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martes, 2 de mayo de 2017

Tochoweek II #2: La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa

Idioma original: Español
Aó de publicación: 1981
Nº páginas: 720
Valoración: Sobrevalorado

El autor: Sobran las presentaciones. Uno de los mayores exponentes del boom latinoamericano, autor de imprescindibles como "La ciudad y los perros", premio Nobel de literatura en 2010, candidato a la presidencia del Perú, columnista, portada ultimamente de revistas del corazón, etc.

El libro: Sexta novela de Vargas Llosa, publicada en 1981. La novela supone una ruptura con toda su obra anterior, ya que toca por primera vez la novela histórica, género al que volverá posteriormente.

El contexto: La guerra, grotesca y absurda, de Canudos, hecho real ocurrido en el nordeste de Brasil en 1897. ¿Y qué fue "la guerra de Canudos"? Pues sucesivas incursiones militares para sofocar una sublevación de algunos de los más pobres entre los pobres contra la recién proclamada República. La sublevación tiene como telón de fondo, una vez más, la dicotomía tradición / modernidad, aunque esta vez se trata de una rebelion de marcado caracter religioso. En mi opinión, y salvando las distancias (que parece que las hay, y muchas), podría ser un antepasado lejano de la Teología de la Liberación.

La polémica: Al parecer, José Saramago acusó a Vargas Llosa de (mal) plagio. Según el portugués, "La guerra del fin del mundo" se trata de una mala imitación de "Los Sertones", obra sobre el mismo tema escrita en 1902 por Euclides da Cunha. Como dato curioso, Vargas Llosa dedica la novela a Da Cunha.

El argumento: Ni más ni menos que la recreación de la sublevación y de su represión. Un montón de personajes pasan por las páginas del libro en un intento por parte de Vargas Llosa por escribir una novela total. Total porque pretende abarcar todo tipo de personajes, situaciones y temas, desde política a religión, pasando por fe, locura, fanatismo, "acción y aventura", etc.

El estilo: Se va presentando a cada uno de los personajes, sus motivaciones, con una estructura no del todo lineal. La narración avanza, en terminos generales, de forma lineal, pero dentro de cada capítulo esta linealidad se rompe. Los diversos personajes van convergiendo o entrando y saliendo de escena a medida que avanza la trama.

La valoración: Pues, ¿qué queréis que os diga? Mucha gente sitúa este libro entre lo más destacado de la obra de Vargas Llosa, pero yo no lo veo nada claro. ¿Por qué?
Porque el libro se me ha hecho largo, pesado, por momentos repetitivo.
Porque la presentación de los personajes es demasiado extensa y, en algunos casos, esos personajes no son lo suficientemente importantes en la trama como para merecer tanto espacio.
Porque el personaje más interesante, "Antonio Conselheiro", apenas está desarrollado. Es, para mí, demasiado esquemático.
Porque algunos de los personajes son casi caricaturescos. Ya he comentado que parece pretensión del autor dibujar todo un catálogo de personajes, pero esto hace que algunos de ellos parezcan meros estreotipos. A bote pronto: Galileo Gall, Rufino, el coronel Moreira César o el propio barón de Cañabrava.
Porque las escenas bélicas son excesivamente reiterativas, sin aportar demasiado al desarrollo de la trama.
Por el tratamiento que se da a la sublevación. Creo que Vargas Llosa presta demasiada atención al componente "fanático-religioso". Obviamente, no tengo conocimientos como para valorar si esto fue así en la realidad o no, pero no se puede negar que la miseria extrema es caldo de cultivo para este tipo de situaciones y creo que es algo a lo que el autor no da la suficiente importancia.
Por el aspecto folletinesco de alguna de la situaciones del libro. Los celos, el honor, el orgullo, etc parecen, a veces, escenas de culebrón.

Pero...: No todo es negativo, claro está. En el lado positivo estaría, sobre todo, la sensación de irrealidad y de absurdo que logra transmitir, como en el momento de la muerte y el posterior entierro de Antonio Conselheiro. Además, de la misma manera que hay personajes estereotipados, hay otros que resultan mucho más logrados por su evolución durante la obra, por sus contradicciones. Hablo, fundamentalmente, del periodista miope que aporta la visión de ambos bandos.

En fin, que Mario Vargas Llosa escribe muy bien. Lo sé. A una persona que ha escrito "La ciudad y los perros" no se le olvida escribir. Pero escribir muy bien no implica que el libro sea muy bueno.  Y, en este caso concreto, creo que el afán totalizador de la novela pesa en su contra y hace que se prolongue en exceso y que alguno de sus más importantes personajes carezcan de profundidad.

Abiertos quedan los comentarios para que nos dejéis vuestra opinión.

lunes, 11 de mayo de 2026

Gustavo Faverón Patriau: Madame Vargas Llosa

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2026 

Valoración: Bastante recomendable

(...) un libro para la gente que ya tiene demasiado con vivir, en carne propia, todas las tragedias del mundo y que podría encontrar, en esta ficción, quién sabía, no una comedia, pero al menos una versión más pequeña de esas tragedias, para divertirse con ellas: como una favela menos furiosa dentro de la favela tremebunda.

(...) escriba un libro que sea la historia de su vida, y, como su vida está tan llena de ficciones, haga que esa novela sea también un relato acerca del poder de las historias, sobre cómo las fantasías reemplazan a la vida y nos llevan a ser otros (...)

Estos dos fragmentos extraídos de las páginas 186 y 158, respectivamente, podrían funcionar como resumen de Madame Vargas Llosa, novelita con la que Gustavo Faverón Patriau rinde homenaje, obviamente, a Mario Vargas Llosa, pero también a Borges (¿o será a Pierre Menard?, a Bolaño, a Werner Herzog, a Flaubert, etc. (*)

Vale, pero... ¿qué carajo es Madame Vargas Llosa? Pues es una bufonada grotesca y oscura, una tragicomedia a cuatro voces en la que el centro lo ocupan los diversos encuentros (o "encuentros") que Vargas Llosa mantiene con esas cuatro voces y personajes de la novela y que tiene como tema fundamental la necesidad de contar historias.

Más allá del tema principal, el uso de las citadas cuatro voces (Maria Trindade, el cineasta Ruy Guerra, el guionista Manoel Magalhaes "Fittipladi" y Rita) permite a Faverón lanzarse a juegos de espejos y desdoblamientos marca de la casa, a digresiones interesantísimas acerca de la "alta" y la "baja" cultura, del plagio o del papel que debe desempeñar la cultura con respecto a la política, a descabelladas historias trufadas de pistas que son trampas o de trampas que son pistas.

Como veis, las obsesiones y los temas de Vivir abajo o Minimosca reaparecen en Madame Vargas Llosa. Lo hacen, eso sí, de forma más "comedida" o menos "ambiciosa / totalizadora" que en las citadas. Y quizá esto haga que los ya conocedores de la obra de Faverón se queden con ganas de más, puede ser. Pero también ofrece la posibilidad de que nuevos lectores se sumen a su universo: al fin y al cabo, 200 páginas intimidan menos que 600, ¿no?

Sea como fuere, es innegable que Faveron tiene una prosa con un ritmo y un estilo propios (¿mezcla de otros, tal vez?) e inconfundible, en los que aúna entretenimiento y profundidad.  Es uno de esos autores contemporáneos (otro sería, por ejemplo, Cartarescu) de los que basta leer unas pocas páginas para saber que es él. Y Madame Vargas Llosa es una buena muestra.

(*) Repasando la reseña y repensando Madame Vargas Llosa, diría que algo hay, también, de Manuel Puig en la novela.

También de Faverón Patriau en ULAD: Vivir abajo y Minimosca

martes, 5 de mayo de 2020

Mario Vargas Llosa: Tiempos recios

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Entre está bien y recomendable

Tengo sensaciones contradictorias tras la lectura de "Tiempos recios". Por una parte, una relativa "alegría" tras comprobar que Vargas Llosa sigue siendo capaz de escribir novelas disfrutables; por otra, cierta tristeza tras comprobar que los tiempos de las grandes novelas de Don Mario no volverán (o eso creo). Porque "Tiempos recios" es una novela ágil. solvente y entretenida en las que Vargas Llosa utiliza algunos de los recursos que le dieron fama, aunque sin acercarse a cotas alcanzadas en obras como "La ciudad y los perros" o "La fiesta del chivo".

Precisamente con esta última guarda cierto parentesco, tanto en temática como en personajes. En esta ocasión, nos trasladamos a la Guatemala de la segunda mitad de los 40 y primera mitad de los 50, época de intentos democratizadores por parte de los gobiernos de Arévalo y Árbenz que se vieron torpedeados por los intereses y maniobras de la United Fruit, bananera que hacía y deshacía a su antojo en Centroamérica, y la CIA.

Quizá el punto de partida sea uno de los aspectos más destacados de la novela: el proceso de creación, a partir de una serie de mentiras repetidas de forma machacona y de jugar con los miedos de la población (o como dijo Goebbels, ese demócrata de toda la vida,  «una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad») de un estado de opinión contrario a Arévalo y Árbenz, que acabaría con la obligada renuncia de este a la presidencia de la República y la instauración de una serie de juntas militares, a cual más sanguinaria. O como escribió en el año 1928 Edward Bernays, uno de los ideólogos de la campaña anti-Árbenz (es decir, antidemocratización de Guatemala):
La consciente e inteligente manipulación de los hábitos organizados y las opiniones de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática. Quienes manipulan este desconocido mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder en nuestro país...La inteligente minoría necesita hacer un uso continuo y sistemático de la propaganda.
Una posterior "puesta en situación" acerca de la política guatemaltelca de la época da paso a la novelización de los hechos históricos, los cuales, por otra parte, fueron de lo más novelesco, con conspiraciones internacionales, asesinatos, traiciones, pronunciamientos militares, "líos de faldas", agentes secretos, mentiras.... Vargas Llosa consigue en "Tiempos recios" que la frontera entre realidad y ficción se difumine y lo hace, en buena medida, gracias al manejo de diferentes voces y saltos temporales que tanto éxito le dieran en el pasado. Estos recursos, además, permiten que el texto no sufra apenas altibajos en cuanto a ritmo, tensión e interés y que se lea con cierta facilidad aunque uno no tenga mucha idea de historia guatemalteca y centroamericana.

En el lado menos positivo, diría que esa lectura fácil juega en contra de "Tiempos recios". No es una cuestión de "elitismos" ni nada por el estilo, sino que uno sabe de lo que Vargas Llosa ha sido capaz y tiende a situar ahí, de manera injusta tal vez, el nivel de exigencia. Así, "Tiempos recios" parece demasiado para todos los públicos. Por ejemplo, en su vocabulario, demasiado "monocorde" y lejos de la variedad y riqueza de otras obras, en el tratamiento de los personajes, también excesivamente "planos" si exceptuamos el personaje (clave, por otro lado) de Marta Borrero, o en ciertas reiteraciones y sobreexplicaciones en la parte central del texto. 

Resumiendo, una novela que deja en el aire más preguntas que respuestas, centrada en los destinos particulares y su inserción en el curso de la Historia, entretenida y amena, con un buen manejo de los tiempos y la tensión, pero que podría haber sido mejor si Vargas Llosa se hubiera atrevido a asumir más riesgos y hubiese dado una vuelta de tuerca más a los recursos empleados.

Tambiénn de Mario Vargas Llosa en ULAD: La guerra del fin del mundoCinco esquinasLa ciudad y los perrosPantaleón y las visitadorasConversación en la CatedralEl sueño del celtaLa fiesta del chivo

martes, 19 de abril de 2011

Mario Vargas Llosa: El sueño del celta

Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: se deja leer

Antes de empezar, y para situarnos, aclaro: Vargas Llosa nunca ha estado entre mis escritores favoritos. Disfruté mucho con Pantaleón y las visitadoras y con La tía Julia y el escribidor, dos novelas divertidísimas; y Los cachorros me parece un modelo acabado de novela experimental, muy en boga en cierto momento entre los escritores del "boom". No he leído Conversaciones en La Catedral ni La fiesta del chivo, de los que tengo muy buenas referencias. Pero en general, respeto la amplitud y la variedad de la obra del Premio Nobel. Por eso, y porque había oído buenas críticas, me acerqué a El sueño del celta con grandes esperanzas.

Esperanzas que, en buena medida, han quedado defraudadas. No es que sea mala: es una novela correcta, dignamente estructurada (sin grandes virtuosismos: un doble plano presente/pasado y un narrador omnisciente focalizado en el protagonista) y pasablemente escrita (aunque se nota que Vargas Llosa no ha puesto ningún esfuerzo en el estilo; de hecho a veces cae en tópicos y latiguillos). Pero es sobre todo una novela sin poesía, sin imaginación, sin vuelo. Se diría que don Mario ha caído en una trampa en la que suele caer muchos escritores noveles: se ha documentado tanto sobre las andanzas del protagonista, Roger Casement, por el Congo, la Amazonia o Irlanda, que se ha sentido obligado a introducir toda esa información en el texto, en vez de usarla como fondo o como fuente para la creación literaria.

Por otra parte, la novela palidece hasta casi desaparecer en comparación con otras novelas que han tratado temas semejantes. Qué decir de El corazón de las tinieblas (Conrad aparece como personaje en la novela, de hecho) o de la seccion africana del Viaje al final de la noche; y en el caso del Amazonas, ahí está La vorágine, obra maestra que sin duda Vargas Llosa debe conocer de sobra; u otras obras de literatura indigenista como Huasipungo. Esas novelas hablan del modo en que la maquinaria imperialista destroza a los habitantes de las colonias, igual que esta; pero a partir de esa idea construyen una obra de arte que ofrece muchas otras lecturas y que multiplica su capacidad de significación. Con El sueño del celta no pasa eso; ni si quiera consigue indignar, conmover o conmocionar con sus descripciones: es todo demasiado frío y funcionarial, como si se hubiera contagiado de los Informes que el propio Casement escribió sobre la situación del Congo o de las plantaciones de caucho del Perú.

De hecho, tampoco tengo claro el porqué de la elección del tema (las atrocidades, siempre idénticas, cometidas por los Imperios en sus respectivas colonias), que a estas alturas resulta algo obvio y trillado: las brutalidades del colonialismo han sido ya destapadas, criticadas, expuestas e irregularmente expiadas por los imperios responsables; denunciarlas ahora no tiene mayor mérito ni exige especial valentía. Salvo que Vargas Llosa esté intentando decir que estas atrocidades todavía ocurren hoy en día, algo que probablemente sería verdad, pero que no me encaja con las habituales posiciones políticas del escritor...

Puede que esté siendo demasiado duro con la novela, pero es porque, evidentemente, de un Premio Nobel uno solo puede esperar la excelencia. Y esta no es una novela excelente. Es una buena novela, una novela correcta, pero que no deja huella. Qué le vamos a hacer.

También de Mario Vargas Llosa en ULAD: Conversación en La CatedralLa fiesta del chivoPantaleón y las visitadorasLa ciudad y los perros, La guerra del fin del mundoTiempos recios

martes, 26 de julio de 2016

Semana del best-seller #2: Cinco esquinas de Mario Vargas Llosa


Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: recomendable

Hoy toca rasgarse las vestiduras.
Primero porque servidor de ustedes confiese que, con los cientos de libros que me he metido entre pecho y espalda, este sea mi primer Vargas Llosa.

"Me da mucha pereza este hombre"
Esto lo puso Santi en un tweet sobre justo este libro. A ver si voy a tener que desdecirle yo al capo de todo esto.
Segundo, porque reconozco que el motivo era más bien personal. No puedo con los escritores que se meten activamente en política y más cuando sus ideas son tan diferentes de las mías. Y su reciente irrupción en las cloacas de la prensa rosa lo empeora todo: el rey del prejuicio escribiendo sobre un autor al que tiene manía. La apoteosis de la credibilidad. 

La cuestión es que la entrada de Cinco esquinas no puede ser más decidida. La primera media docena de páginas de Cinco esquinas es una escena lésbica algo subida de tono entre dos respetables señoras de la clase dominante limeña, y en pocas páginas más tenemos al marido de una de ellas temblando por ser extorsionado por la prensa por unas fotos comprometedoras. Un panorama halagüeño que hace que las primeras cien páginas se lean volando y permitan reconocer el oficio del escritor y una innegable capacidad de atrapar al lector: prosa bien estructurada, ritmo y suspense. Hablamos del Perú de hace unas décadas, esa época justamente en que Vargas Llosa metió las narices en política. Sendero Luminoso y la inestabilidad están a punto de provocar que el empresariado peruano se desplace en masa a Miami o cualquier otro lugar donde se sienta más seguro. La trama es pertrechada bien pronto: tenemos a Rolando Garro, periodista de pocos escrúpulos, a Juan Peineta, artista venido a la miseria por las contundentes críticas de aquel, Luciano y Quique, abogado de éxito y empresario de éxito, y a sus esposas Marisa y Chabela, enfrascadas en una relación lúdica y lúbrica. Y el fondo del régimen de Fujimori y su siniestro secuaz Vladimir Montesinos, manipulando a sus antojos los hilos, alterando las cosas para que los opositores se hundan (bueno, cierto ministro español en funciones de la actualidad tiene en quien verse reflejado) y usando el medio que sea para ello.

Todo bien. Salvo que tengo cierta impresión de que Vargas Llosa ha escrito esta novela a medio gas. Consciente de que es capaz de hacerlo mejor pero para qué. La sensación se agudiza en los tres últimos capítulos: el antepenúltimo es un batiburrillo que combina diálogos (alguno digno de un culebrón vespertino) de dos escenas diferentes que van a representar el colofón de los dos argumentos principales de la novela. Penúltimo y ultimo, remates de ambas historias con una reprobable tendencia al final feliz. No me queda ninguna duda de que, por mucho que esta novela haya vencido mis prejuicios, Vargas Llosa es capaz de mucho más que el nivel mostrado en Cinco esquinas. De hecho, le hubiera bastado con mantener el nivel de las cien páginas iniciales (misteriosas, vivaces, estimulantes), pero, imposible saber los motivos, eligió la comodidad y la complacencia (y la poca valentía en meter el dedo en la llaga política) para rematar esta novela.

Otras obras de Mario Vargas Llosa en ULAD AQUÍ

sábado, 9 de octubre de 2010

Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010

A estas alturas, oh lector, sin duda sabes que Mario Vargas Llosa es el último Premio Nobel de Literatura. De hecho, es muy probable que hayas llegado aquí introduciendo en un buscador alguna combinación de las palabras de la frase anterior. Si quieres saber algo más sobre el premiado o regodearte con la noticia o mentarle la madre a la Academia Sueca, has venido al sitio indicado.

Nacido en 1936 en Arequipa (Perú), Vargas Llosa pasó los primeros años de su vida siguiendo los avatares de la carrera política de su abuelo materno, que le llevó primero a Bolivia, luego a la ciudad peruana de Piura, para establecerse finalmente en Lima. Allí comenzaría su vida literaria con Los jefes (1957). Se mudó entonces a Madrid con una beca para cursar estudios de posgrado en la Complutense. Bueno, por eso, y porque se había casado con una tía política suya, 10 años mayor, y esto, digamos, no sentó muy bien en casa. Después de Madrid vino París, y luego, en 1963 el primer éxito literario: La ciudad y los perros, novela con la que ganó el Premio de la Crítica Española.

Las siguientes obras del escritor están marcadas por la experimentación formal. En La casa verde (1965) el autor juega con los ritmos de la narración a través de la mezcla de tres historias principales que tejen una telaraña de tiempo y espacio. Al principio la lectura resulta complicada pues se superponen diálogos y momentos temporales distintos, pero enseguida se le coge el tranquillo y se siguen fácilmente los sucesos de esa casa que construyó El arpista cuando llegó al pueblo y pintó totalmente de verde, fundando el primer burdel del lugar, para placer y escándalo de todos. En 1969 publica Conversación en La Catedral, considerada una de sus obras maestras, y en 1967 Los cachorros, novela breve igualmente experimental y compleja, sobre la vida de un grupo de niños/adolescentes/jóvenes peruanos.

En Pantaleón y las visitadoras (1973) construye una divertida sátira contra la hipocresía y la doble moral. Narra cómo un obediente y meticuloso militar pone en marcha un plan disparatado -siempre cumpliendo órdenes- para elevar la moral de la tropa gracias a la incorporación de un batallón de prostitutas. El mayor mérito de la novela consiste en la incorporación de prosaicos documentos que se integran perfectamente en la historia conservando su significado, continuidad, amenidad e ironía. La tía Julia y el escribidor (1977), basada en su primer matrimonio con su tía política, es también una novela con grandes dosis de humor.

La guerra del fin del mundo (1981) es la primera incursión de Vargas Llosa en la novela histórica. Basada en acontecimientos reales, retrata una revuelta anti-republicana del campo brasileño, liderada por una especie de nuevo mesías. Contiene imágenes brutales de la completa sumisión de la voluntad al líder, como cuando sus seguidores van pasando por la alcoba en que agoniza y comulgan de sus heces líquidas. Puaj. La siguiente novela reseñable viene mucho más tarde, en 2000, y es La fiesta del Chivo, de la que ya hablamos aquí.

El motivo de este parón de años está en la actividad política de Vargas Llosa. En 1990 se presenta como candidato a la Presidencia del Perú, y de hecho logra superar la primera ronda, pero es vencido en la segunda por Alberto Fujimori. Después de la derrota marcha a Madrid, donde solicita la nacionalidad española al ser amenazado por su antiguo rival con la pérdida de la peruana. En los últimos años, en España, ha tenido también momentos de importante protagonismo político, siempre desde una ideología (neo)liberal, como cuando apoyó la fundación del partido Unión, Progreso y Democracia, en 2007.

Sus últimas novelas son El paraíso en la otra esquina (2003), dedicada a la historia de la abuela del pintor Paul Gauguin, y Travesuras de la niña mala (2006); este mismo año se publicará El sueño del celta, sobre la historia de un aventurero y diplomático irlandés en el corazón de África. Aparte de su obra como novelista, Vargas Llosa ha ido publicando diversos ensayos, muchos de ellos sobre temas literarios. El más célebre, por el morbo que lo acompaña, es el que dedicó a García Márquez, subtitulado "historia de un deicidio"; también son reseñables los que dedicó a Madame Bovary o a Tirant lo Blanc.

Un escritor, en fin, prolífico y exigente, polémico y magistral, parte insoslayable del llamado "boom" de la literatura latinoamericana, que llevaba mucho tiempo apareciendo en las quinielas del Nobel. Dicen que precisamente este año no estaba entre los favoritos, y que esto le ha favorecido, pero qué queréis que os digamos: nosotros ya lo previmos.

Foto tomada de aquí

domingo, 15 de abril de 2012

Mario Vargas Llosa: Conversación en La Catedral

Idioma original: español
Año de publicación: 1969
Valoración: Muy recomendable

Este blog en general, y yo en particular, teníamos una deuda pendiente con Vargas Llosa: no podía ser que del flamante último Premio Nobel en lengua española solo hubiéramos reseñado dos de sus obras, y de las más recientes (El sueño del celta y La fiesta del chivo), obviando sus primeras obras, consideradas las mejor de su producción, tales como La ciudad y los perros, La casa verde o esta Conversación en La Catedral, o aquellas otras más ligeras y divertidas como La tía Julia y el escribidor o Pantaleón y las visitadoras.

Así que aquí voy yo a desfazer el entuerto lanzándome a reseñar una de las obras maestras de Vargas Llosa, esta Conversación en La Catedral que es por méritos propios uno de los hitos fundamentales del boom de la literatura latinoamericana. Y de hecho esta novela tiene algunas características representativas del boom: experimentalismo narrativo (varios tiempos, varias voces, varias tramas), contextualización histórica, preocupación social y política... Nada de "realismo mágico", pero es que el boom es mucho más que "realismo mágico".

En Conversación en la Catedral se utiliza la excusa de un encuentro ocasional entre Santiago Zavala (hijo de un señorito de Miraflores, el barrio más elegante de Lima) y su antiguo chófer Ambrosio para, a través de sus recuerdos y relaciones, presentadas de forma fragmentaria y anacrónica, reconstruir globalmente un periodo de la historia de Perú: la dictadura de Manuel Odría (1948-1952). La combinación de las versiones de la historia de Zavalita y Ambrosio, con sus respectivos círculos sociales, permite al escritor reflejar la realidad peruana en su totalidad, desde las fiestas de alta sociedad hasta los "bulines" (burdeles) más lóbregos de la capital; desde los movimientos estudiantiles hasta las corruptelas que rodean al Presidente Odría (que sin embargo nunca llega a aparecer en la novela).

Conversación es una novela compleja; el lector debe desentramar la red de saltos temporales no marcados ni lingüística ni tipográficamente, acostumbrarse a pasar en dos líneas del bar "La Catedral" donde conversan Zavalita y Ambrosio, a la casa del corrupto Cayo Bermúdez cinco años antes, y de ahí a un burdel dos años más tarde, etc. Es un juego narrativo exigente, pero una vez que se entra en él se sigue con cierta facilidad.

Lo que se echa de menos, por lo menos yo lo echo de menos, es un punto más de fantasía, tanto en la creación de situaciones como en el propio estilo, que pocas veces nos ofrece chispazos atrevidos o sorprendentes. Sé que no se trata de comparar y elegir (¿a quién quieres más, a tu papá o a tu mamá?), pero si tuviera que comparar y elegir, me quedo mil veces con García Márquez, que ha demostrado que se pueden escribir novelas técnicamente perfectas, con un estilo impecable, y que te dejen además con la boca abierta. Pero vamos, que Vargas Llosa también es un grandísimo escritor, y un más que digno premio Nobel, por más que su designación levantase algunas ampollas sobre todo por sus posturas políticas.

También de Mario Vargas Llosa en ULAD: El sueño del celta,  La fiesta del chivoPantaleón y las visitadorasLa ciudad y los perros, La guerra del fin del mundoTiempos recios

jueves, 30 de enero de 2014

Mario Vargas Llosa: La ciudad y los perros

 Idioma original: español
 Fecha de publicación: 1963
 Valoración: Imprescindible

 Qué ganas tenía de leerme La ciudad y los perros, la primera novela que publicó el Nobel peruano Mario Vargas Llosa, que no creo que necesite presentación. Pero por una cosa u otra, no terminaba de hincarle el diente a esta novela ambientada en un Colegio Militar donde una serie de jóvenes sufren el duro trance de madurar a base de buenas dosis de crueldad, disciplina y amargas experiencias. Y es que, el propio escritor pasó dos años en dicho lugar...

 Ha tenido que ser mi querida madre, gran admiradora de Vargas Llosa, la que prácticamente me ha puesto el libro en las manos y me ha ordenado: "Ian: léetelo de una vez". Y lo he hecho. Y ha merecido la pena hacerlo. Claro que sí.

Cuando he terminado La ciudad y los perros, un magnífico trabajo tejido por varias voces y flashbacks para conocer el pasado de sus protagonistas (y hablamos de los años 60, señoras y señores), me ha quedado esa agridulce sensación que sólo los buenos libros que cuentan cosas duras pero totalmente creíbles, me dejan. Y eso que me costó un poco "entrar en materia", es decir, acostumbrarme a la peculiar forma que tienen los personajes de este libro de hablar (lo hacen con una sintaxis y un vocabulario cuanto menos peculiares si los comparamos con el castellano que se usa a este lado del Atlántico),y asimilar una serie de escenas de violencia sucia y de sexualidad animal ("animal" literalmente, imagínense...)que me echaron bastante para atrás. "Pobre pijo almidonado, acostumbrado a los románticos y asépticos escritores europeos", pensarán algunos. Pero en honor a la verdad tenía que confesarlo...

 Superados estos escollos inciales, vino, entonces sí, y por este orden, la curiosidad por saber más de los personajes presentados y sus vidas presentes y futuras; extrañas reacciones de amor/repulsión por algunos de ellos, y, finalmente, la sensación de estar siendo un testigo implicado en la trama de forma cuasi sobrenatural. Es decir, llegué a oler y respirar los cargados entornos que Vargas Llosa describe con maestría en su obra, y a entender a todos sus personajes principales, entre ellos: Alberto Fernández, el Poeta, el en teoría más sensible y atormentado de los muchachos que entran involuntariamente en el temible centro; el Jaguar, un muchacho marginal y aparentemente agresivo e inclemente que acabrá teniendo más protagonismo de lo que parece; la víctima de la novela, del que no diré el nombre, un chico cuya sensibilidad y tibieza le jugarán malas pasadas, y la dulce Teresa, una muchacha pobre y desgraciada, criada por su tía, pero que es todo un cúmulo de virtudes y que pese a no ser bonita, les enamorará a todos.

Y no creo que haga falta entrar más en materia. Sólo repetir que para mí La ciudad y los perros se trata de una obra imprescindible por su intensidad, técnica, atrevimientos varios e inolvidables criaturas. Y que merece la pena cotillear en la Red un poco y saber que a su autor le costó bastante ver en las librerías ésta su grandísima primera novela.

martes, 7 de mayo de 2013

Colaboración: Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa

Idioma original: Castellano
Fecha de publicación: 1973
Valoración: recomendable

Pantaleón Pantoja, el militar peruano protagonista de este libro, es de esos personajes cuadriculados y amantes del detalle que pueden ser una pesadilla como jefes pero el sueño eterno de los dueños del negocio.

La historia es sencilla. Cansados de que los soldados violen a las civiles en la inhóspita amazonía peruana, los generales del ejército deciden crear un servicio de prostitutas que recorra los cuarteles para calmar a la tropa arrinconada por el calor y la falta de compañía femenina. Para esto llaman al recién ascendido capitán Pantoja, que luego de superar la sorpresa inicial, pone en marcha un mecanismo casi industrial de satisfacción sexual.

Lo primero que llama la atención al leer a Vargas Llosa en Pantaleón y las visitadoras es la manera de narrar la acción de la historia. Con un recurso llamativo condensa verbos en un sólo párrafo y entrega cantidad de información en pocas líneas:
No podemos fabricar mártires, basta con los que ellos hacen -revisa cartapacios de recortes de periódicos marcados con lápiz rojo, celebra conciliábulos con oficiales del Servicio de Inteligencia, de la Policía de Investigaciones, propone un plan al Estado Mayor y lo ejecuta el Tigre Collazos-. Tenlos ahí en los cuarteles... (Pág. 303)

El intercambio constante de lugares, situaciones y personajes (como en La Fiesta del Chivo) es recurrente. Además, como el mismo escritor apunta en el prólogo de una de sus ediciones, no había otra manera de contar esta historia real que burlándose de ella, llamando a la risa del lector que se asombra con los eufemismos descarados de los militares, la hipocresía de la sociedad amazónica peruana y las ideas descabelladas pero funcionales de Pantoja que, como si se tratara de una línea de producción, optimiza tiempos y recursos para que los pobres soldaditos no se queden sin el Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines (SVGPFA).

De ahí en adelante todo son situaciones hilarantes: los intercambios de mensajes cifrados entre el capitán Pantoja y los generales, las tablas de cálculo para determinar cuántas "prestaciones" puede ofrecer cada "visitadora" en un tiempo X, la composición del himno del servicio de visitadoras, la confección de sus uniformes...

Vargas Llosa hace del pintoresco y tropical actuar latinoamericano una obra que bien vale la pena leer. Un libro que puede usarse de dos maneras: como funcional e inofensivo divertimento o como manual para entender todos esos titulares periodísticos que a diario llegan de esta parte del planeta para sorprendernos.


sábado, 18 de abril de 2009

Mario Vargas Llosa: La Fiesta del Chivo

Idioma original: español
Año de publicación: 2000
Valoración: muy recomendable

Uno de los últimos ejemplares de ese género rabiosamente latinoamericano que es la novela de dictadores. Cuenta la historia del general Trujillo, apodado El Chivo, dictador de la República Dominicana durante 30 años. En realidad, la novela no recorre todo ese arco temporal, sino que se sitúa en dos momentos diferentes: el día de 1961 en que un grupo de opositores ajustició a Trujillo, y la estancia de Urania Cabral en Santo Domingo muchos años después. A través de los pensamientos del propio Trujillo y de los recuerdos de Urania, hija de uno de sus principales colaboradores, se va mostrando la sórdida estampa de un régimen violento y enfermizo.

La estructura narrativa es bastante compleja. A las dos líneas que ya he comentado se une una tercera: la de los conjurados que asesinan al dictador. Las tres líneas narrativas se van alternando, dedicándose un capítulo sucesivamente a cada una. Esto puede resultar algo confuso al principio, pero creo que es un gran acierto de la novela. Vargas Llosa consigue transmitir un clima por completo distinto en cada línea. Así, en una se introduce en los pensamientos de Trujillo, a lo largo de su último día de vida. Con una estremecedora empatía consigue meterse en la mente del dictador, captando de forma brillante sus miedos, sus orgullos, sus derrotas secretas. En otros capítulos el lector revive la larga espera de los conspiradores, marcada por los recuerdos de las humillaciones que todos deben al Chivo y las tensiones entre ellos. La tercera línea, por último, está centrada en la visita de Urania Cabral a su padre anciano, que se convierte en todo un ajuste de cuentas con un pasado doloroso del que no pude librarse.

La alternancia entre tonos y ritmos tan distintos hace que el lector se enganche desde el principio. Sólo hay un momento en el que la lectura puede hacerse cuesta arriba, y es cuando se relatan, con todo realismo, las torturas a las que fueron sometidos los asesinos de Trujillo.

También de Mario Vargas Llosa en ULAD: Conversación en La CatedralEl sueño del celtaPantaleón y las visitadorasLa ciudad y los perros, La guerra del fin del mundoTiempos recios

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Colaboración: No una, sino muchas muertes de Enrique Congrains Martín

Idioma original: español
Año de publicación: 1957
Valoración: recomendable

Cuando Enrique Congrains Martín edita en Buenos Aires, un 31 de diciembre de 1957, su primera novela, desde hacía tres años que nada volvía a ser igual: venía de inaugurar el realismo urbano peruano con Lima, hora cero, una colección de relatos.

Entre las conspicuas ediciones de esta novela destaca la prologada por Vargas Llosa para Planeta de España (1975), la cual repite incluso las erratas y despistes de la primera. El académico destroza a Congrains Martín, lo convierte en un monigote afortunado. Y es que No una, sino muchas muertes ni es “novela salvaje”, ni adolece de “planteamiento político” o “enseñanza moral”. De hecho, es toda una alegoría de la revolución proletaria. Algo que ya se sabía en 1975. Pero la novela admite varias lecturas, Vargas Llosa define como la “fogoza insensatez” de un “tranquilo demente” un texto en el que se pueden detectar paralelismos y elementos simbólicos a paladas. ¿Qué se habrá creído Congrains Martín? ¿Que porque era un “inaugurador de cierta manera” de la literatura urbana en el Perú iba a hacer tambalear su posición primigenia, su no deberle nada a nadie, su ser el primero, su autoproclamada flordefanguez?

En fin, aparte de la mala leche, el prólogo escribido por Vargas Llosa tiene varias inexactitudes de esas que hacen que el profesor (de la Secundaria, no de la Facu…) te devuelva tu trabajo mientras te recomienda que en lo sucesivo leas con más atención los textos a comentar.

En fin² (qué a gusto me quedado), volvamos a la novela. Maruja la protagoniza. Es un personaje femenino imposible de olvidar. Intenta liderar una rebelión en un taller de trabajo esclavo. Pero no para liberar a nadie, sino para ocupar el papel de esclavista, mandando sobre un grupo de locos secuestrados de las calles y sobre una pandilla de adolescentes pequeños delincuentes que la ayudarían en su empeño. Si alguien es fogozamente insensata y tranquilamente demente, ésa es Maruja, quien a medida que se va descubriendo a sí misma va asumiendo algo así como un código samurai propio por el cual la alternativa a todo siempre debe ser nada. Y mejor sola que mal acompañada.

El título alude a un poema de Neruda, eso está explícito en el epígrafe. Pero también hay cierto pasaje shakesperiano en el que los cobardes mueren muchas veces y los valientes sólo una, y yo creo que por ahí van también los tiros. A saber.

Es cierto que Congrains, aquí y allá, se excede un poco, que a veces se inmiscuye, que a veces nos cuenta cosas que no hacen falta, esa clase de errores que cometen los que no han llegado a lo más alto, o quizás que sólo se perdona a los que han llegado a lo más alto. Pero también es cierto que su prosa es un gusto de ser leída, que sus giros son gratos, sus metáforas enamoran y que no le tiene miedo a los adjetivos, algo que yo agradezco.

Mi primer ejemplar, intonso y dedicado por el autor (qué tristeza; ¡muy mal, señor Enrique Montenegro!) lo conseguí a precio de risa en la París-Valencia. Después conseguí el de Planeta en una librería en línea. Rebuscando un poco se puede encontrar a precio razonable en varias páginas de venta de libros de segunda mano.

No sé si lo dije antes, pero han hecho la peli: Maruja en el infierno. Los peruanos tienen la sana costumbre de hacer malas películas de buenos libros: suele bastar que actúe en ellas Pablo Serra o que las dirija Francisco José Lombardi, Alá los confunda.

Firmado: Fernando Daniel Bruno

sábado, 12 de octubre de 2019

Reseña + Entrevista: The Night, de Rodrigo Blanco Calderón

Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Muy recomendable

You're the bedtime story
The one that keeps the curtains closed
And I hope you're waiting for me
Cause I can't make it on my own
I can't make it on my own
(Morphine - The Night)


La polémica que rodeó la concesión del Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa (Edición 2018) a la primera novela de Rodrigo Blanco Calderón obliga a un reseteo mental antes de comenzar su lectura. Fuera prejuicios, fuera ideas preconcebidas, que sea la novela la que se defienda por sí misma.

Una vez concluida su lectura, he de decir que “The Night” es una muy buena novela, compleja y ambiciosa, que va mucho más allá de lo que señalaban las iniciales crónicas sobre la concesión del premio, centradas demasiado en el fondo (la situación política y social de Venezuela) y obviando de una forma difícil de entender la forma.

Podríamos, en una primera aproximación, definir la novela como una obra acerca de cómo adaptarse a la violencia y la oscuridad, real y metafórica, en un país al borde del derrumbe (la noche era un espejismo pero había que saber atravesarlo). Por tanto, es obvio que la situación venezolana es clave en la novela, no solo como telón de fondo sino como un personaje más de la misma. Así, los seres que encontramos en las páginas de "The Night" no pueden escapar de esa sensación a medio camino entre lo grotesco y la pesadilla que recorre la ciudad. Pero lo que da mayor valor a la novela es la forma elegida por el autor para presentárnosla. Digo esto porque, aunque inicialmente la aparición de varios cadáveres de mujeres con evidentes signos de violencia en una Caracas de pesadilla podría llevarnos a pensar en un thriller de denuncia social al uso, en “The Night” Rodrigo Blanco se aleja del “panfleto facilón” y nos ofrece una novela “matrioshka” con mucho de juego intertextual en la que se aúnan el género policial, psicológico, político e histórico (aquí podríamos poner todas las comillas del mundo).

Con la presencia permanente de la violencia en sus más variadas formas, iremos descubriendo historias de personajes reales y ficticios que conducirán a nuevas historias, recorreremos los caminos - revoluciones, cárcel, destierro, viaje de aprendizaje y desencanto a Europa incluidos -  seguidos por destacados miembros de la izquierda venezolana desde 1950 hasta la actualidad y tendremos la sensación de perdernos en un laberinto plagado de referencias literarias, en un territorio en el que las zonas oscuras de los personajes oprimen tanto como la oscuridad de Caracas, en unos textos en el que más importantes que las respuestas son los diferentes caminos explorados y los intentos casi desesperados de poner en orden las imágenes.

En este sentido, “The Night” recuerda de manera clara al Bolaño de “Los detectives salvajes” en sus personajes escritores o aspirantes a escritores en una búsqueda casi desquiciada y en su repaso a la reciente historia latinoamericana, a “2666” en la enumeración de los horrendos crímenes cometidos en Caracas, a “La pesquisa” de Saer, al Pierre Menard de Borges o a ciertos planteamientos macedonianos (tengo demasiado reciente la lectura del Museo de la Novela de Eterna).

En resumen, no sé si “The Night” será la mejor de las novelas presentadas a concurso, pero sí sé que es una muy buena novela que trae al primer plano a las letras venezolanas, unas de las grandes olvidadas del continente.

También de Rodrigo Blanco Calderón en ULAD: Los terneros

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Adjuntamos, a continuación, una pequeña entrevista a Rodrigo Blanco Calderón, al que agradecemos su amabilidad por prestarse al "interrogatorio".

ULAD: “Tu necesidad de escribir es, ante todo, terapéutica. Se diría que quieres escribir para olvidar o para comprender y lo más probable es que así lo hagas”. ¿Para qué escribe, en general y en el caso de esta novela, Rodrigo Blanco Calderón?

RBC: Los motivos de la escritura suelen ser misteriosos y también decepcionantes. En mi caso, la respuesta es muy endogámica: escribo porque necesito leer un libro que solo está en mi cabeza. Escribo para sacarme determinadas historias de mi cabeza. Lo irónico es que después de concluir el libro, la motivación para leerlo se ha perdido o ha cambiado. Es imposible leerlo del todo como si fuera de otro.

ULAD: ¿Es la literatura un acto de amor no correspondido?

RBC: O a destiempo, que viene a ser lo mismo.

ULAD: ¿Crear no es nunca compatible con la indiferencia?

RBC: Lo veo bastante difícil. La creación es compatible con la obsesión y también con la distracción. Y con la inconsciencia, incluso. Pero la indiferencia no aprecia las formas, no retiene ningún contenido. A menos que se tome a sí misma como objeto, pero entonces la indiferencia se vuelve atención.

ULAD: “El realismo mágico le puso colorete, alas y vestidos a la miseria”. Yo añadiría que, pese a poner en el mapa a la literatura latinoamericana, también tuvo como aspecto negativo el de relegar a muchos autores que quedaron fuera del “canon” y que hoy están casi olvidados. ¿Compartes esa visión?

RBC: En parte, pues esa desatención por los otros autores que quedaron fuera de la órbita del Boom (la mayoría, pues como dijo Ángel Rama, el «boom» fue un selecto club con solo cuatro integrantes fijos –Vargas Llosa, García Márquez, Fuentes y Cortázar– y un invitado cambiante –a veces Donoso, a veces Puig, etc–) es una cuenta que habría que adjuntarle a la crítica y a la prensa que no atendió la amplitud de todo lo que sucedía en la literatura latinoamericana de entonces. 

ULAD: E insistiendo en esos “olvidados”, da la impresión de que la literatura venezolana es una de las olvidadas dentro de la literatura latinoamericana. Un ejemplo, que creo que puede ser extrapolable al mundo “real”: en el blog llevamos hasta ahora 132 libros de autores argentinos, 38 de autores colombianos, 37 de autores chilenos, 18 de autores uruguayos y solo 8 de autores venezolanos. ¿A qué puede deberse? ¿Qué autores venezolanos actuales nos puedes recomendar?

RBC: La literatura venezolana estuvo prácticamente ausente del debate internacional durante los años del Boom y también en las décadas posteriores. Eso no quiere decir que esa literatura no existiera ni que no valiera la pena ser conocida, solo que una serie de circunstancias determinaron que sucediera así. Por ejemplo, las políticas culturales y editoriales del periodo democrático (1958- 1998) hicieron de Venezuela un gran anfitrión de la literatura latinoamericana. Desde la creación del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos (en cuya primera edición, realizada en Caracas en julio de 1967, se conocieron en persona García Márquez y Vargas Llosa), pasando por las publicaciones de autores extranjeros en la editorial del estado, Monte Ávila Editores, hasta la organización de diversos congresos de literatura. Sin embargo, no supimos ser unos promotores de nuestra literatura fuera de Venezuela. La circunstancia dramática que ha vivido el país en los últimos 20 años, que ha provocado el mayor éxodo masivo en la historia de América Latina, ha tenido como consecuencia que los escritores venezolanos se hayan visto obligados a hacerse un espacio en el mercado internacional. Apoyándose, todo hay que decirlo, en la atención que nuestra tragedia ha despertado en el mundo entero. Hay muchos autores venezolanos que leer. Enumero algunos al azar de la memoria: Victoria de Stefano, Oscar Marcano, Elisa Lerner, Salvador Fleján, Enza García, Rubi Guerra, Ana Teresa Torres, Juan Carlos Méndez Guédez, Gisela Kozak, Alberto Barrera Tyszka, Juan Carlos Chirinos, Karina Sainz Borgo, Eduardo Sánchez Rugeles, Yolanda Pantin, Héctor Torres, Laura Cracco, Fedosy Santaella, Miguel Gomes, Roberto Martínez Bachrich…se me están quedando muchos en el tintero. El punto es que hay una tradición rica y fuerte buscando sus lectores.

ULAD: "Borges decía que la historia universal no era sino la diversa entonación de diferentes metáforas” ¿Qué metáfora definiría la Venezuela actual?

RBC: Pienso en un plato de sopa pero lleno hasta el borde con petróleo.

ULAD: “Un poder como este, que produce risa y sin embargo te mata, es más corrosivo que un poder serio, de esos que provocan terror con la sola presencia de sus líderes o de sus símbolos”. ¿Puede haber parte del problema que desde Europa (o al menos desde España) se haya visto a Chávez / Maduro como algo caricaturesco (su chándal, su gorra, su “Aló Presidente”, etc)?

RBC: Por supuesto. Es que son personajes caricaturescos. Chávez y Maduro han encarnado a conciencia la figura del típico dictador de república bananera. Son unos payasos, pero unos payasos asesinos. El chavismo es una versión caribeña de IT.

ULAD: “Hay veces en las que queramos o no, lo mejor es adormecerse, no pensar mucho y dejar que los que saben hagan su trabajo”. ¿Resignación, dejadez o mero instinto de supervivencia?

RBC: ¿Quién dice eso? ¿Uno de mis personajes? En todo caso, hay que tener en cuenta el contexto original de las frases. Al discurso ficcional le gusta aparentar ser irremediable, pero la realidad nos muestra que muy pocas cosas son irremediables. Y todos sabemos cuáles son.

ULAD: Termino por el principio: “Al principio fue un largo, inesperado, apagón de cinco horas”. ¿Volverá la luz a Caracas?

RBC: Sí. Y volverá a irse también. Las luces de la razón, en América Latina, fluctúan como el servicio eléctrico.

ULAD: P.S.: Viviste en París, lo que se nota en alguno de los cuentos de “Los terneros” y en algunas partes de “The Night”. Viviendo ahora en Málaga, ¿habrá libro “malagueño”?

RBC: Seguramente. Para mí es algo natural incorporar los lugares que visito o los lugares donde he vivido en mis historias.

lunes, 15 de agosto de 2011

Arthur Koestler: El cero y el infinito

Idioma original: alemán / inglés
Título original: Darkness at Noon / Sonnenfinsternis
Año de publicación: 1940
Valoración: Muy recomendable


Este libro desafía la idea misma de las divisiones nacionales de la literatura, y por extensión también nuestro ya famoso Sistema Unificado de Etiquetas: el autor es húngaro, pero escribió el original en alemán; este original fue traducido al inglés contemporáneamente, con el título de Darkness at Noon; después el original alemán se perdió, de manera que las versiones alemanes que existen ahora son en realidad una re-traducción de la traducción inglesa. Por si esto fuera poco, el título español no viene del alemán ni del inglés, sino del que tomó la traducción francesa (Le zéro e l'infini). ¿Se trata por lo tanto de un libro húngaro? ¿Alemán? ¿Inglés? ¿Todas esas cosas o ninguna?

En todo caso, esto es irrelevante para el mérito de la obra, que es grande: una introspección en los mecanismos ideológicos, administrativos y psicológicos que llevaron a la auto-delación de decenas de intelectuales soviéticos, algunos de ellos destacados bolcheviques, en especial en el conocido como "Juicio de los Veintiuno". En efecto, como advierte Vargas Llosa en su introducción a la obra, los hechos narrados en esta obra no son especialmente terribles (sobre todo si los comparamos con lo que Solyenitzin describiría en Archipiélago Gulag, por ejemplo): al protagonista le someten a una tortura psicológica (luces brillantes, privación de sueño, humillaciones), pero lo que interesa sobre todo es mostrar la retorcida lógica (aparejada a una retórica igualmente retorcida) que sirvió para construir una maquinaria administrativa y punitiva implacable, inhumana.

Porque el protagonista, Rubachof, es él mismo un convencido (al menos inicialmente) del marxismo y su aplicación a la Rusia comunista (aunque, por cierto, en ningún momento se afirma claramente que estemos en Rusia); porque él mismo ha aplicado a otros los mismos castigos (detención, tortura, expulsión del Partido, destierro, ejecución...) que ahora se le aplican a él, por separarse de la doctrina ortodoxa oficial y pensar como individuo (vicio típico de la burguesía capitalista occidental), dejándose llevar por los sentimientos en vez de pensar en el Gran Esquema de la Historia -que nos absolverá a todos.

El propio Koestler se lamenta (citado por Vargas Llosa) por haber arruinado sus novelas al incluir demasiadas reflexiones teóricas y filosóficas; pero en este caso el equilibrio funciona: los diálogos entre Rubachof y sus interrogadores, llenos de discusiones sobre la ideología Comunista y su aplicación histórica concreta, forman parte integral y verosímil de una historia en la que, por otro lado, también hay hueco para pasajes narrativos (recuerdos que persiguen y atormentan a Rubachof) impactantes y poderosos.

A estas alturas, no es que leer esta obra nos descubra nada nuevo sobre el Stalinismo, sobre sus perversiones o sus mecanismos retorcidos de control individual y colectivo; pero todo aquel que alguna vez se haya preguntado por qué aquellos intelectuales bolcheviques aceptaron someterse a sí mismos a la humillación pública en forma de juicios-farsa, encontrará en esta obra una explicación detallada. Y desasosegante.

También de Arthur Koestler en ULAD: Llegada y salida

viernes, 31 de diciembre de 2010

Balance literario del 2010

Pues sí, ya se termina el año, y como todos los finales de año, es momento de hacer balance y propósito de enmienda; pero como nosotros andamos justos de fuerza de voluntad, nos quedamos en la primera parte, o sea, en echar la vista atrás y resumir lo que nos han dado, literariamente hablando, estos útimos 12 meses. Por supuesto, este es nuestro balance; si nos olvidamos de algo, o si no estáis de acuerdo con nosotros en algún punto, ahí tenéis los comentarios a vuestra disposición.

En fin, así ha sido el 2010 literario que se nos está yendo:
  • En primer lugar, ha sido un año sin grandes booms comerciales: ningún Stieg Larsson, Dan Brown o J. K. Rowling en el horizonte (aparte, claro, de los Larsson, Brown y Rowling que ya conocíamos). Eso sí, 2010 nos ha dejado algunas publicaciones esperadas, que habrá que leer con atención: Némesis de Philip Roth; El sueño del celta de Vargas Llosa; El cementerio de Praga de Umberto Eco...
  • En general, 2010 ha sido un año de pobres ventas, lo que ha puesto en aprietos a más de una editorial y librería. Los editores en España le han echado la culpa a la piratería (cómo no), pero las causas son mucho más complejas, evidentemente, y tienen no poco que ver con la crisis general que afecta a todos los sectores.
  • Sí que es verdad que, como dicen los editores, este ha sido el año en el que el libro electrónico se ha convertido en una realidad en España, al menos entre el sector de la población que ya consumía asiduamente libros en papel. Eso sí, el volumen de ventas de libros electrónicos seguirá siendo ridículo en nuestro país (y en el conjunto de países de habla hispana) mientras no haya un catálogo y unos canales de distribución mínimamente aceptables.
  • Este año se conmemoraba el centenario del nacimiento de Miguel Hernández, pero se ha conmemorado menos de lo que a algunos nos gustaría. Nada que ver, por ejemplo, con las celebraciones del "año Lorca". ¿Será, a lo mejor, porque Miguel Hernández fue un escritor con un compromiso político evidente y vitalicio?
  • 2010 ha sido también el año en el que el Nobel ha vuelto a reconocer a un autor en lengua española: el peruano Mario Vargas Llosa, autor, entre otras, de Conversación en la Catedral, La ciudad y los perros o La fiesta del chivo.
  • En el 2010 nos han dejado varios escritores irreemplazables, como Alan Sillitoe (autor de La soledad del corredor de fondo), J. D. Salinger, José Saramago o Miguel Delibes. En un plano más íntimo, este año está trágicamente marcado por la desaparición de Sergio Oiarzabal, grandísimo poeta bilbaíno y amigo personal de varios de los que hacemos este blog.
  • Y por terminar mirándonos un poco al ombligo, podríamos decir que este año ha sido también el de la consolidación de "Un libro al día": prácticamente hemos duplicado nuestras visitas mensuales (mças de 17.000 este último mes); estamos en facebook y twitter; hemos aumentado en número de colaboradores fijos y ocasionales, y hemos publicado exactamente 365 entradas, sin fallar un día, hasta hacer un total de 671 desde que abrimos el blog. Y tenemos intención de seguir dando guerra durante 2011.
Como siempre, gracias a todos por compartir con nosotros el 2010, y la pasión por los libros y la literatura. Esperamos que lo sigáis haciendo, también el año que viene...

domingo, 29 de octubre de 2017

Xavi Ayén: Aquellos años del boom

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

La obviamente irrepetible foto de la portada de Aquellos años del boom ejerce de poderoso gancho para cualquiera interesado en la lectura. La casi novelesca introducción, con la historia de una escritora acudiendo a por un bistec para aplicar sobre la dolorida mejilla de García Márquez, que acaba de recibir un puñetazo propinado por Vargas Llosa (incidente que finiquitó su amistad), casi una irresistible anécdota que hace las veces de flash-back. Solamente un entremés para las casi 900 páginas de exhaustivo estudio, que se hacen cortas. Vamos a caer en la perogrullada. Sí, he dicho cortas. 
Como barcelonés, alucinado del papel de la ciudad en que vivo en un movimiento tan trascendental para las letras. Algo alucinado de que este movimiento se deshiciera justo a las cercanías de la  muerte del dictador Franco, pero quizás los aires de apertura de esa Barcelona que era la puerta de Europa en ese momento eran más respirables que los de algunos de sus países de origen. No hay que darle más vueltas. Mejor dejarse llevar de la mano y disfrutar.
Porque este es otro volumen en el que Xavi Ayén, prestigioso periodista literario y figura muy valiosa en la tarea de la divulgación dentro del panorama actual, despliega no solamente sabiduría y buen hacer, sino repertorio de testimonios, conocimiento enciclopédico y panorámico y, cuestión que en sus otros dos libros quedaba en segundo plano en aras de una mejor "manejabilidad", meticulosidad, qué digo, orfebrería helvética a la hora de combinar las piezas.
El "boom". Terremoto literario ocasionado por autores de origen latinoamericano coincidentes en varios escenarios europeos, sobre todo París y Barcelona, y generación con una red de relaciones que se retro-alimentan, sobre las que Ayén estructura una obra mayestática inveterada de valiosos y numerosos testimonios en primera persona que surgen a medida que su presencia es requerida en una estructura que se va completando; autores, por supuesto, pero también editores y agentes y personajes importantes en el desarrollo del movimiento. Pero para nada se trata de un anodino ensamblaje de biografías de escritores reputados. El entorno de la época está perfectamente puesto en perspectiva, las relaciones personales como elemento vertebrador que apuntala el movimiento (el libro dispone de dos encartes de fotografías en las que en rara ocasión aparecen personas solas, las instantáneas suelen ser multitudinarias apareciendo reuniones, comidas, imágenes familiares...), y el valor de este libro se eleva hacia lo enciclopédico. Yo lo he leído porque los libros que reseñamos aquí los leemos hasta el final, pero creo que su "modo de empleo" idóneo es mantenerlo en la estantería y acudir de vez en cuando a él a la que necesitamos algún elemento inspirador de nuevas lecturas. Relacionar los nombres de todos los personajes que pueblan estas páginas resultaría extenuante e injusto, pero vaya una muestra a efectos exclusivos de la excitación lógica de la curiosidad de los lectores: García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes, Bryce Echenique, Álvaro Mutis...
En fin. Haceos con alguna de las escasas copias que deben quedar de este festín. No os arrepentiréis.

También de Xavi Ayén en UnLibroAlDía: Rebeldía de NobelLa vuelta al mundo en 80 autores

jueves, 15 de mayo de 2014

Juan Bonilla: Prohibido entrar sin pantalones

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Me pregunto qué le parecerá esta novela a alguien que no sea un friki de la literatura. A mí me ha gustado (así, en general), a Vargas Llosa obviamente le ha gustado porque le ha dado su Premio Bienal de Novela. Pero no sé si a un lector medio le parecerá tan interesante como a mí, como a nosotros (y así como que no quiere la cosa, acabo de ponerme al mismo nivel que todo un Premio Nobel).

Porque Prohibido entrar sin pantalones es una novela sobre un poeta, un grandísimo poeta, Vladimir Maiakovsky, y su figura no es que sea el centro de la novela, es que es lo único en la novela. Así, durante trescientas páginas nos veremos atrapados por su personalidad anárquica y egocéntrica, su capacidad para atraer a las mujeres y a los hombres por igua, su implicación poético-política con la Revolución Soviética, su amor infinito y abierto por Lily Brik, sus innumerables composiciones poéticas, teatrales, cinematográficas... Todo en esta novela es Maiakovsky, y los demás personajes son muy secundarios en comparación a él.

Bonilla consigue transmitir la impresión de la figura y su entorno con un estilo que, sin llegar a ser una prosa poética, se contagia a veces de poesía, y que en ocasiones se convierte en una paráfrasis de las obras del propio Maiakovsky. No falta el humor en la reconstrucción de una época turbulenta, en lo poético como en lo político (los hechos históricos aparecen también en segundo plano, y solo en relación con el personaje central).

Por momentos, la lectura da una cierta impresión de navegación en círculos, o en espiral. Los conflictos de Maiakovsky con los simbolístas, los acmeístas, los realistas sociales, los burócratas, parecen repetirse una y otra vez, quizás por respeto a las fuentes históricas y biográficas, o quizás para producir precisamente ese efecto de que, por mucho que las cosas cambien, todo sigue igual en lo que realmente importa. Maiakovsky (su personalidad de gigante niño, su pasión por Lily, su creatividad futurista y comprometida), al menos, no cambian apenas en toda la novela.

Quizás la mayor pega que se le pueda poner a esta novela sea, curiosamente, la misma que se le podía reprochar a El sueño del celta, de su valedor Vargas Llosa (aunque la novela de Bonilla es mejor: el aprendiz ha superado al maestro): el que la documentación, sin duda exhaustiva, y el deseo de mostrarla, haya eclipsado la posibilidad de construir una trama como tal, con la que el lector pueda emocionarse y engancharse.

A mí, que soy un friki de la literatura, las 300 páginas de la novela no me han cansado; pero a quien no lo sea a lo mejor se le hacen un poco monótonas. En fin, Prohibido entrar sin pantalones es un muy buen libro sobre Maiakovsky; lo que no sé es si es una muy buena novela.

martes, 17 de septiembre de 2024

Mario Vargas Llosa: Los cachorros

Idioma original: español

Año de publicación: 1967

Valoración: imprescindible

Por muy desorientada y mediática que haya sido últimamente su existencia, aquí reseñamos libros y no vida y milagros de sus autores. 
Los cachorros, novela corta, cortísima (entonces, intensísima) es una maravilla absoluta. Cuarta novela de su autor, en absoluto obra de tanteo, sino más bien obra de confirmación, totalmente consciente, por lo que todas sus intenciones son manifiestas y no nos encontramos ante un experimento de concisión, sino ante una obra premeditada.

Y qué joya: vaya por delante que el ejemplar leído alcanza las cien páginas de las que más de la mitad la constituyen (clásico en las ediciones de Cátedra) una extensa introducción incluyendo bibliografía - que leeré tras esta reseña para evitar ser condicionado - más un nutrido grupo de notas a pie de página con explicaciones tanto sobre los localismos empleados - alguna aclaración necesaria, muchas de ellas fáciles de comprender en función del contexto - por lo que el texto original, desnudo de complementos, debe estar sobre las cuarenta y cinco o cincuenta páginas. Pero vaya texto: perfecto desde todos los ángulos. Los cachorros sigue las correrías de un grupo de niños peruanos, cada uno de ellos provisto de su curioso apodo o mote, que (aquí todo es elipsis, glorioso elipsis) no siempre es explicado, aunque sí, relativamente, el del protagonista, el Pichula Cuéllar, figura que aporta el pretexto para la patada inicial del relato, pues se le da entrada en el primer párrafo, que ya aporta todo el regusto de la novela: concisión, urgencia, cambios súbitos, hasta en la misma sentencia, de sujeto y tiempo verbal, cada frase necesaria para el contexto, y apenas media docena de líneas de la novela: 
"Todavía llevaban pantalón corto ese año, aún no fumábamos, entre todos los deportes preferían el fútbol y estábamos aprendiendo a correr olas, a zambullirnos desde el segundo trampolín del Terrazas, y eran traviesos, lampiños, curiosos, muy ágilos, voraces. Ese año, cuando Cuéllar entró al Colegio Champagnat."

Lo lógico sería que muchos se lanzaran a por esta novela simplemente por lo que este resplandeciente inicio presagia, pero continúo, para los escépticos. La trama, ese recorrido vital del grupo de muchachos, de cachorros, desde sus correrías de patio de colegio hasta sus primeros escarceos con la madurez, el descubrimiento de la sexualidad, sus opciones vitales y las tentaciones en que caen, sus estudios, su futuro, sus decisiones u omisiones. Esa es, básicamente, la trama y el que pueda no tener nada de nuevo - novela coral, ejemplo no moralizante de los distintos caminos que puede ofrecer la vida - no significa que ese camino no sea placentero y fascinante. El lenguaje, vivaz, nervioso, plagado de localismos peruanos y sudamericanos, sólo hace que aportar un éxtasis adicional y se convierte en un personaje más, delicioso contemplar su evolución y deliciosa esa irrupción - espero que constante e inacabada - de términos nuevos,  de gloriosa corrupción que desafía anquilosamiento y provoca sin vergüenza a toda almidonada institución que pretenda, aún hoy, limitar y protocolizar. Los personajes, que la concisión de la novela apenas permite más que retratar en trazo grueso y precipitado, acaban resultando familiares y cercanos, modestos iconos que retratan tanto el íntimo entorno de las amistades tejidas en la convivencia escolar como el entramado social. En fin, la novela es un emblema, un modesto emblema ya que no suele relacionarse entre las obras cumbre de su autor - sitio reservado a proyectos de mayor extensión- pero un  significativo ejemplo de como en literatura el minimalismo y la concisión no son para nada sinónimos de racanería o volatilidad. 

Reseñado de Vargas Llosa en ULAD: aquí



lunes, 14 de octubre de 2019

Kaouther Adimi: El reverso de los demás

Idioma original: francés
Título original: L'envers des autres
Año de publicación: 2011
Valoración: Está bien



Soledad, incomunicación, amor no correspondido, tradición, vidas marchitas, sumisión de unas mujeres, rebeldía de otras, parejas fracasadas, dolor, esperanza en el futuro, futuros inciertos. Es mucho lo que sugiere esta primera novela de la escritora argelina Kaouther Adimi (1986), que a pesar de tener una obra corta ya ha recibido algún premio. Aparecen nuevos valores que aportan perspectivas diferentes, nos llegan obras de países que solían editarse poco en España… Alentador. O eso parece. Pero vamos a mirarlo despacio.
En primer lugar, detecto información esencial, detalles sin los que la novela pierde su sentido más profundo, rasgos, insisto, en ningún modo insignificantes que solo conocemos al leer la contraportada. Esto es un defecto serio, de bulto, para el que no sirve la excusa de que se trata de una primera novela. Porque un producto puede haberse realizado con mayor o menor pericia, pero tiene que estar perfectamente acabado antes de ofrecérselo al público.
El reverso de los demás consta de once breves capítulos, cada uno a cargo de un personaje –excepto dos, que repiten–, cada uno de ellos, más que aportar datos a un relato común, expresa su visión del mundo desde su cascarón particular. A veces, como de pasada, se refieren a los demás personajes, pero lo que vemos carece de movimiento, más bien se compone de una serie de cuadros estáticos, sin demasiada conexión entre sí, que componen otro más amplio y repleto de lagunas. Individuos que, a pesar de autorretratarse, no llegamos a conocer demasiado: los rasgos que intentan definirlos son tan irrelevantes que se desvanecen; si no fuese por la edad y el sexo algunos serían perfectamente intercambiables entre sí. No busquemos, pues, personalidades bien construidas porque no existen, y el fresco social que parece esbozarse a partir de mentalidades y conductas también se  queda a medio camino.
El último monólogo aclara un poco el borroso panorama. Y el epílogo pretende añadir un elemento sorpresa, pero resulta bastante artificial.
Con este material, la autora tenía dos posibilidades. Mantener estas páginas como presentación de la novela y desarrollar a continuación el argumento, o bien completar cada fragmento a modo de relato más o menos independiente hasta componer un mosaico que reflejara la realidad en su conjunto.
A pesar de todo, tengo la impresión de que Adimi tenía realmente algo que contar, incluso verdadera necesidad de contarlo, y voluntad de hacerlo muy bien. Tampoco me parece que peque de falta de talento: las escenas están bien desarrolladas, la descripción del ambiente es atinada, encontramos una forma de enfocar muy personal, la primera aproximación a los personajes promete, los diálogos son creíbles, resulta agradable de leer.  Entonces, ¿qué ha impulsado a la autora a publicar un texto de solo noventa páginas en tamaño pequeño y letra grande con aspecto de inacabado? En mi opinión, el argumento hubiera dado para mucho. Además, hacía falta espacio para explicar bien la relación entre los personajes, tanto el parentesco que los une como los conflictos que les separan. Pienso que bajo el formato de novela corta se nos ofrece un producto que es solo un esbozo de algo más voluminoso y complejo; que hubiese merecido la pena esperar el tiempo necesario para que la autora lograse situarse en su espacio novelístico y desarrollar todo lo que queda latente: carácter de los personajes, ambiente familiar, de barrio y más allá quizás. Insinuar no está mal, pero antes debe haber historia. Si lo que leemos no llega más allá de la mera insinuación, la ficción que esperábamos se queda en balbuceo.   
Y es que, no lo olvidemos, el talento natural necesita un caldo de cultivo en el que desarrollarse. Los genios que todos admiramos nunca estuvieron solos, editores y amigos han aconsejado, pulido, rechazado, exigido y ejercido de amables tiranos hasta llevarlos a la extenuación. Es gente a la que no se le ha pasado ni una porque sus mentores confiaron ciegamente en ellos. Unos rectificaron su trayectoria gracias al consejo de su editor (el nobel Naipaul), se dedicaron exclusivamente a escribir siguiendo el consejo de su agente (Vargas Llosa) o tuvieron en sus amigos a los mejores y más duros lectores previos (Flaubert). Esta es una de las claves del asunto: las mujeres que despuntan tampoco lo pueden dar todo a la primera, también necesitan ser orientadas mientras encuentran su camino y pulen sus técnicas, que se confíe en que pasarán de simples promesas a profesionales de mérito. Mejor aún, en la mayoría de los casos, esos genios contaban con una pareja abnegada que resolvía las incidencias del día a día (Nabokov, Vargas Llosa). Las mujeres no solo carecen de esa ventaja, la mayoría de las veces son ellas quienes, además de a la escritura, se tienen que dedicar a la intendencia del hogar. O quedarse solas, y no sé que es peor. Me pregunto si se les exige lo mismo o, por el contrario, se les trata con condescendencia, sobre todo ahora, que los libros escritos por mujeres parecen haberse puesto de moda. Me pregunto si no entra en juego en muchos casos cierta inseguridad, cierto complejo de usurpadoras (el término no es mío) en un mundillo que hasta ahora había sido patrimonio del varón, al menos –y salvo excepciones– en sus cotas más altas. Es más, me pregunto si no se rechazarán algunas obras por considerarse demasiado serias, demasiado ubicadas en un territorio que no parece corresponder a las mujeres.
Y me hago todas esas preguntas porque hoy es el Día de las Escritoras. Valgan estas palabras de homenaje a todas ellas, a esas escritoras consagradas porque consiguieron elevarse por encima de las circunstancias y a las que, a pesar de su talento, tuvieron que conformarse con una obra más o menos mediocre porque el doble rasero no tuvo piedad con ellas.

También de Kaouther Adimi en ULAD: Nuestras riquezas