miércoles, 2 de abril de 2014

Julian Barnes: El loro de Flaubert

Idioma original: inglés
Título original: Flaubert's Parrot,
Año de publicación: 1984
Valoración: Está bien







Hasta hace poco he visto a Julian Barnes como uno de esos escritores que nos interesan, cuya lectura creemos inminente, pero que vamos aplazando año tras año sin ningún motivo concreto. Por fin le ha tocado el turno a El loro de Flaubert, una obra catalogada como novela aunque yo la encuadraría más bien en el género ensayístico, con personaje interpuesto, anécdotas intercaladas, propósito metaliterario, pinceladas biográficas y una técnica propia cuya originalidad es su mayor mérito con mucho.

Mi desconocimiento del autor así como la libertad con que está escrito, sin someterse a más criterios que los propios, me desorientó durante unas cuantas páginas. Tras un primer pasaje que presenta al narrador dando un melancólico paseo por Rouen, se incluye una serie de notas biográficas y (expresivas) citas flaubertianas, presentadas de forma esquemática, sin ninguna elaboración ni conexión con lo anterior. A partir de ahí, desaparece nuestro guía, no escuchamos su voz hasta mucho más tarde y solo muy de vez en cuando volvemos a notar su presencia. En ese tenue hilo conductor se nos informa de su profesión de médico –como el padre del escritor– se muestra obsesionado con la vida y la obra de este, y deducimos que arrastra un nefasto pasado matrimonial. Datos sueltos que, de algún modo justifican su indagación y que conocemos por alusiones, casi nunca de forma directa.

En cambio, abundan las anécdotas de la vida de Flaubert: personalidad, manías, familia y amistades, mujeres que se relacionaron con él, actitud ante la escritura y un montón de detalles minúsculos. Esta acumulación de datos a veces muestra un sentido pero otras parecen servir de relleno de un texto menos denso de lo que aparenta. Es cierto que hay momentos brillantes, que la sutileza de las metáforas que aluden a la experiencia creadora –empezando por el loro en cuestión– nos proporcionan momentos agradables, que la indagación que se lleva a cabo sobre el influjo de la vida en la literatura promete, pero lo encuentro muy irregular –junto a párrafos que no aportan nada hay otros que indagan en los propósitos de la escritura de Flaubert, en su voluntad de estilo, obsesiones literarias etc., que pueden extrapolarse perfectamente–, con demasiada desconexión entre las partes, aburrido en ocasiones. Y, aunque tiene estupendos hallazgos, como la defensa de cada uno de los argumentos contra el escritor o el hecho de que la voz de Louise Colet, en primera persona, ocupe un capítulo entero, o esa ironía ácida que emplea algunas veces, en mi opinión, le sobran páginas, ganaría mucho de haber prescindido de las menos consistentes. Es decir, se trata de una obra meritoria como experimento en su época, aunque quizá fallida en parte, o al menos no tan excelente como proclaman muchas de sus críticas



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11 comentarios:

Santi dijo...

Vaya, pues este era uno de los libros que pensaba comprarme en breve, pero después de esta crítica, creo que va a ser que no...

Juan dijo...

Siento disentir, pero a mí me parece un libro magnífico. ¿Quizás habría que escribir un libro sobre Barnes, como si estuviéramos vengándolo? ;)

Álex dijo...

Mal. Valoro la sinceridad de la reseña, pero no puedo estar más en desacuerdo. Justo lo que el reseñista no entiende, es lo que convierte a la novela en imprescindible. Me gustaría escribir una contrareseña, si las autoridades competentes me dan su bendición.

(Perdón, no sé si lo he escrito: Mal.)

Anónimo dijo...

Santi, como me aciertas al 99 por ciento, espero que funcione en sentido inverso. No te lo compres, pero desde luego no dejes de leerlo ;)
Saludos,
Ana

Montuenga dijo...

Santi, ya sabes lo que me pasa con los libros metaliterarios y heterodoxos. Probablemente a ti te gustará. Aunque nunca se sabe, la única crítica negativa que he leído es de alguien que admira mucho al Barnes posterior pero no esta obra. Dice que después aprendió. Así que me he quedado intrigada y dentro de poco volverá a tocarle el turno.

Para que no te lo compres hasta que no sepas si te gusta o no, esta misma tarde te lo presto
:-))

Miguel Gómez Villarino dijo...

Hola, una consulta de ignorante, pq no sé si este blog lo hacen varias personas, pero...
¿lees un libro de veras cada día, para hacer las entradas y cr´ticas? Me parecería monstruoso.
Saludos

Azul Sanchez dijo...

Hola a todos, estoy con Juan a mí me pareció un libro magnífico. Es cierto que gran parte de la gracia es que hay que estar familiarizado con la vida de Flaubert y sus peripecias pero mantiene un tono y un juego entre la realidad, la ficción tremendo. Algo similar con Yo no soy Sidney Poiter de Percival Everett.
Saludos

Campera dijo...

Campera
Por una vez estoy en desacuerdo con la reseña, en total desacuerdo. Aunque hace bastante tiempo que lo leí me pareció un libro original, cautivador y muy bien escrito.

Montuenga dijo...

Todo lo que decís es verdad: juego metaliterario, original por descontado (más cuando se escribió, pero ya entonces, y ahora más aún, había/hay obras compuestas por retazos, que mezclan géneros etc.) Hace mucho dije algo sobre ello en un post titulado "Hacia dónde va la novela" o algo parecido. También es cautivador, pero no siempre, pierde fuelle muy a menudo. Y seguro que está bien escrito pero en una traducción tampoco se aprecia.
Por supuesto es mi gusto personal. Pienso que no todo lo metaliterario es bueno por el hecho de serlo y lo miro con lupa. Aunque, como digo en la reseña, hay trozos con los que he disfrutado mucho, es el conjunto lo que no me convence.

Ana Valenciano dijo...

De acuerdo con la entrada. He leído otros de Julian Barnes y me han encantado, por eso he comprado este, probablemente el más conocido suyo, y -voy por la mitad- creo que si no eres un conocedor de Flaubert, su vida y obra, se hace pesado.

Anónimo dijo...

Yo pondría el foco en otro sitio, Ana. Lo que cansa,creo, es tanta pretensión de originalidad sin que gran parte de las veces encontremos en ella nada interesante. No conocer mucho de un personaje literario nunca ha sido obstáculo para disfrutar de él, ten en cuenta que la mayoría son ficticios. Pienso que a Barnes en este texto le pierde el exceso de esnobismo.

Montuenga