lunes, 21 de abril de 2014

Giancarlo De Cataldo: Una novela criminal

Título original: Romanzo Criminale
Idioma original: italiano
Traductora: Patricia Orts
Año de publicación: 2002
Valoración: Muy recomendable

En las décadas de los 70 y 80 del pasado siglo, en toda la sociedad occidental se vivió un incremento de la delincuencia juvenil (o, al menos, de su visibilidad), motivado en gran medida por el también aumento del tráfico y consumo de drogas como la heroína. Tal circunstancia dio lugar incluso a fenómenos culturales como fue en España el llamado “cine quinqui” (ya saben, películas que contaban las hazañas del Vaquilla, el Torete y compañía). Se puso “de moda”, además, la formación de bandas juveniles de carácter más o menos delincuencial (a veces, estos pandilleros no pasaban de ser simples gamberretes con ínfulas), incluso en apartadas ciudades de provincias.

La ciudad de Roma, capital de Italia, no iba a ser menos. Más aún, si tenemos en cuenta que en ese lugar y momento (los conocidos como “años de plomo”), se cruzaban toda una serie de intereses y actores variopintos: el terrorismo de extrema derecha y de extrema izquierda, sin olvidar el de carácter internacional; los servicios secretos italianos, americanos, israelíes…; la red anticomunista Gladio; el Vaticano y sus opacos secretos, el tráfico de todo tipo de mercancías, incluyendo las intangibles; el famoseo del fútbol y la tele; la Mafia, claro está… La banda criminal que logró hacerse con el control, durante esos años, de las calles de Roma, fue la llamada “de la Magliana”, por el barrio donde había surgido, y se convirtió en un vórtice donde convergieron todos esos elementos. Elementos con los que Giancarlo De Cataldo, que además de novelista ha sido juez, o viceversa (existe en Italia casi una tradición de jueces que escriben novela negra), escribió esta novela de gran éxito, que ha sido llevada también al cine y a la televisión. Los hechos narrados en ella, al parecer, son bastante fieles a la realidad, lo único que cambió De Cataldo fue cambiar los apodos de los protagonistas (sus nombres no se dicen nunca: “Renatino” se convirtió, pues, en el Dandi, “Crispino” en el Frío o “er Nero” en el Libanés. Los demás miembros de la banda de la novela de Cataldo son todo un catálogo de noms de guérre a cada cual más pintoresco: Ricotta, el Negro, el Búfalo, Ojo Feroz, el Esmirriado…. O mi favorito, por expresivo: un tal Treintamonedas (en la realidad, “er Vesubiano”)…. Sí se da el nombre (aunque no sea el de la persona real) de la querida del Dandi, la prostituta Patrizia. Y también de los que De Cataldo llama “los del Palacio”: el policía Scialoja, enamorado también de Patrizia o el juez Borgia, ambos perseguidores de la banda. Pero asimismo, existen otros “palaciegos”, más oscuros, de los que, de nuevo, sólo se nombra el apodo: el Viejo, jefe de los servicios secretos y titiritero en la sombra de mucho de lo que ocurre y sus agentes Zeta y Equis.

De Cataldo cuenta la historia con un estilo que en un principio parece rendir cuentas tan sólo a la pura eficacia. pero pronto, esa eficacia se desvela como eficiencia (es decir, perfecta adecuación de los medios utilizados con el resultado conseguido), y finalmente, se convierte en un elemento tan importante como la propia trama para la consecución de una novela magnífica. Un estilo trepidante y adictivo que lleva en volandas al lector hasta el final, hasta que acaban las más de 650 páginas del libro y uno no puede sino lamentar que hayan terminado (por suerte, De Cataldo escribió una segunda parte, no menos estupenda, titulada Italia Cosa Nostra,  con protagonismo también de la pareja formada por Scialoja y Patrizia). Y la trama, por supuesto, no es menos apasionante: el germen, creación y evolución, de una organización criminal, de una "mafia romana"... Su enriquecimiento a través del tráfico de drogas; su implicación en asuntos aún más turbios, como los atentados de los Núcleos Armados Revolucionarios (que, a pesar del nombre, pertenecían a la extrema derecha más extrema, y valga la redundancia...) o los tejemanejes de los servicios secretos, de las mafias del Sur, de las finanzas vaticanas... 

Y después, la inevitable lucha por el poder, los rencores, las vendettas y ajustes de cuentas. La disgregación y desgarro de un sueño juvenil, por más que fuera un sueño de crimen y violencia. Porque en toda la novela late el pulso de la efervescencia y la urgencia de la juventud, de la energía casi nietzcheana de quien se rebela contra su destino y trata de conseguir el triunfo de su propia voluntad. El descaro de quien osa volar hacia el sol, por más que sabe que si se derrite la cera de sus alas, caerá en picado al mar.

Una novela que entusiasmará a los amantes de la novela negra y gustará, sin duda, a los interesados en un época y un país en erupción, como era Italia en aquellos años. Y en una ciudad que ya lo ha visto todo, y se ha reinventado en una y otra vez  para no dejar de fascinarnos.

Una novela electrizante y magistral, que hará exclamar al lector que la acabe, como al personaje con el que se abre la historia: "¡Yo estaba con el  Libanés!". Porque sí, nosotros también habremos estado con el Libanés y con toda su banda. Y con ganas de volver con ellos.




(Lo siento, pero no me resisto a poner también la portada de la edición de bolsillo del libro, con los actores de la película basada en él).

2 comentarios:

La chica que leía dijo...

No conocía ni al autor ni la novela, pero yo como una apasionada de la novela negra me la apunto para leer.
Gracias por la reseña!

Juan G. B. dijo...

Hola. Si te gusta la novela negra, te va a encantar, puedes creerme. Un saludo.