sábado, 24 de enero de 2026
H. Leyvik: En las kátorgas del zar
martes, 18 de marzo de 2025
Padres de libro: Un hijo cualquiera de Eduardo Halfon
Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable
Penúltima entrega, hasta la fecha, de eso que podemos llamar, sin resultar demasiado pedantes, el corpus literario de Eduardo Halfon, dada la coherencia y continuidad entre unas obras y otras. Como es de esperar, pues, encontramos aquí esa variante autoficcional habitual en él (y, por suerte, de gran nivel e incluso interés; no se trata de esa autoficción trucha, tan extendida), que resulta de la combinación de recuerdos infantiles, indagación sobre la doble identidad cultural guatemalteca y judía y explicaciones acerca del despertar de su interés en la literatura, lo mismo como lector que como escritor. Pero, al igual que suele ser habitual en sus otros libros, escoge un tema, un leit motiv a partir del cual organizar el resto de la narración.
En este caso, se trata de la paternidad, tanto la suya y su relación con su hijo, así como la que él mantenía con su padre. Sin embargo, estos capítulos/relatos -pues son independientes unos de otros- se alternan con otros que no tiene mucho que ver con el tema; todo lo más , en algunos encontramos una referencia, a veces dolorosa, a los niños, pero, en general, parecen más relleno que otra cosa (dicho en un sentido estricto, no despectivo, puesto que su calidad es igual o puede ser incluso superior al resto). Es lo que sucede con un par de ellos que se desarrollan en Guatemala y aluden a su cultura e Historia reciente: El anfiteatro y el estremecedor Beni. Otros como Unos segundos en París, La pecera y Papeles sueltos, tratan, en cambio de su aprendizaje en el oficio de escribir, en Francia y Bélgica (esto de que sus relatos en primera persona se desarrollen en distintos países , porque también hay otros que ocurren en España o EE.UU., es algo también muy propio de este escritor; sin embargo, en vez de resultar de un cosmopolitismo forzado o postureo, Halfon consigue que resulte algo no sólo creíble, sino perfectamente natural). Incluso uno de ellos El último tigre, es una anécdota familiar que, supuestamente le cuenta un compañero becario -de la Wissenschaftskolleg de Berlín, cómo no- de origen indio.
No obstante, los capítulos/relatos que más nos interesan o al menos los que justifican la inserción de esta reseña en esta semana temática, son los que Halfon dedica a la relación con su hijo, que comienza con el nacimiento, que nos cuenta en Un pequeño corte y prosigue por distintos momentos de la niñez más temprana del chaval. Son capítulos en los que no suceden acontecimientos dramáticos o siquiera de una singularidad especialmente memorable, sino más bien pequeños momentos cotidianos, de una trascendencia doméstica, pero no por ello menos relevantes y, desde luego, de una gran ternura. Es lo que encontramos en La nutria verde, en Wounda y, en los dos que más me han gustado, Domingos en Iowa y Leer calladito, sencillos pero entrañables e incluso preciosos momentos de la relación de un padre con el hijo al que cuida y al que debe educar. Y viceversa.
El último relato, sin embargo, lo dedica Halfon a un recuerdo de cuando siendo él niño, su padre le contó que de pequeño, a su vez, había estado a punto de morir ahogado en el mar. El niño y futuro escritor Eduardo acaba preguntándose por la identidad cambiante de padres e hijos y la incerteza de nuestro destino (algo que sobrevuela también otros capítulos del libro, por lo demás), y nos deja con un sabor agridulce, algo también bastante característico de la literatura de este autor. De lo mejorcito que se está escribiendo hoy en día, en castellano y seguramente en cualquier otra lengua, todo sea dicho...
Muchos otros libros de Eduardo Halfon reseñados: aquí
sábado, 29 de junio de 2024
Eduardo Halfon: Tarántula
Año de publicación: 2024
Valoración: recomendable
Última entrega de esa especie de gran novela por ídems que nos está ofreciendo Eduardo Halfon desde hace años; todas diferentes, no es que se repita, pero todas vienen a tratar sobre lo mismo: su vida , su familia, su país y las circunstancias de todos ellos, en un ejercicio de autoficción (habría que ver cuánto hay aquí de "auto" y cuanto de "ficción", que sospecho que es una buena parte) que, por una vez y sin que sirva de precedente, no sólo no me disgusta sino que me tiene interesado y aun fascinado... Porque, no me cansaré de repetirlo las veces que haga falta, Halfon escribe muy, pero que muy bien, y así se le puede perdonar todo.
Se le puede perdonar incluso que transite por caminos un tanto trillados. Porque aquí, amigos y amigas de ULAD, en este enésimo ejercicio memorístico-literario que Halfon nos ofrece y que no sólo nos deleita, sino que incluso nos puede poner los pelos como escarpias, se le ve un poco el cartón, me temo... Al menos un par de veces y más aún si nos ponemos en modo inquisidor, que, bueno, tampoco es el caso porque Halfon nos cae o me cae, especialmente bien, pero aún así, hay que señalar que alguna situación que plantea en el libro resulta bastante previsible, o incluso puede parecer directamente una mistificación a según qué lectores... (no revelaré de qué se trata porque tampoco es cuestión de espoilearle a nadie, claro). Y eso que el punto de partida de la novela resulta cuando menos, original: el autor rememora cuando, a sus trece años y tras un par de ellos viviendo en EE.UU., sus padres les enviaron de vuelta a Guatemala a él y a su hermano para que pasaran una temporada en un campamento de las montañas dirigido a niños de familias judías centroamericanas, con el objetivo de convertirles no ya en unos buenos judíos, sino incluso en unos buenos sinoístas. Claro que el campamento se planea ir aún más allá y ofrecer a la muchachada toda una inmersión en la experiencia judía, en toda su amplitud, y hasta aquí puedo contar, que de lo que se trata es de que leáis el libro, no de hacer un resumen en plan el Un Libro Al Día trucho (que existe, por desgracia).
Ya sé lo que me podríais decir, porque es lo mismo que pensé yo en un principio (y quizás fuera lo mismo que dijeron en su editorial), que este 2024, lo siento, Eduardo, no es el momento más adecuado para que los lectores empaticen con las cuitas de unos niños judíos de familias pudientes que está siendo adiestrados para ser buenos sionistas y no os faltaría razón. Ahora bien, pensando sobre ello, tal vez Eduardo Halfon sí que ha publicado esta parte de su "gran novela de autoficción" en este 2024 tan poco propicio para ciertas solidaridades con toda intención porque esta no sólo trata de las cuitas unos niños judíos en un campamento en las montañas de Guatemala, sino, sobre todo, del veneno que esa tarántula del título -se trata de una metáfora, tranquilos todos los aracnofóbicos/as- es capaz de inocular en cualquiera y provocar que el infectado se comporte de la manera más bárbara posible, masacrando a todo niño palestino que se le ponga por delante, por ejemplo... Y para ese veneno, me temo, no hay antídoto posible. Ni siquiera pertenecer a un pueblo o a una religión, que ha sufrido lo indecible a lo largo de los siglos. Y eso es algo que Halfon sabe bien y nos lo cuenta aquí.
Bastantes más libros de Eduardo Halfon reseñados: aquí
martes, 10 de octubre de 2023
Dorothy Gallagher: Extraños en la casa
Título original: Strangers in the house
Año de publicación: 2006
Traducción: Regina López Muñoz
Valoración: Bastante recomendable
Hace cosa de año y medio reseñábamos De cómo recibí mi herencia, estreno en las librerías españolas de la neoyorquina Dorothy Gallagher. Volvemos a la carga con ella y lo hacemos con este Extraños en la casa, un libro que guarda ciertas similitudes con su predecesor, que mantiene un nivel bastante alto pero que, en un cómputo global, me parece ligeramente inferior.
Vayamos con las similitudes. Serían dos, fundamentalmente:
- Temática: Hablamos de literatura autobiográfica / autoficción. Cartas, fotos, llamadas telefónicas, artículos, etc que sirven como hilo desde el que comienza a desenredarse una madeja que lleva a amores, amigos, enfermedad, muerte, trabajo o familia. Y si bien en De cómo recibí mi herencia los textos se centraban más en la infancia y adolescencia de la autora, en esta ocasión el foco se sitúa en la juventud y madurez, lo que les otorga un poso más melancólico
- Tono y distancia: Lo comentaba en la reseña de De cómo recibí mi herencia. Son aspectos clave en la escritura de Gallagher y le permiten conjugar humor y tristeza, drama y comedia, ruido y furia (que decía el amigo Billy) sin complejos y sin estridencias.
Confianza, Traición, Clase, Hipocresía, Amor, Odio, Codicia, Enfermedad, Salud. Solo faltan Guerra y Paz
lunes, 7 de noviembre de 2022
Joshua Cohen Los Netanyahus
Idioma original: inglés
Título original: The Netanyahus
Año de publicación: 2021
Traducción: Javier Calvo
Valoración: está bastante bien
-¿Los Netanyahus? No sé quienes son esos, pero me suenan de algo...
-Normal, porque se trata de un apellido más que conocido: el del político (ultra)conservador israelí Benjamin "Bibi" Netanyahu, que ha sido en varias ocasiones primer Ministro.
_¿Ah, sí? Pues ni idea... yo es que no veo las noticias...
-Ya me imagino. Pues bien, los "Netanyahus" del título se refiere, en efecto, a su familia y a él mismo, en este caso cuando era aún un niño y su padre Benzion trataba de ser contratado como profesor de Historia en EEUU.
-Humm, qué interesante... (disimula un bostezo).
-Puede parecer un tema no muy divertido, pero, sin embargo, esta novela sí lo es y mucho. Porque, para empezar, el argumento está basado en una anécdota que contaba Harold Bloom, el autor del controvertido canon literario (al menos en este blog): en cierta ocasión, dadas ciertas complicadas circunstancias, tuvo que hacer de anfitrión de la familia Netanyahu, que había acudido junto al pater familias a que éste impartiera una clase como profesor invitado en la universidad de Bloom... y digamos que la cosa no acabó tan bien como cabía esperar. La historia, al serle referida a Joshua Cohen, le sirvió a este para pergeñar esta novela, protagonizada aquí -y narrada- por el profesor Ruben Blum, historiador económico del Bronx neoyorquino que se ha trasladado con su familia a la pequeña universidad de Corbin, en el norte... no, perdón, en el oeste del estado. Allí es donde, en 1960, también pretende ser contratado el doctor Netanyahu, historiador especializado en la Inquisición ibérica y, puesto que por aquel entonces Blum es el único profesor judío del campus, se le pide que forme parte del comité de contratación y, además, sea el anfitrión del israelí. Lo que se vuelve una gran complicación cuando éste aparece en medio de una gran nevada, junto a su enérgica esposas Tzila y sus tres asalvajados hijos varones (Benjamin es, paradójicamente el del medio).
Como ya he dicho, la novela resulta muy divertida porque el tono empleado por Cohen es, en todo momento -o casi- humorístico. En realidad, más de la mitad del libro se centra en las cuitas del profesor Blum: laborales -pues aún no ha sido hecho profesor titular de la universidad y debe andarse con pies de plomo-; familiares -tanto en lo que se refiere a su tozuda hija adolescente como a la injerencia de sus padres y suegros, judíos neoyorquinos todos, pero de diferentes orígenes y clase social-; pero también "existenciales", por así decirlo. Blum es un tipo modesto e inseguro, quizá incluso un tanto pusilánime y se ve obligado a afrontar con⁹ sus limitados recursos tanto los prejuicios a su condición de judío como su escasa consideración como historiador. Algo que contrasta sobremanera con la arrogancia autoconfianza del doctor Netanyahu, sionista militante e "innovador" en sus estudios históricos -por limitada que fuera su formación-, estudios que él además pone al servicio de la causa sionista y de su concepción de lo que debe ser Israel. Algo que queda más que evidente en la segunda mitad del libro, cuando aparece la familia Netanyahu -aunque anteriormente ya hemos conocido bastante la figura del padre a través de un par de cartas hablando de él que le son enviadas a Blum-; a partir de este momento, la sonrisa que la ironía de Cohen había plasmado en el rostro del lector (de este lector, al menos) deja paso, en más de una ocasión, a la franca risa, cuando comprobamos que el desastre puede acechar en cualquier recodo del camino -más aún si se encuentra cubierto de nieve-... o, como bien expresa cierto dicho, "el diablo está en los detalles".
En resumen, una novela de campus bastante divertida, aunque tal vez podría ser más vitriólica, en la que se da un cierto repaso, entre otras cosas, a las formas que adopta o ha adoptado la "juidicidad" (no sé si existe el palabro), esa circunstancia cultural/religiosa que, no lo olvidemos, ha nutrido la literatura de tantos y tan buenos escritores. De forma más sutil, también quizás más profunda, es una novela sobre cómo ocupamos nuestro lugar en el mundo y, sobre todo, cómo fingimos que merecemos ocupar ese sitio o el que aspiramos a ocupar. Y, sobre todo, sospecho que será un libro que le dificulte a Joshua Cohen la posibilidad de visitar Israel en un futuro, ahora que Bibi ha vuelto a ganar las elecciones. En cualquier caso, yo no me arriesgaría...
miércoles, 8 de junio de 2022
Dorothy Gallagher: De cómo recibí mi herencia
Idioma original: Inglés
Título original: How I came into my inheritance
Traducción: Regina López Muñoz
Año de publicación: 2001
Valoración: Esta muy bien
No fue fácil detectar el momento en que mi padre empezó a perder la chaveta, porque siempre había sido un hijoputa más terco que una mula, como él mismo decía de cualquiera que tuviese una opinión ligeramente distinta a la suya.
Ahí se concentran las que para mi son las dos claves fundamentales: el tono y la distancia. Ambas son manejadas a la perfección por la autora y con ello consigue que este texto autobiográfico se aleje del puro ejercicio masturbatorio sin especial interés para el lector.
Así, el humor ácido y mordaz y la desmitificación de la historia familiar son las bases sobre las que se construyen unos textos en los que se entrelazan vida y muerte, en los que se mezclan historias iniciáticas con historias de madurez, en los que se (con)funden diferentes generaciones, en los que conviven historias perfectamente identificables para un lector "actual" con otras de una lejanía temporal y espacial inimaginable.
Cuentan por ahí otras reseñas que una de las referencia más próximas a Gallagher puede ser Vivian Gornick. Sí, puede ser, pero Gallagher tiene un puntito "cabrón" y divertido que Gornick no tiene. De hecho, me parece mejor libro "De cómo recibí mi herencia" que "Apegos feroces".
E igual es cosa mía pero ciertos textos de Gallagher me han recordado más a esas películas de Woody Allen (Días de radio) en las que rememora su infancia / adolescencia y en los que una galería de familiares "estrafalarios" muestran a la perfección la distancia sociocultural entre su país de adopción y su país de origen y el salto generacional de padres a hijos.
No importa. Esto de las referencias es más para "ubicar al libro y a la autora" que para otra cosa. Quedémonos con que "De cómo recibí mi herencia" es, por sí solo y sin entrar en comparaciones, un muy buen libro. Una magnífica recuperación.
domingo, 24 de abril de 2022
Rutu Modan: Túneles
viernes, 21 de mayo de 2021
Eduardo Halfon: Canción
Año de publicación: 2021
Valoración: recomendable
En este blog nos gusta mucho Eduardo Halfon o, por lo menos, nos gusta a varios de nosotros: la prueba está en la buena cantidad de reseñas, todas favorables, que hemos hecho sobre sus libros... Y las que aún nos quedan, porque este escritor atesora ya un buen número de títulos publicados, aunque bien es cierto que, en genral, se trata de libros bastante breves y que guardan no poca relación entre sí, de tal manera que casi se diría que se trata de diversos capítulos de un único libro que Halfon va escribiendo por entregas, a su ritmo.
Así pues, esta Canción comparte elementos con otros libros del mismo autor, aunque haya variado un tanto la partitura, si se me permite el tropo facilón -y algo tramposo, pues el título no tiene nada que ver con canción o música alguna, aviso-; encontramos también al propio Halfon como personaje-narrador y, como en otros de sus novelas o relatos, se encuentra de viaje en un país cuyo idioma desconoce y donde debe elaborar una identidad ad hoc, de acuerdo con las expectativas ajenas: en este caso -y es lo más jocoso del libro- invitado a un congreso en Tokio sobre literatura libanesa, él, un guatemalteco que nunca ha estado en el Líbano y cuyo vínculo con ese otro país se debe tan sólo (o nada menos), a que es el lugar de origen de su abuelo paterno.
El segundo punto en común es fácil de adivinar: este libro también trata, en gran medida, sobre la historia familiar de Halfon, en este caso de su abuelo paterno, que se llamaba como él -es decir, él como su abuelo-, un judío emigrado a Guatemala desde Beirut, previo paso por París y que en el país centro americano prosperó hasta el punto de ser secuestrado, en el año 1967, por la guerrrilla insurgente, para cobrar un rescate. Enlazando con este asunto, Halfon le sigue la pista, muchos años después, a algunos de los secuestradores de su abuelo, en especial a uno de ellos, y nos cuenta su devenir, aasí como nos instruye en ciertos momentos dolosos de la Historia reciente de Guatemala (que supongo poco conocidos para quienes no seamos guatemaltecos). De forma más amplia, aprovecha para presentarnos toda una serie de personajes más o menos curiosos que van poblando los distintos vericuetos por los que transcurre la novela y que, aunque sea por unos pocos párrafos, consigue que conciten todo nuestro interés, como si fueran los principales protagonistas; algo muy característico, también de la obra de Halfon, me parece.
Todos estos elementos, Guatemala, Japón, Líbano, su familia, los secuestradores, etc. los va combinando el escritor avanzando y retrocediendo en el tiempo, dando saltos de un país a otro y de una línea narrativa a la siguiente, pero sin que el resultado que de caótico, sino dotado de cierta agilidad y ligereza. Eso sí, algunas de esas narraciones quedan un tanto deshilachadas y quizá le falte un poco más de consistencia al conjunto. Una carencia que, de todos modos, queda compensada por la extraordinaria capacidad de Halfon -de la que, sospecho, es muy consciente- de captar y mantener la atención del lector a las pocas líneas de haberse puesto con cualquiera de sus libros. Con un estilo, además, sencillo y natural, en absoluto recargado -lo que no significa que no utilice los recursos narrativos que le interesan en cada momento-; algo, me temo, al alcance de muy pocos, los tocados por la Gracia literaria.... Entre quienes no está en útimo lugar, desde luego, Eduardo Halfon (nieto).
Varios libros de Eduardo Halfon reseñados en este blog: aquí
sábado, 23 de enero de 2021
Etgar Keret: Tuberías
Idioma original: hebreoTítulo original: Tzinorot
Año de publicación: 1992
Traducción: Roser Lluch i Oms
Valoración: entre recomendable y está bien
Porque ésa es otra de las características -incluso más definitoria- de estos cuentos. la casi permanente presencia del humor, la ironía, el sarcasmo o lo que se tercie... Excepto en tres o cuatro de ellos -alguno de los mejores, como Terminal, sobre la relación entre dos enfermos con tumor cerebral-, este humor lo podemos encontrar, en mayor o menor medida, en todos, con alguna de sus variantes... Por mencionar sólo algunos de los mejores cuentos, tenemos desde la amable y sentimental ironía, aunque no poco absurda, de Pegamento loco o Tuberías -sobre un tipo que construye una tubería y llega al Paraíso-, a su revés sarcástico en Anette y yo follamos en el Infierno, que trata justamente de eso, un pareja que fornica en el Infierno como parte de su castigo eterno... Del costumbrista pero surreal humor (un poco "a lo Cortázar", para entendernos, de Sólo por 19'99 shekels (IVA y gastos de envío incluidos) al no menos divertido pero más exótico (para un israelí, se entiende) de Relato traducido: "El vampiro o el señor McTaggarth", uno de los pocos que no está ambientado en Israel o aledaños, sino en el Tennessee redneck... También encontramos el socorrido y socarrón humor de las historias de cuernos en el matrimonio, como en Búmeran y La plaga de los primogénitos (spoiler: no todos los que se suponía eran primogénitos). El tema religioso lo encontramos de nuevo en Dios el enano...Y, por supuesto, los que tiene como protagonista a soldados, como los tres cuentos de humor absurdo de Koji y el protagonizado por un nieto con una exigente abuela, que conocemos en Nísperos, uno de los mejores relatos, para mi gusto.
Entre los cuentos que no tienen esa vena humorística predominan, como es lógico, aquellos que hacen alusión a la situación político-bélica de la región o a la pérdida de seres queridos por culpa de la misma: Julia, Como murciélagos, Arcadi Hilweh coge el autobús 5, Un árabe bigotudo, No son personas... Aunque también otros que tocan temas como el bullying -Shlomo homo cara de mono- o tienen un carácter más "metafísico", por decirlo así: El problema con la hybrys, Gulliver en islandés...
En suma, un libro de relatos bastante recomendable para hacer se una idea de lo que es y ha sido la vida en el reciente y conflictivo Israel (ya que estamos, recomiendo también el cómic Jamilti y otras historias, de Rutu Modan, que yo diría que tiene bastante en común con los cuentos de Keret). bastante más parecida a lo que ocurre en nuestros lares (y supongo que en cualquier otro) de lo que pensamos, por cierto...
viernes, 27 de noviembre de 2020
Aharon Appelfeld: Badenheim 1939
Título original: Badenheim 1939
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable
Conocer las circunstancias que marcaron la niñez de este escritor
(1932-2018) solo puede despertar curiosidad por conocer su obra. Para situarle
en su contexto, diré que padeció la represión nazi como la mayoría de judíos
europeos de su época. Pero su caso es diferente: aunque el lento desarrollo de
los acontecimientos, su gusto por las descripciones y por la narración
indirecta (lo que cuenta parece irrelevante pues lo que importa de verdad es
todo lo que calla) nos recuerden a otros colegas suyos como Zweig y Joseph
Roth, en realidad pertenece a la generación siguiente, la del otro Roth, el
estadounidense con quien llegó a trabar amistad y cuya entrevista de 1988
encabeza la edición que he leído.
El niño Aharon, de familia acomodada, se vio con solo ocho años despojado de todo. Tras el asesinato de su
madre, escapó del campo de concentración y tuvo que sobrevivir gracias (o a
pesar de) la voluntad de los adultos que iba conociendo. Finalmente, pudo
llegar a Israel y reencontrarse con su padre. Es allí donde aprendió hebreo,
cursó estudios universitarios y desarrolló en ese idioma una extensa carrera
literaria.
Appelfeld no suele interesarse explícitamente por la maldad o la desgracia,
más bien retrata el negativo de estas realidades y es el lector quien debe
completar el resto. La infancia, la bondad, la ingenuidad, el hábito de
evadirse, en definitiva, la vida confortable, al margen de una realidad más o
menos dramática, suelen constituir el marco en el que sitúa sus argumentos. Hay
mucho que escarbar bajo esa superficie brillante y distinguida, detrás de la
monótona (pero opulenta) cotidianeidad que aparece en Badenheim 1939. Porque, no nos engañemos, la fecha del título ya
nos da una pista, nada está puesto ahí al azar, todo tiene su razón de ser y el
lugar exacto donde encaja perfectamente.
A cargo del Roth más contemporáneo, y como antesala a una concienzuda
entrevista, se ofrece el relato a grandes rasgos de su vida, los caracteres de
su escritura, la impronta kafkiana de esta etc. El mismo entrevistador parece
impactado –como lo estaremos nosotros más adelante– por la serenidad del relato,
una impasibilidad aparente que, como decía antes, apenas muestra más que la
cara amable de personas, lugares y hechos, y que el propio Roht describe así: “Tan única como el tema es la voz que se
origina en una conciencia herida, concertada en algún punto con la amnesia y
con la memoria, que sitúa el relato a mitad de camino entre la parábola y la
historia.” Y hace notar al entrevistado que los datos para comprender la
situación no están en la mente de los personajes, ni siquiera el escritor los
suministra con el detalle necesario, ha de ser el lector mediante sus conocimientos
históricos quienes desvelen el trasfondo de lo que ocurre. Y es que Appelfeld,
perplejo después de tantos años por la facilidad con que se produjeron hechos
tan terribles, por esa tolerancia rayana en la complicidad con que las víctimas
se dirigían alegremente a su destino, opta por resaltar esa actitud. Recordemos
que él aún no tenía edad para entender lo que estaba ocurriendo, menos aún para
tomar decisiones, de ahí esa postura radicalmente distinta a la de autores de
más edad.
Tras esta ilustrativa preparación nos enfrentamos, por fin, a la novela. Ya
no puede sorprendernos ese pueblo de veraneantes, tan pacífico y soñoliento,
tan consciente de su condición privilegiada, donde la mayor preocupación
consiste en saborear la excelente repostería local, descansar plácidamente,
disfrutar de los conciertos programados y estar al tanto de los últimos
chismorreos para no aburrirse más de la cuenta. El novelista describe
minuciosamente la belleza del paisaje a medida que se suceden las estaciones
del año. Los personajes viven en la indolencia la mayor parte del tiempo, si no
fuera por los datos suministrados en el prólogo, la irrupción en escena de un
Departamento de Sanidad, que se infiltra en zonas privadas y públicas, solicita
información y obliga a los residentes a inscribirse, la nueva situación nos habría
pasado desapercibida. A partir de ahí, las condiciones se van volviendo más
penosas, pero muy poco a poco y sin que los personajes le den excesiva importancia, solo el lector se
alarma con la metáfora de los peces. Las comunicaciones parece estar cortadas,
pero lo atribuyen a algún problema subsanable, hay rumores de un traslado a
Polonia que todos reciben de buen grado, piensan que, si la vida en Badenheim
empieza a complicarse, nada mejor que trasladarse a un lugar donde,
presumiblemente, se les recibirá con los brazos abiertos. Encontramos aquí la
candidez que Appelfeld mencionaba en la entrevista.
Es cierto que la atmósfera de esta novela corta resulta algo irreal, que el relato mantiene un aparente estatismo ya que lo relevante permanece semioculto, pero bajo su aspecto de irrealidad la novela está hablando de nosotros, de los humanos de hoy, de ayer y de siempre. ¿O acaso piensan que hoy mismo no seríamos capaces de una frivolidad escalofriante en momentos de verdadero peligro para la especie humana, que solo los que –según cuenta el novelista– habitaban Badenheim en esa época vivían procurando no leer la prensa y preocupándose únicamente por que el agua alcanzase la temperatura adecuada, los pasteles se sirviesen a su hora o en vigilar el estado de ánimo de los músicos cuando estaba a punto de producirse un Holocausto? Imposible que eso suceda en nuestra época, ¿no es verdad? Y, volviendo a los personajes, ¿caerán en la cuenta alguna vez de la amenaza que se cierne sobre ellos? Eso me lo reservo. Lean.
miércoles, 24 de enero de 2018
Joseph Roth: La Cripta de los Capuchinos
Idioma original: AlemánTraducción: Jesús Pardo
Año de publicación: 1938
Valoración: Muy recomendable
“No soy un hijo de mi tiempo, es verdad, incluso diría que me resulta difícil no erigirme en su enemigo, y no es que no lo entienda, como he afirmado a menudo, esto es una excusa piadosa. Por pura comodidad no quiero volverme hostil o agresivo, y por lo tanto digo que no lo entiendo, cuando debería decir que lo odio o que lo desprecio”
Más novelas de Joseph Roth en UnLibroAlDía: La leyenda del santo bebedor, Hotel Savoy, La rebelión, Fuga sin fin, La marcha Radetzky
miércoles, 9 de agosto de 2017
Ida Fink: Huellas
Idioma original: polacoTítulo original: Slady
Año de publicación: 1996
Traducción: Elzbieta Bortkiewicz
Valoración: recomendable
Ahora bien, casi todos los relatos se refieren a la época posterior a la tragedia y de ahí el título genérico de Huellas que tiene el libro, pues son los supervivientes los que buscan las huellas de lo sucedido, de sus seres queridos desaparecidos o recuerdan los tiempos felices en que aún no se había desencadenado la barbarie. Es el caso de Ya hemos ido a la ópera, La dirección, La huella o En la infancia, al anochecer. otro grupo de relatos, titulados de forma genérica Apuntes para una biografía, relatan las vidas y el final de una serie de mujeres: Eugenia, Julia, Sabina... Por último, hay un par de relatos que nos explican cómo, por una parte, el hecho de ser víctimas no excluye el envilecimiento de éstas -o que ellas se sientan envilecidas-, como ocurre en La mano; en el segundo caso, son los verdugos los que envilecen no sólo a sus persona sino a todo lo que les rodea, por bueno que pueda ser (Ascenso).
Lo que tienen todos los relatos en común es el miedo: en todos ellos se respira, se mastica, se exuda miedo, por más que en alguno esté escondido, agazapado aún... Miedo por lo que va a pasar, por lo que está pasando o por lo que se recuerda que pasó. Y, sin embargo -y quizás por ello resulta tan eficaz-, el tono de la narración es tranquilo, casi monocorde, sin que ni siquiera se ponga un especial énfasis cuando se nos cuentan las escenas más violentas. en cambio, abundan las descripciones de paisajes, de lugares, atmosféricas; se incide en los detalles domésticos cotidianos, lo que provoca un contraste perturbador con la brutalidad que sabemos se encuentra al fondo pero que en cualquier momento puede pasar al primer plano.
Una serie de relatos, ya digo, perturbadores, tremendos, más aún cuando no hacen un especial énfasis en el horror. No hace falta: éste se encuentra siempre presente, en cada uno de ellos.
martes, 31 de enero de 2017
Semana de la Revolución Rusa #2: Caballería Roja de Isaak Bábel
Idioma original: rusoTítulo original: Konarmia
Año de publicación: 1926
Traducción: Ricardo San Vicente
Valoración: bastante más que recomendable
Tal vez exagero: pese a la tensión que se percibe bajo la superficie de la prosa de Bábel, ésta, acerada y elegante hasta casi lo insoportable (perdón por la hipérbole) trasluce, al fin y al cabo, una cierta resignación ante lo inevitable, una digna calma que debe ser lo que queda cuando todo parecer estar abocado al despropósito y hasta al absurdo. Lo que nos queda a nosotros tras leer este libro de relatos -aunque no relatos al uso, la mayoría de ellos, de manera que incluso se podría considerar, sin errar demasiado, como una novela- es la sensación de que la guerra, cualquier guerra, aún la más idealista (y aunque parezca una perogrullada), no deja de conllevar una enorme tristeza.
viernes, 22 de julio de 2016
Michael Chabon: El sindicato de policía yiddish
Idioma: inglés (y yiddish, claro)Título original: The Yiddish Policemen's Union
Año de publicación: 2007
Traducción: Javier Calvo Perales
Valoración: Muy recomendable
A todo esto, en un hotel de medio pelo de la ciudad, el Zamenhof, aparece asesinado uno de los clientes, un tal Lasker, hombre de apariencia tranquila, posible heroinómano y aficionado al ajedrez. Como resulta que otro de los residentes en el hotel es el detective de homicidios Meyer Landsman -un poli en horas bajísimas, cómo no-, éste se siente obligado a hacerse cargo de la investigación, pese a que tal vez no le queden más de dos meses como policía, hasta la inexorable Revocación. A partir de aquí se desarrolla la correspondiente trama policíaca, con sus previsibles elementos que ya hemos visto y leído en cientos de novelas, películas y series de televisión: ese poli brillante pero autodestructivo (no hace falta mucho para imaginar a Landsman con la jeta de Bruce Willis, por ejemplo); su relación casi matrimonial o en todo caso familiar con su compañero Berko; su relación aún más matrimonial -o todo lo contrario- con su superior jerárquico, pues resulta ser su ex-mujer Bina; el habitual submundo de informantes más o menos pintorescos, colegas de profesión no menos pecualiares y poderosos gángsters que tal vez no sean sino los factótums de fuerzas aún más poderosas... En fin, ya digo que es una novela que sigue un camino bien trillado, a pesar de haber sido bien condimentada con exóticos aderezos (al menos, exóticos para mí, que ni soy judío ni de Alaska): problemas de ajedrez y geoestratégicos, relaciones con los indios tlinglit, sectas hasídicas como los verbovers, cuya supuesta superioridad moral les legitima para delinquir sin reparos en el mundo exterior a ellos (vamos, como si fuera algún partido político español...); presuntos mesías y vacas sagradas... El carácter ucrónico de la historia parece servirle a Chabon, sobre todo, para recordarnos que las cosas son de una manera, pero que muy bien podrían haber sido de otra... o viceversa.
En conclusión, una novela policíaca más, ¿no? Pues sí... pero no. O no, pero sí, como se prefiera... Porque, desde luego, se pueden escribir y de hecho se escriben constantemente una infinidad de novelas policíacas, negras, noirs o como se quiera llamarlas. De mil, diez mil o cien mil maneras dispares; con mil situaciones diferentes, diez mil víctimas o cien mil detectives distintos. En ambientes ucrónicos, históricos, realistas, fantásticos, disparatados, simbólicos o premonitorios. Con todas las variaciones posibles de modus operandi, de método investigador y de los motivos del crimen. Lo que se quiera... pero lo que no puede hacerse, de ninguna manera, es escribir una novela de este tipo mejor de lo que lo ha hecho Michael Chabon. Igual de bien, sí, más fascinante quizás; pero no con una mayor calidad literaria, con un mejor dominio de la narración y de los personajes, con mayor profundidad psicológica o una trama más cautivadora. Nu, le ha salido perfecta, a este yid.
Sólo puedo añadir: ¡Mr. Chabon, chapeau (porkpie hat, por supuesto) y Mazel Tov!
sábado, 10 de octubre de 2015
Irène Némirovsky: El malentendido
Idioma: francésTítulo original: Le malentendu
Año de publicación: 1926 (en la revista Les Oeuvres Libres)-1930 (como libro)
Traducción: José Antonio Soriano Marco
Valoración: recomendable
Porque la novela nos cuenta la historia de un adulterio, desde sus comienzos deliciosos, casi ingenuos, en unas vacaciones, entre la playa de Hendaya y las excursiones por los montes vascos, hasta el progresivo y previsible desencanto en la grisura del París invernal... Ahora bien, Némirovsky no sermonea sobre la indecencia o inmoralidad del adulterio en sí, que se acepta aquí casi como una tradición francesa, al menos de cierta clase social (tradición literaria también), sino que advierte del peligro para las jóvenes esposas de cambiar la tiranía o el aburrimiento de un marido por el que pueden padecer por culpa de un amante. Es más, si ambos protagonistas, Yves y Denise podrían calificarse incluso de un poco cándidos -e incluso "lilas"-, el que peor parado sale en su semblanza es el hombre, por pusilánime, caprichoso e irresoluto (y, en todo caso, quién parece más listo es el marido engañado, que no molesta a nadie, seguramente por estar ocupado con sus propias aventuras). Especial interés tiene la perspicacia con que la autora refleja las diferencias sociales -o sea, económicas- dentro de la clase en la que se desarrolla la historia, la burguesía más o menos boyante, sembrada de sutilezas y laberintos que seguramente ella conocía bien, dada su accidentada biografía: hija de un banquero ruso judío, exiliados tras la revolución del 17, casada luego con un ingeniero metido en finanzas y víctimas, por último, ambos de la barbarie nazi y la cobardía del régimen de Vichy...
Mención aparte merece, sin duda, la excelencia y precisión de la prosa de Némirovsky, más notable aún si se tienen en cuenta sus pocos años (recordemos que la novela se publicó primero en una revista, en el año 1926, por lo que la debió de escribir con menos de 23 años) y que lo hacía en una lengua que no era la suya, aunque es cierto que, al parecer, había sido educada desde pequeña en el conocimiento del francés. En cualquier caso, está claro que, ya desde su primera obra, se trataba de una escritora de fuste y evidente talento, desgraciadamente -e indignantemente- desaparecida demasiado pronto, pero que dejó un buen puñado de novelas que podemos disfrutar ahora, después de tantos años. Yo, desde luego, pienso seguir haciéndolo.
Más libros de Irène Némirovsky en Un Libro al Día: El baile, Los perros y los lobos, Suite francesa, El ardor de la sangre
jueves, 24 de septiembre de 2015
Philip Roth: Goodbye, Columbus
Idioma original: inglésTítulo original: Goodbye, Columbus
Año de publicación: 1959
Traductor: Ramón Buenaventura
Valoración: Muy recomendable
Y lo que tenemos aquí es, por otro lado, la primera experiencia como escritor -o al menos como escritor publicado- del entonces joven Philip Roth; una serie de relatos en los que ya podemos encontrar buena parte de los elementos que luego serán habituales en su narrativa: la ciudad de Newark (famosa precisamente por ser el hogar de Roth, de los Soprano y del Vengador Tóxico), la "juidicidad" -que no judaísmo-, entendiéndola como la identidad que cualquier individuo judío debe presentar frente al mundo y, sobre todo, frente a los demás judíos... aunque a los gentiles nos parezca ajeno, no es un mal tema para reflexionar, en estos tiempos que exigen la definición de nuestras identidades colectivas, frente a las individuales. También tratan sobre la hombría, que por supuesto no se refiere a la cualidad de ser un machote de pelo en pecho, sino la conversión del niño o joven en hombre (que luego puede ser "muy macho" o no). Y ante todo, encontramos ese sentido del humor, a ratos triste, otros socarrón o incluso desbocado, que tan bien conocemos sus lectores...
El primero de los relatos, que da título al volumen -en realidad, más que un relato diríase una novela corta- no es, sin embargo, el más humorístico, aunque no falta la ironía un tanto burlona de Roth. Se trata de la crónica de un amor veraniego. joven judío -ya algo talludito para llamarle "chico"- de clase media más bien baja, conoce a chica judía de clase media más bien alta. Inician una relación, él conoce a la familia de ella, incluso se va a vivir a casa de ella y... bueno, no diré como acaba, pero sí que el tono final resulta bastante melancólico, incluso cruel. No pasa nada extraordinario, pero somos conscientes de haber asistido a un episodio decisivo en la vida de alguien. En los demás relatos, mucho más volcados hacia el humor y hasta la farsa, conoceremos a todo un compendio de personajes que viven de manera más o menos conflictiva su "juidicidad": el hereje de trece años Ozzy Freedman, el sufrido sargento Marx o el no menos sufrido pero mucho más desquiciado Eli Peck, el "fanático", En el único de los cuentos en los que no se hace mención a la condición judía de sus protagonistas, No se conoce al hombre por la canción que canta, podríamos decir que ésta se halla presente "por omisión", o por contraste con el origen siciliano del compinche del narrador de la historia. Aunque quizá esto sea hilar demasiado fino (¿un pensamiento demasiado rabínico, quizá?).
En fin, para terminar la reseña, permítanme un toque de pedante cursilería -o de pedantería cursi, si se prefiere-: yo ni soy judío, ni norteamericano ni he estado en Newark en mi vida (ni ardo en deseos de ir, la verdad). Pero diré, sin ánimo de molestar a nadie, que me siento más cercano a Philip Roth que a la mayoría de mis compatriotas, mis coetáneos o casi cualquiera de los que han sido educados en la misma religión que yo... Supongo que en eso consiste el secreto de los grandes escritores: hacernos sentir que sus palabras hablan no sólo por ellos mismos, sino también por nosotros.
Un montón de libros de Philip Roth reseñados aquí.
domingo, 22 de diciembre de 2013
Aleksandar Tišma: El libro de Blam
“… él había sobrevivido, había vuelto, el único de la familia de diecisiete miembros, pero anteriormente había soportado el riesgo, se había expuesto a la verdad, había visto, lo había experimentado” *
viernes, 29 de noviembre de 2013
Saul Bellow: Henderson, el rey de la lluvia
La ironía y perspicacia de Bellow se manifiesta aquí prescindiendo de su habitual talante taciturno. El protagonista, un maduro millonario norteamericano aficionado a la cría de cerdos, se casa por segunda vez pero, aun adorando a su voluble y precavida mujercita, su insatisfacción vital no deja de amargarle. ¿Cómo aplacar la angustia de quien tiene todo lo que se puede desear? A nuestro héroe no se le ocurre mejor idea que viajar al continente africano, pero no a una región civilizada. Lo que se propone –y consigue– es internarse en sus profundidades con la ayuda de un guía experto y, durante algún tiempo, formar parte de alguna tribu. De dos para ser exactos. Lo que le sucede es insólito, como no podía ser de otra manera, pero es la forma de contarlo lo que resulta desternillante.
Y no se conforma con vivir intensamente. Mientras lo hace su cabeza no deja de funcionar. Son constantes sus reflexiones sobre él mismo, el mundo y los hombres, sobre su presente y sobre su vida anterior. Recuerda melancólicamente a su esposa y nos obsequia con agudas observaciones sobre cuestiones de todo tipo. Bellow no solo sabe divertirnos, además transmite, con gran ironía y sutileza, algunos de sus puntos de vista.


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