viernes, 7 de septiembre de 2012

Esther Tusquets: Habíamos ganado la guerra

Idioma original: español
Año de publicación: 2005
Valoración: recomendable

Cuando en julio de este año murió Esther Tusquets, novelista y editora (directora de la editorial Lumen durante muchos años), me propuse buscar algún libro suyo para conocerla, porque poco sabía de ella más allá de reconocer su apellido. Me habría gustado leer El mismo mar de todos los veranos, pero en cambio lo que encontré en eBook fue este libro de memorias de título provocador.

Habíamos ganado la guerra es efectivamente un libro de memorias,  ceñido casi exclusivamente a la infancia y temprana juventud de la escritora y editora (quienes busquen en él historias de su trayectoria como directora de la editorial Lumne, por lo tanto, quedarán decepcionados). Casi todo son historias familiares (la madre, con la que mantiene una relación desapegada; el tío Juan, un cura falangista y antisemita; el tío Víctor, un "nazi de opereta"; las tías Blanca y Sara, de espíritus opuestos...) y escolares, referidos a los distintos centros educativos -y fueron muchos- por los que desfiló la joven Esther.

Es de agradecer la honestidad de la autora al no ocultar, como otros muchos quizás habrían hecho, la realidad de su familia después de la guerra: los Tusquets pertenecían al bando de los vencedores, a la burguesía catalana, poderosa y conservadora, que salió de la Guerra civil herida (dos tíos de la escritora murieron en los primeros días de la contienda) pero fortalecida por su alianza con el Franquismo. La vida de la niña Esther, por lo tanto, no tiene nada que ver con las privaciones ni con la represión que caracterizaron a los primeros años de la posguerra, una situación de privilegio que la autora no desconoce ni oculta, aunque tampoco pide perdón por ella (¿por qué debería?).

En conjunto, Habíamos ganado la guerra no es una novela que critica sino que describe. La mayor carga crítica, sin embargo, se reserva para la doble moral "católica" de la época, que permitía que los hombres mantuvieran a sus queridas prácticamente a los ojos de todos, mientras que censuraba hasta el más mínimo desliz de las mujeres, destinadas a su papel de esposas, madres y amas de casa. Tampoco los curas, con su obsesión enfermiza por el sexo y el infierno, salen demasiado guapos en la foto.

Habíamos ganado la guerra se lee casi de una sentada, porque es ameno, está bien escrito (aunque el estilo de Esther Tusquets se caracteriza por incluir incisos, a veces larguísimos) y produce ese placer algo cotilla de las memorias íntimas de personajes famosos.

Eso sí, voy a seguir buscando El mismo mar de todos los veranos...

jueves, 6 de septiembre de 2012

Paul Auster: Leviatán

Título original: Leviathan
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1992
Valoración: Recomendable

5 razones para leer a Paul Auster (y de paso hacer una pseudo reseña de Leviatán, al más puro estilo Ian Grecco):

1- Con Paul Auster es como con Amélie Nothomb (aunque ya sé que tienen estilos bastante diferentes, ¿eh?): cuando uno coge una de sus novelas nunca demasiado extensas, ya sabe con qué va a encontrarse.

 2- Hay un amplísimo abanico de opciones para comenzar, proseguir o terminar con su bibliografía. En cualquier momento, a cualquier hora, Auster es recomendable y nunca pretencioso.

3- En la obra del de Nueva Jersey, hay recurrentes obsesiones literarias y existenciales, y si uno no les tiene fobia, puede disfrutar enormemente de un universo particularísimo y enriquecido a base de jugarretas del azar, personajes reales de la vida de Auster reconvertidos en seres literarios con nombres similares, metaliteratura ingeniosa y tramas paralelas.

4- No sé cómo, pero todas sus historias acaban entrecruzándose y encajando de forma prodigiosa, como si se tratara de la maquinaria perfecta de un reloj encantado. Y mientras tanto, los lectores nos divertimos al mismo tiempo que nos morimos de curiosidad y nos preguntamos "¿Y cómo demonios acabará todo esto?".

5- Y bueno, que Leviatán no decepcionará ni a los habituales de Auster ni a los que recién empiecen con su obra. Con los que tienen bien clarito que no le soportan, no me meto... Y, ¿algo de su argumento? Pues esta novela que se devora en unas cuantas tardes está protagonizada por el escritor Benjamín Sachs, que muere en extrañas circunstancias (le estalla una bomba en las manos, ni más ni menos) al principio del libro y cuya peculiar vida conoceremos  por medio de su amigo, también escritor, Peter Aaron (¿nos suena a algo este nombre?), y al que el FBI busca por todo el país... La historia va hacia atrás y en ella nos encontramos con una trouppe de personajes peculiares, especialmente el de María Turner, trasunto de la polifacética (y real) artista Sophie Calle.

PD: ya está. Si doy un motivo más o extiendo el último, haría trampas. Sólo decir que Leviatán es una interesante, divertida y peculiar travesura seria de Auster, un canto a la amistad, un mal gesto a las estúpidas guerras y al paleto patriotismo americanoide, y una reivindicación juguetona del oficio de escribir y sobrevivir al éxito y al fracaso.

También de Paul Auster en ULAD: Aquí

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Joseph Roth: La rebelión


Título original : Das Rebellion
Idioma original : Alemán
Fecha de publicación : 1924
Valoración : recomendable

Ciertos conocidos insisten que este, y no Philip, es el mejor Roth. Vaya, no me gusta encontrarme ante tales tesituras y, aunque reconozco que al contemporáneo su fecundidad a veces le traiciona, y no comulgo con su decisión manifestada de dejar de leer ficción, opto por hurgar en la obra del Roth que ya murió, hace bastantes años, víctima, dicen del alcoholismo. Y me encuentro con que La rebelión es una muy buena novela repleta de excelente literatura, con un aire entre lo social y lo muy levemente fantasioso.

Cuenta esta novela la historia de Andreas Pum, austríaco mutilado en la Primera Guerra Mundial, por tanto, condecorado con una medalla y autorizado por un documento a pasear su organillo y tocar su música. De lo cual se siente orgulloso: defiende ese orden que le ha compensado de esa manera por servir a su país. Ese sentido justo que, para él, equilibra el mundo. Su existencia es gris y humilde pero no exenta de algo parecido a la felicidad. Acepta su lugar en la sociedad y parece no anhelar más que aquello que va encontrándose a su paso. La gente que le da dinero por interpretar su música, la joven viuda con la que se casa, todo lo encuentra como cree que merece y debe ser. Pero un episodio desgraciado da al traste con ese modesto pero idílico panorama.

Hace unos meses leí El extranjero de Camus. Que me dejó un pelo frío. La sensación con La rebelión ha sido más satisfactoria. Más esperanzada, menos desasosegante. También es esta una historia que podemos interpretar libremente, desde su ubicación espacio-temporal (Viena, período entreguerras), hasta su título, pasando por los sucesivos estados anímicos (respecto a la autoridad, respecto a la sociedad, respecto a las mujeres, respecto a la religión) del protagonista y sus relaciones con los seres que le rodean, con el aparato burocrático estatal y autoritario que le concede y le niega favores de forma volátil y caprichosa. También Andreas parece, como el personaje de Camus, mantener una postura determinada frente al mundo. También Andreas parece, como el coronel de García Márquez al que nadie escribía, aguardar un giro en su fortuna. Aunque los hechos que le acontecen hacen que esta esperanza se reduzca radicalmente. Sé que habrá quien encuentre exagerada la comparación, donde Sartre abanderó un movimiento, obtuvo un Nobel, influyó a una generación y Roth, Joseph, parece ser uno de esos escritores condenados al malditismo. Pero algo tiene esta novela y estos personajes que los hace originales e interesantes.

Más novelas de Joseph Roth en UnLibroAlDía: La leyenda del santo bebedor, Hotel Savoy, Fuga sin fin, La Cripta de los Capuchinos, La marcha Radetzky

martes, 4 de septiembre de 2012

Oliver Sacks: Un antropólogo en Marte

Idioma original: inglés
Título original: An Anthropologist on Mars
Fecha de publicación: 1995
Valoración: recomendable

¿Un libro plagado de palabros técnicos neuropsiquiátricos puede ser entretenido? Oliver Sacks demuestra que sí. Y no sólo entretenido: cómico, sorprendente, cautivador y emotivo, también. Uno está siempre preguntándose qué puede esperar en la próxima página, y eso, tratándose de libros de divulgación científica, tiene mucho, mucho mérito. Izas ya nos habló de Oliver Sacks aquí (en la que, de hecho, fue su primera entrada en el blog), pero por si acaso recuerdo que lo que hace es presentar casos que se ha ido encontrado en su ya larga carrera como psiquiatra. Escribe de un modo directo, franco, alternando narraciones muy ágiles en primera persona donde cuenta los encuentros con sus pacientes, y explicaciones que ilustran, con economía de medios, el estado científico de la cuestión. Este es el primer libro que leo de él, y entiendo que esta mezcla pueda no ser atractiva para todo el mundo, pero a mí me ha encantado.

En Un antropólogo en Marte, Sacks presenta siete historias principales (entrecruzadas de muchas otras, eso sí). Y digo "historias" conscientemente, y no "casos", porque estas siete vidas se despliegan con tal cercanía y humanidad ante el lector que nunca se tiene la sensación de estar observando la presencia singular de una enfermedad, como si se viera un bicho al microscopio; Sacks se preocupa constantemente por ver más allá de los síntomas (a veces realmente escandalosos) de sus pacientes y llegar a la persona que estos en parte ocultan, pero en parte han contribuido también a conformar. Hay siempre latente una profunda inquietud filosófica sobre el significado último de nuestros conceptos de "salud" e "identidad", a los que el lector aprende a mirar con sospecha.

Un pintor que deja de ver el color, un cirujano aquejado de violentos tics, un ciego al que le devuelven la vista pero que no sabe ver, una persona anclada en los 60... "Siete relatos paradójicos" resulta ser un subtítulo de lo más apropiado. Aprender de la mano de Sacks cómo se las arreglan estas personas paradójicas en el mundo que todos compartimos es una lección apasionante.

También de Sacks en ULAD: Musicofilia, En movimiento. Una vida

lunes, 3 de septiembre de 2012

David Lodge: Trapos sucios

Título original : Home truths
Idioma original : Inglés
Fecha de publicación : 1999
Valoración : está bien

No todas las novelas pretenden cambiar tu vida, ni todos los escritores pretenden ser los faros que guian las existencias de sus lectores. A veces la falta de pretensiones tiene su gracia, a veces la falta de pretensiones acaba siendo una pretensión en sí misma: no es el caso de este libro.
No tenía ni idea de quién era David Lodge, pero la curiosidad de conocer nuevos autores y la relativa seguridad que me aporta lo que publica Anagrama me empujaron a tomar este libro del estante de la biblioteca.
Novela basada en una obra de teatro de su mismo autor, y con una escenografía muy propia de esta condición: diseñada para tener lugar en el ámbito de una casa aislada donde un escritor en decadencia ha decidido ir a vivir en el ocaso de su carrera. Amigo de otro escritor que recala en la casa por su cercanía al aeropuerto, que es vilipendiado por una periodista con ganas de protagonismo en una entrevista de esas que se publican en los dominicales de los tabloides.
Una obra ligera, fuertemente anclada en los diálogos dinámicos y decididos, y las situaciones entre los personajes. Que aspira a criticar tanto la influencia de los medios de comunicación y la manipulación de ciertos periodistas estrella como el ego engordado de determinados autores. Un libro ideal para ir leyendo sin demasiadas complicaciones: parando y arrancando, hasta dar cuenta de él en menos de dos horitas. Casi, echando algo en falta actores de esos que improvisan en función del día, que enriquecen el texto frunciendo el ceño o forzando el tono. Nada del otro mundo, entretenimiento agradable sin nada memorable para bien o para mal. Bueno: una pequeña sorpresa final que sitúa la obra en su momento, en su contexto, el de esa sociedad de finales de los 90 pendiente de sí misma y de su banalidad. Puede que se le pueda pedir más a un libro de Anagrama, con su despampanante catálogo de autores. En cualquier caso, completamente válido para leer en contextos relajados y veraniegos.

También de David Lodge en ULAD: La vida en sordina, El mundo es un pañuelo

domingo, 2 de septiembre de 2012

Ramiro Pinilla: Verdes valles, colinas rojas 2 y 3

Idioma original: español
Título completo: Verdes valles, colinas rojas 2 - Los cuerpos desnudos; Verdes valles, colinas rojas 3 - Las cenizas del hierro
Año de publicación: 2005
Valoración: Recomendable

Bueno, pues ya está aquí la reseña de las dos segundas partes de Verdes valles, colinas rojas, de Ramiro Pinilla (la reseña de la primera parte la podéis encontrar aquí). Y la verdad es que termino la lectura exhausto (2400 páginas en total no son cualquier cosa), pero impresionad: pocos autores españoles vivos habrían sido capaces de crear y sostener un universo de ficción tan poblado y tan complejo como este, y salir airosos. Hay algo de faulkneriano en la forma en que Ramiro Pinilla se plantea el conjunto de su producción, aunque a los que somos de aquí nos resulte raro pensar en Getxo como en un nuevo Yokhnapatawpha.

Estos dos últimos volúmenes de la trilogía continúan las historias del primero, ampliando el arco cronológico hasta la Guerra Civil (tomo II) y hasta finales de los años 60 (tomo III), con lo que la novela ficcionaliza prácticamente un siglo de historia del País Vasco. Los destinos de las dos familias centrales, los Baskardo (o Bascardo) y los Altube continúan entrelazándose, siempre sobrevoladas por la sombra de Ella -que pierde algo de protagonismo en estos dos volúmenes- y de su hijo, el "bastardo" Efrén, representante de una nueva burguesía materialista, españolista y cercana al fascismo.

A lo largo de toda la novela, en efecto, resulta evidente la contraposición constante de ideologías: fundamentalmente, el nacionalismo vasco, con su visión edénica de una realidad sin lucha de clases y ajena a la historia, y las ideologías de izquierdas (socialismo, comunismo, anarquismo...) que vienen a abrir los ojos a determinados personajes sobre la realidad de las injusticias sociales. Quien conozca mínimamente la figura y la obra de Pinilla no podrá dudar de cómo se decantan sus simpatías. Los diálogos entre el maestro Manuel, próximo al nacionalismo, y su discípulo Asier Altube, contrario a él, se convierten por momentos (pero momentos muy escasos) en un trasunto del pensamiento del autor.

He mencionado antes a Faulkner, pero también cabría pensar en una cierta influencia de García Márquez y el realismo mágico: quizás sea simbólico el que lleguen de tierras lejanas, ya sea América o Asia, los elementos más irreales de la trama: la invasión del pueblo por una manada de llamas, la orgía colectiva provocada por la sensualidad magnética de Anaconda o la inspiración para la comuna hippy (avant la letrre) compuesta por los hermanos Fabi, Jaso y Martxel en Oiarzena.

En conjunto, Verdes valles, colinas rojas reconstruye la narrativa del País Vasco, metonímicamente representada por Getxo, desde el nacimiento del nacionalismo hasta el nacimiento de ETA -lo que quizás no sea casual-. El efecto producido habría sido todavía mayor si la novela hubiera sido algo menos morosa, como ya dije en la primera reseña (si se hubieran evitado ciertas repeticiones circulares en la trama, o eliminado determinados aspectos secundarios): no es que una gran novela tenga que ser obligatoriamente una lectura fácil, pero no cabe duda de que se agradece.

La obra casi completa de Ramiro Pinilla en ULAD: Seno, La higuera, Verdes valles, colinas rojas 1, Aquella edad inolvidable, Solo un muerto más, Huesos, Cadáveres en la playa, El cementerio vacío, Las ciegas hormigas, Los cuentos

sábado, 1 de septiembre de 2012

Lionel Shriver : Tenemos que hablar de Kevin

Idioma original : Inglés
Título original : We Need to Talk About Kevin
Año de publicación : 2003
Valoración : Recomendable

Placeres culpables: siento curiosidad por leer este libro cuando Mario Vaquerizo (no me miréis así) lo menciona como una lectura favorita y veo que lo publicó Anagrama. O sea, una más que dudosa y ambivalente referencia.
Previamente hago alguna indagación: libro que obtuvo premios y que fue fruto de polémicas por lo delicado de su temática y por las segundas lecturas que recibió.
Y aunque en algún momento bordea el estilo de un best-seller, he de reconocer que sólo unas cuantas páginas algo titubeantes lo han alejado del muy recomendable. Que, de hecho, solo las comparaciones con otros libros que han merecido tan alta distinción lo han alejado de ella.

Tenemos que hablar de Kevin es la historia de una relación madre-hijo completamente desastrosa. De como ésta se origina en una decisión algo extraña sobre el embarazo, y como, a partir de ahí, todo se tuerce más y más. Muy leve lo de referirse a ello como que se tuerce, por cierto. Pero es difícil referirse a su argumento sin incurrir en el espoileo;es sumamente sencillo buscar en Google, interpretar algo su portada, o ya no digamos haber visto la película (ni idea de que se había hecho hasta que yo mismo busqué) que hace pocos meses se basó en el libro, y hacerse una idea del motivo por el cual uno no se queda indiferente tras leerlo. La polémica se suscitó en diversas direcciones: que si este libro era un panfleto de 600 páginas contra la maternidad tal como se concibe en Occidente hoy en día, que si se ponía en tela de juicio el modo de vida centrado en el desarrollo y el éxito profesional y económico. Y de regalo, la sombra de lo de Columbine, ya no alargada, sino proyectándose omnipresente en prácticamente cada página.

A pesar de lo cual la autora no toma partido: la historia surge a través de una serie de cartas en que la madre de Kevin le habla a su marido, el padre de Kevin: de cómo todo evolucionaba, de las indudables pistas del desastre que se avecinaba, de hechos que cada componente de la pareja interpretaba en claves antagónicas. Parece un recurso algo forzado al principio, pero todo queda explicado. Sí: todo cierra aquí, aunque uno no quiera atribuirle más parecidos con la realidad para poder disfrutar de una manera más desinhibida (y sin pensar en lo mucho de cierto que puede haber en este libro). Hasta el tono epistolar, hasta el reproche respetuoso queda explicado y justificado. Sí, puede ser que ciertas páginas se recreen en ciertos detalles en exceso y que haya una algo absurda elipsis de unos cuatro o cinco años en la trama, que puede resultar extraña. Pero, aún con esa posición limítrofe entre el drama literario y el thriller destinado a vender millones, Tenemos que hablar de Kevin son 600 páginas de monólogo algo dramatizado, en forma de cartas, que se leen en un suspiro, y que te dejan pensando, entre otras cosas, en si ciertos actos como padres las estamos haciendo bien o mal. En esta sociedad que sobrepone el éxito profesional al familiar. Plantearos si de muchos libros se puede decir lo mismo.