Año de publicación: 2026
Valoración: decepcionante
No tengo ni idea de cuándo se publicará esta reseña. Cuando he leído esta novela, ópera prima de su autora, me acompañaba cierta sensación, sutilmente abrumadora, de que era la novela que había que leer, cosa que me ha extrañado pues siempre he concebido Libros del Asteroide (muchos Asteroides leídos últimamente) como una editorial poco invasiva en los aspectos promocionales, como entendiendo que sus publicaciones, sus reconocibles portadas, ya hablan un poco por sí mismas. Curioso que en este caso haya detectado una cierta endogamia: las citas en la contraportada pertenecen a su propio universo. Mohín de ligera desaprobación.
Con qué me he encontrado: pues con una novela de gótico galaico, con ciertas tonalidades de realismo mágico y un decidido mensaje subliminal que podríamos homologar como feminista algo radical, pero que no ha llegado a explotar de forma decidida, o que si lo ha hecho, entre tanta elipsis, capítulos que parecen cánticos amenazadores, y cambios súbitos (algunos parecen de siglos) de tiempo y escenario, se me han acabado escapando y, he de ser sincero con quienes aquí nos leen, las últimas veinte páginas, aquellas que han de cerrar y resolver la novela, aquellas que han de reproducir cierto escenario tras los hechos, se me han hecho eternas, rozando una sensación de lo absurdo/lo previsible de la cual debo advertir al lector.
Pallares, cuya narrativa ya había sido descrita por Oriol como malrollera, intercala pasajes en gallego de Fisterra (hubiera agradecido alguna nota al pie con la traducción) y cierta tonalidad verde, húmeda, se inserta en lo que parece apelar a mitología local y secular, en una historia claramente alegórica, cortada en dos partes sustancialmente desiguales (destejer, tejer) sobre un pueblo en la Costa da Morte, Camariñas, al que llega Ari, encargada entre otras cosas, de actuar como guía turística introductoria. La típica aldea gallega de pescadores en que los hombres han de buscarse la vida incluso a costa (incidente de María, falso nudo central de la narración) de la seguridad de aquellos a quienes deben cuidar. Las mujeres asienten y acatan, y es casi más de lo que debería apuntar ya que, interpreto, la fuerza de la narración, rellena de jerga pesquera y de constantes metáforas, consiste en esa especie de progresión del descontento, de asunción del desequilibrio de los papeles, esa ebullición del hartazgo que inclina al colectivo femenino (prácticamente el único en que se distinguen nombres y relaciones) frente al monolítico bloque de hombres que se hacen a la mar, que afrontan futuros inciertos en lo físico y en lo psicológico. Creo que a Pallares se le ha ido un poco la mano en ese desequilibrio, en esa narrativa tan marcada en la dicotomía: hombres que actúan como masa que solo actúa por intereses concretos, mujeres que asumen una especie de destino común que en un momento dado optan por cambiar.
También de Narea Pallares en ULAD: aquí

1 comentario:
Por desgracia, y como camariñán adoptado lo digo, no puedo disentir de tu argumentada opinión... Como nocillafóbico, me resulta algo típico de los que aprenden a escribir en talleres, que se olvidan que el narrar una historia (aunque sea con el toque Marx) precisa un arte narrativo propio (si bien, en principio, sea algo pegado de otros escritores... Para escribir con "xeito" se debe tener una mochila llena de lecturas.. o tener de amigo a un genio de la lámpara.
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