía todas las papeletas para gustarme lo sabía desde el momento en que vi que estaba escrito por Andrés Pérez Perruca, quien fuera batería de El Niño Gusano (y Tachenko y Cangrejus). Porque, si la memoria no me falla, El efecto lupa fue uno de los primeros discos (aunque igual fue alguno de La Buena Vida o de Los Planetas) de música independiente que compré. Y, claro, eso ya es jugar con ventaja. Ya lo decía Astrud: LA NOSTALGIA ES UN ARMA.

67 capítulos (uno por cada canción publicada por esta panda de descerebrados), 862 páginas* y 500 notas al pie (como los buenos pases de Juan (Soy Ruso) Señor) componen este loco, obsesivo y quizá, solo quizá, demasiado largo texto en el que hay música, cine, alcohol, fútbol, baloncesto, risas, lágrimas y literatura de la buena.

Vale, pero... ¿Qué es esta Vida de un pollo blanquecino de piel fina: una autobiografía personal, una biografía de un grupo pop, una Quadrophenia baturra, una crónica del indie español de finales de los 90, una novela generacional, un artefacto posmoderno, todas las anteriores, ninguna de las anteriores? Lo que no es es un libro sobre música. O, al menos, no es exclusivamente un libro sobre música. O, al menos, no es exclusivamente un libro al uso sobre música. Porque ya El Niño Gusano era un grupo (quien diga banda deberá batirse en duelo con Perruca y conmigo) muy particular dentro del panorama nacional y un libro escrito por uno de sus componentes no podía ser un libro "normal y corriente". Vamos, que no esperéis eso de sex, drugs and R&R porque ellos eran más bien de Futbolín, Vermut y POP.

Sea como fuere, yo prefiero quedarme con dos palabras: juego y homenaje. 

Si algo queda claro desde la primera página del libro es que aquí hemos venido a jugar, con ese guiño a Rayuela en el "orden de lectura recomendado para un mejor seguimiento cronológico (o tal vez no)". El juego prosigue y Vida de un pollo flirtea con la panda de OuLipo en cuanto a tono e intención, con John Kennedy Toole o los Monty Python en cuanto a humor, diálogos y situaciones, con los escritores posmodernos en las digresiones infinitas, en las ramificaciones que toma el texto en diversas direcciones, etc. Porque la vida es un juego absurdo y aquí hemos venido a jugar y hay hueco para juegos surrealistas, dadaístas, hedonistas, chistes de Chiquito (mecagoendios**, ¿chistes de Chiquito?), etc. Y también, obviamente, porque yo no sé contar lo que pasa en la realidad y lo que hay que hacer es acercarse a la realidad desde otro enfoque.

La parte "homenaje" es clara. Y aquí tengo que irme a Los seres queridos, canción del último disco de LHR ("Por todos los amigos que nos han dejado aquí seguimos, recordando los años que pasamos juntos, a su lado...") porque Vida de un pollo blanquecino es un claro homenaje a los amigos de juventud que ya no están (Algora, ese Poeta Cabezón***, pero también Genzor, JosephO, Rafa Anguso, etc) y a un tiempo, finales de los 90, en el que todavía éramos jóvenes y alocados. Todo ello a través de recuerdos, anécdotas, chascarrillos vinculados o no a la música. Con nostalgia y cariño (¿o se dice Caliño?), sí, pero sin ñoñerías ni idealizaciones tipo Yo fui a EGB.

Resumiendo. Me lo he pasado en grande, me he reído a carcajada limpia y se me ha escapado alguna lagrimica con las andanzas del Gusano Loco, con sus historietas, sus coñas, sus juegos, con este texto cargado de vida, con este artefacto literario del que creo que disfrutarán más quienes anden por los 45-50 años, con este pavo real entre animales innobles y despreciables comensales.

* En el año 862, el príncipe Rastislav invita a Cirilo y Metodio a predicar el cristianismo en lengua eslava en la Gran Moravia. ¿Será casualidad?

** En español en el original (N. del T.)

** Tengo que buscar su Poesía Completa, leerla y reseñarla

viernes, 3 de noviembre de 2023

Severo Sarduy: Cocuyo

Idioma original: Español

Año de publicación: 1990

Valoración: Bastante recomendable

¡Qué cosas esto de las ideas preconcebidas (y de la ignorancia, para qué nos vamos a engañar)!. Uno sabía que Sarduy fue crítico de arte en París y pensaba que su narrativa sería sesuda, complicada, tirando a pesada por exceso de seriedad. Algo de eso hay, sobre todo en lo referente a la complejidad de la novela, pero me llama muchísimo la atención lo divertido, burlesco y zumbón que es Cocuyo. No nos adelantemos.

Resulta sencillo en apariencia resumir el argumento de Cocuyo. Vendría a ser una novela de (de)formación en la que se narra, de una forma tremendamente particular (¿podríamos decir novela de (de)formación alucinatoria?, el paso de la infancia a la adolescencia y edad adulta de su protagonista. Claro que hay formas y formas de enfocar lo anterior, y en el caso de Sarduy creo que tiene mucho que ver con su experiencia personal.

Ambientada en la época de Batista, que coincide en el tiempo con la infancia y adolescencia de Sarduy,  Cocuyo combina referencias clásicas y contemporáneas y hace uso de lo grotesco, lo absurdo, lo escatológico y lo mórbido para mostrarnos los espejos deformantes de la realidad de los que hablaba Valle Inclán. Entre las referencias clásicas, destaca la novela picaresca española (Cocuyo es un claro Lazarillo tropical); entre las más o menos contemporáneas, Borges (siempre), Lezama Lima + Carpentier y Oulipo, por la combinación de lo real y lo onírico, por el empleo de la sexualidad, por lo barroco de las descripciones y por el humor absurdo, escatológico, grotesco y muy vinculado al lenguaje, respectivamente. 

No sé si debería decir esto, pero los capítulos 9 y 10 (La desilusión y Azulejos, con osamenta rumbera) me traen a la cabeza ciertos pasajes de la trilogía Cegador de Cartarescu. En concreto, esos que ocurren en cierto templo de Nueva Orleans, si no recuerdo mal. Vamos, que si Cartarescu no ha leído Cocuyo...

Sigo. Otros aspectos aun no citados pero que serían importantes en la novela, como por ejemplo:

  • las referencias al cuerpo y al sexo, y siempre relacionados con el deseo o la aspiración de ser otro por parte de Cocuyo, quien esperaba a alguien pero sabía con certeza que nadie iba a llegar.  
  • lo pictórico. Puede parecer una obviedad, siendo Sarduy crítico de arte, pero resulta necesario mencionar la plasticidad de las descripciones, lo terriblemente visual de muchos pasajes de la novela.
  • lo sensorial: olores, colores, sabores, texturas... Mierda, semen, sudor, sangre, fachadas decrépitas, fruta podrida, el mar... 
  • el lenguaje, plagado de cubanismos que pueden condicionar la lectura y muy conectado con compatriotas de Sarduy ya citados.
En resumen, una novela aparentemente sencilla en lo argumental pero compleja en lo formal que no es posible recomendar a cualquier lector (abstenerse delicados y fans de las tramas lineales y "mascaditas"), si bien no me cabe duda de que los seguidores de autores y tendencias mencionados con anterioridad encontrarán, igual que yo, más que recomendable. 

P.S.: Si bien Severo Sarduy fue publicado por Tusquets hace ya unos cuantos años, la reseña se refiere a la nueva edición del texto (con prólogo y notas al pie) llevada a cabo por Amarillo Editora, que todo hay que decirlo, oigan.

martes, 29 de abril de 2014

Georges Perec: Las cosas

Idioma original: francés
Título original: Les choses. Une histoire des années soixante.
Año de publicación: 1965
Traducción: Josep Escué
Valoración: recomendable

Pocas veces me he sentido tan desarmado ante la perfección de la sinopsis que figura en la contratapa de un  libro como en esta ocasión. Pues la descripción de la obra de la edición de Anagrama que he leído es tan precisa que casi me disuade de intentar aportar nada.
Y no era cuestión de plagiarla descaradamente. Pero sí que me quedo con una palabra: distanciamiento.
Que es lo que me desarma un poco a la hora de otorgarle una mayor valoración. Aunque el aspecto ligeramente enajenado del escritor y la cita final de Karl Marx (colofón que viene a ser la punzada final reveladora y corroboradora de sus intenciones) contarían con mis simpatías, he de decir que he encontrado Las cosas una novela más simbólica por su valor social que por el literario. De hecho, lo mismo me sucedió cuando (no descarto que en momentos poco adecuados para ello) auténticos iconos de la literatura, como El extranjero de Camus o El túnel de Sabato, me dejaron tirando a tibio.
Fundamentalmente Las cosas es un duro alegato contra la sociedad de consumo. La ya existente en los 60, léase la segunda e intraducida (¿por qué?)  frase de su título original. Si el pobre Perec, fallecido prematuramente a los 44 años, hubiera asistido a estos tiempos, no sé que le habría pasado al hombre. Cuestión que viene representada por las constantes menciones (listas, relaciones casi grotescas) a objetos de todo tipo, desde muebles de venta en los anticuarios de las calles parisinas hasta caro calzado a medida de venta en selectos locales de calles londinenses. Esa avidez, reiterada, insistente, gravita sobre la existencia de Sylvie  y Jérôme, joven pareja residente en París, rodeada de cosas en un pequeño apartamento, ambos dedicados a encuestas en el mundo de la publicidad, ambos trabajadores con trabajos precarios, pero deslumbrados por todo lo que les rodea, obsesionados por la riqueza. El ansia de la posesión, de la escalada social, de su representación en tenencia de propiedades, condiciona y guía su existencia. Ni mención a su relación personal, no hay sexo, no hay otro proyecto que el avance económico como estilete del avance social. Algo que ha calado en mí: ¿qué hacen cuando progresan?.Venden sus libros.
¿Qué hace que no me haya parecido merecedora de una valoración superior? Primero, que me hubiera gustado que Perec fuera más radical en su planteamiento. Que mostrara facetas más duras de esa condición a la que el mundo entero ha abocado a mucha gente. Que hubiera, más que resignación, sufrimiento. A pesar de su rencor subliminal, el escritor muestra a una pareja que avanza a pesar de todo. Que se mantiene, que se muda de país, que subsiste.
Después, cincuenta años más tarde, que son cincuenta años en que esta tuerca capitalista ha sido apretada unas cuantas vueltas más, críticas tan lúcidas pero más abiertas y más desgarradas han tomado su testigo. Respeto para lo seminal, sí, claro, pero, como lector y como parte de esta sociedad tan cuajada de defectos, hubiera agradecido más contundencia. La sutileza, hoy en día, no juega a nuestro favor.

Por último, una anécdota significativa: hace unos días leí una interesante lista donde 100 escritores en español relacionaban sus 10 obras universales de referencia. Chocante que el único escritor que acaparaba la lista íntegra de uno de los encuestados (Alejandro Zambra) era Perec.

También de Georges Perec en UnLibroAlDíaEl gabinete de un aficionadoLa vida, instrucciones de usoMe acuerdoLo infraordinario
Más sobre Perec, en la entrada sobre OuLiPo

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Georges Perec: Lo infraordinario

Idioma original: francés

Título original: L´infra-ordinaire

Traducción: Mercedes Cebrián

Año de publicación: 1989 (artículos sueltos de 1973 a 1981)

Valoración: Muy recomendable para interesados, al menos Curioso para el resto


Georges Perec es un escritor extraño. En absoluto difícil de leer pero sí quizá de entender por qué escribe lo que escribe. Si se entiende, o mejor, si se acepta lo que hace, resulta un autor estimulante, atrevido, rompedor. Si pretendemos leerle en base a parámetros normales puede resultar incomprensible, aburrido, hasta insoportable. Es como la música dodecafónica o ciertos tipos de pintura, no nos podemos aproximar a estas obras con los códigos de belleza o significado con que valoramos a Velázquez o a Verdi, hay que cambiar el chip, y no siempre podemos o queremos hacerlo. Así que, sin ponernos tampoco grandilocuentes, digamos que nuestro amigo Perec nos exige leer de otra forma. 

En lo que podemos apreciar en muy pequeñas dosis por ejemplo en este volumen (luego lo comento), Perec escribe muy bien, demuestra que sabe escribir cosas que podríamos llamar normales con la solvencia de otros muchos. La cuestión es que no quiere hacerlo así, prefiere proponer otras fórmulas, explorar los límites de la expresión escrita para contar, sugerir, evocar ideas que el lector debe luego procesar, si quiere. A veces se trata de sutilísimos juegos, como el de El secuestro, o de experimentos metaliterarios sobre los que ya se habló en aquel post dedicado al grupo OuLiPo del que formó parte. Pero siempre empuñando el arma del ingenio, la observación y la ausencia de prejuicios. La literatura consiste en narrar con mayor o menor destreza o acierto, pero a lo mejor se pueden hacer también otras cosas.

Lo infraordinario es una pequeña colección de textos breves que fueron publicados en distintos medios a lo largo de los años setenta del siglo pasado. El primero de ellos ¿Acercamiento a qué? parece funcionar como una especie de prólogo, aunque realmente no lo sea, porque es una especie de declaración de principios en torno a la realidad. Parece claro que la Historia y nuestra propia vida se van escribiendo en base a grandes acontecimientos que determinan su rumbo, pero ¿qué hay de las pequeñas acciones, nuestros ritmos, los objetos cotidianos que nos acompañan y que hacen posible que las cosas sean como sean? Perec propone fijarnos en este otro ámbito, como cambiar la óptica y aplicar la lupa a lo que se nos ocurra, lo que tengamos a la vista aun pasando casi siempre desapercibido . 

Este poderoso inicio enlaza directamente con Me acuerdo, donde Perec subrayaba precisamente la imagen fugaz, el nombre desconocido o el evento irrelevante que habían quedado en su memoria, en la suya y en la de casi nadie más (Hasta me atrevería a decir, pidiendo perdón a los puristas, que la idea de lo infraordinario tiene un lejano eco, en otra escala, del concepto unamuniano de intrahistoria). En esa línea se sitúan algunos de los textos que siguen, atentos: Doscientas cuarenta y tres postales de colores auténticos son otros tantos flashes de dos o tres líneas en las que alguien escribe telegráficamente las típicas banalidades sobre sus viajes de vacaciones. Tentativa de inventario de los alimentos líquidos y sólidos que engullí en el transcurso del año mil novecientos setenta y cuatro es justamente eso, una larga y detallada relación de lo que este buen señor consumió en ese año y que, con toda seguridad, había ido anotando en una libreta (o más bien varias). Evidentemente, la lectura de estos textos, en especial el primero que es más largo, se hace insufrible si pretendemos de ella otra cosa que lo que es: un listado a pelo de esos elementos tan presentes, tan cotidianos y repetitivos que no somos capaces de apreciar, pero que constituyen, quizá a nuestro pesar, parte fundamental de nuestro ser.

En un terreno parecido, aunque menos árido para el lector, se sitúa La rue Vilin, una secuencia de seis retratos de la calle donde vivió Perec, con descripciones de una objetividad radical, tomados en diferentes periodos, más o menos una al año. Con escrupulosa frialdad, vemos la evolución de esa vieja calle, sus edificios y establecimientos, en definitiva la historia de las cosas insignificantes que se proponía desde un principio. 

Apuntaba antes que Perec sabe también escribir sujetándose al canon. De ello dan testimonio otros tres textos, seguramente escritos por encargo (los publicaron Vogue Hommes y Air France). Dos de ellos son una especie de breve guía turística, sobria pero no carente de alma, uno sobre el barrio parisino de Beaubourg-Les Halles, el otro sobre Londres. Magníficas, sobre todo la segunda. El tercero, pieza aparentemente típica de las revistas sobre el lujo, es un agudo acercamiento a la imagen que trasmite cada posible tipo de decoración de un despacho. 

En todos los casos resulta apabullante la doble capacidad de Perec para observar y describir lo visto. Sin necesidad de adjetivos ni valoraciones, el mero dibujo de un edificio, una mesa o una puerta son suficientes para llevar al lector a contemplar lo que el autor ve y cómo lo ve. Porque los objetos, sean importantes construcciones o las cosas triviales encontradas una estancia, dejan una huella precisa en quien los contempla y, aunque no lleguemos a detectarlo, conforman la historia del lugar y de sus habitantes.

Un poco de todo ello se encuentra en el último texto, Still life/Style leaf (otro juego de palabras), para mí el más brillante, donde vuelve a una simple pero exhaustiva descripción de objetos, incorporando un pequeño juego metaliterario, quizá no muy innovador pero casi emocionante por la sutileza y la sencillez con que lo resuelve. 

A lo mejor es conveniente liberarse de prejuicios y dedicar un rato a conocer cosas diferentes. No nos entretendrá mucho, no nos va a emocionar ni a transportarnos a situaciones interesantes, tampoco nos dará testimonio de nada importante (o tal vez sí). Simplemente nos va a pinchar un poquito para inducirnos a pensar en torno al arte de escribir, pero también el de observar, de narrar, de jugar con las palabras y mirar desde otra perspectiva.

sábado, 4 de abril de 2009

VV.AA.: 'Patafísica

Idioma original: francés, español, inglés
Fecha de publicación: 2002
Valoración: Muy recomendable

La 'Patafísica ya apareció en este blog hace no mucho. En la entrada sobre Ubú rey no pude dejar de añadir que Ubú es capitán del ejército polaco, ex-monarca de Aragón y doctor en 'Patafísica. Va siendo hora de que entremos en algún detalle más. Para empezar, aclaremos que el apóstrofo que aparece antes de la P no es ninguna errata. Hace referencia a la elisión de una E inicial y, por tanto, a la etimología de la palabra (tan inventada por Alfred Jarry como la palabra misma, claro está). Según Jarry, 'Patafísica vendría del griego επι (μετα τα φυσικα), es decir, aquello que se añade a la Metafísica. Si la Metafísica ha sido, clásicamente, la ciencia de lo universal y de lo necesario, la 'Patafísica se ocupa de aquello que queda fuera de ese ámbito: lo particular y lo contingente. Sería, así, la ciencia que estudia las excepciones.

Se dirá que una ciencia así es cualquier cosa menos ciencia, y se dirá con razón. Al fin y al cabo, lo que hace Jarry es más bien una parodia del método científico con una finalidad puramente literaria. Si las leyes naturales no se entienden más que como excepciones más frecuentes, entonces la atribución de causas a los fenómenos observados se revela arbitraria, y se abre la veda para intentar otras soluciones imaginarias. Este procedimiento lo desarrolló Jarry en algunos textos breves que tituló Especulaciones y que fue publicando en revistas. En "Las costumbres de los ahogados", por ejemplo, describe con frialdad de entomólogo el hábitat y las pautas migratorias de esa curiosa especie animal. Es uno de los primeros ejemplos que yo conozco de lo que luego ha dado en llamarse ensayo-ficción.

Este libro reúne varias de estas ingeniosas Especulaciones junto a otros textos sobre la 'Patafísica, algunos escritos por miembros del Ilustre Colegio de la 'Patafísica. Esta singular institución se fundó en París en 1948 para honrar la memoria de Alfred Jarry (muerto 41 años antes) y propagar la ciencia inventada por él. Marcel Duchamp, Eugène Ionesco, Joan Miró, Boris Vian o Raymond Queneau (el fundador de OuLiPo) fueron algunos de sus miembros. 'Patafísica, editado con primor por pepitas de calabaza (que se anuncia como "una editorial con menos proyección que un cinexín" y que merece la publicidad gratuita por lo bien que lo hace), reúne una historia completa del Colegio, la arenga inaugural del Barón Mollet y otros escritos teóricos. Para todos los interesados, ésta es sin duda la obra de referencia en castellano.

domingo, 23 de julio de 2023

ULAD hace Historia #7: El mundo alucinante de Reinaldo Arenas

Idioma original: Español

Año de publicación: 1965

Valoración: Está muy bien

¿Qué es la Historia? ¿Una fila de cartapacios ordenados más o menos cronológicamente? (...) Los impulsos, los motivos, los secretas percepciones que instan (hacen) a un hombre no aparecen, no pueden aparecer recogidos por la Historia, así como, aún bajo el quirófano, no se captará jamás el sentimiento de dolor del hombre adolorido. 

La Historia recoge (...) lo evidente. (...) El efecto no la causa. Por eso, más que en la Historia busco en el tiempo. En ese tiempo incesante y diverso, el hombre es su metáfora. Porque el hombre es, en fin, la metáfora de la Historia, su víctima, aun cuando, aparentemente intente modificarla y, según algunos, lo haga.

Extraigo estos párrafos de la introducción que el propio autor escribió quince años después de la publicación de la novela y lo hago porque en ellos recoge preguntas y afirmaciones absolutamente atinadas sobre el Poder, la Escritura y la Historia, los tres ejes sobre los que gira esta novela que Reinaldo Arenas escribió cuando apenas tenía veintidós años (22, sí).

La "excusa", en esta ocasión, es la vida de Fray Servando Teresa de Mier, personaje es que intervino en los procesos de independencia de la repúblicas americanas y que, en lo literario, enlaza con la tradición literaria española (el Quijote y Sancho, el Lazarillo...). De ahí que inicialmente se pudiera pensar que El mundo alucinante es una novela histórica, pero su posterior lectura creo que la sitúa más en una novela sobre el Poder y su influencia en el destino del hombre.

Pero más importante, o al menos tan importante como el tema de fondo de la novela, es la forma de ésta. Como respuesta a las preguntas planteadas en el primer párrafo, Arenas construye una novela en la que conviven la primera, la segunda y la tercera persona (¿cuál es la versión "correcta" de la Historia?), en la que mito y realidad aparecen mezclados, en la que encontramos referencias clásicas, poemas, diarios... versiones contradictorias y complementarias de los mismos hechos, personajes reales y ficticios como ya ocurría en Los conspiradores (Los pasos de López) de Ibargüengoitia, etc.

Por tanto, no hay en esta novela una continuidad narrativa al uso ni un intento de recreación "fiable" de la Historia. Al contrario, la lógica narrativa salta por los aires gracias a hechos inexplicables, animales que hablan, hipérboles, exageraciones, etc. Esto ha hecho que buena parte de la crítica sitúe a Reinaldo Arenas como precursor del realismo mágico, pero a mí me parece que el cubano está más cercano a los planteamientos del surrealismo, del absurdo o de Raymond Queneau y Oulipo que a Garcia Márquez y compañía. En esta novela, sin ir más lejos, hay mucho más humor (grotesco, absurdo, etc la mayoría de las veces), mucho más irreverencia, mucho más juego. O eso me parece, vaya.

Lo anterior no es obstáculo para que Reinaldo Arenas no critique el régimen cubano ni a buena parte del establishment cultural de la época, unas veces de forma más velada y otras de forma abierta. En este sentido, se establece un paralelismo autor - personaje, ambos perseguidos, ambos en permanente huida, que no podemos obviar.

En suma, El mundo alucinante es una novela que parte de una premisa aparentemente sencilla pero que esconde en sus páginas una complejidad y unos registros que pueden descolocar al lector no avisado. Eso sí, quien logre entrar en el mundo de Reinaldo Arenas seguro será capaz de disfrutarla y echarse unas buenas risas con las tragicómicas aventuras de Fray Servando.

P.S.: Diría que Rowan Atkinson (AKA Mr. Bean) ha leído El mundo alucinante. Cierta escena del libro y cierto sketch con la Reina Isabel II como protagonista así parecen indicarlo.


También de Reinaldo Arenas en ULAD: Antes que anochezca

sábado, 28 de diciembre de 2024

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