viernes, 11 de noviembre de 2022

Óscar Martínez: Los muertos y el periodista


Idioma original: español

Año de publicación: 2021

Valoración: muy recomendable

Alguna vez en este blog cedemos a la tentación de improvisar con las valoraciones. Puede que los términos que empleamos estén expuestos a cierto desgaste y esos matices en el nivel de recomendación acaben convirtiéndose en el trasunto de una escala numérica. Comenté sobre este libro que resultaba muy interesante y luego he repensado que esos muy no acaban de rendir justicia a libros como Los muertos y el periodista. Una crónica de un escritor que, decidido a llegar hasta el fondo del asunto, con no pocas reflexiones de por medio sobre el desempeño de su oficio, sobre el compromiso, ya no solo profesional, sino ético, que supone el adentrarse (no acercarse: adentrarse) en ciertas situaciones para levantar testimonio, un testimonio tan próximo que resulta, sobre todo desde la fría comodidad de un sillón en el Primer Mundo, y a poco que se reflexione, tan necesario como sobrecogedor, tan fascinante como temerario.

Óscar Martínez es salvadoreño. Un pequeño país en el centro de un continente, sobre el que poco solemos saber, pero que nos llama la atención en cuanto a detalles morbosos: estadísticas de asesinatos por habitante, videos truculentos colgados en la red sobre sus prisiones, sórdidas, masificadas, prácticamente lugares donde los pandilleros campan a sus anchas, otro estereotipo, los individuos repletos de tatuajes que los identifican como integrantes de organizaciones criminales con las que no valen las bromas. En ese entorno Martínez nos cuenta la historia de Rudi, un muchacho joven y pobre que Martínez ve abocado a una muerte segura. Porque ese es uno de los muertos del título. Y el despliegue de Martínez es tan crudo como sincero y necesario. Ni recreación de lo morboso - esto no es La parte de los crímenes - ni el mínimo ahorro en definir la realidad. En un país donde las organizaciones criminales campan a su antojo, donde los ciudadanos bastante tienen con lidiar con ello y con una existencia precaria, resulta que los cuerpos de seguridad que deberían defenderles acaban siendo un eslabón más de una cadena de corrupción, violencia y arbitrariedad. Y no solo eso, sus masacres, sus crímenes, cuentan con mecanismos para mantenerse impunes, y muertes de inocentes serán seguidas de más muertes si esa impunidad ha de ser garantizada.

Construido como una crónica en la que Martínez, pues Rudi en una de sus fuentes, ha de exponerse en encuentros furtivos, esa tonalidad que combina denuncia, reflexión y un poderoso dinamismo narrativo puede ser un libro que se le atragante a los estómagos delicados. Más por lo que implica (que quien se supone que ha de protegerte en realidad pueda asesinarte) que por lo que explica. Justo estos días e n que un antiguo ministro del gobierno español parece alardear de haber salido muy bien parado de organizar una banda, constatar que a estas alturas aún estas situaciones pueden darse resulta tan intimidatorio como esclarecedor.

jueves, 10 de noviembre de 2022

VV.AA.: Capitalipsis

Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Está bien

Capitalipsis se abre con "Rick, cruces y serpientes". Dicho prólogo, cuya autoría desconocemos, me ha encantado. Deliberadamente panfletario, presenta a las claras las intenciones de este volumen misceláneo, así como de los materiales que lo componen.

Después tenemos dos textos de Estíbaliz Robles y Rubén Íñiguez Pérez. A modo de breves ensayos y experiencias personales, ahondan en torno al capitalismo, la religión y el trabajo. El que me ha parecido más logrado es el primero, titulado "Vicio".

A continuación encontramos siete cuentos, uno por cada pecado capital. Todos ellos se pueden enmarcar en los géneros de fantasía, ciencia ficción y terror. Abordémoslos:

  • "Banco Sábado", de José Luis Pascual. En el dedicado a la Ira vemos la venganza de un trabajador de un call center. Es breve pero intenso.
  • "Di mi nombre", de Aránzazu Ferrero. Pereza habla de un futbolista en horas bajas, mataderos y estimulantes. Alberga buenas ideas, aunque su estructura es algo reiterativa. 
  • "Ascenso al trono biónico", de Myke Babylon. Soberbia narra la historia de un rey que, viaje en el tiempo mediante, quiere recuperar su trono. Funciona a la perfección como pasatiempo repleto de acción, drama, suspense y vísceras robóticas; no obstante, hubiera preferido un mayor desmadre.
  • "Él, escritor de terror", de Elena Romea. Envidia nos enfrenta a uno de esos juntaletras anquilosados que se creen genios y desprecian a sus compañeras de profesión. Cumple en tanto que parodia sin grandes pretensiones.   
  • "Will Wird y el viaje hacia Escatón", de H. M. Crespo. En la Avaricia, formato, prosa y argumento conspiran para moldear un simpático homenaje a las space opera. Destacaría su voluntad de deconstruir esos protagonistas intergalácticos de la literatura pulp que son (aparentemente) un dechado de virtudes. 
  • "Vaya higos tiene Alpetragio", de Víctor Martín-Pozuelo. La Lujuria es una gamberrada divertida que se vale de la picaresca, la sátira y la espada y brujería para hablarnos de proezas sexuales.
  • "Mr. Dance y la casa", de Román Sanz Mouta. Gula trata de casas encantadas, riqueza obscena y corrupción. 

En resumen: Capitalipsis es una antología harto irregular. No sólo la calidad de su contenido presenta altibajos; también, o esa impresión he tenido yo, su propósito. Y es que la crítica al capitalismo prometida desde el título del libro se enfatiza o desdibuja en según qué apartado te halles. Con todo, el regusto global que dejan los textos aquí agrupados es positivo. 

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Georges Perec: Lo infraordinario

Idioma original: francés

Título original: L´infra-ordinaire

Traducción: Mercedes Cebrián

Año de publicación: 1989 (artículos sueltos de 1973 a 1981)

Valoración: Muy recomendable para interesados, al menos Curioso para el resto


Georges Perec es un escritor extraño. En absoluto difícil de leer pero sí quizá de entender por qué escribe lo que escribe. Si se entiende, o mejor, si se acepta lo que hace, resulta un autor estimulante, atrevido, rompedor. Si pretendemos leerle en base a parámetros normales puede resultar incomprensible, aburrido, hasta insoportable. Es como la música dodecafónica o ciertos tipos de pintura, no nos podemos aproximar a estas obras con los códigos de belleza o significado con que valoramos a Velázquez o a Verdi, hay que cambiar el chip, y no siempre podemos o queremos hacerlo. Así que, sin ponernos tampoco grandilocuentes, digamos que nuestro amigo Perec nos exige leer de otra forma. 

En lo que podemos apreciar en muy pequeñas dosis por ejemplo en este volumen (luego lo comento), Perec escribe muy bien, demuestra que sabe escribir cosas que podríamos llamar normales con la solvencia de otros muchos. La cuestión es que no quiere hacerlo así, prefiere proponer otras fórmulas, explorar los límites de la expresión escrita para contar, sugerir, evocar ideas que el lector debe luego procesar, si quiere. A veces se trata de sutilísimos juegos, como el de El secuestro, o de experimentos metaliterarios sobre los que ya se habló en aquel post dedicado al grupo OuLiPo del que formó parte. Pero siempre empuñando el arma del ingenio, la observación y la ausencia de prejuicios. La literatura consiste en narrar con mayor o menor destreza o acierto, pero a lo mejor se pueden hacer también otras cosas.

Lo infraordinario es una pequeña colección de textos breves que fueron publicados en distintos medios a lo largo de los años setenta del siglo pasado. El primero de ellos ¿Acercamiento a qué? parece funcionar como una especie de prólogo, aunque realmente no lo sea, porque es una especie de declaración de principios en torno a la realidad. Parece claro que la Historia y nuestra propia vida se van escribiendo en base a grandes acontecimientos que determinan su rumbo, pero ¿qué hay de las pequeñas acciones, nuestros ritmos, los objetos cotidianos que nos acompañan y que hacen posible que las cosas sean como sean? Perec propone fijarnos en este otro ámbito, como cambiar la óptica y aplicar la lupa a lo que se nos ocurra, lo que tengamos a la vista aun pasando casi siempre desapercibido . 

Este poderoso inicio enlaza directamente con Me acuerdo, donde Perec subrayaba precisamente la imagen fugaz, el nombre desconocido o el evento irrelevante que habían quedado en su memoria, en la suya y en la de casi nadie más (Hasta me atrevería a decir, pidiendo perdón a los puristas, que la idea de lo infraordinario tiene un lejano eco, en otra escala, del concepto unamuniano de intrahistoria). En esa línea se sitúan algunos de los textos que siguen, atentos: Doscientas cuarenta y tres postales de colores auténticos son otros tantos flashes de dos o tres líneas en las que alguien escribe telegráficamente las típicas banalidades sobre sus viajes de vacaciones. Tentativa de inventario de los alimentos líquidos y sólidos que engullí en el transcurso del año mil novecientos setenta y cuatro es justamente eso, una larga y detallada relación de lo que este buen señor consumió en ese año y que, con toda seguridad, había ido anotando en una libreta (o más bien varias). Evidentemente, la lectura de estos textos, en especial el primero que es más largo, se hace insufrible si pretendemos de ella otra cosa que lo que es: un listado a pelo de esos elementos tan presentes, tan cotidianos y repetitivos que no somos capaces de apreciar, pero que constituyen, quizá a nuestro pesar, parte fundamental de nuestro ser.

En un terreno parecido, aunque menos árido para el lector, se sitúa La rue Vilin, una secuencia de seis retratos de la calle donde vivió Perec, con descripciones de una objetividad radical, tomados en diferentes periodos, más o menos una al año. Con escrupulosa frialdad, vemos la evolución de esa vieja calle, sus edificios y establecimientos, en definitiva la historia de las cosas insignificantes que se proponía desde un principio. 

Apuntaba antes que Perec sabe también escribir sujetándose al canon. De ello dan testimonio otros tres textos, seguramente escritos por encargo (los publicaron Vogue Hommes y Air France). Dos de ellos son una especie de breve guía turística, sobria pero no carente de alma, uno sobre el barrio parisino de Beaubourg-Les Halles, el otro sobre Londres. Magníficas, sobre todo la segunda. El tercero, pieza aparentemente típica de las revistas sobre el lujo, es un agudo acercamiento a la imagen que trasmite cada posible tipo de decoración de un despacho. 

En todos los casos resulta apabullante la doble capacidad de Perec para observar y describir lo visto. Sin necesidad de adjetivos ni valoraciones, el mero dibujo de un edificio, una mesa o una puerta son suficientes para llevar al lector a contemplar lo que el autor ve y cómo lo ve. Porque los objetos, sean importantes construcciones o las cosas triviales encontradas una estancia, dejan una huella precisa en quien los contempla y, aunque no lleguemos a detectarlo, conforman la historia del lugar y de sus habitantes.

Un poco de todo ello se encuentra en el último texto, Still life/Style leaf (otro juego de palabras), para mí el más brillante, donde vuelve a una simple pero exhaustiva descripción de objetos, incorporando un pequeño juego metaliterario, quizá no muy innovador pero casi emocionante por la sutileza y la sencillez con que lo resuelve. 

A lo mejor es conveniente liberarse de prejuicios y dedicar un rato a conocer cosas diferentes. No nos entretendrá mucho, no nos va a emocionar ni a transportarnos a situaciones interesantes, tampoco nos dará testimonio de nada importante (o tal vez sí). Simplemente nos va a pinchar un poquito para inducirnos a pensar en torno al arte de escribir, pero también el de observar, de narrar, de jugar con las palabras y mirar desde otra perspectiva.

martes, 8 de noviembre de 2022

Mario Puzo: El Padrino

Idioma original: Inglés
Título original: The Godfather
Año de publicación: 1969
Traducción: Ángel Arnau
Valoración: Recomendable

El pasado mes de marzo se cumplió el 50° aniversario del estreno de El Padrino, considerada por buena parte de la crítica como una de las mejores películas de la historia del Cine. Un poco tarde, como suele ser habitual, llegamos para reseñar la novela de Mario Puzo que dio lugar a la adaptación dirigida por Francis Ford Coppola.

Creo que es absurdo hablar del argumento de la novela ya que el guion de la película es bastante fiel al original, por lo que vayamos directamente a la pregunta del millón:. ¿es mejor la novela que la película?. Respuesta: NO. Además del excelente trabajo actoral (mención especial para Marlon Brando y Robert Duvall), hay dos razones relacionadas con las debilidades de la novela que justifican la respuesta. Así: 

  • la potencia visual de la película. Admito que el cine puede un lenguaje más apropiado que la literatura para conseguir ese impacto visual. El problema radica en que la novela incluye profusas descripciones que resultan demasiado frías.
  • secundarios (y escenas) prescindibles. La novela peca de un exceso de personajes que poco aportan a la trama y que en la película son prácticamente eliminados (caso de Johnny Fontane, Lucy Mancini o Nino), así como de escenas gratuitas (la infancia de Vito, ¡la vaginoplastia de Lucy!...) que son borradas del guion.

Dicho esto, hay otros tres aspectos en la novela que no acaban de convencerme. Serían:
  • la sobrenarración. No sé, chico, deja algo algo a la imaginación del lector!!!
  • la mojigatería (sí, habéis leido bien): Estamos en una novela en la que hay extorsión, venganzas, asesinatos a sangre fría, pero llegan las escenas de sexo y... A ver, Mario: si te explayas en la sangre y en las descripciones, ¿por qué aquí nos dejas "a medias"?
  • los trucos: vale, toda narración los tiene y, además, aquí está el handicap de la película, pero es que en la novela hay más trucos que en un número de Juan Tamariz (sí, queridos millennials, un mago que salía en la tele cuando no había Netflix ni Tiktok)

Leyendo lo anterior, cualquiera diría que la novela me parece una mierda pero no es así. En términos generales, y pese a los defectillos indicados, El Padrino es una buena novela. Por varios motivos:

  • porque rompe con la tradición anterior de la novela "negra"
  • porque la historia es absorbente y esto es clave en novelas de este tipo
  • porque la narración tiene un ritmo endiablado, y esto también es clave en novelas de este tipo
  • porque los principales personajes (Vito, Michael, Tom Hagen...) son mostrados en toda su complejidad.
En fin, podríamos seguir hablando de otros aspectos del texto como su lectura política (un Estado dentro del Estado regido por unos valores X), del papel de las mujeres, su influencia posterior, etc, ! No creo que haga falta añadir mucho más. Solo recomendaros que os animéis a leer la novela e intentéis, aunque sea casi imposible, abstraeros de comparaciones que quizá condicionen en exceso la lectura.

lunes, 7 de noviembre de 2022

Joshua Cohen Los Netanyahus

Idioma original: inglés

Título original: The Netanyahus

Año de publicación: 2021

Traducción: Javier Calvo

Valoración: está bastante bien


-¿Los Netanyahus? No sé quienes son esos, pero me suenan de algo...

-Normal, porque se trata de un apellido más que conocido: el del político (ultra)conservador israelí Benjamin "Bibi" Netanyahu, que ha sido en varias ocasiones primer Ministro.

_¿Ah, sí? Pues ni idea... yo es que no veo las noticias...

-Ya me imagino. Pues bien, los "Netanyahus" del título se refiere, en efecto, a  su familia y a él mismo, en este caso cuando era aún un niño y su padre Benzion trataba de ser contratado como profesor de Historia en EEUU.

-Humm, qué interesante... (disimula un bostezo).

-Puede parecer un tema no muy divertido, pero, sin embargo, esta novela sí lo es y mucho. Porque, para empezar, el argumento está basado en una anécdota que contaba Harold Bloom, el autor del controvertido canon literario (al menos en este blog): en cierta ocasión, dadas ciertas complicadas circunstancias, tuvo que hacer de anfitrión de la familia Netanyahu, que había acudido junto al pater familias a que éste impartiera una clase como profesor invitado en la universidad de Bloom... y digamos que la cosa no acabó tan bien como cabía esperar. La historia, al serle referida a Joshua Cohen, le sirvió a este para pergeñar esta novela, protagonizada aquí -y narrada- por el profesor Ruben Blum, historiador económico del Bronx neoyorquino que se ha trasladado con su familia a la pequeña universidad de Corbin, en el norte... no, perdón, en el oeste del estado. Allí es donde, en 1960, también pretende ser contratado el doctor Netanyahu, historiador especializado en la Inquisición ibérica y, puesto que por aquel entonces Blum es el único profesor judío del campus, se le pide que forme parte del comité de contratación y, además, sea el anfitrión del israelí. Lo que se vuelve una gran complicación cuando éste aparece en medio de una gran nevada, junto a su enérgica esposas Tzila y sus tres asalvajados hijos varones (Benjamin es, paradójicamente el del medio).

Como ya he dicho, la novela resulta muy divertida porque el tono empleado por Cohen es, en todo momento -o casi- humorístico. En realidad, más de la mitad del libro se centra en las cuitas del profesor Blum: laborales -pues aún no ha sido hecho profesor titular de la universidad y debe andarse con pies de plomo-; familiares -tanto en lo que se refiere a su tozuda hija adolescente como a la injerencia de sus padres y suegros, judíos neoyorquinos todos, pero de diferentes orígenes y clase social-; pero también "existenciales", por así decirlo. Blum es un tipo modesto e inseguro, quizá incluso un tanto pusilánime y se ve obligado a afrontar con⁹ sus limitados recursos tanto los prejuicios a su condición de judío como su escasa consideración como historiador. Algo que contrasta sobremanera con la arrogancia autoconfianza del doctor Netanyahu, sionista militante e "innovador" en sus estudios históricos -por limitada que fuera su formación-, estudios que él además pone al servicio de la causa sionista y de su concepción de lo que debe ser Israel. Algo que queda más que evidente en la segunda mitad del libro, cuando aparece la familia Netanyahu -aunque anteriormente ya hemos conocido bastante la figura del padre a través de un par de cartas hablando de él que le son enviadas a Blum-; a partir de este momento, la sonrisa que la ironía de Cohen había plasmado en el rostro del lector (de este lector, al menos) deja paso, en más de una ocasión, a la franca risa, cuando comprobamos que el desastre puede acechar en cualquier recodo del camino -más aún si se encuentra cubierto de nieve-... o, como bien expresa cierto dicho, "el diablo está en los detalles".

En resumen, una novela de campus bastante divertida, aunque tal vez podría ser más vitriólica, en la que se da un cierto repaso, entre otras cosas, a las formas que adopta o ha adoptado la "juidicidad" (no sé si existe el palabro), esa circunstancia cultural/religiosa que, no lo olvidemos, ha nutrido la literatura de tantos y tan buenos escritores. De forma más sutil, también quizás más profunda, es una novela sobre cómo ocupamos nuestro lugar en el mundo y, sobre todo, cómo fingimos que merecemos ocupar ese sitio o el que aspiramos a ocupar. Y, sobre todo, sospecho que será un libro que le dificulte a Joshua Cohen la posibilidad de visitar Israel en un futuro, ahora que Bibi ha vuelto a ganar las elecciones. En cualquier caso, yo no me arriesgaría...

domingo, 6 de noviembre de 2022

Shirley Jackson: Hangsaman

Idioma original: Inglés
Título original: Hangsaman 
Año de publicación: 1951
Traducción: Maia Figueroa Evans
Valoración: Inquietante

¡Qué buena era Shirley Jackson! Hangsaman no es, ni de lejos, la obra que más me ha gustado de entre todas las que escribió, y aun así me parece un novelón.

Pero vamos por partes. Estamos ante un "bildungsroman" de corte experimental. Estamos, también, ante el retrato psicológico de Natalie Waite, una joven de diecisiete años. 

Jackson urde magistralmente la voz de Natalie, quien, además de una adolescente atribulada, es una de esas narradoras no fiables que la autora sabía encarnar con tanto tino. Y es que, desde el inicio, sabemos que hay algo en Natalie que no está bien. La vemos manteniendo conversaciones con un inspector de policía imaginario. Emborronando sus recuerdos. Estableciendo relaciones equívocas con un profesor de la universidad, su joven esposa y un par de alumnas. Incluso asistimos a su amistad con una tal Tony, que quizá no exista. Ah, y no olvidemos que tiene manías persecutorias. 

En fin: Hangsaman es una novela rara. No la recomiendo para iniciarse con Jackson, ya que su ritmo es algo lento, por momentos puede antojarse reiterativa y apenas desarrolla la mitad de los elementos que introduce. Sea como fuere, tampoco la descartaría, en caso de que la autora os guste. Y es que está perfectamente escrita, tiene una protagonista inolvidable, sinergias interesantes, pasajes extraordinarios (de corte onírico o directamente extraño) y un sentido del humor magnífico. Insisto: ¡qué buena era Shirley Jackson!


sábado, 5 de noviembre de 2022

Aleksánder Pushkin: Borís Godunov

Idioma original: ruso

Título original: Борис Годунов 

Traducción: Rocío Martínez Torres 

Año de publicación: 1831

Valoración: Recomendable


Aleksánder Pushkin es algo así como el poeta nacional ruso, una especie de Shakespeare o Cervantes que reina en las letras de aquella cultura, tal vez por encima de esos otros autores que a todos se nos ocurren, mucho más conocidos en Occidente. Es algo digno de analizarse, por qué alguien con méritos literarios internacionalmente menos celebrados parece representar mejor el espíritu de la literatura de un país. Quizá porque encarna valores que en otros lugares nos resultan ajenos, por algún tipo de hito fundacional, o porque quien escribe en verso a lo mejor entronca con su idioma de una forma tan especial que se nos escapa a los profanos. Porque efectivamente Pushkin escribe en verso, aunque sus obras más conocidas, entre ellas la que traemos hoy aquí, se nos sirven afortunadamente prosificadas.

Allá por finales del siglo XVI o principios del XVII, con la desaparición de Iván IV el Terrible, la corona debe recaer en su hijo Dimitri, un niño de corta edad, y a la extraña muerte de éste es elegido zar el regente Borís Godunov, ajeno a la dinastía reinante. Hay sospechas de que Godunov tuvo que ver con el fallecimiento del heredero, pero aun así buena parte del pueblo y la nobleza (los boyardos) apoya su ascensión, como hombre con autoridad para gobernar en tiempos complicados. Sin embargo, años después aparece un individuo que pretender ser el Dimitri que en realidad había sobrevivido, y con ayuda de los polaco-lituanos y parte de los nobles se dispone a arrebatar el poder a Godunov.

Vaya, todo un drama shakespeariano incrustado en la historia medieval rusa. Aunque parece ser que no se ajusta del todo a los hechos históricos, Pushkin deja abierta la sospecha sobre el acceso al trono del zar, quien a su vez se ve amenazado por lo que parece un nuevo engaño. Todo apunta a que es la corrupción, en sus distintas formas, la que pone y quita gobernantes, pero ¿en qué se apoyan esos vaivenes del poder? Pues en elementos tan poco edificantes como la conspiración, el error, los intereses o los caprichos (o la manipulación) de la opinión pública. Godunov es aupado por la necesidad de un gobierno fuerte en un entorno de inestabilidad por la ausencia de heredero. La nobleza local apoya su ascenso buscando los favores de un gobernante sólido, y el pueblo asiente con el silencio típico de una sociedad postrada. A su vez, el nuevo pretendiente se ve respaldado por los poco amistosos vecinos (intereses políticos, territoriales, incluso religiosos), por los nobles, cansados de autoritarismo y atisbando un mejor caballo al que subirse y, finalmente, por aquel mismo pueblo, en el que seguramente pesa el deseo de recuperar la dinastía que creían perdida, en definitiva la tradición.

Entre toda esta confusión, Pushkin hace un excelente dibujo de los dos personajes antagonistas. Godunov se siente fuerte en apariencia, busca legitimidad en el estamento religioso y apoyo entre sus fieles, y planea la continuidad de la saga familiar. Curiosamente, aparece más bien poco en la obra, pero lo suficiente para mostrarse sutilmente consciente de cargar con un pasado dudoso que en cualquier momento puede hacerle caer. Por su parte, el supuesto Dimitri (que el autor presenta desde el inicio como Impostor, así que no hay spoiler) es un personaje sorprendente, en apariencia carente de ambición y de convicciones sólidas, dispuesto a dejarlo todo por amor (ella, princesa polaca, no parece en absoluto de acuerdo), pero que sin embargo continúa con su empresa como arrastrado por una corriente cada vez más irresistible. Toda una situación si se quiere absurda, en la que confluye la culpa de ambos personajes con la conjunción de elementos, a veces aleatorios, que desembocan en cambios decisivos y situaciones dramáticas.

Leemos que Pushkin revoluciona con esta obra el teatro y la literatura rusa, que mantiene elementos del romanticismo originario pero incorpora una corriente realista que rompe con los cánones de la época y el país, que materializa los valores esenciales de la historia rusa como nadie lo consiguió antes. Muchas cuestiones digamos técnicas que se nos escapan pero que explica con sencillez y eficacia el prólogo que firma la traductora Rocío Martínez Torres, de lectura imprescindible antes de sumergirnos en el texto. Y, una vez instruidos sobre algunos aspectos esenciales, disfrutemos de una historia llena de potencia, una tragedia histórica que encierra más claves de las que en principio pueden parecer.

Otras obras de Aleksánder Pushkin en ULADEugenio Oneguin