domingo, 18 de diciembre de 2022

J. Casri: El modelador de la historia

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2022
Valoración: Entre está bien y recomendable

La cubierta de este libro es lo suficientemente explícita: la historia dentro de la historia dentro de la historia. Y así hasta el infinito. Así que lo encontraremos ya en el interior no sorprenderá en exceso: el juego, la mistificación, los incisos y desvíos, la historia y la Historia, la escritura y el autor, la ficción y la realidad (¿cuál de todas?), el pasado y el futuro en constante (re)creación, etc.

Nombres que vienen a la cabeza: Perec, Vila-Matas, Calvino, Borges (también es verdad que yo veo a Borges por todas partes), la Cesárea Tinajero de Los detectives salvajes, etc.. Esta última referencia puede, de inicio, chocar pero es que El modelador de la historia es, en líneas generales, la búsqueda de un personaje / autor situado entre la ficción y la historia, entre el pensamiento y la expresión a través de un viaje que comienza en un vuelo (y no es casual esta elección de un escenario que es un no-lugar situado en un no-tiempo) y que continúa por París, Londres y Barcelona.

Así, indicios, pistas y sospechas aparecerán a lo largo del texto dando lugar a la citada "mise en abyme". Libros que no deberían existir pero existen, historias dentro de ellos, autores fantasmas, búsquedas infructuosas o no... diferentes niveles, planos paralelos que al final se tocan porque no existen las líneas perfectas.

Esa multitud de historias tiene su parte buena y su parte no tan buena. Por un lado, el autor consigue mantener el interés pese a esa variedad, hasta el punto de semejar todo un juego de prestidigitación ejecutado a un ritmo vertiginoso; por otro, una vez terminada la lectura queda la sensación de que algunas de las historias no aportan demasiado a la trama y de que no han sido otra cosa que fuegos artificiales. 

Y aunque cierta sensación de algo ya leído (ya habéis visto las referencias que menciono en el segundo párrafo) transita por el texto, sus buenos diálogos, sus interesantes reflexiones y sus variopintas historias hacen que la impresión final sea favorable. Que no es moco de pavo, oigan 

sábado, 17 de diciembre de 2022

Terry Pratchett: Mascarada

Idioma original:
inglés
Título original: Maskerade
Traductor: Javier Calvo Perales
Año de publicación: 1995
Valoración: Muy recomendable (como todo el Mundodisco)

Recuerdo perfectamente la primera vez que me recomendaron los libros del Mundodisco de Terry Pratchett: acababa de entrar en la universidad, era joven y barbilampiño, y aquel mundo del que me hablaban, con brujas y magos y elefantes encima de tortugas y ciudades de nombre impronunciable me daba, en fin, pereza; yo en aquella época quería leer Literatura Seria De Verdad (de Borges para arriba). Y no hice mucho caso a la recomendación. Solo que, unos pocos años más tarde, por circunstancias vitales y laborales, empecé a viajar mucho desde y hacia el Reino Unido, y creé un hábito: comprarme un libro de Terry Pratchett en el aeropuerto, para amenizar las horas de vuelos y esperas. Ya ni sé cuántos me leí, sin ningún orden concreto, pero fueron sin duda más de una docena. Con el tiempo dejé de viajar tanto, y abandoné la costumbre, y al Mundodisco.

Hasta que, la semana pasada, no me pude resistir y volví a comprarme una novela de Terry Pratchett en un aeropuerto: esta Mascarada, que viene a ser la decimoctava novela de la serie del Mundodisco (aunque si las lees desordenadas, como he hecho yo, no te pierdes, porque cada novela es autoconclusiva, aunque obviamente recupere personajes de novelas anteriores).

De hecho, esta novela se integraría en el "ciclo narrativo" de las brujas, Granny Weatherwax y Nanny Ogg (Yaya Ceravieja y Tata Ogg en la traducción española), que ya habían aparecido en Ritos iguales, Brujerías, Brujas de viaje y Lores y damas. Después de ver partir a su joven aprendiz Magrat Garlick, Granny y Nanny buscan a una nueva tercera bruja para componer su modesto aquelarre; quizás la nueva aprendiz pueda ser Agnes Nitt, una rubicunda muchacha de Lancre, solo que Agnes ha decidido viajar a Ankh-Morpok para perseguir su sueño: convertirse en cantante de ópera. Y la ópera en Ankh-Morpk es un poco particular (más particular aún que la ópera por sí sola): hay un fantasma en el teatro, que alterna asesinatos con sugerencias melómanas, un cantante obeso que quizás sea italiano o no lo sea, prima donas que no saben entonar, gastos incesantes que enloquecen al nuevo dueño del teatro y una enorme lámpara de araña que puede que acabe despeñándose, o no, sobre el público. 

Con todos estos ingredientes, Terry Pratchett construye su habitual receta de suspense, humor y parodia, en este caso del mundo operístico, con sus absurdos argumentos, sus excesos dramáticos y sus pretensiones snobs (de hecho, la novela está llena de deformaciones de títulos de ópera, como La Triviata, The Ring of the Nibelungingung o Chicken Lake). Y por supuesto, con referencias obvias a El fantasma de la ópera de Gastón Leroux. Hay también los habituales juegos con las expectativas del lector en relación con las brujas y sus poderes, críticas más o menos ácidas a los estereotipos machistas, racistas o clasistas, y en fin, una infinidad de juegos verbales que deben haber hecho las delicias del pobre traductor, Javier Calvo Perales (aunque yo he leído la novela en inglés así que no puedo juzgar su labor...)

No hay que perder de vista, con todo, en medio de tantos chistes, fantasías y disparates, que Terry Pratchett es también un muy buen constructor de tramas. De hecho esta novela, que como decía antes es ya la 18.ª de la saga del Mundodisco, la técnica y la estructura narrativas son más complejas de lo que podría parecer: se combinan personajes, espacios, tramas y subtramas, con constantes saltos de una sección a otra, y Pratchett consigue que todo funcione como un reloj, que todos los enredos acaben por converger (¿convergir?) en un clímax enloquecido pero coherente. 
 
De hecho, quizás la única pega que se le puede poner a sus novelas sea que suelen acabar con finales bastante convencionales, demasiado "perfectos" para un mundo tan alucinado como el Mundodisco pero, en fin, es una pega menor para un autor que tanto nos divierte y nos asombra y nos entretiene. Y Mascarada no es, en este sentido, una excepción, sino la confirmación que confirma la excepción de la regla. O algo.

También de Terry Pratchett en ULAD: El color de la magia

viernes, 16 de diciembre de 2022

Miguel Gallardo y Juan Mediavilla: Todo Makoki

Idioma: español (o algo parecido)

Año de publicación: entre 1978 y 1994, como historias sueltas; 2012, como libro

Valoración: Fuera de concurso

Puede que quede un poco buitre (Buitaker, en este caso) aprovechar el fallecimiento de alguien para reseñar sus libros, pero, aparte de que no solemos hacerlo (y este año ha habido unas cuentas ocasiones, por desgracia, sobre todo en el mundo del cómic; ayer mismo, Calpurnio, que tenía no poca relación con los autores y el personaje de este libro), en el caso que nos ocupa hoy me parece más que justificado, puesto que en este ya agonizante 2022 nos han dejado no uno, sino los dos artífices de este libro: el dibujante Miguel Gallardo y, más recientemente, el guionista Juan Mediavilla. De todas formas, la reseña del Todo Makoki era una de las cuentas pendientes de este blog, porque estamos hablando, amigues míes, si no del cómic español -y personaje- más importante de los últimos 50 años (no me atrevería a afirmar tanto y menos aún a decir cuál puede ser), sin duda sí que el más gamberro y descacharrante, con el protagonista más majarón del tebeo hispánico... sin olvidar a su pandilla de secuaces y antagonistas, a cual más delirante. La antítesis de la corrección política actual, que no resistiría ni la más ligera mirada woke ni, mucho menos, la de la sociedad bien pensante... (milenials, centenials, agarraos bien las pelotas a donde podáis antes de atreveros a leer este cómic).

¿Quién es Makoki? Pues un personaje nacido, al parecer, de un relato de Felipe Borrallo, allá por 1977, un majareta escapado del frenopático, aún en bata y con el casco y los cables del electroshock colgando, refugiado junto a sus colegas delincuentes en la Barcelona más preolímpica y cutre que cabe imaginar, donde sobreviven a base de trapicheos, palos y de colocarse con todo lo que encuentran a su paso, Las desopilantes aventuras de Makoki y la basca, publicadas primero en Disco Express y luego en otras revistas (como la mítica El Víbora), tuvieron tal éxito que merecieron su propia publicación, epítome de la llamada "línea chunga", titulada, cómo no, Makoki, hasta el año 1994. Para entonces, símbolo de una época que ya había pasado o se había transformado en otra cosa, el personaje acabó por desaparecer para convertirse en leyenda.


Este compacto volumen está dividido en cinco libros -los dos primeros, a su vez, compuestos por varias historias más o menos independientes-: Las aventuras de Makoki, La juventú de Makoki, Fuga en La Modelo, Makoki en Niu Yors y La muerte de Makoki. Todos ellos -salvo el último, mucho más cuidado- dibujados por Gallardo con un trazo entre anfetamínico y naif, muy poco primoroso, deudor tanto del "estilo Bruguera" o de las tiras de Popeye el Marino, como del underground de la época, ya fuera americano o autóctono, y con una composición algo caótica, representativas del zeitgeist (aprovecho para meter el palabro) de aquellos años del punk. Pero que nadie piense en postureos de modernillos; las historias de Makoki, incluso cuando recogen los avatares de los pasotas o drogatas de aquellos años y se desvíen, en la mayoría de las ocasiones, hacia el puro delirio, están firmemente ancladas en el costumbrismo de la España de por entonces, pero también de aquel intemporal, el que viene, en línea directa, de La Celestina o el Lazarillo de Tormes. Prueba de ello es el particular lenguaje urdido por Mediavilla, mezcla de la jerga delincuencial barcelonesa, del habla charnega y de las expresiones de moda entre la juventud de la época (hoy bastante vintage... siendo generosos). Escrito, eso sí con un escrupuloso cuidad de incluir todas la incorrecciones ortográficas habidas y por haber. como tocaba... Es el argot que emplean los entrañables peculiares coleguis de Makoki: el fornido y fiel Morgan, el sociópata Emo -de Emosiones-, el desconfiado Cuco, el Niñato, el laborioso Chenchín, el buitre Buitaker, el dr. Otto y su ayudante Josechu Julagaray... Sin olvidarnos, claro, de sus enemigos mortales, que también los tiene, como buen superhéro... bueno, héroe... en fin, lo que sea: el siniestro comisario Loperena, el inspector Pectol o el cyborg bonaerense -Capital Federal- Robesto...

A lo largo de sus aventuras vamos conociendo las cuitas, los fracasos y los triunfos -de éstos, más bien pocos- de esta alegre pandilla de inadaptados -por no decir descerebrados-, a través de una serie de historias un tanto (o bastante, hay que admitirlo) disparatadas y dispersas. La parte más ambiciosa y extensa es la de Makoki en Niu Yors -genial Morgan creyendo que está en Bilbao-, que , además, esconde multitud de homenajes a otros personajes y autores de cómics, desde los Freaks Brothers de Sheldon a Carlos Sampayo, pasando por la MARVEL, pero los más logrados y coherentes narrativamente son la espectacular Fuga en la Modelo -y minuciosa, puesto que los autores consiguieron los planos de la cárcel para reproducirla con total fidelidad... incluso circuló la leyenda urbana de que había quien se fugó de verdad de esa cárcel gracias al cómic- y La Muerte de Makoki, de estructura casi "tarantiniana" (o quizás "guyritchiana"... o más bien viceversa, en este caso).

En fin, si Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape o El capitán Trueno (o, en un sentido más amplio, las canciones de Manolo Escobar, el Un, Dos, Tres o las películas de Esteso y Pajares) forman parte, para bien o para mal, de nuestro background cultural (en el sentido, literal de "patio trasero"), no lo hacen menos las historietas de Makoki, de Peter Pank o la Anarcoma de Nazario (o el cine "quinqui", las primeras pelis de Almodóvar, la música de Siniestro Total o de Kortatu, las rumbas de los Chunguitos...). Así que nunca está de más echarles un vistazo, aunque sólo sea para alucinar un poquito con lo que se hacía en el cómic de hace ya cuarenta años. Y espere,os que se pueda seguir haciendo.

Nota final: el prólogo de Antonio Escohotado os lo podéis saltar, a no ser que os interese mucho el personaje, porque básicamente habla de sí mismo y de sus movidas particulares...

La criaturita, con sus papás...

Otros cómics de Miguel Gallardo reseñados en Un Libro Al Día: María y yo, María cumple 20 años

jueves, 15 de diciembre de 2022

Joseph Berna: Los Aliados de la Noche

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2019
Valoración: Se deja leer (y a mucha honra)

Joseph Berna (pseudónimo de José Luis Bernabeu López) fue uno de los autores más prolíficos de bolsilibros patrios. De su ingente producción cabe destacar sus aportaciones a la literatura "pulp" de terror y policiaca. Los Aliados de la Noche, novela corta que hoy traigo a colación, pertenece a este último género, aunque también ofrece grandes dosis de acción y erotismo. 

¿De qué trata? Pues bien, un detective privado es contratado para proteger a una joven de una banda de moteros que tienen aterrorizados a los habitantes de Santa Mónica.

De esta obrita subrayaría las siguientes virtudes: 

  • Da lo que promete; es decir, una lectura amena, un despiporre que nunca se toma en serio, escapismo de quiosco, una desacomplejada fantasía de poder masculina, un honesto batiburrillo de tópicos, reminiscencias a la serie B de los 70-80s, puro "rule of cool", un simpático sentido del humor, paletadas de violencia y un puñado de escenas fogosas. 
  • El dinamismo de su prosa y la agilidad de su argumento permiten que se lea de una sentada.
  • Dota a Rob Duggan, su protagonista, de un carisma la mar de seductor.
  • Abunda en diálogos que, si bien no son siempre estrictamente necesarios para que la trama avance o los personajes adquieran cuerpo, acusan cierto ingenio.

Por otro lado, querría señalar los defectillos que le he encontrado a Los Aliados de la Noche: 

  • No resulta memorable, pues recuerda sobremanera a centenares de ficciones similares.
  • El estilo de su autor es sumamente mejorable. Tiende al puntoyapartismo excacerbado y a los añadidos redundantes; en ocasiones adolece incluso de una puntuación extraña.
  • Es tonalmente inconsistente.
  • La historia contiene escenas prescindibles, decisiones narrativas poco verosímiles, comportamientos bastante gratuitos y una batalla final anticlimática. 
  • Su manera de enfocar determinados temas (por ejemplo, las relaciones entre hombres y mujeres o el abuso sexual) puede disgustar a sensibilidades modernas.

En conclusión: aunque no creo que Los Aliados de la Noche sea una gran novela, tampoco voy a fingir que eso es lo pretende. Al fin y al cabo, sólo quiere entretener al lector, ayudarle a evadirse de la realidad durante algunas horas; lo cual cumple con creces. Por tanto, dada su naturaleza "pulp" y su modesto objetivo, sus carencias son fácilmente perdonables.

No querría terminar esta reseña antes de alabar a Matraca. Sin esta editorial no podríamos tener Los Aliados de la Noche en nuestras manos, porque la novela de Berna, originalmente escrita en 1986, permanecía hasta ahora inédita debido al cierre de Bruguera.


También de Joseph Berna en ULAD: Las pesadillas de Joseph Berna (volumen 13)

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Stefan Zweig: El amor de Erika Ewald

Idioma original: alemán
Título original: Die Liebe der Erika Ewald
Traducción: Clara Formosa (en catalán para Viena Edicions) / Roberto Bravo de la Vargfa (en castellano para Acantilado)
Año de publicación: 1904
Valoración: recomendable


La importancia o el impacto de un autor se hace evidente cuando su estilo deja una marca imborrable, cuando puedes coger un libro al azar y con pocas páginas reconocer en ellas a su autor. Y es innegable que Zweig es uno de ellos, creo que pocos autores lograrían un consenso tan unánime al respecto porque en todos sus libros despliega su talento a la hora de entender y transmitir los matices de la condición humana.

En el libro que nos ocupa, el autor nos traslada ya de entrada a un hogar en el que el silencio y el decaimiento ocupan todo el espacio. Es la hora de cenar, y nadie tiene palabras para llenar el vacío. En ese triste hogar, que desprende frialdad y soledad en cada uno de los segundos que el lector destina a esas páginas iniciales, viven Erika, su hermana Janette y su padre. El vacío, inmenso, sombrío, lúgubre, que se despliega y abarca toda la casa lo llena la ausencia de la madre, fallecida hace un tiempo. Zweig nos hace testigos de esa melancolía, en una escena en la que «los tres tenían poco a decirse» y Erika «sentía que era inútil luchar contra la atmósfera gris que se desplegaba por encima de esos momentos como nubes de tormenta densos y amenazadores». Pero ella guarda aún una pequeña esperanza, una pequeña ilusión, alimentada por una incipiente alegría, pues había conocido a un chico y habían estado juntos ensayando una pieza musical. Y ella esperaba con gran anhelo que llegara el día en el que él la invitara a su casa.

Ya en esos primeros compases, constatamos porqué Zweig nunca decepciona. Ofrece siempre lo que el lector espera: una recreación perfecta de los ambientes de la época, las inevitables dudas y recelos del amor, una imagen de meticulosidad y refinamiento en las maneras y las costumbres; también un ritmo pausado que no aburre sino al contrario, pues lo usa con maestría para aguantar la tensión narrativa y dejar que nuestras emociones acompañen a los personajes quienes «durante un rato permanecieron en silencio; no era un silencio incómodo, sino únicamente un temor indefinido, propio de las personas refinadas cuando tienen que iniciar una conversación con banalidades». Y entre ambos personajes Zweig alterna los puntos de vista de él y de ella, y traslada cómo es habitual en el autor el refinamiento en la maneras, unas maneras que ocultan e intentar tapar los deseos subyacentes de sus personajes, siempre con la presencia imperante de la castidad y la virtud como pilares de la personalidad de sus protagonistas pues, como en él es habitual, sus personajes parecen contener todos los sentimientos que albergan, como se evidencia al afirmar que, «por eso no sentía ningún temor ni aprensión por el futuro, creía en el eco suave y alegre de aquel amor casto y venerable que le daba tanta confianza en su belleza artística y su pureza interior» pero «entonces a ella la estremecía una necesidad ardiente de ternura, una expectación de palabras amables y dulces, que en realidad temía» aunque «se contenía mucho en mostrar a los demás su felicidad (…) porque quería proteger su circunstancia de las miradas extrañas, como una obra de arte con centenares de fragmentos fugaces». 

En un libro de apenas cien páginas no merece la pena hablar mucho del argumento, pues sería fácil caer en spoilers que estropeen una futura lectura, y creo que estas pinceladas son suficientes para comprobar una vez más que Zweig se maneja a la perfección creando personajes de sentimientos contenidos, vivos pero no vividos desacomplejadamente y nos relata una historia sentimental entre dos personajes que viven de y por la música, y por la mesura que imprimen a su relación que, como notas de una partitura perfectamente orquestada, no permiten disonancias en el ritmo que su razón imprime a la relación. Así, con más fugas que allegros en la partitura que construye Zweig, la relación avanza en un ritmo continuo y tenso que el autor sostiene in crescendo durante la trama argumental. La contención frena el impulso, y sus personajes parecen encorsetados como notas en una partitura que no pueden salirse de la escala en la que están creadas y que se evidencia al afirmar que «ahora se percataba de que su historia no representaba ni la injusticia ni la hostilidad de la vida, sino que únicamente era dolorosa, porque le faltaba el alegre paso de danza de los temperamentos risueños y frívolos que saltan por encima de los abismos del dolor (…) Y la soledad le caía encima y la oprimía (…) El dolor que salía de ella volvía para desbordarle el alma, y el hecho de confesarse y analizarse incesantemente a sí misma al final le producía un cansancio mortecino y una apatía desesperanzada, que no podía luchar más contra el destino y sus fuerzas ocultas» porque «aún no sabía que un dolor profundo es como un torrente subterráneo tenebroso, que perfora la roca con un silencio inquieto, y no para de llamar y llamar con una ira impotente a puertas infranqueables. Hasta que un día la pared se resquebraja y, con una euforia incontenible que todo lo destruye y agota las fuerzas, se precipita hacia el valle florido, que se mecía confiado, sereno, sin sospechar nada…»

Por todo lo explicado y con la facilidad de lectura que ofrece un libro tan corto, vale la pena encontrar un rato para leerlo. Porque a pesar de que bien es cierto que este libro no se encuentra entre sus mejores relatos, se trata de un libro de Zweig. Y a Zweig hay que leerlo siempre. Y varias veces.

martes, 13 de diciembre de 2022

Lev Tolstói: La muerte de Iván Ilich

Idioma original: ruso

Título original: Смерть Ивана льича, Smert Ivana Ilichá

Traducción: Víctor Gallego 

Año de publicación: 1886

Valoración: Muy recomendable


Iván Ilich es uno de esos personajes que nunca se olvidan. Es un personaje perfecto, redondo, imposible de mejorar. Tolstói le dedica toda su atención, le ve desde todos los ángulos (desde todos los ángulos importantes), sobre todo desde dentro, mima el relato de sus reacciones, lo que siente, aunque el mismo Iván no sepa lo que es, le hace moverse  por su ámbito profesional, por su vida familiar o sus partidas de whist. Lo analiza, lo disecciona, con la maestría suficiente para que no nos demos cuenta de que lo está haciendo, para que todo parezca la narración simple de un tipo bastante corriente.

El libro es uno de los últimos que publicará Tolstói, y en él parece haber mucho de sus propias cavilaciones. El genio ruso había pasado por diversas etapas, y vivía una crisis personal que le haría reflexionar sobre su pasado y avanzar hacia cierto espiritualismo y posiciones muy avanzadas para su época en torno por ejemplo a la resistencia no violenta contra la injusticia. En el libro, la tormenta que sacude a Iván Ilich parece un reflejo de la que experimenta el propio autor. Pero vayamos al relato.

El tal Iván es un hombre de cierta posición, un burgués en toda regla que sigue la estela familiar encaminado hacia un puesto de funcionario de cierta relevancia. Sin mucho ruido y sin mostrar una ambición excesivamente voraz, va escalando en la judicatura, y en unos años parece alcanzar el deseado grado de confort y estatus social. Cambios de ciudad, una casa nueva y el logro de cierta estabilidad parecen culminar la trayectoria hacia la meta deseada, pero eso no evita que aparezcan grietas en la vida familiar. Un pequeño y absurdo accidente (una caída desde una escalera, algo lleno de simbolismo), que en principio pasa desapercibido, será el detonante de un extraño proceso en el que se funden el dolor físico y el malestar espiritual para los que nadie encuentra explicación.

Al parecer, esa vida siempre enfilada hacia la tranquilidad y el bienestar no resulta suficiente. Iván repasa su propia historia, se descubre como un hombre que siempre quiso hacer lo correcto, y no descubre ningún error. Pero su incomodidad aumenta, algo no funciona y los más reputados médicos no encuentran el motivo ni la solución. Buscan la causa en lesiones internas mientras el enfermo las busca en sí mismo, hasta llegar al punto de no querer siquiera encontrar un remedio, sólo un por qué, dónde estuvo el error, diríamos coloquialmente qué he hecho yo para merecer esto.

Caben aquí distintas lecturas. La desesperación del hombre en quien el dolor y la insatisfacción más íntima se retroalimentan y crecen sin freno, el agujero en el que va cayendo, a mayor profundidad cuanto más se obstina en buscar motivos. Una pesadilla sin sentido de la que es imposible salir, porque siente acercarse la muerte sin haber vivido plenamente. Y, enlazando con esto último, llegaríamos a conectar con la crisis del propio Tolstói, que a una edad ya avanzada parece haber encontrado ese peculiar camino que linda con la espiritualidad y el anarquismo, en el que una vida solo tiene sentido si se ha dedicado a una causa justa, una realización personal, todo eso que puede reconfortar cuando se acerca el final.

El libro es un modelo de perfección técnica, la obra de alguien que ha escrito mucho, libros a veces de gran complejidad y extensión, y ahora es capaz de sintetizar y centrarse en una sola vida, una mirada hacia dentro interrogándose (el protagonista y seguramente el propio autor) qué se puede o debe hacer, por qué no lo hicimos y qué balance podemos presentar cuando la muerte llama a la puerta. Apenas 150 páginas llenas de una intensidad contenida, en las que está todo lo que debe estar y solo eso, para decir mucho y sugerir mucho más. Algo que se aproxima mucho a lo que suponemos puede ser una obra maestra.

PD: Aunque no tiene excesiva importancia, me parece un error incluir en el texto una serie de ilustraciones (aunque el ilustrador sea muy bueno, que no sé si es el caso), que no creo que aporten nada aparte de agregar unas cuantas páginas para que el volumen quede un poco más robusto. Tampoco la cubierta me parece adecuada porque introduce un aire de desenfado que no se corresponde en absoluto con el espíritu del libro. No muy importante, pero más bien negativo.

Otras obras de Lev Tolstói en ULAD: aquí

lunes, 12 de diciembre de 2022

Gina Berriault: El hijo

Idioma original: Inglés 
Título original: The son. A novel
Año de publicación:1998
Traducción: Blanca Gago
Valoración: Bastante recomendable

Las relaciones maternofiliales son un tema tan antiguo como la propia literatura (o casi). Ya en tiempos de los griegos, personajes como Medea o Clitemnestra exploraban, de una u otra forma, la figura materna y la propia maternidad. Con esto no quiero decir que "El hijo" de Gina Berriault sea una revisión de algún mito clásico (que igual lo es pero mi conocimiento no llega a tanto) pero sí que hay en esta breve novela cierto poso de tragedia griega.

La anterior es sólo una de las vertientes de un texto que, en un sentido más amplio, vendría a ser la biografía sentimental de Vivian Carpenter a través de las relaciones que mantiene con diferentes hombres (padre, amantes, maridos y, especialmente, hijo). Rebeldía, protección, redención, expiación, culpa... son algunos de los términos que servirían para definir la posición de ella en esas relaciones y reflejan los roles (auto)impuestos que va asumiendo a lo largo de su vida.

Pero así como los diferentes amantes o maridos funcionan en la novela como anclajes buscados con los que es incapaz de cumplir las expectativas, el hijo resulta ser el único anclaje real (y el testigo mudo) frente a los vaivenes maternos. Es esta contradicción la que hace crecer la novela y permite a Berriault explorar la complejidad de todas esas relaciones.

Esa es, en mi opinión, la principal virtud del texto: la de reflejar esas complejidades, hacerlo a través de episodios "aislados" y separados en el tiempo por años y años (un poco al estilo del "Años luz" de Salter pero en una versión más comedida) y sin caer en el melodrama o en la "lágrima fácil" (y mira que podría haber pasado). Además, Vivian Carpenter es uno de esos personajes fascinantes, por construcción y por la propia peripecia vital del mismo.

Lo único que hace que la valoración no sea un pelín más generosa es que la novela se me queda algo "corta". Echo en falta unas cuantas páginas (no demasiadas, tampoco) que redondearan algo más tanto al personaje como la novela.