Traducción: Tomás Fernández Aúz
Año de publicación: 2000
Valoración: Entre está bien y recomendable
Poesía: Llibre de meravelles de Vicent Andrés Estellés (cierto que no he leído ningún otro, pero lo merece igualmente).
Decepción: Mi esposa y yo compramos un rancho de Matt y Harrison Query. Esta es la chafada más gorda, pero también ha sido un poquito decepcionante Lo que más me gusta son los monstruos - Libro Dos de Emil Ferris. Y aún tengo el culo torcío con Chamanes eléctricos en la fiesta del sol de Mónica Ojeda...
NO decepción del año: Un lugar soleado para gente sombría de Mariana Enriquez.
Sorpresa (se entiende que agradable) del año: Los secretos de Heap House de Edward Carey,
Bizarrada del año (y por muchos más, sospecho): El amor edípico contra la lujuria sadomasona de Oriol Vigil.
Carlos:
Resumen del año: esto es una novedad introducida por sorpresa, así que me ha dejado un poco descolocado. Aun así diré que el año ha sido regular, con más decepciones de las habituales, y un nivel medio en el que apenas sobresalen un puñadico de cosas, algunas como estas:
Novela: en castellano Extraña forma de vida, de Enrique Vila-Matas; en otros idiomas, El otro nombre (Septología I), de Jon Fosse
Novela corta: Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño, y Noches blancas, de Fiódor Dostoyevski
Ensayos y similares:
- Humanidades: Los hombres no son islas, de Nuccio Ordine
- Música: Aquellos años accidentales, de Laura Piñero
- Arte: El eco pintado, de Óscar Martínez
Historia: Ocho días de mayo, de Volker Ullrich
Libros de viajes: Campos de Níjar, de Juan Goytisolo
Biografía novelada: Lawrence de Arabia. La corona de arena, de Jose María Álvarez
Relectura: Artificios, de Jorge Luis Borges
Humor: El puente de los perros suicidas, de Abel Amutxategi
Clásico: La guerra carlista, de Ramón del Valle-Inclán (reseña en unas semanas)
Rarezas y descubrimientos: Madame Edwarda, de Georges Bataille, y Nebiros, de Juan Eduardo Cirlot
Año de publicación: 2023
Valoración: Recomendable alto
Por lo general no suelo leer libros de esos que se exhiben en la sección ‘Humor’. Aunque entiendo que haya quien busque un libro con la única intención de reírse y pasar un rato divertido, yo lo veo de otra forma, creo que el humor tiene que estar presente en un relato cuando debe, solo en ciertos momentos y en alguna proporción, que será mayor o menor según los casos, pero nunca todo el tiempo. No me parece razonable que uno tenga por delante doscientas páginas, por poner el caso, en las que cada línea y cada párrafo tengan que llevar dentro un chiste, una ocurrencia o una ironía. Eso tiene que cansar mucho. O no.
El puente de los perros suicidas es la nueva novela que John Kennedy Toole escribe cuando reaparece en Nueva Orleans, medio siglo después de haberse suicidado inhalando los gases del tubo de escape de su coche. En realidad parece que ha pasado todo ese tiempo atrapado en el Guinee, lo que llamaríamos el Purgatorio, una especie de estación intermedia hacia la muerte, de la que por alguna razón ha regresado (o de donde ha sido expulsado). Ken despierta, relativamente perplejo, entre cubos de basura, habiéndose mimetizado de alguna manera con el famoso Ignatius Reilly, el protagonista de su novela La conjura de los necios. Aunque pronto es consciente de que su libro finalmente se publicó, además con gran éxito, no será fácil que alguien le reconozca como el verdadero autor redivivo. Las peripecias más o menos cómicas o absurdas en las que se ve envuelto constituyen el grueso del relato, implicando a personajes caricaturescos, como la dueña de un restaurante para turistas donde tiene como pinche a un licenciado de Harvard, el Club de Adoradores de John Kennedy Toole, disimulado en la trastienda de un taller, la bibliotecaria que secretamente escribe novelas, o la sargento Mancuso, hija del patrullero que tan mala vida llevó en la popular novela de Toole.
El humor, efectivamente, está presente en cada página, pero no de manera gratuita sino replicando de forma bastante asombrosa el estilo de aquel viejo best-seller, su prosa, el tipo de gags, la naturalidad y brusquedad infantil de su protagonista, hasta la forma de conectar las secuencias, o el papel indirecto pero relevante de la ciudad de Nueva Orleans como un personaje más, sus barrios, sus bandas de metal, la santería o los aromas. Amutxategi recrea todo ello con aparente facilidad y, lo que es más importante, sin altibajos, manteniendo el tono y el ritmo desde la primera a la última página. Algo difícil de conseguir, una narración siempre centrada en lo que quiere ser, una parodia tan bien construida que se puede ver como una recreación.
Igual que en La conjura… también aquí el relato presenta bajo el envoltorio humorístico otras capas interesantes, en especial la terrible sátira dirigida hacia el mundo editorial. Como es sabido, Toole se suicidó sin que ninguna editorial hubiese querido publicar su libro (quizá porque ‘no creían que hubiese suficientes lectores interesados en lo que tenía que ofrecer’), y solo después de su muerte su madre consiguió que viera la luz. Tomando esto como punto de partida, y puede que también alguna experiencia más personal, Amutxategi vuelve a colocar al autor norteamericano en una situación similar, y aprovecha para repartir cera contra las editoriales que desprecian todo lo que no sea rentabilidad inmediata o despachan manuscritos sin leerlos, o contra los promotores de autoedición que exprimen al pobre autor, que hace lo que sea para ver su nombre en algo con forma de libro. Aunque un poco de pasada, se toca también el viejo dilema de la propiedad del texto, hasta dónde sigue siendo del autor o dónde empieza a pertenecer al lector, como individuo o como colectivo. No se ahorra sarcasmo, pero siempre pertinente y medido, sin dejar que se le descontrole o se le deforme la narración.
Todo parece perfectamente combinado y ajustado, sin baches ni vacíos, un hilo narrativo equilibrado que en ocasiones hace reír, sin perder el paso, quedando la sensación de que su autor es muy consciente de lo que quiere conseguir y cómo hacerlo para que todo, la historia, los chistes, la crítica, y lo que tiene de homenaje, que también, funcionen como un mecanismo idóneo para este fin.
Si John Kennedy Toole volviera efectivamente a levantar la cabeza, casi seguro escribiría algo muy parecido a El puente de los perros suicidas, fantaseando sobre su propia resurrección y su nueva novela, y así sucesivamente.
Idioma original: inglés.
Título original: The Doors of Perception. Heaven and Hell
Traducción: Miguel de Hernani.
Año de publicación: 1977.
Valoración: casi necesario
Al margen de que cada cierto tiempo se recupere el consabido debate público sobre la legalización de las drogas (en especial cuando algún gobierno progresista incorpora normas que afrontan el tema con alguna laxitud), libros como este me parecen esenciales no en su estricto valor literario, sino por lo que suponen desde un punto de vista de enriquecimiento cultural. Un escritor mítico hablando en primera persona de experiencias con drogas alucinógenas, escribiendo (o concibiendo el texto) bajo su influencia y revelándola, sin que el primer juicio - supongo que en su día sería diferente - sea una acusación de proselitismo o de mojigatería.
Por cierto, para los amantes de la memorabilia, este texto toma su título de un fragmento de un poema de William Blake, y a su vez la banda norteamericana The Doors tomó su nombre de esa misma referencia. Así que el enlace está tejido entre la cultura beatnik y los movimientos culturales influidos por la psicodelia tendría en textos como este un obvio eslabón. No siempre para bien, por eso. La poderosa carga intelectual que puede desprenderse de la experiencia de un creador literario de primer nivel como Huxley queda algo diluida en algunos pasajes en que se alude a aspectos místicos, mitológicos, espirituales, y en este sentido la narración carece de un profundo aspecto descriptivo en el sentido sensorial. Obviamente se trata de ensayos y estos quieren esquivar las cuestiones más subjetivas y buscan centrarse en su interpretación en profundidad, así que nos encontramos en un terreno extraño, casi irreal, donde pasamos de describir el efecto químico puro, la actuación sobre el sistema neuronal de sustancias como el peyote o la mescalina a, en cuestión de páginas, entregarnos a un difícilmente digerible ejercicio de enumeración algo desordenada de sensaciones.
Aquí, insisto, el poderío intelectual de Huxley interviene como un tamiz y el texto se desestructura y combina sensaciones ante impactos como la visión de un cuadro con elucubraciones que nos sitúan en la cultura oriental, tan en boga en la época, pero nos impide (cosa muy coherente con la propia concepción del proyecto) ponernos exactamente en la piel de la experiencia en primera persona, cuestión que no sé si este libro pretendía o no. Porque décadas después, en una sociedad que cuenta, aparte de las absurdas drogas legales y toleradas, no solo con un acceso a esas sustancias sin la mayor dificultad, sino incluso con una experiencia minuciosa de sus usos y utilidades, quizás, voluntarios no faltarán, convendría disponer de alguien con talento (y algo de valentía) para actualizar el catálogo.
Obras de Huxley reseñadas en ULAD: aquí
Año de publicación: 2024
Valoración: Está muy (pero que muy) bien
Irene Reyes-Noguerol ha escrito, con apenas 27 años (putos jóvenes), uno de los libros de relatos del año. Por sensibilidad, por manejo del lenguaje, por musicalidad y ritmo interno de los textos, por lo poético de las partes y del todo, por el variado catálogo de sentimientos humanos que en él se muestran, por el maravilloso homenaje a sus antepasados (como decía cuando hablaba, hace unos días, de Tierra: cualquier historia puede ser interesante), etc.
Y aquí podría terminar la reseña y deciros "hala, corred a la librería o a la biblioteca, pedídselo a vuestros cuñados como regalo de Reyes y ya me contaréis", pero algo más habrá que explicar, ¿no?.
Habrá que contar, por ejemplo, que doce son los relatos que conforman Alcaravea y que sus protagonistas son, más o menos a partes iguales, personajes anónimos y personajes "históricos" (quizá aquí habría que utilizar como referencia las Vidas imaginarias de Marcel Schwob), pero que todos ellos se ven igualados frente a la locura, la muerte, el amor o el dolor.
También habrá que decir, y esto es algo que me parece muy interesante, que los textos tienen carácter especular. Tres muestras, aunque haya más:
Año de publicación: 2023
Valoración: ¿recomendable?
Un secreto que no lo es, en realidad: hay reseñas facilitas, que se escriben en un plisplás y otras difíciles como un demonio. A ver si adivináis de que tipo es la de esta novela... Exacto, de las jodidas peliagudas de hacer. Porque la novela de la que trata no sólo se sale de lo habitual, tanto en argumento como en su estilo, sino que además resulta complicada de valorar, al menos usando el Sistema Unificado ULAD de Valoración de Libros (no digamos ya poniendo estrellitas a lo Goodreads).
Pero bueno, vamos al lío que aquí hemos venido a jugar... Budapest es lo que podríamos llamar una novela distópica postapocalíptica, aunque no quede muy claro de qué apocalipsis nos están hablando. Es también una novela de viajes, la enésima versión de la Odisea, protagonizada no por un rey griego sino por dos primos -él y ella- que recorren el Páramo en busca de ¿venganza? ¿Justicia? ¿Su pasado, sin más? Sobre todo, Budapest es un cuento terrible, la versión Mad Max, si se quiere, de alguno de los hermanos Grimm (aunque la autora habla de Hans Cristian Andersen en el epílogo) con unos Hansel y Gretel con quienes más le vale no cruzarse a ninguna bruja...
Resumen resumido (a ver si soy capaz): Cara y Carlo son dos primos que vagan juntos por el Páramo, en la orilla opuesta de donde se encuentra la que fue ciudad más bella a orillas del Danubio, en busca, parece del Abuelo de las Tormentas. Han sido criados, tras su paso por el Palacio Encantado, por dos soldados también errantes, Piotr y Santino y acabado convirtiéndose en, tal vez, las criaturas más temibles en un mundo habitado por lobos, chacales y fantasmas. Un mundo destruido tras la guerra -da igual si la segunda o la tercera Guerra Mundial. O quizás ambas a la vez- en el que el genocidio ha sido casi total y la contaminación, absoluta, convertida en la nueva naturaleza, en el hábitat en donde deben sobrevivir los primos protagonistas. Cuya historia vamos conociendo no de manera lineal (lineal recta, quiero decir) sino espiral, pues ésta es la forma que adopta la narración, avanzando desde el exterior de la misma hacia el centro, pero dando rodeos, circunloquios, desvíos, metáforas y racconti... Porque esa es otra: el estilo de Mories (al menos en esta novela, que es la única suya que he leído) dista mucho de ser sencillito y meramente funcional; está compuesto -y empapado de un lirismo tenebroso que recorre toda la novela- de forma más bien fragmentaria, aunque el resultado final los unifique, por episodios oníricos, analepsis, pensamientos -o sensaciones. O aprensiones- de los protagonistas, recuerdos y presagios- Trufado todo por multitud de poemas, con los de T. S. Eliot a la cabeza, y canciones, desde las de Leonard Cohen a Antonio Vega o El Novio de la Muerte... Un estilo que, curiosamente y al menos según mi opinión, cuanto más tortuoso, complejo y alegórico resulta, más eficaz en la difícil (muy difícil, en este caso) tarea de conseguir la consabida suspensión de la incredulidad. ¿Lo consigue Budapest? Pues sí, pero ya digo que a base de exceso, perversidad y artificio.
De ahí, en parte, que no tenga claro si recomendar o no esta novela, al menos para todo el mundo. No sólo porque no resulte una lectura fácil debido a su estilo (aunque eso también puede atraer a ciertos lectores/as), sino porque lo que envuelve éste es una historia en extremo dolorosa y hasta cruel -no digo que lo sea su autora, sino lo que nos cuenta-, con pasajes cuyo hálito metafórico no esconde imágenes de pesadilla, con un punto gore, incluso... Puede no ser una novela de terror al uso, y puede que a muchos y muchas aficionadas al género no les acabe de convencer (a otros, seguro que sí), pero no os llamaré a engaño: SÍ que es una historia de terror. Más aún cuando no hace sino reflejar lo que pasó en Europa hace no tanto tiempo y prever lo que puede llegar a pasar, por el camino que vamos...