Idioma original: inglés
Título original: Violence
Traductor: Antonio José Antón Fernández
Año de publicación: 2008
Valoración: interesante
Nota: Esta reseña estaba programada para el día de hoy antes de los atentados de ayer en París; hechos como estos hacen que reflexiones sobre la violencia como estas sean trágicamente necesarias.
En ULAD hemos reseñado ya varias obras de Zizek, el enfant terrible de la filosofía contemporánea, y las críticas han utilizado más o menos términos semejantes: provocador, ameno, denso, extravagante... Sus obras tienen la virtud de ser al mismo tiempo entretenidas y profundas, mezclando las citas de Marx o Lacan con chistes sobre Lenin y con el análisis de obras de la "cultura de masas" como El bosque de Shymalan, o con extravagancias como el "Masturbaraton" celebrado en Londres en 2006.
En este caso, esta peculiar técnica de pensamiento filosófico se aplica al tema de la violencia, de una forma oblicua, como dice el subtítulo, y como aclara el prólogo: pensar en actos concretos de violencia, dice Zizek (y se puede estar de acuerdo con él, o no), nos nubla la capacidad de raciocinio, porque nuestros instintos humanos nos llevan a apiadarnos de la víctima de la violencia y a sentir repugnancia por el agresor. El objetivo, por lo tanto, es reflexionar sobre la violencia desde una cierta distancia crítica, y en un nivel abstracto (aunque luego esta visión abstracta se aplique, efectivamente, a tres ejemplos recientes: los disturbios de los suburbios de París en 2005; los ataques terroristas del siglo XXI, y los incidentes que se produjeron después del paso del Katrina por Nueva Orleans.
Zizek parte de una distinción entre "violencia subjetiva" (lo que normalmente calificamos como "violencia" a secas: una agresión, una violación, un atentado, una guerra), y la "violencia sistémica", que es más difícil de percibir, pero que se manifiesta en la forma en la que millones de seres humanos sufren la miseria y mueren a causa de ella, sin que por ello nos rebelemos como nos rebelamos ante un atentado terrorista que produce muchas menos víctimas. Tenemos, dice Zizek, una ceguera selectiva que nos impide ver esta violencia sistémica, y que hace que no comprendamos determinados casos de "violencia subjetiva".
Pero hay aún un nivel superior de abstracción en el texto de Zizek: en el capítulo segundo (el más denso del libro) afirma, siguiendo a Lacan, pero también a Heidegger, que el lenguaje mismo incluye siempre una violencia contra la realidad, y si se aplica a los seres humanos, una violencia contra el prójimo. En el acto de nombrar, reducimos, simplificamos, cosificamos al otro. En el epílogo al libro, Zizek intenta dar una visión más favorable del problema, al afirmar que el lenguaje es al mismo tiempo una violencia contra el prójimo, y al mismo tiempo la forma de superar esa violencia, aunque ese elemento queda más eclipsado en el cuerpo del texto.
Desde luego, las propuestas de Zizek son provocadoras, y la distinción entre "violencia subjetiva" y "violencia sistémica" es extremamente útil para comprender muchos conflictos geopolíticos presentes y pasados; ahora bien, también me plantea algunos problemas. En primer lugar, al elevar el nivel de abstracción y decir, más o menos, que todo es violencia, o que hay violencia en todo, parece producirse una nivelación de todos los tipos y casos de violencia: tan terrible parece ser usar el lenguaje como poner una bomba. Esta visión puede ser ciertamente paralizante, porque impide reaccionar contra casos concretos de violencia (o si se quiere, "violencia subjetiva"), ya que siempre pueden ser resultado de una "violencia sistémica" anterior.
Y esa es, de hecho, la provocadora y algo paradójica conclusión a la que llega Zizek: que lo que tenemos que hacer ante la violencia es no actuar. En el mundo global todo el mundo parece tener la ansiedad de actuar constantemente, aunque sea de un modo tan fútil como un post en facebook o una firma en change.org. Según Zizek, frente a esta ansiedad de la sobreactuación, lo que hay que hacer es, como Lenin decía, "aprender, aprender y aprender". Y es casi imposible no estar de acuerdo con él en lo que dice respecto a un exceso de acción que evita cualquier reflexión previa, pero hay violencias ante las cuales es imposible permanecer impasible...
Otras obras de Zizek en ULAD: aquí
sábado, 14 de noviembre de 2015
viernes, 13 de noviembre de 2015
Roberto Saviano: Lo contrario de la muerte
Idioma original: italiano
Título original: Il contrario della Morte
Año de publicación: 2007
Traducción: Francisco J. Ramos Mena
Valoración: muy recomendable
Desde luego este Saviano no tiene sentido sin el otro Saviano. El escritor vs el periodista, el narrador vs el cronista. Pero es curioso que la veladura que crean las cifras, las fechas, los datos que acaparan sus obras más conocidas acaben ensombreciendo, o atenazando, con su efecto ligeramente sensacionalista, su eficacia como narrador, su capacidad de transmitir sensaciones entre la crispación y la estupefacción, y que sea un librito de apenas cien páginas el que la muestre más claramente.
Título original: Il contrario della Morte
Año de publicación: 2007
Traducción: Francisco J. Ramos Mena
Valoración: muy recomendable
No me llamen diletante. Pero así me gusta Saviano. Relajado en su escritura. Sin condicionantes de planificación. Situacional, cercano, personal. No es que yo no valore su aportación cuando responde más a lo que suele esperarse de él. Porque libros como Gomorra o CeroCeroCero seguramente tengan una función, la denuncia, más definida que este Lo contrario de la muerte. Puede que cumplan con ese destino documental, con esa finalidad torrencial de datos y magnitudes, que son cosas que permiten al lector calibrar hechos y tomar conciencia.
No recuerdo ninguna cifra relevante en Lo contrario de la muerte.
Leí, hace unos días, por la cuestión de Anagrama y Feltrinelli, el nombre de Saviano como una de las esperanzas de futuro. Y me ha sorprendido ver que apenas tiene 36 años. De los cuales ya lleva unos cuantos huyendo. Y los que le quedan, porque a quienes se ha enfrentado es a gente que no descansa ni perdona. Ignoro si esa situación anómala ha condicionado su escritura posterior. Si el compartir con Salman Rushdie esa agobiante existencia de escritor amenazado y perseguido ha generado una obra diferente a si no lo fuera. Lo más posible es que sí. Cómo va a ser ajeno a eso. Cómo se va a sentar ante el teclado en una habitación de hotel sin sentir la punzada del temor cuando oye un ruido, cuando llaman a la puerta.
Pero ante Lo contrario a la muerte, que desprende la frescura del material que uno puede entregar para un suplemento dominical o incluso para un proyecto literario conjunto, estoy por reconsiderar ciertas opiniones sobre su encasillamiento o su reincidencia en la denuncia.
Lo contrario a la muerte, relato principal, está protagonizado por Maria, joven italiana del sur del país. Viuda sin haber llegado a casarse: Enzo, el joven con el que se había prometido, ha muerto tras un atentado en Afganistán. El camión en que viajaba pisó una mina y Enzo no pudo superar las graves heridas y las mutilaciones que sufrió. Solo permiten a Maria que se acerque al cadáver con los ojos tapados. Y Enzo estaba en Afganistán porque en esa misión iba a tener triple, puede que cuádruple paga. Y por esa paga se alistó en el ejército y con ese dinero contaba para empezar una vida con Maria, casarse y sacarla de una habitación donde todavía hay peluches y un póster de Barbie. Saviano no apela al antibelicismo en ningún momento. La cosa va del deprimente panorama social de la Italia del Sur y de las escasas opciones, salvo la de integrarse en redes criminales y depender del azar del destino. Saviano usa a Maria y su luto para dibujar esa realidad. La esboza, apenas, la interpretamos y la comprendemos ya con eso.
Lo contrario a la muerte, relato principal, está protagonizado por Maria, joven italiana del sur del país. Viuda sin haber llegado a casarse: Enzo, el joven con el que se había prometido, ha muerto tras un atentado en Afganistán. El camión en que viajaba pisó una mina y Enzo no pudo superar las graves heridas y las mutilaciones que sufrió. Solo permiten a Maria que se acerque al cadáver con los ojos tapados. Y Enzo estaba en Afganistán porque en esa misión iba a tener triple, puede que cuádruple paga. Y por esa paga se alistó en el ejército y con ese dinero contaba para empezar una vida con Maria, casarse y sacarla de una habitación donde todavía hay peluches y un póster de Barbie. Saviano no apela al antibelicismo en ningún momento. La cosa va del deprimente panorama social de la Italia del Sur y de las escasas opciones, salvo la de integrarse en redes criminales y depender del azar del destino. Saviano usa a Maria y su luto para dibujar esa realidad. La esboza, apenas, la interpretamos y la comprendemos ya con eso.
El anillo, escueto pero impactante relato final, viene a ser a la vez suplemento y complemento. Aquí Saviano regresa a su tema recurrente, pero lo hace a través de una historia cercana, la de las víctimas colaterales en los ajustes de cuentas entre bandas mafiosas rivales. Y da en el clavo de nuevo.
Desde luego este Saviano no tiene sentido sin el otro Saviano. El escritor vs el periodista, el narrador vs el cronista. Pero es curioso que la veladura que crean las cifras, las fechas, los datos que acaparan sus obras más conocidas acaben ensombreciendo, o atenazando, con su efecto ligeramente sensacionalista, su eficacia como narrador, su capacidad de transmitir sensaciones entre la crispación y la estupefacción, y que sea un librito de apenas cien páginas el que la muestre más claramente.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Honoré de Balzac y E. M. de Saint-Hilaire: El arte de pagar sus deudas sin gastar un céntimo
Idioma original: francésTítulo original: L'art de payer ses dettes et de satisfaire ses créanciers sans débourser un sou
Año de publicación: 1827
Traducción: Jürgen Jencquel
Valoración: entre recomendable y está bien
Pues sí, amigos, ULAD ha decidido abrir su exclusiva relación de reseñas a ese popular -popularísimo, incluso- género que es el de los libros de autoayuda. ¿Cómo? ¿Que éste no es un libro de autoayuda, sino un clásico del siglo XIX, de todo un Balzac, nada menos? Pues fijémonos en el título completo del libro, a ver qué nos parece: El arte de pagar sus deudas y de satisfacer a sus acreedores sin gastar un céntimo en diez lecciones o Manual de derecho comercial para uso de gente arruinada, deudores, desempleados y demás consumidores de dinero. Por el que fue mi tío, profesor emérito.
(El tal tío, que resulta haber sido un moroso de dimensiones legendarias, lo era, en todo caso, del colega de Balzac, Emile Marco de Saint-Hilaire, si examinamos la biografía del célebre escritor y sus espinosas relaciones familiares. Quien, por otro lado, si de algo sabía por experiencia propia era de deudas y acreedores: a los 28 años, edad a la que escribió esta obrita, ya se había arruinado, entre otras cosas por su ocurrencia de meterse a editor y publicar "tratados" como éste o como El arte de anudarse la corbata y cosas así...).
Bueno, a lo que iba: ¿es o no es un libro de una practicidad absoluta, lo más útil que cualquier ciudadano del siglo XXI (y también de hace 200 años, por lo visto) puede leer? Vaya que sí... ahora bien, El arte de pagar sus deudas... supone algo más que un manual de truquitos para esquivar acreedores -aunque también lo sea-, al estilo del artista moroso de 13 Rue del Percebe; representa toda una filosofía de vida y más aún, toda una doctrina económica que explica y clarifica en gran medida las relaciones comerciales, financieras y has personales entre individuos, empresas y países, a las que asistimos cada día, estupefactos; más aún desde hace cierto tiempo... Dos o tres de los axiomas del famoso señor tío en los que se basa el libro, a modo de ejemplo:
"I ) Mientras más deudas se tienen, más crédito se tiene; mientras menos acreedores se tienen, menos ayuda se puede esperar.
VI ) Hasta con la mejor administración, una nación siempre se divide en dos partidos totalmente opuestos. Puede ser una nación tan grande como quiera, tan unida como pueda, pero siempre sucederá.
Es decir:
Primer partido: individuos que roban.Éste es el partido más fuerte.
Segundo partido: individuos que son robados. Éste es el más grande.
Dejo al lector escoger el partido que más convenga, pues no es posible escoger un partido neutral o de transición (como se hace en política); ¡según nuestra interpretación no puede existir tal partido!
X ) Es obvio que el mundo está compuesto de personas que tienen demasiado y de gente que no tiene lo suficiente. Su deber es en lo que concierne a su propia persona, establecer el equilibrio"...
Todos estos axiomas se pueden resumir en el último, especialmente expresivo:
XVII ) "...¡Lo que otro tiene en el bolsillo estaría mucho mejor en el mío!...¡Lárgate, para que pueda sentarme yo en tu puesto!...
En pocas palabras, éste es el principio básico de toda moral"
Bastante esclarecedor, ¿no? Cabe decir que para los autores del libro -esto es, para el famoso "tío"-, la sociedad está dividida en "productores" y "consumidores": productores serían los que disponen de dinero de sobra, hasta el punto de que no saben qué hacer con él y consumidores, los que no tienen ese dinero pero lo necesitan y tienen muchas ideas sobre como gastarlo de manera satisfactoria. Los primeros se convierten en acreedores y los segundos en deudores, para conservar el equilibrio financiero -e incluso espiritual- del mundo. es una doctrina que, como se ve, ha tenido mucho éxito en los últimos dos siglos... ¡si hasta el tío de marras podría haber presidido un banco español, para sacarle sus ahorros a los jubilados con las preferentes!
En fin, fuera de estas cuestiones más generales, el libro tiene un carácter práctico indudable: Sólo hay que fijarse en los temas de los distintos capítulos: tipología de las deudas; formas de amortización de las mismas (la más eficaz, muerte del acreedor), características necesarias -físicas y morales- para ser un deudor (la más importante: el aplomo); elección de zona y vivienda para poder dedicarse a tal práctica, modos de vida, etc... Empero, es cierto que los últimos capítulos dedicados a las vicisitudes que acechaban al deudor francés de principios del siglo XIX (a saber: los temidos alguaciles, el secuestro corporal a petición del acreedor o la cárcel de Saint-Pélagie, donde podían ser encerrados), aunque interesantes, no son de utilidad para sus émulos del siglo XXI... No ocurre lo mismo, sin embargo, con la verdad indiscutible que anima a esta pequeña pero gran obra, una verdad que sigue siéndolo hoy en día y seguro que lo será dentro de otros dos siglos:
"Siempre es mejor encontrarse sin un céntimo en el bolsillo que sin crédito."
Que se lo pregunten a más de uno de la lista Forbes...
(Casi se me olvida: deliciosas ilustraciones de Honoré Daumier, de regalo. A ver quién da más...).
Otras obras de Honoré de Balzac en ULAD: Eugenia Grandet, El elixir de la vida
"I ) Mientras más deudas se tienen, más crédito se tiene; mientras menos acreedores se tienen, menos ayuda se puede esperar.
VI ) Hasta con la mejor administración, una nación siempre se divide en dos partidos totalmente opuestos. Puede ser una nación tan grande como quiera, tan unida como pueda, pero siempre sucederá.
Es decir:
Primer partido: individuos que roban.Éste es el partido más fuerte.
Segundo partido: individuos que son robados. Éste es el más grande.
Dejo al lector escoger el partido que más convenga, pues no es posible escoger un partido neutral o de transición (como se hace en política); ¡según nuestra interpretación no puede existir tal partido!
X ) Es obvio que el mundo está compuesto de personas que tienen demasiado y de gente que no tiene lo suficiente. Su deber es en lo que concierne a su propia persona, establecer el equilibrio"...
Todos estos axiomas se pueden resumir en el último, especialmente expresivo:
XVII ) "...¡Lo que otro tiene en el bolsillo estaría mucho mejor en el mío!...¡Lárgate, para que pueda sentarme yo en tu puesto!...
En pocas palabras, éste es el principio básico de toda moral"
Bastante esclarecedor, ¿no? Cabe decir que para los autores del libro -esto es, para el famoso "tío"-, la sociedad está dividida en "productores" y "consumidores": productores serían los que disponen de dinero de sobra, hasta el punto de que no saben qué hacer con él y consumidores, los que no tienen ese dinero pero lo necesitan y tienen muchas ideas sobre como gastarlo de manera satisfactoria. Los primeros se convierten en acreedores y los segundos en deudores, para conservar el equilibrio financiero -e incluso espiritual- del mundo. es una doctrina que, como se ve, ha tenido mucho éxito en los últimos dos siglos... ¡si hasta el tío de marras podría haber presidido un banco español, para sacarle sus ahorros a los jubilados con las preferentes!
En fin, fuera de estas cuestiones más generales, el libro tiene un carácter práctico indudable: Sólo hay que fijarse en los temas de los distintos capítulos: tipología de las deudas; formas de amortización de las mismas (la más eficaz, muerte del acreedor), características necesarias -físicas y morales- para ser un deudor (la más importante: el aplomo); elección de zona y vivienda para poder dedicarse a tal práctica, modos de vida, etc... Empero, es cierto que los últimos capítulos dedicados a las vicisitudes que acechaban al deudor francés de principios del siglo XIX (a saber: los temidos alguaciles, el secuestro corporal a petición del acreedor o la cárcel de Saint-Pélagie, donde podían ser encerrados), aunque interesantes, no son de utilidad para sus émulos del siglo XXI... No ocurre lo mismo, sin embargo, con la verdad indiscutible que anima a esta pequeña pero gran obra, una verdad que sigue siéndolo hoy en día y seguro que lo será dentro de otros dos siglos:
"Siempre es mejor encontrarse sin un céntimo en el bolsillo que sin crédito."
Que se lo pregunten a más de uno de la lista Forbes...
(Casi se me olvida: deliciosas ilustraciones de Honoré Daumier, de regalo. A ver quién da más...).
Otras obras de Honoré de Balzac en ULAD: Eugenia Grandet, El elixir de la vida
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miércoles, 11 de noviembre de 2015
Colaboración: Me alegraría de otra muerte de Chinua Achebe
Idioma original: inglés
Título original: No longer at ease
Año de publicación: 1960
Valoración: Recomendable
Resulta raro encontrarse en lugares destacados de las librerías con novelas de autores africanos como Achebe, pero la publicación en edición de bolsillo de la obra del fallecido escritor nigeriano hace que estos días sea relativamente fácil toparse con sus libros. Si eso sucede, no dejen pasar la oportunidad de adquirir alguno porque se perderían una lectura deliciosa. Y no es que el libro que nos ocupa sea una novedad, está escrito en 1960, pero muy pocas veces tenemos la oportunidad de sumergirnos en la realidad del continente africano desde la perspectiva de los africanos y no desde la de los colonizadores europeos.
Nos reencontramos en esta novela con la familia Okwonko, la protagonista de Todo se desmorona. Obi Okwonko ha sido becado por los miembros de su comunidad para cursar una carrera universitaria en Inglaterra y regresa después de finalizar sus estudios a Nigeria, preparado para ocupar un puesto en la administración de su país. Efectivamente, Obi obtiene un puesto “europeo”, funcionario del servicio de becas del gobierno nigeriano, que le aporta un gran prestigio entre sus semejantes, pero también le puede hacer caer en las prácticas corruptas presentes en la administración del país, prácticas de las que intenta desesperadamente huir. Su nuevo estatus social le creará una tensión extrema a nuestro protagonista, atrapado entre el mundo de bienestar y fácil acceso a modernos objetos de consumo de los blancos: casa, coche, restaurantes o salas de fiesta, y el respeto a las tradiciones locales de su clan familiar, clan del que consciente o inconscientemente se va alejando irremediablemente.
Vuelve Achebe en este libro a diseccionar las difíciles relaciones entre los colonizadores blancos y los nativos africanos, aunque en esta novela la comunidad africana, en concreto los “igbo” de Nigeria, se muestra más “europeizada” y las relaciones con los blancos son más igualitarias – estamos a las puertas de la independencia del país- . Los nativos de Umuofia han abandonado muchos de sus ritos ancestrales y, aunque mantienen sus lazos familiares y tribales, adoptan costumbres europeas, como la de becar a uno de los miembros de su comunidad, conscientes de que ese sacrificio le abrirá paso en la vida y repercutirá en el bienestar futuro de su pueblo.
En esta ocasión no está presente la tensión racial o la violencia física que nos muestra Achebe en otros libros. Aquí el escritor nigeriano se centra en analizar los modos de vida europeos y sus peores vicios, entre ellos la corrupción, como factores que contaminan a la comunidad africana que, lentamente, se va despojando de sus tradiciones y formas de vida y adquiriendo las de los europeos. Precisamente en este sentido se puede achacar al escritor nigeriano que caiga en un excesivo maniqueísmo, presentándonos las tradiciones de los nativos de Umuofia como algo puro y consustancial a la naturaleza de los hombres, mientras Obi se va deslizando por una espiral consumista, propia del hombre blanco, que le hará vivir sumergido en un permanente conflicto ético.
Quizás Me alegraría de otra muerte no esté a la altura de Todo se desmorona, lectura indispensable reseñada ya por aquí, pero los libros de Achebe constituyen una lectura edificante, y como otros libros del autor nos ofrece una instantánea desapasionada de un momento concreto de la historia de África, en este caso de Nigeria. Sólo por eso, y por disfrutar de los refranes y proverbios de la comunidad igbo que salpican el libro, ya merece la pena asomarse a sus páginas.
Otras obras de Chinua Achebe en ULAD: Todo se desmorona, Un hombre del pueblo
Título original: No longer at ease
Año de publicación: 1960
Valoración: Recomendable
Resulta raro encontrarse en lugares destacados de las librerías con novelas de autores africanos como Achebe, pero la publicación en edición de bolsillo de la obra del fallecido escritor nigeriano hace que estos días sea relativamente fácil toparse con sus libros. Si eso sucede, no dejen pasar la oportunidad de adquirir alguno porque se perderían una lectura deliciosa. Y no es que el libro que nos ocupa sea una novedad, está escrito en 1960, pero muy pocas veces tenemos la oportunidad de sumergirnos en la realidad del continente africano desde la perspectiva de los africanos y no desde la de los colonizadores europeos.
Nos reencontramos en esta novela con la familia Okwonko, la protagonista de Todo se desmorona. Obi Okwonko ha sido becado por los miembros de su comunidad para cursar una carrera universitaria en Inglaterra y regresa después de finalizar sus estudios a Nigeria, preparado para ocupar un puesto en la administración de su país. Efectivamente, Obi obtiene un puesto “europeo”, funcionario del servicio de becas del gobierno nigeriano, que le aporta un gran prestigio entre sus semejantes, pero también le puede hacer caer en las prácticas corruptas presentes en la administración del país, prácticas de las que intenta desesperadamente huir. Su nuevo estatus social le creará una tensión extrema a nuestro protagonista, atrapado entre el mundo de bienestar y fácil acceso a modernos objetos de consumo de los blancos: casa, coche, restaurantes o salas de fiesta, y el respeto a las tradiciones locales de su clan familiar, clan del que consciente o inconscientemente se va alejando irremediablemente.
Vuelve Achebe en este libro a diseccionar las difíciles relaciones entre los colonizadores blancos y los nativos africanos, aunque en esta novela la comunidad africana, en concreto los “igbo” de Nigeria, se muestra más “europeizada” y las relaciones con los blancos son más igualitarias – estamos a las puertas de la independencia del país- . Los nativos de Umuofia han abandonado muchos de sus ritos ancestrales y, aunque mantienen sus lazos familiares y tribales, adoptan costumbres europeas, como la de becar a uno de los miembros de su comunidad, conscientes de que ese sacrificio le abrirá paso en la vida y repercutirá en el bienestar futuro de su pueblo.
En esta ocasión no está presente la tensión racial o la violencia física que nos muestra Achebe en otros libros. Aquí el escritor nigeriano se centra en analizar los modos de vida europeos y sus peores vicios, entre ellos la corrupción, como factores que contaminan a la comunidad africana que, lentamente, se va despojando de sus tradiciones y formas de vida y adquiriendo las de los europeos. Precisamente en este sentido se puede achacar al escritor nigeriano que caiga en un excesivo maniqueísmo, presentándonos las tradiciones de los nativos de Umuofia como algo puro y consustancial a la naturaleza de los hombres, mientras Obi se va deslizando por una espiral consumista, propia del hombre blanco, que le hará vivir sumergido en un permanente conflicto ético.
Quizás Me alegraría de otra muerte no esté a la altura de Todo se desmorona, lectura indispensable reseñada ya por aquí, pero los libros de Achebe constituyen una lectura edificante, y como otros libros del autor nos ofrece una instantánea desapasionada de un momento concreto de la historia de África, en este caso de Nigeria. Sólo por eso, y por disfrutar de los refranes y proverbios de la comunidad igbo que salpican el libro, ya merece la pena asomarse a sus páginas.
Otras obras de Chinua Achebe en ULAD: Todo se desmorona, Un hombre del pueblo
Firmado: José Miguel Martínez Camino
martes, 10 de noviembre de 2015
Andrés Trapiello: El azul relativo
Año
de publicación: 1999
Valoración:
Recomendable (para intercalar con otras lecturas)
Contra lo que pueda parecer, la llave del frasco de las esencias casi nunca está en manos de autores mediáticos o superventas. Estos son, desde luego, los que hacen más ruido, depende también de gustos. Pero a quien busque paladear una prosa excelente, enfrentarse a conclusiones menos trilladas que de costumbre, reflexión serena, temáticas que no están precisamente de moda, le aconsejaría investigar un poco.
Andrés Trapiello posee una
curiosa obra que alterna autobiografía, ensayo, poesía y ficción. No creo que
sea un autor para todos los gustos, pero hace falta descubrirle antes de emitir
un veredicto.
Él mismo, con su peculiar forma
de ver las cosas marca distintiva de la casa, cataloga a El azul relativo como “solitarios de un hombre solitario”. Y doy fe
de que es así. Al aire ligeramente taciturno del narrador y alter ego –que no
tiene por qué ser el suyo propio– debemos añadirle una personalidad, tan
observadora como introspectiva, capaz de arrastrar al lector por los vericuetos
más insospechados para que descubra a través de su mirada nuevas facetas de la desgastada
realidad.
El título procede de una
anécdota que quizá hubiese merecido un desarrollo más amplio. En el primer
artículo se nos muestra a un ratero pillado in fraganti que intenta
justificarse argumentando que la expresión “el cielo es azul”, como su propio
hurto, no es una afirmación indiscutible. Es evidente que le va como anillo al
dedo a un texto y a un autor que se caracterizan por su tendencia a ponerlo
casi todo en tela de juicio y me ha recordado otra frase hecha (“tan cierto
como que nos tenemos que morir”) utilizada hace tiempo para convencer a un
adversario igual de testarudo. La respuesta –más demagógica que escéptica– fue que
eso no está probado, que corre el rumor de que algunos personajes célebres no
han muerto nunca y que siglos más tarde quizá sigan viviendo de incógnito.
En esta cincuentena de piezas
breves se parte de una anécdota, reflexión o noticia, cualquier pretexto es
bueno para divagar libremente. O esa es nuestra primera impresión, pues
Trapiello sabe bien adónde quiere conducirnos, incluso si algunos finales tienen
poco que ver con su planteamiento. Lo que importa es el trayecto mental, tan
vertiginoso como breve –cada uno de apenas dos páginas– que nos vemos obligados
a hacer. Da igual que se pregunte sobre el futuro (Cuando los coches vuelen) para acabar lamentándose de la “tiranía
del progreso” o que añore la tranquilidad de otras épocas con el pretexto de un
supuesto Viaje a Italia.
En Cáscaras de altramuces nos enfrentamos al estado de cosas de aquel 1999.
Lo que sorprende no es solo lo extenso del camino recorrido, sino que,
paradójicamente, no haya cambiado gran cosa. Año tras año, las ferias nos traen
unos Caballitos de madera, tan
idénticos a sí mismos que, se diría, todo sigue exactamente igual. En cambio
otras veces, como en Cuando fumar era
bueno o Internautas de viejo, se
evidencia que el retroceso es imposible. Como parece afirmar en Gnómica: la mitad de todo, puede que la
simplicidad de otras épocas tenga más encanto que los actuales progresos
técnicos, pero lo bello permanece, y una clara Invitación a la vida aletea constantemente en sus páginas.
Son textos para degustar
despacio que muestran idéntica postura: defensa de la profundo frente a la
superficie, de lo sencillo y silencioso, añoranza de épocas más pausadas,
empatía con los débiles.
Etiquetas:
artículos,
escritores españoles,
libros en español,
recomendable,
siglo XX
lunes, 9 de noviembre de 2015
Terry Southern: El cristiano mágico
Idioma original: inglésTítulo original: The Magic Christian
Año de publicación: 1959
Traducción: Enrique Gil-Delgado
Valoración: recomendable (o no)
Ácido. Irónico. Insólito. Cínico. Sarcástico. Lunático. Metafórico. Excéntrico. Hiperbólico. Sardónico. Estentóreo. Vitriólico. Lúcido. Anárquico. Esperpéntico...
Bien, ya se me han acabado las esdrújulas; ahora pasemos a las llanas... nooo, tranquilos, es broma. Pero sí que es cierto que todos esos adjetivos le cuadran a este libro; novela (si es que se puede llamar así) cuando menos peculiar, escrita por un no menos peculiar Terry Southern, heterodoxo y underground escritor, periodista, guionista (de joyas como El coleccionista, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, Barbarella o Easy Rider y del televisivo Saturday Night Live), creador del "Nuevo Periodismo", según Tom Wolfew, autor del celebrado y y practicado (al menos por lo que respecta al título) A la rica marihuana, referente para beatniks y hippies, combatiente en la II G.M., frecuentador de los existencialistas franceses y de los Rolling Stones... un tipo que se bebió el siglo XX como hoy los modernos un gin-tonic, pero sin tantos perifollos y cosas dentro.
Bien, ya se me han acabado las esdrújulas; ahora pasemos a las llanas... nooo, tranquilos, es broma. Pero sí que es cierto que todos esos adjetivos le cuadran a este libro; novela (si es que se puede llamar así) cuando menos peculiar, escrita por un no menos peculiar Terry Southern, heterodoxo y underground escritor, periodista, guionista (de joyas como El coleccionista, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, Barbarella o Easy Rider y del televisivo Saturday Night Live), creador del "Nuevo Periodismo", según Tom Wolfew, autor del celebrado y y practicado (al menos por lo que respecta al título) A la rica marihuana, referente para beatniks y hippies, combatiente en la II G.M., frecuentador de los existencialistas franceses y de los Rolling Stones... un tipo que se bebió el siglo XX como hoy los modernos un gin-tonic, pero sin tantos perifollos y cosas dentro.
En esta novel... libro... lo que sea, Southern se dedica a sacarle los colores a la sociedad de su tiempo (tampoco tan diferentes de los nuestros como creemos) a través de las andanzas de un multimillonario, Guy Grand, que dedica buena parte de su fortuna a divertirse sembrando el caos, la estupefacción y la contradicción por doquier. Como un misántropo nihilista -incruento, eso sí-, un revolucionario anti-establishment -del que forma parte- o un Tyler Durden pre-Palahniuk , Grand concibe, financia y disfruta de una serie de acciones que muy bien podrían ser obra de los dadaístas o los situacionistas contemporáneos a este libro. Con ellas, dispara con bala hacia todo tipo de actividades y estamentos que componen la sociedad: la industria, el cine, la publicidad, el periodismo, la literatura (genial la idea del Shakespeare o Dickens-Hágalo-Usted-Mismo... que sin duda tendría hoy gran predicamento entre los letraheridos) y hasta la gastronomía... Acciones quizá de no muy buen gusto, en ocasiones, pero reveladoras en extremo y que parten, en general, de una simple premisa: todo el mundo tiene un precio. Aunque lo que Southern por medio de Grand denuncia, creo yo, no es tanto la indignidad a la que somos capaces de caer a cambio de dinero, sino que nuestra dignidad no tenga otra medida, precisamente, que la que señala el dinero.
Entre estas "acciones" -casi estoy tentado en denominarlas performances, sino fuera porque trascienden lo meramente artístico- está la que da título al libro: "El cristiano mágico" resulta ser un trasatlántico fletado por Grand (lo siento, amigos madridistas: no se refería a CR7), lujoso a más no poder, a cuyos pasajeros les aguarda una travesía plagada de sorpresas y que, sin duda, habría hecho las delicias de David Foster Wallace. Un viaje inolvidable como inolvidable resulta este libro: a buen seguro que nadie que lo lea volverá a mirar con los mismo ojos el mundo que nos rodea, la sociedad contemporánea en la que tan satisfechos nos encontramos... incluso de nuestra insatisfacción.
Recomendable... o no, según gustos. A más de un lector, me temo, se le puede atragantar el libro, de tanta hiel que rezuma, al fin y al cabo.
Otros libros de Terry Southern reseñados en Un Libro Al Día: A la rica marihuana y otras especias
Entre estas "acciones" -casi estoy tentado en denominarlas performances, sino fuera porque trascienden lo meramente artístico- está la que da título al libro: "El cristiano mágico" resulta ser un trasatlántico fletado por Grand (lo siento, amigos madridistas: no se refería a CR7), lujoso a más no poder, a cuyos pasajeros les aguarda una travesía plagada de sorpresas y que, sin duda, habría hecho las delicias de David Foster Wallace. Un viaje inolvidable como inolvidable resulta este libro: a buen seguro que nadie que lo lea volverá a mirar con los mismo ojos el mundo que nos rodea, la sociedad contemporánea en la que tan satisfechos nos encontramos... incluso de nuestra insatisfacción.
Recomendable... o no, según gustos. A más de un lector, me temo, se le puede atragantar el libro, de tanta hiel que rezuma, al fin y al cabo.
Otros libros de Terry Southern reseñados en Un Libro Al Día: A la rica marihuana y otras especias
domingo, 8 de noviembre de 2015
J. D. Salinger: Franny y Zooey
Idioma original: inglés
Título original: Franny & Zooey
Año de publicación: 1955
Traducción: Isabel de Juan
Valoración: recomendable
Título original: Franny & Zooey
Año de publicación: 1955
Traducción: Isabel de Juan
Valoración: recomendable
Glups: habrá pocos escritores con los que andarse con pies de plomo a la hora de valorar y juzgar, pero seguro que uno de ellos es, (redoble), Jerome David Salinger. Así, con sus dos nombres, qué solemne suena. Para los amigos, Salinger, ya sabéis. Porque Salinger tiene muchos amigos y Salinger epitomiza el ideal que a muchos nos gusta del escritor/genio. Huraño, obra escueta, secretismo, y bla bla bla. Y el empujón: su novela cumbre como referencia mencionada por personajes de enorme repercusión en la iconografía cultural moderna. Encabezados por todo un asesino de John Lennon. Quede claro que, alejado de la necrofilia como uno es, Mark David Chapman podría haberse confesado seguidor de Marcial Lafuente Estefanía y ahora ése sería un icono alternativo. En ese mundo necrófilo vivimos.
Y no es que se trate aquí de plantear qué hubiera sido del mundo, de la literatura, de las referencias culturales del siglo XX, si el libro célebre de Salinger hubiera sido este Franny y Zooey. Pero, incluso tras el fascinante recorrido en su biografía escrita por Shields y Salerno, indudable espoleta de ésta y otras lecturas y relecturas que pienso hacer, mi respuesta no es demasiado ambigua. La magia de El guardián entre el centeno es única y es diferente, y es un listón muy alto con el que compararse.
Franny y Zooey consta de dos partes diferenciadas con nexos en común. Franny se inicia con Lane, novio de Franny, esperando junto a otros compañeros de estudios la llegada del tren que la trae. Digamos que es un relato de situación más comprensible y lineal, donde surgen algunos estereotipos relacionados con la condición de universitario en los Estados Unidos. La Ivy League, los elementos externos que los diferencian, la amabilidad y el cierto distanciamiento en las relaciones incluso dentro de la pareja.
Zoeey, por contra, más extenso y ambicioso, es un extenso diálogo a varias bandas que se va sucediendo en diversas estancias de la vivienda de la familia Glass (curiosa elección del apellido: ¿fragilidad, transparencia, distorsión?), con intervención de miembros presentes y ausentes (puesto que se trata de una familia donde los siete hijos han ido apareciendo en las diferentes temporadas de un concurso televisivo infantil, una especie de Quiz Show), y donde se va desgranando, (en unos diálogos que, aunque no alcancen un contexto unitario, aunque no armen una trama convencional, son el auténtico diamante de la novela) una serie de acontecimientos y situaciones que afectan a la familia, de la cual Franny y Zooey son hijo e hija, en sus veintenas, Seymour, un recuerdo, el padre una inquietante ausencia, la madre, Bessie, una mujer que acarrea en los bolsillos de su bata material suficiente para abrir un estanco, y otros hermanos que han desaparecido (uno, Seymour, por suicidio), los que, seguro, relecturas ayudarían a contextualizar.
Indudable influencia hacia cierto cine (no puedo menos que visualizar esas estancias como las réplicas, unos años atrás, de los elegantes apartamentos neoyorquinos de las películas de Woody Allen como Manhattan o Hannah y sus hermanas, y mucha literatura (esas tramas en constante coqueteo con la tragedia las hemos encontrado aún en Franzen, Pynchon, o Foster Wallace), Franny y Zooey me resulta difícil de comprender y evaluar: aprecio su aguda escritura y su exquisita forma, me quito el sombrero ante su maquiavélica habilidad para insertarnos en un ambiente y en sus personajes, pero tiene detalles que me descolocan, como una cierta obsesión (deduzco, por lo leído en su biografía, por el gusto de Salinger por las religiones orientales) por una espiritualidad religiosa multidisciplinar que hoy se me hace difícil situar como tema preponderante y recurrente en las conversaciones de los universitarios, ya no digo de los jóvenes en general. Donde El guardián entre el centeno exploraba sensaciones universales y extrapolables (y supongo que de ahí su apropiación global y su diversidad de interpretaciones), Franny y Zooey, méritos literarios al margen, acaba siendo un pelo confusa en su digestión e interpretación.
Pero sigue siendo Salinger.
También de o sobre Salinger en ULAD: Salinger, El guardián entre el centeno, Nueve cuentos, Oona y Salinger, Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción
Franny y Zooey consta de dos partes diferenciadas con nexos en común. Franny se inicia con Lane, novio de Franny, esperando junto a otros compañeros de estudios la llegada del tren que la trae. Digamos que es un relato de situación más comprensible y lineal, donde surgen algunos estereotipos relacionados con la condición de universitario en los Estados Unidos. La Ivy League, los elementos externos que los diferencian, la amabilidad y el cierto distanciamiento en las relaciones incluso dentro de la pareja.
Zoeey, por contra, más extenso y ambicioso, es un extenso diálogo a varias bandas que se va sucediendo en diversas estancias de la vivienda de la familia Glass (curiosa elección del apellido: ¿fragilidad, transparencia, distorsión?), con intervención de miembros presentes y ausentes (puesto que se trata de una familia donde los siete hijos han ido apareciendo en las diferentes temporadas de un concurso televisivo infantil, una especie de Quiz Show), y donde se va desgranando, (en unos diálogos que, aunque no alcancen un contexto unitario, aunque no armen una trama convencional, son el auténtico diamante de la novela) una serie de acontecimientos y situaciones que afectan a la familia, de la cual Franny y Zooey son hijo e hija, en sus veintenas, Seymour, un recuerdo, el padre una inquietante ausencia, la madre, Bessie, una mujer que acarrea en los bolsillos de su bata material suficiente para abrir un estanco, y otros hermanos que han desaparecido (uno, Seymour, por suicidio), los que, seguro, relecturas ayudarían a contextualizar.
Indudable influencia hacia cierto cine (no puedo menos que visualizar esas estancias como las réplicas, unos años atrás, de los elegantes apartamentos neoyorquinos de las películas de Woody Allen como Manhattan o Hannah y sus hermanas, y mucha literatura (esas tramas en constante coqueteo con la tragedia las hemos encontrado aún en Franzen, Pynchon, o Foster Wallace), Franny y Zooey me resulta difícil de comprender y evaluar: aprecio su aguda escritura y su exquisita forma, me quito el sombrero ante su maquiavélica habilidad para insertarnos en un ambiente y en sus personajes, pero tiene detalles que me descolocan, como una cierta obsesión (deduzco, por lo leído en su biografía, por el gusto de Salinger por las religiones orientales) por una espiritualidad religiosa multidisciplinar que hoy se me hace difícil situar como tema preponderante y recurrente en las conversaciones de los universitarios, ya no digo de los jóvenes en general. Donde El guardián entre el centeno exploraba sensaciones universales y extrapolables (y supongo que de ahí su apropiación global y su diversidad de interpretaciones), Franny y Zooey, méritos literarios al margen, acaba siendo un pelo confusa en su digestión e interpretación.
Pero sigue siendo Salinger.
También de o sobre Salinger en ULAD: Salinger, El guardián entre el centeno, Nueve cuentos, Oona y Salinger, Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción
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