martes, 15 de marzo de 2016

Joxemari Iturralde: Golpes de gracia

Idioma original: euskera
Título original: Perlak, kolpeak, musuak, traizioak
Año de publicación: 2015
Traducción: el propio autor
Valoración: recomendable

El tolosarra Joxemari Iturralde, veterano de las letras vascas y miembro, allá por los 70, de la llamada Banda Pott (famosa sobre todo por los célebres recorridos posteriores de varios de sus miembros) aborda en este su último trabajo las vidas de otros dos eximios guipuzcoanos, los boxeadores Paulino Uzcudun e Isidoro Gaztañaga, ambos naturales de pequeñas localidades cercanas a Tolosa, precisamente. Dos historias que se van entrecruzando a lo largo de los años 20 y 30 del pasado siglo... O mejor dicho, avanzan paralelas -de hecho, Gaztañaga se metió en el boxeo a imitación de su ídolo Uzcudun-, pero que nunca se encuentran, al menos sobre un ring.

La novela, escrita con el estilo poco florido, más bien sobrio y eficiente, de un púgil con la guardia bien colocada, avanza pues por dos líneas narrativas, o en realidad por tres, porque el contrapunto a las trayectoria de los dos púgiles lo ponen las opiniones de los miembros del tolosano club GU, que apadrinan en un principio a ambos. Aparte de a estos miembros de la burguesía industrial vasca, nos encontramos en la novela toda una pléyade de personajes variopintos, desde estrellas de cine, vedettes y cantantes de ópera a prostitutas, estafadores, fascistas y campesinos vascos. Los escenarios de la novela no son menos variados: desde caseríos a bistrots parisinos, desde fiestas -y alcobas- hollywoodienses a burdeles colombianos; grandes hoteles, trasatlánticos, restaurantes neoyorquinos, salas de fiestas habaneras, fondas donostiarras, ranchos y cortijos... y, por supuesto, rings de boxeo a lo largo de medio mundo, montados en velódromos, plazas de toro, frontones, pero también en el mítico Madison Square Garden, donde Uzcudun, por ejemplo, perdió ante el no menos legendario Joe Louis, "el Bombardero de Detroit".

Una novela, por tanto, que nos brinda una panorámica de lo más interesante sobre el apasionante período de entreguerras, sin olvidar, claro, el tema político, aunque éste no hace su aparición en la narración hasta que se produce el estallido de la Guerra Civil española, pero a partir de entonces lo ocupa todo. la razón es que Uzcudun, uno de los deportistas vascos más célebres y exitosos de todos los tiempos fue además un falangista convencido y como tal no sólo participó en acciones de guerra alistado en el bando "nacional" -incluyendo el frustrado intento de rescate de su líder José Antonio-, sino, al parecer, también en la represión contra los prisioneros republicanos y además se desentendió del destino de personas que le habían ayudado en el pasado, represaliados por sus ideas políticas... Un tema espinoso, parece, durante muchos años en la comarca de la que eran todos oriundos y sobre la que Iturralde habla sin ambages pero sin tampoco ensañarse (de hecho, tengo entendido que también hubo miembros de GU vinculados al falangismo, lo que explicaría un episodio un tanto enigmático que aparece en el libro y sobre el que el autor no da mayores explicaciones). Gaztañaga, por su parte, se encontraba en América al estallar a guerra y, aunque leal a la República, prefirió quedarse allí hasta ver que pasaba. siguiendo un criterio que no podemos censurar... Se cerró así la posibilidad de que ambos púgiles se enfrentaran en un combate, algo que nunca habían hecho ni llegarían a hacer, pese a que la idea se barajó durante años.

Porque ésa es otra: tras una amistad durante años, los dos boxeadores se enemistaron a raiz de una cena en el "Zeru Txiki" de Brooklyn... cabe suponer que cuando Uzcudun había llegado a su cénit pugilístico, mientras que Isidoro Gaztañaga se encontraba aún en ascenso -de hecho, se dice que éste tenía unas condiciones inigualables para el boxeo y que sólo su desidia e inconstancia entrenándose ponían freno a sus posibilidades-y podría haber ganado el título mundial que su paisano no consiguió conquistar. El final de ambos también resulta de lo más dispar y, desde luego, significativo de sus diferentes caracteres. Lo que sí tenían en común, aunque parece que Uzcudun era más formal que el muy golfo Gaztañaga, era su afición por las mujeres; a partir de su éxito en los rings, en el caso de Paulino, bastante anterior a ella en el de Isidoro -conocido en Estados Unidos como "el bello Izzy"- y que articula incluso toda la novela: todos los capítulos  llevan por título un nombre de mujer (aunque es cierto que no en todos los casos se trata de queridas o amantes ocasionales; también madres, esposas, hermanas...).

En suma, una novela interesante y fácil de leer que aporta una visión diferente y tal vez complementaria de parte de la Historia no sólo vasca o española sino de toda una época en la que el mundo se dirigía. entre risas de fiestas y tragedias, hacia su autodestrucción.

(Una última nota, quizás anecdótica pero significativa: en la anterior novela que reseñé en es te blog, El intocable, los personajes, que eran británicos, bebían como cosacos; en ésta, en la que muchos personajes son vascos, más bien comen como lobos hambrientos... ¿Cuestión de idiosincrasia o tópicos?)


lunes, 14 de marzo de 2016

Izaskun Gracia Quintana: Crónicas del encierro

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: Recomendable

Hace algunos años, y durante algunos años, tuvimos el placer y el privilegio de que Izaskun Gracia Quintana (aka "Izas") fuese la Gran Dama de ULAD: quien bucee en los archivos de los años 2010, 2011, 2012, verá que una de cada cuatro reseñas aproximadamente lleva su firma. Así que reseñar ahora su primer libro de relatos (no "su primer libro", porque ya ha publicado varios poemarios) es un acto de justicia que nos llena de orgullo y satisfacción.

Pocos libros he leído últimamente en los que el título describa mejor el contenido que en estas Crónicas del encierro. Porque, de hecho, los relatos que componen este libro son en su mayor parte un conjunto de variaciones sobre el tema del aislamiento, el enclaustramiento, el secuestro, la reclusión, voluntaria o involuntaria, y sus consecuencias físicas y mentales (un tema, por cierto, que comparte con Iván Repila y su Niño). En "Tap" (el relato que abre el volumen), es un hombre tumbado en una cama; en "El vestido azul", una mujer que hace recuento de las posesiones de su madre, a la que ha cuidado incansablemente durante años; en "El pozo", son dos niños que juegan en un túnel subterráneo; en "Diario nocturno", un hombre que sufre una extraña enfermedad que no le permite salir de casa durante el día...

Hay algunos relatos que escapan a esta temática del encerramiento, entendida en sentido literal (aunque quizás no tanto si lo interpretamos en sentido metafórico): en "Barcos hundidos", un hombre con una casi completa falta de empatía relata entrecortadamente su relación con sus padres, con su hermana, con su novia... Y en "Vacaciones", una niña aparentemente inocente se prepara para irse de viaje con sus padres, y descubre que le faltan unos lapiceros...

Pero en los cuentos de Izaskun Gracia casi nada es inocente. Es un libro claustrofóbico (¡claro!), explícito, directo y cruel. Ya, ya sé que me repito, porque también dije que era cruel el libro Modelos animales de Aixa de la Cruz, y El límite interior de Nere Basabe, y Cicatriz de Sara Mesa... Pero es sin duda con Aixa de la Cruz con quien tiene más similitudes, por su forma gráfica, desinhibida y hasta juguetona de presentar la violencia, la degradación física o mental. "El triángulo de cerámica" es el más explícito de los relatos, acercándose al final (aunque sin decidirse a entrar del todo) al territorio del gore tipo Hostel de Eli Roth.

No tengo la seguridad de si los cuentos están dispuestos en orden cronológico de escritura, pero da la impresión de que a medida que avanza el libro, van ganando peso, densidad y complejidad, dando vueltas en espiral alrededor del tema común. Así, "Tap" es casi un esbozo, muy desnudo, de la idea del abandono y la rendición física y mental; el mismo tema vuelve a aparecer en "El vestido azul", ya con más matices psicológicos, y luego en "Barcos hundidos", con una forma más poética y experimental, y por fin en "Diario nocturno", el relato más largo del libro, con algunas implicaciones psicológicas, distópicas y hasta post-apocalípticas más insinuadas que exploradas.


En algunos aspectos se puede notar, quizás, que Crónicas del encierto es un primer libro de relatos: creo que en el futuro veremos a Izaskun Gracia Quintana escribiendo relatos (o novelas) en los que haya un mayor desarrollo de los temas y de los personajes, una mayor experimentación con la técnica, el punto de vista, la voz o el estilo, y también relatos en los que las tensiones y las violencias sean más sutiles y subterráneas, pero no por ello menos terribles. Está claro en todo caso que, como poeta o como narradora, Izaskun está aquí para quedarse. Y nosotros encantados de que se quede, claro.

También de Izaskun Gracia en ULAD: Artikoa / Ártica

domingo, 13 de marzo de 2016

Juan José Saer: Nadie nada nunca

Idioma original: español
Año de publicación: 1980
Valoración: recomendable

Primero: no estamos ante una novela del calibre de El entenado. Quien quiera una revisitación de esa épica aquí no va a encontrarla. Porque Nadie nada nunca no es un libro fácil y desde luego no lo es para acceder al mundo del escritor argentino fallecido en París en 2005.
Segundo; precisamente esa versatilidad dice mucho a su favor. Pocos escritores son capaces de manejarse tan bien en contextos tan diferentes. Ese es un motivo de estímulo, quién sabe qué se esconderá tras una tercera lectura de Saer, si otra sorpresa, o (he fisgoneado en la red) alguna obra relacionada con esta, que comparta personajes, situaciones o atmósferas. 
Atmósferas. La que inicia el libro es asfixiante. Febrero en el cono sur. Cerca del río: un aplastante calor. Bonita ilustración de la portada, con los elementos del libro. El Gato Garay (sólo avanzado el libro sabremos su apellido) en calzones. El bayo amarillo, caballo del que está cuidando. Porque algo está pasando en la zona. Alguien se acerca a los caballos y los mata de un tiro en la cabeza. Luego ha empezado a destriparlos. Nadie tiene idea de quién puede hacerlo, nadie ni siquiera puede concebir motivos para tanta crueldad. La expectación ante estos crímenes no  condiciona la vida. Conviven con esa violencia en el ambiente, pero las existencias discurren sin novedad aparente. Todas. La del Gato y su novia, disfrutando de un dolce far niente solo  aderezado por el sexo y la curiosa actividad consistente en rellenar por orden alfabético direcciones en sobres que acabarán conteniendo no se sabe muy bien qué. Las de otros personajes como el vigilante de la playa, observador de lo que acontece, o el Caballo, policía de métodos expeditivos que es convocado para ayudar en la resolución de los crímenes, y que acaba siendo directamente afectado por uno de elos. Pero no hay que engañarse por tanta concreción como parece manifestarse en esta sinopsis. Porque Saer estaba decidido a jugar con el lector, a hacer que éste dudase en todo momento. Y los recursos al servicio de este juego son variados. Una tonalidad falsamente anodina, como si el texto pesase como el calor ambiental. Una sensación vagamente enfermiza, irreal, donde todos los personajes están paralizados por un horror que no les ataca directamente. Donde flota un halo de desconfianza y de estupor, como si se temiera que los animales sacrificados son símbolos o incluso preámbulos. Se repiten párrafos, frases, descripciones, las veces que haga falta para obtener el efecto preciso. Un efecto mísero y miserable. Turbio e inquietante. Los bidones semienterrados, los neumáticos tirados en el suelo, a nadie le preocupa esa estampa. Nadie quiere manifestarse ni dar un paso adelante, todos parecen querer ampararse en el anonimato antes que hacerse notar, para peor.
Cuesta emparentar a Saer en una generación. Su condición de exiliado le permitía ser directo y, en cambio en Nadie nada nunca opta por jugar a la mera sugerencia. Un personaje secundario se llama Videla. Una de las especulaciones sobre la muerte de los animales es la presencia de militares. Caballo, el personaje, parece un siniestro especialista de la ESMA. Sin ser una novela perfecta, su lectura permanece en la memoria y no importa volver atrás en los párrafos y constatar las virtudes narrativas de un escritor desacomplejado y consciente de que al otro lado serán comprendidos sus trucos y sus trampas.

También de Saer en UnLibroAlDía: Cicatrices, El entenado, La pesquisa, La grande

sábado, 12 de marzo de 2016

Jorge Manrique: Coplas a la muerte de su padre

Idioma original: español
Año de publicación: 1.476?
Valoración: Imprescindible


Vaya por delante que la poesía no es ni mucho menos mi fuerte. Tuvo su momento, la disfruté y luego esa etapa pasó, quedándome con algunas cosas maravillosas, casi todas de la poesía española de la primera mitad del siglo XX, y algunas delicatessen de otras épocas. Entre ellas, ésta que traigo ahora al blog. 

Jorge Manrique nació a mediados del siglo XV y dedicó la mayor parte de su vida a guerrear, como era menester en cualquier caballero castellano. Esto le otorga, desde mi punto de vista, un mérito añadido a su talento: imagino que es más fácil escribir versos estando horas perdidas mirando las nubes y los pajarillos que hacerlo en ratos sueltos, justo tras haber salvado el pellejo cruzando los aceros en una batalla. Pero también podría ser al contrario, quién sabe.

Porque parece ser que este señor no era lo que hoy llamaríamos un poeta a tiempo completo, sino que escribía cosas un poco a salto de mata, según se le iban ocurriendo, y por el puro placer (o necesidad) de expresar sus sentimientos. Así que, según compruebo en la venerable edición de Cátedra -que incluye todo lo que escribió-, su obra poética es bastante reducida, en su mayor parte de temática amorosa o ligeramente burlesca. Cosas que, sinceramente y sintiéndolo mucho, no me interesan para nada.

Pero Manrique escribió también una cosa brutal: las Coplas a la muerte de su padre, una de esas obras que quedan grabadas a fuego, casi seguro en la memoria, pero sobre todo en el corazón. Y no ya por su calidad literaria (métrica, rima, estructura), que no me siento capacitado para valorar, sino por su carga emocional. En mi caso, en la profundidad de esa huella influye seguramente el hecho de haber leído las Coplas por primera vez de joven, momento apropiado para que hiciesen diana la sencillez del mensaje y un asunto sensible como la pérdida de un familiar; pero después lo he recuperado en varias ocasiones, y el efecto, aunque distinto, ha sido de similar envergadura.  

Don Jorge escribe la elegía con profundo dolor por la desaparición de su padre, el maestre Rodrigo Manrique, por lo visto a causa de una cruel enfermedad. Es muy probable que casi todo el mundo conozca cómo empiezan los versos (aquello de 'Recuerde el alma dormida…'), o ese 'cualquiera tiempo pasado fue mejor', que se ha hecho célebre durante siglos, aunque no siempre bien interpretado.

La primera parte se dedica a reflexionar sobre la vida y la muerte, con el tono de envidiable sosiego y entereza que Manrique transmite a lo largo de todo el poema. Utiliza la metáfora de los ríos (las vidas) que tienen su fin inevitable en el mar (la muerte), y añade algunas cosas llamativas:

Allí los ríos caudales
Allá los otros medianos
Y más chicos,
A llegados son iguales
Los que viven por sus manos
Y los ricos.

Y redondea cómo a los señores y poderosos

Así los trata la muerte
Como a los pobres pastores
De ganados.

Bueno, no es que Manrique fuera un peligroso izquierdista, los versos tienen un significado más bien religioso, pero no dejan de sorprender estas cosas dichas en el siglo XV. Y, lo mismo que hace respecto a los dineros, insiste en esa perspectiva de restar importancia a aquello que tanto valoramos en vida: la belleza, la juventud, las tierras, incluso los honores, cosas que se esfuman con la muerte sin dejar rastro,

Pues se va la vida apriesa
Como un sueño.

(acaso nos suena a Calderón, dos siglos más tarde?)

En realidad, esta primera parte es la expresión lírica de una idea recurrente en el cristianismo (y adoptada con más fidelidad por la doctrina católica), aquello de 'vanidad de vanidades', y las Coplas lo van adornando con sucesivos ejemplos, siempre con su estilo sencillo y cercano. Se diría que los versos no surgen de una mano especialmente virtuosa, sino de un tipo normal que dispone del don de expresar su dolor con una belleza natural.

Cierto que luego se explaya con un amplio repaso a diversos hechos de armas y personajes históricos -un cierto ejercicio de erudición-, a los que va aplicando la sentencia inexorable de verlos reducidos al polvo. Supongo que esta parte tendrá más interés para un estudio más académico, pero a nivel lector, digamos que pierde algo de fuelle. 

Sin embargo, lo recupera en la parte final, y de qué manera, cuando narra la muerte del padre, poniendo énfasis en su persona y su fe religiosa. Las últimas estrofas resultan realmente emocionantes, con una especie de retrato del lecho mortuorio muy impactante, siempre construido a base de sencillez. Pero para no cansar a los amables lectores –que ya veo gestos de apercibimiento en el palco-, me quedaré con los últimos versos, que creo que son las palabras más bellas que pueden dedicarse a un ser querido que nos ha abandonado:

Que aunque la vida perdió 
Dejonos harto consuelo 
Su memoria

Es difícil encontrar palabras más profundamente reconfortantes como colofón a un poema sobre la muerte. 

Son sólo cuarenta estrofas, se tarda sólo un ratito en leerlas y bien merecen esa pequeña dedicación. Y bueno, para qué quieren ustedes más, ni siquiera hay que comprar el libro, está en mil sitios de internet y, si nos ponemos, el gran Paco Ibáñez hizo una memorable versión reducida, con el mérito de captar inmejorablemente el tono de las Coplas.

viernes, 11 de marzo de 2016

Colaboración: El Idiota, de Fiódor Dostoyevski

Idioma original: Ruso
Título original: Идиот, Idiot
Año de publicación: en serie, entre 1868 y 1869
Valoración: Imprescindible

Imaginaos un bólido de extrema pureza colisionar de lleno ante las puertas del mismísimo infierno y ahí tendréis El Idiota. ¡Qué cosas no sucederán!

Dostoyevski junta en su protagonista todo lo que es noble en este mundo y cual muñequito anaranjado de Google Maps, le arroja sin dilaciones al vacío haciéndolo estrellarse en el San Petersburgo de mediados de siglo XIX, donde la perfidia, el vicio y los matrimonios de interés son pasto de todos los días.

La historia amanece cuando nuestro querido príncipe Myshki , último en su linaje, sin un kópec en el bolsillo y con un hatillo cargado al hombro, retorna a la Madre Rusia tras cuatro años de tratamiento a su idiocia en las montañas suizas. Su enfermedad de idiota, no obstante, remite parcialmente a lo que hoy en día calificaríamos de cuadro epiléptico de severidad media. La acepción moral del epíteto que titula la obra es sin duda lo que la convierte en imperecedera y en un clásico de la literatura universal.

¿Es un alma pura un idiota por antonomasia? ¿Es el destino irremediable de un Jesucristo que camina por la Tierra y fraterniza con la sociedad de su época, terminar clavado en la cruz?

El autor le dedica casi un tercio de este ladrillo literario (lectores de playa abstenerse, los rusos son raza misteriosa y escriben para ser efectivamente leídos) a las primeras veinticuatro horas de contacto de Myshkin con la humanidad. Luego, hecho el mundo, Fiodor se arremanga. Y es que Dostoyevski no es solamente el dueño del escalpelo más brillante en el arte de la disección del alma humana. Es además un carnicero.

Sin apremio por meros triángulos amorosos el autor erige colosales heptágonos desbordantes de locura, tragedia y pasión. Uno tras otro sus personajes son llevados al cadalso y encaramados al potro de la tortura emocional para luego después, palmaditas en la espalda mediante, apearlos a sus buenas suertes en el dichoso caso de supervivencia.

Los más avezados “intelectualoides literalitos” siguen insistiendo en discutir si el opus magnum de Dostoyevski es Crimen y castigo o Los hermanos Karamazov, pero yo coloco a El Idiota cuando menos a la par de estos dos gigantes. El sayo genial y hecho a medida de la omnipresencia psicológica permite que la historia fluya sin perder intensidad en ningún momento. Revolviéndose en la tormenta se intuye la pregunta fatal: ¿Somos dignos de Dios?

Otras obras de Fiódor Dostoievski en ULAD: Aquí

Firmado: Renzo Sclavo

jueves, 10 de marzo de 2016

John Banville: El intocable


Idioma original: inglés
Título original: The Untouchable
Año de publicación: 1997
Traducción: José Antonio Molina Foix
Valoración: muy recomendable



He de decir que a punto he estado de etiquetar este libro como "biog vez de como "novela", porque el "intocable" del título, el personaje alrededor de la cual gira la historia, está basado, sin apenas algún disimulo, en el espía británico Anthony Blunt, ex-caballero de la Corona Real británica, crítico e historiador del arte experto en Poussin, profesor universitario, conservador de la colección real inglesa de pinturas -y asesor de la reina-, espía a favor de los servicios secretos soviéticos desde los años 30, formando parte de los llamados "cinco de Cambridge", y desenmascarado públicamente como tal por Margaret Thatcher en 1979 (aunque ya había sido descubierto quince años antes). Aparecen también, con otros nombres, personajes célebres de la época -o basados en ellos- como el también espía Guy Burgess, el novelista Graham Greene o el "padre" de la inteligencia artificial, Alan Turing... entre otros cuya auténtica identidad sin duda se me escapa.

En realidad, no sé hasta qué punto este libro es lo que llaman un roman à clef; más que nada, porque no he leído las verdaderas memorias de Blunt, que fueron editadas unos años más tarde, en 2001, y cuya autora, Miranda Carter, también aparece en la novela de Banville (de hecho, cabe la sospecha de que éste, al enterarse de que Carter estaba escribiendo también la biografía de Blunt, y con su colaboración, decidiera incorporarla como personaje en su novela). Para empezar, el autor irlandés se lo lleva a su terreno y convierte al espía, aquí llamado Victor Maskell en oriundo del Ulster, aunque hijo de un pastor protestante y emparentado con la reina (me refiero a la madre de Isabel II, no a ésta), lo que le da acceso, junto con su esmerada educación en Malborough y Cambridge a los círculos de la "buena sociedad" británica. Es en esta ciudad universitaria donde, a partir de su preferencia al selecto -y casi secreto- grupo de "Los apóstoles" donde se convierte al marxismo y es reclutado por el espionaje soviético (igual que sucedió con Blunt, en este caso). Tampoco es que Maskell se nos presente como un comunista convencido y mucho menos de las posibles virtudes de la Unión Soviética -de hecho, se confiesa "marxista monárquico"-; eso sí, una vez tomada la resolución de espiar para ésta, es absolutamente leal a su decisión.

Que tampoco espere nadie una trepidante novela de espías, ni siquiera a lo John Le Carré; El intocable es casi una novela intimista, en la que tienen más peso las remembranzas, las sensaciones, las revelaciones... el paso del tiempo (tanto el cronológico como, de forma sorprendente, aunque  en absoluto incongruente, el atmosférico). En realidad, no es una novela -sólo- sobre el espionaje y sus dobleces; ni sobre la homosexualidad y también sus dobleces -sobre todo en la época de la que se habla-; ni sobre la familia y sus... cómo no, dobleces. Ni sobre las relaciones humanas. Ni sobre el amor... Es ante todo, una novela sobre la memoria y sus ingobernables recuerdos; cómo la engañamos o nos engañamos con ella, como la falsificamos hasta no poder discernir lo que ha sido verdad de lo que no, como un cuadro que atribuimos a una mano maestra, aunque esa certeza sólo la tengamos nosotros... o ni siquiera.

He dejado para el final el aspecto más destacable de la novela, tan obvio para quien conozca la obra de Banville que tal vez no debería ni mencionarlo: lo magníficamente que está escrita; de hecho, no creo que se pueda escribir mejor. Quizás sí con más brío, más tripas o más ingenio. Se podrá escribir de manera más "sincera" -espinoso asunto, si hablamos de ficción- o más artificiosa, más cruda o más elíptica; lo que sea que prefiera cada cual. Pero mejor que lo que escribe Banville, no: es imposible.

Otros libros de John Banville/ Benjamin Black reseñados en Un Libro Al Día: El otro nombre de Laura, El mar, El lémur, El libro de las pruebas, Antigua luz, En busca de April, La guitarra azul, Regreso a Birchwood

miércoles, 9 de marzo de 2016

Richard Hughes: Huracán en Jamaica

Idioma original: inglés
Titulo original: A High Wind in Jamaica
Año de publicación: 1929
Traducción: Amado Diéguez
Valoración: recomendable

Los epítetos tienen la culpa. Determinados libros los reciben por doquier. Y uno se fija en cierta insistencia por distintos cauces, se documenta por la red (y es claro que somos muchos los que disfrutamos con reseñas extremas, entusiastas, a veces cegadas por vaya a saber qué motivos). Y uno sale de la biblioteca (o incluso de la tienda) con el libro en el bolsillo (este, en concreto, cabe) henchido de ilusión, Y uno se sienta entusiasmado a corroborar o a justificar lo leído en aquella opinión que finalmente nos ha decidido, ha hecho que nos decantemos por ése y no por otros muchos (demasiados) que esperan su turno.

Y uno puede, un poquito, decepcionarse. Solamente un poquito, porque no acaba de entender ciertos calificativos algo exacerbados. Puede que no haya entendido ciertas cuestiones. Puede que se haya perdido segundas lecturas o que, simplemente, porque el libro ya se acerca al siglo de antigüedad, que todo lo que sugiere no lo sugiera con la claridad meridiana y poco sutil a la que estamos acostumbrados hoy en día. Somos brutos, somos directos, en la TV ya suelta todo el mundo palabrotas y se llama a las cosas por su nombre. Y simplemente nos cuesta concebir que no hace tanto, si un autor no quería ser calificado de obsceno, debía emplear partes sustanciales de su talento en diluir ciertos aspectos. Aspectos que pueden dejarse en el aire, y así todo el mundo puede especular. En Huracán en Jamaica esa especulación bordea el tabú de las relaciones entre niños y adultos.
Emily es la hermana mayor de otros cuatro niños. Tras un huracán que ha arrasado su casa, sus padres, ingleses, han entregado a los cinco niños, junto a otros dos, para que un barco los lleve a Inglaterra. Pero el buque es interceptado por un barco pirata, capitaneado por Jonsen, danés, que toma el botín y secuestra a los niños. Y la narración se cimenta en esos meses de convivencia, en la adaptación de los niños a su nueva situación, en las cosas que vemos que les suceden y en las que Hughes sugiere que pueden estar sucediendo. Lo cual, para mí, y vistas algunas reiteradas menciones recientes que he leído, resulta un poco equívoco, Desde luego existe esa tonalidad inocente en la descripción de los hechos, y ésta cuenta con el contrapunto ocasional de menciones de situaciones, digamos, adultas. Los niños pasan tiempo confinados. Uno de ellos muere. Otra, Margaret, es mencionada como amante de uno de los lugartenientes del capitán. Hay un crimen a sangre fría. Aparte de toda la actividad propia de la piratería. Pero la duda está suspendida sobre cada una de las acciones y no estamos muy seguros si las situaciones son las descritas.

Huracán en Jamaica recuerda un poco a ciertas novelas de descolonización (de Waugh, por ejemplo) y el humor negro combinado con esa intención ambigua son sus mejores bazas. Pero me temo que ya hemos perdido (culpemos o responsabilicemos al aluvión de oferta de la cultura contemporánea, tanto literaria como audiovisual) la capacidad de escandalizarnos con algunos de sus planteamientos. Recomendable, por supuesto, como experiencia, aunque alguna de las consecuencias de su lectura sea constatar cómo el tiempo le ha pasado factura.