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lunes, 4 de mayo de 2020

Montserrat Roig: Som una ganga. Textos feministes

Idioma original de los artículos: Catalán y castellano
Año de publicación del volumen: 2020
Valoración: Recomendable

Som una ganga es una antología bilingüe que compila sesenta y dos textos escritos por Montserrat Roig (1946-1991). Textos sobre feminismo que reflexionan en torno a «La condición femenina y el mundo», «El empoderamiento femenino», «El cuerpo y las relaciones con los hombres» y «La violencia machista». De distinta extensión, la mayoría son fáciles de etiquetar en tanto que artículo periodístico, aunque unos pocos circunvalan formatos académicos.

El discurso de Roig es, por lo general, coherente. Así lo demuestran su uso recurrente de la figura de George Sand, sus menciones a la Odisea de Homero y su obsesión temática con la guerra o el matrimonio. No obstante, la autora se permite algún titubeo ocasional. Esto, contra todo pronóstico, habla a su favor; demuestra que no pretende saber de todo, al contrario que tantos tertulianos y opinadores contemporáneos. ¿Que no tienes una posición firme respecto al desnudo femenino? Pues lo reconoces y a otra cosa. 

A la postre, uno puede estar más o menos de acuerdo con los planteamientos expuestos en Som una ganga, pero vale la pena leer el parecer de Roig. Ya he dicho que tiene un discurso coherente, muchos de sus argumentos son persuasivos y es innegable que su ironía resulta la mar de simpática. Ojalá estuviera viva; yo la seguiría en Twitter.  

martes, 14 de enero de 2020

Margaret Atwood: Posturas políticas

Idioma original: inglés
Título original: Power Politics
Traducción: Edgardo Dobry (ed.en castellano) y Núria Busquet Molist (ed. en catalán)
Año de publicación: 1971
Valoración: muy recomendable

Que Margaret Atwood es conocida principalmente por «El cuento de la criada» (y por la más reciente «Los testamentos») es algo más que evidente. Pero eso no debería confundir al lector y creer que su obra entera gira en torno a distopías, porque Atwood es una autora que ofrece mucho más que una narrativa potente y crítica. De hecho, la autora empezó su carrera literaria escribiendo poesía, y debo decir que para mí descubrir este libro y esta faceta de la autora ha sido una muy grata satisfacción.

En esta breve pieza poética la autora da sobradas muestras de que su capacidad crítica va más allá de lo que plasma en sus novelas; su activismo constante a lo largo de su vida se extiende a su obra y se pone de manifiesto en esta pieza en su vertiente feminista que, escrita en 1971, no ha perdido ni un ápice de vigencia décadas después, lamentablemente.

El libro que nos ocupa narra la historia de una relación entre dos amantes, y lo hace con una estructura temporalmente lineal. De esta manera, la historia está construida como si se tratara de una novela, con un argumento continuo y escenas que se suceden, pero escrita en forma de verso. Con ello, es un libro que permite y demanda que, a diferencia de otros libros de poemas, se lea de manera seguida.

El argumento que plantea Atwood es el de una relación sentimental entre hombre y mujer, donde expone el punto de vista de una mujer inmersa en una relación que ya de entrada se le antoja imperfecta y desigual y que la autora expone perfectamente afirmando que «encajas dentro de mí/como un gancho en un ojo/un anzuelo de pescado/un ojo abierto» (ese «ojo abierto» que en inglés se traduce como «open eye» que también suena como «I»). Así, con dos líneas de verso, la autora nos sugiere ya de entrada que la mujer está atrapada en una relación donde ella se expone de manera abierta, y él la atrapa y la aferra de manera ineludible sin opción de escapar, y ella es consciente de esa desigualdad afectiva, pues seguidamente afirma que «puedo cambiarme a mí/misma más fácilmente/de lo que puedo cambiarte a ti», pero la atracción es fuerte y el deseo tienta a «tirar de la sábana nostálgica por encima/de mi sonrisa de despedida encerada».

En este libro, Atwood retrata, con sus certeras palabras, una sociedad marcada por un machismo evidente, donde la mujer queda relegada a ejercer un rol secundario en las relaciones sentimentales. Estamos en 1971, en plena segunda ola feminista, y las voces pronunciadas desde diferentes ámbitos proclaman un avance en los derechos de las mujeres, ante el anquilosamiento de una sociedad regida, diseñada e instaurada desde la visión masculina. Y Atwood denuncia este poder masculino, su visión dominante y autoritaria, y la critica con precisión con pocas palabras, afirmando que «caminas hacia atrás, /admirando tus propias huellas». Así, con pocas palabras, la protagonista critica el orgullo y pedantería del amante, que se idolatra ante la sociedad a sabiendas que su actitud supone un retroceso, y extiende la experiencia en esa relación al conjunto de mujeres que se encuentran en una situación similar, afirmando que «ahora hay hordas de mujeres como yo, todas iguales/y paralizadas, te seguimos/esparciendo ofrendas florales/debajo de tus pezuñas».

Hay muchas más citas interesantes en esta obra en los que parar por unos momentos la mirada y dejar que las palabras lleguen y crezcan dentro de nosotros. La riqueza poética y el mensaje que transmite es muy interesante y, leyendo este libro, se constata que la poesía es una herramienta plenamente útil para exponer una ideología, una crítica social y, en particular, analizar las relaciones afectivas, a la vez que las viste y engalana de una belleza poética no exenta de contundencia. De hecho, la autora escribe respecto al poder masculino que «los puños tienen muchas formas», evidenciando que su dominio y poder se ejerce en muchos y variados ámbitos, pero también aquí podríamos afirmar que la literatura es una de esas posibles formas de lo puños con los que golpear las consciencias y despertarlas de un largo letargo de dejadez y anquilosamiento.

En esta magnífica obra, Atwood evidencia que es indiferente la forma que toma un texto (ensayo, narrativa o poesía) si la potencia que lo impulsa tiene la fuerza surgida de la necesidad de exponer y criticar aquello que uno denuncia y el ímpetu y la energía de exteriorizar una ideología que vas más allá de uno mismo y se extiende al resto de la sociedad.

La poesía tiene la capacidad de, con pocas palabras, encontrar la vía directa a nuestros sentimientos y dejar que, a partir de ellos, asimilemos con mirada calmada, pero con pasión emocional aquello que nos transmite. Y éste es un buen libro para recordarlo.

Nota del reseñista: Es posible que los fragmentos traducidos incluidos en la reseña no se ajusten a la edición en castellano, pues leí la edición bilingüe catalán/inglés

viernes, 16 de noviembre de 2018

Premiados con el NOVEL de ULAD, primer puesto: Mircea Cartarescu: Nimic

Idioma original: rumano
Idioma de la edición: Edición bilingüe rumano/catalán.
Título original: Nimic. Poeme
Traducción: Xavier Montoliu Pauli
Año de publicación: 2010
Valoración: muy recomendable

En esta recopilación de poesías del autor rumano, ganador del premio Novel de ULAD 2018 según votación de lectores y reseñistas, Cărtărescu destaca por hacer poesía de las pequeñas cosas, buscando el encanto de la cotidianidad, la belleza en esos pequeños detalles que abundan en la vida de cada uno, si se tienen los ojos preparados y receptivos para verlos. De igual manera que Williams Carlos Williams (por poner un ejemplo conocido, más aun después de la película Paterson), el autor rumano se centra en lo particular, en lo aparentemente común, para destacarlo y darle su justo valor, siempre bajo su mirada, interpretando y observando la vida bajo el prisma de su experiencia, sus miedos y sus deseos, realzando la realidad cotidiana con un estilo accesible para todos los lectores, aunque sin apartarse ni un milímetro de la alta calidad propia del autor.

Así, con esta intención, la poesía de Cărtărescu no está adornada en exceso de florituras, incluso diría que, a pesar de ser poesía, su estilo es incluso más accesible que su prosa, menos arriesgada, más sencilla en apariencia; tal es así, que encontramos a menudo referencias a marcas de ropa, de coches, o incluso centra un poema en torno a un amor imposible hacia Natalie Wood; también aparecen frecuentes referencias a la música, muy presente en la obra cuando menciona a The Beatles o a The Dire Straits, incluyendo en partes de sus poemas fragmentos de canciones, nutriéndolos de sus letras directamente en inglés. Así, acercando la poesía también al lector no acostumbrado a este estilo literario, el autor sabe crear el ambiente para sorprender con su poesía libre, trazando un esbozo de realidades escondidas tras los hábitos de la cotidianidad. Por eso su poesía es bella, pues no requiere de un esfuerzo para entenderla; en ella nos podemos sentir identificados y nos llega de manera natural, casi sin pretenderlo.

Además de lo expuesto, y ya entrando en profundidad y si se conoce la obra del autor, este libro se disfruta también a otro nivel, pues además de la belleza de sus poemas, uno goza enormemente viendo en él los rasgos del Cărtărescu que vendría después, pues ya asoman en sus poemas las tendencias hacia lo onírico y su interés por la anatomía, aspectos muy propios del autor. Así, vemos esos rasgos en algunos versos de sus poemas al decir «sol de invierno, aire limpio, nubes sin sistema nervioso» (siempre esas notas de anatomía, como canal a través del cual penetrar en los sentidos, como un camino que nos conduce a nuestro interior), en un fragmento que podemos encontrar en el poema «Sol de invierno». También aparecen los habituales insectos, como cuando dice «bajo el radiador, un gran escarabajo negro mueve la pata y una antena, como yace de espaldas, medio liquidado» (en «Me parece que vivo la vida») o también en «todo es romper el capullo, convirtiéndose en mariposa» en «Hacia el Mihai Viteazul», en una cita a Thomas Mann.

Viniendo del autor rumano, y como no puede ser de otro modo en él, las poesías giran, a menudo, en torno al amor y al desamor, y el autor nos las narra desde esos pequeños espacios en los que vive, y a los que nos tiene acostumbrados tras la lectura de Solenoide o Cegador. La tristeza que destila el estilo de Cărtărescu asoma en sus poemas, afirmando «Triste (porque ya no creo más en el amor, en la poesía…)» en «Hacia el Mihai Viteazul» o cuando afirma «enloquezco de tristeza, no hay nadie en mi vida» en «Hojas verdes, luces de tránsito»; y la habitual soledad que transmite la literatura del autor, al escribir «tanta soledad feliz me has dado, Dios mío», en el poema «Cuando nieva, cuando nieva y nieva...»), esa soledad que transmite encerrado en su diminuto hogar y, siempre, dirigiendo su poética mirada hacia las ventanas de su piso, esas ventanas a un mundo del que intenta atisbar su significado, buscando una salida, afirmando que «por la ventana veo otros bloques encogidos y mojados» (en «Estoy tan triste») o también «En la cortina de la ventana un rectángulo dorado — nada más que el sol al crepúsculo. Miro hacia fuera: el sol quema por encima de unos bloques…» (en «Impresión») o «he pegado la frente al cristal, como en la adolescencia, he mirado todo lo que podía ver desde aquí» (en «De repente el otoño»).

Así, desde esas ventanas, con sus vistas a Bucarest, entre la nostalgia y la esperanza, y cierta añoranza a una ciudad que le antoja triste, decadente, abatida, afirmando que «estoy desproveído del amor, de enamoramiento en las espléndida suciedad de la ciudad» (en «Tristeza idimenticable»), pero nunca olvidando su amada Bucarest, siempre presente en su obra, en una clara declaración de nostalgia al mencionar «agosto sobre Bucarest como la mantequilla sobre el pan, como el hombre encima de la mujer», en «Tristeza idimenticable».

En resumidas cuentas, un libro más que recomendable para los numerosos seguidores del autor rumano, pues en él verán muchos rasgos característicos de la obra del autor que potenciaría y sobre los que profundizaría en sus novelas posteriores; no en vano, fue después de los poemas incluidos en esta recopilación que el autor se volcaría definitivamente a la novela y a la prosa, con la publicación de Nostalgia en 1993, manteniendo en sus relatos prosísticos el tono poético que siempre le ha acompañado. Pero no se trata únicamente de un libro para los numerosos fans de Cărtărescu, sino también para aquellos que desconozcan la obra del autor, pues el libro también es recomendable por la calidad propia de su literatura, por la búsqueda y exploración de la proximidad de lo narrado, por la cercanía emocional que despiertan sus versos, y por la profundidad escondida bajo un manto de aparente sencillez. Un acierto de la pequeña editorial Lleonard Muntaner Editor que espero que tenga traducción al castellano algún día, pues los fans de Cărtărescu, y la literatura en general, se lo merecen.

También de Mircea Cărtărescu en ULADEl ojo castaño de nuestro amorSolenoideEl LevanteLas bellas extranjeras¿Por qué nos gustan las mujeres?LuluNostalgiaEl ruletista, El ala izquierda. Cegador I

sábado, 16 de diciembre de 2017

Salvador Dalí: Babaouo

Idioma original: francés
Título original: Babaouo
Traducción: Esteban Riambau Saurí
Año de publicación: 1930
Valoración: Está bien (curiosidad, diríamos)

Reconozco que no le tengo mucha simpatía a Salvador Dalí. O, mejor dicho, al personaje de Salvador Dalí, porque el ‘Avida dollars’ terminó por comerse absolutamente a su anfitrión, al artista originario, hasta el punto de hacernos dudar de si realmente existió algo que no fuese el icono del marketing surrealista. Pero el desdichado exhumado y resepultado era desde luego un tipo original, creativo y sobre todo con una prodigiosa mano para el dibujo. Es ya casi un tópico aludir a la trinidad Lorca-Buñuel-Dalí en la Residencia de estudiantes, pero lo que es innegable es que la estrecha relación entre aquellos tres personajes dio lugar a influencias mutuas que enriquecieron su respectiva creación individual, e incluso a algunas colaboraciones memorables, como las famosas películas ‘Un perro andaluz’ o ‘La edad de oro’, dirigidas por el genio aragonés y cuyos guiones escribió conjuntamente con Dalí.

Aunque la faceta más conocida de Dalí son quizá sus pinturas surrealistas, los huevos en diferentes versiones y multitud de cachivaches más o menos sorprendentes, además, claro, de sus payasadas mediáticas, el marqués de Púbol se mostró siempre muy interesado por el cine. Como decía antes, colaboró con Buñuel en las dos cintas citadas, pero realizó otras incursiones, no siempre afortunadas, en entornos cinematográficos bien distintos, como por ejemplo con Walt Disney o Alfred Hitchcock. Me queda la duda de si la afición de Dalí por el cine era sincera, al margen de constituir otra posible fuente de ingresos; porque lo cierto es que, casi como cualquier otra actividad de las que emprendía el artista de Figueres, se quedó en una aproximación un tanto infantil, sin llegar a explorar en serio las posibilidades de aquel arte. A lo mejor pensaba que era suficiente con dejar caer unas cuantas extravagancias y darles forma y color para hacer funcionar una obra cinematográfica. Y no.

El caso es que en 1930 se decidió a escribir él solito el guión de ‘Babaouo’, dejando constancia ya en la primera página que ‘C´est un filme surrealiste’, por si acaso. La edición de Labor de 1978, bilingüe y muy cuidada dentro de su formato ‘de bolsillo’, incluye varios dibujos de Dalí y una lámina en color, anunciando que también incorpora el facsímil de una tarjeta enviada por Raymond Roussel al autor… la cual debió acabar perdida por ahí antes de llegar el libro a mis manos. Antes de entrar en harina, hay un texto aparatosamente titulado ‘Compendio de una historia crítica del cine’, que no deja de tener algún interés. Si bien tampoco se distinguía por un discurso teórico demasiado elaborado, Dalí muestra en él su rechazo al cine de raíz psicológica y su admiración, por ejemplo, por los Hermanos Marx. Son apreciaciones personales a las que se quiere dar una cierta coherencia y, aunque casi nunca lo consigue, sí que pone en evidencia su admiración por este arte, en el que quizá anhelaba brillar.

El guión de ‘Babaouo’ ni siquiera tiene formato de tal, es una sucesión de escenas descritas bastante por encima, que cuenta cómo el tal Babaouo es avisado con urgencia del peligro que corre su amada –con el prosaico nombre de Maribel Ibáñez-, secuestrada en un cierto castillo de Portugal. El pequeño viaje de rescate, que recuerda muy vagamente al Quijote (¿el personaje que Dalí siempre quiso ser?), se ve jalonado, como no podía ser menos, por numerosos imágenes absurdas, en la que no faltan gallinas decapitadas, ciclistas que cargan una piedra sobre sus cabezas, relojes blandos y huevos al plato. ¿Les suena, no? Una y otra vez las imágenes recurrentes de la pintura y los objetos dalinianos, que realmente en el caso del guión aportan muy poquito, al margen de algún plano que puede tener algún atractivo. Al muy escueto texto le sigue un ‘Epílogo’ que en realidad es una mera continuación, con el sello surrealista ligeramente rebajado, y otro par de textos breves que tiene que ver con la misma historia, una especie de parches, como si el autor no tuviese muy claro cómo terminar aquello, o simplemente si debía terminar.

Digámoslo ya: el ‘guión’ en sí no tiene ningún interés más allá de la mera curiosidad o la gracia que nos pueda hacer tal o cual ‘escena’, y nos coloca de golpe ante un juicio al propio movimiento surrealista: sabemos que sus seguidores desafiaron convenciones y rompieron esquemas al describir, esculpir, pintar o filmar cosas no visibles, el subconsciente, los sueños, una realidad paralela. Así surgieron fantásticas pinturas de Magritte o Max Ernst, poemas de Breton, o las ya citadas películas de Buñuel (+Dalí). Como todos los movimientos artísticos, todo ello tuvo su momento y su importancia, en muchos aspectos decisiva para que otros artistas continuaran conquistando áreas de libertad creativa. Pero, una vez visto y leído todo lo que ya había aparecido en aquel 1930, cabe preguntarse qué más aportaban nuevas remesas de ciclistas con panes, hormigas misteriosas o gallinas sin cabeza.

Me atrevería a sugerir si esta reincidencia en las fórmulas no sería lo que movió a Buñuel a negarse a rodar a partir del nuevo guión. Cosa que por cierto sí hizo unas cuantas décadas después el director Manuel Cussó-Ferrer (creo que en 2000), en uno de esos filmes que casi nadie conoce (yo desde luego no) pero quizá sería un buen complemento para esta reseña. Como también puede serlo este interesante reportaje del canal europeo ARTE  sobre don Salvador y su ‘Babaouo’.

P.S: Como curiosidad, Esteve Riambau, hijo del traductor del libro del que hablamos, visitó ULAD hace ya bastante tiempo como autor de otro libro sobre cine.

viernes, 17 de enero de 2014

Mary Jo Bang: El claroscuro del pingüino


Idioma original: edición bilingüe inglés-español.
Selección y traducción: Patricio Gringberg y Aníbal Cristobo
Año de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Tal y como prometí en una entrada anterior, vuelvo a la editorial independiente Kriller 71 para hablaros de El claroscuro del pingüino de la estadounidense Mary Jo Bang, libro que, junto a La belleza de las armas del canadiense Robert Bringhurst, vio la luz en el último semestre de 2013.

Mary Jo Bang (Missouri, 1946) ha escrito varios libros de poesía, entre los que se encuentran Apology for Want (1997), premio Katherine Bakeless Nason; Louise in Love (2001); The Downstream Extremity of the Isle of Swans (2001); The Eye Like a Strange Balloon (2004) o Elegy (2007), ganador del National Book Critics Circle Award y del Alice Fai di Castagnola Award. En 2009 publica The Bride of E, donde cada texto se inicia con una letra del alfabeto emparentada con problemas existenciales como la soledad, el hecho de que Estamos, a todos los efectos, o el hecho de cuestionarnos, al igual que lo hace Alicia en el poema "A como en Alicia", qué podría pasarnos si cayéramos a través de toda la oscuridad por la que estamos mirando. 

En la actualidad, MJB trabaja en la escritura de The Last Two Seconds, de próxima aparición. Es con un anticipo de ésta última obra como la autora da inicio a la antología El claroscuro del pingüino, una acertada selección de las obras mencionadas arriba (excepto de Elegy, por tratarse de un poemario en versión bilingüe editado recientemente por Bartleby).

En palabras del editor, el conjunto de poemas que componen la antología se presentan en orden cronológico inverso, a petición de la poeta, e incluyen una muestra del intento de reinvención y experimentación continua al que ésta ha sometido su lenguaje. Los dos últimos poemarios que aparecen en El claroscuro (Louis in Love, un conjunto de poemas que reflejan el mundo imaginario y el amor que experimenta Louise, y Apology for Want) y, por tanto, los primeros en haber sido publicados por Bang, presentan una poesía más sencilla, con textos más accesibles, puesto que las conexiones narrativas son más explícitas que en los poemarios de creación más reciente, las imágenes se hilvanan de una manera más evidente con el discurso y, en este aspecto, se podría decir que el lenguaje se acerca más a lo que podría entenderse como una experiencia real como pueden ser las relaciones amorosas o la manifestación del deseo, la pasión o la frustración (aunque hablar de lo real en poesía sea un tanto arriesgado, puesto que el universo poético se aleja a menudo de la experiencia vital de cada uno para crear un nuevo concepto de realidad). Por poner un ejemplo, el poema “En el hospital de St. John”, de Apology for Want:

Mi madre y yo, a la deriva en un bote/ al borde de la alfombra/ esperando que alguna palabra bajase. /En cambio, eufemismos, un repiqueteo/ amortiguado, insípidos paisajes en tonos pálidos/ y melocotón. […] Una vez en el columpio de un patio/ me convertí en el cielo que decía ser./ La muerte puede ser cualquier cosa,/ dientes en un vidrio. Anoche, en un sueño/ conducíamos sobre el hielo./ Y él me hizo salir y barrer…/ Todas nuestras vidas cargan con una condición dentro./ Demasiado tarde, nos damos cuenta –arena seca/ polvo, lo que podría haber sido una casa./ Ser pura, comenzar nuevamente de cero.

A partir de ahí, la autora se centra más en el cómo decir que en el qué decir. Es la propia Mary Jo Bang quien, en una conversación sobre la erótica del lenguaje con Aníbal Cristobo, recalca la necesidad de abandonar un primer estilo que ella califica como innecesariamente tímido y de investigar otro tipo de posibilidades y conexiones. Por ejemplo, las fónicas, que, obviamente, en una traducción nunca llegan a conservarse tal y como se aprecian en el original, pero a la que, una vez más, gracias a la edición bilingüe, podemos acercarnos. A continuación, cito un fragmento de la entrevista que considero clave para todos aquellos que deseen acercarse a la obra de Bang, sobre todo, a los últimos poemarios, donde el mensaje que encierran los versos es más difícil de desentrañar y las conexiones iniciales se pierden o, por lo menos, no se aprecian a primera vista:

... el deseo de liberarme de cualquier tipo de modelo que yo hubiera podido establecer en mi primer libro, Apology for Want. Sentía que en mi primer libro tal vez había sido innecesariamente tímida. Sospechaba que el lenguaje poético era capaz de hacer mucho más [...] que podía pasar si en esos nuevos poemas yo establecía menos conexiones narrativas explícitas y, en lugar de eso, dejaba únicamente que un sentido general de esa narrativa destellara detrás de la superficie retórica del poema. Quería ver si, a falta de conexiones lineales claras, los ecos fónicos (como rimas internas, aliteraciones, asonancias, etc.) podían sostener al poema como tal. La pregunta en mi cabeza era si sería posible, en el caso de que el poeta brindara suficiente placer sonoro –y convirtiera al lenguaje en algo exuberante y sorprendente- si sería posible para el lector no apenas tolerar sino incluso disfrutar esa incertidumbre; el desconocer hacia dónde apuntaba el poema exactamente. [...] la idea de la indeterminación y del rechazo al “cierre”, la clausura del texto en relación a un significado estable. [...] en muchos de esos poemas hay un subtexto de amores no correspondidos, pero también hay un subtexto del amor al lenguaje, y a la poesía. [...] un experimento con lo indireccionado. Gertrude Stein decía que en Tender Buttons quería capturar la esencia de las cosas pero sin nombrarlas. Intentar capturar la “cosa en sí” de un objeto aludiendo a sus cualidades en vez de a su nombre. Yo buscaba capturar las cualidades no de objetos, sino de ideas y de estados de subjetividad.

Hay quien puede tachar de crípticos sus poemarios más recientes debido al fragmentarismo, a la aparición de diferentes planos del discurso en un mismo poema, al peligro de que el lector quede excluido del poema al no conocer, por ejemplo en el poemario The Eye Like a Strange Balloon, las obras  de referencia que la autora toma como punto de partida para sus poemas. En realidad, este último recurso se ha observado ya en el caso de muchos otros autores, por ejemplo, Ana Gorría y su obra Araña, una técnica que no debería verse como un grave problema, sino todo lo contrario, ya que arte y poesía se apoyan para crear un discurso más enriquecedor y, puesto que si realmente estamos interesados en la lectura, podemos investigar y dar con esas obras.

Otros, como Luna Miguel, encargada de escribir un lírico prólogo para el Claroscuro del pingüino (tan lírico que funciona como un poema más añadido a la antología y de cuya lectura disfrutamos; sin embargo, con el fin de dar con claves que faciliten la interpretación de la obra, no vendría mal incluir también, en próximas reediciones, la entrevista arriba citada o esta otra, muy completa, incluida en la revista Transtierros), hablan de la importancia, del peso que ejercerá la voz de MJB entre nuestros poetas más jóvenes, una voz que, cito a Luna, adelanta lo que escribirán unos u otros después de haberla asimilado.  Un bello prólogo en el que se habla de Bang como reina de lo metaliterario: aquella fórmula con la que todo puede reinventarse: el lenguaje: el ritmo: el significado de antiguos héroes: de antiguos personajes infantiles: de uno mismo: de un país: de aquellas murallas imponentes: los espacios: la filosofía: el teatro: la muerte.

Y añado: Alicia, todos esos referentes de fantasía que conforman el núcleo inventivo
de la infancia y que reinciden, de una u otra forma, en la edad adulta. La magia, el don de la ubicuidad de la poesía entendida como un escenario en el que la autora puede pensarse, proyectarse y proyectarnos a todos nosotros con ella hacia situaciones que nunca ha vivido (un terremoto en España), lugares ficticios que, de algún modo, le posibilitan el acabar hablando de todo aquello que realmente le preocupa (un temblor, la vibración generada por esta o aquella anécdota). Es MJB con su despliegue de personajes-actores inventados quien no duda en darnos entrada a esta especie de escenario que construye ante nosotros y al que asistimos fascinados. Son precisamente ese lenguaje complejo o esas imágenes crípticas, el juego de máscaras, los que posibilitan la magia de la poeta que nos habla de bosques de juguete, grillos mutilados, Dos muñecas sentadas en una caja,/ Sus rostros insensibles haciendo juego./ Así, dicen, es como uno debe mirar/ El mundo. 

Para mí, hay una poesía que se entiende y otra que no, o que, al menos, cuesta más descifrar. Sin embargo, ambas, desde diferentes ángulos, resultan interesantes y, al igual que considero en este caso, indispensables para continuar en la profundización de la trayectoria  y en el conocimiento de diferentes propuestas. ¿Se trata de una lectura complicada? Sí. ¿Roza lo incomprensible en algunos pasajes? También, incomprensible como muchas otras cosas en la vida que no por ello resultan menos bellas.

Un consejo: puede empezarse con textos más asequibles como sus primeros poemarios y saltar después a los últimos, una vez que ya hayamos entrado en su cosmopoética. Poco a poco, en esa maraña de imágenes misteriosas, uno irá encontrando el sentido o una serie de conexiones que hilan los poemas de la antología. Y recordamos así que, retomando las palabras de la estadounidense, Estamos, a todos efectos, rotos, [...] pero todavía queda Algo azul detrás. Una mano abre lo azul,/ Y lo atraviesa y acaricia al gato,/ Calico, viejo, un poco más viejo con el tiempo./ Sabes que esta escena débil/ Está iluminada por la luz descuidada del final/ De un día perturbador [...] y mientras caminaba a través de la niebla gris del día,/ falsear lo vaporoso/ como si se tratara de algo concreto: el humo de un cigarrillo,/ por ejemplo, podría convertirse en un edificio diminuto/ de Lego/ visto en la ventanilla de un autobús que bloqueaba la calle./ La gente a veces se piensa como una foto que coincide/ con un anhelo inventado: un bosque de juguete, un/ grillo mutilado [...] De este lado -carne; del otro- una garra de hierro [...] como si la historia fuera un sonido/ que pudiera forzar un abismo creciente/ con el mar debajo. Y eso será así./ La multitud sólo se calmará cuando el mar nos alcance. 




sábado, 14 de diciembre de 2013

Robert Bringhurst: La belleza de las armas -antología poética bilingüe-

Idioma original: inglés
Traducción: Marta del Pozo y Aníbal Cristobo 
Fecha de publicación: 2013
Valoración: recomendable

Hoy quiero romper con el formato habitual de la reseña para presentarles, por un lado, un proyecto editorial que me ha parecido interesante (créanme, no hay amigos de por medio) y, por otro, uno de sus poemarios.

Hoy quiero escribir desde el optimismo y la ilusión que despiertan los hallazgos, los proyectos originales hechos con gusto y las personas importantes, aquellas a las que realmente merece la pena escuchar porque un día, hartas de todo, malhumoradas, se levantan y dicen, por ejemplo: "y cuando termine de editar este libro, ¿a quién se lo llevo?¿quién va a querer editar la poesía de un autor del 46 totalmente desconocido?" y, entonces, deciden que lo mejor es crear su propia editorial para no tener que ir a pelearse con nadie. Y, de la noche a la mañana, surge, por ejemplo la editorial Kriller 71, una editorial valiente y guerrera, pequeña, pero matona, que afila los dientes y se clava en el centro del mercado poético para cuestionarlo e incomodarlo. El culpable de todo esto: Aníbal Cristobo (Lanus, Buenos Aires, 1971). El resultado: libros pequeñitos y con encanto, con una portada en la que se incluyen bellas fotografías que dialogan con el texto. 

Fue a través de una entrevista que le hacían en la revista Koult como conocí la labor de Kriller71 y, a pesar de que fuera la primera vez que oía hablar de ellos, las palabras de Cristobo me cautivaron. Entran ganas de cambiar las cosas, de hacer algo, de ponerse a escribir como locos y llegar a algún sitio, o perdernos, no importa, pero este bonaerense posee el don de la palabra y llama a salir de nuestro letargo e iniciar cualquier acción poética, por muy absurda que ésta sea. Sé que debo remitirme a la reseña que hoy nos ocupa, pero me han emocionado tanto sus palabras que no puedo evitar compartirlas, al menos, brevemente: "Vamos a perderlo todo y, como quería Beuys, nos alimentamos del derroche de nuestras propias energías. Tal vez sea bueno que dejemos de pensar en la poesía en términos de marketing empresarial y la entendamos como un ecosistema [lo que queremos desarrollar es] ese sentido de la ofrenda que propicia que un circuito sea sustentable, al menos por un instante. Que alguien que le debe casi todo a la poesía, como es mi caso, pueda intentar hacer uso de sus fuerzas para devolver algo de lo que ha recibido. En ese sentido es casi anecdótico que el proyecto sea económicamente inviable, porque por la misma regla de tres podemos llegar a la conclusión de que lo más acertado para un elefante sería la inmovilidad o que tener amigos no es una actividad redituable, y evidentemente no se trata de eso. Con lo cual, invirtiendo los términos, te diría que no, que ofrecer algo que uno hace con pasión, buscando el modo de entregar lo mejor de sí, nunca es arriesgado. Lo arriesgado es creer que podemos vivir sin poesía.

El objetivo de Kriller 71 es, entre otros, el editar poesía contemporánea de poetas que poseen una obra consolidada en su país de nacimiento pero que no han sido publicados aquí (o, si se ha hecho, consideran que debe ampliarse). Los libros se van publicando de a pares semestralmente. La pareja propuesta en este último semestre han sido la antología poética bilingüe La belleza de las armas del canadiense Robert Bringhurst, del que se hablará a lo a lo largo de esta entrada, y El claroscuro del pingüino de la estadounidense Mary Jo Bang, poemario que analizaré más adelante.

La única pega que encuentro en el caso de ambos poemarios (derivada de cuestiones económicas, supongo, por favor, premios a la labor editorial, premien a estos muchachos) es que el tamaño de la letra acaba resultando quizás un poco pequeño cuando ya llevas un par de horas de lectura, sobre todo en el caso de que se quiera leer el texto en su versión original, que, incluido a pie de página tal y como hacen otras editoriales, resulta un tanto incómodo. Aunque es cierto que no le damos mucha importancia al compararlo con el placer que supone el acercarnos a los autores.

Ahora, La belleza de las armas.

Esto es el oscuro corazón del hueso/ respirando como los pinos, esto/ es el corazón como una garra en la tierra. Esto es Bringhurst en directo y en exclusiva, para nosotros, contándonos que todo conocimiento es carnal, interrogándose, interrogándonos, por este hambre tan firme como un hueso que atraviesa y caracteriza al ser humano.

Es a través de la traducción de Marta del Pozo y Aníbal Cristobo como llegamos al ecosistema poético de Bringhurst. Estamos frente a una poesía viva, que aboga por rescatar y revalorizar la cultura de la narración oral junto, por ejemplo a figuras como las de los presocráticos, la mitología homérica, pasajes de Deuteronomio y Génesis o el testamento de Petrarca. Hay que tener un amplio bagaje para comprender los poemas de Brighurst al completo, para comprender el eco de voces diferentes a la suya. No en vano subrayaba ya el autor en El árbol del conocimiento la importancia de escuchar a los ancianos: "Son los ancianos a los que principalmente quiero escuchar, y la mayoría de ellos ya no están".

De este modo, regresando a los ecos del pasado, alejándose de la voz autorreferencial propia de la poesía moderna, la obra da paso a una poesía coral, densa, que celebra la belleza y el derecho a la supervivencia de la naturaleza. Es en el rescate de la narrativa oral (a lo largo de la lectura una regresa a veces a ese instante perdido de la infancia en el que alguien nos relata un cuento y asistimos boquiabiertos el desarrollo de la historia) y en la creación de imágenes donde destaca el autor. Con una imaginación brillante, todo aquel, entre los que me incluyo, que no domine completamente las referencias que cita y reescribe Bringhurst, puede disfrutar de la lectura y hallar versos que lo abatan como un arma, pero un arma bella: 

Las armas, para ella, eran necesariamente espantosas, y la belleza era pacífica, gentil, y no llevaba armas. […] Pero las auténticas armas raramente son feas, la auténtica belleza raramente va desarmada, y las categorías morales sí colisionan, todo el día y toda la noche.

Bringhurst es alma poética, reescritura, profundidad e imaginación en estado puro. Merece la pena leerlo. Pero sobre todo, es un autor que debe releerse, porque aunque no resulte transgresor en la sintaxis, cuesta comprender su obra en una primera lectura debido a las referencias y al bagaje de los que se ha hablado. Por último, para todo aquel que desee acercarse a la trabajada musicalidad del texto original (no en vano se trata de una poesía que rescata la oralidad) que, obviamente en la traducción se pierde un poco, esta edición bilingüe supone un buen punto de partida.


martes, 12 de noviembre de 2013

Colaboración: Tengo una cita con la muerte

Título completo: Tengo una cita con la muerte (Antología de poetas muertos en la Gran Guerra)
Idioma original: inglés
Año de edición: 2011 (Edición bilingüe inglés-castellano)
Valoración: Muy recomendable

Las antologías de poesías militares han sido siempre muy comunes en los países de lengua inglesa. En castellano es más difícil encontrar este tipo de libro. Si lo pensamos, de primeras puede parecer difícil acordarnos de un poema bélico. Pero ¿no lo son la Ilíada y buena parte de la Odisea? ¿Y Milton? ¿Y la obra de autores más cercanos como Machado o Miguel Hernández?

En 2011 con Tengo una cita con la muerte de Ediciones Linteo, se rellenó un vacío importante. La recuperamos ahora cuando en unos meses se conmemorará el centenario del comienzo de la Primera Guerra Mundial.

En esta antología se incluyen veintiún poetas muertos en la Gran Guerra y cuarenta y dos poemas en edición bilingüe, con un prólogo complementario a cargo de Ben Clark y Borja Aguiló. Los poemas aparecen publicados en el orden cronológico en que fueron escritos: al leerlos podemos imaginar, detrás de ellos, cómo mes a mes y año a año se recrudece el conflicto y con él las experiencias de los soldados. Como dice el prólogo, aquellos que escriben al comenzar la guerra son los mismos poetas pero no los mismos hombres que en su final. La experiencia los ha transformado. Son otros después de batallas como la del Somme. Allí, el 1 de julio de 1916, solamente los británicos sufrieron 57.740 bajas, con 19.240 muertos y más de 2.000 desaparecidos.

Todos los poetas incluidos en la antología murieron en combate o por acciones de guerra. El más joven, con 19 años (Edward W. Tennant). El mayor, con 45 (John McCrane). Otros fueron Wilfred Owen, Isaac Rosenberg, Alan Seeger, Rupert Brooke, Edward Thomas.

Alguno de ellos ya eran poetas al alistarse como voluntarios. Otros se descubrieron como tales durante la batalla, seguro que muchos sin saberlo. Jóvenes que no supieron expresar lo que habían vivido, que al poco de volver de permiso se sentían tan perdidos que preferían volver al infierno del frente, “y muriendo sobrevivir aún”, convertida ya la guerra en su única realidad posible. Otros, al escribir a su familia, sólo podían describir lo que estaba pasando con un verso. Es imposible ponerse en su lugar, pero son algunos de ellos quienes, al ver a la muerte tan de cerca, sólo pudieron escribir un verso.

Está en esta antología el poeta que en un puesto avanzado examina el canto de un pájaro mientras, hombre a hombre, una compañía enemiga entera se adentra en la mira de su rifle. El poema del oficial que escribe a los hijos de los soldados de su compañía caídos, algunos aún por nacer. También los de aquellos que cuando regresaban de permiso, eran confundidos con desertores y recibían la humillante “pluma blanca” con la que las mujeres inglesas avergonzaban a los hombres en edad militar que en tiempos de guerra eran vistos por las calles.

“Qué dirán los dioses, viéndonos nerviosos / tan nobles y tensos como ellos”
(C.H. Sorley)
Hubo quienes escribieron para sobrellevar la obligación de fusilar a un compañero condenado a muerte por huir de la línea del frente. También quienes quisieron describir los breves momentos de confraternización con el enemigo en la magia imposible que les ofrecía un poema. Sus versos se recogieron en cartas (todas las semanas cruzaban entre Reino Unido y Francia unos 12 millones de misivas), en periódicos, en revistas que editaban los soldados heridos en los hospitales de campaña, y también, en los cuerpos de aquellos que murieron en la lucha.

El autor del verso que da título al libro, (que tiempo después se convertiría en uno de los poemas favoritos del presidente Kennedy), Alan Seeger, también muerto en Somme en 1916, fue compañero de clase de T. S. Eliot en Harvard; en una carta poco antes de morir, escribía:  “...Si debe ser así, que sea en mitad de la acción. ¿Por qué dudar? De lejos me parece la más noble forma en que puedo encontrar la muerte. En cierto sentido, es casi un privilegio.”

Muchos pensaban, rodeados de ese espíritu, que la guerra terminaría el primer verano. Pero para navidad ninguno de ellos había vuelto a casa.

“Y si alguien pregunta por qué acabamos muriendo
dales sólo una razón: nuestros padres mintieron”
Para quienes creamos que en la vida hay algo del destino, este es un libro doliente.
“Pero tengo una cita con la muerte
A medianoche en algún pueblo en llamas,
Cuando la primavera se encamine otra vez al norte,
Y yo siempre soy fiel a mi palabra,
No faltaré a mi cita”.
(Para quienes estén muy interesados en el tema, recomiendo echen un vistazo a la web del Archivo de poesía de la Primera Guerra Mundial de la Universidad de Oxford, el archivo digital donde podéis encontrar muchos de los cartas, manuscritos y poemas originales que aparecen en el libro).

Firmado: Alfonso

domingo, 24 de febrero de 2013

Izaskun Gracia: Artikoa/Ártica


Idioma original: euskera y español (edición bilingüe) 
Título original: Artikoa/ Ártica
Fecha de publicación: 2012
Valoración: Imprescindible

Tras apostar por autores como Raúl Zurita, Valerie Mejer, Andrés Fisher o Reynaldo Jiménez, la editorial Amargord ha acertado una vez más con la edición bilingüe Artikoa/ Ártica de Izaskun Gracia Quintana (Bilbao, 1977). Por un lado, por presentar, tal y como indica Pello Otxoteko en el prólogo a la obra, este grito silente que nace de la ruptura profunda y llega a la fragilidad de la belleza, consiguiendo en el camino, poco a poco, sacudir el equilibrio del lector. Y, por otro, por decantarse por un proyecto tan interesante como el de la edición bilingüe. En una nota al final del libro, la escritora explica que algunos poemas de este libro aparecieron en euskera; otros, en castellano. Poco a poco, todos acabaron entremezclándose. En este sentido, es llamativo el equilibrio que se da entre español y euskera, ya que, independientemente de la lengua en que se conciba y lea el texto, la voz poética es una, pura, y esto es muy difícil de lograr en el caso de escritura bilingüe.

Artikoa / Ártica encierra una poesía de la carencia, de la búsqueda y del desasosiego generado ante la perspectiva de que nada parece cambiar. Una poesía que se trastormenta y vuelve a nacer o se cose al cielo para dar rienda suelta a las ansias de volar. Para ello, la poeta hace uso de un lenguaje depurado y de una estructura muy meditada que ya se advirtiera en poemarios anteriores como fuegos fatuos (accésit en el certamen poético Centro Juvenil Latina, 2003), eleak eta beleak (XVII Premio de Poesía Ernestina de Champourcín, 2007) o saco de humos (XIX Premio de Poesía Villa de Aranda, 2010). La obra no incluye una estructura inicio-núcleo-desenlace. Sin embargo, la disposición de los poemas, de cada una de las palabras, los espacios o los silencios es precisa. Nada sobra. Nada falta. Nos hallamos ante una poesía exacta, tensa, donde la autora templa el verso y da a luz una obra perfecta. Cerrada.

El mundo conocido comprime y cerca, pero Izaskun Gracia se acerca a la grieta y observa, analiza. Calla. Bosqueja paisajes en los que sobrevuela héroes agotados, ventanas cegadas, cuerpos de los niños muertos que yacen bajo una higuera, se pierde, el vuelo se detiene en un templo, dios la llora y el cuerpo cae en astillas. Tras poner en duda todo lo aprendido,  entiende el relámpago, embiste la tormenta a través de los ríos que parten de ella y, acuática y silente, abandona sus apóstoles, arde los templos y, a falta de dios, busca en sus muertos la respuesta a sus nombres. Reconstruye. Acto seguido, deshace telares y ocupa entonces el cuerpo en otro compás que trastormenta y dirige sus pasos sin agua. Porque, al fin y al cabo,  no vale la pena agotarse […] que el momento ha llegado y por nada luchar vale ya/ la pena.

No todo es su decir. También está aquello que calla, la sugerencia, el juego de la ambivalencia que introduce valiéndose de la ausencia de puntuación y de una exactitud y concisión admirables en el manejo de la palabra. Versos de una voz poética luminosa que ha visto mucho y que a veces se duele (min ematen dit munduak/ eta ulertzen ez dudan bizitzak/ y tus intentos por volvernos habitables en una tierra que nos/ regurgita impasible mientrasla piel se cubre de/ cicatrices a medida que pasa el tiempo) y, sin embargo, se empeña, terca, en encontrar el norte en mitad de una avenida gélida, ártica, que cubre la piel de cicatrices y que la voz recorre una y otra vez con el fin de no olvidar quién es, con el fin de encontrar más postigos con los que cegar todas las ventanas para, sabiéndose exiliada, dejar la estancia sin resquicio de su vuelta y evitar así la tentación de volverse atrás: han de cambiar los pasos, advierte la poeta, porque adelante ya no es un/ sentido/ el norte desaparece de los mapas que aterida dibujó la/ consciencia/ y en el proceso queda la duda que no desaparece/ sempiterna e innata como el sabor de la piel hasta la muerte/ o hasta volver a la tierra siendo ya polvo años después de/ haber muerto.

Así como existe un movimiento punk, una generación ni-ni o un grupo de poetas gafapasta obsesionados con lo postmo, debería existir una generación izaskungracia que declamara sus versos por la calle, que declamara por ejemplo eta erbesteak beste lur batean esnatu ninduen hegalditik/ non gorputza ez zen egin jausteko baizik eta ezpalak/ eta orduek ez zuten itxaron gu prest egon arte, o que se tatuara enredé en catálogos de imposturas y hallé la adecuada/ alumbré otro cuerpo y salí/ y el mundo se abrió calle e incertidumbre de mañana a la altura del tobillo o en las corvas, que escribiera en las paredes

sakrifizioan irekita larrugorritu nintzen               me desnudé abierta en sacrificio
husturik                                                                 vaciada
eta poliki-poliki ez daukadanak bihurtu               y poco a poco lo que carezco
ninduen harresi]                                                   me volvió muralla]


Y entonces, el mundo sería más habitable.

También de Izaskun Gracia en ULAD: Crónicas del encierro