Título original: Ghost Stories
Traducción: Jordi Martín Lloret en catalán para Grup62 y Aurora Echevarría Pérez en castellano para Seix Barral
Año de publicación: 2026
Valoración: muy recomendable para fans
Idioma original: inglés
Año de publicación: 2007
Traducción: Ricky Gil
Valoración: recomendable para interesados; muy recomendable para fans
Como en 2025 tuve una especie de Beatlemanía retardada (dejando abandonados completamente a Dylan, Cohen y Cave), y mi tendencia a leer libros sobre música/músicos deriva de una sólida convicción de querer explorar todo lo que se pueda acerca de lo que admiras, el resultado fue, entre todo lo que leí con fruición, encontrar estos dos libros, que son el día y la noche para quien quiera adentrarse en el ámbito musical desde una mirada mínimamente objetiva, pero también humana.
Arranquemos primero por la buena noticia, la del libro de Geoff Emerick. No me detendré a explicar su figura porque la mayoría ya debe conocer su papel como ingeniero de sonido y en qué punto de la historia de los Beatles comenzó a trabajar para ellos. Lo valioso de este libro, además del recorrido que hace de su propia vida, donde aprenderemos el gusto por la calidad del sonido, las tempranas demostraciones de cómo saber manipularlo mediante distintos experimentos con la electrónica existente y el funcionamiento de la jerarquía de una discográfica en los años sesentas (genial ese ascenso de asistente de ingeniero, donde veías todo lo que sucedía en el estudio, a ingeniero de masterización, encerrado en una covacha y perdiéndote de todo, para luego volver como ingeniero titular a la sala de grabación), es cómo Emerick nos muestra el día a día de los Beatles, la personalidad de ellos en el estudio, la forman en la que trabajaban, las salidas de tono, ya sean bromas o estallidos de enojos un tanto caprichosos, el estrés (muy gracioso, por otro lado, cómo le tomaban el pelo sus ayudantes, pero de una manera cariñosa) de George Martin a la hora de lidiar con cuatros muchachitos que hacían de todo menos lo que alguien les ordenara. Y además de trabajar con ellos de forma plena a partir de Revolver, también nos enseña los primeros días de Los Beatles (ya que él empieza a trabajar en EMI casi al mismo tiempo que fichan al cuarteto) cuando la discográfica decidía los temas de los artistas en base a covers.
Lo que añade como fragmento valioso a este relato biográfico es que también te importa lo que sucede con el equipo de los ingenieros de grabación, el asombro de las ideas de Martin y Emerick para poder satisfacer al grupo; si bien no se destaca mucho a la hora de analizar la banda, para tener tamaño arsenal de ideas innovadoras continuamente es porque también ellos eran unos genios en lo suyo y se vieron obligados a dar lo mejor. Lo que a otro le hubiera llevado semanas encontrar la solución, ellos lo hacían en pocas tomas, y eso también es algo difícilmente comprensible (sobre todo para los que no sabemos ni un poco de aspectos técnicos, como en mi caso).
Sobre Los Beatles se ha escrito mucho, la mayoría de forma reiterativa y sin aportar información relevante. Acá no se puede decir que haya mucho de nuevo para el fanático más radical, pero la estructura de la biografía, casi como una novela, con sus correspondientes descripciones y diálogos, inicio, desarrollo y clímax en cada grabación de disco, la salida de Emerick después de hartarse de Los Beatles en el Álbum Blanco, el regreso del mismo en el Abbey Road, todo ello configura el patrón de una novela de (auto)descubrimiento acerca de lo que la música, en manos correctas, puede llegar a causar a la gente, y de cómo todos los involucrados vieron cambiadas su vida de forma permanente. Si uno lo piensa es vertiginoso: apenas son, desde que Emerick comienza a trabajar, ocho años de su vida, y sin embargo nada más hermoso y vital que toda esa experiencia. Sí, también relata cómo ayudó a McCartney con Band on the Run en sus peripecias nigerianas (se nota la resignación cómica de haber batallado con el enjambre de mosquitos y el tráfico de Lagos) y el contacto con otros artistas como Elvis Costello, que protagoniza un prólogo donde deja patente su amor por la música y su enorme cariño por Los Beatles, pero, para él (y para algunos de los lectores), el punto de quiebre se dio con esa aparición mágica, explicada desde todos los enfoques posibles e igual de inasible que hace sesenta años atrás.
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1994
Traducción: Ricky Gil
Valoración: exasperante
No estoy en contra de desmitificar. Si bien me encantan los Beatles, nunca podría decir que líricamente están al nivel de un Leonard Cohen o de un Indio Solari, por ejemplo, a pesar de que tienen varias canciones con versos que funcionan como bombas psicológicas/sociológicas. Nada que reprochar, hay una línea muy fina entre ser un buen letrista y un gran letrista o directamente un poeta con una imaginería propia e irreductible.
Algo así parece pensar Ian MacDonald. Como este es un libro sobre música, el punto no se centra en las letras (que, por otro lado, en varios puntos del libro sí se trata) sino en los aspectos musicales. El problema es que MacDonald parece dar por sentado que sus lectores conocen todos los acordes y progresiones de todas las canciones que han escuchado, cuando muchos (y no hace falta ser melómano para hacerlo) apenas podríamos identificar que un bajo suena distinto en una canción que en otra por algún efecto utilizado, y muchas veces nos quedamos con un solo acorde que funciona como catarsis, en vez de registrar la construcción entera de la canción y los diversos cambios a través de ella.
Mi valoración, entonces, está dada por dos cuestiones: primero, no tengo ningún conocimiento formal de la música. Leer el libro de MacDonald implica conocer cada grabación de los Beatles, desde sus inicios como acompañamiento de Tony Sheridan, los días en Hamburgo, etcétera, hasta las tomas registradas en las Anthology, todo registrado bajo un riguroso orden cronológico, que incluye la composición del grupo y quién toca cada instrumento, las canciones inéditas, las tomas descartadas, los jams que se solían marcar para encontrar la inspiración y comentarios entre breves y extensos según lo merezca la canción.
Sacando que el texto se llena de referencias para cada canción y que dificultan la lectura, hasta ahí todo bien. Pero cada comentario está regado de notaciones musicales y de segundos que señalan el cambio de acorde y de cómo la batería ejecuta otro patrón y de cómo el bajo recorre todo el brazo. No dudo que al fanático le resultará imprescindible saber en qué segundo exacto hay un error de sincronización, pero al lector más o menos interesado en los Beatles termina por aburrirlo tanto dato sin otro propósito que la de ir relatando cada canción. Una cosa es detallar las bondades, los asombros en cada secreto revelado, y otra es decir: acá suena esto, acá lo otro, pasemos a lo siguiente. Reconozco que mi valoración está manchada por haber leído antes el de Emerick, donde cada canción, incluso las menores, tenía un componente atractivo, ya que todas conllevaban problemas para ejecutarlas tal cual querían sus creadores. Pero si esos detalles los hubiera leído de este libro terminaría creyendo que Across the universe es una "letargia insípida".
Y esa es la segunda cuestión de mi valoración: los comentarios a cada canción. En algunas se extiende varias páginas, como I am the walrus o Revolution 9 (!), otras las despacha en siete u ocho líneas (casi todas las de Harrison, por alguna razón, en contraste con las alabanzas, a veces desmedidas, a Lennon), Pero en casi todas se nota la impronta del autor por hacerte notar que él sabe mucho más que vos y que no hay nada que puedas hacer para discutirle las opiniones. Por supuesto que esas opiniones tienen que ser dadas, y es bueno y refrescante que en un libro sobre los Beatles sean provocadoras y con argumentos que intentan ser sólidos. Uno debe tener el suficiente criterio para reconocerlo y no pelearse con el libro. Pero de ahí a tirar frases lapidarias como la citada sobre Across the universe o considerar que Helter Skelter es nada más que "palabrería de borracho" hay un trecho y bastante largo; no se puede pasar de una opinión fundada en la teoría musical, donde lo único que puedo criticar es la tendencia a la pedantería y la profusión de datos sin ton ni son, a un comentario mucho más propio de un twittero.
En fin, que los dos libros son polos opuestos. Uno escribe desde la pasión de la música y del conocimiento de haber estado ahí todos los días, y muchas veces haciendo horas extras, pero también con un matiz de objetividad (para Emerick hay un par de álbumes y varias canciones que no están a la altura del grupo), y el otro, si bien no dudo que también tiene una gran pasión, intelectualiza todo y se esfuerza por otorgar una racionalización que excede a las canciones, cuyo efecto es nada más y nada menos que cambiarle la vida a las personas.
Año de publicación: 2024
Valoración: Muy recomendable para fans
Me da un poco de rabia porque la memoria se me emborrona un poco al intentar recordar este punto: puede que fuese Txomin, en su momento mi suministrador de discos de los 70, quien me dio a conocer Quadrophenia. Lo que sí puedo afirmar es que poco después no paré hasta encontrar el ejemplar que buscaba, con su generoso taco de fotos en el interior y con el corte (Doctor Jimmy) que el franquismo había censurado, y sé también con exactitud dónde lo compré. Pero tampoco puedo recordar dónde vi por primera vez, la primera de muchas, la película del mismo título, de 1979, que por supuesto incorporé algo más tarde a mi vieja y muy pequeña colección de vídeos. Aun así, tanto el disco como la película dejaron una profunda huella, hasta el punto de que al leer este libro de Àlex Oró no me hizo falta escuchar de nuevo aquellas canciones, porque estaban muy frescas en mi cabeza.
Entre las sesenta y dos reseñas que rulan bajo la etiqueta Libros sobre música (ver aquí a la derecha) hay un poco de todo, pero en un vistazo rápido veo muy pocos libros que traten sobre un disco en concreto. Es una primera cualidad que le veo al trabajo de Àlex Oró, me parece valiente y demuestra capacidad para centrarse en algo muy concreto sin tener que recurrir a material de acompañamiento. Porque, como apuntaba antes, estamos hablando básicamente sobre Quadrophenia, el disco doble que The Who publicaron en 1973.
The Who era un grupo bastante potente con varios discos a sus espaldas, de éxito más bien irregular, quizá ensombrecido por los Beatles y los Stones, aunque con seguidores numerosos y muy fieles. Habían publicado Tommy, lo que se denominaba una ópera rock, es decir, un trabajo conceptual con canciones que en su conjunto contaban una historia, y tras otro ambicioso intento, este fracasado, su guitarrista y compositor principal Pete Townshend (que algunos conocerán por su afición a destrozar guitarras en sus conciertos) concibió Quadrophenia en la misma línea, una narrativa construida a través de docena y media de canciones. En ella se cuenta la historia de un joven de clase obrera a principios de los 60, con problemas mentales o de personalidad, que busca integración y reconocimiento en el movimiento mod, de cierta relevancia en aquella época.
El relato que presenta el disco no es que sea muy original, pero el enganche con esta corriente musical le dio buenas dosis de popularidad, aunque ni The Who ni su música podían etiquetarse propiamente como mods. La película del mismo título que se estrenó unos años más tarde contribuyó a crear una especie de mito mod, recuperando las famosas peleas en las playas de Brighton y la efímera vida de estas pandillas juveniles, todo lo cual dejó cierto rastro en algunos grupos que ya en los 80 quisieron revivir su estética y sus ritmos.
Pero aquí hablamos de libros, y hay que decir que el de Àlex Oró, sin perder en ningún momento el foco en la historia del disco, cuenta con eficacia y sobriedad su génesis, disecciona algunas partes de su libreto y analiza sus intenciones, la posición de los miembros del grupo, el entronque de la historia con algunos aspectos del movimiento mod, y la influencia que representó en el mundo de la música. Hubiera sido fácil (y buen reclamo para lectores ávidos de chascarrillos) extenderse en episodios frívolos sobre adicciones al alcohol o las pastillas, los destrozos en los hoteles o las peleas, que dejarían en simple anécdota los encontronazos entre los hermanos Gallagher, por ejemplo.
Había ahí material de sobra para llenar bastantes más páginas de tópicos del mundo del rock, pero el autor no se deja llevar por la tentación y lo reduce al mínimo indispensable. Lo que interesa es cómo se llegó a crear ese disco, cuál fue su significado y por qué se convirtió en un referente de cierta forma de componer en aquellos años 70, hasta convertirse en un hito de la época. Si acaso, quizá al libro se le puede reprochar que ponga el acento más en el aspecto narrativo y mucho menos en el puramente musical. Pero aun así, ningún aficionado a la música de aquellas décadas ya tan lejanas debería dejar de leerlo.
Título original: Que cavalos são aqueles que fazem sombra no mar?
Traductor: Antonio Sáez Delgado
Año de publicación: 2009
Valoración: interesante y muy recomendable para fans
¿Qué caballos son aquellos que hacen sombra en el mar? estaba destinada a ser la penúltima novela de António Lobo Antunes. Así lo manifestó el propio escritor en el momento de su publicación. Nunca sabremos si la última iba a ser Sobre los ríos que van, crónica de la enfermedad que había padecido dos años antes y el título que sucedió a aquel órdago. Quizá sería menos aventurado pensar en la inolvidable Comisión de las lágrimas, donde llevó su fabulación hasta el límite. Tanto, que por ejemplo en España los críticos que hasta entonces solían reseñar sus novedades hicieron mutis por el foro. Pues vale... Lo cierto es que después de aquel (aparente) arrebato continuó con su ritmo de publicación de libro al año. Pero esta pudo haber marcado un final innecesario que nadie quería.
¿Qué caballos son aquellos...? cuenta el declive de una potentada familia agrícola. La casa en cuestión la llevan de aquella manera un padre que no ejerce como tal, una madre que lo hace de forma relativa y una criada, Mercília, que hace lo suyo y lo que no hacen los demás. El matrimonio tiene cinco hijos: Francisco, João, Beatriz, Ana y Rita. En el momento de la agonía de la madre se reúnen todos alrededor en un encuentro de presencias humanas con fantasmales. Y empiezan a debatir los motivos que les han conducido a la decadencia y a una más que previsible extinción. El trasfondo podría tener ciertos símiles con el de Cien años de soledad, si no fuera porque aquí nunca hubo lo que se dice un pasado de esplendor. Los narradores se van turnando y cada uno de ellos aporta al testimonio común una serie de vivencias particulares, de todo lo cual resulta la tormenta sin ambages en que se encuentra la saga.
Antes de todo, lo que había eran unos ciertos posibles económicos y una extensa finca de ganadería. Cuando el aliento de la memoria se pone en marcha se ven unos hijos a los que arrastra la vida. Más allá del primer plano aparecen un padre entregado a actividades y compañías precarias; una madre abandonada a la religión y el tempestuoso recuerdo de su juventud; y una criada, de origen dudoso, que intenta suplir la falta de ambos referentes con más voluntad que eficacia. Los hijos son víctimas de existencias disipadas, clientes de Caronte todos sin óbolo para el viaje. Los hay desde los que esperan agarrarse al clavo ardiendo de la parte de herencia que les toque hasta los que habrían querido tener un verdadero hogar al que volver como reposo del guerrero.
Todos los miembros de la familia tienen su minuto de gloria, aunque se desmienten unos a otros y acusan de manipulador a quien reproduce sus voces. Este transcriptor no es otro que el propio Lobo Antunes, gran partidario de esa tradición iberista que rinde armas a ancestros de una literatura común como Miguel de Unamuno. Como es habitual en el autor, la novela es un río de poesía con la corriente desenterrando diamantes a cada poco. Por momentos no se sabe si los personajes, como múltiples Ulises, alcanzarán el descanso o tendrán que encomendarse a la divina providencia, que es prácticamente lo único que les queda.
Firmado: César
También de Lobo Antunes: Aquí
Título original: Cinema Speculation
Año de publicación: 2022
Traducción: Carlos Milla Soler
Valoración: recomendable, sobre todo para fans (tanto de Tarantino como del cine, en general... o de ambas cosas, que no son excluyentes).
Todo el mundo, supongo, conoce la historia de que, durante su juventud, antes de comenzar a dirigir películas, Quentin Tarantino trabajó en un videoclub (un sitio, queridos millenials y compañeros centennials donde, por lo visto, podías ir a alquilar películas en formato VHS y más tarde, en DVD) de Los Ángeles, donde se dedicó a ver todas las películas que pudo, sin importarle que fueran de serie B o incluso Z. de ahí le viene su enciclopédico saber cinéfilo y multitud de referencias que luego utilizó en sus propios filmes. Ahora bien, en realidad sus gustos cinematográficos e incluso el estilo que luego reflejaría en su obra es algo que se fue formando años antes, durante su infancia, pues el niño Quentin tuvo la ¿fortuna? (en su caso , sin duda, pero no sé si hubiera sido lo mismo para todo el mundo- de que su madre no sólo le permitía sino que le llevaba con ella y sus amigos cuando salían a ver una peli, aunque fuera para adultos -cuidado, no me refiero a ESAS pelis para adultos, malpensados-, siguiendo el criterio de que aunque en aquellas películas hubiese escenas más o menos explícitas de sexo y/o violencia, no había problema en que un niño las viera, siempre que se adecuasen al argumento del film y pudiesen entenderse ene se contexto. De esta forma, el amigo Quentin pudo ver, a una tierna edad buena parte de las películas más polémicas e incluso escandalosas del "nuevo Hollywood" de los años 70, que le marcarían indefectiblemente como espectador y luego, como creador: a los 6 años (!), aún en 1968, vio Bullitt; a los ocho, Harry el Sucio y The French Connection; a los nueve, La huida y a los 11, nada menos que Deliverance y Grupo salvaje (madre del amor hermoso...) o, a los trece, Taxi Driver y La Matanza de Texas... entre muchas otras. Aparte de que algunos de esos amigos de su madre eran negros y le llevaban a cines donde él era la única cara blanca para ver películas del "blaxploitation" en el bullicioso ambiente al que iban dirigidas. Vamos, que se lo pasaba pirata, el chaval...
Es sobre esta educación cinéfila -e incluso sentimental, en su sentido más amplio- de lo que tratan estas Meditaciones de cine. En el libro analiza muchas de esas pelis que ya he mencionado y también otras, como Rolling Thunder -una de sus favoritas de todos los tiempos-, Fuga de Alcatraz, Hardcore, un mundo oculto... En fin, todo un festival de sensaciones fuertes, peculiares personajes al límite, venganzas implacables -de hecho, le dedica muchas páginas al género "venganzamático", especialmente fecundo en aquellos años-, estallidos de violencia... vamos, elementos todos que le sonarán a los aficionados (y -adas, que también hay muchas) al cine de propio Tarantino. de hecho, éste es uno de los principales alicientes del libro: entender de dónde le vienen a este tipo sus filias, sus obsesiones y los rasgos que le han convertido en un director tan único y exitoso.
Otro atractivo, incluso más interesante, de este libro, es que resulta una gozada para cualquier cinéfilo que se precie y que no tenga demasiados prejuicios, también hay que decirlo. Porque podrán gustar más o menos las películas de Tarantino e incluso él como personaje público, pero lo que está claro como el agua -o rojo como la sangre, en este caso- es que el tío sabe mucho de cine. Muchísimo, en realidad. Y buena parte de ese conocimiento y de su inmenso amor por el medio cinematográfico lo ha plasmado en este libro, en el que no sólo nos explica el proceso de creación de éstas y otras películas -porque, por ejemplo, cuando nos habla de la primera película dirigida por su admirado Stallone, La cocina del infierno, da antes un rodeo en el que nos habla de películas y series de televisión anteriores sobre pandilleros neoyorquinos y también de la gestación, más análisis crítico de Rocky y hasta Rocky II-,y, sobre todo, el azaroso camino que llevó a algunas películas a ser como son y no como pudieron haber sido -¿qué tal un Taxi Driver dirigido por Brian De Palma y con Jeff Bridges de Travis Bickle?-, dándole una especial relevancia a los guiones Paul Schrader, claro está, y a su obsesión por Centauros del desierto). Pero también, y esto es aún más interesante, a una parte del proceso cinematográfico al que no siempre se presta atención posteriormente: la reacción del público cuando vio esas películas en su momento y los condicionantes de por qué reaccionaban de esa forma -por seguir con el ejemplo, el entusiasmo del público setentero ante Rocky sólo se explica debido a los varios años que llevaban viendo películas deprimentes y/o cínicas sobre individuos con problemas-; una circunstancia a la que él era muy sensible en aquellos sus años mozos en los que acudía a cines de cualquier barrio de Los Ángeles a ver programas dobles e incluso triples. Además, en esta indagación de cómo se gestaron las películas que ama y de las circunstancias de su producción y exhibición, Tarantino cuenta con la ventaja de haber hablado sobre ellas con muchos de los creadores de las mismas, y así, es habitual encontrar en el libro las respuestas a sus curiosas preguntas que le dieron De Palma, Scorsese o Walter Hill... Dedica también sendos capítulos al "crítico de reserva" del Los Angeles Times, Kevin Thomas, entusiasta encargado de visionar lasa películas de explotación que tanto gustan a Tarantino; otro, especialmente instructivo, al "nuevo Hollywood" de los años setenta (Robert Altman, Dennis Hopper, Arthur Penn, Sam Peckinpah, William Friedkin, John Cassavettes, etc.), que en pocos años serían destronados por los llamados movie brats o "niños mimados del cine": Coppola, De Palma, Scorsese, George Lucas, Spielberg y alguno más. Por último, un cariñoso capítulo dedicado a Floyd, un hombre que estaba realquilado en casa de su madre y con el que el joven Quentin solía ir al cine, que, además de un criterio cineatográfico estimable, quería ser guionista y, pese a no conseguirlo, sirvió de acicate para que el joven Tarantino se iniciara, a su vez, en esa carrera; lo que es más, uno de sus guiones que quedaron inéditos le dio la idea de origen, en gran medida, de Django desencadenado. A este Floyd se le dedica, ya digo, el último capítulo del libro, sin duda el más emotivo... claro, que de una manera "tarantiniana": sentimental, sí, pero sin ñoñerías y con mucho sentido del humor.
Por último (y ya sé que la reseña me está saliendo un poco larga) el gran aliciente de este libro es que conjuga la erudición sobre el mundo del cine con una escritura ágil e incluso descarada, que lo convierten en un ¿ensayo? (no sé si llegamos a hablar de eso) muy, pero que muy divertido. Desde luego, y al menos, para quien le guste el cine, incluso sino es el de Tarantino.
Nota final: un consejo para quien lea este libro; dada la cantidad de información y de nombres de actores, guionistas, productores, críticos, etc. que se mencionan conviene tener Google a mano para ir buscando quién era éste o aquel. Muchas veces, habla de actores y actrices cuyo rostro tenemos en la memoria pero cuyos nombres, a la mayoría de los no norteamericanos, no nos dirán nada.
Año de publicación: 2005
Valoración : OnlyFans
A ver, que cada uno se busca las visitas como uno buenamente puede. Y lo cierto, es que, tras el repaso y exhaustivo aprovechamiento de los cajones perdidos, apenas unos lustros que ha llevado la cosa, me ha dado por ponerme la capa de hooligan literario (especie en extinción) y comprobar si tenemos toda la obra del genio chileno cubierta, que sería lo justo pues casi podría decirse que es la última figura literaria de un cierto renombre que, aunque la visita de la parca haya tenido que mediar, ha sido capaz de remover un poco las aguas.
Y, a veces, ese remover de aguas solo puede hacerse al viejo estilo. Críticas entusiastas provenientes de diversos ámbitos (no siempre del carcomido sector académico, perpetuamente ensombrecido por las justificadas sospechas de endogamia). La figura de Roberto Bolaño, quizás por la eterna nostalgia del Boom, pero seguramente por su desbordante talento y la obvia entonación contemporánea de sus temáticas, se prestó a ello. Y este libro, que ya os avanzo que es difícil de ubicar, recoge las participaciones (no todas, hay alguna sonora elusión) en unas Jornadas de Homenaje al escritor, un evento que, apenas unos años después, se nos antoja casi inconcebible, pues la abulia y el desencanto han larvado de forma tan implacable el sector editorial, en especial el centrado en la narrativa de ficción, que juntar a más de unas docenas de personas para debatir sobre la obra de un escritor de primera línea, parece tan descabellado que no voy a entregarme a comparaciones con el poder de convocatoria de otras manifestaciones culturales, que no tengo ganas de engancharme a los somníferos.
A la fuerza este es un artefacto para incondicionales, y casi que me perdonaréis que esta reseña desganada y acomodaticia se centre más que en su contenido – que incluye no pocas agradables sorpresas, como la presencia de una entrevista que solo encontraréis aquí, y por supuesto cuenta con los inevitables estudios de profundidad basados en la intertextualidad, la cohesión y los pasadizos secretos que comunican toda su obra y su galería de personajes -, me centraría en la incuestionable sinceridad de los participantes, que se comportan, cosa inconcebible hoy en día, como fanáticos de grada de cualquier universo paralelo, y uno no puede más que contagiarse de esa ciega rendición y lanzarse a donde sea para revisar la obra y rebuscar esos placeres añorados que, por lo que se intuye, el chileno fue de los últimos seres capaces de procurarnos.
La reseña de hoy bien podríamos incluirla en la categoría de "re-reseñas" debido a que dos tercios del libro corresponden a textos publicados con anterioridad, ya sea en Intervenciones o en El mundo como supermercado. Solamente las entrevistas, conversaciones o artículos incluidos en el último tercio de este volumen corresponderían a textos inéditos en formato libro.
Sea como fuere, Más intervenciones es un compendio de textos que abarca un arco temporal de unos treinta años y que nos presenta diferentes facetas del polémico autor: crítico literario, cinematográfico o musical, filósofo más o menos aficionado, polemista, ensayista, etcétera.
Entre los temas tratados en el volumen, encontraremos algunos de los clásicos houellebecquianos como la religión, el sexo, la cultura occidental, el Islam o la política, pero también hallaremos en él a un Houellebecq más íntimo, más autoexploratorio de su obra y más, por qué no, divertido.
Tres son los bloques, más un pequeño apéndice, en los que podríamos agrupar los textos contenidos en "Más intervenciones". El primero de ellos, y quizá el que más interesante me ha resultado, es aquel en en el que Houellebecq se aleja del "personaje" y se muestra más "personal". Los textos en los que divaga sobre poesía (¿son quizá sus poemas lo mejor de su obra?), sobre su amor por la ciencia-ficción, sobre su propia obra (mención especial para Sumisión) o sobre la lectura y las charlas / entrevistas, entre el delirio, la broma y la "seriedad", que mantiene con Frederic Beigbeder o Agathe Novak-LeChevalier figuran entre lo más destacado del volumen.
El segundo bloque estaría compuesto por aquellos escritos en los que Houellebecq habla sobre cine, música (ese texto sobre Neil Young...) y arte, casi siempre ligadas a su relación con la sociedad occidental. Cualquier comentario al respecto procedente del protagonista de obras maestras como "El secuestro de Michel Houellebecq" o "Thalasso", por no hablar de su última peli porno, debe ser escuchado con atención.
Por último, estarían los textos digamos filosófico - políticos. Aquí salen a relucir influencias observables en la obra houellecquiana, como Schopenhauer o Pascal, y obsesiones familiares para el lector habitual del amigo Michel, tales como la religión, la izquierda o el sexo. Este quizá resulte un Houellebecq ya algo más trillado, aunque nunca está de más leer sus afilados y controvertidos análisis.
El bonus track lo constituyen textos más performativos o experimentales, como "Opera bianca", miscelánea entre la poesía, el ensayo y la alucinación.
Cartas, prólogos, entrevistas, reseñas sui generis, artículos de opinión, microensayos, etc. Sea en la forma que sea, "Más intervenciones" reúne un conjunto de textos que no defraudará en absoluto a los lectores habituales de Houellebecq y que, al mismo tiempo, puede suponer, para quien apenas esté familiarizado con la obra del autor, un buen acercamiento a su imaginario personal.
Podéis leer reseñas de casi toda la obra de Michel Houellebecq AQUÍ
Título original: Guillermo del Toro: The Iconic Filmmaker and his Work
Año de publicación: 2021
Traducción: Jonathan López-Vera
Valoración: bastante recomendable (muy recomendable para fans)
Supongo que resulta fácil adivinar de qué, o mejor dicho, de quién trata este libro... Y supongo también que no hace falta explicar quién es Guillermo Del Toro, pero, por si acaso, ahí va: cineasta mexicano, nacido en Guadalajara en 1964, y director, entre otros títulos, de las aclamadas Cronos, El espinazo del diablo, El laberinto del fauno y La forma del agua (por la que consiguió sendos Oscars a mejor película y mejor director), así como de películas más enfocadas hacia el éxito comercial, como Blade II, las dos entregas de Hellboy o Pacific Rim. En suma, una artista singular y gran profesional del cine que ha demostrado su creatividad u eficacia lo mismo en en películas más personales -que no necesariamente "intimistas"- que en grandes producciones hollywoodienses. Además, hasta donde yo sé y parece aún más difícil de conseguir, es un tipo muy simpático que le cae bien a todo el mundo.
Este libro, a pesar de su gran formato y estar ilustrado con gran profusión de fotografías "a todo color (como se decía antes) se puede considerar no sólo como una biografía del cineasta mexicana sino, sobre todo, un exhaustivo recorrido por las películas que ha dirigido -e incluso por las que no ha llegado a dirigir-, desde su primera Cronos, la única que ha rodado en su propio país, de hecho, hasta la última, producida por Netflix y con la técnica de stop-motion, Pinocchio. El recorrido entre ambas pasa por EE.UU. y Canadá (donde se ruedan muchas de las producciones de Hollywood-, España, donde ha realizado dos de sus más reconocidas películas, Praga, Australia, Nueva Zelanda, Londres... lugares todos que han tenido -o no han llegado a tener, como cuando estuvo preparando El Hobbit, para luego abandonar el proyecto por sus dilaciones-su relevancia en la carrera de este cineasta.
No me extiendo más. A la espera de que Del Toro consiga realizar alguno de sus proyectos aún sólo soñados -como una versión mexicana de El conde de Montecristo u otra de Las montañas de la locura, de su admirado Lovecraft (que parece también podría realizarse con stop-motion)-, echar un vistazo a este libro sería de lo más recomendable para todo aficionado al cine, pero también para quienes no conozcan en profundidad la obra de este gran y personalísimo realizador. Leyéndolo y admirándolo, sin duda no podrán evitar querer ver sus películas de inmediato. Que es de lo que se trata, claro.
Título original: L´infra-ordinaire
Traducción: Mercedes Cebrián
Año de publicación: 1989 (artículos sueltos de 1973 a 1981)
Valoración: Muy recomendable para interesados, al menos Curioso para el resto
Georges Perec es un escritor extraño. En absoluto difícil de leer pero sí quizá de entender por qué escribe lo que escribe. Si se entiende, o mejor, si se acepta lo que hace, resulta un autor estimulante, atrevido, rompedor. Si pretendemos leerle en base a parámetros normales puede resultar incomprensible, aburrido, hasta insoportable. Es como la música dodecafónica o ciertos tipos de pintura, no nos podemos aproximar a estas obras con los códigos de belleza o significado con que valoramos a Velázquez o a Verdi, hay que cambiar el chip, y no siempre podemos o queremos hacerlo. Así que, sin ponernos tampoco grandilocuentes, digamos que nuestro amigo Perec nos exige leer de otra forma.
En lo que podemos apreciar en muy pequeñas dosis por ejemplo en este volumen (luego lo comento), Perec escribe muy bien, demuestra que sabe escribir cosas que podríamos llamar normales con la solvencia de otros muchos. La cuestión es que no quiere hacerlo así, prefiere proponer otras fórmulas, explorar los límites de la expresión escrita para contar, sugerir, evocar ideas que el lector debe luego procesar, si quiere. A veces se trata de sutilísimos juegos, como el de El secuestro, o de experimentos metaliterarios sobre los que ya se habló en aquel post dedicado al grupo OuLiPo del que formó parte. Pero siempre empuñando el arma del ingenio, la observación y la ausencia de prejuicios. La literatura consiste en narrar con mayor o menor destreza o acierto, pero a lo mejor se pueden hacer también otras cosas.
Lo infraordinario es una pequeña colección de textos breves que fueron publicados en distintos medios a lo largo de los años setenta del siglo pasado. El primero de ellos ¿Acercamiento a qué? parece funcionar como una especie de prólogo, aunque realmente no lo sea, porque es una especie de declaración de principios en torno a la realidad. Parece claro que la Historia y nuestra propia vida se van escribiendo en base a grandes acontecimientos que determinan su rumbo, pero ¿qué hay de las pequeñas acciones, nuestros ritmos, los objetos cotidianos que nos acompañan y que hacen posible que las cosas sean como sean? Perec propone fijarnos en este otro ámbito, como cambiar la óptica y aplicar la lupa a lo que se nos ocurra, lo que tengamos a la vista aun pasando casi siempre desapercibido .
Este poderoso inicio enlaza directamente con Me acuerdo, donde Perec subrayaba precisamente la imagen fugaz, el nombre desconocido o el evento irrelevante que habían quedado en su memoria, en la suya y en la de casi nadie más (Hasta me atrevería a decir, pidiendo perdón a los puristas, que la idea de lo infraordinario tiene un lejano eco, en otra escala, del concepto unamuniano de intrahistoria). En esa línea se sitúan algunos de los textos que siguen, atentos: Doscientas cuarenta y tres postales de colores auténticos son otros tantos flashes de dos o tres líneas en las que alguien escribe telegráficamente las típicas banalidades sobre sus viajes de vacaciones. Tentativa de inventario de los alimentos líquidos y sólidos que engullí en el transcurso del año mil novecientos setenta y cuatro es justamente eso, una larga y detallada relación de lo que este buen señor consumió en ese año y que, con toda seguridad, había ido anotando en una libreta (o más bien varias). Evidentemente, la lectura de estos textos, en especial el primero que es más largo, se hace insufrible si pretendemos de ella otra cosa que lo que es: un listado a pelo de esos elementos tan presentes, tan cotidianos y repetitivos que no somos capaces de apreciar, pero que constituyen, quizá a nuestro pesar, parte fundamental de nuestro ser.
En un terreno parecido, aunque menos árido para el lector, se sitúa La rue Vilin, una secuencia de seis retratos de la calle donde vivió Perec, con descripciones de una objetividad radical, tomados en diferentes periodos, más o menos una al año. Con escrupulosa frialdad, vemos la evolución de esa vieja calle, sus edificios y establecimientos, en definitiva la historia de las cosas insignificantes que se proponía desde un principio.
Apuntaba antes que Perec sabe también escribir sujetándose al canon. De ello dan testimonio otros tres textos, seguramente escritos por encargo (los publicaron Vogue Hommes y Air France). Dos de ellos son una especie de breve guía turística, sobria pero no carente de alma, uno sobre el barrio parisino de Beaubourg-Les Halles, el otro sobre Londres. Magníficas, sobre todo la segunda. El tercero, pieza aparentemente típica de las revistas sobre el lujo, es un agudo acercamiento a la imagen que trasmite cada posible tipo de decoración de un despacho.
En todos los casos resulta apabullante la doble capacidad de Perec para observar y describir lo visto. Sin necesidad de adjetivos ni valoraciones, el mero dibujo de un edificio, una mesa o una puerta son suficientes para llevar al lector a contemplar lo que el autor ve y cómo lo ve. Porque los objetos, sean importantes construcciones o las cosas triviales encontradas una estancia, dejan una huella precisa en quien los contempla y, aunque no lleguemos a detectarlo, conforman la historia del lugar y de sus habitantes.
Un poco de todo ello se encuentra en el último texto, Still life/Style leaf (otro juego de palabras), para mí el más brillante, donde vuelve a una simple pero exhaustiva descripción de objetos, incorporando un pequeño juego metaliterario, quizá no muy innovador pero casi emocionante por la sutileza y la sencillez con que lo resuelve.
A lo mejor es conveniente liberarse de prejuicios y dedicar un rato a conocer cosas diferentes. No nos entretendrá mucho, no nos va a emocionar ni a transportarnos a situaciones interesantes, tampoco nos dará testimonio de nada importante (o tal vez sí). Simplemente nos va a pinchar un poquito para inducirnos a pensar en torno al arte de escribir, pero también el de observar, de narrar, de jugar con las palabras y mirar desde otra perspectiva.
Pues nada más y nada menos que 812 páginas con artículos varios de la gran Mariana Enriquez se reúnen en este volumen que hará las delicias de los fans de la "Reina del Terror", que será del agrado de cualquiera que no haya leído a Enriquez pero tenga un mínimo interés por la cultura popular (en sus más variadas formas) de los últimos 50 años y que puede ser un interesante, aunque quizá demasiado extenso, acercamiento para que aquellos que no conozcan su obra puedan ver temas, obsesiones o referencias que luego se verán reflejadas en sus cuentos y novelas.
Dicho esto, los textos pueden ser agrupados en dos categorías: esfera privada y esfera pública.
Además de por lo ya comentado acerca de las influencias que sobre la obra de la autora tienen buena parte de los personajes comentados, lo que hace que resulte plenamente reconocible para los lectores de Enriquez, si por algo destaca esta esfera pública es por el enfoque de los textos. Hay una parte analítica y una parte descriptiva en ellos que se complementan de maravilla. Los datos, pese a su profusión, no aturden y el análisis de las obras no cae en la exhaustividad académica. Bastan una pinceladas, apenas 4-5 páginas para que la idea quede clara.
Más sorprendente resultará la esfera privada, esa que podríamos calificar como "autoficción a lo Enriquez". Junto a los relativamente previsibles (pero escasos) textos sobre escritura / literatura y alguna que otra confesión de corte más intimista y serio, aparecen a lo largo del libro textos en los que el humor se abre paso en lo cotidiano y ocupa un lugar central. Descubrimos, así, a una Mariana Enriquez socarrona, ácida, divertidísima. ¡Coño, que a veces me he reído a carcajadas! Hay, por ejemplo, una versión humorística de "Casa tomada", reflexiones sobre sus neurosis dignas de Allen, diatribas desopilantes sobre el turismo, la playa, los ronquidos nocturnos, la maternidad, los indignados, las pasiones virtuales, el sexo, etc. El humor como elemento "distanciador" me parece clave en los textos autobiográficos y este libro es buen ejemplo de ello.
Como podéis ver en la valoración, no soy objetivo con los libros de Mariana Enriquez (a nadie que nos siga les sorprenderá). No son solo los ingredientes, referencias y obsesiones sino el tratamiento que da a los mismo, el ritmo de sus textos... Y a quien se atreva a contradecirme.... LE RETO A DUELO!!
Podéis leer las reseñas de otros libros de Mariana Enriquez en ULAD: Bajar es lo peor ,Alguien camina sobre tu tumba. Mis viajes a cementerios, Nuestra parte de noche, La hermana menor, Los peligros de fumar en la cama, El año de la rata, Este es el mar, Las cosas que perdimos en el fuego, Cómo desaparecer completamente
25 textos (24 + epílogo) conforman esta edición ampliada de los viajes por cementerios de la gran Mariana Enriquez, 25 textos que inciden y completan el imaginario que compone la obra de la bonaerense y que, por tanto, resultarán de sumo interés para los ya iniciados en la materia. Aunque no solo para ellos!
Publicado originalmente en Argentina por la editorial Galerna y ampliado para la ocasión por Anagrama, "Alguien camina sobre tu tumba" es un recorrido mitómano - a medio camino entre la historia personal y la Historia, entre la realidad y la leyenda - plagado de referencias ligadas a la cultura popular, ya sean estas históricas (la primera Guerra Carlista, la colonización de la Patagonia, Perón, etc), musicales (Joy Division, ACDC, Elvis, Manic Strreet Preachers...), cinematográficas (Nicholas Cage, El Golem, Medianoche en el jardín del bien y del mal...) o literarias (Aitken, Boris Vian, Cortázar, Vallejo, Anne Rice, Carpentier...), artísticas, etc.
Para ello, nos situamos en diferentes cementerios de todo tipo ubicados en Europa y América. No necesariamente han de ser los más famosos o visitados (de esos también hay, obviamente, y sirven de muestra Highgate, Montparnasse o la Recoleta), sino que también encontramos cementerios minúsculos, humildes o semiabandonados que sirven, quizá aún en mayor medida, para hablarnos de nuestra relación con la muerte a lo largo de los tiempos y las culturas, de nuestros mitos, miedos, terrores y fantasías más profundos. En este sentido, cabe destacar la definición que Enriquez hace de los cementerios como libro resumen de todos los tiempos del tiempo.
Todo lo anterior hace de "Alguien camina sobre tu tumba" un libro híbrido que se sitúa, según el lugar y el momento, entre relato intimista, la crónica de viajes, el reportaje, la guía turística o el texto antropológico / sociológico, aunque siempre desde una perspectiva "pop". Lo anterior es debido al entrelazamiento de apuntes autobiográficos, datos históricos, hermosas descripciones de arte funerario, toques de humor negro (no podría ser de otra forma) y leyendas o anécdotas de lo más truculentas y variopintas. Eso sí, sin caer en el morbo por el morbo o en lo tremendista y gratuito, lo que hace de estas crónicas un artefacto literario sumamente entretenido e interesante.
Puestos a destacar algunos de los textos, me quedo con la visita al bellísimo y extraño cementerio de Punta Arenas (Chile), que sirve de base a un repaso de la histórica patagónica y su genocida colonización, con la crónica del surrealista y caótico viaje a la necrópolis de Colón (La Habana) y al concierto que dieron en la ciudad los Manic Street Preachers, con el más tenebroso (y a la vez humorístico) relato de la visita al cementerio de Montparnasse o con el más personal relato situado en el cementerio de la Reja (Moreno, Argentina).
Son solo cuatro (alguno había que escoger), pero de verdad que en "Alguien camina sobre tu tumba" hay mucho y bueno donde elegir. ¡No tengáis miedo!
Otros libros de Mariana Enriquez en ULAD: Bajar es lo peor, Este es el mar, Nuestra parte de noche, La hermana menor, Los peligros de fumar en la cama y Las cosas que perdimos en el fuego, Cómo desaparecer completamente
Idioma original: Francés
Idioma: español
Idioma original: Noruego