viernes, 16 de octubre de 2026

Gunzou x Granta: Maru Ayase, Iko Idogawa, Natsuko Imamura, Yusuku Miyauchi, Tomoka Shibasaki, Kohei Toyonaga

A pesar de que las revistas ya no se venden en esas cosas del pasado llamadas kioskos, algunas librerías destinan un espacio para estos objetos que cada vez tienen menor razón de existir (su mayor inmediatez, con respecto a los libros, no puede competir con los satélites y la fibra óptica). Paseando por la librería de mi colonia (y digo paseo porque a qué otra cosa se va a una librería, pudiendo buscar y comprar todo en línea, incluso en negocios pequeños) me llamó la atención este número especial de la revista Gunzou, la cuál suelo comprar con regularidad.

Gunzou, una de las revistas literarias más importantes de Japón, hizo una colaboración con su homóloga británica, Granta. Las dos revistas comparten un modelo similar: acogen con mayor entusiasmo a escritores jóvenes, el premio que otorgan es un escaparate importante para escritores emergentes y han publicado a escritores que llegarían a ganar el Nobel.

Esta colaboración es de lo más interesante. Es una edición bilingüe, con los escritores japoneses traducidos al inglés, y los escritores no japoneses traducidos al japonés. Así que, si se pueden hacer de un número online, podrán leer lo más reciente de algunos escritores jóvenes que tal vez se hagan con el Nobel en algunas décadas. 

Maru Ayase: We are stars

Idioma original: Japonés

Título original: Watashitachi ha hoshi (私たちは星)

Traducción: Hayda Trowell

Año de publicación: 2026

Valoración: Decepcionante

El primer cuento de esta colección es una especie de slice of life. La protagonista nos cuenta, casi como en una entrada de diario, sus vicisitudes a lo largo de un día.

Una madre recoge a su hija de la escuela para luego ir a una plaza a comer con las otras mamás. Hablan sobre cuáles son las mejores opciones para que sus hijos realicen actividades extraescolares: inglés, música, natación, etc.

Intercaladas con las actividades normales de una madre con hijos pequeños, aparecen las reflexiones de la protagonista sobre temas más o menos relacionados con lo que ocurre a su alrededor y con lo que sucede en el mundo, sobre todo aquello que ve en las redes sociales. Al estrés de lidiar con las responsabilidades de su mundo inmediato se suman la incertidumbre, la desesperanza y la incomprensión que dejan a su paso las noticias.

El contraste es interesante. Y nos podemos preguntar ¿Qué importa decidirse por una escuela de inglés por sus grupos pequeños y atención personalizada cuando ese niño quizá no vaya a tener casa ni trabajo? En una de esas terminará volando en pedazos, envuelto en alguna guerra absurda fuera de su país. O encerrado en su cuarto, jugando videojuegos y comiendo ramen instantáneo. Tiene mucho potencial.

Sin embargo, el cuento no me gustó. La vida diaria que se nos relata, incluso con sus problemas, me resulta demasiado banal. Incluso tengo la duda de si todo esto pretende ser una sátira demasiado velada y simplemente no me da la cabeza para tanta sutileza.

Pareciera que la protagonista es perfectamente consciente de la burbuja en la que vive y, aunque las noticias sobre un bombardeo o alguna crisis humanitaria le producen cierta ansiedad, da la impresión de que no pretende hacer el más mínimo esfuerzo por entender mejor lo que está ocurriendo:

Los debates políticos eran un infierno. Personas de toda ideología y punto de vista posibles se lanzaban mutuamente dolor e ira, burlas y desprecio. El mundo se estaba volviendo peligrosamente inestable.

Creo que este fragmento resume muy bien esa idea de que uno debe preocuparse por lo que pasa en el mundo, aunque en el fondo le dé igual. En ningún momento se nos presenta una mirada verdaderamente alerta ni algún hecho concreto: los movimientos de ultraderecha, el empobrecimiento de la población en muchos países (incluido el de la protagonista), el genocidio en Gaza, etc. Lo único que percibe es que los debates políticos eran un infierno, personas de toda ideología y punto de vista posibles... Bla, bla, bla.

Después vienen algunas reflexiones absurdas sobre el lenguaje que, más que pensamientos de una mujer adulta enfrentándose a la complejidad del mundo, parecen ocurrencias de un niño de primaria (perdón, me alteré). Pero es que por momentos esta historia me pareció incluso ofensiva.

No porque un cuento tenga la obligación de ofrecer un análisis político profundo ni porque su protagonista deba comprender todos los males del mundo. Precisamente una de las virtudes de la literatura puede ser mostrarnos personajes confundidos, contradictorios o incapaces de procesar aquello que ocurre fuera de su pequeña esfera. El problema es que aquí el relato parece querer otorgarle una profundidad particular a esa angustia sin salir nunca de la superficie. La protagonista mira el desastre del mundo desde su teléfono, suspira un poco y continúa con sus preocupaciones cotidianas. Esa indiferencia disfrazada de sensibilidad podría haber sido precisamente el objeto de una sátira, pero al parecer esto pretende hacernos sentir mejor.

El cuento concluye con la protagonista despidiéndose de las mamás de los compañeros de escuela de su hija y llegando, de alguna manera, a la conclusión de que el mundo, después de todo, no es tan malo:

En este mundo que se tambalea, esas manos diciéndonos adiós eran como estrellas centelleantes.

Pfff.

Iko Idogawa: Wasn't there a bigger bird

Idioma original: Japonés

Título original: Motto ookina tori ga ita hazu nan dakedo(もっと大きな鳥がいたはずなんだけど)

Traducción: Jesse Kirkgood

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable

Este cuento es muy diferente de los demás de la colección en lo que respecta a su estilo. No es tan común encontrar este tipo de textos entre los escritores contemporáneos, quienes se han decantado, en su mayoría, por el ensimismamiento y la psicología de la interioridad.

En este caso, el cuento es prácticamente un párrafo continuo, narrado en tercera persona, pero siempre desde la perspectiva de un niño de primaria. El estilo se adecúa muy bien a esa mirada infantil y a la sucesión de momentos, impresiones y sensaciones nuevas que el protagonista todavía no es capaz de comprender del todo. Se nos muestran las impresiones y sensaciones más que un entendimiento de lo que ocurre.

El niño juega, tiene conflictos con otros niños, es víctima de bullying y convive con su familia. Aunque todas estas experiencias parecen atravesarlo inicialmente de una manera similar, casi sin jerarquías claras entre unas y otras, en un texto tan corto alcanzamos a percibir cómo su visión del mundo comienza a moldearse a partir de las circunstancias que lo rodean.

El cuento consigue además algo que me parece particularmente interesante: mostrarnos acontecimientos que para un adulto pueden tener significados muy evidentes, pero que el niño simplemente recibe como nuevas experiencias. Hay crueldad, miedo, amistad, violencia y relaciones familiares, pero todo nos llega filtrado por una conciencia que todavía no posee las herramientas para ordenar ni interpretar completamente lo que está viviendo.

Sin embargo, debido al estilo del texto, me perdí varias veces. Lo atribuyo también, al menos en parte, a las dificultades de la traducción: en japonés es frecuente omitir pronombres y, al no llamar constantemente a los personajes por su nombre, en algunos pasajes resulta difícil saber exactamente de quién se está hablando. Aunque creo que esto termina siendo secundario. El autor parece querer transmitirnos imágenes, sensaciones y pequeños momentos antes que construir un discurso claramente procesado por la razón, haciéndonos experimentar durante unas páginas la manera fragmentaria, inmediata y todavía incompleta en que percibe el mundo.

Natsuko Imamura: After today, that’s it

Idioma original: Japonés

Título original: Kyou de saigo (今日で最後)

Traducción: Lucy North

Año de publicación: 2026

Valoración: Se deja leer

El siguiente cuento va más por la línea de la que les platicaba hace rato: las ideas y sentimientos de una paria social.

Como no podía ser de otro modo, la protagonista encaja casi a la perfección en el estereotipo del personaje japonés contemporáneo: lleva una vida precaria, sobreviviendo al día con un sueldo de medio tiempo (aunque habría que detenernos un momento en las diferencias con Latinoamérica, porque, por Dios, ¿quién puede, ya no digamos vivir, sino siquiera sobrevivir con un salario de medio tiempo? Problemas de primer mundo), lidia con el aislamiento social y la depresión y, en este caso particular, se suma además un trastorno alimenticio (bulimia y anorexia).

Para un lector ajeno a este subgénero que podríamos llamar, provisionalmente, post-existencialismo japonés, el cuento resulta interesante. Vemos el contraste entre dos formas de vida dentro de una ciudad preapocalíptica como Tokio.

Por un lado está la protagonista, completamente alienada de la naturaleza, y no solo del entorno, sino también de sus propios instintos básicos de supervivencia. Carece de motivaciones, vive aislada y parece desplazarse por la ciudad siguiendo apenas una rutina mínima que le permite continuar existiendo.

Por otro lado, se nos presentan (claro, siempre desde los ojos de la misma protagonista) personajes que dedican su tiempo libre al alcohol, al ruido, al consumo y a una búsqueda constante de sobreestimulación.

Son, al final, dos formas distintas de una misma deshumanización. Unos se retraen hasta casi desaparecer y otros se saturan de estímulos para no tener que detenerse a pensar. En ambos casos, queda la impresión de una sociedad profundamente indolente, incapaz de ofrecer vínculos, propósito o siquiera una razón convincente para seguir participando en ella.

El cuento funciona mejor, para mí, como retrato de ese estado de ánimo que como historia propiamente dicha. No hay aquí una gran revelación ni una idea particularmente novedosa, sobre todo si uno ya ha leído varias obras japonesas contemporáneas construidas alrededor de la alienación, la precariedad y el aislamiento. Pero está bien contado, tiene una atmósfera consistente y logra transmitir con bastante eficacia esa sensación de estar viviendo en una ciudad inmensa, rodeado de personas y, al mismo tiempo, completamente solo.

Yusuke Miyaguchi: The man with seven genders

Idioma original: Japonés

Título original: Nanatsu no sei wo motsu otoko (七つの性を持つ男)

Traducción: Matt Treyvaud

Año de publicación: 2026

Valoración: Está bien

La diferencia de estilo de este escritor con respecto a los anteriores se entiende un poco mejor al conocer sus antecedentes. Miyauchi pasó buena parte de su infancia en Estados Unidos, adonde llegó con cuatro años y donde permaneció hasta los once o doce. Además, antes de dedicarse a la literatura trabajó durante unos ocho años como programador. De pronto, esta especie de pulp tecnológico, con hackers, corporaciones malvadas, conspiraciones, traiciones y personajes excéntricos, resulta bastante menos inesperada.

De hecho, esos dos mundos (Estados Unidos y las computadoras) aparecen constantemente en su obra. En entrevistas, Miyauchi ha dicho que conserva algo así como dos canales mentales, uno japonés y otro estadounidense, y que la diversidad racial del Nueva York de su infancia siempre le pareció, en sí misma, una situación bastante cercana a la ciencia ficción. También ha hablado de las dificultades que tuvo con el idioma y de las experiencias de discriminación racial que vivió durante esos años.

Por eso tampoco parece casual que en The Man with Seven Genders aparezcan cuestiones relacionadas con la integración racial, la pertenencia y la clasificación de las personas. No sé hasta qué punto Miyauchi pretende defender aquí una postura concreta sobre estos temas, pero sí parece evidente que le interesan desde hace tiempo. En Kabul no Sono, por ejemplo, la protagonista es una mujer estadounidense de ascendencia japonesa que debe enfrentarse tanto a la discriminación sufrida durante su infancia como a su propia relación conflictiva con la identidad japonesa; incluso aparece la historia de los campos de internamiento de japoneses en Estados Unidos.

No sé si todas las ideas terminan de cuajar en un cuento tan corto, pero se puede considerar como una parte más de su obra completa.

Tomoka Shibasaki: Nothing to do with it

Idioma original: Japonés

Título original: Nani mo shiteinai (なにもしていない)

Traducción: Eriko Ikeda Kay

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable

Mi principal problema al tratar de entender este cuento es mi ignorancia de ciertas sutilezas de la historia contemporánea de Japón. El relato parece tener varias capas de lectura, de las cuales me da la impresión de que solo pude atravesar por completo una y me quedé a medio camino de la segunda, con la sensación de que había una profundidad mayor que apenas logré vislumbrar.

La primera capa es bastante sencilla: un cuento de formación. La historia de dos amigas que crecen en un barrio y de cómo su cotidianidad va cambiando de significado a medida que ellas también cambian. Los lugares son prácticamente los mismos, las personas continúan ahí y muchas de las cosas que hacen parecen no tener ninguna importancia; sin embargo, al pasar los años, aquello que antes era simplemente parte del paisaje empieza a adquirir otro significado. Hasta aquí todo bien. Es un cuento interesante, aunque tampoco nada fuera del otro mundo.

La segunda capa, donde me quedé a medias, tiene que ver con los nombres de los personajes y con los caracteres que componen Shōwa (昭和). La era Shōwa, que se extendió de 1926 a 1989, contiene dentro de sí periodos completamente distintos de la historia japonesa: el expansionismo y la guerra, la derrota, la ocupación estadounidense, la reconstrucción, el crecimiento económico acelerado y finalmente el Japón próspero de las décadas de 1970 y 1980. Es casi absurdo que una sola era abarque países tan diferentes entre sí. Yo, por ejemplo, nací precisamente en el último año de Shōwa y tengo 37 años.

Que esos caracteres aparezcan asociados con los personajes difícilmente parece accidental. Da la impresión de que las vidas de estas niñas y las transformaciones del barrio funcionan también como una versión diminuta de las transformaciones del país. Las personas envejecen, desaparecen, llegan otras; las casas cambian; ciertas costumbres dejan de tener sentido y aparecen otras nuevas. Aquí es donde siento que me falta información. Aunque conozco algo de la historia de Japón, no termino de comprender qué correspondencias concretas quiere establecer Shibasaki entre los personajes, sus nombres y las distintas etapas de Shōwa. No sé hasta qué punto debemos buscar una alegoría histórica precisa o si la autora simplemente quiere que esa historia permanezca solo como fondo. 

Y quizá exista todavía una tercera capa que se me escapó por completo. Muchas cosas del cuento parecen no tener nada que ver unas con otras: los juegos de las niñas, los perros, los vecinos, las historias familiares, el paso del tiempo, la historia de Japón. Ni idea.

Kohey Toyonaga: The ETC card is not inserted

Idioma original: Japonés

Título original: ETC kado ga sounyu sareteimasen (ETCカード挿入されていません)

Traducción: Kalau Almony

Año de publicación: 2026

Valoración: Recomendable

Este es el cuento más raro de la colección. Para que se den una idea, empieza siendo una especie de cuento de Raymond Carver sobre un doble de acción, para terminar convertido en uno de Cortázar, pero de los más delirantes. Definitivamente estamos ante una voz interesante dentro de la literatura japonesa contemporánea.

Toyonaga, además, parece tener cierta afición por este tipo de mezclas. Su obra anterior combina historia, violencia, cultura popular, fantasmas, hip-hop, graffiti, Ultraman, anime y referencias a Ghost in the Shell, sin preocuparse demasiado por mantener la coherencia. Es un autor joven, muchos lo consideran muy prometedor. Ya veremos.

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