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sábado, 24 de enero de 2026

H. Leyvik: En las kátorgas del zar

Idioma original: Yiddish 
Título original: Af tsarisher katorge
Año de publicación: 1958
Traducción: Rhoda Henelde y Jacob Abecasís
Valoración: Muy (pero que muy) recomendable

Ya sea desde la ficción, la autoficción o lo autobiográfico, la literatura "soviética" (de autores nacidos, ya sea antes, durante o después de, en territorios que integraron la URSS) nos ha dejado algunos de los mejores ejemplos de literatura concentracionaria. Así, a bote pronto, me vienen a la cabeza las Memorias de la casa muerta del amigo Dosto, los Relatos de Kolima de Shalamov, Un día en la vida de Iván Denisovich y Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn o, aunque sea de forma más tangencial, el terrible Contra toda esperanza, de Nadiezhda Mandelstam.

En esa triste tradición se inserta este En las kátorgas del zar de H. Leyvik (seudónimo de Leyvik Halpern), en el que el autor narra su estancia en prisiones zaristas (1906-1912) y su destierro en Siberia (1912-1913) cuando apenas contaba con 20 años de edad. Eso sí, hay que tener en cuenta que se trata de un texto escrito en 1958, distancia temporal que resulta fundamental a la hora de analizar la estructura y el contenido del mismo.

Así, hemos de dejar claro que no estamos ante un diario o una pormenorizada relación de sucesos ocurridos en el período citado. De hecho, En las kátorgas del zar posee una estructura cercana a lo novelesco, a una novela con la que, tal y como dice en medio del delirio en prisión, mantendré despiertos mis pensamientos y mi memoria, llevaré la cuenta de mi vida y mis actos. 

La primera parte, titulada también En las kátorgas del zar, parte de la oscuridad y el frío de una mazmorra para, a través de varias analepsis, presentarnos el pasado del narrador (su condición de judío, su implicación política, la relación con sus padres, los días del juicio) y continuar, posteriormente, con su estancia en la Butyrka moscovita, con la presentación de los seres que le acompañan en la celda. Aquí entronca directamente con la gran novelística rusa del XIX, con Tolstoi y Dostoyevski, ofreciendo, a través de diálogos y personajes inolvidables, un maravilloso texto sobre la relación entre hombre y poder, la culpa, la violencia, el arrepentimiento, los dilemas morales, etc en un contexto en el que la enfermedad, el delirio o la angustia campan a sus anchas, pese a pequeños atisbos de humanidad y esperanza.

La segunda parte, titulada Por los caminos de Siberia, nos traslada a la semimítica ciudad de Irkustk (el lago Baikal, Miguel Strogoff...), punto de partida para el "reparto" de los presos por la orillas de río Lena. Y esto podría ser casi una novela de "viajes" por esos cuatro meses atravesando las estepas en el abrasador calor del mes de julio si no fuera por esa mirada profundamente humana de Leyvik hacia su propio interior y hacia sus compañeros de travesía, ya sean presos, oficiales, soldados o habitantes de la estepa. El dolor de pies, el hambre, el aislamiento, el camino entre la angustia y un deprimido mutismo aparecen, así, unidos a los lujos y miserias de la condición humana.

Ya digo que por estructura, estilo, construcción de personajes e, incluso, por ritmo, En las kátorgas del zar semeja más (aunque no lo sea realmente) una novela autobiográfica que una crónica o unas memorias. Sea como fuere, se trata de un texto profundamente ruso y profundamente judío que debería figurar, por méritos propios, en cualquier lista de "lo mejor de 2025" que se precie. Yo no lo he visto en ninguna, salvo en la nuestra. ¡Ahí lo dejo!

martes, 18 de marzo de 2025

Padres de libro: Un hijo cualquiera de Eduardo Halfon

Idioma: español

Año de publicación: 2022

Valoración: recomendable

Penúltima entrega, hasta la fecha, de eso que podemos llamar, sin resultar demasiado pedantes, el corpus literario de Eduardo Halfon, dada la coherencia y continuidad entre unas obras y otras. Como es de esperar, pues, encontramos aquí esa variante autoficcional habitual en él (y, por suerte, de gran nivel e incluso interés; no se trata de esa autoficción trucha, tan extendida), que resulta de la combinación de recuerdos infantiles, indagación sobre la doble identidad cultural guatemalteca y judía y explicaciones acerca del despertar de su interés en la literatura, lo mismo como lector que como escritor. Pero, al igual que suele ser habitual en sus otros libros, escoge un tema, un leit motiv a partir del cual organizar el resto de la narración. 

En este caso, se trata de la paternidad, tanto la suya y su relación con su hijo, así como la que él mantenía con su padre. Sin embargo, estos capítulos/relatos -pues son independientes unos de otros- se alternan con otros que no tiene mucho que ver con el tema; todo lo más , en algunos encontramos una referencia, a veces dolorosa, a los niños, pero, en general, parecen más relleno que otra cosa (dicho en un sentido estricto, no despectivo, puesto que su calidad es igual o puede ser incluso superior al resto). Es lo que sucede con un par de ellos que se desarrollan en Guatemala y aluden a su cultura e Historia reciente: El anfiteatro y el estremecedor Beni. Otros como Unos segundos en París, La pecera y Papeles sueltos, tratan, en cambio de su aprendizaje en el oficio de escribir, en Francia y Bélgica (esto de que sus relatos en primera persona se desarrollen en distintos países , porque también hay otros que ocurren en España o EE.UU., es algo también muy propio de este escritor; sin embargo, en vez de resultar de un cosmopolitismo forzado o postureo, Halfon consigue que resulte algo no sólo creíble, sino perfectamente natural). Incluso uno de ellos El último tigre, es una anécdota familiar que, supuestamente le cuenta un compañero becario -de la Wissenschaftskolleg de Berlín, cómo no- de origen indio.

No obstante, los capítulos/relatos que más nos interesan o al menos los que justifican la inserción de esta reseña en esta semana temática, son los que Halfon dedica a la relación con su hijo, que comienza con el nacimiento, que nos cuenta en Un pequeño corte y prosigue por distintos momentos de la niñez más temprana del chaval. Son capítulos en los que no suceden acontecimientos dramáticos o siquiera de una singularidad especialmente memorable, sino más bien pequeños momentos cotidianos, de una trascendencia doméstica, pero no por ello menos relevantes y, desde luego, de una gran ternura. Es lo que encontramos en La nutria verde, en Wounda y, en los dos que más me han gustado, Domingos en Iowa y Leer calladito, sencillos pero entrañables e incluso preciosos momentos de la relación de un padre con el hijo al que cuida y al que debe educar. Y viceversa. 

El último relato, sin embargo, lo dedica Halfon a un recuerdo de cuando siendo él niño, su padre le contó que de pequeño, a su vez, había estado a punto de morir ahogado en el mar. El niño y futuro escritor Eduardo acaba preguntándose por la identidad cambiante de padres e hijos y la incerteza de nuestro destino (algo que sobrevuela también otros capítulos del libro, por lo demás), y nos deja con un sabor agridulce, algo también bastante característico de la literatura de este autor. De lo mejorcito que se está escribiendo hoy en día, en castellano y seguramente en cualquier otra lengua, todo sea dicho... 


Muchos otros libros de Eduardo Halfon reseñados: aquí

sábado, 29 de junio de 2024

Eduardo Halfon: Tarántula

Idioma: español

Año de publicación: 2024

Valoración: recomendable

Última entrega de esa especie de gran novela por ídems que nos está ofreciendo Eduardo Halfon desde hace años; todas diferentes, no es que se repita, pero todas vienen a tratar sobre lo mismo: su vida , su familia, su país y las circunstancias de todos ellos, en un ejercicio de autoficción (habría que ver cuánto hay aquí de "auto" y cuanto de "ficción", que sospecho que es una buena parte) que, por una vez y sin que sirva de precedente, no sólo no me disgusta sino que me tiene interesado y aun fascinado... Porque, no me cansaré de repetirlo las veces que haga falta, Halfon escribe muy, pero que muy bien, y así se le puede perdonar todo.

Se le puede perdonar incluso que transite por caminos un tanto trillados. Porque aquí, amigos y amigas de ULAD, en este enésimo ejercicio memorístico-literario que Halfon nos ofrece y que no sólo nos deleita, sino que incluso nos puede poner los pelos como escarpias, se le ve un poco el cartón, me temo... Al menos un par de veces y más aún si nos ponemos en modo inquisidor, que, bueno, tampoco es el caso porque Halfon nos cae o me cae, especialmente bien, pero aún así, hay que señalar que alguna situación que plantea en el libro resulta bastante previsible, o incluso puede parecer directamente una mistificación a según qué lectores... (no revelaré de qué se trata porque tampoco es cuestión de espoilearle a nadie, claro). Y eso que el punto de partida de la novela resulta cuando menos, original: el autor rememora cuando, a sus trece años y tras un par de ellos viviendo en EE.UU., sus padres les enviaron de vuelta a Guatemala a él y a su hermano para que pasaran una temporada en un campamento de las montañas dirigido a niños de familias judías centroamericanas, con el objetivo de convertirles no ya en unos buenos judíos, sino incluso en unos buenos sinoístas. Claro que el campamento  se planea ir aún más allá y ofrecer a la muchachada toda una inmersión en la experiencia judía, en toda su amplitud, y hasta aquí puedo contar, que de lo que se trata es de que leáis el libro, no de hacer un resumen en plan el Un Libro Al Día trucho (que existe, por desgracia).

Ya sé lo que me podríais decir, porque es lo mismo que pensé yo en un principio (y quizás fuera lo mismo que dijeron en su editorial), que este 2024, lo siento, Eduardo, no es el momento más adecuado para que los lectores empaticen con las cuitas de unos niños judíos de familias pudientes que está siendo adiestrados para ser buenos sionistas y no os faltaría razón. Ahora bien, pensando sobre ello, tal vez Eduardo Halfon sí que ha publicado esta parte de su "gran  novela de autoficción" en este 2024 tan poco propicio para ciertas solidaridades con toda intención porque esta no sólo trata de las cuitas unos niños judíos en un campamento en las montañas de Guatemala, sino, sobre todo, del veneno que esa tarántula del título -se trata de una metáfora, tranquilos todos los aracnofóbicos/as- es capaz de inocular en cualquiera y provocar que el infectado se comporte de la manera más bárbara posible, masacrando a todo niño palestino que se le ponga por delante, por ejemplo... Y para ese veneno, me temo, no hay antídoto posible. Ni siquiera pertenecer a un pueblo o a una religión, que ha sufrido lo indecible a lo largo de los siglos. Y eso es algo que Halfon sabe bien y nos lo cuenta aquí.

Bastantes más libros de Eduardo Halfon reseñados: aquí

martes, 10 de octubre de 2023

Dorothy Gallagher: Extraños en la casa

Idioma original: Inglés

Título original: Strangers in the house

Año de publicación: 2006

Traducción: Regina López Muñoz

Valoración: Bastante recomendable

Hace cosa de año y medio reseñábamos De cómo recibí mi herencia, estreno en las librerías españolas de la neoyorquina Dorothy Gallagher. Volvemos a la carga con ella y lo hacemos con este Extraños en la casa, un libro que guarda ciertas similitudes con su predecesor, que mantiene un nivel bastante alto pero que, en un cómputo global, me parece ligeramente inferior.

Vayamos con las similitudes. Serían dos, fundamentalmente:

  • Temática: Hablamos de literatura autobiográfica / autoficción. Cartas, fotos, llamadas telefónicas, artículos, etc que sirven como hilo desde el que comienza a desenredarse una madeja que lleva a amores, amigos, enfermedad, muerte, trabajo o familia. Y si bien en De cómo recibí mi herencia los textos se centraban más en la infancia y adolescencia de la autora, en esta ocasión el foco se sitúa en la juventud y madurez, lo que les otorga un poso más melancólico
  • Tono y distancia: Lo comentaba en la reseña de De cómo recibí mi herencia. Son aspectos clave en la escritura de Gallagher y le permiten conjugar humor y tristeza, drama y comedia, ruido y furia (que decía el amigo Billy) sin complejos y sin estridencias. 
La principal diferencia que encontramos está en que Extraños en la casa contiene algunos textos que, si bien poseen ese poso más o menos autobiográfico, desentonan algo dentro del conjunto. Hablo, en particular, de Misteriosa mujer declarada muerta, Jurado popular o Pura suerte (relato de "misterio" en la época estalinista, relato "judicial" y relato "histórico- familiar", respectivamente). Son los textos menos "yo" del volumen y, sin ser para nada malos textos, no acaban de encajar por carecer, quizá, de esa proyección del yo al nosotros que caracteriza a los textos de Gallagher.

Por contra, ya digo que los textos más centrados en el "yo" y proyectados hacia afuera son realmente buenos. Desde el "woodyalleniano" Mi proceso de formación hasta el rocambolesco Extraños en la casa que da título al volumen, pasando por el hermoso final de Fueras quien fueras o los tragicómicos El último amante de Foucault y Quieto, hallaremos en sus páginas los asuntos que uno encuentra a lo largo de toda una vida.
Confianza, Traición, Clase, Hipocresía, Amor, Odio, Codicia, Enfermedad, Salud. Solo faltan Guerra y Paz
Resumiendo. En Extraños en la casa encontramos la confirmación del talento de una autora con una mirada muy particular, mezcla de acidez, ternura y distancia, de los hechos de la vida cotidiana. Una autora muy a tener en cuenta. 

lunes, 7 de noviembre de 2022

Joshua Cohen Los Netanyahus

Idioma original: inglés

Título original: The Netanyahus

Año de publicación: 2021

Traducción: Javier Calvo

Valoración: está bastante bien


-¿Los Netanyahus? No sé quienes son esos, pero me suenan de algo...

-Normal, porque se trata de un apellido más que conocido: el del político (ultra)conservador israelí Benjamin "Bibi" Netanyahu, que ha sido en varias ocasiones primer Ministro.

_¿Ah, sí? Pues ni idea... yo es que no veo las noticias...

-Ya me imagino. Pues bien, los "Netanyahus" del título se refiere, en efecto, a  su familia y a él mismo, en este caso cuando era aún un niño y su padre Benzion trataba de ser contratado como profesor de Historia en EEUU.

-Humm, qué interesante... (disimula un bostezo).

-Puede parecer un tema no muy divertido, pero, sin embargo, esta novela sí lo es y mucho. Porque, para empezar, el argumento está basado en una anécdota que contaba Harold Bloom, el autor del controvertido canon literario (al menos en este blog): en cierta ocasión, dadas ciertas complicadas circunstancias, tuvo que hacer de anfitrión de la familia Netanyahu, que había acudido junto al pater familias a que éste impartiera una clase como profesor invitado en la universidad de Bloom... y digamos que la cosa no acabó tan bien como cabía esperar. La historia, al serle referida a Joshua Cohen, le sirvió a este para pergeñar esta novela, protagonizada aquí -y narrada- por el profesor Ruben Blum, historiador económico del Bronx neoyorquino que se ha trasladado con su familia a la pequeña universidad de Corbin, en el norte... no, perdón, en el oeste del estado. Allí es donde, en 1960, también pretende ser contratado el doctor Netanyahu, historiador especializado en la Inquisición ibérica y, puesto que por aquel entonces Blum es el único profesor judío del campus, se le pide que forme parte del comité de contratación y, además, sea el anfitrión del israelí. Lo que se vuelve una gran complicación cuando éste aparece en medio de una gran nevada, junto a su enérgica esposas Tzila y sus tres asalvajados hijos varones (Benjamin es, paradójicamente el del medio).

Como ya he dicho, la novela resulta muy divertida porque el tono empleado por Cohen es, en todo momento -o casi- humorístico. En realidad, más de la mitad del libro se centra en las cuitas del profesor Blum: laborales -pues aún no ha sido hecho profesor titular de la universidad y debe andarse con pies de plomo-; familiares -tanto en lo que se refiere a su tozuda hija adolescente como a la injerencia de sus padres y suegros, judíos neoyorquinos todos, pero de diferentes orígenes y clase social-; pero también "existenciales", por así decirlo. Blum es un tipo modesto e inseguro, quizá incluso un tanto pusilánime y se ve obligado a afrontar con⁹ sus limitados recursos tanto los prejuicios a su condición de judío como su escasa consideración como historiador. Algo que contrasta sobremanera con la arrogancia autoconfianza del doctor Netanyahu, sionista militante e "innovador" en sus estudios históricos -por limitada que fuera su formación-, estudios que él además pone al servicio de la causa sionista y de su concepción de lo que debe ser Israel. Algo que queda más que evidente en la segunda mitad del libro, cuando aparece la familia Netanyahu -aunque anteriormente ya hemos conocido bastante la figura del padre a través de un par de cartas hablando de él que le son enviadas a Blum-; a partir de este momento, la sonrisa que la ironía de Cohen había plasmado en el rostro del lector (de este lector, al menos) deja paso, en más de una ocasión, a la franca risa, cuando comprobamos que el desastre puede acechar en cualquier recodo del camino -más aún si se encuentra cubierto de nieve-... o, como bien expresa cierto dicho, "el diablo está en los detalles".

En resumen, una novela de campus bastante divertida, aunque tal vez podría ser más vitriólica, en la que se da un cierto repaso, entre otras cosas, a las formas que adopta o ha adoptado la "juidicidad" (no sé si existe el palabro), esa circunstancia cultural/religiosa que, no lo olvidemos, ha nutrido la literatura de tantos y tan buenos escritores. De forma más sutil, también quizás más profunda, es una novela sobre cómo ocupamos nuestro lugar en el mundo y, sobre todo, cómo fingimos que merecemos ocupar ese sitio o el que aspiramos a ocupar. Y, sobre todo, sospecho que será un libro que le dificulte a Joshua Cohen la posibilidad de visitar Israel en un futuro, ahora que Bibi ha vuelto a ganar las elecciones. En cualquier caso, yo no me arriesgaría...

miércoles, 8 de junio de 2022

Dorothy Gallagher: De cómo recibí mi herencia


Idioma original:
Inglés
Título original: How I came into my inheritance
Traducción: Regina López Muñoz
Año de publicación: 2001
Valoración: Esta muy bien

"De cómo recibí mi herencia" es un conjunto de 14 textos en los que Dorothy Gallagher hace un recorrido por la historia familiar y personal, pero siempre (o casi siempre) engarzada en la Historia con mayúsculas: desde un pueblecito de la actual Ucrania hasta el Lower East Side o el Bronx, desde comienzos del siglo XX hasta los años 80-90 pasando por la gran hambruna de 1932, desde lo particular a lo general y viceversa.

Hay una frase en la página 12 del libro que creo que resume bastante bien el tratamiento que Gallagher da a los diferentes textos:  
No fue fácil detectar el momento en que mi padre empezó a perder la chaveta, porque siempre había sido un hijoputa más terco que una mula, como él mismo decía de cualquiera que tuviese una opinión ligeramente distinta a la suya.

Ahí se concentran las que para mi son las dos claves fundamentales: el tono y la distancia. Ambas son manejadas a la perfección por la autora y con ello consigue que este texto autobiográfico se aleje del puro ejercicio masturbatorio sin especial interés para el lector.

Así, el humor ácido y mordaz y la desmitificación de la historia familiar son las bases sobre las que se construyen unos textos en los que se entrelazan vida y muerte, en los que se mezclan historias iniciáticas con historias de madurez, en los que se (con)funden diferentes generaciones, en los que conviven historias perfectamente identificables para un lector "actual" con otras de una lejanía temporal y espacial inimaginable.

Cuentan por ahí otras reseñas que una de las referencia más próximas a Gallagher puede ser Vivian Gornick. Sí, puede ser, pero Gallagher tiene un puntito "cabrón" y divertido que Gornick no tiene. De hecho, me parece mejor libro "De cómo recibí mi herencia" que "Apegos feroces". 

E igual es cosa mía pero ciertos textos de Gallagher me han recordado más a esas películas de Woody Allen (Días de radio) en las que rememora su infancia / adolescencia y en los que una galería de familiares "estrafalarios" muestran a la perfección la distancia sociocultural entre su país de adopción y su país de origen y el salto generacional de padres a hijos.

No importa. Esto de las referencias es más para "ubicar al libro y a la autora" que para otra cosa. Quedémonos con que "De cómo recibí mi herencia" es, por sí solo y sin entrar en comparaciones, un muy buen libro. Una magnífica recuperación.

domingo, 24 de abril de 2022

Rutu Modan: Túneles

Idioma original: hebreo

Título original: Tunnels

Año de publicación: 2021

Traducción: Ayelez Nirpaz

Valoración: recomendable

Siento estropearle un mito de la infancia a alguien, quizás, pero he de deciros que Indiana Jones no encontró  el Arca de la Alianza... Porque a Indy no se le pueden poner pegas como aporreador de nazis, pero como arqueólogo dejaba bastante que desear; para empezar, no había leído el Antiguo Testamento, porque de lo contrario habría sabido que tan famoso artefacto, de existir aún, no podría estar en Egipto, pues los judíos lo construyeron como receptáculo de las Tablas de la Ley cuando huyeron de aquel país, en su éxodo hacia su Tierra Prometida. Por tanto, lo lógico es que se encontrara oculta en algún lugar del actual Israel o Palestina, dado que desapareció cuando el Templo de Salomón fue destruido por los babilonios  en el... bueno, hace la tira de años. Desde entonces se desconoce el paradero (incluso la propia supervivencia) del Arca, cuyo posible hallazgo, según los flipados "idealistas judíos, anunciaría, por si fuera poco la llegada, al fin, del Mesías, y la primacía del pueblo elegido ( o sea, ellos) sobre el resto de la Humanidad... En fin, ese tipo de cosas...

Para la protagonista de este cómic, Nili Broshy, supone, sin embargo, la posibilidad de recobrar y continuar una etapa feliz de su infancia, la que pasó con su padre, un reputado y muy intuitivo arqueólogo, excavando un túnel junto a un pueblo palestino, en busca del Arca perdi... esto, del Arca. Pero ahora su padre padece demencia senil y su hermano, también arqueólogo, pero que pretende hacer carrera en la Universidad, no está para nada dispuesto a seguirle el juego, así que Nili, siempre junto a su hijo Doctor, acaba reclutando un grupo variopinto de colaboradores, con el objeto de encontrar y proseguir el túnel que había comenzado su padre... aunque se van a encontrar con mayores dificultades que él.


En esta aventura se acabará -acabaremos- encontrando junto a arqueólogos de variado pelaje, coleccionistas de antigüedades, militares israelíes, contrabandistas palestinos e incluso miembros, o aspirantes a serlo, del ISIS... y una vaca, que se me olvidaba. Con tal mezcolanza, que remite claramente a la variedad de gentes existente hoy en día en las sociedades israelí y palestina, es inevitable considerara los túneles de los que habla el título como una metáfora del devenir de ambas comunidades, que parecen avanzar a ciegas, ajenas la una de la otra (no me refiero a los momentos de conflicto abierto, claro), pero digamos que de forma subterránea y también inevitable, no dejan de entre cruzarse y entrar en relación,  como no puede ser de otra manera  cuando se trata de seres humanos  que habitan el mismo rincón del mundo. Ahora bien, si hacemos caso a lo que explica la propia Modan en el epílogo del libro,  tampoco sería éste el principal simbolismo de la historia; lo es, en cambio, el Arca de la Alianza en sí o incluso su búsqueda y no por el mismo concepto de "alianza", en el que reside su fuerza y el de cualquier sociedad humana: la alianza entre gentes con ideas, costumbres y hasta intereses diferentes, pero con un objetivo común.

Pero que nadie se asuste por el posible simbolismo o transcendencia de la trama; ante todo, nos encontramos ante un cómic o novela gráfica muy divertido, que rebosa de ese humor costumbrista y amable que tan bien se le da a esta autora, y dibujado con una gran atención al detalle, en un estilo que podríamos considerar como una evolución de la "línea clara": sigue siendo limpio y colorido, pero algo menos que el de La propiedad, que resultaba más "hergeguiano", por decirlo así... Aquí el trazo está más suelto, más desinhibido, y los personajes muestran más expresividad,  pero sin que por ello el resultado pierda encanto y se les con menos agrado. De hecho, se trata de un libro delicioso, que no puedo por menos que recomendar.

Otros títulos de Rutu Modan reseñados en Un Libro Al Día: Jamilti y otras historias, La propiedad

viernes, 21 de mayo de 2021

Eduardo Halfon: Canción

Idioma: español

Año de publicación: 2021

Valoración: recomendable

En este blog nos gusta mucho Eduardo Halfon o, por lo menos, nos gusta a varios de nosotros: la prueba está en la buena cantidad de reseñas, todas favorables, que hemos hecho sobre sus libros... Y las que aún nos quedan, porque este escritor atesora ya un buen número de títulos publicados, aunque bien es cierto que, en genral, se trata de libros bastante breves y que guardan no poca relación entre sí, de tal manera que casi se diría que se trata de diversos capítulos de un único libro que Halfon va escribiendo por entregas, a su ritmo.

Así pues, esta Canción comparte elementos con otros libros del mismo autor, aunque haya variado un tanto la partitura, si se me permite el tropo facilón -y algo tramposo, pues el título no tiene nada que ver con canción o música alguna, aviso-; encontramos también al propio Halfon como personaje-narrador y, como en otros de sus novelas o relatos, se encuentra de viaje en un país cuyo idioma desconoce y donde debe elaborar una identidad ad hoc, de acuerdo con las expectativas ajenas: en este caso -y es lo más jocoso del libro- invitado a un congreso en Tokio sobre literatura libanesa, él, un guatemalteco que nunca ha estado en el Líbano y cuyo vínculo con ese otro país se debe tan sólo (o nada menos), a que es el lugar de origen de su abuelo paterno.

El segundo punto en común es fácil de adivinar: este libro también trata, en gran medida, sobre la historia familiar de Halfon, en este caso de su abuelo paterno, que se llamaba como él -es decir, él como su abuelo-, un judío emigrado a Guatemala desde Beirut, previo paso por París y que en el país centro americano prosperó  hasta el punto de ser secuestrado, en el año 1967, por la guerrrilla insurgente, para cobrar un rescate. Enlazando con este asunto, Halfon le sigue la pista, muchos años después,  a algunos de los secuestradores de su abuelo, en especial a uno de ellos, y nos cuenta su devenir, aasí como nos instruye en ciertos momentos dolosos de la Historia reciente de Guatemala (que supongo poco conocidos para quienes no seamos guatemaltecos). De forma más amplia, aprovecha para presentarnos toda una serie de personajes más o menos curiosos que van poblando los distintos vericuetos por los que transcurre la novela y que, aunque sea por unos pocos párrafos, consigue que conciten todo nuestro interés, como si fueran los principales protagonistas; algo muy característico, también de la obra de Halfon, me parece.

Todos estos elementos, Guatemala, Japón, Líbano, su familia, los secuestradores, etc. los va combinando el escritor avanzando y retrocediendo en el tiempo, dando saltos de un país a otro y de una línea narrativa a la siguiente, pero sin que el resultado que de caótico, sino dotado de cierta agilidad y ligereza. Eso sí, algunas de esas narraciones quedan un tanto deshilachadas y quizá le falte un poco más de consistencia al conjunto. Una carencia que, de todos modos, queda compensada por la extraordinaria capacidad de Halfon -de la que, sospecho, es muy consciente- de captar y mantener la atención del lector a las pocas líneas de haberse puesto con cualquiera de sus libros. Con un estilo, además, sencillo y natural, en absoluto recargado -lo que no significa que no utilice los recursos narrativos que le interesan en cada momento-; algo, me temo, al alcance de muy pocos, los tocados por la Gracia literaria.... Entre quienes no está en útimo lugar, desde luego, Eduardo Halfon (nieto).


Varios libros de Eduardo Halfon reseñados en este blog: aquí

sábado, 23 de enero de 2021

Etgar Keret: Tuberías

Idioma original: hebreo
Título original: Tzinorot
Año de publicación: 1992
Traducción: Roser Lluch i Oms
Valoración: entre recomendable y está bien

Tuberías es o fue el primer libro de relatos publicado por el escritor, guionista y director de cine israelí Etgar Keret, allá por el fúlgido año de 1992. Escritor, guionista, etc. confieso que desconocido para mí hasta ahora, aunque sí que parece ser un personaje relevante del mundo de la cultura en su país. Los relatos, sin que puedan calificarse de "micro-" son en su mayoría cortitos: en este volumen encontramos más de cincuenta, de ehcho. Como característica común, casi todos tienen un aire o un trasfondo costumbrista (en general, también un toque "surrealista"... siempre entrecomillado, eso sí); en muchos casos se trata de historias de amor y desamor, relaciones familiares, situaciones que se dan entre los alumnos de un colegio o instituto, o en ambientes de cualquier barrio popular... es decir, situaciones que podrían transcurrir, cambiando ligeramente el contexto, casi en cualquier lugar del mundo.

Ahora bien, también hay bastantes de estos relatos que tienen como protagonistas a soldados, a veces en labores de patrulla o incluso en situación de combate abierto, otras, realizando la instrucción... Estos relatos digamos que bélicos, también se pueden calificar como "costumbristas", en realidad, pues no hará falta recordar la peculiar situación del estado de Israel y la aún más peculiar de los territorios palestinos ocupados por el estado de Israel -en 1992 aún daba coletazos la primera Intifada, a la espera de la segunda-; recordemos también que las y los jóvenes israelíes están obligados a servir en su ejército durante al menos dos años... excepto los llamados "ultraortodoxos", facción o grupo religiosos hacia el que Keret lanza más de uno de los dardos de su ironía.

Porque ésa es otra de las características -incluso más definitoria- de estos cuentos. la casi permanente presencia del humor, la ironía, el sarcasmo o lo que se tercie... Excepto en tres o cuatro de ellos -alguno de los mejores, como Terminal, sobre la relación entre dos enfermos con tumor cerebral-, este humor lo podemos encontrar, en mayor o menor medida, en todos, con alguna de sus variantes... Por mencionar sólo algunos de los mejores cuentos, tenemos desde la amable y sentimental ironía, aunque no poco absurda, de Pegamento loco o Tuberías -sobre un tipo que construye una tubería y llega al Paraíso-, a su revés sarcástico en Anette y yo follamos en el Infierno, que trata justamente de eso, un pareja que fornica en el Infierno como parte de su castigo eterno... Del costumbrista pero surreal humor (un poco "a lo Cortázar", para entendernos, de Sólo por 19'99 shekels (IVA y gastos de envío incluidos) al no menos divertido pero más exótico (para un israelí, se entiende) de Relato traducido: "El vampiro o el señor McTaggarth", uno de los pocos que no está ambientado en Israel o aledaños, sino en el Tennessee redneck... También encontramos el socorrido y socarrón humor de las historias de cuernos en el matrimonio, como en Búmeran y La plaga de los primogénitos (spoiler: no todos los  que se suponía eran primogénitos). El tema religioso lo encontramos de nuevo en Dios el enano...Y, por supuesto, los que tiene como protagonista a soldados, como los tres cuentos de humor absurdo de Koji y el  protagonizado por un nieto con una exigente abuela, que conocemos en Nísperos, uno de los mejores relatos, para mi gusto.

Entre los cuentos que no tienen esa vena humorística predominan, como es lógico, aquellos que hacen alusión a la situación político-bélica de la región o a la pérdida de seres queridos por culpa de la misma: Julia, Como murciélagos, Arcadi Hilweh coge el autobús 5, Un árabe bigotudo, No son personas...  Aunque también otros que tocan temas como el bullying -Shlomo homo cara de mono- o tienen un carácter más "metafísico", por decirlo así: El problema con la hybrys, Gulliver en islandés...

En suma, un libro de relatos bastante recomendable para hacer se una idea de lo que es y ha sido la vida en el reciente y conflictivo Israel (ya que estamos, recomiendo también el cómic Jamilti y otras historias, de Rutu Modan, que yo diría que tiene bastante en común con los cuentos de Keret). bastante más parecida a lo que ocurre en nuestros lares (y supongo que en cualquier otro) de lo que pensamos, por cierto...

viernes, 27 de noviembre de 2020

Aharon Appelfeld: Badenheim 1939

Idioma original: hebreo

Título original: Badenheim 1939

Año de publicación: 1978

Valoración: Recomendable

 

 

Conocer las circunstancias que marcaron la niñez de este escritor (1932-2018) solo puede despertar curiosidad por conocer su obra. Para situarle en su contexto, diré que padeció la represión nazi como la mayoría de judíos europeos de su época. Pero su caso es diferente: aunque el lento desarrollo de los acontecimientos, su gusto por las descripciones y por la narración indirecta (lo que cuenta parece irrelevante pues lo que importa de verdad es todo lo que calla) nos recuerden a otros colegas suyos como Zweig y Joseph Roth, en realidad pertenece a la generación siguiente, la del otro Roth, el estadounidense con quien llegó a trabar amistad y cuya entrevista de 1988 encabeza la edición que he leído.

El niño Aharon, de familia acomodada, se vio con solo ocho años  despojado de todo. Tras el asesinato de su madre, escapó del campo de concentración y tuvo que sobrevivir gracias (o a pesar de) la voluntad de los adultos que iba conociendo. Finalmente, pudo llegar a Israel y reencontrarse con su padre. Es allí donde aprendió hebreo, cursó estudios universitarios y desarrolló en ese idioma una extensa carrera literaria.

Appelfeld no suele interesarse explícitamente por la maldad o la desgracia, más bien retrata el negativo de estas realidades y es el lector quien debe completar el resto. La infancia, la bondad, la ingenuidad, el hábito de evadirse, en definitiva, la vida confortable, al margen de una realidad más o menos dramática, suelen constituir el marco en el que sitúa sus argumentos. Hay mucho que escarbar bajo esa superficie brillante y distinguida, detrás de la monótona (pero opulenta) cotidianeidad que aparece en Badenheim 1939. Porque, no nos engañemos, la fecha del título ya nos da una pista, nada está puesto ahí al azar, todo tiene su razón de ser y el lugar exacto donde encaja perfectamente.

A cargo del Roth más contemporáneo, y como antesala a una concienzuda entrevista, se ofrece el relato a grandes rasgos de su vida, los caracteres de su escritura, la impronta kafkiana de esta etc. El mismo entrevistador parece impactado –como lo estaremos nosotros más adelante– por la serenidad del relato, una impasibilidad aparente que, como decía antes, apenas muestra más que la cara amable de personas, lugares y hechos, y que el propio Roht describe así: “Tan única como el tema es la voz que se origina en una conciencia herida, concertada en algún punto con la amnesia y con la memoria, que sitúa el relato a mitad de camino entre la parábola y la historia.” Y hace notar al entrevistado que los datos para comprender la situación no están en la mente de los personajes, ni siquiera el escritor los suministra con el detalle necesario, ha de ser el lector mediante sus conocimientos históricos quienes desvelen el trasfondo de lo que ocurre. Y es que Appelfeld, perplejo después de tantos años por la facilidad con que se produjeron hechos tan terribles, por esa tolerancia rayana en la complicidad con que las víctimas se dirigían alegremente a su destino, opta por resaltar esa actitud. Recordemos que él aún no tenía edad para entender lo que estaba ocurriendo, menos aún para tomar decisiones, de ahí esa postura radicalmente distinta a la de autores de más edad.

Tras esta ilustrativa preparación nos enfrentamos, por fin, a la novela. Ya no puede sorprendernos ese pueblo de veraneantes, tan pacífico y soñoliento, tan consciente de su condición privilegiada, donde la mayor preocupación consiste en saborear la excelente repostería local, descansar plácidamente, disfrutar de los conciertos programados y estar al tanto de los últimos chismorreos para no aburrirse más de la cuenta. El novelista describe minuciosamente la belleza del paisaje a medida que se suceden las estaciones del año. Los personajes viven en la indolencia la mayor parte del tiempo, si no fuera por los datos suministrados en el prólogo, la irrupción en escena de un Departamento de Sanidad, que se infiltra en zonas privadas y públicas, solicita información y obliga a los residentes a inscribirse, la nueva situación nos habría pasado desapercibida. A partir de ahí, las condiciones se van volviendo más penosas, pero muy poco a poco y sin que los personajes le den  excesiva importancia, solo el lector se alarma con la metáfora de los peces. Las comunicaciones parece estar cortadas, pero lo atribuyen a algún problema subsanable, hay rumores de un traslado a Polonia que todos reciben de buen grado, piensan que, si la vida en Badenheim empieza a complicarse, nada mejor que trasladarse a un lugar donde, presumiblemente, se les recibirá con los brazos abiertos. Encontramos aquí la candidez que Appelfeld mencionaba en la entrevista.

Es cierto que la atmósfera de esta novela corta resulta algo irreal, que el relato mantiene un aparente estatismo ya que lo relevante permanece semioculto, pero bajo su aspecto de irrealidad la novela está hablando de nosotros, de los humanos de hoy, de ayer y de siempre. ¿O acaso piensan que hoy mismo no seríamos capaces de una frivolidad escalofriante en momentos de verdadero peligro para la especie humana, que solo los que –según cuenta el novelista– habitaban Badenheim en esa época vivían procurando no leer la prensa y preocupándose únicamente por que el agua alcanzase la temperatura adecuada, los pasteles se sirviesen a su hora o en vigilar el estado de ánimo de los músicos cuando estaba a punto de producirse un Holocausto? Imposible que eso suceda en nuestra época, ¿no es verdad? Y, volviendo a los personajes, ¿caerán en la cuenta alguna vez de la amenaza que se cierne sobre ellos? Eso me lo reservo. Lean.

miércoles, 24 de enero de 2018

Joseph Roth: La Cripta de los Capuchinos

Idioma original: Alemán
Título original: Die Kapuzinergruft
Traducción: Jesús Pardo
Año de publicación: 1938
Valoración: Muy recomendable

El primer capítulo de esta novela nos da una idea perfecta de lo que nos encontraremos en ella: la historia de un mundo desparecido (el imperio austro-húngaro) y del extrañamiento de su protagonista. 
“No soy un hijo de mi tiempo, es verdad, incluso diría que me resulta difícil no erigirme en su enemigo, y no es que no lo entienda, como he afirmado a menudo, esto es una excusa piadosa. Por pura comodidad no quiero volverme hostil o agresivo, y por lo tanto digo que no lo entiendo, cuando debería decir que lo odio o que lo desprecio”
Como se puede comprobar, “La Cripta de los Capuchinos” es heredera directa, en cuanto a temática, de “La marcha Radetzky”, probablemente la mejor obra de Roth. De hecho, su protagonista, Francisco Fernando Trotta, es nieto de un hermano del héroe de Solferino, aquel que salvó la vida del emperador, etc. 

Narrada desde la distancia que da el tiempo, la novela abarca un período de 25 años (1913-1938), desde los decadentes ambientes aristocráticos de la Viena previa a la Primera Guerra Mundial hasta la anexión de Austria por Alemania (el célebre Anschluss), y es, como ya he dicho, la historia del final de una era y de los sucesivos extrañamientos de una generación y de una clase social.

La Guerra, que implica la pérdida de nombre, posición, rango, dinero, casa, valores, pasado, presente y futuro, marca el devenir de los acontecimientos. Pone, además, de manifiesto la contraposición entre lo viejo y lo nuevo, constante a lo largo de todo el libro, y supone una especie de epifanía para Trotta. 

Buena muestra del contraste entre lo viejo y lo nuevo y el deslumbramiento que causa en Trotta es su relación con Joseph Branco Trotta y Manes Reisiger, representantes del viejo mundo multiétnico del imperio, con sus viejos oficios y sus tradicionales costumbres, frente a la más cosmopolita y moderna Viena de Francisco Fernando. Con ellos vivirá la Guerra y el destierro y con ellos se reencontrará al final del libro.

Este contraste “viejo – nuevo” y el extrañamiento del protagonista se acentúa en la Viena de posguerra, época de adaptación y asimilación de nuevas ideas (algunas de ellas vilipendiadas con anterioridad). Los nobles ahora son apenas burgueses y son seres desubicados en un mundo nuevo, el de los negocios, en el que fracasan una y otra vez. La posguerra es momento de reencuentros, como el que tiene lugar con su madre, que sigue viviendo como si su mundo no se hubiera deshecho, o con su esposa Isabel, una mujer absolutamente cambiada respecto a la que dejó al comienzo de la Guerra. Reencuentros y desencuentros en un mundo que cambia a velocidad de vértigo..

Las principales virtudes del libro, como ya ocurre en otras obras de Roth, son la evolución psicológica de los personajes y el retrato de los diferentes ambientes. Trotta dista absolutamente de ser un personaje plano; es imposible que en 1938 sea el mismo que en 1913 debido a las sucesivas experiencias a las que se enfrenta (Guerra, destierro, matrimonio, paternidad, fracasos, etc) y Roth maneja esta evolución del personaje de forma magistral. Por otra parte, la sensación de melancolía y pesimismo que transmite el libro acompañan perfectamente el tono del relato.

Por ponerle un pero, me quedo con las ganas de saber algo más del período pre-Anschluss. Me parece percibir una cierta precipitación (lo sé, ¿quién soy yo para pretender criticar a Joseph Roth) a la hora de resolver ese período previo al final del libro.

En cualquier caso, un muy buen libro de uno de esos autores imprescindibles para entender la Europa de comienzos del siglo XX.

Más novelas de Joseph Roth en UnLibroAlDía: La leyenda del santo bebedorHotel SavoyLa rebeliónFuga sin finLa marcha Radetzky

miércoles, 9 de agosto de 2017

Ida Fink: Huellas

Idioma original: polaco
Título original: Slady
Año de publicación: 1996
Traducción: Elzbieta Bortkiewicz
Valoración: recomendable

Resulta algo complicado, incluso incómodo, realizar la reseña de este libro de relatos. La razón es que éstos, en el mejor de los casos, producen una gran tristeza y desazón, cuando no resultan estremecedores y hasta espeluznantes. Todos ellos se refieren a la Shoah, el Holocausto que sufrieron los judíos (y no sólo ellos, ya sabemos) durante la II Guerra Mundial; ahora bien, aunque éste es el tema central, el único del libro, no resulta explícito en todos los relatos (imposible denominarlos "cuentos").

De hecho, son pocos los  que narran directamente las atrocidades cometidas por los nazis, como ocurre en La resurrección del panadero o en La mesa (narración hecha a través de la investigación posterior sobre la matanza llevada a cabo en un pueblo del este de Polonia o de Ucrania). la mayoría de los relatos, sin embargo, transcurren en las épocas anteriores o posteriores de los crímenes en sí o a ese desasosegante tiempo de espera, cuando aún las víctimas no estaban al tanto (o trataban de obviarlo) de cual sería su destino: Alina y su derrota, Zygmunt o Una tarde en el campo; incluso cuando, sabiendo lo que les esperaba, había muchos que se ocultaban, buscando escapar de sus verdugos: El umbral y La descripción de un amanecer.

Ahora bien, casi todos los relatos se refieren a la época posterior a la tragedia y de ahí el título genérico de Huellas  que tiene el libro, pues son los supervivientes los que buscan las huellas de lo sucedido, de sus seres queridos desaparecidos o recuerdan los tiempos felices en que aún no se había desencadenado la barbarie. Es el caso de Ya hemos ido a la ópera, La dirección, La huella o En la infancia, al anochecer. otro grupo de relatos, titulados de forma genérica Apuntes para una biografía, relatan las vidas y el final de una serie de mujeres: Eugenia, Julia, Sabina... Por último, hay un par de relatos que nos explican cómo, por una parte, el hecho de ser víctimas no excluye el envilecimiento de éstas -o que ellas se sientan envilecidas-, como ocurre en La mano; en el segundo caso, son los verdugos los que envilecen no sólo a sus persona sino a todo lo que les rodea, por bueno que pueda ser (Ascenso).

Lo que tienen todos los relatos en común es el miedo: en todos ellos se respira, se mastica, se exuda miedo, por más que en alguno esté escondido, agazapado aún... Miedo por lo que va a pasar, por lo que está pasando o por lo que se recuerda que pasó. Y, sin embargo -y quizás por ello resulta tan eficaz-, el tono de la narración es tranquilo, casi monocorde, sin que ni siquiera se ponga un especial énfasis cuando se nos cuentan las escenas más violentas. en cambio, abundan las descripciones de paisajes, de lugares, atmosféricas; se incide en los detalles domésticos cotidianos, lo que provoca un contraste perturbador con la brutalidad que sabemos se encuentra al fondo pero que en cualquier momento puede pasar al primer plano.

Una serie de relatos, ya digo, perturbadores, tremendos, más aún cuando no hacen un especial énfasis en el horror. No hace falta: éste se encuentra siempre presente, en cada uno de ellos.


martes, 31 de enero de 2017

Semana de la Revolución Rusa #2: Caballería Roja de Isaak Bábel

Idioma original: ruso
Título original: Konarmia
Año de publicación: 1926
Traducción: Ricardo San Vicente
Valoración: bastante más que recomendable


Isaak Emanuilovich Bábel fue un niño judío de Odessa, hijo de un comerciante, y un superviviente del pogromo de 1905. Su adolescencia fue la de un estudiante de francés en el Liceo y del Talmud en su casa; se convirtió en un joven francófilo y aspirante a escritor en Petrogrado, discípulo y protegido de Gorki. Fue también un soldado del Zar durante la Gran guerra y un soldado -y periodista- del Ejército Rojo durante la guerra civil revolucionaria; se convirtió, al fin, en un escritor de gran fama. Acabó siendo un represaliado por el régimen de Stalin, y por orden de éste (tras la muerte de Gorki y la caída del jefe de la NKVD Yazhov, marido de su amante); detenido por Beria, torturado y ejecutado en 1940. Sus obras fueron prohibidas y su nombre borrado de los registros literarios soviéticos, hasta su rehabilitación en 1954. Fue sobre todo, y a nadie le puede caber duda tras leerlo, un gran escritor.

Los relatos recopilados en Caballería Roja fueron publicados, en principio, por varias revistas y periódicos revolucionarios entre 1923 y 1926, aunque la mayoría fueron escritos en 1920, durante la campaña del Ejército Rojo contra Polonia (la llamada "Guerra Bolchevique", por los polacos), en las regiones fronterizas de Volinia y Galitzia. Ya digo que Bábel participó en ella sirviendo en el Primer Ejército de Caballería o Konarmia, y también como cronista de guerra, así que vivió de primera mano la realidad que luego quedó palsmada en sus escritos. Y la realida que nos cuenta Bábel dista mucho de las visiones heroicas o idealizadas de la guerra -algo que le fue reprochado desde el poder soviético y le valió a animadversión del mariscal Budionni, que comandaba ese Primer Ejército de Caballería-; lo que aquí se nos cuenta parece más bien un trasiego de efectivos militares sin sentido ni objetivo, un movimiento más propio de pollos sin cabeza que de un ejército organizado, más ocupado en resisitir lasa agotadoras marchas, acampar en sórdidas aldeas y asesinar a curas y judíos que en combatir al enemigo. Incluso cuando esto al fin sucede, da la impresión de que los actos de valor y sacrificio tienen su origen más en la demencia que en el heroísmo.

Aún así, uno siente, no tanto como cariño, pero sí cierta comprensión y aprecio por los personajes que retrata Bábel, peones arrojados sobre un tablero donde, por un momento, parecía haberse cristalizado la Historia: cosacos bolcheviques que aprecian más a sus monturas que a sus propias vidas -no digamos ya a los prisioneros o incluso a sus propios compañeros-, alambicados judíos hasídicos, correosos mujiks, pintores de iconos heretizantes; combatientes revolucionarios que arrastran tras de sí la barbarie de los viejos tiempos, junto a la deshumanización de los nuevos... toda una legión de individuos que parecen más zarandeados que protagonistas de la época que les había tocado en suerte, más desconcertados que pletóricos de fervor por la Revolución, a pesar de ser capaces de matar en nombre de el proletariado. Aunque a su aire, eso sí, porque una de las cosas que traía de cabeza al "despiadado" Liútov -nombre utilizado por Bábel durante su estancia en la caballería-, además del poco aprecio que sentían los cosacos por un cuatro ojos como él, era ver cómo sus compañeros se pasaban por el forro los procedimientos establecidos por los comités revolucionarios de turno... las diferencias entre la teoría y la práctica, supongo.

Tal vez exagero: pese a la tensión que se percibe bajo la superficie de la prosa de Bábel, ésta, acerada y elegante hasta casi lo insoportable (perdón por la hipérbole) trasluce, al fin y al cabo, una cierta resignación ante lo inevitable, una digna calma que debe ser lo que queda cuando todo parecer estar abocado al despropósito y hasta al absurdo. Lo que nos queda a nosotros tras leer este libro de relatos -aunque no relatos al uso, la mayoría de ellos, de manera que incluso se podría considerar, sin errar demasiado, como una novela- es la sensación de que la guerra, cualquier guerra, aún la más idealista (y aunque parezca una perogrullada), no deja de conllevar una enorme tristeza.


viernes, 22 de julio de 2016

Michael Chabon: El sindicato de policía yiddish

Idioma: inglés (y yiddish, claro)
Título original: The Yiddish Policemen's Union
Año de publicación: 2007
Traducción: Javier Calvo Perales
Valoración: Muy recomendable

Marchando una de ucronía, a cargo esta vez del otrora "joven prodigioso" Michael Chabon  (sé que la ocurrencia es mala de narices, pero no he podido evitarlo... pido disculpas). Situación preliminar: en 1948 al incipiente Estado de Israel le han dado para el pelo sus vecinos, y los Estados Unidos se ven impelidos a acoger a los sionistas fugitivos, así como a los supervivientes del exterminio ocasionado por los nazis en Europa; un montón de gente sin recursos, en todo caso. La solución es crear para ellos, de forma provisional, un distrito bajo jurisdicción federal en la remota Alaska, en concreto alrededor de la localidad de Sitka (en la realidad un pintoresco puerto pesquero, como puede verse en algunas películas de Hollywood), ciudad que, sesenta años más tarde, cuenta con varios millones de habitantes, mayoritariamente judíos.  Es el momento, además, en el que se va a cumplir la llamada revocación del especial estatuto de Sitka, que volverá a pertenecer al Estado de Alaska y muchos -o casi todos, no se sabe con certeza...- de sus habitantes volverán de nuevo a la diáspora sin fin que padece el autoproclamado Pueblo Elegido (elegido para congelarse, según los judíos norteamericanos).

A todo esto, en un hotel de medio pelo de la ciudad, el Zamenhof, aparece asesinado uno de los clientes, un tal Lasker, hombre de apariencia tranquila, posible heroinómano y aficionado al ajedrez. Como resulta que otro de los residentes en el hotel es el detective de homicidios Meyer Landsman -un poli en horas bajísimas, cómo no-, éste se siente obligado a hacerse cargo de la investigación, pese a que tal vez no le queden más de dos meses como policía, hasta la inexorable Revocación. A partir de aquí se desarrolla la correspondiente trama policíaca, con sus previsibles elementos que ya hemos visto y leído en cientos de novelas, películas y series de televisión: ese poli brillante pero autodestructivo (no hace falta mucho para imaginar a Landsman con la jeta de Bruce Willis, por ejemplo); su relación casi matrimonial o en todo caso familiar con su compañero Berko; su relación aún más matrimonial -o todo  lo contrario- con su superior jerárquico, pues resulta ser su ex-mujer Bina; el habitual submundo de informantes más o menos pintorescos, colegas de profesión no menos pecualiares y poderosos gángsters que tal vez no sean sino los factótums de fuerzas aún más poderosas... En fin, ya digo que es una novela que sigue un camino bien  trillado, a pesar de haber sido bien condimentada con exóticos aderezos (al menos, exóticos para mí, que ni soy judío ni de Alaska): problemas de ajedrez y geoestratégicos, relaciones con los indios tlinglit, sectas hasídicas como los verbovers, cuya supuesta superioridad moral les legitima para delinquir sin reparos en el mundo exterior a ellos (vamos, como si fuera algún partido político español...); presuntos mesías y vacas sagradas... El carácter ucrónico de la historia parece servirle a Chabon, sobre todo, para recordarnos que las cosas son de una manera, pero que muy bien podrían haber sido de otra... o viceversa.

En conclusión, una novela policíaca más, ¿no? Pues sí... pero no. O no, pero sí, como se prefiera... Porque, desde luego, se pueden escribir y de hecho se escriben constantemente una infinidad de novelas policíacas, negras, noirs o como se quiera llamarlas. De mil, diez mil o cien mil maneras dispares; con mil situaciones diferentes, diez mil víctimas o cien mil detectives distintos. En ambientes ucrónicos, históricos, realistas, fantásticos, disparatados, simbólicos o premonitorios. Con todas las variaciones posibles de modus operandi, de método investigador y de los motivos del crimen. Lo que se quiera... pero lo que no puede hacerse, de ninguna manera, es escribir una novela de este tipo mejor de lo que lo ha hecho Michael Chabon. Igual de bien, sí, más fascinante quizás; pero no con una mayor calidad literaria, con un mejor dominio de la narración y de los personajes, con mayor profundidad psicológica o una trama más cautivadora. Nu, le ha salido perfecta, a este yid.  

Sólo puedo añadir: ¡Mr. Chabon, chapeau (porkpie hat, por supuesto) y Mazel Tov!

sábado, 10 de octubre de 2015

Irène Némirovsky: El malentendido

Idioma: francés
Título original: Le malentendu
Año de publicación:  1926 (en la revista Les Oeuvres Libres)-1930 (como libro)
Traducción: José Antonio Soriano Marco
Valoración: recomendable

La novela corta El malentendido resulta ser la primera escrita (aunque como libro fuera publicada antes David Golder por Irène Némirovsky, escritora recuperada en los últimos años, al menos en España, no sé si al albur de la moda -feliz en mi opinión- por la novela de "sociedad" de la época de entreguerras. No obstante, al menos por lo que deja ver este título (y por lo que yo sé, también los demás de ella), la narrativa de esta escritora franco-ucraniana noparece tener mucho que ver con la de Benson o Nancy Mitford; en El malentendido encontramos, cierto es, una historia "galante", protagonizada por unos dorados -aunque sea de pacotilla- vástagos de la burguesía -francesa, en este caso-, pero, sin embargo no hay demasiada frivolidad y mucho menos humorismo: El malentendido parece más bien una historia moralizante, aunque no trate de transmitir una moralina anticuada o plúmbea, sino, en todo caso,  una reivindicación de la autoafirmación femenina (no me atrevo a decir tanto como que sea una historia feminista, pero es a lo que apunta).

Porque la novela nos cuenta la historia de un adulterio, desde sus comienzos deliciosos, casi ingenuos, en unas vacaciones, entre la playa de Hendaya y las excursiones por los montes vascos, hasta el progresivo y previsible desencanto en la grisura del París invernal... Ahora bien, Némirovsky no sermonea sobre la indecencia o inmoralidad del adulterio en sí, que se acepta aquí casi como una tradición francesa, al menos de cierta clase social (tradición literaria también), sino que advierte del peligro para las jóvenes esposas de cambiar la tiranía o el aburrimiento de un marido por el que pueden padecer por culpa de un amante. Es más, si ambos protagonistas, Yves y Denise podrían calificarse incluso de un poco cándidos -e incluso "lilas"-, el que peor parado sale en su semblanza es el hombre, por pusilánime, caprichoso e irresoluto (y, en todo caso, quién parece más listo es el marido engañado, que no molesta a nadie, seguramente por estar ocupado con sus propias aventuras). Especial interés tiene la perspicacia con que la autora refleja las diferencias sociales -o sea, económicas- dentro de la clase en la que se desarrolla la historia, la burguesía más o menos boyante, sembrada de sutilezas y laberintos que seguramente ella conocía bien, dada su accidentada biografía: hija de un banquero ruso judío, exiliados tras la revolución del 17, casada luego con un ingeniero metido en finanzas y víctimas, por último, ambos de la barbarie nazi y la cobardía del régimen de Vichy...

Mención aparte merece, sin duda, la excelencia y precisión de la prosa de Némirovsky, más notable aún si se tienen en cuenta sus pocos años (recordemos que la novela se publicó primero en una revista, en el año 1926, por lo que la debió de escribir con menos de 23 años) y que lo hacía en una lengua que no era la suya, aunque es cierto que, al parecer, había sido educada desde pequeña en el conocimiento del francés. En cualquier caso, está claro que, ya desde su primera obra, se trataba de una escritora de fuste y evidente talento, desgraciadamente -e indignantemente- desaparecida demasiado pronto, pero que dejó un buen puñado de novelas que podemos disfrutar ahora, después de tantos años. Yo, desde luego, pienso seguir haciéndolo.

Más libros de Irène Némirovsky en Un Libro al Día: El baileLos perros y los lobosSuite francesaEl ardor de la sangre

jueves, 24 de septiembre de 2015

Philip Roth: Goodbye, Columbus

Idioma original: inglés
Título original: Goodbye, Columbus
Año de publicación: 1959
Traductor: Ramón Buenaventura
Valoración: Muy recomendable

Las primeras veces suelen ser determinantes para nuestras relaciones y actitudes futuras: así, si nuestra primera experiencia con alguien resulta frustrante o incluso desagradable, es probable que rehuyamos a esa persona o incluso el acto en sí; en cambio, si esa experiencia es altamente placentera, trataremos de repetir siempre que podamos con la misma pers... un momento, ¿¡de qué se creen que estoy hablando, malpensados!? Está claro que me refiero a libros y escritores; a qué, si no... (¡habráse visto qué mentes más calenturientas!). En fin, a lo que iba: como ya señalé en una reciente reseña, mi primera experiencia leyendo a Doctorow, por ejemplo, fue poco satisfactoria, y por eso no repetí con este autor hasta hace poco. Con Philip Roth, en cambio, me ocurre todo lo contrario: lo pasé tan bien la primera vez que leí una novela suya (por suerte, se trató de El lamento de Portnoy), que vuelvo a insistir una y otra vez con sus libros, aun siendo consciente de que difícilmente volveré a disfrutar tanto con uno (o incluso cuando quedo bastante decepcionado, como fue el caso con Engaño).

Y lo que tenemos aquí es, por otro lado, la primera experiencia como escritor -o al menos como escritor publicado- del entonces joven Philip Roth; una serie de relatos en los que ya podemos encontrar buena parte de los elementos que luego serán habituales en su narrativa: la ciudad de Newark (famosa precisamente por ser el hogar de Roth, de los Soprano y del Vengador Tóxico), la "juidicidad" -que no judaísmo-, entendiéndola como la identidad que cualquier individuo judío debe presentar frente al mundo y, sobre todo, frente a los demás judíos... aunque a los gentiles nos parezca ajeno, no es un mal tema para reflexionar, en estos tiempos que exigen la definición de nuestras identidades colectivas, frente a las individuales. También tratan sobre la hombría, que por supuesto no se refiere a la cualidad de ser un machote de pelo en pecho, sino la conversión del niño o joven en hombre (que luego puede ser "muy macho" o no). Y ante todo, encontramos ese sentido del humor, a ratos triste, otros socarrón o incluso  desbocado, que tan bien conocemos sus lectores...

El primero de los relatos, que da título al volumen -en realidad, más que un relato diríase una novela corta- no es, sin embargo, el más humorístico, aunque no falta la ironía un tanto burlona de Roth. Se trata de la crónica de un amor veraniego. joven judío -ya algo talludito para llamarle "chico"- de clase media más bien baja, conoce a chica judía de clase media más bien alta. Inician una relación, él conoce a la familia de ella, incluso se va a vivir a casa de ella y... bueno, no diré como acaba, pero sí que el tono final resulta bastante melancólico, incluso cruel. No pasa nada extraordinario, pero somos conscientes de haber asistido a un episodio decisivo en la vida de alguien. En los demás relatos, mucho más volcados hacia el humor y hasta la farsa, conoceremos a todo un compendio de personajes que viven de manera más o menos conflictiva su "juidicidad": el hereje de trece años Ozzy Freedman, el sufrido sargento Marx o el no menos sufrido pero mucho más desquiciado Eli Peck, el "fanático", En el único de los cuentos en los que no se hace mención a la condición judía de sus protagonistas, No se conoce al hombre por la canción que canta, podríamos decir que ésta se halla presente "por omisión", o por contraste con el origen siciliano del compinche del narrador de la historia. Aunque quizá esto sea hilar demasiado fino (¿un pensamiento demasiado rabínico, quizá?).

En fin, para terminar la reseña, permítanme un toque de pedante cursilería -o de pedantería cursi, si se prefiere-: yo ni soy judío, ni norteamericano ni he estado en Newark en mi vida (ni ardo en deseos de ir, la verdad). Pero diré, sin ánimo de molestar a nadie, que me siento más cercano a Philip Roth que a la mayoría de mis compatriotas, mis coetáneos o casi cualquiera de los que han sido educados en la misma religión que yo... Supongo que en eso consiste el secreto de los grandes escritores: hacernos sentir que sus palabras hablan no sólo por ellos mismos, sino también por nosotros.


Un montón de libros de Philip Roth reseñados aquí.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Aleksandar Tišma: El libro de Blam

Idioma original: serbio
Título original: Knijiga o Blamu
Año de publicación: 1972
Valoración: Muy recomendable

En febrero hizo diez años que, rondando ya los noventa, nos dejó este magnífico escritor serbo-húngaro, en cuya biografía figura, entre méritos académicos y literarios, que estuvo internado en un campo de trabajo durante la Segunda Guerra Mundial. Supongo que eso marca una vida, que nadie se pude (ni debe) sustraer a una experiencia así.

Los escritores serbios –así como los de otros muchos países de Centroeuropa– nunca han sido demasiado conocidos aquí, aunque esto ha mejorado algo desde la caída del Muro y aún más como consecuencia de las guerras que asolaron los Balcanes durante la década de los noventa.

Su ciudad natal, Novi Sad, constituye el escenario donde se desarrollan gran parte de sus obras. Un lugar que, como ocurre con otros muchos escritores, ha llegado a convertir en paradigmático dentro de su mundo intelectual. En El libro de Blam, concretamente, –y en todo el ciclo titulado Ramas entrelazadas, constituido por cinco títulos– se convierte en un personaje más dentro del entramado, literariamente complejo aunque muy sencillo en la forma, en el que Tišma envuelve a sus lectores, concienzuda y sibilinamente.

Esto es así porque hablamos de una novela impresionista, construida a retazos, en una prosa concisa y sencilla y con todo el oficio y lirismo posibles, donde tanto pasado y presente como acontecimientos, emociones e ideas se entremezclan en un desorden perfectamente organizado. En ella todo es relativo, por ejemplo, no podemos considerarla realista aunque transmite fielmente la realidad. En todas sus facetas, aunque solo la que el protagonista, Miroslav Blam, asimila o expresa, pues lo que vemos, aun presentado en tercera persona, pasa siempre a través de él.

El panorama se reduce a un carácter melancólico, una existencia anodina y experiencias terribles. Este pasado y su fracaso matrimonial le han convertido en lo que es, el conductor de una vida sin alicientes que se va construyendo en nuestra cabeza a medida que componemos los fragmentos. Aparte de este desencanto de fondo, y en un contexto como es el de la arbitraria crueldad del exterminio, aparecen temas como la vergüenza, el remordimiento o la venganza. Los personajes se presentan algo desdibujados porque sobre todo es el grupo a lo que Blam dedica su atención. Destacan del conjunto: Cantimplora, el que fue su compañero de clase, su mujer, Janja, y su hermana Esther. Todos ellos representan la acción, la rebeldía ante un destino que no les satisface. Incluso Funkstein, al que escucha casi casualmente:
“… él había sobrevivido, había vuelto, el único de la familia de diecisiete miembros, pero anteriormente había soportado el riesgo, se había expuesto a la verdad, había visto, lo había experimentado” *
Esto en oposición a la pasividad del propio Blam que si se salva es por puro azar, no porque haya hecho nada por evitarlo. No obstante, en eso consiste su tragedia.

También de Aleksandar Tisma en ULADA las que amamosLealtades y traicionesEl kapo

(*) Traducción de Luisa Fernanda Garrido Ramos y Thiomir Pistelek

viernes, 29 de noviembre de 2013

Saul Bellow: Henderson, el rey de la lluvia

Título original: Henderson, the Rain King

Idioma original: inglés                  

Año de publicación: 1959

Valoración: Muy recomendable


Hay novelas que no pasan de moda pues tienen la virtud de comunicarse con una gran variedad de lectores y no superficialmente. Pero su profundidad no es aburrida, al contrario, sus autores han conseguido crear un personaje (o varios) tan entrañable y tierno como estrafalario y divertido, que nos incita a acompañarle por los lugares y situaciones más variopintos y absurdos y que nos mantiene hasta el último momento en tensión. A esos seres vamos a echarlos en falta, lo sabemos desde el preciso instante en que cerramos el libro. Se me ocurre ahora –además del obvio don Quijote– el Ignatius J. Reilly de La Conjura de los necios y Jakab Störr, protagonista de La historia de mi mujer. Aunque en realidad no importa mucho, porque siempre podemos releerlos.

Henderson, el rey de la lluvia es uno de los libros más divertidos que he leído nunca. No de los que arrancan carcajadas –aunque alguna cae de vez en cuando– sino una sonrisa cómplice. El buen Eugene nos sorprende constantemente pues cada etapa de su aventura es aún más loca que la anterior. Los secundarios tampoco son moco de pavo. Nadie es común y corriente aquí. En parte por la excentricidad del propio Eugene y en parte porque un buen pedazo de acción tiene lugar en el África profunda. Además de su humor, si os gusta la acción, o mejor, las aventuras, y cuanto más originales mejor, vais a disfrutarlo de verdad.

La ironía y perspicacia de Bellow se manifiesta aquí prescindiendo de su habitual talante taciturno. El protagonista, un maduro millonario norteamericano aficionado a la cría de cerdos, se casa por segunda vez pero, aun adorando a su voluble y precavida mujercita, su insatisfacción vital no deja de amargarle. ¿Cómo aplacar la angustia de quien tiene todo lo que se puede desear? A nuestro héroe no se le ocurre mejor idea que viajar al continente africano, pero no a una región civilizada. Lo que se propone –y consigue– es internarse en sus profundidades con la ayuda de un guía experto y, durante algún tiempo, formar parte de alguna tribu. De dos para ser exactos. Lo que le sucede es insólito, como no podía ser de otra manera, pero es la forma de contarlo lo que resulta desternillante.

Eugene posee una mirada ingenua y bondadosa cuya simplicidad disecciona a cualquier individuo con quien se cruza mucho mejor que si produjera elaboradas definiciones plagadas de términos psicológicos. A veces lo que nos cuenta puede resultar un poco confuso. Conociendo al personaje (porque llegamos a conocerlo casi como si lo hubiésemos visto en persona y eso forma parte de su encanto), no tenemos más remedio que pensar. “Vaya usted a saber lo que pasó realmente”. Dudamos del verdadero sentido porque su forma de ver las cosas es tan peculiar como aguda. Pero no queremos que nos lo cuente de otro modo. Está muy bien así. La imaginación de Bellow es poderosa pero permite que la nuestra también funcione a sus anchas.

Y no se conforma con vivir intensamente. Mientras lo hace su cabeza no deja de funcionar. Son constantes sus reflexiones sobre él mismo, el mundo y los hombres, sobre su presente y sobre su vida anterior. Recuerda melancólicamente a su esposa y nos obsequia con agudas observaciones sobre cuestiones de todo tipo. Bellow no solo sabe divertirnos, además transmite, con gran ironía y sutileza, algunos de sus puntos de vista.

Pero todo no puede ser perfecto, la traducción de Raquel Albornoz es francamente torpe, está plagada de errores de bulto que cualquiera puede advertir. Ya sabemos que el lenguaje de Bellow no es fácil pero deberían haberlo cuidado mucho más, aunque solo sea porque se trata de un Nobel, ¡caramba!


También de Saul Bellow: Dejando la casa amarilla, Carpe diemLa víctima