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martes, 7 de abril de 2026

Eduardo Zamacois: El Otro

Idioma original: Español
Año de publicación: 1910
Valoración: Entre recomendable y está bien

El Otro, novela de Eduardo Zamacois publicada originalmente el 1910 y basada en un relato homónimo del mismo autor, vendió muchos ejemplares en su momento. Su éxito se debió, evidentemente, a su contenido erótico-terrorífico, que si bien para estándares actuales es suave, entonces debió resultar bastante provocador.

El argumento de El Otro es sencillo. En su primera parte narra cómo la joven Adelina Vera y de Félix es maltratada y abusada por su marido, el doctor Alberto Riaza, quien ha enloquecido por culpa de su impotencia. Adelina confiesa el martirio al que es sometida a su amante, Juan Enrique Halderg, barón de Nhorres, y entre ambos deciden asesinar a Riaza. La segunda parte de la novela sigue a Halderg y Adelina siendo atormentados (al menos presuntamente) por el espíritu vengativo del muerto.

Como se puede deducir de este resumen, en El Otro hay varias escenas sexuales. Y no me extraña que escandalizaran a los biempensantes a principios del siglo XX, porque además de lo explícitas que eran para la época, lucían una inusitada perversidad. Hablo, además de escenas de adulterio, de las repetidas violaciones espectrales que Riaza perpetra a Adelina (en ocasiones con Halderg presente en la misma habitación).

Otro aspecto relevante de El Otro, aunque éste quizá no se desprenda tan fácilmente de mi resumen, es la ambigüedad del conjunto. Zamacois da indicios de que, realmente, la presencia sobrenatural de Riaza acecha a Halderg y Adelina, pero al mismo tiempo da explicaciones (médicas o de otra índole) para justificar los acontecimientos.

Personalmente, he disfrutado muchísimo de El Otro. Me han gustado sobre todo su prosa, en ocasiones arcaizada pero nunca recargada, y algunas de sus ideas (como el sadismo de Riaza, el fallecimiento del hijo de Adelina y Halderg o el hecho de que Adelina acabe gozando las visitas de su antiguo marido).
   
Sin embargo, admito que El Otro tiene sus defectos. A mi juicio, la novela se siente algo desorganizada y más larga de lo estrictamente necesario. Asimismo, sus personajes (pese a estar adecuadamente caracterizados, son un pelín planos), y su final se antoja anticlimático.

Sea como fuere, la mentada sobredimensión de El Otro es el único reproche serio que puedo ponerle a esta por otro lado disfrutable novela. Y es Zamacois hubiera podido recortar el texto para que no se sintiera tan repetitivo (¿por qué recalcar tantas veces, ya sea en monólogos internos o en diálogos, la indefensión de Halderg hacia Riaza, y su voluntad de morir para combatirlo en igualdad de condiciones?). 

Para podar la extensión de El Otro, Zamacois también podría haber minimizado las a todas luces excesivas digresiones y racionalizaciones que los acontecimientos instigan en diversos personajes, o eliminar escenas (como, por ejemplo, la que narra la visita de Halderg a don Jaime, un vidente mitad adivino, mitad brujo) o detalles (el cambio que se opera en Matilde, una de las dos vecinas solteras de Adelina) que parecen conduciar a algo pero no acaban aportando nada. 

Ah, se realizó una adptación cinematográfica de El Otro en 1919. Lamentablemente, el film, dirigido por José María Codina y protagonizado por el mismísimo Zamacois, se ha perdido con el tiempo.

jueves, 26 de marzo de 2026

Akimitsu Takagi: El misterio de la mujer tatuada

Idioma original: japonés

Título original: 刺青殺人事件 (Shisei Satsujin Jiken)

Año de publicación: 1948

Traducción: (del inglés) Eduardo Hojman

Valoración: bastante recomendable

Hoy en día los tatuajes son algo tan extendido y aceptado en nuestra sociedad que ya se los hacen hasta los chavales de la ESO (y los de Primaria, casi por poco), amén de jóvenes y mayores de toda clase y condición. pero antaño eran algo exclusivo de oficios un tanto aventureros (marineros y soldados, por ejemplo) y, sobre todo, de gentes de mal vivir o, al menos, que rondaban los ambientes del malevaje. Lo mismo que en Occidente ocurría en Japón, a pesar del maravilloso nivel artístico alcanzado por el irezumi o tatuaje tradicional, pero que se asociaba a  quienes se dedicaban a oficios arriesgados como bomberos o trabajadores de la construcción y, por otras razones, a los célebres yakuza. Con el punto añadido del erotismo, puesto que en la tradición japonesa los tatuajes más apreciados son de grandes dimensiones, en ocasiones de cuerpo entero o casi y sólo pueden apreciarse sobre los cuerpos desnudos.

Ahora bien, si hoy en día la percepción social hacia los tatuajes, aquí y allí, ha cambiado por fuer de la moda, en 1947, al poco de acabar la II G. M. en Japón seguían viéndose como algo más bien marginal y túrbido -y, de hecho, la prohibición de dedicarse a tatuar seguía vigente por entonces -; lo interesante, por supuesto, es que esa práctica o afición, incluso pulsión, en algunos casos, conformaba un submundo muy particular, entre lo artístico, lo exquisito y lo opaco que resultaba de lo  más estimulante, desde un punto de vista narrativo. De ahí que la primera novela policiaca de Akimitsu Takagi, el considerado "Simenon japonés" (aunque creo que esto también se dice de su mentor, Edogawa Rampo), partiendo de una idea de lo más sugerente: en el asolado Tokio de la posguerra, que trataba de volver a la normalidad entre ruinas y escasez, se producen unos crímenes que parecen tener como objetivo apropiarse de la piel tatuada de las personas asesinadas. En el primero de los asesinatos se ve envuelto el joven médico Kenzo Matsushita, quien nos servirá de guía lo largo de toda la novela, pues además es hermano del comisario de la policía criminal Daiyu Matsushita y amigo de otro forense, el antiguo "Niño Genio", Kyosuke Kamizu, que viene a ser el Sherlock Holmes de esta historia (de hecho, esta novela es la primera de una serie protagonizada por él). 

Con estas premisa, sin duda se podría escribir un thriller erótico/truculento -y aquí encontramos ambos aspectos, de lo sensual al gore, pues después de todo, los autores japoneses son consumados intérpretes de ambas suertes-, así como una "novela problema", con misterio de cuarto cerrado incluido, que también se trata de eso. Pero, además y antes que los subgéneros mencionados, éste es un noir diríamos que clásico -o casi, debido a su ambientación- con femme fatale y todo... Es decir, que Takagi jugó con la combinación de estas diversas modalidades del género, lo que no resulta fácil, pero a él le salió bastante bien, con el atractivo añadido de, ya digo, sumergirnos en un mundo hermético, en una subcultura cerrada incluso para la mayoría de los japoneses de aquella época y que resulta o puede resultar de lo más estimulante y estremecedor al mismo tiempo. Todo bañado, ya digo, por un aura de sensualidad y, por momentos, con un toque onírico -quizás debido al estilo con que describe el autor ciertos elementos que aparecen en la novela, pero también a circunstancias de la trama-; digamos, por entendernos, que si se hiciera una adaptación de este libro al cine  (creo que no existe aún), el resultado podría ser algo así como una clasica película de detectives  de la Hammer, dirigida por Kurosawa y con la trama de una peli de Park Chan-wook, pero dándole un aire al Terciopelo Azul de David Lynch y a la estilizada brutalidad de Se7en o El silencio de los corderos... (perdón, quizás sean demasiadas referencias cinematográficas para la reseña de un libros).

El caso es que Takagi consiguió combinar todos estos elementos de una forma cuando menos amena y, en algún  momento, incluso fascinante. Cierto es que se le puede atribuir una cierta parsimonia narrativa, propia de la época en la que se escribió la novela y que, como historia de misterio, despista un poco que el Sherlock Holmes o Poirot de turno no aparezca hasta el último tercio del libro, pera luego resolver el misterio sin apenas despeinarse -bueno, sí que se despeina un poco, cosa insólita en él, por lo demás-; así, aunque sus deducciones no resultan forzadas, sí algo artificiosas. Dicho de otro modo: quizá el final no sea un Deus ex machina, pero sí un Kamizu ex machina... Da lo mismo: estos no son más que detalles, pequeñas objeciones a una novela, por lo demás estupenda, interesante e insólita. Ojalá esta editorial u otra siga publicando en España los libros de este escritor porque realmente creo que merecerá la pena leerlos.

Nota para quienes hayan leído la novela o para quienes no lo hayan hecho, pero no les importe arriesgarse a un spoiler que, en realidad, no lo es: Por lo visto, en el Museo de Patología Médica de la Universidad de Tokio sí que existe la colección de tatuajes que aparece en este libro, aunque no está abierta al público (por suerte, pienso yo, aunque entiendo que habrá a quien le gustaría verla). El iniciador de la misma fue, al parecer, un tal doctor Fukushi Masaichi, a quien no cuesta reconocer como el inspirador del profesor Hayakawa de la novela.

miércoles, 9 de abril de 2025

Bruno Schulz: Madurar hacia la infancia

Idioma original de los textos: Polaco
Año de publicación de este volumen: 2025
Traducción: Elzbieta Bortkiewicz
Valoración: Muy recomendable

Madurar hacia la infancia es un volumen editado por Siruela. Compila varios textos de Bruno Schulz, así como un buen puñado de su obra gráfica. 

Entre los textos tenemos dos novelas autobiográficas (aunque en el prólogo de este volumen se las tilda de «libros de relatos», yo las consideraría novelas o, como mucho, ciclos cuentísticos): "Las tiendas de color canela" y "Sanatorio bajo la clepsidra". Ambas se cuentan entre lo mejor que tiene por ofrecernos Schulz. Las sigue "El cometa", un relato bellísimo, y material variado que incluye desde reseñas, entrevistas y posfacios hasta artículos sobre política.

Puesto que resulta difícil reseñar un libro tan ecléctico en su conjunto, diré para empezar que demuestra la versatibilidad, imaginación e inteligencia de Schulz, que evidencia por qué se considera al autor un máximo exponente de la prosa poética y que permite al lector adentrarse en un universo (no sólo literario, también gráfico; no sólo narrativo, también de corte ensayístico) único y personal.

Aunque todos los textos compilados en Madurar hacia la infancia me han parecido de una calidad indiscutible en cualquiera de sus apartados, admito que mi predilección estética me ha hecho disfrutar sobre todo aquéllos que se adscriben en la narrativa, pues permiten que el apabullante manejo del lenguaje de Schulz, así como su maravillosa imaginación, brillen con inusitada fuerza. También me han atraído sobremanera los temas barajados en ellos por el autor, que van desde las relaciones familiares (tema en el que predomina la figura entre patética y siniestra del padre, y que a su manera incluye al servicio doméstico) hasta el erotismo o el trazado de una ciudad cambiante y onírica.

No hay más que mirar cualquiera de los pasajes que componen, por ejemplo, "Las tiendas de color canela", para convencerse de ello de la calidad y lirismo de la prosa de Schulz. En el primer capítulo ya nos recibe una descripción de una plasticidad y sensibilidad inigualables que dice así: «Tras hacer la limpieza, Adela hizo aparecer la sombra sobre las habitaciones cerrando las cortinas de hilo. Entonces, los colores bajaban una octava y el cuarto se oscurecía sumido en la claridad del abismo marítimo, reflejado opacamente en los espejos verdes, y todo el color del día respiraba entre las cortinas, que ondeaban ligeramente en los sueños del mediodía.» (pg. 46)

En otro párrafo magistral engarzado en esta misma obra, localizado abriendo una página al azar, hallamos lo siguiente: «El cielo barrido por los vientos, amplio y argénteo, estaba labrado por líneas de fuerzas, tan tensadas que parecían romperse, por surcos severos, como venas petrificadas de estaño y plomo.» (pg. 131-132)

No puedo dejar de mencionar el posfacio que Schulz dedica a El proceso de Franz Kafka, donde alaba la abstracción con que la novela aborda «la intromisión de la ley en la vida del hombre»: «Kafka encontró en el idioma humano una especie de corporeidad adecuada, una clase de material sustituto para esos asuntos inalcanzables e inexpresables en el cual construye y teje hasta los detalles más menudos la estructura del asunto.» (pg. 458)

A este posfacio de Schulz le debemos otra exquisita reflexión sobre la literatura de Kafka: «Los libros de Kafka no constituyen ninguna imagen alegórica, clase o exégesis de la doctrina, son una realidad poética autónoma, redonda, cerrada por todos los lados, justificada en sí y en reposo. (...) la obra vive una vida poética propia, polivalente, insondable y no agotada por ningunas interpretaciones.» (pg. 459)
 
Los dibujos de Schulz que cierran Madurar hacia la infancia me parecen tan prodigiosos como sus textos. Hay cierta reminiscencia de mi admirado Alfred Kubin en su factura; también ecos al erotismo prohibido presente en las niñas de Balthus, o a la sexualidad sadomasoquista de ciertos bosquejos de George Grosz.

lunes, 31 de marzo de 2025

Edogawa Rampo: La bestia entre las sombras

Idioma original: Japonés
Título original: 影の中の獣
Traducción (al catalán): Mei Gutiérrez
Año de publicación: 1928
Valoración: Recomendable (sobre todo para incondicionales de Edogawa Rampo y amantes de la literatura detectivesca)

He leído mucho al escritor japonés Edogawa Rampo. También he criticado (y bastante) varias de sus obras. Nunca lo hago con dureza, porque en el fondo me parecen extremadamente entretenidas y hay una enternecedora ingenuidad en ellas, pero me es imposible negar que a menudo obligan a suspender la incredulidad en demasía, o que apuestan por elementos argumentales inverosímiles.

Pues bien, La bestia entre las sombras es una excepción. Y es que esta novela corta es puro Rampo, pero sin los excesos algo pasados de rosca a los que el autor nos tiene acostumbrados en obras de inclinación "pulp" como La bestia ciega o El Lagarto Negro.

Hay un argumento enrevesado y muchos giros de tuerca en La bestia entre las sombras, cierto, pero en ningún momento pierden credibilidad. El erotismo permea la obra, de acuerdo, pero aunque es decadente, morboso y hasta me atrevería a decir que perverso, nunca llega a extremos ridículos y caricaturescos.

A esto hay que sumarle otros tres apartados en los que La bestia entre las sombras se antoja particularmente inspirada: su estructura (capaz de progresar la historia de manera orgánica y cerrar capítulos con suculentos "cliffhangers"), sus personajes (simples pero efectivos) y determinadas escenas en el clímax (pienso sobre todo en una potentísima, que recontextualiza por enésima vez la obra y deja una sensación de incertidumbre que roza la genialidad).

Poco más que añadir; sólo insistir en que La bestia entre las sombras me ha sorprendido, porque si bien mantiene la impronta autoral de Rampo y el encanto genuino de su literatura, refina la fórmula del autor. Y es que entrega una ficción pulida, verosímil y bien estructurada, un argumento y unos personajes plausibles, un misterio atractivamente sugerente, un romance exquisitamente oblicuo (y, visto en retrospectiva, sumamente trágico) y una visión del erotismo y la perversión madura y realista, aun si todo esto es en detrimento del toque "pulp" y "eroguro" que caracterizaba otras obras del nipón. 

De modo que recomiendo entusiastamente esta novela corta de Rampo, especialmente a los amantes de la literatura detectivesca. Y a quienes vayáis a leerla os doy un consejo: acudid a ella sin que nadie os destripe su argumento, pues merece la pena dejarse sorprender por sus constantes zarandeos. Eso sí, permitid que os abra el apetito con una pequeña sinopsis: 

Un escritor de novelas detectivescas soltero, cuya obra es «considerada (...) la más intelectual del género», conoce a una hermosa mujer llamada Shizuko, con quien entabla cierta amistad. Un día, Shizuko recurre a él en busca de ayuda. Y es que un antiguo amante despechado, Hirata, la ha encontrado y está decidido a vengarse. Para ello, le infundirá miedo mediante cartas obsesivas y se declara dispuesto al acoso e incluso al asesinato. Shizuko, que no puede acudir a su adinerado marido porque éste descubriría que su esposa no era virgen cuando se casaron, tiene que confiar entonces en el narrador de la historia. Y él aceptará el caso, por un lado porque quiere ayudar a su amiga, pero también porque Hirata resulta ser el hombre tras el pseudónimo de Shundei Õe, escritor de novelas detectivescas «sangrientas, astutas y malvadas» con quien siempre sintió cierta rivalidad literaria.


También de Edogawa Rampo en ULAD: Aquí

viernes, 3 de mayo de 2024

Clara Obligado: Las otras vidas

 Idioma: español

Año de publicación: 2007

Valoración: está bien

Me decidí a leer algún libro de la hispanoargentina Clara Obligado (o argentina residente en España, para ser más exacto) impelido por la admiración que le profesa cierta booktuber de la que yo, por mi parte, me suelo fiar. Vaya por delante que creo que me equivoqué con el libro elegido para comenzar con esta escritora, una recopilación de cuentos bastante delgadita y que, por tanto, parecía idónea para tal fin. No diré que el libro se me haya hecho largo, porque materialmente es imposible, ni tampoco que estén mal escritos -al contrario- o resulten dificultosos para leer, pero, a decir verdad, me han parecido que ni chicha ni limoná: en general, no me han dejado demasiada huella, e incluso, si no fuera porque he ido tomando notas de ellos según los leía, me costaría bastante recordad algo de aluno de los cuentos, incluso justo después de haberlos leído.

Podemos distinguir dos tipos de relatos en esta recopilación: por un lado, los más largos -tampoco mucho- y con un tono mucho más "serio", en ocasiones melancólico e incluso trágico, tocando temas como el exilio, la memoria y la muerte. Por otra parte, cuentos cortitos, de apenas una página o dos, más divertidos y con un trasfondo  erótico; de éstos, destacan, a mi entender, La sirena, en la que un pescadero venden una sirena en su establecimiento, Lenguas vivas, sobre las diferencias entre el castellano de Argentina y el de España -sobre todo en lo que toca al asunto que ya os podéis imaginar-, Los pecados de la carne, delirio erótico de una señora que hace cola en una charcutería, entre tanta salchicha, longaniza y demás embutidos y el cuento que abre el volumen, Yo, en otra vida fui avestruz, que va...exactamente sobre eso.

Por lo que respecta a los relatos más largos, es evidente que tienen un desarrollo narrativo mayor, más personajes, los protagonistas recorren un arco más amplio, etc. Pero esta mayor complejidad no siempre juega a favor de un resultado más satisfactorio; ejemplo de ello serían los cuentos más trabajados en el aspecto narrativo: El enviado, sobre la amistad entre un chico de "familia bien" de Madrid y el hijo de la portera de la finca, desaparecido de forma enigmática, y Paternidad, sobre la crisis de la mediana edad de un profesor universitario que acaba de ser padre por primera vez. Son relatos que, pese a su ambición y corrección formal -porque hay que señalar que la prosa de Obligado es siempre excelente-no acaban de despertar el interés del lector. O de este lector, cuando menos. otra cosa es lo que ocurre con los dos relatos largos que más me han agradado: Exilio, variaciones sobre las vidas posibles (o reales) de una(s) exiliada(s) política(s) y Con las mujeres nunca se sabe (Homenaje a Raymond Carver), en el que dos amigas inseparables de la infancia y juventud se reencuentran al cabo de los años al morir el marido de una de ellas y volver la otra, exitosa diseñadora de modas, al pueblo del interior de Argentina donde se crió. Un cuento en el que la autora consigue dar con el tono exacto de fría familiaridad, sin descartar la sorpresa.

En suma, una colección de relatos no diré decepcionante pero que tampoco mueven al entusiasmo. Repetiré con esta escritora, sin duda, pero dentro de un tiempo y quizás con alguna novela cuyas críticas sean positivas, de forma unánime, para no pillarme los dedos. Hasta entonces, chau, doña Clara


martes, 2 de enero de 2024

Angela Carter: La companyia dels llops

Idioma original de los cuentos:
Inglés
Traducción (al catalán): Martí Sales
Año de publicación de este volumen: 2023
Valoración: Recomendable alto

La companyia dels llops es una antología editada por Comanegra. Recoge trece de los relatos más representativos de la bibliografía de Angela Carter, escritos entre 1965 y 1993. La impecable traducción al catalán de los mismos se la debemos a Martí Sales, quien no teme interpretar algunos pasajes cuando se tercia.

Aunque mi disfrute de este volumen debe mucho al oficio técnico y la intuición creativa de Sales, la principal responsable de su calidad es sin duda alguna la propia Carter. ¡Menuda destreza narrativa esgrimía en sus piezas breves! ¡Qué manejo del lenguaje, qué dominio tonal, qué capacidad de evocar atmósferas, qué maestría para el perfil personajístico! ¡Cuánta identidad tiene su microcosmos, atravesado por temas comunes, escenarios recurrentes, ideas siempre coloridas y la lógica interna de los cuentos de hadas o del realismo mágico!

Empecemos hablando de "Una gran dama i el seu fill a casa", relato que inaugura la colección. Su desafiante a la par que estimulante opacidad lo convierten en uno de mis favoritos.

A continuación tenemos "Endinsar-se al cor del bosc" y "La filla preciosa del botxí", cuyas premisas abordan el tema del amor entre hermanos desde ángulos complementarios. Aunque a mi juicio no se cuentan entre lo mejor del libro, resultan igualmente piezas de una entidad literaria considerable.

"Els amors de la Princesa Carmesina" tiene un argumento algo plano, al menos para los estándares de Carter. Sin embargo, la autora logra darle textura con su incomparable pluma, y especiarlo con su particular concepción del erotismo.

"La cambra sanguinolenta" es, probablemente, el relato más famoso de Carter, compilando originalmente en una antología homónima caracterizada por reinterpretar diversos cuentos de hadas. Aunque lo he disfrutado sobremanera, me parece inferior a otros, pues creo que no logra harmonizar exitosamente los dos registros que combina. 

"La promesa del tigre" es genial. Su desenlace, oscuro y conmovedor al mismo tiempo, resuena como el rugido de una bestia salvaje en la selva.

"La dama de la casa de l’amor" se hace un poco cuesta arriba al principio, pero no tarda en subyugar. Supone una experiencia estética de esas que sólo un escritor con la habilidad de Carter puede transmitir.

"Licantropia" funciona porque es breve y contundente, aunque admito que me ha decepcionado porque para los estándares de Carter se antoja plano y carece de esa perversidad tan característica de la autora.

"La companyia dels llops" es otra de las muchas obras maestras con que nos obsequia este volumen. Tanto su atmósfera como su mensaje crudo e incómodo respecto a la naturaleza humana son sumamente inteligentes.

"El petó" es una especie de fábula con toques metaliterarios. Sólo por lo curiosa que resulta ya merece la pena paladearla.

"El gabinet d’Edgar Allan Poe" y "El tigre de la Lizzie" aprovechan el sustrato biográfico de dos personajes históricos para crear literatura con mayúsculas. El primero de ambos cuentos quizá no gustará a todo el mundo, porque su vocación abstracta y experimental se come, por momentos, a la historia narrada. En cambio, el segundo es más lineal en su planteamiento y familiar en su despliegue argumental, y aun así resulta un texto brillante que alcanza asombrosas cotas de originalidad.

"Reflejos" es, probablemente, la pieza más extraña del conjunto, y por ello se cuenta sin duda entre mis favoritas. Su planteamiento e imaginería dejan de lado el fantástico por el que Carter siente debilidad y beben de ese surrealismo que hizo posible la obra de Leonora Carrington o Remedios Varo.

En resumen: la calidad y variedad de las piezas breves de Carter ameritan la lectura de la colección editada por Comanegra. Sólo por esas joyas que son "Una gran dama", "La promesa del tigre", "La companyia dels llops", "El tigre de la Lizzie" o "Reflexos" ya recomiendo adquirir el libro. Además, insisto en que catar la traducción de Sales no tiene desperdicio.


También de Angela Carter en ULAD: Aquí 

viernes, 1 de diciembre de 2023

Cynthia A. Matayoshi: La sombra de las ballenas

Idioma original: Español
Año de publicación: 2020
Valoración: No sé

Conocí a la argentina Cynthia A. Matayoshi a través de la antología colectiva Mundo Weird. Su relato, "Por favor, entre", me pareció brillante, y me decidió a buscar más obras de la autora. Entonces descubrí que trampa ediciones había publicado en España, el 2020, la primera novela de Matayoshi, y me lancé a ella de cabeza. Desgraciadamente, me ha generado sentimientos encontrados.

¿De qué trata? En La sombra de las ballenas, los humanos conviven con las fantasías en las calles tintadas de neón del Barrio Chino. Éstas venden deseo puro, el cual puede resultar adictivo e incluso mortal para quienes lo consumen.

Empecemos destacando la virtud principal del libro que nos ocupa: el universo en que transcurre. Al inicio parece un escenario interesante pero mil veces visto (el típico mundo fantástico aderezado con elementos nipones). Sin embargo, pronto introduce una segunda realidad extremadamente original, habitada por, entre otros, escualos, dioses, máquinas y fósiles vivos. Aunque quizá se le puede reprochar a ésta que no sigue una lógica interna clara, es indudablemente creativa y sugerente.

Ahora quiero abordar un apartado de La sombra de las ballenas que, pese a no haberme convencido, es meritorio: la prosa. Y es que si bien el estilo de la novela es (creo que deliberadamente) robótico, reiterativo y ampuloso, imprime el ritmo o tono adecuados a determinadas escenas, y otorga una pátina lírica al conjunto.

Por último he dejado el que, a mi juicio, es el aspecto menos logrado de la obra de Matayoshi: los personajes. Son planos, tanto en su descripción física como caracterización psicológica, hablan con una voz excesivamente similar y mantienen unas interacciones a las que les falta espontaneidad o desarrollo para resultar creíbles. Ah, y no funcionan en tanto que alegoría del deseo y el erotismo, porque la representación de ambos temas en estas páginas es simplista y lineal.  

Resumiendo: La sombra de las ballenas es una novela con la que no he acabado de conectar. Pese a todo, me niego a que este sea mi último contacto con Matayoshi, pues gracias a su relato "Por favor, entre" sé de lo que es capaz (al menos en las distancias cortas).

lunes, 9 de octubre de 2023

Yoko Kondo: Una mujer y la guerra

Idioma original: Japonés
Título original: Sensō to Hitori no Onna
Año de publicación: ¿?
Traducción: Yoko Ogihara / Fernando Cordobés
Valoración: Está bien

El escritor Ango Sakaguchi publicó, en los meses posteriores a la rendición japonesa de 1945, dos relatos provocadores reunidos bajo el título de Una mujer y la guerra. Cada relato ofrecía distintas perspectivas de la vida bajo los bombardeos del enemigo: una masculina y otra femenina. Sus partes más polémicas fueron censuradas y no se pudieron leer hasta una reedición de 2001. 

Yoko Kondo, que ya había adaptado otros trabajos de Ango, los unificó y trasladó al formato manga. El estilo de dibujo de Yoko es sencillo: sus composiciones son bastante típicas, sus ilustraciones no abundan en detalles y muchas de sus viñetas carecen de fondo. Aun así, dicho estilo funciona a la perfección para evocar la melancolía que impregna al argumento y los personajes. 

Ciertamente, la historia narrada es interesante. Tiene ese ritmo lento, pausado e introspectivo tan característico de los autores japoneses; tiene, también, el tono triste a la par que bello típico de la sensibilidad nipona. Asimismo, la descripción de los protagonistas y sus complejas interacciones es sutil pero efectiva. Por otra parte, el uso de la guerra como telón de fondo y elemento metáforico es muy acertado. Y su exploración de la cotidianidad civil en medio de un conflicto bélico, las contradicciones del ser humano, las relaciones entre hombres y mujeres o el erotismo ambivalente están logradadísimas.  

En resumen: Una mujer y la guerra es fascinante. Aunque no me ha parecido memorable, funciona durante la lectura y deja un poso satisfactorio. 


martes, 12 de septiembre de 2023

Jesús Ferrero: Bélver Yin

Idioma: español

Año de publicación: 1981

Valoración: Muy, muy recomendable... bueno, qué narices, imprescindible.

Pongamos en antecedentes a aquéllos/as que nos leen desde más allá de los mares o que por su edad no vivieron o no recuerdan aquellos venturosos años 80 (yo tampoco, ojo, que apenas llego a centennial, pero me he documentado): tras quedarse huerfanitos cuando el dictador Caudillo fue a sentarse a la extrema derecha del Padre Hacedor, se produjo entre los españoles una relajación de las costumbres que coadyuvó, no obstante el escándalo, a un florecimiento de aquellas expresiones artísticas que hasta entonces, no habían estado permitidas o, al menos no muy bien vistas por la dictadura fascista el Régimen político vigente; así, al underground barcelonés se le sumó la célebre (aunque ahora discutida) "movida madrileña", así como focos de diversa condición en otros lugares del llamado Estado Español, recién convertido en Reino de España, como Vigo o el País Vasco. La eclosión tuvo lugar, sobre todo, en el mundo de la música juvenil, pero también aparecieron creadores con un nuevo estilo en el cine (no hace falta decir quién), la pintura o el cómic.

Ahora bien, ¿qué ocurrió en el mundo de la literatura y, más concretamente, en la narrativa? Pues si bien ya en los años 70 habían aparecido novedosos narradores como Eduardo Mendoza o incluso nuestro querido y no suficientemente añorado Javier Marías, la literatura española necesitaba que apareciese algún escritor joven, diferente, molón... y no hablo de simples cosplayers como Ray Loriga, sino, para entendernos, el equivalente en el mundo de las letras a Radio Futura o Iván Zulueta. En éstas, se publicó esta sorprendente novela, escrita por un desconocido joven que de día estudiaba filosofía en la Sorbona de la mano de todos los gurús posmodernos y deconstructivistas de la época, mientras de noche trabajaba de portero en clubes de París. Vamos, que más cool no se podía ser... Un libro, ya digo, sorprendente porque no tenía nada que ver, creo, con cualquier otra cosa escrita por un español hasta la fecha (y dudo también que en español);  para empezar, no aparecía en ella el menor vínculo con la cultura hispana, salvo un elemento ligero: el título, que viene de "Bello de ver". Y que, además, es el nombre del protagonista o, más bien, de uno de ellos -aunque constituyan una unidad, en cierto modo-, porque lo que nos cuenta esta novela es la historia de los hermanos gemelos Bélver Yin y Nitya Yang en la China de los años 20 y 30 del pasado siglo -sin olvidar el tortuoso devenir de los no tan secundarios Góel y su padre Christopher Whittlesey-; una China, como cabe suponer, imaginada y hasta mixtificada, pero verosímil para el lector occidental ávido de exotismo, pues Ferrero nos presenta unos ambientes de lujoso mestizaje entre Oriente y Occidente, con guerras entre gángsters y sociedades secretas que luchan por controlar el país o, al menos, sus evocadoras Shanghai, Cantón, Macao...

Exotismo, sí, y también erotismo, más o menos insinuado o explícito y bastante turbio, pues el incesto o su inminente posibilidad tienen un papel central en la novela. Porque esta es una novela que, aparte de su calidad o suntuosidad literaria (uno, o al menos este servidor, no deja de acordarse del parnasianismo o el modernismo, depurados, eso sí, por el tiempo y el escenario oriental de la narración), lo que transmite, más que nada, es una embriagante sensación de libertad, la idea de que su autor ha escrito lo que ha querido y de la forma que ha querido, en una época en la que, tal vez de forma engañosa, cualquier cosa parecía posible. También, sensualidad, en todos los sentidos, un punto -bueno, igual más de uno...- de perversidad y, sobre todo, elegancia.

En todo caso, se trata de una novela espléndida, exquisita y rápida de leer (lo que no es poca cosa) que nadie, o cuando menos nadie que quiera conocer la literatura española de los últimos cincuenta, cien años... debería dejar de leer y disfrutar. Esto último está asegurado, podéis creerme.

También de Jesús Ferrero y reseñados en Un Libro Al Día: Las veinte fugas de Básil

miércoles, 2 de agosto de 2023

Gonzalo Fontana Elboj: Leopardos en el diván

Idioma original: Español
Año de publicación: 2023
Valoración: Entre recomendable y está bien

Leopardos en el diván, novela de menos de ciento cuarenta páginas, me ha sorprendido gratamente. Si bien me gustó mientras la leía, no fue hasta haberla terminado y dejado reposar que sentí que había experimentado algo especial. Con esto no quiero decir que esté libre de defectos, pues acarrea unos cuantos; lo cual, por otra parte, es natural, ya que es fruto de la primera incursión de Gonzalo Fontana Elboj en el ámbito narrativo.

La obra trata de Jorge, profesor cincuentón, pedante y cínico atormentado por una serie de demonios. Primero nos es introducido; a continuación, se profundiza en su forma de pensar a través de pasajes introspectivos y una sesión de psicoanálisis; y finalmente se le obliga a interactuar con Boris, un joven de barriada que acude a su apartamento.

A mi juicio, las virtudes de Leopardos en el diván son las siguientes:

  • Presenta un estilo tan cuidado como personal, capaz de adaptarse a las diferentes exigencias del relato.
  • Con unas pocas pinceladas es capaz de transmitir la personalidad de los dos protagonistas.
  • Refleja correctamente las dinámicas oblicuas que mantienen los seres humanos, especialmente aquellos que no se conocen de antemano o friccionan entre ellos. También plasma adecuadamente la intimidad frágil, desesperada y bonita que la gente rota puede alcanzar.
  • Entrega un elemento ¿fantástico? que, por desdibujado, no pierde potencia.
  • Implementa con éxito la sutileza y ambigüedad cuando se tercia.
  • Su final abierto resulta evocador e intrigante.
  • Aborda el tema del deseo con una sensibilidad parecida a la de los autores japoneses, que oscila entre lo bello y lo turbio, lo elevado y lo pecaminoso, lo platónico y lo tabú.

Llegados a este punto, querría destacar los defectillos que le he visto a Leopardos en el diván:

  • Baraja muchas ideas y no todas cuajan con la misma efectividad. Aunque llevar a buen puerto un debut así de ambicioso no tiene que ser fácil, por lo que se puede perdonar que la ejecución del mismo sea, a ratos, irregular.
  • La prosa se antoja, en ocasiones, un tanto rebuscada. Entiendo que su pátina de pretenciosidad es un efecto deliberado, pero había momentos en los que el texto se hubiera beneficiado de un registro más simple y natural.
  • Su argumento da la impresión de que hubiera podido expandirse en direcciones distintas, o que al menos podría haber desarrollado ciertos apartados.

En fin: Leopardos en el diván es una buena novela. Quizá lastrada por la bisoñez narrativa de su autor en algunos aspectos, demuestra una pluma segura, una voz personal y un estilo solvente en otros. Aunque puede que no guste al gran público debido a su lenguaje pedante, su protagonista desagradable y su trasfondo incómodo, estoy seguro de que será reivindicada con el paso del tiempo por un selecto grupo de lectores capaces de apreciar sus múltiples virtudes.   

miércoles, 7 de junio de 2023

Louis-Ferdinand Céline: Guerra


 
Idioma original: francés

Título original: Guerre

Año de publicación: 2022

Traducción: Emilio Manzano

Valoración: recomendable

Entre la fauna literaria francesa existe una variedad del (no tan) enfant terrible que busca épater les bourgeois, que es la del escritor abiertamente de derechas y a menudo ultra, que lo que busca es ganar fama, prestigio y euritos (antes, y muy convenientemente, francos) epatando a los izquierdosos o, al menos, a la progresía biempensante. Ejemplo que, por cierto, han seguido y siguen algunos escritores y columnistas españoles, más aún en estos tiempos en que la provocación reaccionaria rema a favor de la corriente, por más que se empeñen en convencernos de lo contrario. En el caso de Francia, siempre por delante en esto del espectáculo cultureta, la provocación no se limita a soltar unas cuantas boutades xenófobas o machistas: hay quien incluso trata de llamar la atención protagonizando (o intentándolo, al menos) una película porno... Lo que sea para camuflar la propia medianía literaria, pues todo apolojeta reaccionario francés sabe que nunca podrá alcanzar el nivel de su santo patrón, que no es otro que (sí, ya llego, por fin) Louis-Ferdinand Céline.

Porque además, para ser un escritor malote de extrema derecha, no basta con meterte con los árabes, escaquearte de pagar impuestos o defender en público la conspiranoia de "la Gran Sustitución". Eso lo puede hacer cualquiera y palidece con haber colaborado con la Gestapo, huir de Francia para que los resistentes no te den matarile, acabar preso en un castillo de Dinamarca y ser declarado desgracia nacional en tu propio país (bueno, para esto nuestro amigo Michel sí que está haciendo méritos). Fue a raíz de esa huida, en 1944, cuando del apartamento parisino de Céline le fueron sustraídos varios manuscritos, algunos aún sin publicar y que, tras vete a saber qué vicisitudes, han vuelto a aparecer 85 años más tarde (para quien desconfíe, parece que no hay dudas sobre su autoría). Uno de ellos es el de esta Guerra, una novelette (tentado he estado de etiquetar la reseña como "zoom"), aunque parece que en origen podría tratarse de una parte de una conjunto, quizás una trilogía: en todo caso, pronto se publicará otra novela, continuación de ésta, titulada Londres.

La novela está tan basada en la propia vida de Céline, que cayó herido durante los primeros meses de la I Guerra Mundial, como relacionada con sus dos libros más extensos, Viaje al fin de la noche y Muerte a crédito, pues, de hecho, fue redactada entre ambos. Nos cuenta la historia del joven Ferdinand, brigadier en un regimiento de caballería y único superviviente de un ataque alemán en Bélgica quien, a causa de sus heridas, es trasladado a un hospital militar en la retaguardia, aunque cerca del frente, en la ficticia ciudad de Peurdu-su-la-Lys, donde trabará relación con personajes peculiares, como la jefa de enfermeras L'Espinasse, la complaciente camarera Destinée, su compañero de convalecencia Bébert -luego llamado Cascade- y la mujer de éste, Angèle. 

Pero que nadie se llame a engaño: ésta no es una novela bélica al uso, si bien la guerra y, sobre todo, sus consecuencias están siempre presentes con su crudeza. Aunque, a partir de cierto momento, quizá se trate más de una suerte de novela picaresca, aunque algo sui géneris, que narra la degradación moral -o no, según se mire- de un joven, hijo de una familia de la pequeña burguesía francesa, que cae, aun sin demasiada oposición por su parte -parece que el pollo ya apuntaba maneras- en una vida digamos delincuencial... El sexo, además, está muy presente a lo largo de toda la narración, con un erotismo (por decirlo así) un tanto zafio o incluso perturbado, en el caso de la enfermera L'Espinasse; sin embargo, yo no diría que esta pulsión sexual, pese a su importancia, sea el leit-motiv de la novela, sino, en todo caso, es uno de los canales que encauzan el auténtico tema: la oposición a la sociedad biempensante que había acabado por organizar esa guerra en la que morían sus hijos. De ahí que tenga también gran importancia en la trama el desprecio que siente Ferdinand hacia sus progenitores (si bien parece que el autor del libro se llevaba bien con los suyos). Este desencuentro entre la conveniencia burguesa y la cruda realidad no tiene por qué mostrar un aire trágico; de hecho, encontramos a este respecto una escena vodevilesca especialmente hilarante.

En cuanto al estilo, debemos recordar -y lo hacen, además, un prólogo del editor y numerosas notas finales- que este libro es la transcripción de un manuscrito que, si bien parece terminado, hubiera necesitado aún un pulido final; de ahí que haya ciertas incoherencias, cambios o palabras ilegibles. No obstante, también encontramos muchas páginas magníficas, de una fuerza y magnetismo literario indudables -el comienzo de la novela, sin ir más lejos-, así como ciertas reflexiones que, si bien, vienen de un escritor no demasiado recomendable e incluso deleznable en algunos aspectos, no dejan de poseer profundidad e interés. Como muestra, a despecho del tono soez que caracteriza a buena parte de la novela, me permito reproducir este párrafo para terminar la reseña:

"Voy por las calles más estrechas. Vomito discretamente bajo los porches cuando me da. Parece ser que el frente ahora está a cuarenta kilómetros, por delante y por detrás. Pienso adónde iría si me escapara. estoy rodeado de tierra podrida por todas partes, me digo. Habría que poder pasar a un país del extranjero donde la gente no se mate. pero no tenía salud, ni dinero, ni nada. Estás asqueado, cuando has visto durante meses los convoyes de hombres con todo tipo de uniformes desfilar por las calles como bancos de salchichas de azul, de verde manzana, sostenidos por unas ruedecillas que se llevan todo ese picadillo al gran mortero de idiotas. Se marchan directamente, cantan, empinan el codo, vuelven, sangran, empinan el codo otra vez, lloriquean, gritan, todo se ha ido a la mierda ya, una lluvia y el trigo que crece, otros idiotas que llegan en un barco que muge, que tiene prisa por desembarcarlo todo, y vira dando grandes soplidos y nos enseña el culo en el malecón, un barco magnífico que se marcha de nuevo, surcando las olas, para traer a otros... Siempre contentos, los idiotas, siempre de fiesta. Cuantos más machacan, mejor crecen las flores, esa es mi opinión. Que viva la mierda y el buen vino. ¿Y todo para nada!"

 

También de este autor y reseñada en Un Libro Al Día: Viaje al fin de la noche

sábado, 27 de mayo de 2023

Junichirō Tanizaki: La llave

Idioma original: Japonés
Título original: 鍵
Traducción: Ana Megumi Pias Suzuki
Año de publicación: 1956
Valoración: Recomendable (imprescindible para amantes de la literatura erótica o puritanos que necesiten expandir sus horizontes)

Menudo novelón, La llave de Junichirō Tanizaki. Encasillable dentro de la maltratada literatura erótica, es, en vez de la típica ficción pensada para que la leamos con una sola mano, una dignísima muestra de que cualquier género se puede poner al servicio de los temas universales y las indagaciones en torno al ser humano. 

¿De qué trata? Una pareja japonesa que lleva veinte años casada no se entiende en la cama. Él es un profesor, diez años mayor que su esposa, miope y de complexión débil, que pese a todo tiene un nivel muy alto de libido. Ella es una mujer lujuriosa y exigente, anquilosada sin embargo por una educación tradicional, una cultura machista y un acentuado rechazo hacia el físico de su marido. 

Ambos escribirán un diario enfocado en lo sexual, en el que plasmarán sus diferencias e intereses. Ambos dejarán patente, con el secreto deseo de que el otro se asome a sus pensamientos, sus deslices accidentales o premeditados, sus sospechas y sus racionalizaciones. Ambos se embarcarán, pues, en un juego perverso tan voluptuoso como autodestructivo, plagado de fetichismos (podofilia, voyeurismo, exhibicionismo, candaulismo...), celos, dudas y supuestas infidelidades. Ambos involucrarán, cada uno a su manera, al pretendiente de su hija e incluso a esta última en sus turbios tejemanejes. 
  
Muchas son las virtudes de La llave: la estructura, hasta cierto punto epistolar, de la novela; el tratamiento estilístico del conjunto, sobrio y elegante pero sumamente expresivo; la profundidad psicológica de sus protagonistas y de sus interacciones; los temas que baraja; el simbolismo de determinadas escenas; su capacidad para condensar el erotismo japonés; el reflejo que hace de las dinámicas interpersonales de los habitantes del país nipón. 

A mi juicio, La llave no es una novela perfecta. Yo le achacaría un par de defectillos menores: que podría haber explotado más algunos fetiches, que hay personajes secundarios que apenas aportan nada a la trama y que el ritmo se resiente cuando el protagonista convalece.

Asimismo, el final de la historia no me parece muy logrado: explica cosas que, a mi juicio, era preferible dejar en la ambigüedad, simplifica excesivamente las motivaciones de Ikuko y dinamita, vistas en retrospectiva, muchas de las ideas barajadas previamente. 

Son numerosos los debates que genera La llave. Numerosos e incómodos. Y entiendo que mucha gente querría censurar la novela, pues las conclusiones que expone (sobre todo las que expone antes de su final, insisto que frustrantemente simplista) son problemáticas para ciertos sectores de la sociedad. Pero ofenderse por un trabajo de ficción, y en especial uno como este, que en ningún momento pretende romantizar sus temas espinosos, es una pataleta infantil, así que dejémonos de milongas y examinemos qué intenta enseñarnos Tanizaki:

1. Desgraciadamente, la comunicación perfectamente transparente jamás existirá entre seres humanos; ni siquiera entre dos cónyuges que lleven varias décadas juntos. Algo parecido sucederá con las relaciones de poder entre personas, que nunca serán simétricas o harmoniosas.  
2. La frontera que delimita el deseo, el placer, el adulterio y el consentimiento es, cuanto menos, difusa y fluctuante.
3. El amor y la lujuria pueden ser autodestructivos y acarrear celos, problemas de salud, corrupción moral, etc...  

En fin: podríamos usar La llave, junto a La casa de las bellas durmientes, como representante quintaesencial del erotismo japonés. Aunque a mi juicio aquella es una obra artísticamente superior, ésta, sin ser todavía un referente igualitario (lo cual es lógico, teniendo en cuenta el año y lugar de publicación), tiene un sesgo masculino menos acentuado. 

La novela disgustará, e incluso ofenderá, a más de uno, pero a mí me parece tan bella, delicada, fascinante y sugerente como perversa y retorcida. Esperemos que ni los progresistas neopuritanos ni los conservadores rancios nos impidan seguir disfrutándola en todo su oblicuo esplendor.


martes, 14 de marzo de 2023

Andrés Ibáñez: El perfume del cardamomo

Idioma: español

Año de publicación: 2008

Valoración: entre recomendable y está bien

Vamos hoy con un libro de sugerente título y elegante cubierta, a fe mía, que resulta ser, sorpresa, una recopilación de cuentos chinos (*)... pero escritos por un español, el no menos elegante Andrés Ibáñez. Tal curiosidad resulta, hasta donde yo conozco, bastante insólita en el panorama literario hispánico; puede que haya más ejemplos, pero, a bote pronto, yo sólo recuerdo Bélver Yin, el alabado debut, en su (ya lejano) día, de Jesús Ferrero (una novela, por cierto, aún no reseñada en ULAD, y que debería estarlo). 

En el caso de Ibáñez, éste se ha basado, sobre todo, en los cuentos tradicionales chinos para pergeñar ( hay quien diría "mixtificar") los suyos, aunque él mismo reconoce en el epílogo que los dos últimos, son, en el caso del más bien rococó Los piratas de los siete colores, un homenaje al cubano Lezama Lima, y en cuanto a La montaña del alma, un cuento que un chico auténtico difícilmente habría escrito de esa manera. En otros se habla del concepto del "mundo flotante" -justamente hay cuento titulado así-, como metáfora de los placeres sensualidad, el erotismo y la relajada disipación; esta idea, reconoce Ibáñez, la ha tomado de la literatura japonesa, más que de la china. Pero, vaya, para el lector no experto, como es un servidor, los 25 relatos del libro -algunos muy cortos tranquilo todo el mundo- tienen un aire de chineidad (¿se dice así?) bastante verosímil, aunque es posible que un eventual lector chino o, al menos, que conozca lo suficiente esta literatura, considere poco logrado el artificio. 

En todo caso, y si nos atenemos tan sólo a su valía literaria (o a la valía del resultado, mejor dicho), entre los 25 cuentos encontramos al menos ocho o nueve bastante notables otros tantos que no están nada mal; es decir, que al menos dos terceras partes de esta selección merecen la pena. El mejor de ellos, en mi opinión, resulta ser la divertida Historia de Chi Hsin Mien, el insaciable, cuyo desaforado priapismo tenía desesperadas a sus tres esposas, Crisantemos, Peonía y Loto Blanco, y que juntos protagonizan una historia de fantasmas como no habéis leído otra. También están bastante bien La mujer del bandido, la ya mencionada Del mundo flotante (que casi se diría sacado de Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino), Las hermanas Wang (un cuento que, por otra parte, veo difícil que pasara el filtro del Ministerio de Igualdad), Hay un camino, vitalista defensa de la literatura y la imaginación y que se complementa con el siguiente "relato": Los diferentes tipos de leyendas... También destacan El alquimista negro y su perro, con aire de parábola; la elegante y casi mínimalista fábula cíclica Marcas en el agua; El regreso, una historia de amor que parece inspirada en Las metamorfosis de Ovidio y, por último, el obviamente irisado y bastante cuqui Los piratas de los siete colores.

En conjunto, son cuentos que combinan suntuosidad con elegancia, erotismo con filosofía,  audacia formal con (supuesta) tradición y en los que encontramos todo un imaginario -bellas muchachas y apuesto bandidos con nombre de flor, monjes, brujos, cortesanas, animales parlantes y espíritus...- que tanto puede venir de la riquísima cultura china como de la idea occidental sobre esa cultura... Tanto da, pues lo importante es el placer de leerlos y el tener al menos asegurada, al hacerlo, la sonrisa.

(*) Se entiende que cuentos chinos... no en su acepción metafórica en castellano, por favor.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Camille Paglia: Sexual Personae

Idioma original: Inglés
Título original: Sexual Personae
Traducción: Pilar Vázquez Álvarez
Año de publicación: 1990
Valoración: Recomendable para interesados

Sexual Personae es una obra monumental. No sólo por su envergadura (que también), sino por su ambición y alcance. En este ensayo, Camille Paglia aborda el principal conflicto de Occidente: la tensión entre lo apolíneo y lo dionisíaco. Para ello recurre a varias disciplinas: mitología grecolatina, historicismo, análisis literario, crítica de arte, religión...

Que nadie se sienta intimidado por lo que acabo de decir. Sexual Personae es una mezcla de erudición y asequibilidad, de modo que puede ser disfrutado tanto por académicos como por lectores comunes.

Algo que valoro de Paglia es que entiende que la sexualidad (una de sus principales inquietudes) no es lógica y racional. Por ello, la aborda desde los prismas neblinosos del arte y la psicología; la sublima, incluso, aunque en el proceso caiga en proclamas que la sociedad infantilizada en la que vivimos considerará polémicas.

Debo decir que Sexual Personae me ha gustado bastante más que Vamps & Tramps. Más allá del feminismo, una miscelánea que aglutina varios trabajos breves de Paglia. El discurso de la autora sigue abusando del psicoanálisis freudiano o apoyándose en exceso en arquetipos monolíticos, por ejemplo, pero al menos ves su tren de pensamiento, el cauce que sigue hasta llegar a emplear estos recursos analíticos, de modo que se antojan más convincentes.

La edición al español de Sexual Personae que yo he leído, publicada en 2020 por Deusto, tiene más de ochocientas páginas de letra chiquitita y está prolijamente ilustrada. La única pega importante que le pongo es que no sitúa las notas al pie. 


También de Camille Paglia en ULAD: Vamps & Tramps. Más allá del feminismo

domingo, 23 de agosto de 2020

Vic Echegoyen: La voz y la espada

Idioma: español
Año de publicación: 2020
Valoración: más que recomendable

Es curioso lo del lenguaje y las implicaciones que conlleva utilizar un registro o un tipo de léxico u otro, aun intentando expresar lo mismo... Por ejemplo, si yo digo que esta novela trata sobre una casquivana que vestía y se hacía pasar por hombre o mujer según su capricho y conveniencia, sin respetar las costumbres decentes de su época, al tiempo que fornicaba alegremente con quien pillara a mano en su calentón, sin parar mientes sobre su sexo, edad o condición, quizás pensaréis que la susodicha era una pilingui de cuidado y yo un irredento practicante de la incorrección política... o un pollavieja gilipuertas, según...

Si explico que se trata de una mujer que transgredió con valentía las restrictivas normas que el heteropatriarcado imponía a su género, una pionera en la afirmación de la libertad femenina y la ruptura de lo moldes que le imponía la convención social, tanto en la esfera privada como en la pública, deduciréis que la protagonista del libro era una feminista avant-la-lettre y quien esto escribe un aliado concienciado o un planchabragas gilipuertas, también según... Y si digo que se trataba de una persona menstruante que a menudo adoptaba los significantes externos que los estereotipos de género atribuyen a las personas no menstruantes, incluso haciéndose pasar por una persona no menstruante cuyos genitales no determinantes han sido modificados quirúrgicamente, para poder ejercer el rol que la sociedad binaria de su época (aunque, en determinados ambientes, menos de lo que cabe suponer desde la alienación neoliberal que caracteriza a la nuestra) les reservaba; que era una persona no menstruante que disfrutaba además de las ventajas ineherentes al poliamor y no temía empoderarse por medio de la práctica sexual con menstruantes y no menstruantes, etc. se podría pensar que la protagonista era una avanzada de la teoría queer y este reseñista... bueno, un gilipuertas, sin más.

Ahora bien, si el reduccionismo de tratar de explicar una novela o a un personaje de la misma atendiendo a una sola forma de interpretar el mundo a menudo conlleva resultados, cuando menos, incompletos, no digamos ya si tal personaje está basado, o basada, en este caso, en una figura histórica de la que se tiene más o menos información, pero, sobre todo, mucha leyenda, como ocurre con la protagonista de la voz y la espada, Julia -Julie- de Maupin o d'Aubigny, dama que nació y vivió en Francia durante el reinado de Luis XIV, consumada espadachina y considerada la primera contralto de la historia de la ópera, pues comenzó a interpretar papeles reservados hasta ese momento a la tesitura de los castrati -de hecho, se hizo pasar por uno de ellos en alguna ocasión-; cantante, duelista, trotamundos, fugitiva de la justicia, amante de hombres y mujeres, tanto nobles como novicias, llevó sin duda una vida extraordinaria para cualquier época y lugar, por lo que no es de extrañar que haya recibido la atención de la literatura (es también la protagonista de una de la primeras novelas de Théophile Gautier, por ejemplo) y el cine.

Con tales antecedentes, un propósito así, el de novelar una existencia tan peculiar como fue la de la Maupin, entrañaba ciertos riesgos: sobre todo, el de caer en el pastiche sentimentaloide, pero la escritora Vic Echegoyen ha salido más que airosa del envite y ha sabido narrar una historia vibrante, divertida y fresca, sin renunciar a un toque vintage -como el detalle de escribir los nombres propios en castellano, al estilo de las traducciones añejas-, que resulta de lo más evocador; leyendo las aventuras de la Maupin o d'Aubigny -o Aubini, también en ocasiones- uno se acuerda de las novelas de Dumas padre, claro está, como Los tres mosqueterosEl tulipán negro; también La Pimpinela escarlata... Eso no significa, en ningún caso, que el libro adopte un estilo decimonónico, ya  trasnochado; la narración,en cualquier caso, resulta de lo más ágil y muy verosímil, tanto en lo que se refiere a las escenas de esgrima como las operísticas (estupenda la recreación del ambiente en el Teatro de la Ópera de París, y de toda la ciudad, en general), como en las de... ejem, aquí hay tomate, de las que encontramos muchas y variaditas. Sin rebozo ni rubor, por cierto... La novela también nos proporciona un panorama asaz elocuente de cómo eran los métodos de coerción y control sobre la población durante el reinado del célebre y celebrado Rey Sol, en este caso, y que sin duda habrían contado con la aprobación del padrecito Stalin, por ejemplo... Porque, más allá del pintoresquismo y de la idealización que se pueda hacer del pasado monárquico, los métodos empleados por cualquier régimen absolutista/totalitario vienen a ser los mismos, en toda época y circunstancia.

No os quiero hacer perder más tiempo leyendo esta reseña, en lugar de la novela en sí; difícilmente encontraréis otra más entretenida para los rigores veraniegos o los confinamientos otoñales (glups), pero, sobre todo, que sacuda los prejuicios tanto sobre a lo que se supone deben atenerse las "identidades", de género o de lo que sea, como sobre lo que algunos lectores piensan, de manera equivocada, que es una novela histórica, de aventuras o incluso romántica. Una historia refrescante, divertida a ratos, conmovedora en otros y que no se atiene a los moldes establecidos... más o menos como hacía su protagonista.

sábado, 20 de junio de 2020

Francisco Umbral: Tratado de perversiones

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1977
Valoración: Entre recomendable y Está bien

Estamos en 1976, con el inquilino ya instalado en el Valle de los Caídos, y aquella censura meapilas desalojada de su patética tarea más por la realidad social que por la legislación. Irrumpe el cine del destape y se habla de sexo, el ambiente en ese terreno es alegre, un poco adolescente, con ganas de no perder el vagón de cola del tren de la modernidad. Francisco Umbral ya es un columnista conocido, un tipo culto al que gusta dar la nota disonante, aparecer mucho en escena y provocar alguna polémica –o sea, uno de esos escritores mediáticos que tan poco me agradan. Y en ese entorno de relajación de las normas, claro está, Umbral tenía que decir algo sobre sexo.

Empieza don Paco haciendo alusión a Baudelaire y su peculiar punto de vista sobre el atractivo del cuerpo femenino, y en un par de páginas ya percibimos algo raro: Umbral habla de la mujer como si se tratase de caballos o coches de carreras, como si en ningún momento se le ocurriese que una mujer pudiese estar leyendo su libro. No es la primera vez que encontramos algo así, pero la sensación que transmite ese interés zoológico es tan intensa que, al menos en la primera parte del texto, suena a algo parecido a un micromachismo, a amigotes intelectuales reunidos en su querido Café Gijón.

Sin embargo, por muy poderosa que sea esa impresión, tampoco debe engañarnos. En mi opinión hay más intención de epatar que actitud sexista, al menos para los parámetros de la época, y el mismo Umbral defiende con vigor, sobre todo al final del libro, la necesidad de una visión femenina del mundo. Pero en fin, tampoco me interesa adentrarme en un debate que ya ha tenido –y tendrá aún más, seguro- un amplio espacio en este blog. Como en aquella frase que el propio autor madrileño puso de moda, yo he venido a hablar de ‘mi’ libro.

Como decía, Umbral se sumerge en el tema del sexo, apuntando desde perspectivas de lo más variadas: distingue entre la idealización de la mujer, que asocia con el pasado, y la ‘metaforización’ que, según él, se impone con las formas de erotismo propias del momento; se refiere a la atrofia de la ternura masculina como consecuencia del papel social atribuido al hombre; celebra el impulso que Virginia Woolf supone para lo que llama ‘nueva femineidad’, que hay que entender como la conquista de espacios de libertad; diserta sobre la figura sacralizada de la madre y la iniciación sexual con profesionales, divaga sobre la soledad del cuerpo desnudo, o aplaude una vida sexual plural como base del mestizaje social, ideológico y cultural (no sé si también racial). 

Vamos, un buen ramillete de asuntos, siempre girando en torno al erotismo como categoría objetiva, porque aquí solo se habla de sexo, de cuerpos y de actitudes. Umbral parece firmemente decidido a rehuir cualquier alusión a los sentimientos, no sé si por convicción personal o por no abandonar los vientos de modernidad en los que inscribe su ensayo. ¿Ensayo? No, propiamente. Lo que hay es una especie de brainstorming, una secuencia de ideas que revolotean sobre ese nuevo paradigma que todavía está por definir. Se diría que Umbral quiere ser el primero hacerlo, en poner nombres y fijar teorías, pero es también consciente de que no lo está haciendo del todo. Reconoce que divaga, que se contradice y que lo que expone es más bien un ejercicio dialéctico consigo mismo, y entonces no importa que el Tratado que anuncia el título no sea tal, sino que en ese proceso se vayan apuntando posibilidades, puntos de discusión, motivos para la reflexión y para nuevas digresiones. Ante esta ausencia de plan y este gusto por la dispersión, no debe extrañar lo que encontramos en el último tercio del libro: tomando pie en la distinción (que no he terminado de tener del todo clara) entre erotismo positivo y negativo, don Francisco se lanza a una extensa disertación sobre la obra de Henry Miller y Pablo Neruda. Se ve que el autor disfruta, que está plenamente en su terreno, y hace a su vez disfrutar al lector con un buen número de páginas de crítica literaria, de verdad muy interesantes… aunque hayamos perdido de vista casi del todo el asunto (teóricamente) troncal del libro.

A Umbral no le falta desde luego erudición (por ahí desfilan, entre otros muchos, Proust, Adorno, Lorca, Heidegger, Dante, Heráclito, Aleixandre) y tiene una prosa ágil y desinhibida. Sumemos a ello esa aleatoriedad en la composición, más la sinceridad de quien reconoce que está dejando fluir el pensamiento y no escribiendo un texto canónico, y el resultado transmite frescura y espontaneidad. El equilibrio me parece difícil en un tema como el que centra el libro, y opino que lo consigue plenamente: Umbral resulta riguroso pero escapa a la tentación de una solemnidad forzada para no parecer frívolo, es ligero pero no banal, razona sin dogmatismo y sin ocultar sus lagunas. 

Con todo, el libro tiene una debilidad evidente. Toda obra es producto de su tiempo, pero ésta en concreto es una respuesta inmediata a una ola pasajera, y eso no hay forma de ocultarlo casi medio siglo después. Pero aun así hay reflexiones muy aprovechables, ideas bien expuestas que no caducan y que no está mal desempolvar.

P.D. Ojo a la cubierta, que igual tenemos problemas.

También de Francisco Umbral en ULAD: Mortal y rosa

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Nina Bunjevac: Bezimena

Idioma original: inglés
Título original: Bezimena
Año de publicación: 2019
Traducción: Montse Meneses Vilar
Valoración: inquietante y bastante recomendable (o bastante inquietante y recomendable)

Lo reconozco: hasta donde recuerdo, puede que sea ésta la reseña más complicada, o una de las que más, a la que nme he enfrentado; la de una novela gráfica-fábula para adultos-delicia estética no poco turbadora... y peligrosa. Como la historia me parece un campo de minas y por follonero que sea uno, me gustaría sobrevivir aquí en este vuestro blog amigo, me voy a limitar a enumerar cosas que se pueden encontrar en este libro, y luego cada cual que decida si le interesa o no... o si se atreve: 

-Una diosa vengativa.
-Una sacerdotisa quejica.
-Una anciana poco paciente.
-Un niño perturbado por la sensualidad femenina.
-Unos padres amantísimos.
-Unas pesadillas mitológicas.
-Unos osos polares.
-Un ciervo perseguido por los perros.
-Un búho fisgón.

-Unas fases de la luna.
-Unos dibujos pornográficos.
-Unas paredes llenas de ojos.
-Una vulva por ventana.
-Una mansión en el bosque.
-Una carbonera recóndita
-Una escalera contra un balcón.
-Una cabaña llena de secretos.
-Un sombrero acusador.
-Unas fotos implacables.
-Una lección impartida.
-Un trazo vigoroso pero exquisito.
-Una riqueza gráfica indiscutible.
-Un prodigio de tramas, luces y sombras.
-Una historia complicada.
-Un problema para el reseñista.



Tampoco os quiero dejar así: me doy cuenta de que esta lista de elementos lo mismo podría servir para un novela basada en los cuentos de los hermanos Grimm que para una distopía ciberpunk con toques surreales; así que quizás deba explicar un poco lo del campo de minas, etc... Pues bien, la intención de esta autora serbio-canadiense (o viceversa) fue, además de llevar a cabo una curiosa inversión del mito de Artemisia y Siprestes, a quien la diosa conviritó en mujer como castigo por haber intentado violarla, realizar un inmersión en la mente, precisamente de un obseso sexual, un voyeur, acosador y, a la postre, violador -como poco-... Es decir, meternos en sus fantasías, en su distorsión de la realidad, aunque al hacerlo, también nos convirtamos en partícipes de ella, asistentes fascinados a un despliegue de un erotismo que, guste más o menos (hay un juego equívoco también en todo esto), seguro que no deja indiferente a nadie... ¿Nos hace cómplices de la perversión, por tanto, el hecho de ser lectores de la misma, y en consecuencia, también voyeurs? ¿En qué punto el juego de cajas chinas o de matrioshkas en el que aceptamos participar al ser lectores o espectadores de una ficción nos convierte también en creadores y no meros espectadores o lectores, y por ellos coresponsables de lo que leemos u observamos? ¿Y en la ficción existe alguna obligación de guardar esa responsabilidad? ¿Se trata, por ejemplo, esta obra de una apología de la violación o de todo lo contrario? ¿Somos nosotros cómplices de esa apología o precisamente todo lo contrario, al leerla? ¿Son todo esto elucubraciones absurdas, pajas mentales que se le ocurren a un reseñista cuando no sabe como acabar una reseña incómoda? Yo digo: SÍ, SIN DUDA.

Pero cuidadín, que os estaré vigilando...



Otros títulos de Nina Bunjevac reseñados en Un Libro Al Día: Patria

domingo, 10 de noviembre de 2019

María Hesse: El placer


Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2019
Valoración: Muy recomendable

Lo que no se nombra no existe. El primer estudio científico en profundidad, sistemático, describiendo minuciosamente la forma y el tamaño de la vulva, el órgano sexual femenino, no apareció hasta el año 2005 y fue obra de la uróloga australiana Helen E. O’Conell. Lo hizo extrañada por no encontrar en los manuales de cirugía aplicada detalladas descripciones de, por ejemplo, las abundantes terminaciones nerviosas de la pared vaginal, puesto que sí había disponibles toneladas de literatura científica acerca del órgano sexual de la otra mitad de la especie, es decir, los hombres. Helen O’Conell describió pormenorizadamente el clítoris -¡año 2005!-, con algunos parecidos con el pene, como aumentar de tamaño conforme se excita, aunque con otras tantas diferencias, como la mayor cantidad de terminaciones nerviosas, unas ocho mil, que su par masculino.

Y es que lo que no nombramos, lo que ignoramos, silenciamos o despreciamos no tiene relevancia, ni visibilidad, interés o importancia. Aun más; lo que no se nombra se transforma en secreto y lo secreto acaba siendo el origen de las vergüenzas, de miedos y mitos. Por eso, todavía ahora toparse con un libro centrado en la descripción de la vulva y en la reivindicación del placer sexual femenino tiene algo de inesperado, de sorprendente, de revelador. Aún a día de hoy se calcula que anualmente son mutiladas sexualmente unos tres millones de niñas y la religión católica, con centenares de millones de fieles en todo el planeta, mantiene que María, la madre de Jesús, ha sido la única mujer capaz de quedarse embarazada sin sexo ni técnicas de fecundación in vitro, según determinaron unos señores en el Concilio de Éfeso,  431 años después de aquel extraordinario suceso. Por cierto, en 1842 otro excelso varón, el papa Pío XII concluyó que María había sido preservada del pecado original incluso desde el instante de su concepción. Pero, quizás, una constatación aún más triste: ¿dónde se informan sobre sexualidad hoy en día mayormente los niños, con la familia y la escuela o en internet? Por eso, darse de bruces con un libro como El placer ha sido tan  divertido e interesante como para considerarlo muy estimulante. Uyyy, perdón, muy recomendable.

Por que lo que hace la dibujante María Hesse (Huelva, Andalucía, 1982) además de una didáctica descripción de partes, zonas, detalles y particularidades –todo tiene nombre en la vulva: pelos, labios, ingles, clítoris, vagina, punto G…- es una apasionada y maravillosa defensa de la capacidad y la necesidad de las mujeres de gozar, de no renunciar al placer sexual. Y, especialmente, de acabar con la idea de que el placer femenino consiste en apenas facilitar el orgasmo de su pareja, o en que la única vía para alcanzarlo es la penetración. Y, desde luego, el orgasmo no es una contrarreloj: Todas somos diferentes y obtenemos el placer de formas distintas. Por eso es imprescindible explorarse para, llegado el caso, guiar a tu pareja, hablándole sin tapujos de lo que te gusta y lo que no te gusta, de tus fantasías. ¿Cuántas mujeres nunca han explorado su vulva, jamás se han atrevido a mirarse ahí abajo? ¿Cuántas mujeres desconocen un orgasmo, el placer sexual?  ¿Por qué las herramientas, los juguetes para lograr el placer sexual femenino se denominan consoladores? ¿Consuelo de qué?

Las ilustraciones de María Hesse (apellido adoptado y deudor de aquellas lecturas de juventud apenas estrenada) son bellas y explícitas, con personajes de trazos delicados, enormes ojos y expresión decidida, envueltos en motivos vegetales que expresan emociones y con abundante presencia de tonos amarillos, ocres, naranjas. A su vez, los textos son concisos, sintéticos y con una clara función divulgativa. Y el mensaje reivindica decididamente la complicidad y la curiosidad de manera alegre, sensual y rotunda, como la cita de Mae West que abre El Placer: El buen sexo es como el buen bridge. Si no tienes una buena pareja, mejor que tengas una buena mano.