martes, 20 de junio de 2023
Chuck Palahniuk: Plantéate esto
jueves, 22 de marzo de 2012
Chuck Palahniuk: El club de la lucha
Título original: Fight Club
Año de publicación: 1996
Valoración: Recomendable
Los lectores bilbaínos de este blog (sabemos que estáis ahí) van a tener una oportunidad única: ver a Chuck Palahniuk en vivo y en directo, el día 19 de abril dentro del festival Gutun Zuria. Y para quien no lo sepa: ¿quién es Chuck Palahniuk? Pues uno de los "provocadores profesionales" (otro más, como Bret Easton Ellis) de la literatura estadounidense. Y el autor, efectivamente, de El club de la lucha, la novela en la que se basó la exitosa película protagonizada por Brad Pitt y Edward Norton.
Y en lo fundamental, la película es fiel al libro: en la trama (el proceso de "(auto)destrucción liberadora" a que se somete el narrador por influencia de su amigo Tyler Durden); en el estilo cortante, seco y algo efectista, e incluso en determinadas frases y "estribillos", tomados literalmente de la novela y puestos en boca de los personajes o de la voz en off del narrador. Y tanto la novela como la película están igualmente llenos de violencia, de crítica feroz a la sociedad y a la cultura consumista, de nihilismo provocador. De hecho, si es verdad lo que dice la Wikipedia (vamos a creérnoslo), Palahniuk escribió esta novela como reacción furibunda después de que su editor le rechazase otra anterior por ser demasiado violenta. ¿Que no quieres taza? Pues taza y media.
En cuanto al estilo narrativo de Palahniuk, no sé si calificarlo de efectivo o efectista. Desde luego, está claro que consigue lo que pretende: es ágil, rápido, directo, contundente. Frases cortas, párrafos cortos. Repeticiones, como estribillos que atraviesan los capítulos o incluso la novela entera. Saltos de un tema a otro sin relación explícita; mezcla de varios temas alternados en un capitulo. Referencias burlescas a la vida consumista contemporánea (a los muebles de IKEA, por ejemplo) o a la crueldad del sistema capitalista (el narrador trabaja para compañías de automóviles que tienen deciden si retirar o no modelos defectuosos y potencialmente mortales basándose únicamente en criterios económicos).
Que conste que si le pongo alguna pega a la novela, no es por mojigatería: no me molesta la violencia ni el canto a la anarquía que rezuma, ni el oscuro mensaje que transmite ("hasta que no toques fondo, no serás libre"). Lo que me deja algo descolocado es una cierta desconexión entre varios de los elementos que la componen (las reuniones de enfermos crónicos; el "club de la lucha"; la "operación Estragos", traducción sorprendente de project Mayhem, por cierto). En esa escalada exponencial de varios niveles de la autodestrucción personal a la aniquilación colectiva, da la impresión de que se nos han escamoteado varias etapas intermedias, y el resultado es una conclusión, una vez más, efectiva, aunque inverosímil.
En fin, una novela brutal en varios sentidos, con algunos capítulos, ideas, fragmentos brillantes y otros no tanto. Se lee en tres viajes de metro, y la experiencia merece la pena, aunque solo sea porque no se parece a casi ninguna novela de las que se leen por ahí; y desde luego, a casi nada que se escriba y publique en España.
También de Chuck Palahniuk en ULAD: Snuff, Plantéate esto
martes, 8 de junio de 2010
Colaboración: Snuff, de Chuck Palahniuk
Título original: SnuffIdioma original: inglés
Fecha de publicación: 2008
Valoración: recomendable
Estaba leyendo abúlicamente el periódico cuando una noticia me arrancó una sonrisa en uno de esos días tristes en los que a uno todo le parece un gran montón de mierda. Escribí estas líneas un día en el que un taxista mató a tiros a 12 personas en Inglaterra, me desperté enferma y febril y tuve que hacer un examen en un estado físico lamentable, se me acabó la leche cuando ya había preparado el café y el cajero se tragó mi tarjeta de crédito. Sin embargo, ese día supe también que Chuck Palahniuk, uno de mis must-reads, estaría en Madrid firmando ejemplares el fin de semana siguiente en la feria del libro y era posible que yo estuviera allí.
Me encanta Palahniuk, no os voy a engañar. De sus novelas me embauca su personal estilo. Siempre encuentro a este autor atrevido, rompedor, divertido, elocuente y muy agresivo y eso me gusta. Con él me ocurre como con Bukowski (alabado sea), cuando con sus palabras consigue abrir esa caja de Pandora en la que guardo todos mis instintos reprimidos. Es un boxeador de la pluma. Muchos de vosotros conoceréis su obra más famosa y probablemente la mejor: El club de la Lucha, aunque seguramente sea por la película basada en ella que dirigió David Fincher en 1999.
Sin embargo, este estadounidense perteneciente a la Cacophony Society (una transgresora asociación de espíritus libres y anárquicos que se reúnen para hacer el gamberro vinculados por un tremendo pesimismo antisistema y que, por lo que veo, tiene su propia sede en España), tiene otros muchos libros no menos interesantes: Insomnia, Nana (ejemplar novela en la que refleja sus vivencias a raíz del trágico asesinato a sangre fría de su padre y su pareja), Asfixia (también adaptado, de forma atroz, al cine hace un par de años)… y Snuff, del que os voy a hablar a continuación. En todos sus escritos, Palahniuk inserta retazos de experiencias vividas de primera mano en terapias de grupo, reuniones de adictos al sexo o a las drogas, accidentes relacionados con la masturbación y demás temas surrealistas que sólo alguien con una vida tan intensa podría hacernos llegar con tanta maestría. “En América, si tu adicción no se renueva constantemente, eres un perdedor”, dirá en Asfixia. O, de manera aún más ilustrativa: “Entonces enciende la televisión y pone un culebrón, ya sabes, gente real fingiendo que es gente falsa con problemas inventados que son vistos por gente real para olvidar sus problemas reales...”. Pura posmodernidad, ¿no os parece?
Recientemente traducida al castellano (aunque yo os la recomiendo en su lengua original), Snuff no es ni de lejos su mejor trabajo pero se deja leer. Tiene como protagonista a Cassie Wright, una actriz porno que atisba el final de su carrera y que decide realizar un personal canto de cisne batiendo un estrambótico record: mantener relaciones sexuales con 600 hombres, mientras esta odisea es filmada para la posteridad. Mr. 72, Mr. 137 y Mr. 600 esperan su turno, nerviosos, semidesnudos y excitados, mientras Sheila, neurótica organizadora de este evento, intenta mantener a los 600 varones bajo control, sin saber que uno de ellos planea acabar con la vida de la pornostar. De esta circunstancia surge el título: Snuff, que hace referencia, como todos sabréis, a esas grabaciones de asesinatos reales que parecen remontarse a Charles Manson. Supongo que con este argumento no hará falta indicar lo hilarante y delirante, valga la rima, de este embrollo, a través del cual el autor de Rant pretende reivindicar una vez más el erotismo, la violencia o el terror como temas literarios tan válidos como el amor o la espiritualidad.
Basada en el caso real de la actriz Grace Qek, alias Annabel Chong en el cine para adultos, que intentó llevar a cabo una gesta similar, Snuff está escrita con un estilo directo y minimalista, con frases cortas pero poderosamente enérgicas. Este escritor perteneciente a la denominada Generación X (etiqueta que surgió a raíz de la novela homónima de Douglas Coupland) destila ironía al revisar los tristes tópicos de la sociedad norteamericana, y lo hace de manera ejemplar y punzante. Despersonalización, vértigo, desidia, descontrol, caos, sexo y muerte son recurrentes en obras como la que aquí se comenta, cuestiones que Palahniuk encara abiertamente: “Así es en gran medida como pasamos la vida. Viendo la televisión. Fumando porquería. Automedicándonos. Desviando nuestra propia atención. Cascándonosla. Negando la realidad.”
Para terminar os diré que si esta novelita os intriga y decidís leerla, no debéis olvidar echar un vistazo a los vídeos que el autor colgó en la red, en los que una supuesta Cassie Wright es entrevistada por él mismo al hilo de su pornográfico plan. Aquí os dejo el link del primero de ellos.
Si alguno de vosotros pudo obtener una firma de este grande en Madrid y yo finalmente no tuve la oportunidad, sentíos libres de recibir mi envidia más afectuosa y sincera.
miércoles, 21 de junio de 2017
Libros sobre la pérdida de un ser querido
La muerte del padre provoca, en muchos escritores, una reflexión sobre la propia vida, sobre la relación con el pasado y con el futuro, con la muerte y con la inmortalidad. Efectivamente, en este tema es inevitable recordar un clásico de las letras españolas: las "Coplas a la muerte de su padre" de Jorge Manrique: un poema en el que el elogio al padre se combina con una estoica reflexión sobre la fugacidad de la vida y la vanidad de nuestras ambiciones.
Ya en épocas más cercanas, y en prosa, autores como Karl Ove Knausgard (del que ya sabéis lo que pienso), Héctor Abad Faciolince en El olvido que seremos o Paul Auster, en La invención de la soledad, han reflexionado sobre la orfandad y sus vacíos a través de una profunda y dolorosa indagación en la memoria. En El comensal de Gabriela Ybarra o También esto pasará, de Milena Busquets, por su parte, es la muerte de la madre la que espolea el proceso de rememoración y escritura, aunque en el primer caso esta muerte se combina con otra: el secuestro y asesinato del abuelo de la escritora por parte de ETA. También se trata el tema en Te me moriste de José Luis Peixoto: un breve texto en que el autor se despide de su padre con un tono poético que por momentos puede resultar demasiado recargado.
Un caso diferente es el de Nana, de Chuck Palahniuk, una novela de terror escrita como consecuencia del brutal asesinato del padre del escritor y su nueva pareja a manos del ex-marido de esta. Mientras discurría el juicio y se decidía si se aplicaba la pena de muerte al asesino, quizás a modo de exorcismo o de venganza, Palahniuk escribió esta obra, en la que quien muere no es un padre, sino niños, muchos niños, como consecuencia de una canción de cuna contenido en un libro diabólico.
Si es difícil afrontar la muerte de los padres, la de un hijo es, dicen, una de las peores experiencias que la vida puede reservar; transformar esa experiencia en belleza, aunque sea una belleza oscura, es por lo tanto una labor admirable. Esto es lo que consigue, sin duda, Francisco Umbral en Mortal y rosa, un libro complejo y que consigue transmitir el dolor contenido a través de una prosa poética y muy personal.
Con un tono menos poético, pero con igual honestidad y contención, narró Sergio del Molino la enfermedad y muerte de su hijo en La hora violeta, un libro duro pero sin patetismo en el que acompañamos paso a paso el infructuoso tratamiento del pequeño. Isabel Allende, por su parte, adoptó la forma de la novela autobiográfica para exorcizar la pérdida de su hija en Paula, en coma irreversible a causa de la porfiria; la carta confesional a la hija se mezcla en este caso con los acontecimientos políticos del momento, y con la actualidad de la vida de la escritora.
Quizás uno de los libros más cerebrales y al mismo tiempo más conmovedores sobre el duelo sea Una pena en observación, de C.S. Lewis (el autor de las Crónicas de Narnia): tras el fallecimiento de su esposa, la también escritora Joy Gresham, Lewis realiza una disección de sus recuerdos, sus sentimientos y sus creencias, con una sinceridad que por momentos raya en la crueldad consigo mismo, al mismo tiempo que busca un Dios que dé consuelo o explicación al dolor. También son imprescindibles, por su hondura y su honestidad, las obras de dos escritoras estadounidenses, autoras de sendas obras sobre la muerte del marido: en fechas bastante próximas, Joan Didion publicó El año del pensamiento mágico y Joyce Carol Oates sus Memorias de una viuda, dos libros con un tema común, el duelo por el marido, y dos estilos bastante diversos: más clínica y exhaustiva Oates, más concisa Didion.
La lista no pretende, no puede pretender ser exhaustiva; los comentarios están abiertos para que añadáis otros títulos de duelo y superación de la pérdida. Pero la entrada no podría acabar sin recordar el gran poema de luto por la muerte de un amigo: la "Elegía a Ramón Sijé" de Miguel Hernández:
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Donald Ray Pollock: El diablo a todas horas
Título original: The Devil All the Time
Año de publicación: 2011
Valoración: muy recomendable
Hace un par de años nadie tenía ni idea de quién era Donald Ray Pollock. En febrero de 2011 Libros del Silencio publicó su volumen de relatos Knockemstiff (reseñado en ULAD aquí). En marzo de 2011 nadie sabía pronunciar Knockemstiff. Unos meses después, mucha gente sabía quién era Pollock, mucha gente sabía pronunciar esa palabra de 12 letras y, además, mucha gente sabía que ese lugar existe y está en Ohio. Y "mucha gente" quizá se queda corto.
Efectivamente, Knockemstiff tuvo una importante repercusión en nuestro país y, lo que es más importante, exclusivamente por razones literarias: Donald Ray es un cabrón feroz, áspero, sarcástico y cruel, pero sobre todo es un escritor enorme, con un gran talento para contar historias, atrapar al lector y concebir personajes inolvidables. No he leído la versión original, pero seguro que la traducción de Javier Calvo también ayudó a que el libro fuese justamente valorado (nota mental: Calvo traduce a Pollock y también a Palahniuk; es de suponer que dentro de unos años termine escribiendo cartas desde Rodez...).
En todo caso, cuando la editorial anunció que publicaría la primera novela del autor la red empezó a arder y una pregunta inevitable circuló sin descanso en los corrillos literarios, en los blogs, en las iglesias y en los mataderos: "¿Estaría a la altura de su impresionante debut?" Desde luego que habrá opiniones para todos los gustos; en mi caso, leído y releído, no solo creo que está a la misma altura sino que es todavía mejor. Incluso mucho mejor: porque el seguimiento que Pollock realiza a lo largo de los años de sus personajes le permite profundizar en el hoyo que estos van cavando, sin darse cuenta, y que constituye una de las tesis fundamentales del texto: la tensión entre la esperanza y la desesperanza.
Superada la tremendísima portada que Alfonso Rodríguez Barrera ha realizado para la edición española, lo que nos encontramos es la sobrecogedora peripecia vital de una serie de personajes aturdidos, horrorizados, resignados, violentados, agredidos, prisioneros, excluidos. Puro Pollock, puro Knockemstiff. Hombres y mujeres que conviven con la putrefacción y el asesinato, con la ira, con la vergüenza, con Dios, con el miedo... Dios está muy presente, sí. Pero no es exactamente Dios: es la idea equivocada de Dios; el Dios deforme y sádico que los humanos son capaces de crear para justificarse, para enfrentar sus carencias, sus afectos mórbidos. Un monstruo que recorre silenciosamente las páginas de la novela y, sin embargo, pesa: sobre los protagonistas, sobre la tierra árida, sobre el lector.
A mitad del texto, más o menos, descubrí algo que me cambió completamente su lectura: cómo Pollock reserva, para cada uno de sus vástagos, para esos personajes alejados del orden, de la ética cotidiana, tan cercanos a cadáveres chapoteando, una idea peculiar de La Belleza. Las mayúsculas no son gratuitas. Quisiera contrastar este hecho con otros lectores... El niño Arvin, Carl el gordo, el guitarrista paralítico Theodore... ellos y otros son, digamos, conscientes de la inmundicia que los rodea, conscientes de una forma descarnada; y sin embargo, parte de su batalla diaria es hacer frente al dolor proponiendo un margen para la Belleza. Una belleza afectada por la misma enfermedad que Dios: belleza hedionda, belleza equivocada, belleza que viene de un lugar horrible y va hacia otro todavía peor. Esa belleza que se podía intuir en Knockemstiff y que, para mí, se hace mucho más evidente en esta novela espeluznante, imposible de dejar, dolorosa y magnética como un anzuelo enganchado en la boca que tira de ti hasta que la carne se abre.
Subrayé una frase que resume muy bien el tono que me transmitieron las primeras páginas:
Algunos de los huesos que colgaban de los alambres y los clavos traqueteaban suavemente al chocar entre sí, emitiendo un ruido que sonaba a música hueca y triste.Donde "los huesos" pertenecen, entre otros, al perrito del niño Arvin, que su padre ha sacrificado y colgado para pedirle a Dios un milagro.
Así están las cosas por la hondonada.
También de Donald Ray Pollock en ULAD: Knockemstiff
lunes, 9 de noviembre de 2015
Terry Southern: El cristiano mágico
Idioma original: inglésTítulo original: The Magic Christian
Año de publicación: 1959
Traducción: Enrique Gil-Delgado
Valoración: recomendable (o no)
Bien, ya se me han acabado las esdrújulas; ahora pasemos a las llanas... nooo, tranquilos, es broma. Pero sí que es cierto que todos esos adjetivos le cuadran a este libro; novela (si es que se puede llamar así) cuando menos peculiar, escrita por un no menos peculiar Terry Southern, heterodoxo y underground escritor, periodista, guionista (de joyas como El coleccionista, ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, Barbarella o Easy Rider y del televisivo Saturday Night Live), creador del "Nuevo Periodismo", según Tom Wolfew, autor del celebrado y y practicado (al menos por lo que respecta al título) A la rica marihuana, referente para beatniks y hippies, combatiente en la II G.M., frecuentador de los existencialistas franceses y de los Rolling Stones... un tipo que se bebió el siglo XX como hoy los modernos un gin-tonic, pero sin tantos perifollos y cosas dentro.
Entre estas "acciones" -casi estoy tentado en denominarlas performances, sino fuera porque trascienden lo meramente artístico- está la que da título al libro: "El cristiano mágico" resulta ser un trasatlántico fletado por Grand (lo siento, amigos madridistas: no se refería a CR7), lujoso a más no poder, a cuyos pasajeros les aguarda una travesía plagada de sorpresas y que, sin duda, habría hecho las delicias de David Foster Wallace. Un viaje inolvidable como inolvidable resulta este libro: a buen seguro que nadie que lo lea volverá a mirar con los mismo ojos el mundo que nos rodea, la sociedad contemporánea en la que tan satisfechos nos encontramos... incluso de nuestra insatisfacción.
Recomendable... o no, según gustos. A más de un lector, me temo, se le puede atragantar el libro, de tanta hiel que rezuma, al fin y al cabo.
Otros libros de Terry Southern reseñados en Un Libro Al Día: A la rica marihuana y otras especias
miércoles, 27 de octubre de 2010
Breve antología de libros inexistentes
Probablemente el libro ficticio más citado y conocido de todos sea el Necronomicon o "(libro de las) leyes de los muertos", inventado por H. P. Lovecraft, supuestamento compuesto por un poeta loco de Yemen, traducido posteriormente al latín y encuadernado en piel humana; además de contener conjuros y fórmulas malignas, tiene la facultad de enloquecer a cualquier persona que intenta leerlo. Desde que Lovecraft lo creó y lo hizo aparecer en una de sus historias, "The Hound", en 1924, se ha convertido en un tópico de la literatura y el cine de terror.
A veces la invención de libros ficticios se integra en la creación de universos y mitologías narrativas complejas. Es el caso de los libros ficticios mencionados en el mundo de El Señor de los Anillos (por ejemplo, el Libro de los Registros o el Pergamino de los Reyes); de la Biblia Católica Naranja de la saga Dune; de la Enciclopedia Galáctica de Isaac Asimov, dentro del universo de Fundación, o de su contrapartida cómica, la Guía del autoestopista galáctico inventada por Douglas Adams (no la novela real, que sí existe, lógicamente, sino el libro mencionado constantemente en ella, del que llegan a copiarse algunos fragmentos, y que lleva la inscripción "Don't Panic!" en la portada).
Hay autores que tienen especial predilección por inventarse libros. Uno de ellos, probablemente el más grande creador de libros ficticios de todos los tiempos, es Jorge Luis Borges, a quien le gustaba comentar, glosar o reseñar libros inexistentes. Especialmente importantes, por su significación, son "El jardín de los senderos que se bifurcan" (la novela mencionada en el relato del mismo título), ese "nuevo Quijote" escrito por Pierre Menard en pleno siglo XX; o, por qué no, esa edición desconocida y escurridiza de la Enciclopedia Británica que apareceen "Tlön, Uqbar, Orbis Tertius". Otro gran inventor de libros ficticios fue Rabelais, quien en su Gargantúa y Pantagruel menciona obras tan sustanciosas como el Modo cacandi, de Tartaretus, o el Ars honeste petandi in societate, de Maitre Hardouin de Graetz (que cada lector traduzca los títulos con sus pocos o muchos conocimientos de latín macarrónico).
En otros casos, el invento de una obra ficticia es algo meramente puntual. Los ejemplos de autores y libros inventados para aparecer en una sola obra son innumerables. Umberto Eco jugó con la idea del "Segundo Libro" de la Poética de Aristóteles, perdido o quizás nunca escrito, en El nombre de la rosa; la Teoría y práctica del colectivismo oligárquico del mismísimo Goldstein, ocupa un lugar prominente en 1984; en La vida nueva, de Ohran Pamuk, el grupo de personajes principales ve alterada su vida después de leer un misterioso libro; un libro asesino es también el centro de Nana, de Chuck Palahniuk; novelas como Los papeles de Aspern, de Henry James, o Posesión, de S. A Byatt, que tratan de escritores ficticios, les inventan también, como es lógico, una amplia bibliografía ficticia; mención especial merece Si una noche de invierno un viajero..., de Italo Calvino, que se compone de una sucesión de libros inventados e interrumpidos.
Quién pudiera tener entre sus manos alguno de estos libros imposibles. Y qué gran biblioteca se podría formar con todos ellos...
Más información:
-"Una selección de libros muy interesantes que nunca podrás leer... porque no existen", en el Blog de la BNE
-"Libros malditos. Bibliotecas que nunca existieron", en Muy interesante.
-"Libros inexistentes" en Dalgrev, un blog argentino
-Fictional book y List of fictional books (Wikipedia en inglés)
lunes, 25 de diciembre de 2017
Jair Domínguez: Segui vora el foc
Quedémonos con las frases, que son, cuanto menos, interesantes. Abordan temas como la corrupción institucional de las editoriales o la decadencia de la narrativa (¡qué ironía!). También señala el triunfo que la mediocridad ha logrado gracias a internet. La falta de moral en el sujeto contemporáneo. O la sociedad del cansancio, aunque expuesta desde una perspectiva muy distinta a la ya vaticinada por autores como Byung-Chul Han o Michele Serra.
Espontaneidad agradecida, pero sin contener mínimamente. Escándalo barato, (mal)entendido como fin, no como medio. ¿Absurdo y experimental a lo David Lynch, como pregonan algunos? ¡Ni de coña! ¡Ni de forma intencional ni sin querer! Pero las frases... Les falta honestidad y mala leche, y sin embargo las frases no están tan mal. Tenemos aquí a uno de esos escritores con la osadía de un acróbata a los que les falta la técnica necesaria para mantenerse en la cuerda. Jair Domínguez acaba por precipitarse al vacío. Al menos grita durante su caída, eso tengo que reconocérselo. Y las piruetas previas a la caída, aunque ahora sabemos que eran una fanfarronada, también han tenido su qué.
jueves, 7 de marzo de 2013
Hunter S. Thompson: Miedo y asco en Las Vegas
Traducción: J. M. Alvarez / Ángela Pérez
Entonces me debato entre asignarle o no un valor concreto: el literario es relativo, aquí no se trata de estilo, de estructura, de lírica (madre mía, ¡pobre del que busque lírica aquí!). Se trata de dar primero y dar dos veces, y de, al nivel que se pueda, escandalizar de alguna manera, por lo atrevido, por lo osado, por lo limítrofe con el delito o la apología del exceso. Si se encuentra un escenario delirante, ponerlo: si puede darse una vuelta de tuerca, darla. En eso este libro tiene un innegable valor, abrir esa brecha por la que muchos otros autores han discurrido, desde Welsh a Easton Ellis o Palahniuk, esa especie de literatura pop ligeramente acelerada y aderezada de experiencias tóxicas y extremas. Aunque puede que, por ello, no sea más que un subgénero de gran calado, y que, por esa misma influencia, muchos se hayan sentido empujados a poner sobre papel cualquier desvarío por descabellado que este sea, sin considerar si eso interesa o tiene algún valor por encima de la crónica de la experiencia.
Hace cuarenta años, este libro fue considerado una especie de apología de las adicciones. Su autor entró de bruces en el cajón de los malditos, que, si ello llegó a preocuparle en algún momento, podría ser que hasta fuera su intención. No hay mejor publicidad que esa: vuelvo a mencionar a Easton Ellis.
La novela fue adaptada al cine en 1998 por Terry Gilliam, con muy poca fortuna. Con la intervención en el papel principal de Johnny Depp, a la sazón amigo personal del escritor, que organizó su funeral cuando, muy coherentemente con la vida de excesos y descontrol del que este libro es testimonio necesario, se suicidó en 2005 pegándose un tiro en la cabeza. Dice su entrada en Wikipedia que sus restos mortales fueron disparados desde un cañón en lo alto de una torre. Vaya tela.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Craig Clevenger: Manual del contorsionista
Idioma original: inglésTítulo original: The Contortionist's Handbook
Año de publicación: 2003
Valoración: recomendable
sábado, 27 de julio de 2013
Bret Easton Ellis: Menos que cero
Título original: Less than zero
Año de publicación: 1985
Traducción: Mariano Antolín Rato
Valoración: seguramente en 1985, "muy recomendable", en 2013, dejémoslo en "está bien"
Ocurre que Easton Ellis tuvo la oportunidad de abanderar una generación con libros como este y, sobre todo, con American Psycho, su celebérrima segunda novela. Obras de un componente visual muy marcado, obras de un escritor acunado por la cultura del cine y el video clip, a la vez que declaraciones de principios de un estilo de vida marcado por el éxito desbordante y desmesurado, su correspondiente saturación, y la interpretación de esta saturación. Los Palahniuk, Leavitt, puede que hasta Welsh...
Las primeras páginas me resultan destacadas por dos detalles: una mención incrustada (sin demasiada justificación, supongo que para aportar coartada culta) de Mientras agonizo, obra de referencia de Faulkner, y esa sensación constante de ir y venir deslabazado del protagonista, que me recuerda (salvando muchísimo las distancias, por favor) a una especie de reverso de Holden Caufield, aunque también le reconozco, por ejemplo, en el John Self de Dinero de Martin Amis (libro de la misma época) . El problema es que ese itinerario de excesos nos resulta demasiado familiar y hoy nos cansa a las primeras de cambio. Tanto descontrol, ya se sabe. Se ve llegar el trastazo.
Ah, el argumento. Pues un estudiante de unos veinte años que pasa unos días en casa, gastándose un dineral (de su acaudalada familia) básicamente en cocaína, y viéndose con su círculo de amigos, todos de sus mismas aspiraciones. En medio, oyen música y van a conciertos y a bares y conducen coches carísimos. No es que siempre se enteren de que lo hacen. Parece.
El libro tarda mucho en estructurarse, en generar una escueta trama y, también como Dinero, parece convertir de ese flash continuo de situaciones excesivas (fiestas, droga, despilfarro) su hilo argumental. Lo que ya no alcanzo a comprender es si Easton Ellis usa esa dispersión como recurso narrativo o la cosa simplemente surgió así. El caso es que el desvarío y el exceso se nos antoja hoy bastante ajeno, algo impropio. A saber si esos tiempos y esas costumbres se repetirán, pero no lo parece. La trama solo se define algo hacia el final, un clásico final en espiral donde, de repente, se empotran un par de escenitas de snuff-movie que no alcanzan a aportar cohesión, que no llegan a conformar Menos que cero como esa novela generacional que, parece, en su día alguien se empeñó en reivindicar. De ahi a especular si los encendidos elogios en su momento están justificados o si Easton Ellis es sólo una pieza más en una cadena que ampararía cierto tipo de escritores del desmadre (Bukowsky, Welsh, Thompson, Selby) que se confunden con sus personajes... pues me limitaré a eso, a opinar que el tiempo le ha pasado una elevada factura.
También de Bret Easton Ellis en ULAD: Suites Imperiales, American Psycho
miércoles, 27 de marzo de 2019
VV.AA.: Valores familiares

Trece relatos, todos relacionados de un modo u otro con la ficción fantástica y sus más pintorescas ramificaciones, escritos por un total de diez autores. Llegados a este punto, quiero señalar que esta antología es bastante irregular. Si bien es cierto que Valores familiares contiene propuestas genuinamente interesantes, como “¡Gas! ¡Gas! ¡Carnivore!”, de Sergi G. Oset, también aúna historias meramente disfrutables dentro de los estándares pulp, como “Esther, nuestra inmaculada genocida”, de Takeshi García-Ashirogi.
De todas formas, recomiendo Valores familiares a aquellas personas que busquen ficción distinta plagada de ideas y conceptos creativos. Además, el humor, presente en casi todos los relatos del volumen de forma más o menos explícita, funciona prácticamente todo el tiempo. Respecto a la edición, debo decir que la cubierta me encanta. Asimismo, remarcaría que he encontrado algunos errores tipográficos en este libro: palabras sin tilde, repetidas, etc... Vamos, nada que no se le pueda perdonar al bueno de Hugo Camacho, editor de Orciny Press que ha ejercido todavía como editor, prologuista y traductor de esta antología.
sábado, 15 de octubre de 2016
Virginie Despentes: Vernon Subutex 1
Título original: Vernon Subutex 1
Año de publicación: 2015
Traducción: Noemí Sobregues
Valoración: está bien
Despojada de todas esas circunstancias contemporáneas y coyunturales, la de Vernon Subutex es una sencilla historia de mala suerte, de decadencia empujada por las circunstancias y por lo injusto que es el mundo y bla bla bla. Y Subutex a veces parece el anti-héroe simpático al que todos acogeríamos y a veces un remedo del Lazarillo. Y esa desnudez deja una carcasa demasiado liviana: alguna reflexión sobre el conservadurismo de la juventud, sobre la compleja nueva realidad social y política de Francia, sobre el devastado panorama cultural, y poco más, aderezan una novela simplemente correcta que tanto puede entusiasmar a los acólitos de la resabida trilogía (sex'n'drugs'n'rock'n'roll, Ian Dury dixit) como repeler a los demás.
También de Virginie Despentes en ULAD: Teoría King Kong, Vernon Subutex 2
sábado, 9 de diciembre de 2017
Bret Easton Ellis: Lunar Park
sábado, 15 de julio de 2023
Manuel Astur: La aurora cuando surge
Año de publicación: 2022
Valoración: Está bien
Por una vez empezaré por esa parte que a tantos lectores (nos) incordia: la faja promocional. Tras un esperable halago al autor, dice Santos Sanz Villanueva (El cultural) que ‘si el riesgo literario fuera un mérito principal de los escritores, tendría [Astur] asegurado un puesto en el podium’. Sensu contrario viene a decir que el riesgo literario, claro está, no es un mérito principal de los escritores. ¿Cuáles son esos méritos principales entonces? ¿Entretener? ¿Agradar al lector? ¿Estimularle a base de recetas como las que hace muy poco nos ofrecía Palahniuk? Pues ya lo siento, don Santos, pero para este oscuro lector y reseñista el riesgo literario es, por supuesto, un mérito fundamental para valorar un libro. Un riesgo, claro está, con sentido, con proporción, que busca algo, y que se la juega a que mucha gente lo rechace simplemente por no encontrarse con lo que esperaba, con lo que es cómodo y conocido. Así que, señor Sanz, me temo que si volvemos a encontrarnos no vamos a coincidir en la mayoría de nuestras opiniones.
Pero es que además, aparte de que sospecho una doble lectura a eso que en principio parece un elogio, tampoco entiendo esa alusión al riesgo refiriéndose al libro de Manuel Astur, al que no encuentro por ninguna parte nada que se parezca a riesgo literario. La aurora cuando surge cuenta un viaje por Italia que el autor realiza un año después de la muerte de su padre. Es un viaje más o menos largo, de norte a sur, empezando por la Toscana y Génova, pasando por Pisa, Siena, Roma o Nápoles para terminar, creo, en Sicilia. Pero visitando también, y deteniéndose con cierto deleite, en pequeñas poblaciones menos conocidas, algunas ajenas al turismo. Astur es ecuánime, y dedica un tiempo semejante a los grandes monumentos y a aquellos pequeños pueblos donde parece encontrar un alma escondida de lo italiano, no necesariamente más auténtica, simplemente una especie de cara interior más difícil de detectar.
A lo largo del trayecto hay tiempo para todo, desde tomarse tranquilamente una cerveza o un spritz en una terraza hasta admirar un monumento, observar a los ancianos en una taberna o contemplar los distintos tonos del mar según las latitudes, abrir un espacio a la lectura o a la composición (Astur introduce unas cuantas poesías escritas sobre la marcha), recordar a grandes creadores que eligieron aquellas tierras para vivir o para morir, y naturalmente, dedicar reflexiones a su padre difunto, con la distancia que ponen los meses transcurridos y la herida todavía reciente pero en proceso de cicatrizar.
El tono es pausado, amable, a veces con algún tinte irónico, pero siempre templado. A Astur no le gustan las masas de turistas, pero no les insulta (como Barceló), ni saca conclusiones filosófico-políticas (como Escohotado) de las artimañas para sacar dinero a los extranjeros. Hay una atmósfera de observación relajada y generalmente abierta a la belleza que recuerda más bien a Josep Pla. Pero por encima de todo predomina una prosa poética muy marcada, encontrando a cada paso la metáfora, la imagen, el tropo, el aforismo, figuras que sin llegar a recargar demasiado el texto, le otorgan una esencia claramente lírica. Esto no es en absoluto riesgo literario, es simplemente un estilo particular del autor, que habrá a quien entusiasme y a quien suene a demasiado almibarado. Obviamente me encuentro entre estos últimos, me gusta bastante poco ese empeño en buscar la frase redonda, la imagen poética de cada cuerpo y cada sombra.
No deja de ser cierto que, con tal despliegue de recursos, alguna que otra vez da en el clavo, como cuando afirma que ‘la mayoría de los versos solo son verdaderos para el que los vivió –y, si son buenos, consiguen serlo también para el lector.’ Una reflexión que tiene algo de escalofriante para quien, como casi todo el mundo en algún momento, se haya arriesgado a escribir algo, sea poesía o prosa. Pero en general, ya digo, salvo que a uno le entusiasme mucho esta forma de expresarse, creo que Astur es mucho más interesante cuando se olvida un poco de los florilegios y se sitúa más a ras de suelo. Pongamos como ejemplos un pequeño pasaje sobre la estancia de Lord Byron en Génova, un párrafo dedicado a escudriñar en los sonidos de la naturaleza, o breves historias sobre ascensiones al Vesubio o al Etna. Se sale el autor de su propio carril y en mi opinión luce mucho más, aunque habrá quien guste más del tono general del libro, y en ese caso disfrutará desde luego mucho más que yo.
P.D: Es inevitable terminar sin meter una pequeña aguja. Muy pequeña, solo una palabra, pero que me ha sonado tan mal que no lo puedo pasar por alto. Creo que era refiriéndose a Taormina, cita Astur a varios artistas que se trasladaron allá a vivir. Entre ellos, el ‘fotógrafo homosexual Wilhelm von Gloeden’, que no tengo ni idea quién era, pero la pregunta es: ¿ser fotógrafo homosexual es una profesión algo diferente de ser fotógrafo a secas? Seguro que es un simple desliz, pero convendría cuidar un poco más los detalles, porque no hace falta lupa para detectar cosas así de feas.
viernes, 10 de enero de 2020
Michael Chabon: Moonglow
También de Michael Chabon en ULAD: El sindicato de policía yiddish











