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sábado, 31 de enero de 2026

Rita Bullwinkel: Golpe de luz

Idioma original: inglés

Título original: Headshot

Año de publicación: 2024

Traducción: Ce Santiago

Valoración: bastante recomendable 

Ocho chicas se enfrentan unas a otras en el Trofeo de las Hijas de América que celebra la Asociación de Boxeadoras Juveniles y que tiene lugar en un cochambroso gimnasio de Reno, Nevada. Ocho jóvenes boxeadoras, lo que significa cuatro combates para decidir las semifinalistas, dos semifinales y por supuesto, la gran final -bueno, grande de no celebrarse con apenas asistentes en un, como digo, cochambroso gimnasio que responde al pomposo nombre de "El palacio del boxeo de Bob"-; siete combates en total, que son los que articulan esta novela. Es decir, la acción se circunscribe, prácticamente, a esos sietes combates, pero en la novela, claro está, se nos cuenta mucho más que las evoluciones físicas de las boxeadoras, los golpes y los puntos que van ganando -que también-: se centra sobre todo, en la personalidad y las vivencias de las ocho chicas, llegadas desde distintos rincones de EE.UU. En su personalidad o, mejor dicho, en diferentes aspectos que sumados, pueden darnos al menos un atisbo de ésta: sus anhelos, sus actitudes ante la pelea y ante la vida, su percepción de lo que las rodea, su pasado y su futuro...

Podría decirse, pues, que la novela nos ofrece una suerte de muestrario o catálogo de jóvenes protagonistas (todas lo son en esta novela), de caracteres diversos, de formas de ser femeninas... pero quizá no sea ésa la intención de su autora o, al menos, la intención principal. En el fondo, y pese a sus diferentes orígenes, aspecto, talante y habilidades pugilísticas, todas las boxeadoras quieren lo mismo: autoafirmarse y ser respetadas o, cuando menos, aceptadas, por los demás. Es decir, a lo que aspiran todas las mujeres, de cualquier edad, pero también todos los hombres -y, más aún, si cabe, las personas no binarias-, ya sean el tipo más rico del mundo o unas adolescentes que practican un deporte minoritario para las chicas en Tampa, San Diego o Dallas.

La novela, escrita con un pulso y una tensión admirables -o si lo preferís, con un eficaz punch, que te noquea después de mantenerte a raya con una serie de jabs y castigarte el hígado con un gancho corto- no llega a hacerse repetitiva, pese a su estructura recurrente porque Rita Bullwinkel pone mucho cuidado en que cada combate difiera de alguna manera del anterior, abordando en su narración aspectos diferentes o siendo más o menos detallado con la descripción técnica. Aún así, hay que decir que los primeros se leen con un interés casi febril que decae un poco en los siguientes, una vez asumida la originalidad de la narración. Y también que algún que otro combate, de ocho asaltos, se hace un pelín largo, aunque eso también contribuye a comprender la sensación de agobio e impotencia de la boxeadora que va perdiendo, supongo. En todo caso, aviso:  si se comienza esta novela -que, de todos modos, se lee en poco tiempo porque consta de menos de doscientas páginas- resulta casi imposible no acabarla, creo yo; no puede uno dejarla hasta saber quién ha ganado el torneo. El premio para la vencedora puede no ser más que una copa dorada de plástico, pero también la empatía de todo aquél y aquella que lea esta obra.

miércoles, 15 de enero de 2020

David Coventry: La milla invisible

Idioma original: inglés
Título original: The Invisible Mile
Año de publicación: 2015
Traducción: Íñigo F. Lomana
Valoración: recomendable

Puesto que nuestro compañero Koldo, que es a quien correspondía, inauguró con Ruedas de fortuna las reseñas de temática ciclista en ULAD, continuaremos por esa senda... es decir, ruta, pese a que yo hace tiempo que no soy practicante de tan noble deporte, consistente en subirte los domingos por la mañana a un velociclo que puede costar lo que un coche de pequeña cilindrada, pedalear 30 ó 40 kms. hasta algún bar famoso por sus almuerzos y carajillos, y ponerte tibio, sabiendo que vas a quemar las calorías en el trayecto de vuelta... Es broma: el ciclismo es tesón, lucha, sacrificio, épica, encontrarse con uno mismo y con el mundo, y no sé cuántas cosas más... pero todas, TODAS, las podéis encontrar en esta primera novela del neozelandés David Coventry, que nos cuenta, precisamente, la primera vez que un equipo de habla inglesa, formado por australianos y neozelandeses, tomó parte en el Tour de Francia, en 1928. 

Aunque mejor debería poner "formado por australianos y neozelandés", porque en el equipo real, de cuatro corredores, tan sólo había uno de esa nacionalidad; pero Coventry se inventa a otro de su mismo país, un quinto ciclista del que no sabemos el nombre, a pesar de que se convierte en el narrador y protagonista de la novela. De su mano recorremos l'Hexagone (y de verdad, siguiendo su perímetro y sin saltos fulleros entre etapas) por sus llanuras y montañas -ay, ese Tourmalet-; sus pueblos y sus ciudades... y también sus campos de batalla, porque la Gran Guerra aún está muy presente en las cicatrices del país y el ánimo de sus gentes; también en el del protagonista de la novela, ese quinto ciclista de las antípodas que por su edad no llegó a participar en la contienda, pero no puede olvidar el efecto causado en su hermano Thomas, veterano de guerra.

Este recuerdo de la sangrienta guerra constituye, junto con la peripecia de la propia competición, una de las patas sobre las que se asienta la novela, pero también lo es la obsesión que siente el joven ciclista hacia dos enigmáticos personajes: Louvière, carismático corredor franco-argelino, y una mujer llamada Celia que sigue a la caravana del Tour por toda Francia y que entabla una relación, cuando menos peculiar, con el protagonista-narrador. Quien, por si fuera poco, también corre atormentado por otra circunstancia: la muerte, unos años antes, de su hermana Mayra, de la que no sabemos si se hace responsable a sí mismo, a su hermano o qué puñetas le pasa... Porque todas estas obsesiones y tormentos las vive el pobre chaval entre medias de una carrera de una dureza apabullante, de etapas interminables y encadenado a un artefacto con ruedas que nada tiene que ver con las modernas bicicletas de fibra de carbono y cuyas averías y pinchazos debía reparar el mismo ciclista. Una carrera que se convertía también en una batalla, contra el propio cuerpo, en un inclemente trabajo de Sísifo que en la novela adquiere casi una corporeidad de deidad antigua, juez y verdugo de los infelices mortales, de tal manera que para sobrellevar su castigo  aquellos "esforzados de la ruta" se veían obligados a tirar de cocaína, de anfetas, de éter... incluso de simple vinacho, para aguantar. Todo ello vivido con redoblado sufrimiento por nuestro prota, porque Coventry es un escritor de los, digamos, "intensitos"...

Entiéndaseme: no estoy sugiriendo que sea un mal escritor, todo lo contrario... Ojalá yo escribiera tan bien como David Coventry, con esa mencionada intensidad, seco lirismo y desgarro. Es más: ojalá todos los escritores noveles (aunque el hombre ya es talludito, por más que éste sea su primer libro) y más de uno de los nobeles escribieran tan bien como David Coventry. Sólo que, en mi opinión, la historia se enreda demasiado, se va por las ramas cual barón Cósimo de Rondó, con tanta preocupación de su cuitado protagonista, cuando en realidad lo que funciona como un tiro es la narración de la carrera en sí, una epopeya sin sentido sobre héroes que se caen por tierra, que vomitan, se desmayan, se torturan a sí mismos sin saber muy bien por qué, odian lo que están haciendo pero tampoco son capaces de bajarse de la bici y mandarlo todo al cuerno... (y por aquel entonces no había tele, así que sus esfuerzos ni siquiera servían para que los espectadores nos echáramos unascsiestas de campeonato... Qué injusta es la vida).


Los auténticos titanes de la ruta, junto a un montón de admiradores a pie.

viernes, 24 de mayo de 2019

Sherman Alexie: El diario completamente verídico de un indio a tiempo parcial

Idioma original: inglés
Título original: The Absolutely True Diary of a Part-Time Indian
Año de publicación: 2007
Traducción: Clara Ministral
Valoración: entre recomendable y está bien

Para quien no lo conozca, Sherman Alexie es un escritor indio (me refiero a "nativo americano", no a oriundo de la India, pero empleará en la reseña el término "indio" porque es el que él utiliza), autor, hasta donde yo conozco, de varios libros de cuentos y de al menos una estupenda novela con formato de thriller, Indian Killer, aunque en realidad, como toda su narrativa, trate sobre los problemas de su comunidad y sobre las vicisitudes que acompañan a las identidades culturales minoritarias. Lo mismo ocurre en el caso del libro que nos ocupa, en principio una novela destinada al público juvenil y que, además de ganar el National Book Award de su categoría en 2007, tiene el doble y gran honor de haber sido considerado por la revista Time como "el mejor libro para jóvenes de todos los tiempos" y, por otra parte, figurar en un lugar destacado de la lista de libros prohibidos que recopila anualmente la American Library Association (qué os voy a decir, también está Matar a un ruiseñor...); ¿las razones? Pues contenido sexual explícito (básicamente onanista, puntualizo) y blasfemias contra diversas instituciones e incluso la religión (vale, hay un chistecito sobre Jesucristo, tampoco es para tanto... aunque supongo que en sitios como Alabama se los tomarán a mal). 

La verdad es que a tenor de lo que nos cuenta la historia, unas cuentas blasfemias es  lo menos que podríamos esperar de su protagonista, un chaval de catorce años llamado Arnold Spirit Junior, que vive en la reserva Spokane, en el estado de Whasington; además de los problemas inherentes a la comunidad en la que ha nacido (al racismo y la pobreza generalizada que padecen, en  la población de indios norteamericanos el alcoholismo y las muertes violentas asociadas a éste constituyen una auténtica pandemia), Junior nació con hidrocefalia, que, pese al pertinente tratamiento médico, le aparejó una serie de problemas físicos, locomotores y logopédicos que le convierten, a ojos de sus vecinos de la reserva, en el chivo expiatorio perfecto para descargar en él todas sus frustraciones y administrarle abusos tanto físicos como verbales... vamos, que le canean un día sí y otro también, pese a la protección de su familia y su único amigo, el muy conflictivo Rowdy. Junior, que aunque lo parezca no tiene un pelo, decide un buen día, aconsejado por un profesor, abandonar el instituto de la reserva y matricularse en el de Reardan, un pueblo a 35 kms. de distancia. Un pueblo lleno de blancos, por lo que se convierte en el único indio y posiblemente el alumno más pobre del instituto.  

Esta novela, escrita en forma de diario, trata justamente de lo que le sucede a Junior ese primer año en el instituto de los blancos, de las dificultades con las que se encuentra y cómo las afronta. También las tragedias que, por desgracia, vive su familia, los sinsabores y momentos tristes, que aúna sí, en muchas ocasiones están contados con un humor algo negruzco (no sé si será típicamente indio) que le concede a este libro un sabor agridulce. En todo caso, este truco del "diario adolescente" o al menos de contar la historia desde la primera persona de un chaval, es muy habitual, tanto en exitosas pero inocuas series de libros (El diario de Greg, Diario de Nikki...), como en otros no menos exitosos y que incluso trascienden el público adolescente, como el para mí algo irritante El curioso incidente del perro a medianoche; en comparación, El diario completamente verídico... resulta más adulto y posiblemente más sincero -en el sentido de que es más que probable que recoja buena parte de la experiencia vital de su autor-, pero, a pesar del tono desenfadado y hasta cómico en ocasiones, no resulta tan hilarante como otro de los hitos de este "subgénero": El diario de Adrian Mole (uno de los libros con los que yo más me reí en mi adolescencia).

En fin, que al contrario que la opinión sin duda bienintencionada pero sin lugar a dudas estúpida de tanto profesor, orientador o bibliotecario norteamericano que consideran este libro pernicioso para los jóvenes, a mí me parece de lo más aconsejable para la muchachada.  Dejando a un lado (o mejor, sin dejar  a un lado) el lenguaje sexualmente explícito, la violencia explícita, las menciones explícitas al alcohol y la crítica -en apariencia- hacia el orden mundial bienpensante, es un libro que pude servir de referente a cualquier chaval que deba desenvolverse en una situación en la que se ve convertido en  la minoría más débil; sea un indio o negro en un instituto de blancos, un inmigrante musulmán en la desconfiada Europa, una chica en una ámbito mayoritariamente masculino o un discapacitado en un mundo de supuestos "capacitados". Pero sobre todo, es un libro que puede servir para educar a quienes constituyen o creen constituir la mayoría, para aprender a ser más tolerante y respetuoso con todo el mundo, que es de lo que se trata; para ser menos gilipollas,vaya... que diría Junior y suscribo yo...

¡Ah, y tiene dibujicos, que siempre dan alegría!


miércoles, 15 de agosto de 2018

Manuel Alcántara: La edad de oro del boxeo

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: Está bien

Olvídense, por favor, de la horrenda cubierta. Dejemos de lado también el confuso y erróneo título. Y, a ser posible, intentemos soslayar, al menos durante unos minutos, el debate sobre si el boxeo es un deporte, su brutalidad y todas esas cosas. Sólo pido unos minutos para valorar estrictamente el contenido del libro, y luego ya habrá tiempo para lo demás.

Manuel Alcántara es un viejo periodista (creo que le han caído ya los 90) y también poeta, que acumula unos cuantos premios en ambas actividades. Como se puede suponer, a estas alturas el hombre ha recorrido todas las cabeceras de la prensa española, desde las épocas más densas del franquismo hasta la actualidad, donde escribe una columna diaria para el grupo Vocento (El Correo y unos cuantos más). Aunque le echo un vistazo de vez en cuando, tengo que confesar que no me gusta cómo escribe este señor, con ese humor un poco txotxolo (me ofrezco a definir el concepto si es menester) y esa afición a recrearse con continuos juegos de palabras, línea tras línea. Por lo demás, algunas de sus aficiones de siempre calcan el estereotipo masculino de unas décadas atrás: fútbol, toros y, por supuesto, boxeo.

La afición por el ’noble arte’ (venga, estupor y rechinar de dientes) le viene a Alcántara desde su infancia en Málaga, cuando contemplaba desde la ventana entrenamientos y peleas de púgiles aficionados, y ocupó después durante años buena parte de su actividad periodística. Es justamente este trabajo como cronista el que constituye la parte fundamental del libro: quince artículos de Alcántara relatando otros tantos combates (no ‘asaltos’, como dice el título) de una época brillante del boxeo en España, aproximadamente de mediados de los 60 a finales de los 70. Por si a alguno le suena y no ofende que los cite, por ahí circulan Legrá, Carrasco, Durán, Urtain o Evangelista, entre otros.

Si antes decía que no me gusta el estilo de don Manuel en su columna, me ocurre lo contrario con sus crónicas boxísticas. Son relatos ágiles, breves, construidos con los medios de la época, a partir de unas notas y a veces dictados por teléfono, que sintetizan de maravilla los combates y su entorno. A pesar de su brevedad -dos o tres páginas cada uno- Alcántara tiene la capacidad de transmitir la intensidad de los momentos más relevantes, sin abusar de la épica y usando con moderación de figuras retóricas, sólo lo imprescindible para dar altura al texto. Parece que estuviéramos viendo esos lances, a veces dramáticos, en blanco y negro, con el análisis certero de un tipo que indudablemente sabe un montón, pero se cuida de no apabullar con tecnicismos ni adornar en exceso sus crónicas. Aunque, eso sí, cuando recurre al ornamento lo hace con figuras bien medidas y a veces realmente afortunadas: 

‘Hay un silencio casi táctil, un silencio absorto, como el que se produciría si cesara de repente una catarata’. 

La lectura de los artículos de Alcántara es también un recorrido esclarecedor por la amplia etapa que abarcan. Detrás de cada línea se deja ver el respeto y la admiración hacia estos tipos que salen a partirse la cara, siempre gente de extracción humilde y que sueña con un éxito que pocas veces llega a algo más que la gloria efímera de unos cuantos combates ganados. Pero también se transparentan algunas de las miserias de ese mundo, esa trastienda que después de tantas películas tenemos todos tan interiorizada. Se descuelga Alcántara con una crítica feroz, indisimulada, a los combates decididos por puntos siempre a favor del púgil ‘de casa’, a veces con absoluta desvergüenza. Y ojo porque, en lo que se refiere a los artículos incluidos en el libro, el primer zasca, sereno pero nítido y demoledor, se proyecta contra una victoria de Pedro Carrasco en Madrid. Oiga, que no es nada corriente semejante sinceridad antipatriotera, y menos en 1971.

La objetividad de las crónicas no impide que en los textos quede huella del lado emocional del autor, y la combinación de las dos perspectivas es una de sus cualidades más notables. Como buen aficionado, Alcántara vibra con los lances, pero también se estremece ante combates especialmente brutales, se enfurece frente a peleas indignamente desiguales montadas sólo para hacer negocio, o se rebela frente a la indiferencia hacia los viejos campeones. Y sobre todo, no tiene empacho en cuestionarse el propio deporte, que es a veces ‘un disparate desde el punto de vista racional’. Manolo tiene clara la línea roja: tras recibir un buen repaso, el japonés Wajima va camino del hospital, y Alcántara jura que, si muere, será su última crónica de boxeo. Salvado Wajima, cumplirá la promesa un par de años después, cuando fallece en el ring el almeriense Juan Rubio Melero.

No pretendo convencer a nadie. Si a usted el boxeo le resulta aborrecible, nada positivo sacará de este libro. Si por el contrario le gusta, o al menos le es indiferente, pues bueno, es una pequeña colección de artículos muy bien escritos, que describen un deporte, una época y a un autor con personalidad. Ustedes mismos.

P.S.: Al final he puesto a Manuel Alcántara como autor del libro, aunque en realidad lo es sólo de las crónicas que he comentado. La recopilación es de los periodistas Teodoro León Gross y Agustín Rivera, que firman una pequeña introducción a cada texto y una entrevista al propio Alcántara (en la que el hombre, la verdad, desbarra un poquito). Cierra el libro un epílogo de José Luis Garci que, aparte de la firma de alguien más o menos popular, aporta poco o nada a la materia, se permite algunos comentarios que me parecen bastante irrespetuosos hacia Alcántara, y se adorna con una exhibición de erudición innecesaria y gratuita.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Manolo Carot & Rubén del Rincón: El boxeador

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: entre recomendable y está bien

Para un combate de boxeo, en principio hacen falta dos que peleen. Por tanto, en realidad un combate  es, como mínimo, dos combates distintos, de igual modo que una historia, la que sea, es tantas historias como personajes participan en ella  (recordemos el famoso cuento En el bosque, de Ryunosuke Akutagawa). Vale, ya lo sé: entonces, en el caso del boxeo tampoco habría sólo dos combates, sino tantos como espectadores lo contemplaran, incluido el árbitro... Pues sí, pero para lo que caracteriza este cómic que reseño hoy, no resulta demasiada práctica esa visión. Porque no se trata de un sólo cómic, sino de dos: uno frente a otro, como dos púgiles enfrentados en un cuadrilátero. O un solo cómic, puesto que es un único combate (sí, ya sé que me contradigo...).

En fin, que se decida en el ring: a su derecha, con pelo corto negro, patillorras de bandolero y mucha, pero que mucha mala leche, Rafa "Warmachine", un tipo que no sabe lo que es el miedo, y así le va. Huérfano recogido por una amiga de su padre que regenta un puticlú, busca sus límites, desdeñando incluso sus propias cualidades pugilísticas, porque donde esté un buen guantazo, que se quite la técnica...

A su izquierda, con tupé rubio y rasgos de Adonis, Héctor "el Guapo", formado para atleta olímpico, técnica perfecta, familia adinerada pero con problemas inconfesables. Ninguna derrota en su palmarés.

Dos estilos contrapuestos para dos historias contrapuestas que ya digo bien pueden ser la misma. Dos historias de aprendizaje y de rebeldía, de encontrar el propio hueco en el mundo aunque sea a costa de sacrificar lo que ya se tiene, aun  conseguido con no poco esfuerzo. Dos historias gozosas, al fin y al cabo, incluso para ambos protagonistas, pues ese combate que les enfrenta y hermana, pese al dolor y el esfuerzo, acaba por ser el momento más revelador que vivirán. Junto a ellos, una serie de secundarios en la tradición de las historias de boxeo y también, incluso, del género negro: Lau, el entrenador de vuelta de todo, que les descubre; la femme fatale; la jovencita enamorada; el amigo/rival (un Yazziz que adquiere una importancia fundamental, por otra parte)...

En cuanto a la parte gráfica, señalar que, aunque cada uno de los dibujantes se ha dedicado a uno de los protagonistas -Del Rincón a Rafa, con un estilo más rotundo, Manolo Carot a Héctor, tendiendo más a la abstracción y a cierta delicadeza-, el resultado es suficientemente homogéneo, pero sin resultar plano en absoluto, como para suponer un aliciente más a la hora de leer este cómic; sabiamente entintado en negro y rojo, sin más, obviando los fondos muy detallados -un acierto, sin duda- y dotando a las viñetas de una energía vibrante que, sin duda, merece este combate.

Ahora, a leerlo, antes de que suene la campana...








miércoles, 20 de septiembre de 2017

Gabriel Rodríguez García: Hasta la última suela

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: está muy bien


Aquí donde ustedes (no) me ven y, sobre todo, mi cuestionable forma física, yo también tengo mi pasado más o menos remoto de aficionado a la montaña, como es preceptivo en algunos lugares. Pero he de confesar que a mí lo que más me gustaba de la actividad montañera  era darme un garbeo entre hayedos, vacas y flores y luego comerme el bocata en buena compañía, más que hacer cima y, tras la foto y el pis de rigor, bajar otra vez a toda pastilla (no digo ya subir corriendo en plan Kilian Jornet, como se estila ahora). (*)

¿A qué viene este párrafo nostálgico y, lo reconozco, totalmente prescindible, como pensarán muchos de ustedes? Pues a que el autor de este libro de relatos, Gabriel Rodríguez, sí que parece ser un montañero merecedor de tal nombre, uno que se dedica a subir montes con más vocación y, sin duda, por razones más profundas y elevadas (valga la paradoja). Como además es escritor, ha tratado de plasmar estas motivaciones y sensaciones en una serie de relatos que se desarrollan, claro está, en plena montaña, protagonizada por unos personajes que, al menos en principio, tampoco se dedican a subirlas  para comerse el bocadillo arriba (con lo rico que está...).

Los cinco relatos componen en conjunto un panorama de diferentes épocas y variantes del alpinismo. Desde el viejo asturiano que recuerda a los pioneros de tal actividad en su pueblo, cuando él era guaje -por los tiempos de la República-, a la adolescente contemporánea enganchada a la escalada de paredes en vertical. Los otros tres cuentos de desarrollan en diferentes puntos del "camino del alpinista", por decirlo así: los Picos de Europa -vertiente lebaniega-, los Alpes y, por fin, uno de los ochomiles más legendarios: el Annapurna. En todos ellos el aspecto técnico de la escalada juega un papel fundamental en la narración; ahora bien, esta circunstancia, y el uso de una jerga tan específica no debe arredrar a los desconocedores de la misma. De hecho, los relatos que a mí más me han enganchado y mantiene, creo, mejor la tensión narrativa, son Las huellas de Gretti (no, no del Yeti) y Here comes the sun, que prácticamente lo único que cuentan es sendas escaladas  y no mucho más -sobre todo el primero-. Los personajes, no obstante, también han resultado muy logrados: una mención merece, por ejemplo, Koldo, el viejo tabernero bilbaíno que aparece en el último relato, Que el fin del mundo te pille bailando.

La pregunta podría ser: ¿Ha conseguido Gabriel Rodríguez dilucidar la razón por la que tanta gente se ve impulsada a subir a sitios donde se juegan la vida y en los que las circunstancias ni siquiera les permiten recrearse a contemplar el paisaje? Pues quizás no, pero no importa mucho: lo que deja claro el libro es que la causa es lo de menos; lo que importa es lo que se hace y no el por qué.  El formar parte, además, de una cordada de escaladores, desde que se comenzó a subir montañas sin tener obligación de hacerlos, de una cadena de historias, algunas ya convertidas en leyenda, que posibilitan que se puedan escribir libros como éste. El vivirlo con libertad, sobre todo.


(*)Quiero aprovechar para expresar mi admiración por don Carlos Soria, que si no es el alpinista y el deportista más grande que hay ahora en el mundo, se le acerca mucho.


Otros libros de Gabriel Rodríguez García reseñados en ULAD:Maestro, extraígame la piedra

martes, 15 de marzo de 2016

Joxemari Iturralde: Golpes de gracia

Idioma original: euskera
Título original: Perlak, kolpeak, musuak, traizioak
Año de publicación: 2015
Traducción: el propio autor
Valoración: recomendable

El tolosarra Joxemari Iturralde, veterano de las letras vascas y miembro, allá por los 70, de la llamada Banda Pott (famosa sobre todo por los célebres recorridos posteriores de varios de sus miembros) aborda en este su último trabajo las vidas de otros dos eximios guipuzcoanos, los boxeadores Paulino Uzcudun e Isidoro Gaztañaga, ambos naturales de pequeñas localidades cercanas a Tolosa, precisamente. Dos historias que se van entrecruzando a lo largo de los años 20 y 30 del pasado siglo... O mejor dicho, avanzan paralelas -de hecho, Gaztañaga se metió en el boxeo a imitación de su ídolo Uzcudun-, pero que nunca se encuentran, al menos sobre un ring.

La novela, escrita con el estilo poco florido, más bien sobrio y eficiente, de un púgil con la guardia bien colocada, avanza pues por dos líneas narrativas, o en realidad por tres, porque el contrapunto a las trayectoria de los dos púgiles lo ponen las opiniones de los miembros del tolosano club GU, que apadrinan en un principio a ambos. Aparte de a estos miembros de la burguesía industrial vasca, nos encontramos en la novela toda una pléyade de personajes variopintos, desde estrellas de cine, vedettes y cantantes de ópera a prostitutas, estafadores, fascistas y campesinos vascos. Los escenarios de la novela no son menos variados: desde caseríos a bistrots parisinos, desde fiestas -y alcobas- hollywoodienses a burdeles colombianos; grandes hoteles, trasatlánticos, restaurantes neoyorquinos, salas de fiestas habaneras, fondas donostiarras, ranchos y cortijos... y, por supuesto, rings de boxeo a lo largo de medio mundo, montados en velódromos, plazas de toro, frontones, pero también en el mítico Madison Square Garden, donde Uzcudun, por ejemplo, perdió ante el no menos legendario Joe Louis, "el Bombardero de Detroit".

Una novela, por tanto, que nos brinda una panorámica de lo más interesante sobre el apasionante período de entreguerras, sin olvidar, claro, el tema político, aunque éste no hace su aparición en la narración hasta que se produce el estallido de la Guerra Civil española, pero a partir de entonces lo ocupa todo. la razón es que Uzcudun, uno de los deportistas vascos más célebres y exitosos de todos los tiempos fue además un falangista convencido y como tal no sólo participó en acciones de guerra alistado en el bando "nacional" -incluyendo el frustrado intento de rescate de su líder José Antonio-, sino, al parecer, también en la represión contra los prisioneros republicanos y además se desentendió del destino de personas que le habían ayudado en el pasado, represaliados por sus ideas políticas... Un tema espinoso, parece, durante muchos años en la comarca de la que eran todos oriundos y sobre la que Iturralde habla sin ambages pero sin tampoco ensañarse (de hecho, tengo entendido que también hubo miembros de GU vinculados al falangismo, lo que explicaría un episodio un tanto enigmático que aparece en el libro y sobre el que el autor no da mayores explicaciones). Gaztañaga, por su parte, se encontraba en América al estallar a guerra y, aunque leal a la República, prefirió quedarse allí hasta ver que pasaba. siguiendo un criterio que no podemos censurar... Se cerró así la posibilidad de que ambos púgiles se enfrentaran en un combate, algo que nunca habían hecho ni llegarían a hacer, pese a que la idea se barajó durante años.

Porque ésa es otra: tras una amistad durante años, los dos boxeadores se enemistaron a raiz de una cena en el "Zeru Txiki" de Brooklyn... cabe suponer que cuando Uzcudun había llegado a su cénit pugilístico, mientras que Isidoro Gaztañaga se encontraba aún en ascenso -de hecho, se dice que éste tenía unas condiciones inigualables para el boxeo y que sólo su desidia e inconstancia entrenándose ponían freno a sus posibilidades-y podría haber ganado el título mundial que su paisano no consiguió conquistar. El final de ambos también resulta de lo más dispar y, desde luego, significativo de sus diferentes caracteres. Lo que sí tenían en común, aunque parece que Uzcudun era más formal que el muy golfo Gaztañaga, era su afición por las mujeres; a partir de su éxito en los rings, en el caso de Paulino, bastante anterior a ella en el de Isidoro -conocido en Estados Unidos como "el bello Izzy"- y que articula incluso toda la novela: todos los capítulos  llevan por título un nombre de mujer (aunque es cierto que no en todos los casos se trata de queridas o amantes ocasionales; también madres, esposas, hermanas...).

En suma, una novela interesante y fácil de leer que aporta una visión diferente y tal vez complementaria de parte de la Historia no sólo vasca o española sino de toda una época en la que el mundo se dirigía. entre risas de fiestas y tragedias, hacia su autodestrucción.

(Una última nota, quizás anecdótica pero significativa: en la anterior novela que reseñé en es te blog, El intocable, los personajes, que eran británicos, bebían como cosacos; en ésta, en la que muchos personajes son vascos, más bien comen como lobos hambrientos... ¿Cuestión de idiosincrasia o tópicos?)


lunes, 22 de diciembre de 2014

Colaboración: Open de André Agassi

Idioma original: inglés
Título original: Open
Año de publicación: 2009
Valoración: se deja leer

Vibrante como pocos. Inconmesurable. Hipnotizante. Maravillosamente escrito. Con estas aseveraciones de, entre otros, Rosa Montero, Juan José Millás o Alberto Espinosa deberíamos encontrarnos ante el libro del año como mínimo, cuando no del lustro o del siglo. Pues, lo siento, pero no. Open no es el libro del año. Un libro entretenido y a ratos incluso conmovedor, pero no mucho más. Porque conmovedor resulta que un ser humano que ha alcanzado el cielo con la práctica de un deporte tan exigente como el tenis confiese que lo odia con todas sus fuerzas, y que lo ha odiado desde el momento en que su padre, autoritario y egoísta, le obliga a practicarlo contra su voluntad. Despúes de ocho grand slams, mas de mil partidos jugados y veinte años como profesional, maltrecho física y emocionalmente, Agassi nos confiesa que sería feliz en cualquier sitio excepto en una pista de tenis. Y lo más patético es que para dejar el mundo del tenis atrás se casa con una tenista, Steffi Graf. Menos mal que por lo que parece no han querido que sus hijos se dedicarán también a la raqueta.

Dicho esto, Open no es una obra maestra de la literatura en inglés. El estilo es ágil y desprovisto de artificios, pero narrativamente no ofrece mucho más. No es un libro maravillosamente escrito como figura en la solapa. Como mucho es una lectura amena, pero lo es justo en la medida en que Agassi nos presenta su historia más íntima. Conocemos a su familia y le vemos crecer pegado a una raqueta de tenis. Contemplamos sus conflictos internos, el delicado equilibrio emocional de un adolescente navegando en un mundo de adultos para el que no está preparado. Más tarde asistimos a la lenta deriva de su primer matrimonio con la actriz Brooke Shields y la torpe aproximación posterior a Steffi Graf, pero la idea que sobrevuela el libro es la búsqueda desesperada de identidad de un deportista desorientado que busca refugio en una segunda familia: entrenadores, preparadores físicos, consejeros, que sustituya a la que nunca tuvo.

Agassi es, o al menos parece, sincero. Nos habla de sus triunfos y de sus fracasos y no intenta disculparlos. A veces puede resultar un poco frívolo, pero casi siempre se nos muestra como una persona insegura y vulnerable. Y es esa faceta humana del tenista la que sostiene buena parte del libro. El resto, que no es poco, son épicas descripciones de enfrentamientos con tenistas coetáneos como Sampras, Becker, Chang o Courier, por nombrar los más conocidos, que pueden interesar al aficionado al tenis, pero que son demasiado prolijas para el lector convencional. Confieso que he saltado páginas y páginas esperando que acabara de detallar como remontó o finalmente perdió tal o cual partido, dónde come sus hamburguesas preferidas o cómo se entrena subiendo y bajando cuestas alrededor de la casa de su amigo y preparador Gil en el desierto de Las Vegas. Porque Agassi creció y vive en Las Vegas, está casado con Steffi Graf y tiene dos hijos. Por si a alguien le interesa saberlo.

Firmado: José Miguel Martínez Camino

También de J.R. Moehringer en ULADEl bar de las grandes esperanzasEl campeón ha vuelto

jueves, 30 de septiembre de 2010

Hans Ulrich Gumbrecht: Elogio de la belleza atlética

Título original: Lob des Sports
Idioma original: alemán
Fecha de publicación: 2005
Valoración: muy recomendable

Este libro es peculiar por varias razones. En primer lugar, porque se trata de un "elogio". Gumbrecht se ve obligado a justificar eso en un capítulo entero: resulta que un académico no puede escribir un ensayo "en elogio" de nada. Se entiende que un teórico debe ser alguien desapasionado, incluso distante, que trate cualquier tema como si llevara guantes de látex. Ya estemos ante una extensión del ethos del laboratorio a todos los campos del saber o, más probablemente, ante una mala comprensión del ideal a-valuativo de Weber, lo cierto es que no hay por dónde pillarlo. A todos nos apasionan las cosas que nos interesan, y a un teórico -es un suponer- debe de apasionarle mucho un tema para dedicar cientos de horas a su estudio. Lo más que puede hacer, entonces, es disimular esa pasión.

Bueno, pues Gumbrecht no sólo se niega, reclamándose continuador de una larga serie de elogiadores clásicos, sino que además se empecina en exhibir un interés sin duda censurable en la academia: el deporte. Pero no el deporte como opio del pueblo e instrumento de poderosos, ni el deporte como expresión o signo del espíritu de su tiempo. Gumbrecht habla del deporte porque le apasiona, y se propone glosar esta pasión y tratar de contagiarla al lector. Elogiarlo, en fin. Diré que de antemano no comparto esa pasión con Gumbrecht, pero es cierto que ciertas páginas me transmitían unas ganas locas de asistir al primer partido de béisbol que tuviera a mano. La perspectiva y el tono son los de un aficionado al deporte, y esto se agradece.

Ahora bien, eso no significa que se trate de un libro sin ambiciones teóricas. Una especie de anecdotario del hincha emérito. Esto tendría poco interés en un entorno distinto del de Estados Unidos, puesto que de allí proceden casi todos los ejemplos de los que habla Gumbrecht (que da clase en Stanford desde hace muchos años). Lo que se propone aquí es una lectura estética del deporte, que presenta el juego como el desarrollo interactivo de una forma que se desvanece en el tiempo. Este tratamiento estético del deporte creo que consigue, en efecto, captar una parte importante de su atracción masiva, pero sólo una parte.

Gumbrecht parece obviar lo más duro (y lo menos elogiable) de esa atracción: la asimilación del espectador en una comunidad enfrentada a otra. Ningún deporte de equipo se entiende sin esa apelación a "los colores" del club. Tampoco convence el itinerario histórico que ensaya Gumbrecht. Pese a todo, se trata de un ensayo ameno y muy bien escrito, que aporta una perspectiva novedosa y argumentada. Merece la pena.

También de Gumbrecht: En 1926.