jueves, 10 de abril de 2014

Sergio González Rodríguez: Huesos en el desierto

Idioma original: español
Año de publicación: 2002
Valoración: Recomendable




Aviso a navegantes. Hoy no voy a hablar de aventuras fabulosas, excelencias poéticas, exploraciones intimistas, hallazgos filosóficos o cualquier otra maravilla literaria que me haya subyugado. Esta vez, lo reconozco, mi experiencia ha sido menos grata: la lectura que me dispongo a comentar no es agradable en absoluto. No solo por su contenido, también por la forma. Exposición desorganizada, prosa farragosa, reiteración constante de nombres, cifras, fechas y sucesos durante sus 350 páginas. ¿Podemos recurrir a la valentía del autor –quizá sea más exacto decir temeridad– así como al contenido de la obra para excusar estos fallos? En mi caso, rotundamente sí. Por eso, y a pesar de la incomodidad de la lectura, conseguí llegar hasta el final.

Concretemos.

Autor: Sergio González Rodriguez, con una extensa, y sobre todo comprometida, obra en su haber, y flamante ganador del XLII Premio Anagrama de Ensayo -fallado el pasado lunes día 7- por su obra Campo de guerra, que llama nuestra atención sobre un asunto no menos actual y alarmante que el que se analiza aquí.

Escenario. México, estado: Chihuaua, localidad: Ciudad Juárez (frontera entre México y Estados Unidos).

Asunto. La desaparición –y posterior encuentro de los cadáveres– de un elevadísimo número de mujeres de la zona. Todas ellas pobres, la mayoría muy jóvenes. Niñas, algunas. 

Género: Periodístico. Concretando más, reportaje de investigación.

Cronología: Muchas fechas, demasiadas, de la etapa comprendida entre 1993 y 2002 (año de publicación del libro)

Personajes. Se nos muestra la identidad de las víctimas, de todas aquellas que constan en el material manejado por el autor. Aparecen con nombre, apellidos y demás circunstancias que figuran en sus expedientes. Esta relación –continua, sin espacios–ocupa exactamente 17 páginas.

Consecuencias. Muchísimas. Sociales y personales, como se puede deducir. La peor de todas, probablemente, es la degradación ética de la sociedad, de todas las sociedades, porque una realidad de este tipo produce un efecto altavoz. Tampoco olvidemos el peligro permanente que amenaza y amenazará a Sergio González durante el resto de sus días.

Más personajes: los responsables de esta enorme masacre. También con nombres y apellidos pero ahora formando parte del relato. Se trata, en muchos casos, de figuras relevantes de la política, la judicatura y el mundo empresarial del país mexicano. Tras ellos, de forma menos explícita, aparecen otras identidades: narcotraficantes, contrabandistas, gente del negocio de la noche. A veces, estos roles se superponen entre sí, otras, la complacencia, la permisividad, incluso una postura cómplice evidente y la insistencia en desacreditar a quienes tratan de desenmascararlos, impide que se castigue a los culpables.

Métodos: Siempre que hace falta, se espía, se intercepta la comunicación, se destruyen pruebas, se archivan expedientes sin justificación jurídica; e incluso, con cierta frecuencia, se silencia a quienes han caído en desgracia eliminándolos limpiamente.

“Las muertas de Ciudad  Juárez planteaban un acertijo donde se transparentaba el país: la dificultad de la justicia y el peso de sus inercias de ineptitud y corrupción. Pero la certeza del mal en una frontera mexicana también se expandía poco a poco hasta rebasar el perímetro de la aldea, e incluir lo global.”
Cap. 11 “Muertas sin fin”  Pg. 159

Un trabajo extraordinariamente bien documentado que no solo presenta datos. Analiza también las causas y consecuencias de estos hechos terribles, su macabra motivación, inserta en un conjunto de mecanismos sociales de dudosa legalidad, Las alianzas que provocan ascensos y caídas fulminantes, los jolgorios nocturnos sin cortapisas de ninguna clase, las artimañas para legitimar determinadas prácticas, evitar una investigación exhaustiva e impedir que organizaciones internacionales dedicadas a la defensa de los derechos humanos tengan acceso al registro de los hechos. Finalmente, refleja los denodados esfuerzos de las autoridades locales por echar la culpa a unos cuantos chivos expiatorios, a pesar de todas las evidencias.

“Sería el producto de una orgía sacrificial de cariz misógino, a cuyas víctimas se busca y elige en forma sistemática (en calles, fábricas, comercios o escuelas) en un contexto de protecciones y omisiones de las autoridades mexicanas durante la última década. En especial, sus policías y funcionarios judiciales, que cuentan con el respaldo de un grupo de empresarios del mayor poder económico y criminal en todo el país.
El móvil general de por medio refiere a un rito homicida de contenido sexual que sirve para cohesionar, fraternizar y  garantizar el silencio de quienes pertenecen a su secreto: una mafia muy influyente.”

Epílogo personal Pgs 284-285

“El trasfondo de aquello consistía en reafirmar los privilegios y el dominio fronterizo ante la posibilidad de algún cambio.”Postfacio a la tercera edición Pg. XX

No olvida Sergio González en este epílogo agradecer a Bolaño su contribución a la causa con su gigantesca, en todos los sentidos, 2666. Una novela que aborda la cuestión con sus propias herramientas y cuyo testimonio –a pesar de haber quedado inconclusa– es de sobra elocuente.

2 comentarios:

Stephany dijo...

Hola buena noche, me gustaría saber donde conseguiste el libro, lo he estado buscando y no logro conseguirlo, te agradecería bastante tu ayuda, este libro es/será parte de mi tesis. Gracias.

Montuenga dijo...

Hola Stephany. Quienes escribimos somos lectores particulares, no editores ni distribuidores, así que no sabría decirte. En este caso me lo prestó una persona que lo había sacado de una biblioteca de Madrid, no tengo ni idea de cual. Saludos