jueves, 17 de abril de 2014

Eduardo Jordá: Yo vi a Nick Drake

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

A raíz de la reseña que publicamos de El prestamista, su traductor y (y autor del excelente prólogo) nos hizo llegar amablemente este Yo vi a Nick Drake, recopilación de relatos en formato largo publicados previamente en prensa.
El elemento unificador de los cinco relatos es el desplazamiento, un desplazamiento de cierta índole periodística en el primer relato, que es a la vez el más corto, el que da título a la recopilación, y el único inédito. La cuestión es que esa referencia musical (Nick Drake fue un excelente cantante folk que se suicidó en los años 70 y se especula su escaso éxito comercial como uno de los motivos) me desorienta un poco, pues sólo ese relato toca el tema de forma tan directa.
Otros relatos mencionan (sin una intervención tan directa en sus tramas) los veranos ácidos de Ibiza, a Syd Barrett, a Jacques Brel, y a Françoise Hardy. Permitidme una leve salida de tono personal. Sí, Eduardo, tienes razón: Françoise Hardy, fue la mujer más guapa del universo.
Aunque, bien mirado, agradezco que las referencias musicales lo sean en una tonalidad positiva: no soportaría un ejercicio falaz de malditismo a lo Ray Loriga, una búsqueda de la sordidez como proclama estética.
Y no: aquí hay bastante luz. Los personajes de Eduardo Jordá viajan, interrumpen su rutina, habitan paréntesis de sus existencias y, como si tuviesen un switch, es entonces cuando les pasan cosas. Cosas imprevistas, aunque muchos de ellos parece que estén esperando que esos hechos les sucedan, parecen andar plantando en sus existencias cotidianas las semillas para que cualquier viaje represente una puerta abierta a una situación diferente. 
Conociendo el origen de las historias, esa primera publicación fraccionada en prensa, dentro de suplementos veraniegos (de ahí la persistencia del viaje, del hotel, de la presencia de desconocidos, de los reencuentros), hubiera agradecido al autor que hubiera adaptado, extendido, no algunas, sino todas las historias, las hubiera endurecido o hubiera profundizado en algunos aspectos, huecos excusables que nos resultan comprensibles cuando se trata de captar la atención esporádica de los lectores, pero interesantes si hay que acometer cuestiones de mayor empaque. Las historias presentes en Yo vi a Nick Drake contienen esbozos y líneas que podrían muy bien desarrollarse en profundidad (como muchos libros de relatos), cuestión que creo que proyectaría algunas de ellas hacia lugares más audaces y recónditos. Pero eso quizás sea ponerse demasiado exigente.
Lectura placentera y estimulante, que  acusa ligeramente (la estética, los comentarios en la contraportada) falta de ambición, una modestia narrativa que el autor, y voy a recordar de nuevo el prólogo de El prestamista, ya ha demostrado ser capaz de superar muy holgadamente. Interesante, y con proyección.