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domingo, 12 de marzo de 2023

Chigozie Obioma: Los pescadores


Idioma original: inglés

Título original: The fishermen

Año de publicación: 2016

Traducción: Dora Sales

Valoración: bastante recomendable


Siento no prestar demasiada atención a eso llamado literaturas periféricas. En concreto, a los autores africanos, cuyo vínculo con el mercado literario en castellano siempre suele ser el mismo: autores afincados en Occidente que optan por escribir en francés o inglés, y eso les franquea acceso al amplio mercado, que siempre los va a contemplar con cierta mirada entre condescendiente y escéptica. Chigozie Obioma escribe Los pescadores, primera novela, en inglés, pero trufa el texto de expresiones en igbo y yoruba, idiomas autóctonos, y, según reza la nota de la traductora, estas no siempre son traducidas para recalcar esa sensación de otredad. Una opción como otra, que quizás sea una intención del autor para desmarcarse y aseverar que esta es una novela que se desarrolla en Nigeria, en la ciudad de Akure, y bueno sería recordar que Nigeria es un enorme país que cuenta con una población de más de 220 millones de habitantes, aunque sea para valorar la enorme desproporción de atención que prestamos a sus manifestaciones culturales.

Por eso el impacto de Los pescadores debería ser mayor. Si se trata de que los libros tengan esa tan reiterada cualidad de transportarnos, la historia de Benjamin, narrador, su familia numerosa, las misteriosas ausencias de su padre, supongo que una analogía de la inestabilidad política del país en la época (años 90) en que se ambienta la novela, si de ello se trata Los pescadores tiene esa cualidad: pero ese lugar no parece un sitio agradable. Los pescadores son un grupo de hermanos que, desoyendo a su madre, se acercan a jugar a un río y en sus cercanías tienen un encuentro con Abulu, un indigente desquiciado que los maldice. Ahí se cuela el primer resquicio en que el libro parece ser más una crónica social que un mero episodio trágico en una familia. Aunque la familia es cristiana y acude a misa, el trasfondo de las creencias religiosas locales se filtra. De hecho, cada capítulo es titulado y precedido como si Obioma aportara un cierto aire místico, y el animismo está presente no solamente en la presentación de los personajes. Las tradiciones conviven con las creencias aportadas por los colonizadores, y la novela se tiñe de un sabor y un color acre y empezamos a comprender ese momento y esa situación. Cómo el sueño del padre para sus hijos, un futuro mejor, profesiones respetables, sólo parece poder materializarse a través de la emigración. Mientras los mandatarios van y vienen el panorama, desde el prisma occidental, parece dantesco. Obioma es rico en descripciones y estas incluyen estampas de alta precariedad. Nos damos cuenta de que ese no es un entorno confortable. No es una novela urbana en nuestro concepto del registro. Todo parece mísero y frágil. Y esa fragilidad la palpamos en la historia. Abulu lanza una maldición y la familia se ve arrastrada en una mezcla de superstición y destino terrible. Desde luego el viaje está garantizado, la capacidad de Obioma como narrador es muy notable e incluso rinde respetos al clásico Todo se desmorona. Y esa ciudad destartalada y polvorienta se manifiesta a cada rincón, esos críos que prácticamente solo usan su casa para dormir y que atraviesan esos caminos llenos de miseria, peligro y hedor están ahí.


jueves, 16 de julio de 2020

Chimamanda Ngozi Adichie: Querida Ijeawele. Cómo educar en el feminismo

Idioma original: inglés
Título original: Dear Ijeawele, or A Feminist Manifesto in Fifteen Suggestions
Año de publicación: 2016
Valoración: Pedagógico


Nadie puede negarle a esta escritora su vocación y aptitudes didácticas. En cierto modo, me recuerda a Arundhati Roy. Ambas partían de unas condiciones difíciles para hacer oír su voz y que se reconociese su talento, empezaron escribiendo ficción y han acabado volcándose en el activismo cada una a su manera. Tal como ocurrió con La flor púrpura hace unos años, El dios de las pequeñas cosas fue todo un acontecimiento en su día, pero luego su autora se centró en el ensayo y no volvió a escribir ficción hasta veinte años más tarde. Adichie, hasta ahora, se ha dedicado sobre todo a la narrativa, sus obras de no ficción tienen un carácter más divulgativo, aunque habrá que esperar, porque vocación ensayística tiene y le queda toda una carrera por delante.
No puedo comparar este texto con Todos deberíamos ser feministas porque no lo he leído aún, pero entiendo que pretendía comunicar unos valores a los adultos de hoy, este en cambio se dirige a los adultos del futuro. Y lo considero muy necesario, pues cuando una mentalidad injusta se va transmitiendo de un siglo a otro, la única forma de romper esquemas tan arraigados es educar. Aún así, no entiendo por qué la supuesta amiga a quien va dirigida esa carta acaba de ser madre de una niña, en mi opinión, debería haber tenido gemelos, uno de cada sexo, pues la magia de la literatura permite quitar y poner lo que más convenga a los objetivos del que escribe. Y es que ¿qué hacemos con los supuestos hermanos de Chizalum, con sus primos, sus compañeros de colegio, los hombres que se crucen con ella a lo largo de su vida, la sociedad masculina que, durante su vida adulta, dirigirá el destino de Nigeria? Convendrán conmigo en que, muy probablemente, esa niña comience a discrepar más pronto que tarde de una situación que la oprime, lo que no está tan claro es que los varones de su edad, educados en el privilegio, sientan esa misma inquietud.
Urge una recopilación de consejos tan esquemática y clara como Querida Ijeawele, pero esta vez dirigida a los niños nigerianos, y que, de paso, la lean los padres y madres estadounidenses, españoles y del resto del planeta, a ver si empieza a equilibrarse un poco un estado de cosas que solo nos parece aceptable porque hemos nacido con él.
El texto se divide en quince capítulos que son otras tantas sugerencias. Dicho así puede parecer un ladrillo, pero aquí entran en juego las habilidades literarias de Adichie ofreciendo al lector una trama mínima, que vertebra y ameniza el contenido sin apartarnos de la línea expositiva. Por eso, supongo, la destinataria tiene nombre, así como su hija y marido, y las recomendaciones se alternan con anécdotas la mar de entretenidas.
Se preguntarán de qué sugerencias se trata. Les advierto que son muy básicas: no van a encontrar nada nuevo y a la mayoría de ustedes les parecerán de sentido común. Sin embargo, y a pesar de las apariencias, en la práctica se siguen ignorando, aquí y en cualquier parte, así que no está de más recordarlas, inculcárselas a las niñas y a los niños, insistir sin descanso hasta que dejen de hacer falta por obvias. Juzguen ustedes mismos: la crianza debe ser compartida por los dos progenitores, no existen “roles de género” (“Saber cocinar no es un conocimiento preinstalado en la vagina. A cocinar se aprende”). Así, tal cual, y me encanta que sea tan directa, así nadie puede alegar que no se la entiende. ¿Quieren más? A los bebés no hay que clasificarlos por colores; cualquier juguete es adecuado para ambos sexos; el matrimonio no debe ser un objetivo a conseguir por las chicas pues, una vez casadas (o a premiadas a buscar marido), se encontrarán en inferioridad de condiciones. Nadie tiene que dar permiso a nadie y todo el mundo debe aprender lo que necesita para valerse por sí mismo/a. El lenguaje nunca es inocente, así que cuidado con esos términos y frases que se graban para siempre y acaban condicionando nuestra conducta. Las mujeres no tienen que agradar, deben ser amables y resolutivas, exactamente igual que ellos. Debemos contrapesar esos prejuicios que, muy posiblemente, la niña escuchará fuera de casa etc.
Como ven, son cuestiones muy obvias, al menos para quienes vemos el mundo con una perspectiva humanística.

Traducción: Cruz Rodríguez Juiz

 Otras obras de la autora: Aquí

miércoles, 26 de junio de 2019

Chinelo Okparanta: Bajo las ramas de los udalas

Idioma original: Inglés
Título original: Under the udala trees
Traducción: Iballa López Hernández
Año de publicación: 2017
Valoración: Bastante recomendable

Es triste comprobar la escasa presencia de literatura africana en nuestras librerías. No sé si tendrá que ver con la distancia cultural y geográfica o con motivos crematísticos, pero resulta complicado encontrar libros de autores que no sean los ya consagrados Ngugi wa Thiong'o, Chinua Achebe o Chimananda Ngozi Adichie y los "no tan africanos" Coetzee o Gordimer. Y es una pena porque así pasan desapercibidos libros tan interesantes como este "Bajo las ramas de los udalas" de la nigeriana (residente en Estados Unidos) Chinelo Okparanta.

"Bajo las ramas de los udalas" es, casi a partes iguales, una novela de formación y novela de denuncia en la que se narra la infancia, adolescencia y juventud de Ijeoma, joven de la etnia igbo cuya vida está marcada por dos hechos: la guerra y su orientación sexual.

La historia comienza allá por 1968, año en el que la provincia de Biafra se enfrentó con el gobierno federal nigeriano en una cruenta guerra civil. Ijeoma es testigo de la guerra y, con la inocencia de sus escasos diez años, nos ofrece una visión casi "infantil" del conflicto. Poco dura esta visión ya que un hecho trágico marca una ruptura total en la vida de Ijeoma y su madre. El dolor y la devastación provocados por la violencia suponen un cambio radical en el desarrollo de la novela, la cual pasa a ser la historia de una permanente huida, ya sea voluntaria o forzada por las circunstancias.

Lo que hasta ese momento parecía la narración de los terribles efectos de la guerra desde la óptica de una niña se convierte en novela de formación y denuncia. Lo que hemos dado en llamar "novela de formación" abarcaría desde el despertar sexual de Ijeoma hasta su toma de conciencia adulta, pasando por sentimientos contradictorios o complementarios (según se mire) como el amor, el deseo, el remordimiento y la culpa. Estas dos palabras son clave en la novela: remordimiento y culpa. Ambos derivan del ambiente de violencia y extremada religiosidad mal entendida en el que viven Ijeoma, Amina, Ndidi y compañía, asfixiadas todas ellas por tradiciones y supersticiones que suponen una pesada losa capaz de aplastar bajo su peso a quien se "atreva a  desafiarlas". Ante un entorno así, ante el miedo, cada uno actúa según sus posibilidades e Ijeoma trata de llevar una vida "normal", cosa de lo más complicada.

Es en ese momento en el que Ijeoma alcanza la edad adulta cuando la novela se convierte en denuncia, ya sea de la situación de la mujer, de la del colectivo LGTB, del machismo, la violencia o de la intolerancia religiosa. Esta parte me ha recordado (y mucho) al recientemente reseñado "Formas de estar lejos" de nuestra querida Edurne Portela.

Por otro lado, y a la hora de valorar la obra, quisiera dividirla en dos partes: la ambientada en la infancia y adolescencia de Ijeoma y la de su "edad adulta". Me parece más conseguida la primera de ellas. Okparanta configura el personaje de Ijeoma lentamente, en base a una serie de sucesos clave que determinan su vida y su conducta. Toda esa pausada construcción psicológica del personaje se acelera en la edad adulta y momentos determinantes en la historia son cerrados a través de elipsis, no sé si buscadas intencionadamente o no, que dejan con la sensación de cierre un tanto "apresurado". 

Pese a este último apunte, lo positivo de "Bajo las ramas de los udalas" supera ampliamente a lo negativo. Es, por encima de todo, una buena novela, bien narrada y bien construida, que nos pone frente a frente con una realidad que no por lejana en el tiempo y en el espacio podemos dejar de ignorar. 

martes, 19 de diciembre de 2017

Chimamanda Ngozi Adichie: Americanah

Idioma original: inglés
Título original: Americanah
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

«No sabía que era negra hasta que fui a Estados Unidos»

Esta declaración de la propia autora, que tiende a realizar en numerosas entrevistas, es la síntesis de lo que nos ofrece "Americanah": un libro con la raza como centro nuclear de la historia. Orbitando en torno a ella, Chimamanda Ngozi nos ofrece un mosaico de situaciones donde el color de la piel siempre está presente.

Con esta idea principal, las líneas maestras sobre las que se dibuja la novela vienen dadas por las posibles circunstancias que surgen cuando alguien debe abandonar sus propios orígenes. De esta manera, además de los evidentes obstáculos surgidos por los problemas de integración de una persona en una sociedad completamente distinta de la perteneciente a su tierra natal (en relación a las costumbres, forma de ser, pensamientos, etc.), se añade también la dificultad de dejar atrás la propia tierra, a causa de esas raíces que una persona alberga en su interior; el alejamiento supone el reto de superar el obstáculo que supone la distancia en las relaciones familiares y sentimentales; no únicamente una distancia, como alejamiento físico, sino también emocional. En estas circunstancias, la búsqueda de la personalidad que uno alberga dentro de sí es necesaria y vital cuando uno sale de su entorno, de aquello que le es familiar. Y, del mismo modo, la lejanía también fuerza y obliga la búsqueda del nuevo yo, del yo que se integre en la sociedad de acogida y que acabará formando parte, también, de uno mismo.

El libro expone, de forma evidente, las dificultades existentes para salir adelante cuando no se tiene nada más que a uno mismo, y donde la salida que uno encuentra para lograr sobrevivir es aceptando trabajos lamentables, incluso con permisos falsos; lo necesario para ganar un día más de posibilidades, un día más de futuro, un día más de esperanza. La autora nos hace partícipes de la soledad propia del que está lejos de su casa, de su hogar, de su familia y de su entorno; el libro nos retrata la desolación y el desespero de aquellos inmigrantes que buscan un futuro en una sociedad aparentemente llena de oportunidades, aunque la realidad con la que se encuentran les fuerza a revisar la factibilidad en la consecución de sus sueños.

De esta manera, Chimamanda Ngozi utiliza su experiencia para narrar la vida de una joven nigeriana en Estados Unidos y lo hace de forma que, más allá de contarnos las propias vivencias, esboza un marco donde desplegar un conjunto de reflexiones sobre las dificultades y experiencias de alguien que decide abandonar la vida en su país africano y entrar en la sociedad estadounidense, poniendo de relieve sus diferencias, sus desigualdades, su racismo latente y también su clasicismo. Así, no solo las experiencias de la protagonista sirven para explicar situaciones donde estos sucesos tienen cabida, sino que, a través de los artículos publicados por la protagonista en su blog, expone situaciones y reflexiones sobre anécdotas vividas, que sirven de ejemplo para denunciar comportamientos que la sorprendieron; este recurso, además de amenizar la lectura, le es útil para criticar situaciones acontecidas, siempre con las desigualdades de clase o raza como telón de fondo.

Dejando de lado argumentos y motivaciones de la autora, y más allá de interesantes reflexiones, la historia que nos cuenta podría encontrarse en múltiples novelas: idas y venidas en la relación amorosa de la protagonista no especialmente interesantes ya que no aportan nada nuevo, más allá de servir de vehículo para poner de manifiesto el racismo existente en diferentes países y hacerlo desde la visión de un hombre y una mujer. Además, hay quien podría indicar que la extensión de la novela es excesiva, y que las intrahistorias o relatos cotidianos no aportan demasiado contenido a un libro destacado especialmente por la voluntad de exponer una realidad injusta; personalmente, no quitaría razón a los que lo creen, aunque desde mi punto de vista estas historias facilitan la empatía hacia la protagonista, al ponernos en contextos fácilmente identificables y en el que nos podríamos situar mentalmente sin demasiado esfuerzo. Quizá éste sea también uno de los méritos del libro, crear un relato con una carga de denuncia evidente y hacerla accesible a un gran público.

En síntesis, a pesar de sus altibajos en el ritmo, el libro nos deja un conjunto interesante de reflexiones y análisis que nos permiten tomar consciencia de una situación de desigualdad aún existente en muchos países por causa de la raza o etnia de los individuos. Ése es el mensaje con el que nos deberíamos quedar de la novela más que de la historia en sí, pues cuando uno termina el libro, la idea que alberga la narración es lo que enriquece al lector, más que el propio entretenimiento que aporta su lectura.

También de Chimamanda Ngozi Adichie en ULAD: Todos deberíamos ser feministas, Medio sol amarillo, La flor púrpura

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Chimamanda Ngozi Adichie: La flor púrpura

Resultado de imagen de la flor purpura novela amazonIdioma original: inglés
Título original: Purpure Hibiscus
Año de publicación: 2003
Valoración:Recomendable


Algo se está fraguando en el mundo cultural, algo que empezó hace tiempo y que apenas se nota todavía. Aunque avanza con lentitud se trata de un fenómeno imparable que consiste en un cambio de foco, en una renovación del liderazgo, de pronto, la periferia ha decidido hacerse oír. En esta novela no una sino varias periferias –geográfica, racial y de género– hablan a través de la protagonista, y deberían haber mantenido callada a Chimamanda Ngozi, por nigeriana, negra y mujer, si hubiese nacido en otra época.
A veces es inevitable suponer que el personaje es un alter ego del autor. Aunque el relato ni siquiera sea autobiográfico, sobre todo si utiliza la primera persona, basta con que coincidan sus rasgos personales, el lugar y la época para que los identifiquemos automáticamente. Ngozi ha construido una protagonista potente, cuyas contradicciones y evolución se van mostrando según pasa el tiempo, y con ella las de toda su familia.
Kambili ha llegado a la adolescencia en una pequeña comunidad católica, muy tradicional, donde su padre ocupa un lugar preponderante como empresario, director de periódico, activista político, aldabón de conciencias y filántropo vocacional. Una figura que se convertirá en el eje de toda la novela, a quien su propia hermana reprocha que haga la competencia a Dios. Las compañeras de Kambili la envidian, los vecinos agradecen la generosidad del padre. El tren de vida de la familia, la casa en que viven destaca en medio de un ambiente tan precario.
En ese marco de aparente perfección familiar, asistimos a una realidad tan escalofriante como bien descrita. Quizá demasiado porque, en la primera parte, todo ocurre de forma tan inexorable, las personalidades y costumbres están construidas tan de una sola pieza, llega a crearse un clima tan opresivo, uniforme y maniqueo que resulta difícil de creer. Debería abrirse una brecha en algún sitio y, aunque no inmediatamente, la brecha se abre gracias a la aparición de nuevos personajes y de un traslado de escenario. El nuevo sirve de contrapunto al anterior y nos da la oportunidad de conocer algo de las costumbres, mentalidad, tradiciones y problemática del país.
Hay que reconocer la habilidad de la autora creando expectativas que nos mantendrán en tensión hasta el final: la persecución que padece el periódico, los conflictos laborales de tía Ifeoma, la necesaria pero improbable reacción de la madre, el futuro de Kambili y su hermano, la enigmática personalidad del sacerdote, expectativas que pierden toda importancia al llegar a su punto de inflexión. Todo se acelera a partir de ese momento y tres años más tarde nos reencontraremos con unos individuos casi irreconocibles.
Es decir, el argumento se desarrolla de forma irreprochable, pero al conjunto le falta perspectiva, motivaciones, constatación de ideas, análisis de las circunstancias políticas, sociales y económicas, existe un maniqueísmo y un propósito moralizador más que evidentes, los personajes están bien esbozados pero parecen elegidos según un esquema previo (hermano/hermana, prima/primo) y son tan ricos en potencia que deberíamos conocerlos más a fondo. El motivo, como tantas otras veces, es la elección de un punto de vista adolescente, y por tanto inexperto, muy cómodo para los novelistas pero incapaz de análisis profundos y con un limitado radio de acción.


viernes, 17 de febrero de 2017

Chimamanda Ngozi Adichie: Todos deberíamos ser feministas

Idioma original: inglés
Título original: We Should All Be Feminists
Año de publicación: 2015
Traducción: Javier Calvo
Valoración: muy recomendable

Disculpadme. Cincuenta páginas que se leen en media hora también son un libro. O vamos a hablar de promedios, 300 páginas o así, y si aplicáramos proporciones la TochoWeek hubiera sido TochoMonth, con una semana por reseña y al amigo Koldo CF su aventura con Proust le hubiera reportado un mes de omnipresencia aquí.

Debo decir, además, que no suelo estar muy de acuerdo con los inventos editoriales consistentes en el aprovechamiento de obras de escritores de éxito. Por ejemplo, no comprendo el revuelo de Esto es agua de David Foster Wallace, un texto que si destaca por algo dentro de la obra del autor es por su sencillez y asequibilidad (ergo: no es representativo).

Pero debo saltarme un poco estos prejuicios con Todos deberíamos ser feministas. Primero, porque Ngozi Adichie, solamente 39 años cuando escribo esto, aún no es una escritora absolutamente consagrada. Empieza a sonar con mucha insistencia hace un par de años y la gente de Mondadori empieza a recuperar sus escritos, pero es, de momento, una autora que empieza a ser difundida. Segundo, porque el texto que nos ocupa cuenta con su beneplácito; más aún, es una adaptación de un discurso en una de esas charlas TED que tanto movilizan a la gente de ciertos ámbitos (intelectualidad alternativa, ejem). Y tercero, porque desde el título hasta las intenciones, y provocadores de polémicas varias desde los comentarios anónimos vayan preparando los trastos de matar, no pueden ser más certeros y sus intenciones más inapelablemente loables. Ngozi Adichie adopta un tono coloquial, directo, una exposición muy poco dada a lo científico o a lo intrincado, y desgrana ejemplos de sus vicisitudes como mujer y escritora en una sociedad, la de Nigeria, su país de origen, cargada de preconcepciones y tradiciones de arraigo sexista, pero también en la de Estados Unidos, su país de adopción. Detallar las amenas anécdotas que sazonan el texto sería sencillo. Todas ellas de una cotidianidad pasmosa, pero también de un calado en el lector que deja huella. Puede que se trate de un texto menor y puede que se trate de una anécdota dentro de una obra más panorámica y ambiciosa, pero merece la pena su lectura, un análisis de su mensaje, y su posterior interiorización y asimilación. Aunque sea para que nos demos cuenta de que hay mucho camino por recorrer. 

Y ahora, presentada la autora, vamos a responder por fin, la llamada desde mis estantes de pendientes que, hace un par de años, lleva haciéndome Americanah.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Teju Cole: Cada día es del ladrón

Idioma original: inglés
Título original: Every Day is for the Thief
Año de publicación: 2007
Traducción: Marcelo Cohen
Valoración: muy recomendable

El mundo editorial tiene sus misterios inentrañables. Sorprende que Cada día es del ladrón no se publicara aquí antes que Ciudad abierta, una notable colección de relatos basados en los paseos de Cole por Nueva York. Curiosamente, el que me ocupa me ha parecido algo superior, aún contando con una estructura similar. Quizás más fresco, quizás sus escenarios menos familiares con los de las viejas ciudades del mundo occidental. Porque esta vez Cole sitúa sus paseos en Lagos, Nigeria, ciudad natal a la que vuelve tras más de una década en USA, tiempo más que suficiente para que su presencia y su acento le delaten: ya parece un extranjero en su propio país. Hasta el extremo de que sus familiares le den valiosos consejos, como evitar un transporte público deficiente e inseguro, esquivar miradas de extraños, no responder a provocaciones. Pues, a pesar de las esperanzas puestas, la Nigeria a la que Cole vuelve es un país todavía inseguro. La corrupción a que hace mención de forma sutil el título acecha por todos lados. Cole se frustra con ello, pero prácticamente a cada paso que da halla una demostración más de que eso es así.
Nigeria es un caos y Lagos el paradigma de este caos. Una ciudad enorme, que ha multiplicado por 90 su población en apenas 60 años, que ha crecido en horizontal sin orden ni concierto. Afectada por ese caos que se filtra en el día a dia de su gente. Colapsos circulatorios constantes, apagones diarios, miseria, violencia, desigualdad social entre los que se han aprovechado desde el principio de sus privilegios y los que a duras penas recogen las migajas.
Mientras Cole visita lugares de su pasado o se encuentra con familiares y amigos, va constatando, para su desesperación, como el equilibrio entre raíces y presente va decantándose a favor de este último. Malos sueldos, existencias precarias, país en crecimiento que da la espalda a educación y cultura. Pocas expectativas aparte de la picaresca del día a día, necesaria para garantizar el siguiente ágape, y Cole tratado como si el mero hecho de ganarse la vida en Estados Unidos lo convirtiera en un potentado en su país cuando se trata de una mera visita que solo hace que confirmar que su futuro ya no está donde están sus raíces. Cole representa (junto a Junot Díaz o Jhumpa Lahiri) a esa cada día más nutrida comunidad de escritores estadounidenses de adopción. Un fenómeno que no es nuevo pero sí se hace cada vez más relevante, escritores de mediana edad que ya han incorporado el inglés como primera lengua de sus obras, que conservan, sin que el primer leit-motiv sea la nostalgia, vínculos con sus culturas de origen, pero en cuya prosa trasluce algún sentimiento de agradecimiento por la acogida. No hablo de aduladores. Hablo de talentos que en sus lugares de origen no hubieran dispuesto de oportunidades para desarrollarse o darse a conocer. Por los motivos que sea: necesidad, falta de industria, lo que sea. Dicen, y no les falta a veces razón, que el panorama literario estadounidense suele colocarnos una y otra vez lo mismo bajo distintos pretextos. Imposible un juicio definitivo, y seguramente injusto. Aquí Cole es un cronista de como el regreso puntual al país de origen queda filtrado por el cambio (irreversible) de perspectiva. Lo hace muy bien, hace que nos interese, y su lectura hace que conozcamos más sobre esa situación. No creo que pueda exigirse más.

De Teju Cole ya reseñamos en ULAD: Ciudad abierta

lunes, 26 de diciembre de 2016

Colaboración: Medio sol amarillo de Chimamanda Ngozi Adichie

Idioma original: Inglés
Título original: Half of a yellow sunAño de publicación: 2006
Traducción: Laura Rins Calahorra
Valoración: Recomendable

Con una prosa tersa y cautivadora, sobria y sedosa, en Medio sol amarillo Chimamanda Ngozi Adichie relata la Guerra de Biafra (1967-70), el conflicto civil y bélico que azotó la región suroriental de Nigeria, cuya brutalidad y demoledores efectos sobre la población –se habla de al menos dos millones de fallecidos- ha dejado hasta el día de hoy una perdurable asociación de conceptos: Biafra; hambruna.

Las protagonistas de Medio sol amarillo, figura incrustada en la bandera de Biafra, son dos hermanas gemelas, Olanna y Kainene; idealista y risueña una y pragmática e irónica la otra, educadas en el refinamiento y la abundancia, partícipes de la élite que domina y se enriquece con el nuevo Estado surgido de la independencia (1960). A través de ellas y de sus respectivas parejas, Odenigbo –un engreído profesor de matemáticas en la pionera Universidad Africana de Nsukka- y Richard –inglés, blanco, pusilánime y gris- y de Ugwu, el criado de Odenigbo, que llega desde la aldea y debe afrontar una meteórica adaptación a una vida con grifos, electrodomésticos y pasta dentífrica, la novela da cuenta pormenorizadamente de sus vicisitudes a través de dos momentos, que la autora identifica como principios y como finales de los sesenta.

La situación de partida es la de unos personajes instalados en la comodidad y el lujo, y con unas perspectivas de futuro y una confianza en el mismo plenas, con los Beatles sonando en el gramófono y donde los deseos parecen poder colmarse con apenas un chasquido de dedos, aunque no deja de asomar la tensión por las enormes distancias económicas y culturales, como cuando el progresista profesor Odenigbo justifica el cerril comportamiento de su madre:  “La verdadera tragedia del postcolonialismo no es el hecho de que la mayoría de la gente no tuviera voz para expresar si deseaba o no un mundo nuevo; lo peor es que nadie les ha proporcionado los medios necesarios para encajar en él.”.

Pero esta normalidad cotidiana, con sus deslices, errores, infidelidades y recelos, va siendo progresivamente mutilada por los avatares de la política, las rivalidades étnicas, el ensalzamiento del nosotros (los igbos) frente a los agravios de ellos (los hausa, los yoruba…), y lo que arranca como un efervescente y eufórico momento de emancipación y secesión colectiva y  liberación del atajo de primitivos, atrasados, incorregibles y aprovechados con los que se ha compartido leyes y mercado acaba deviniendo un estallido de atrocidades, de enfurecida violencia y destrucción. El día a día se ciñe a sobrevivir, tanto del enemigo como especialmente de los que les están liberando y defendiendo, la dieta a conseguir se reduce a saltamontes, raíces o ratas y a la radio apenas se le presta atención por los partes de guerra y para especular con lo que no dice. Pero la vida sigue, claro, sin grandes ideales ni brillantes discursos, sino con el comportamiento y las decisiones que cada uno considera oportunas. Una realidad que también  puede ser representada con un Medio sol amarillo.

Chimamanda Ngozi Adichie nació en 1.977 en Enugu (Nigería) y forma parte de una tradición literaria genuina y propia en la estela de autores como Chinua Achebe. Además de novelas y relatos ha escrito ensayos divulgativos como Todos deberíamos ser feministas y ha desarrollado un interesante concepto como es el peligro de una sola historia, sobre la necesidad de disponer de más de un punto de vista para que los relatos y visiones del mundo a los que tenemos acceso sean realmente plurales y enriquecedores. De Medio sol amarillo se realizó en 2013 una versión cinematográfica, dirigida por Biyi Bandele, que no llegó a ser estrenada en España.

Firmado: Carlos Ciprés

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Colaboración: Me alegraría de otra muerte de Chinua Achebe

Idioma original: inglés
Título original: No longer at ease
Año de publicación: 1960
Valoración: Recomendable

Resulta raro encontrarse en lugares destacados de las librerías con novelas de autores africanos como Achebe, pero la publicación en edición de bolsillo de la obra del fallecido escritor nigeriano hace que estos días sea relativamente fácil toparse con sus libros. Si eso sucede, no dejen pasar la oportunidad de adquirir alguno porque se perderían una lectura deliciosa. Y no es que el libro que nos ocupa sea una novedad, está escrito en 1960, pero muy pocas veces tenemos la oportunidad de sumergirnos en la realidad del continente africano desde la perspectiva de los africanos y no desde la de los colonizadores europeos.

Nos reencontramos en esta novela con la familia Okwonko, la protagonista de Todo se desmorona. Obi Okwonko ha sido becado por los miembros de su comunidad para cursar una carrera universitaria en Inglaterra y regresa después de finalizar sus estudios a Nigeria, preparado para ocupar un puesto en la administración de su país. Efectivamente, Obi obtiene un puesto “europeo”, funcionario del servicio de becas del gobierno nigeriano, que le aporta un gran prestigio entre sus semejantes, pero también le puede hacer caer en las prácticas corruptas presentes en la administración del país, prácticas de las que intenta desesperadamente huir. Su nuevo estatus social le creará una tensión extrema a nuestro protagonista, atrapado entre el mundo de bienestar y fácil acceso a modernos objetos de consumo de los blancos: casa, coche, restaurantes o salas de fiesta, y el respeto a las tradiciones locales de su clan familiar, clan del que consciente o inconscientemente se va alejando irremediablemente.

Vuelve Achebe en este libro a diseccionar las difíciles relaciones entre los colonizadores blancos y los nativos africanos, aunque en esta novela la comunidad africana, en concreto los “igbo” de Nigeria, se muestra más “europeizada” y las relaciones con los blancos son más igualitarias – estamos a las puertas de la independencia del país- . Los nativos de Umuofia han abandonado muchos de sus ritos ancestrales y, aunque mantienen sus lazos familiares y tribales, adoptan costumbres europeas, como la de becar a uno de los miembros de su comunidad, conscientes de que ese sacrificio le abrirá paso en la vida y repercutirá en el bienestar futuro de su pueblo.

En esta ocasión no está presente la tensión racial o la violencia física que nos muestra Achebe en otros libros. Aquí el escritor nigeriano se centra en analizar los modos de vida europeos y sus peores vicios, entre ellos la corrupción, como factores que contaminan a la comunidad africana que, lentamente, se va despojando de sus tradiciones y formas de vida y adquiriendo las de los europeos. Precisamente en este sentido se puede achacar al escritor nigeriano que caiga en un excesivo maniqueísmo, presentándonos las tradiciones de los nativos de Umuofia como algo puro y consustancial a la naturaleza de los hombres, mientras Obi se va deslizando por una espiral consumista, propia del hombre blanco, que le hará vivir sumergido en un permanente conflicto ético.

Quizás Me alegraría de otra muerte no esté a la altura de Todo se desmorona, lectura indispensable reseñada ya por aquí, pero los libros de Achebe constituyen una lectura edificante, y como otros libros del autor nos ofrece una instantánea desapasionada de un momento concreto de la historia de África, en este caso de Nigeria. Sólo por eso, y por disfrutar de los refranes y proverbios de la comunidad igbo que salpican el libro, ya merece la pena asomarse a sus páginas.

Otras obras de Chinua Achebe en ULAD: Todo se desmoronaUn hombre del pueblo

Firmado: José Miguel Martínez Camino

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Chinua Achebe: Todo se desmorona

Idioma original: inglés
Título original: Things fall apart
Año de publicación: 1958
Valoración: Muy recomendable

El nigeriano Chinua Achebe está considerado como uno de los escritores africanos más representativos y relevantes del siglo XX y comienzos del XXI (el hecho de que escriba en inglés, por una decisión consciente aunque polémica, ayuda sin duda a su reconocimiento). A través de obras como esta Todo se desmorona, Ya no más paz o La flecha de Dios -que forman la llamada "trilogía de África"-, Achebe ha retratado el proceso de destrucción de los modos de vida y de poder tradicionales a manos del colonialismo. En otras novelas, como Un hombre del pueblo, ha contado, con igual espíritu crítico, el devenir de su país inmediatamente después de la descolonización.

Todo se desmorona es por lo tanto el primer eslabón de la cadena novelística que va desde la llegada del hombre blanco, hasta la Nigeria independiente (y corrupta) del último tercio del siglo XX. La novela describe, por lo tanto, los modos de vida tradicionales de los ibo (o igbo), con su religión, sus proverbios, sus leyes, sus rituales, su estructura familiar y social... El protagonista, Okonkwo, es un guerrero del poblado de Umuofia, un hombre caracterizado por la acción y la fuerza más que por la reflexión y la prudencia. Contrario a mostrar cualquier forma de afecto, que considera una debilidad, rige su familia con mano firme y aspira a convertirse en uno de los dirigentes del clan. Sin embargo, Okonkwo es expulsado del clan durante siete años por ofender a los espíritus, y cuando vuelve, cumplido el plazo, el hombre blanco ha instalado en la aldea las primeras misiones cristianas, y ya nada será lo mismo.

Aunque obviamente Achebe es crítico con el proceso y las consecuencias de la colonización europea, eso no quiere decir que idealice el estado anterior: la novela nos muestra una sociedad tribal machista, supersticiosa, rígida y capaz de tratar con crueldad a sus miembros, incluso a los más indefensos. Pero lo que viene con la llegada del hombre blanco no es en absoluto mejor: el fanatismo religioso, la arbitrariedad jurídica, la corrupción, la represión o incluso el genocidio... De ahí la ironía final del narrador, cuando dice que uno de los funcionarios europeos está escribiendo un libro titulado La pacificación de las tribus primitivas del Bajo Níger, en el que sin duda presentará a los nativos como salvajes que necesitaban ser civilizados (con la cruz y la escopeta a partes iguales).

Mucho se ha discutido sobre si esta novela, o la obra de Achebe en general, pertenece a la literatura africana o si responde más bien a modelos y exigencias europeas. En realidad, es un falso dilema bastante evidente: Chinua Achebe es indudablemente africano, y sus obras, aunque escritas en inglés, están estrechamente ligadas con la cultura igbo, con sus proverbios, sus ritos, sus relatos orales, sus canciones; pero al mismo tiempo no puede Achebe desligarse de la cultura occidental recibida a través de su padre, converso protestante aunque igualmente africano.

Es, en todo caso, un grandísimo novelista, capaz de transmitir la historia reciente de Nigeria a través de relatos simples pero poderosos. Y eso es lo que importa.

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miércoles, 31 de agosto de 2011

Chinua Achebe: Un hombre del pueblo

Idioma original: inglés
Título original: A Man of the People
Año de publicación: 1966
Valoración: Muy recomendable

Hay hechos o coyunturas históricas que se comprenden mejor a través de una novela que de sesudos ensayos o reconstrucciones con pretensiones de veracidad. O bueno, por no ser tan radical, digamos que hay obras de ficción que son un complemento casi imprescindible para poder entender realidades complejas y que nos resultan ajenas. Pensaba en esto después de leer Un hombre del pueblo, que me parece un documento excepcional para entender la realidad africana inmediatamente posterior a la descolonización: para poder acercarnos a la intrahistoria de lo que Kapuscinski nos contó, en otro género, en Ébano.

Un hombre del pueblo cuenta una historia pequeña, pero que pretende ser representativa de los problemas de la África recién descolonizada (de ahí que Achebe, a diferencia de sus anteriores novelas, no situase esta explícitamente en Nigeria, sino en un ficticio país africano sin nombre). El narrador, Odili, es un profesor de escuela con aspiraciones académicas que es invitado a convivir una temporada con el nuevo Ministro de Cultura, el Jefe Nanga; entre ellos surge una relación ambivalente (de admiración y desprecio, atracción y repulsa simultáneamente) que se rompe definitivamente por, bueno, por un lío de faldas, básicamente. A partir de ese momento, Odili decide enfrentarse a Nanga en las urnas y en el dormitorio, descubriendo que ninguno de los dos terrenos es sencillo.

Un hombre del pueblo es una novela a ratos muy divertida: las situaciones surrealistas que incluye provienen sin duda de la complejidad caótica y de la improvisación vertiginosa de aquellos primeros momentos de independencia, en los que todo parecía posible y el pasado y el futuro se mezclaban en la mente y las vidas de los africanos. Nadie se salva del ridículo: ni los dirigentes del nuevo régimen, egoístas, incultos, corruptos trepas sin escrúpulos; ni los europeos, siempre en busca de lo "exótico" e incapaces de renunciar a su autoproclamada superioridad; ni siquiera el propio narrador, a quien, a pesar de su idealismo y sus sacrificios, cabe hacer algunos reproches importantes (como por ejemplo, que no se oponga al régimen ni al mandato de Nanga hasta que éste le roba una novia, por ejemplo...).

La novela contiene además una curiosidad histórica: en el momento en el que fue escrita, Nigeria (país de origen de Achebe) todavía no había sufrido un golpe de estado militar, como el que se describe al final de la novela; un año después de publicarse, el golpe de estado se produjo, y Achebe fue acusado de haber estado al tanto de su preparación, por lo que tuvo que abandonar el país junto con su familia. Lo cierto es que no necesitaba conocer los detalles concretos: podía bastarle con conocer la realidad de su propio país, y mirar las barbas peladas de sus vecinos africanos. En todo caso, este hecho solo demuestra que Achebe conocía su país y su continente, y que gracias a sus novelas, nosotros también podemos conocerlo mejor.

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