miércoles, 14 de enero de 2015

Charles Bowden: La ciudad del crimen

Idioma original: inglés
Título original: Murder City
Año de publicación: 2009
Traducción: Jordi Soler
Valoración: muy recomendable

John Kennedy: sí, un alto mandatario, claro, un presidente de los USA. Venga, saquen un libro que venga a aclarar algo más sobre el misterio de su muerte, otórguenle la promoción adecuada, y a vender.
Entonces: ¿cuantas muertes de trabajadoras de las maquiladoras son necesarias para generar un impacto equivalente? Millares, quizás, incluso así, igual ni eso. Ay. Vidas humanas de distintas categorías. Pero no todo es vender y obtener difusión. Y Charles Bowden lo sabía. Periodista a la vieja usanza, reportero de viajes, poderosa imagen de melena canosa y sempiterno chaleco multiusos cuyos bolsillos imaginamos llenos de cualquier cosa útil para su profesión. Libretas, bolígrafos, carretes, tarjetas de memoria, herramientas básicas, tarjetas de visita de contactos de todo el mundo. Charles Bowden, fallecido hace unas semanas sin gran repercusión. Que se aventuró, conocedor de los riesgos en que incurría, donde todo un Bolaño solo había osado chapotear tímidamente cambiándole el nombre a todo. Porque La ciudad del crimen no es la letanía forense que era La parte de los crímenes en 2666. Para nada: distinto, porque Bowden denuncia, sí, pero ante todo quiere aportar algo, aunque sea desesperación para ser compartida. Quiere sumar, pero quiere dividir esa realidad que le abruma y le agobia. Sabe que ello entraña riesgos, convive con ellos, usa de hilo conductor la triste historia de Miss Sinaloa, una desgraciada víctima que acaba ingresada en una especie de internado psiquiátrico regentado por un particular personaje llamado El Pastor.
Eh.
Estremeceos. Nada de aquí es ficción. Todo es real. Reales los personajes y sus vidas y muertes atormentadas. Reales las fotos que acompañan el texto. Real la sangre y reales los tiros, las violaciones, las torturas, los ametrallamientos. Real la impunidad y real el silencio que enturbia cualquier intención de acercarse a la verdad, de desenmascarar qué hay detrás, no solo de los célebres crímenes, los de las maquiladoras, sino de todos los demás (cientos): cualquiera que investiga, cualquiera que no colabora, cualquiera que no acepta sobornos, es una víctima potencial. Muertes a diestro y siniestro, relatadas, además, en un apéndice que requiere paciencia, y estómago, que es una proeza de minuciosidad y detalle, detalle escabroso, claro, por supuesto, pero a la vez espeluznante por la frialdad de la narración, aquí convertida en mera lista, de los crímenes constantes, y la indiferencia absoluta ante nada parecido a la denuncia de la injusticia. No sólo 2666 es una referencia: lo es Huesos en el desierto y lo es El poder del perro. O lo son productos visuales de impecable factura como Traffic o Breaking Bad.
Y el tono de Bowden es preciso pero también es frío y contundente: fríamente contundente en su conclusión. No hay apenas resquicio a la esperanza, los crímenes lo son porque forman parte de la industria paralela, más productiva y eficiente que la oficial, y donde cualquier pieza influyente está involucrada por acción o por omisión: policía, ejército, gobernantes locales y nacionales, medios de comunicación. La industria de la droga no tiene reparos en deshacerse de grandes piezas que le molesten, cómo va a tenerlos con las pequeñas. Y parece que no hay misterio: las mujeres de Juárez son seguramente jóvenes que cayeron en manos de cualquier individuo de bragueta y puñal fácil que sabía que no pagaría por ello, que sus actos no tendrían castigo. Los debe haber a cientos. Pero son los mismos individuos, o algunos de ellos, los que caen ajusticiados, ejecutados, liquidados, desaparecidos. La sensación es la de la existencia de un enorme pacto de silencio que cubre cualquier pequeño desliz, que impregna de normalidad cualquier comportamiento criminal (aplastantemente lógico: cuando el medio de vida es el delito, cualquier conducta delictiva se relativiza) y que vela por que la perfectamente engrasada maquinaria del narcotráfico (con volúmenes de negocio que ridiculizan una industria que, encima, siempre tiene las maletas hechas para deslocalizarse) no se pare ante nada. Cualquiera que represente ya no un obstáculo sino un mero contratiempo a su funcionamiento eficaz es aplastado, y lo de la impunidad ni se pone en tela de juicio. ¡Cuántos Bowden hacían falta en este mundo!

martes, 13 de enero de 2015

Neil Gaiman: Objetos frágiles

 Idioma original: inglés
Título original: Fragile Things
Fecha de publicación: 2006
Traducción: Mónica Faerna
Valoración: está bien

Neil Gaiman es sobre todo conocido por su trabajo como guionista de cómics y, en los últimos años, como novelista. Sin embargo, lo que hoy reseño aquí no es ni una cosa ni la otra, sino un libro de relatos en los que el autor inglés nos ofrece una muestra más de su trabajo como escritor de fantasía.

En estos treinta y un relatos (algunos de los cuales están escritos en verso) vemos a los meses del año contando historias, a Sherlock Holmes intentando resolver un caso de asesinato, a los miembros de un club gastronómico que consiguen degustar el pájaro del Sol, una lista de "chicas extrañas"... y otros muchos personajes tanto o más interesantes que conforman el universo fantástico que puebla la mente del autor británico y en el que podemos volver a encontrar esa mezcla de horror, tristeza, fantasía y humor negro que lo caracteriza.

Y sí, el libro está bien, pero no me ha parecido que sea de lo mejor de Gaiman. Considero algunos relatos buenísimos ("Hora de cierre" es fabuloso), pero hay otros que no están a su altura, por lo que el conjunto final resulta no tener toda la calidad que podíamos esperar. 

A pesar de ello, no se puede decir que el libro no sea bueno. Aunque haya algunos relatos que no me maravillen, creo que merece la pena darle una oportunidad a esta obra. Como digo, hay cuentos que son realmente buenos y con los que cualquier lector puede disfrutar.

lunes, 12 de enero de 2015

Michel Houellebecq: H.P. Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida

Idioma original: francés
Título original: H.P. Lovecraft. Contre le monde, contre la vie
Año de publicación: 1991-1996
Traducción: Encarna Castejón
Valoración: recomendable, imprescindible para fans de Lovecraft y de Houellebecq

La obra de Lovecraft tiene la extraña cualidad de atraer a quienes no están muy versados en el género fantástico. Como otros escritores, léase Philip K. Dick, o Asimov, su obra ha atraído a autores que han llegado a estudiarla y teorizar sobre ella. Autores no necesariamente de literatura de género, tampoco hablamos aquí de un fanático rindiendo pleitesía incondicional.
Pero aquí está claro que es Houellebecq quien se encuentra a los mandos; tras un primer prólogo, la primera frase oficial de este estudio es puro vitriolo.

"La vida es dolorosa y decepcionante"

Abandonada toda esperanza, lo que tenemos por delante es un ensayo razonado y contundente sobre cómo Lovecraft traspasa barreras y viene a representar más que un mero autor que diseña un mundo propio y lo puebla de misterio y extrañas criaturas. Este es un Houellebecq en sus 30-35 años, ya empezando a supurar bilis, pero racionando las dosis. Fascinado por el autor americano, pero no de forma ciega o irredenta. Profuso en citas textuales, sin miedo alguno a reconocer tanto las fases más débiles a nivel creativo como su discutible posición dentro de la sociedad. Lovecraft nos es presentado como suelen serlo los genios. Personas difíciles, sorprendentemente ajenas a los convencionalismos (Houellebecq insiste en su vida a espaldas de los dos grandes tótems de la sociedad actual: dinero y sexo), repletas de contradicciones y de actitudes personales dignas de reprobación (marcadamente racista, con un sentido de la rectitud cuyo arraigo hoy nos parecería digno del extremismo más deleznable), y con escaso sentido práctico de la vida. Si a alguien le interesa descubrir el personaje detrás de toda la mitología de su obra literaria, Houellebecq lo muestra sin intenciones mitomaníacas, desnudo de todo lo que sea adicional al escritor, a un escritor abocado a la miseria y a la falta de reconocimiento en vida, pero con un envidiable sentido de la dignidad.
Contra el mundo, contra la vida obra a dos niveles. Como semblanza biográfica de Lovecraft y como primeros apuntes de lo que sería la obra de ficción de Houellebecq. Una atinada elección la suya, la de un escritor obsesionado en precipitarnos al más oscuro y profundo de los abismos, la de un escritor a espaldas de todo (colosales las transcripciones de los escritos con los que enviaba sus obras a los editores), que resulta convirtiendo a este pequeño libro (cuidada edición de Siruela) en un pequeño gran hallazgo de indudable valor seminal.

Todas las reseñas sobre Houellebecq en ULAD: Aquí

domingo, 11 de enero de 2015

Antonio Gala: El manuscrito carmesí

Idioma original: español
Año de publicación: 1990
Valoración: Está bien


La tradición española mantiene aún viva la figura de un rey moro y de la escena –repetida hasta la saciedad en todos los formatos– que tiene lugar a las puertas de Granada, en la que se lleva a cabo la entrega de llaves de la ciudad y con ella la posesión definitiva de de la península ibérica por parte de la cristiandad de entonces. Sin olvidar el dramático momento en el que, una madre abochornada, reparando en las lágrimas del perdedor, pronuncia las famosas palabras: “Llora como mujer lo que no has sabido defender como hombre”. Opino que el sexismo que trasluce la frase en cuestión es propia de aquellas mentalidades pero dudo de que se pronunciase nunca. En la novela que comento, desde luego, no aparece –aunque Gala no desperdicia otras muchas ocasiones para hacer llorar al mito–, en cuanto a las circunstancias de aquel episodio, no me interesan las conquistas en general y las de índole religiosa menos aún, sobre todo cuando sirven de excusa para justificar ideologías muy concretas. Por otra parte, el aspecto que considero más destacable del pasado, por encima de reinados y batallas, es la forma de vida de la gente.

No obstante, y debido sobre todo al misterio que encierra, también a mí me parece sumamente atractiva la figura de Boabdil, tan contestada como reivindicada y siempre envuelta en una aureola de leyenda. Pero comprendí que la lectura de esta novela empezaba con mal pie ya desde la introducción, en cuanto me di cuenta de que su autor recurría al procedimiento del manuscrito encontrado, repetido hasta la saciedad a partir del Quijote y por tanto no apto más que para escritores principiantes.

En principio, no tengo nada en contra de la novela de género, ya que donde pongo el acento a la hora de juzgar una obra es en la calidad y no en la materia. Existen novelas magníficas, mediocres y deleznables, independientemente de su adscripción a lo policíaco, lo histórico, cualquier otro asunto o ninguno en particular. Eso sí, respeto lo suficiente el pasado para no permitir que me den gato por liebre, por eso me molesta que este se utilice como mero pretexto para formar parte de una moda y/o ganarse a un público amplio. Durante la década de los 90 (y más tarde) la ficción histórica hizo furor, también creó bastantes lectores, pero tengo la impresión de que la mayoría se quedó prendida a los pliegues de las obras menos rigurosas y profundas y no pasó de ahí.

En cuanto a Antonio Gala, siempre he pensado que su mejor época fue la que dedicó a la dramaturgia. Reconozco que siempre he sentido prevención hacia su faceta novelística, pero como no me gusta basarme en intuiciones, en algún momento tenía que comprobarlo.

Claro que 500 páginas solo para consolidar una opinión son muchas páginas y llegar hasta la última de ellas no me ha parecido una experiencia agradable. Todo el texto consiste en una serie de lugares comunes, diálogos increíbles, incongruencias, confesiones propias enmascaradas y atribuidas al personaje, manidos tópicos literarios y un puñado de datos históricos cuya consistencia no puedo juzgar, aunque espero que la tengan pues, junto con el estilo, constituirían lo único salvable.

Concentrémonos, pues, en la prosa. Efectivamente, donde podemos comprobar el oficio de su autor es en algunas reflexiones aprovechables, en el vigor de ciertos párrafos, además de los magníficos pasajes repletos de lirismo pero ejecutados con la contención necesaria para prescindir de cualquier clase de almíbar. Es evidente que el novelista ha hecho suyo al personaje, hasta tal punto que ambos se confunden en la imaginación del lector. Podría pensarse, incluso, que, salvo en detalles anecdóticos, estamos asistiendo a las confesiones y modo de pensar del propio Antonio Gala disfrazado con los ropajes del musulmán. Y tal cosa, al ir en detrimento de lo verosímil, empieza a parecerse a un defecto.

Tengo que incluir también la gran cantidad de anacronismos que he ido encontrando sin proponérmelo, desde una nomenclatura demasiado actual hasta juicios de valor que no ocultan la perspectiva del que contempla lo ocurrido a través de una distancia de siglos.

En definitiva, un arduo trabajo a causa del imprescindible acopio de documentación y a las exigencias de la prosa, pero poco riguroso con los hechos y, sobre todo, demasiado complaciente con los (supuestos) gustos del público.

También de Antonio Gala en ULAD: Anillos para una dama, El corazón tardío

sábado, 10 de enero de 2015

Jim Thompson: Los timadores

Idioma original: inglés
Título original: The Grifters
Año de publicación: 1963
Traductora: Mª Antonia F. Álvarez-Nava
Valoración: recomendable


Los timadores o la familia según Jim Thompson. Porque de eso habla esta novela. O, cuando menos, del núcleo de tan esencial institución: la relación materno-filial (y viceversa). A la manera de Jim Thompson, claro, que no es precisamente la de las convenciones sociales habituales... Así que mejor agarrarse, que vienen curvas...

Los timadores es una historia en la que se mueven tres personajes principales, danzando alrededor unos de otros como boxeadores fintando, en un curioso combate a tres bandas: Roy Dillon, desenvuelto timador "en corto"; su joven y atractiva mamá Lilly, que trabaja, por su parte, para el crimen organizado, y su no menos atractiva amante Moira, que guarda, además de un pasado poco convencional, un curioso parecido con mamá...

Los timadores es una novela escrita de una forma impecable; de hecho, a que tiene un estilo más "pulido" de las que yo he leído hasta ahora de este escritor. Pero no creo que esto fuese el resultado de un mayor esmero por parte de Thompson para adaptarse al gusto de la crítica literaria... en mi opinión, esta prosa cuidada se debe a que es la que mejor casa con las apariencias y caracteres de los personajes, y él era consciente de ello: el trío protagonista lo componen unos personajes acostumbrados a fingir ser algo distinto de lo que en realidad son y, sobre todo, a simular un control de las circunstancias y los sentimientos que está muy lejos de representar lo que en verdad ocurre. A destacar la gelidez con la que se nos narran las escenas de violencia (memorable y terrible la que sufre Lilly a manos de su "patrón", que también resultaba estremecedora en la versión cinematográfica), no muy diferente, por otra parte, de la forma de contarnos los momentos eróticos; esa curiosa mezcla de distanciamiento irónico y comprensión asqueada con la que Thompson parecía ver las pasiones y evoluciones de sus semejantes. Y por si alguien no lo ha adivinado aún: sí, la sombra del incesto planea sobre toda la novela, hasta llegar al inclemente final. No era Thomson escritor para andarse con melindres, precisamente...

Los timadores posee además el interés que siempre despierta la revelación de los trucos de los magos; en este caso, de los timadores "en corto"... artimañas que sin duda nuestro singular escritor fue aprendiendo a lo largo de la azarosa vida que llevó y de los no menos singulares compañeros que se fue encontrando a los largo de su transcurrir. De un tipo de vida que la mayoría solo conocemos a través de películas o libros como éste o cuando tenemos la desgracia de hacer de "primos" y sufrir en nuestras carnes -y, sobre todo, bolsillos- las envolventes triquiñuelas de alguno de estos grifters... (de los timadores "en largo", es mejor no hablar: a ésos ya los conocemos bien todos, me temo).

Los timadores resulta, en suma, una novela negra diferente y, por momentos, fascinante; un retrato poco de unos personajes que sobrevuelan su propia marginalidad, pero sin ser capaces tampoco de integrarse en la vida "convencional", por más que lo intenten... pero ésta parece repelerles como si se tratara de agua cayendo sobre una sartén de aceite caliente: las salpicaduras, inevitablemente, acaban por quemarle a alguien. Y otra cosa no sé, pero Jim Thompson sabía cómo contar el efecto causado por tales quemaduras.

También de Jim Thompson en ULAD: El asesino dentro de mí, 1280 almas, Hijo de la ira

viernes, 9 de enero de 2015

Pierre Assouline: Sigmaringen

Idioma original: francés
Título original: Sigmaringen
Año de publicación: 2014
Traducción: Manuel Serrat Crespo
Valoración: muy recomendable.

La presencia es imponente. La casa de los Hohenzollern, bueno, seamos exactos, el castillo de los Hohenzollern, se yergue, desde la portada de Sigmaringen, como solamente un castillo puede erguirse sobre un risco, con una seguridad aplastante, dominante, abrumadora. Queda claro que se convierte en una referencia, en un sitio por el que uno se pasearía fascinado. Y, tras leer esta novela, con una actitud sumamente evocadora. Pues la Sigmaringen del título es la pequeña ciudad donde Hitler, ante el implacable avance de los aliados en Francia, tras el día D, confinó al gobierno de Vichy, el grupo colaboracionista del mariscal Pétain junto a un nutrido séquito (entre el cual hallamos a Louis Ferdinand Cèline), confiando que resguardarlos allí, cerca de la frontera germano-helvética, iba a servir de mucho.
Y el castillo de los Hoenzollern es el sitio elegido para ubicar ese gobierno ilegítimo en el exilio. Allí, una vez los aristócratas propietarios y habitantes del castillo son desalojados, y su servidumbre puesta al servicio de los ocupantes, se establece un grupúsculo heterogéneo compuesto por políticos conscientes de su delicada situación, informantes de ambos bandos, camuflados, y todo el séquito tan particular de estas situaciones, incluidos los arribistas profesionales siempre prestos a arrimarse según la conveniencia del momento.
Julius Stein, mayordomo, jefe del servicio, se encarga de mantener la dignidad del invadido y de cuidar del colosal patrimonio. Mientras contempla con escéptica elegancia el desmoronamiento del Reich, la pérdida progresiva de confianza en el triunfo, nos  deja claro que no hay que confundir al pueblo alemán de los años 40 con la locura a que les condujeron sus dirigentes. Curioso, el estímulo que representa esta lectura hace que recuerde las frías relaciones entre la aristocracia alemana y el nazismo. Leer Sigmaringen tiene ese singular efecto colateral: se acaba buscando en la Wikipedia sobre todos los hechos descritos, se indaga por aquí y por allá, y se hace uno la idea de que, más o menos, las cosas pudieron acabar así, en esa especie de combinación de silencios cómplices, silencios disidentes, eufemismos cautelosos, agentes dobles, y toda la parafernalia propia de la agonís del nazismo. 
Curiosamente, Assouline consigue alejar Sigmaringen del infecto y agotado género de la novela histórica a base de situar la forma de hablar de Stein, contenida y elegante, en el punto justo que nos permite trasladarnos a esa situación sin que se nos haga anacrónica. No en vano Assouline menciona, aparte de una extensa bibliografía, referentes visuales que le han sido de ayuda para comprender la actitud de la servidumbre al servicio de la aristocracia: desde películas como The remains of the day hasta series como Upstairs downstairs o Downton Abbey. Todo ello sirve de ayuda para comprender esa situación que hoy nos parece algo caduca: la del servicio entregado de forma incondicional a una aristocracia tan distinguida como decadente.
Una brillante novela cuya edición, por cierto, mejoraría un poco si se incorporaran algunas notas de traducción, Me da la impresión de que nos estamos perdiendo algunos matices de términos expresados en alemán, y que en algún caso una aclaración sería muy agradecida. Pero ello no ha de oscurecer que nos encontramos ante una magnífica lectura.

jueves, 8 de enero de 2015

Juan Goytisolo: Don Julián y Juan sin Tierra

Idioma original: español
Año de publicación: 1970 [edición revisada en 2000] y 1975
Valoración: recomendables e imprescindibles, los dos

Juan Goytisolo, el más reciente Premio Cervantes, es sin duda uno de los escritores fundamentales de la literatura española del siglo XX; de los que todavía están vivos, quizás sea el más importante, el más original y reconocible en su estilo e ideas. Por decirlo con otras palabras: este sí sería, en mi opinión, un más que digno candidato al Nobel de Literatura. Y sin embargo, el propio Juan Goytisolo siempre se ha considerado un outsider, un proscrito de la literatura española, con una postura que tiene algo de crítica efectiva y esencial al poder, y también algo de pose malditista.

En un documental filmado por Jorge Semprún, titulado Las dos memorias, Juan Goytisolo hace una breve aparición para dejar su sello inconfundible. "Crecer en la España de la posguerra", decía, "puede considerarse equivalente a nacer con una discapacidad". El ambiente irrespirable, la falta de libertad, la cerrazón a cualquier influencia interna (unidos a eventos personales, como la muerte de su madre en 1938 y la progresiva y conflictiva aceptación de su propia homosexualidad) lo llevaron a renegar de sus orígenes y a buscar su lugar en un prolongado exilio en París, Estados Unidos y finalmente Marruecos, donde aún reside.

Es este mismo rechazo a la cultura homogeneizadora, conservadora y pacata de la España oficial la que se trasluce en las obras de su "trilogía de Álvaro Mendiola" (compuesta por estas dos novelas y Señas de Identidad, de 1966), centrada en un protagonista que esconde muy poco sus semejanzas con el propio Juan Goytisolo. A través de sus ojos y su voz de exiliado español en Marruecos, las dos novelas (prácticamente indistinguibles en su estilo y en su temática, de ahí la reseña conjunta) nos presentan una deconstrucción -término muy de moda últimamente pero que aquí creo adecuado- de los mitos y los tópicos de la cultura española, como la tauromaquia, el estoicismo, Séneca o por supuesto don Julián, símbolo máximo de la traición a la patria con quien el narrador establece un evidente paralelismo. La provocación al tabú (sexual, cultural, fisiológico) es una constante en ambas novelas, consiguiendo pasajes realmente potentes en algunos casos, pero cayendo también, en otros, en cierto sensacionalismo que ya no resulta "epatante" cuarenta años después.

Al final de Juan Sin Tierra, Juan Goytisolo incluye (como hace en otras novelas, como Las virtudes del pájaro solitario) una especie de explicación de sus intenciones al escribir la novela: huir de la narración lineal, de la coherencia narrativa, temática e incluso sintáctica, mezclar tiempos y voces y perspectivas para huir precisamente de los discursos homogéneos y hegemónicos dominantes. Así, sus textos están construidos como grandes collages en los que los dos puntos o el punto y aparte sustituyen al punto o a la coma; donde se mezclan voces y lenguas diferentes como en la algarabía del Zoco; donde la ironía, la intertextualidad y la parodia son armas de crítica política y literaria.

Son, por eso, estas novelas, recomendables e imprescindibles al mismo tiempo. Representan, por decirlo así, la culminación de la narrativa española del Franquismo, en su vía más experimental y más corrosiva, y por lo tanto merecen un lugar de privilegio en el canon literario español. Ahora bien, no son novelas fáciles para lectores desprevenidos: son laberínticas, provocadoras, exigentes, hipnóticas, y solo las disfrutará realmente quien esté dispuesto a entrar en el juego, y a perderse en él de vez en cuando.

Otras obras de Juan Goytisolo en ULAD: Señas de identidad, Las virtudes del pájaro solitario, Campos de Níjar