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martes, 26 de diciembre de 2023

Karl Ove Knausgård: La importancia de la novela

Idioma original: noruego
Título original: Hvorfor romanen er viktig
Traducción: Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo para Anagrama
Año de publicación: 2022
Valoración: muy recomendable

Creo que es innecesario, a estas alturas, reconocer mi admiración por Karl Ove Knausgård; un autor que, pese a sus múltiples detractores (entre los cuáles varios de ellos se encuentran en ULAD) también tiene muchísimos admiradores tras el fenómeno editorial, pero también lector, que supuso la publicación de «Mi lucha», una autobiografía novelada de más de tres mil páginas de alguien que, precisamente antes de esa publicación, era alguien desconocido con una vida bastante común. La cuestión es que su estilo, su contundencia y la radicalidad de su desnudez estilística supusieron un cambio abismal en la narración del yo.

En la breve obra que nos ocupa, basada en un discurso pronunciado por el autor en Londres en 2022, Knausgård afronta la compleja pregunta que supone, no la cuantificación, sino la cualificación de la importancia de la novela en nuestro mundo. De esta manera, el autor noruego, ávido lector y narrador desde la subjetividad de los hechos que nos rodean, empieza este brevísimo ensayo de apenas cincuenta páginas parafraseando a Rainer Maria Rilke quien dijo que «la música podía elevarlo —lo que en sí no tiene nada de especial—, antes de añadir: “Y bajarme a otro lugar”». Para Knausgård, la literatura provoca el mismo efecto, «esa extraña sensación que te invade cuando acaba de leer» y eso es algo que «ocurre con todas las novelas buenas: pueden llenarme por completo, pero solo en el momento; al acabar la lectura, la vivencia se desvanece». Cabe decir que en este aspecto no estoy de acuerdo con él, o al menos no enteramente; su afirmación es algo que me produce cierta inquietud pues para mí la buena literatura deja un poso, una sensación, que perdura mucho tiempo después de terminar la lectura, quizá no con la misma intensidad o la misma emoción compartida entre autor y lector, pero sí que nos cambia en parte y no de manera meramente puntual sino de forma sostenida.

Afirma el autor que «la lectura es cercanía, es acercarse a algo» en el sentido en el que cuando leemos contemplamos de manera atenta, buscando el detalle, los detalles que conforman el relato, porque «la novela mete cualquier idea abstracta sobre la vida, sea de carácter político, filosófico o científico, dentro de la esfera de lo humano, donde ya no está sola, sino que de golpea contra una miríada de impresiones, pensamientos y actos». Y ahí es donde radica su fuerza, en que esos pequeños detalles y reflexiones que van construyendo la narración son los que nos aproximan a ella; son ellos los que hacen que entremos de lleno en la historia y por esta razón menciona a Joyce y Proust destacando que ellos en sus obras «se meten debajo del relato para expandir el breve tiempo que dura. ¿Por qué? Porque es ahí donde vivimos». Del mismo modo, destaca también «Orfanato» de Zhadan (una lectura que tengo anotada desde hace tiempo), la cual «describe un suceso, una guerra, antes de que se haya convertido en historia, o, en otras palabras, mientas aún es realidad», porque la realidad de una guerra es mejor si es contada mientras ocurre, cuando los protagonistas aun no son ni conscientes de lo que implica lo que les está sucediendo, no ya a nivel global, sino en sus propias vidas. Ese es el verdadero suceso, el que conforman todos y cada uno de los cambios en la cotidianidad de muchas vidas sometidas a un futuro que siempre es incierto hasta que el resultado es tan nítidamente palpable que entonces sí, y solo entonces, se puede observar el impacto y la catástrofe a la que se han ido encaminando sin llegar a ser conscientes de ello plenamente. Es por ello que el autor afirma que «solo una novela es capaz de plantear los conflictos más importantes con los que nos encontramos sin encerrarlos en definiciones, sino dejándolos abiertos a sentimientos y experiencias»; ahí está el verdadero impacto y su realidad.

Knausgård es coherente con su obra, pues precisamente en «Mi lucha» lo que hace es justamente eso: llenar la narración de detalles cotidianos, momentos del día a día, acercándose a su propia vida para que, a partir de ella, podamos expandirla y quizá asimilarla con la nuestra propia. Y esa es justamente la importancia de su obra, en que siendo un libro muy extenso no lo empequeñece con innecesarios detalles sino que es, justamente y a partir de ellos, que su novela se ensancha y se abre a cada uno de los mundos que los lectores compartimos durante los momentos de su lectura porque «la novela da voz a esa experiencia, que así consigue un lugar. Ese lugar no existe en ningún otro sitio (…) ese lugar, ese mundo visto desde el interior y que se deja abierto, solo existe en la novela (…) La misión de la novela es encontrar el camino hacia ese lugar».

Concluye el autor afirmando que «la misión de la novela es entrar en el mundo y mantenerlo abierto». Y de ahí su trascendencia, pues gracias a ella podemos llegar a conocernos a partir de los demás, a otras épocas y personajes, porque sus vidas y reflexiones se confrontan con las nuestras, y el diálogo entre ambas se mantiene abierto mientras el recuerdo de la lectura siga vivo en nosotros. 

También de Karl Ove Knausgård en ULAD: La muerte del padre (y su contrareseña aquí), Un hombre enamoradoTiene que llover, Fin

lunes, 11 de septiembre de 2023

2*1: Pisaremos las calles nuevamente de Vivian Lavín y Presente de Salvador Allende

Se cumplen hoy 50 años del Golpe de Estado que terminó con la democracia en Chile, con la autodenominada vía chilena al socialismo y con la vida de su presidente electo, Salvador Allende. En recuerdo a su figura y a la de todas aquellas personas víctimas de la oscura, brutal y sanguinaria (¿cuál no lo es?) dictadura encabezada por Pinochet, traemos a ULAD estos dos libros.

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Idioma original: Español 

Año de publicación: 2015

Valoración: Muy recomendable

"Pisaremos las calles nuevamente" es el título de la edición española ("Mujeres tras las rejas de Pinochet" fue el título original en Chile) de este libro en el que la periodista Vivian Lavín recoge y reconstruye el testimonio de tres mujeres que fueron encarceladas por su participación, de diversas formas y en distintos grados, en actos y acciones contra la dictadura pinochetista.

Desde su infancia hasta su reincorporación a la vida fuera de prisión, el texto recorre el proceso de toma de conciencia, ingreso, caída, torturas,  prisión y libertad de Valentina, Gina y Elizabeth. Como comenta la propia Valentina, se trata de descubrir, a través de la relectura de mi historia, los matices, en las aproximaciones al quién soy y al por qué estoy donde estoy.

Más allá del innegable valor testimonial del texto, creo que el principal interés del mismo reside en su valor histórico. 

Por supuesto que la lectura más íntima y personal de las vidas de sus protagonistas, ya sea en lo referido a la vida en clandestinidad, a las vejaciones y torturas a las que fueron sometidas o a la autogestión de la vida carcelaria y la fuerza que demostraron en prisión, posee una potencia terrible, pero ya digo que una lectura más o menos histórica se hace imprescindible, en especial para un lector español. Por una doble vía, además:

1. Porque son innegables las similitudes entre las "modélicas" transiciones españolas y chilenas, porque la invisibilización / demonización de ciertas luchas y personas que participaron en ellas son injustificables, porque desmemoria y olvido han de ser reparados (¿qué porcentaje de madrileños desconoce (y/o pasa de conocer) que en la actual sede de la Comunidad de Madrid se situaba la Dirección General de Seguridad, uno de los principales órganos represores del franquismo?), porque la impunidad de jerifaltes chilenos y españoles debe ser, como mínimo, recordada, etc.

2. Porque "Pisaremos las calles nuevamente" es un recorrido por la historia política de América Latina de los últimos 50-60 años, con sus avances y retrocesos, con sus vanguardias e injerencias, con toda su carga de violencia y muerte, dolor y cicatrices, silencios y gritos desgarradores a cuestas.

Pero el texto posee además un valor literario que no podemos obviar. La autora no se limita a "transcribir" los hechos narrados por sus protagonistas sino que los acompaña de notas de prensa, documentos e informes de Comités, lo que situarlos en contexto, y pone, además, eso hechos en relación con la su experiencia de la autora, ayudando así a su extrapolación a otras gentes.

En fin, texto altamente recomendable como ejercicio de memoria en unos tiempos en los que parece que esta es demasiado selectiva.

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Idioma original: Español

Año de publicación: 2008

Valoración: Muy recomendable 

Completamos la doble reseña con  está pequeña recopilación de discursos del Compañero Presidente compuesto por siete textos con fecha entre 1965 y el 11 de septiembre de 1973.

El único discurso que se incluye en el volumen y que tiene fecha anterior al triunfo electoral es la Carta de petición de cese masónico y en él se dejan ver los preceptos que guiarán su actividad política.

Estos preceptos serán desarrollados es los posteriores discursos y se concretan en una serie de medidas orientadas a logro de la segunda independencia del país, la independencia económica. El término de los monopolios, la reforma agraria, la nacionalización del crédito y de los sectores estratégicos serán los pilares sobre los que el gobierno Allende tratará de construir una nueva economía y serán la excusa utilizada por oligarquías y potencias extranjeras para justificar el Golpe.

Llama la atención en los discursos la toma de distancia respecto a Cuba o la URSS, a pesar de la solidaridad y afecto mostrados con aquella, la insistencia en el respeto a las formas democráticas y parlamentarias y las críticas a los revolucionarios de salón (me voy a abstener de hacer referencias a la actualidad española).

Mención especial merecen las alocuciones dirigidas la mañana del 11 de septiembre de 1973 al pueblo de Chile. Uno podrá estar de acuerdo o no con las ideas de Allende, podrá ser rojo o azul, colorado o blanco, pero si tiene algo de sensibilidad las palabras de Allende deberían ponerle la carne de gallina. Emocionantes, intensas, certeras, poseedoras de una trágica belleza...

Pero más allá de lo anterior, los textos incluidos en esta compilación hablan de un período histórico fundamental en la formación sentimental de los que ya tenemos una edad, de los anhelos de un pueblo y, sobre todo, de la inevitabilidad de una lucha a través de la cual la humanidad avance para la conquista de una vida mejor. Porque la Historia es nuestra y la hacen los pueblos.

lunes, 29 de junio de 2020

George Saunders: Felicidades, por cierto

Idioma original: inglés
Título original: Congratulations, by the way
Traducción: Javier Calvo
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable (con matices)

Siendo sinceros, adelantándome a los apriorismos que puedan aparecer si uno se fija en los subtextos de la cubierta y la contra cubierta, el posible lector podría pensar «ya estamos, otro libro de superación personal, etc.» Peroooooo, aquí estamos hablando de George Saunders, el que me deleitó con la magnífica obra «Lincoln en el Bardo», alguien que tiene un currículo trufado de cuentos que tratan sobre el consumismo y su absurdidad, la cultura de masas, y todo ello escrito con un estilo envuelto de una sátira mordaz y una evidente crítica sociológica. Así que, ¿podría un autor con este perfil escribir un libro de auto superación sin contenido interesante? La respuesta es evidente.

Poniéndonos en situación, este muy breve relato nace a partir del discurso que el autor impartió en una ceremonia de graduación en la universidad de Siracusa donde da cursos de escritura creativa. La transcripción del discurso fue publicada en The New York Times y obtuvo una tal acogida entre los lectores (siendo compartido en las redes más de un millón de veces) que llevó a los editores a querer publicarlo en formato libro.

En este discurso, Saunders recurre a su sentido del humor para explicar situaciones vividas en las que pudo sentir vergüenza o de las que se podría arrepentir. Y sí, son divertidas, anécdotas que arrancan una sonrisa, que en efecto seguro que hubiera deseado evitar, pero en las que la sonrisa se detiene de golpe cuando nos explica, de entre todas las situaciones, aquellas de las que realmente se arrepiente: «aquellos momentos en los que tenía delante otro ser humano que estaba sufriendo y reaccioné... con prudencia. Con reservas. Con moderación.»

Porque en este aspecto clave se centra el discurso, en intentar, como meta vital, algo tan sencillo como «ser más amables». Pero como eso sería un mensaje muy simple, aparentemente fácil de conseguir sin esfuerzo y en el que nadie debería ponerle pegas, el autor expone también el por qué nos cuesta ser más amables. Y la verdad es que, aunque hay muchas causas que apuntan a esa dificultad en ser más amables, estas se reducen básicamente a una: el egoísmo. Un egoísmo inherente al ser humano pero que, por suerte, con la edad va disminuyendo volviéndonos menos egocéntricos y más afectuosos. Porque la edad juega a favor de ello a través de sus circunstancias, pues hay quienes tienen hijos, otros pierden seres queridos, se establecen amistades y, con todo ello, modificamos el punto central en el que ubicamos nuestro universo, no sé si para desplazarlo, pero sí para ensancharlo, para incluir en él más personas y, con ello, diluir un ego que lo podría ocupar prácticamente todo.

El autor advierte que, a pesar de lo positivo que radica en querer ser mejores en todos los ámbitos, hay que tener en cuenta que «triunfar es difícil, y la necesidad de triunfar se renueva constantemente (el éxito es como una montaña que no para de crecer mientras vosotros escaláis)». Saunders se muestra contundente sobre los riesgos de intentar conseguir el éxito, pues a menudo desplaza o pospone otros aspectos de nuestra vida sin duda más importantes. Y afirma, sin tapujos, que «en todos nosotros hay una equivocación, que en realidad es una enfermedad: el egoísmo.»

Saunders escribe, en este discurso, un alegato sin paliativos a la amabilidad, a combatir el egoísmo inherente a cada uno de nosotros ahuyentándonos de aquello que lo alimenta, y centrarnos, de manera urgente y decidida, a aquello que nos haga mejores personas, alejándonos de trivialidades, y buscando ser nuestra mejor versión en los diferentes ámbitos para, de esta manera, ser más afectuosos y amables con los que nos rodean. De ahí el recomendable de mi valoración, aunque con matices evidentes: estamos hablando de un libro de sesenta y cuatro páginas impreso a simple cara que podrían ser incluso menos (hay páginas que son únicamente un párrafo) y que, aunque se vende a precio reducido, me parece un precio excesivo por un libro tan tan corto.

A pesar de este matiz, el libro es recomendable por el mensaje que transmite, creo que cada vez más necesario en la sociedad que entre todos estamos conformando. Y sí, ya sé que pensaréis que el libro puede sonar a autoayuda o a un compendio de mensajes sacados de Mr. Wonderful, pero este libro lo escribe alguien con el talento de Saunders y en él no se piden grandes cosas ni grandes sacrificios. Se pide, «tan sólo», ser más amable. Y creo, sinceramente, que es algo que no debería ser difícil de conseguir, que el beneficio es evidente, que pocas cosas nos tendrían que suponer menos sacrificio por nuestra parte si la consecuencia de tal acción es sentirnos mejor con nosotros mismos por ayudar a los demás. Así que, viendo lo que nos aporta, individual y colectivamente, ¿por qué no intentarlo?

También de George Saunders en ULAD: Lincoln en el Bardo

viernes, 17 de febrero de 2017

Chimamanda Ngozi Adichie: Todos deberíamos ser feministas

Idioma original: inglés
Título original: We Should All Be Feminists
Año de publicación: 2015
Traducción: Javier Calvo
Valoración: muy recomendable

Disculpadme. Cincuenta páginas que se leen en media hora también son un libro. O vamos a hablar de promedios, 300 páginas o así, y si aplicáramos proporciones la TochoWeek hubiera sido TochoMonth, con una semana por reseña y al amigo Koldo CF su aventura con Proust le hubiera reportado un mes de omnipresencia aquí.

Debo decir, además, que no suelo estar muy de acuerdo con los inventos editoriales consistentes en el aprovechamiento de obras de escritores de éxito. Por ejemplo, no comprendo el revuelo de Esto es agua de David Foster Wallace, un texto que si destaca por algo dentro de la obra del autor es por su sencillez y asequibilidad (ergo: no es representativo).

Pero debo saltarme un poco estos prejuicios con Todos deberíamos ser feministas. Primero, porque Ngozi Adichie, solamente 39 años cuando escribo esto, aún no es una escritora absolutamente consagrada. Empieza a sonar con mucha insistencia hace un par de años y la gente de Mondadori empieza a recuperar sus escritos, pero es, de momento, una autora que empieza a ser difundida. Segundo, porque el texto que nos ocupa cuenta con su beneplácito; más aún, es una adaptación de un discurso en una de esas charlas TED que tanto movilizan a la gente de ciertos ámbitos (intelectualidad alternativa, ejem). Y tercero, porque desde el título hasta las intenciones, y provocadores de polémicas varias desde los comentarios anónimos vayan preparando los trastos de matar, no pueden ser más certeros y sus intenciones más inapelablemente loables. Ngozi Adichie adopta un tono coloquial, directo, una exposición muy poco dada a lo científico o a lo intrincado, y desgrana ejemplos de sus vicisitudes como mujer y escritora en una sociedad, la de Nigeria, su país de origen, cargada de preconcepciones y tradiciones de arraigo sexista, pero también en la de Estados Unidos, su país de adopción. Detallar las amenas anécdotas que sazonan el texto sería sencillo. Todas ellas de una cotidianidad pasmosa, pero también de un calado en el lector que deja huella. Puede que se trate de un texto menor y puede que se trate de una anécdota dentro de una obra más panorámica y ambiciosa, pero merece la pena su lectura, un análisis de su mensaje, y su posterior interiorización y asimilación. Aunque sea para que nos demos cuenta de que hay mucho camino por recorrer. 

Y ahora, presentada la autora, vamos a responder por fin, la llamada desde mis estantes de pendientes que, hace un par de años, lleva haciéndome Americanah.

jueves, 4 de abril de 2013

David Foster Wallace: Esto es agua

Idioma original: inglés
Título original: This is water
Año de publicación: 2005
Valoración: está bien

Cuando un autor se pone de moda o, mejor dicho, cuando se convierte en un filón editorial, llega un punto en que se publica absolutamente todo lo que escribió, hasta los garabatos que un día hizo en un cuaderno mientras pedía una pizza por teléfono. Es el caso de Bolaño, que desde hace algunos años puebla las librerías de medio mundo; o de David Foster Wallace (dos autores, por cierto, que murieron relativamente jóvenes, lo que no hay duda de que ha contribuido a aumentar su leyenda). Personalmente me producen cierto reparo estas fiebres editoriales, que muchas veces tienen más de comerciales que de literarias, sobre todo cuando se llegan a publicar documentos privados que el autor quizás no escribiera para que los leyera todo el mundo (cartas, diarios, etc.).

Todo esto sirve para decir que, si no existieran La escoba del sistema, La broma infinita y El rey pálido, y si Foster Wallace no se hubiera suicidado en 2008, muy probablemente nunca se hubiera publicado este librito, de apenas 29 páginas no demasiado apretadas, que contiene un discurso pronunciado por el escritor en la ceremonia de graduación de los alumnos del Kenyon College de Ohio en 2005.

El discurso en cuestión, titulado Esto es agua, es un alegato en favor del pensamiento crítico y de la compasión (o a lo mejor sería mejor decir "empatía") como forma de encarar la vida y romper con el egocentrismo para el que, según Wallace, estamos programados por defecto. Este egocentrismo, que nos hace considerar nuestros problemas y necesidades más grandes e importantes que los de los demás, es invisible a nuestros ojos porque, al igual que los peces que no consiguen ver el agua, llevamos inmersos en él desde nuestro primer día de vida. Una formación humanista y crítica puede, precisamente, ayudarnos a desconfigurar esa visión en túnel y vivir una vida más plena y consciente.

Por supuesto que no hay nada que reprochar al discurso de Foster Wallace. Naturalmente: ¿quién podría oponerse a un discurso a favor de la compasión, y de la educación crítica, y de vivir una vida más consciente y más plena? Pero precisamente por eso, porque es un discurso tan buenrollista y poco provocador, no me parece que sea necesariamente mejor que decenas, centenares o miles de discursos semejantes pronunciados en ocasiones semejantes por personas menos famosas. Discursos que naturalmente nunca serán publicados (ni falta que hace).

Naturalmente, esto no es un ataque a David Foster Wallace como novelista, al que aún no he leído pero del que he oído cosas buenísimas (y también algunas cosas no tan buenas). Es más bien un comentario sobre el modo en que un escritor, cuando alcanza un cierto nivel de fama o prestigio, se transforma en una marca, de manera que decir "escrito por David Foster Wallace (o por Bolaño)" es el equivalente al logo de Apple o de Nike o de Lacoste en otro tipo de productos. 

Nota final: Quien quiera escuchar al propio escritor pronunciando este discurso, puede acceder a las varias grabaciones que se encuentran en Youtube.