Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable
Me pregunto qué le parecerá esta novela a alguien que no sea un friki de la literatura. A mí me ha gustado (así, en general), a Vargas Llosa obviamente le ha gustado porque le ha dado su Premio Bienal de Novela. Pero no sé si a un lector medio le parecerá tan interesante como a mí, como a nosotros (y así como que no quiere la cosa, acabo de ponerme al mismo nivel que todo un Premio Nobel).
Porque Prohibido entrar sin pantalones es una novela sobre un poeta, un grandísimo poeta, Vladimir Maiakovsky, y su figura no es que sea el centro de la novela, es que es lo único en la novela. Así, durante trescientas páginas nos veremos atrapados por su personalidad anárquica y egocéntrica, su capacidad para atraer a las mujeres y a los hombres por igua, su implicación poético-política con la Revolución Soviética, su amor infinito y abierto por Lily Brik, sus innumerables composiciones poéticas, teatrales, cinematográficas... Todo en esta novela es Maiakovsky, y los demás personajes son muy secundarios en comparación a él.
Bonilla consigue transmitir la impresión de la figura y su entorno con un estilo que, sin llegar a ser una prosa poética, se contagia a veces de poesía, y que en ocasiones se convierte en una paráfrasis de las obras del propio Maiakovsky. No falta el humor en la reconstrucción de una época turbulenta, en lo poético como en lo político (los hechos históricos aparecen también en segundo plano, y solo en relación con el personaje central).
Por momentos, la lectura da una cierta impresión de navegación en círculos, o en espiral. Los conflictos de Maiakovsky con los simbolístas, los acmeístas, los realistas sociales, los burócratas, parecen repetirse una y otra vez, quizás por respeto a las fuentes históricas y biográficas, o quizás para producir precisamente ese efecto de que, por mucho que las cosas cambien, todo sigue igual en lo que realmente importa. Maiakovsky (su personalidad de gigante niño, su pasión por Lily, su creatividad futurista y comprometida), al menos, no cambian apenas en toda la novela.
Quizás la mayor pega que se le pueda poner a esta novela sea, curiosamente, la misma que se le podía reprochar a El sueño del celta, de su valedor Vargas Llosa (aunque la novela de Bonilla es mejor: el aprendiz ha superado al maestro): el que la documentación, sin duda exhaustiva, y el deseo de mostrarla, haya eclipsado la posibilidad de construir una trama como tal, con la que el lector pueda emocionarse y engancharse.
A mí, que soy un friki de la literatura, las 300 páginas de la novela no me han cansado; pero a quien no lo sea a lo mejor se le hacen un poco monótonas. En fin, Prohibido entrar sin pantalones es un muy buen libro sobre Maiakovsky; lo que no sé es si es una muy buena novela.
jueves, 15 de mayo de 2014
miércoles, 14 de mayo de 2014
Richard Ford: De mujeres con hombres
Idioma original: inglés
Título original: Women with men
Año de publicación: 1997
Traducción: Jesús Zulaika
Valoración: muy recomendable
¿Pero cómo no hemos reseñado aún nada aqui de Richard Ford?
Título original: Women with men
Año de publicación: 1997
Traducción: Jesús Zulaika
Valoración: muy recomendable
¿Pero cómo no hemos reseñado aún nada aqui de Richard Ford?
Bueno, puede que no sea un autor tan prolifico como Roth, tan mediático como DeLillo, tan aguerrido como McCarthy. Puede que ese retrato del americano medio, gris, dedicado a profesiones convencionales, sirva para que los lectores se vean reflejados, pero que opten por autores más extremos a la hora de elegir favoritos. Pero no todo en la vida va a ser querer aúparse a los primeros puestos. Y Ford me recuerda, en eso, a un corredor de fondo. Seguramente sus relatos se parezcan más a pequeñas novelas cortas con un ligero tono situacional que al chispeante estilo de Carver. Pero resulta que estamos ante un escritor muy eficaz, de estilo sobrio, que traza a sus personajes con una solvencia muy notable.
Austin, titubeante (como Matthews, en el tercero) protagonista del primer relato, El mujeriego: casado sin hijos, a la búsqueda no tanto de una aventura como de la sensación de una aventura. Testigos somos de su fútil tonteo, un inconcreto affaire que obsesiona a Austin, que lo obsesiona hasta exponerle a una situación a medio camino entre lo sórdido y lo ridículo.
Un elemento común a los tres relatos, por cierto. El contacto puntual de sus protagonistas con lo trágico, que se revela como situación culminante, como punto de inflexión, y siempre, una extraña adaptación a la nueva realidad que se genera.
Y el título: todos los personajes son hombres que se autoconsideran al mando de sus vidas y de sus relaciones, o, al menos, piensan que llevan el peso de éstas. Todos están equivocados, de forma más o menos cruel.
Puede que los relatos de Richard Ford no contengan las pronunciadas pendientes y escarpadas cuestas de las de otros escritores. Pero su estilo directo y su eficaz manera de ponerse en la piel de un perfil tan extendido de hombres de nuestros días (de media edad, de triunfos modestos o de fracasos insignificantes) es, en el fondo, tan necesario en la creación literaria como enfocarse en héroes o en villanos. Los relatos contenidos en De mujeres con hombres, a pesar de que tendrían entidad como novelas, encajan perfectamente entre sí y dan sentido a su presencia unidos. Preámbulo finiquitado, por tanto sobre Richard Ford. Ahora cualquier día me voy a Canadá.
También de Richard Ford en ULAD: Rock Springs, Canadá, Incendios
Austin, titubeante (como Matthews, en el tercero) protagonista del primer relato, El mujeriego: casado sin hijos, a la búsqueda no tanto de una aventura como de la sensación de una aventura. Testigos somos de su fútil tonteo, un inconcreto affaire que obsesiona a Austin, que lo obsesiona hasta exponerle a una situación a medio camino entre lo sórdido y lo ridículo.
Un elemento común a los tres relatos, por cierto. El contacto puntual de sus protagonistas con lo trágico, que se revela como situación culminante, como punto de inflexión, y siempre, una extraña adaptación a la nueva realidad que se genera.
Y el título: todos los personajes son hombres que se autoconsideran al mando de sus vidas y de sus relaciones, o, al menos, piensan que llevan el peso de éstas. Todos están equivocados, de forma más o menos cruel.
Puede que los relatos de Richard Ford no contengan las pronunciadas pendientes y escarpadas cuestas de las de otros escritores. Pero su estilo directo y su eficaz manera de ponerse en la piel de un perfil tan extendido de hombres de nuestros días (de media edad, de triunfos modestos o de fracasos insignificantes) es, en el fondo, tan necesario en la creación literaria como enfocarse en héroes o en villanos. Los relatos contenidos en De mujeres con hombres, a pesar de que tendrían entidad como novelas, encajan perfectamente entre sí y dan sentido a su presencia unidos. Preámbulo finiquitado, por tanto sobre Richard Ford. Ahora cualquier día me voy a Canadá.
También de Richard Ford en ULAD: Rock Springs, Canadá, Incendios
martes, 13 de mayo de 2014
Jenn Díaz: Es un decir
Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable
Santi: ¿Empezamos?
Francesc: Hola, Santi: yo es que esto de reseñar a cuatro manos, y el libro de una persona conocida. No sé. ¿Cómo funciona? Si te parece, cada uno hacemos nuestra aportación.
S.: Venga, te dejo a ti el resumen del argumento.
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable
Santi: ¿Empezamos?
Francesc: Hola, Santi: yo es que esto de reseñar a cuatro manos, y el libro de una persona conocida. No sé. ¿Cómo funciona? Si te parece, cada uno hacemos nuestra aportación.
S.: Venga, te dejo a ti el resumen del argumento.
F.: Pues Mariela es una niña de once años que vive en una casa de un pueblo, rodeada de un mundo de adultos donde las puertas se cierran y las voces bajan en su presencia, aunque un día -la primera frase de la novela- pasa algo (el asesinato, se entiende que por causas políticas, de su padre) que la precipita de golpe a una madurez intima y asumida. En la que se ve obligada a interpretar y especular sobre lo que ve, ya que nadie parece dispuesto a explicárselo. Novela rural, novela de post-guerra, novela de silencios.
S.: Se ha dicho mucho lo de "novela rural", pero que conste que esta novela no tiene nada que ver con Intemperie: que nadie espere un catálogo de léxico agrícola o unas instrucciones sobre cómo vendimiar correctamente. Aquí lo que importa es la voz de Mariela: esa voz, lo que dice y lo que no dice es el auténtico centro de la novela...
S.: Se ha dicho mucho lo de "novela rural", pero que conste que esta novela no tiene nada que ver con Intemperie: que nadie espere un catálogo de léxico agrícola o unas instrucciones sobre cómo vendimiar correctamente. Aquí lo que importa es la voz de Mariela: esa voz, lo que dice y lo que no dice es el auténtico centro de la novela...
F.: Me han encantado las enormes elipsis, algunas rellenadas a posteriori, y otras que han quedado en el más fascinante de los misterios, y el tono rural, pues claro, quién no la va a asociar a los otros dos libros de esa especie de moda. Hasta la estética de las portadas cuadra: portadas blancas, no llegan a las 200 páginas, se leen casi del tirón, la violencia flota.
S.: Una cosa que no termino de entender es por qué la novela incluye esa segunda parte, contada desde el punto de vista de la abuela. Si se trata de mostrar que la autora puede crear voces diferentes, creo que a estas alturas ya no tiene que demostrar nada; y si se trata de completar la información para el lector, me parece que tampoco era necesario. En fin, no es que estropee la novela, pero no veo la necesidad... ¿A ti qué te parece?
S.: Una cosa que no termino de entender es por qué la novela incluye esa segunda parte, contada desde el punto de vista de la abuela. Si se trata de mostrar que la autora puede crear voces diferentes, creo que a estas alturas ya no tiene que demostrar nada; y si se trata de completar la información para el lector, me parece que tampoco era necesario. En fin, no es que estropee la novela, pero no veo la necesidad... ¿A ti qué te parece?
F.: Pues yo sí le veo su sentido. La abuela no quiere que su nieta repita sus esquemas, no le desea para nada una vida como la suya, pero todavía no puede dirigirse a ella para explicárselo. Interpreto esa segunda parte como un intermedio que busca una voz alternativa, un matiz que da fuerza a la idea principal: mujeres que empiezan a hartarse de que sus futuros los determinen los demás. Creo que otras obras de Jenn Díaz también expresan esa idea.
S.: Sí, lo entiendo, pero esa misma idea ya la transmite la propia Mariela, y con fuerza suficiente, yo creo. Pero en fin, si Jenn ha incluido esa segunda voz, sus motivos tendrá...
S.: Sí, lo entiendo, pero esa misma idea ya la transmite la propia Mariela, y con fuerza suficiente, yo creo. Pero en fin, si Jenn ha incluido esa segunda voz, sus motivos tendrá...
F.: He intentado asomarme algo a las opiniones que hay por la red, todas bastante unánimes. Me ha hecho mucha gracia esa que define su escritura como la de una señora de sesenta años en silla de ruedas, sin mala intención, pero con un trasfondillo que, vaya, como diciendo que preferirían que fuera un carcamal arrugado para reconocerla del todo. Cuando yo lo que leo en esta novela es una ausencia total de impostura, un uso de la primera persona con mucho conocimiento de causa, y eso es un mérito de Jenn Díaz.
S.: O sea, que a los dos nos ha gustado bastante, ¿no? A mí, personalmente, es la que más me ha gustado de las novelas que he leído de Jenn Díaz.
S.: O sea, que a los dos nos ha gustado bastante, ¿no? A mí, personalmente, es la que más me ha gustado de las novelas que he leído de Jenn Díaz.
F.: Yo le veo detalles mejorables muy leves, y porque soy muy pejiguero: alguna expresión usada la veo algo extemporánea y, personalmente, no me acaba de convencer esa repetición rítmica del título, que aprecio un poquito forzada, y, mira si soy malévolo, que me produce cierta sensación de imposición editorial, como para ganarle presencia al libro, como para aportarle un estribillo o una especie de poder de enganche. Cuando no lo necesita en absoluto. Es muy poderoso por sí solo. Pero no voy a hacerme el pelota diciendo que se me ha hecho corto: el libro dura lo que tiene que durar. Meterle 300 páginas más, adornarlo, o alargar la trama hasta convertirla en una especie de epopeya vital lo harían otros autores con ganas de ser leídos en tumbonas de verano. Pero esto es diferente: lo que hay que decir, lo dice, y muy bien. Y lo que no hay que decir, perdona que te parafrasee, no lo dice, y muy bien.
S.: Pues a mí lo del latiguillo ("es un decir") me ha gustado, contribuye a formar la voz de la narradora. Y además, se relaciona con la idea central del libro, la de las cosas que no se pueden o no se deben decir. Eso sí, yo también voy a ponerle alguna pequeña pega: me parece que hay un cierto desequilibrio en la novela, entre la primera parte y la tercera: todo lo que en la primera son silencios e implícitos, en la tercera se convierte en explícito, en explicación. Creo que no hacía falta contarlo todo, el lector puede rellenar huecos solito, y de hecho eso hace la lectura más interesante...
F.: Quiero, por mi parte, acabar diciendo que estoy muy contento de haber llegado al final de esta reseña sin usar ninguna de las cuatro palabras tabú que me autoimpuse evitar, todas ellas de cinco letras.
S.: Y yo, que estoy muy contento de que hayamos reseñado un libro de Jenn Díaz sin mencionar su edad.
También de Jenn Díaz en ULAD: Belfondo, Madre e hija, Mujer sin hijo
S.: Pues a mí lo del latiguillo ("es un decir") me ha gustado, contribuye a formar la voz de la narradora. Y además, se relaciona con la idea central del libro, la de las cosas que no se pueden o no se deben decir. Eso sí, yo también voy a ponerle alguna pequeña pega: me parece que hay un cierto desequilibrio en la novela, entre la primera parte y la tercera: todo lo que en la primera son silencios e implícitos, en la tercera se convierte en explícito, en explicación. Creo que no hacía falta contarlo todo, el lector puede rellenar huecos solito, y de hecho eso hace la lectura más interesante...
F.: Quiero, por mi parte, acabar diciendo que estoy muy contento de haber llegado al final de esta reseña sin usar ninguna de las cuatro palabras tabú que me autoimpuse evitar, todas ellas de cinco letras.
S.: Y yo, que estoy muy contento de que hayamos reseñado un libro de Jenn Díaz sin mencionar su edad.
También de Jenn Díaz en ULAD: Belfondo, Madre e hija, Mujer sin hijo
lunes, 12 de mayo de 2014
Wladimir Kaminer: Música militar
Idioma original: alemán
Año de publicación: 2001
Valoración: está bien
Después de la caída del muro de Berlín y del desmantelamiento de la URSS, los habitantes de la Europa del este experimentaron dos cosas: el rechazo absoluto a todo lo que tuviera que ver con el régimen comunista, primero, y, pocos años después, lo que se llamó Ostalgie, la nostalgia por el estilo de vida bajo dicho régimen. Wladimir Kaminer, sin embargo, ha afirmado en numerosas ocasiones no haber sentido ni una cosa ni la otra. Como escritor de éxito, DJ, columnista, organizador de saraos y candidato en el pasado a la alcaldía de Berlín, este irrevente autor ruso ha intentado siempre tener los pies en la tierra y mostrar el verdadero rostro del comunismo, es decir, sus cosas malas y sus cosas buenas, sin demonizar lo primero ni idealizar lo segundo.
Eso es lo que hace, precisamente, en Música militar, su primera novela. Escrita en tono autobiográfico, en ella descubrimos cómo era la vida en la antigua Unión Soviética en los años 80, justo antes de la caída del régimen (si nosotros renegamos de esa década, imaginaos lo que nos puede decir sobre ella un ciudadano ruso). Kaminer nos cuenta cómo fue su infancia, su paso por la escuela, sus estudios de teatro, su trabajo como vigilante en un parque, su familia, sus amigos, el peso de la política en la vida diaria... consiguiendo un logradísimo retrato de una sociedad que, pese a su cercanía, sigue siendo completamente extraña para nosotros.
Como también ocurre con sus colecciones de relatos, el autor no se pierde en reflexiones interminables y va directo al grano, utilizando un estilo sencillo y mucho sentido del humor para vestir los siete capítulos que forman esta novela y que nos dan una versión que nos esperábamos (porque, sin duda, es mucho más amable y menos terrible de lo que generalmente solemos creer) sobre la URSS.
Si no conocéis la obra de este autor, este libro es una obra perfecta para adentraros en ella. Se lee rápido, es divertido y nos enseña muchas cosas que desconocíamos. No se puede pedir más.
También de Wladimir Kaminer: Mis vecinos rusos y Desde Alemania con amor.
domingo, 11 de mayo de 2014
David Safier: Yo, mi, me... contigo
Título original: Plötzlich ShakespeareIdioma original: alemán
Traductora: Lidia Álvarez Grifoll
Año de publicación: 2010
Valoración: está bien
Reconozco que, como a muchos otros oriundos del sur de Europa, las Desde Alemania con amor, así como las de un acertado comentario a la misma. También es curioso que el llamado "humor inglés", que no deja de ser el de otro pueblo de origen germánico, sea considerado como el más irónico y elaborado, sobre todo en lo que se refiere al ámbito literario, mientras que a los alemanes los consideremos a menudo como unos "cabezas cuadradas" incapaces de reírse del más gracioso de los chistes... no digamos ya a inventarlo ellos...
palabras "humor" y "alemán" me resultan en principio incompatibles, si no francamente antitéticas. No deja de ser más que un tópico, lo sé, además de una arrogancia por nuestra parte, y al respecto, me atrevo a hacer mías las palabras de mi compañera Izas en una reseña de no hace mucho:
Pero hete aquí que el rey de los libros de humor de los últimos tiempos resulta no ser británico ni italiano ni español.... es un alemán de Bremen llamado David Safier, que lo está petando (si se me permite la expresión) con novelas en las que, por si fuera poco, juguetea con conceptos religiosos o, al menos, metafísicos. Por seguir con el mea culpa, reconoceré también que durante un tiempo yo pensaba que los del amigo Safier eran de esa especie de libros de autoayuda con trasfondo espiritual, como los que han hecho fortuna también en los últimos tiempos. Debido a este error, yo ni me acercaba a ellos, hasta que hace poco me enteré de que, en realidad, eran novelas de humor. Así que, impelido además por una ferviente recomendación y con la idea de que, después de todo, quién iba a decir que la comedia cinematográfica del momento en España sería sobre los usos y costumbres vascos, subsección borrokada (ya sé que el protagonista es malagueño, pero eso no es óbice para lo acertado de mi razonamiento), por lo que en este campo cualquier cosa es posible, me he animado a leer una novela de Safier, a ver qué tal.
La protagonista de la novela resulta ser una joven maestra a la que se le está pasando el arroz, que cree haber perdido al amor de su vida y de una inseguridad comprensible por las dos razones anterior y por su tendencia a meterse en situaciones embarazosas, cuando no ridícula). Para entendernos, una especie de Bridget Jones teutona... quiero decir germana (y no, no he leído el libro de Bridget Jones, pero he visto la peli). Rosa, que tal es su nombre, acaba aceptando una experiencia de regresión hipnótica que hace viajar a su espíritu hasta el siglo XVI, para conocer cómo fue una existencia anterior (aquí, Safier vuelve al tema de la reencarnación, que ya tocó en su primer éxito, Maldito karma. Y no, no he leído el libro ni he visto la peli, pero leí la solapa...). El caso es que su espíritu acaba metida en el cuerpo de nada menos que William Shakespeare, el inmortal bardo de Stratford-upon-Avon, etc., etc... (de ahí el título original alemán,que significa algo así como "De repente Shakespeare" o "Inesperadamente Shakespeare" mucho más propio que el español. Por cierto, el "mi" del título que han puesto, ya que pronombre... ¿no debería llevar tilde? ¿No hay nadie en la editorial que se haya dado cuenta?). Hasta aquí, la cosa, por disparatada, ya es bastante divertida, pero lo es aún más porque el propio espíritu de Shakespeare, el genio de las letras inglesas, etc, etc... sigue habitando ese cuerpo, pero sin control sobre él, puesto que lo tiene Rosa, y de esta dialéctica, no siempre amistosa, de estos dos espíritus dentro de un mismo cuerpo es de donde viene buena parte de la comicidad de la novela. Sobre todo porque el Shakespeare de la época, que aún no ha sido consagrado por la fama y ni siquiera ha escrito Hamlet (de hecho, en sus primeros apuntes se trata de una comedia), se ve envuelto en intrigas amorosas y políticas que contribuyen todavía más a crear situaciones cómicas.
Por seguir con las referencias cinematográficas (que creo pertinentes, porque Safier es también guionista de la tele y de hecho, hay diálogos y situaciones de la novela que funcionarían mejor en el cine o en una sit-com), diríamos que la historia pasa de El diario de Bridget Jones a Shakespeare enamorado, de ahí a Ponte en mi lugar, Los visitantes y después, a La boda de mi mejor amigo y... buff, definitivamente, creo que tengo que ver mejores películas. El caso es que el estilo de la novela es directo y atractivamente rápido: se pueden leer las 300 páginas en una tarde, sin problemas. Y, desde luego, si la intención es divertir, como parece desde la primera frase del libro (que es una curiosa "ADVERTENCIA AL LECTOR: Este libro tiene una falta de fundamente histórico impresionante") lo consigue sin lugar a dudas. E incluso, más de una vez, concitar una abierta risa, si bien lo del "sinfín de carcajadas" que prometen en la contraportada,parece un tanto exagerado, al menos para quien esto escribe (naturalmente, para gustos se hicieron los colores y para sentidos del humor también, así que es tan posible que haya quien no pare de partirse el eje de risa con este libro, como que a otros les deje fríos). También es cierto que hay algún chiste, como el de la reina Isabel (un personaje recurrente en la novela) y el fagot, que sospecho que se han perdido en la traducción; lo mismo ocurre con las referencias a personajes del famoseo alemán, pero eso es inevitable, supongo... Pensando en ello, quizá sea ese tono casi permanentemente humorístico el principal obstáculo que me he encontrado para provocarme la carcajada; en mi caso, al menos, resulta más efectivo el humor que me asalta por sorpresa, cuando hay un cambio de registro sin previo aviso, que me pilla con las defensas distraídas.
En todo caso, se trata del libro adecuado para quien quiera pasar un rato agradable y divertido, sin complicarse demasiado. Y, sobre todo, un libro o un autor que rompe ciertos tópicos, afortunadamente. Y que viva el humor alemán. A ver para cuando estrenan Ocho apellidos bávaros.
Por seguir con las referencias cinematográficas (que creo pertinentes, porque Safier es también guionista de la tele y de hecho, hay diálogos y situaciones de la novela que funcionarían mejor en el cine o en una sit-com), diríamos que la historia pasa de El diario de Bridget Jones a Shakespeare enamorado, de ahí a Ponte en mi lugar, Los visitantes y después, a La boda de mi mejor amigo y... buff, definitivamente, creo que tengo que ver mejores películas. El caso es que el estilo de la novela es directo y atractivamente rápido: se pueden leer las 300 páginas en una tarde, sin problemas. Y, desde luego, si la intención es divertir, como parece desde la primera frase del libro (que es una curiosa "ADVERTENCIA AL LECTOR: Este libro tiene una falta de fundamente histórico impresionante") lo consigue sin lugar a dudas. E incluso, más de una vez, concitar una abierta risa, si bien lo del "sinfín de carcajadas" que prometen en la contraportada,parece un tanto exagerado, al menos para quien esto escribe (naturalmente, para gustos se hicieron los colores y para sentidos del humor también, así que es tan posible que haya quien no pare de partirse el eje de risa con este libro, como que a otros les deje fríos). También es cierto que hay algún chiste, como el de la reina Isabel (un personaje recurrente en la novela) y el fagot, que sospecho que se han perdido en la traducción; lo mismo ocurre con las referencias a personajes del famoseo alemán, pero eso es inevitable, supongo... Pensando en ello, quizá sea ese tono casi permanentemente humorístico el principal obstáculo que me he encontrado para provocarme la carcajada; en mi caso, al menos, resulta más efectivo el humor que me asalta por sorpresa, cuando hay un cambio de registro sin previo aviso, que me pilla con las defensas distraídas.
En todo caso, se trata del libro adecuado para quien quiera pasar un rato agradable y divertido, sin complicarse demasiado. Y, sobre todo, un libro o un autor que rompe ciertos tópicos, afortunadamente. Y que viva el humor alemán. A ver para cuando estrenan Ocho apellidos bávaros.
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siglo XXI
sábado, 10 de mayo de 2014
Colaboración: Constance de Patrick McGrath
Idioma original: InglésTítulo original: Constance
Año de publicación: 2013
Valoración: se deja leer
Ya son dos las novelas de Mondadori publicitadas mediante una faja que muestra una cita del escritor John Banville elogiando la calidad de la obra. Constance es una de ellas; la otra es La parte inventada (2014) de Rodrigo Fresán. Sin haber leído la obra de Fresán, espero que aquello que bendice Banville no siempre sea tan carente de calidad como Constance.
La novela no es todo desperdicio. Patrick McGrath demuestra un gran oficio a la hora de perfilar a sus personajes y al construir el discurso de la psique de estos, algo importante cuando se trata de una persona con problemas psicológicos como Constance, la protagonista. La obra se beneficia de ello al estar estructurada su narración mediante el relato paralelo de dos narradores: Constance y su marido Sidney. Es así como el gran acierto de la novela se encuentra en las divergentes interpretaciones que en base de sus condicionantes (edad, problemas psicológicos, ambiciones y comportamiento sexual) hacen ambos personajes de los mismos hechos. Desde el principio se indica una pulsión en Constance por romper con lo antiguo (debido a una infancia traumática a manos de su insensible padre); mientras que Sidney, por ser más mayor, se muestra más conservador hacia los cambios, una diferencia que será determinante en la narración.
Pero llegado el meridiano del texto el lector se da cuenta de que el ambiente de claustrofobia creado por el autor pronto se revela en una sucesión de tópicos como el piano-bar de un hotel decadente en Manhattan, la mansión gótica en estado decrépito, el estanque de agua negra... Solo falta Roderick Usher. Del mismo modo, la trama deriva en una secuencia de giros más propios de las telenovelas: separaciones, incomprensión de pareja, fallecimientos, etc., todo recubierto de la consabida exageración dramática. Para cuando se alcanza el cénit de la novela, el melodrama ha horadado toda admiración por McGrath y su capacidad de construir la voz de los personajes. Aunque al menos el lector se divertirá de la torpeza del autor en lo erótico, con frases como: "Me atormentaba la posibilidad de que le hubiera permitido tener relaciones sexuales anales" o "Empezaba a soltársele el pelo. La trucha codiciosa ascendió".
Firmado: Paulo Kortazar
viernes, 9 de mayo de 2014
Haruki Murakami: Los años de peregrinación del chico sin color
Idioma original: japonés
Título original: Shikisai o motanai Tazaki Tsukuru to, kare no junrei no toshi
Fecha de publicación: 2013
Valoración: Recomendable
Tsukuru es un muchacho nipón de veinte primaveras más bien especialito (es muy muy tímido y adora sentarse en las estaciones de ferrocarril a observar lo bien construidas que están, no diré más…). Pero tiene la suerte de contar con una pequeña cuadrilla mixta donde se siente querido y comprendido. Dicho ente grupal está formado por el típico amigo cachas, entusiasta y bueno para los deportes que es capaz de levantarle a uno la moral aunque el Apocalipsis esté a la vuelta de la esquina; el típico amigo intelectual, todo seso y raciocinio, que tenemos la esperanza de que se acuerde de nosotros cuando se convierta en una celebrity por idear una exitosa aplicación informática o cierta fuente de energía inocua para el medioambiente; la típica amiga preciosa y perfecta que levanta pasiones silenciosas a su alrededor y que encima es tímida, humilde y gentil y no se cree lo guapa que es, y la típica amiga colega-inseparable-de-la-guapa, vamos, la Desi de Verano azul o la goonie Martha Plimpton, que compensa el ser eclipsada continuamente por su siamesa a base de simpatía e ingenio a raudales.
Lo único que diferencia a Tsukuro de sus apigos es que su nombre completo no tiene ninguna connotación colorística (sus amigos llevan el rojo, el azul, el blanco y el negro respectivamente en sus nombres), y la única nota extraña de su agradable pandilla la constituye el hecho de que en ella no se haya formado ninguna parejita ni se dé ninguna clase de conflicto de intereses romántico, motivos principales por los que las cuadrillas mixtas se acaban yendo al garete, que el tío Ian sabe muy bien de lo que habla…
Y la vida de Tsukuro discurre felizmente hasta que de la noche a la mañana, sus amigos le retiran la palabra. Le dicen que no quieren ni volver a verle ni volver a hablar con él, y Tsukuro se queda compuesto y sin colegas. Y como el chaval es, recordemos, tímido y muy especial, no insiste mucho para averiguar el motivo de que algo así suceda (sus súper amigos se resisten a darle una explicación desde el primer momento), coge una depresión de aupa, adelgaza no sé cuántos kilos e incluso fantasea con el suicidio (apunte: estudia en una universidad situada en una ciudad diferente, mientras que su ex grupo se queda en su ciudad natal). Pero gracias a un nuevo y pasajero colega revive y sobrevive, y sólo dieciséis años después, siendo un profesional de éxito (¡diseña estaciones de ferrocarril!) de vida amorosa penosa, decide dejarse ayudar por su última conquista, una mujer que parece merecer la pena, a localizar a sus amigos de juventud y preguntarles qué carajó pasó en su momento.
Y éste es el argumento del último libro de Murakami, que como he puesto bastante más arriba me parece recomendable, sobre todo para los lectores que se inician en su lectura (no entraré en discusiones "nobelíticas" ni sobre si el autor se repite más que el ajo: mis compañeros de ULAD lo hacen mejor que yo). Si opino esto es gracias a la intriga planteada al principio de la historia y, aunque parezca increíble, a cómo Murakami logra que uno se crea que el prota permite que le expulsen sin explicaciones y de forma abrupta del único reducto de esperanza y deleite de su vida. Su prosa sencilla e intimista pero seca y cortante en muchas ocasiones, y la composición de la rara avis de Tsukuro, el amante de las estaciones de tren, obran el milagro. Luego, todo hay que decirlo, hay ciertas estridencias argumentales que ensucian la valoración final pero que más o menos van en consonancia con las presentaciones de los personajes iniciales.
Es muy difícil explicar esto que acabo de afirmar sin incurrir en spoilers, pero digamos que los amigos de Tsukuro del presente, con treinta y pico años y trabajos variopintos, en mi opinión deberían reaccionar de forma más “apasionada” cuando el chaval al que jorobaron la vida no hace ni veinte años reaparece como un fantasma. Y también, echo de menos más datos sobre un personaje esencial, que Murakami se hubiera mojado un poquito más, sólo un poquito, para desentrañar qué diablos de vida llevaba el personaje femenino objeto último de todo el desbarajuste y por qué acabó cómo acabó. Sin explicar, sólo insinuar. Pero de verdad que lo echo en falta.
Y nada más, que me parece un libro corto y sencillo de leer pero con más wasabi de lo que parece (perdón por la figurita culinario-nipona, pero es que le va ni que pintado). Sean felices y conserven a sus amistades (a no ser que a uno/a le roben, le traicionen o le birlen al/la respectivo/a, por supuesto).
PD: el título hace referencia a una pieza musical de Liszt que tocaba muy bien la chica guapa, consumada pianista.
Sobre Murakami: A vueltas con Murakami, y de Murakami en UnLibroAlDía: After Dark, De qué hablo cuando hablo de correr, Kafka en la orilla, Al sur de la frontera, al oeste del Sol, Tokio blues, El elefante desaparece, De qué hablo cuando hablo de escribir, La muerte del comendador
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