viernes, 12 de diciembre de 2025
REFLEXEÑA 2x1: Renaissance, la caída de los hombres, y Renaissance, la ira de los vencidos, de J.J. Lucas
martes, 21 de octubre de 2025
Henri Godard: Céline escándalo
- ¿Qué aporta Céline a la literatura?
- ¿Cuál es el alcance de su antisemitismo?
- ¿Qué puede enseñarnos Céline (y su obra) sobre literatura y racismo?
Es perfectamente posible leer a Céline y conservar intactas y vigentes nuestras convicciones, que están en las Antípodas de las suyas. Se trata, simplemente, de reconocer en la literatura una realidad de otro orden que la moral...
jueves, 12 de junio de 2025
Colaboración: El diablo en la cruz, de Ngugi wa Thiong’o
Título original: Caitaani mũtharaba-Inĩ
Traducción (del inglés): Alfonso Ormaetxea
Año de publicación: 1980
Valoración: Tendría que ser kikuyu originario para poder hacer una valoración justa.
El diablo en la cruz es un libro muy especial, algo totalmente inesperado en Europa y en el resto de lo conocido como mundo occidental. Fue el primer libro que Ngugi wa Thiong’o escribió en su lengua materna, en kikuyu o gikuyu. Lo escribió para los pueblos de su cultura natal, sin importarle que pudiera tener otros posibles lectores. Eso hace que toda su primera parte nos desconcierte a quienes no somos nativos de la cultura kikuyu. Además lo escribió pensando en los que no saben o no quieren leer en inglés y para aquellos a quienes recomienda que lean y escriban en su idioma materno. Tal vez eran muy pocos los que 1980, año de su primera edición, sabían leer kikuyu ¿Cuántos libros escritos en ese idioma existirían por entonces? Según nos cuenta el mismo Thiong’o, en la escuelas de Kenia, cuando él estudió en ellas, se prohibía hablar kikuyu; educar era enseñar a hablar, leer y escribir en inglés.
En algunas de sus obras escritas en el idioma de los colonizadores, libros que le dieron una muy merecida fama, Ngugi propone Descolonizar la mente y escribe una tesis para impulsar la escritura en las lenguas de los habitantes originarios de Kenia. Aquí, en El diablo en la cruz, Thiong’o no propone, lo hace y elige atinadamente personajes y costumbres sumamente populares para demostrar a su pueblo lo que considera de primordial importancia: con los colonizadores llegó a Kenia un sistema hecho para robar y depredar, que logró instalarse manejado por quienes quedaron al frente del país, al servicio de los antiguos colonizadores, después de la independencia política.
A nosotros, los “occidentales”, la primera parte de la novela nos parece no solo una ironía, más bien la vemos como una burla grotesca del sistema económico en que vivimos. Desde nuestro rincón cultural, preferimos leer, para criticar al sistema, a sesudos pensadores: Marx, Arendt, Althusser, Habermas, Zizek. Y los comentaristas damos maromas para defender a un gran literato que escribió, para hablar del sistema económico imperante, lo que dicen los choferes ilegales del transporte público más usado en nuestros barrios marginales. Definitivamente Thiong’o no escribió El diablo en la cruz para nosotros ¿Cómo juzgar desde nuestra cultura egocéntrica a quien escribe para una cultura que podría salvarnos de devorar nosotros mismos nuestra biósfera?
Intrigado, todavía sin entender y molesto por lo grotesco de las burlas, seguí leyendo la novela hasta el final y apareció, no podía ser de otra forma, la magia de Ngugi, con la que, a una de las protagonistas, una mujer del pueblo, la convierte, sin alardes, con una enorme sencillez, en símbolo del pueblo kikuyu: hermosa, que luce con orgullo su atuendo tradicional que la embellece aún más, segura de sí misma, que asume su pasado donde fue mancillada sin negarlo, amando a la hija de ese pasado y firme en la defensa de un futuro de cuya construcción se hará responsable, superando cualquier dificultad: Wariinga, la mujer kikuyu que representa a todo su pueblo natal, por arte mágico de Nugi wa Thiong’o.
Firmado: David Batista
viernes, 10 de mayo de 2024
Azorín: El chirrión de los políticos
domingo, 26 de noviembre de 2023
Elena Gómez Navarro:Cuando mi abuelo no pisó la Luna
Pues no nos habrán dado el Ministerio de Cultura, siquiera una mísera Subsecretaría de Estado de blogueros, influencers e intelectuales orgánicos, pero aquí seguimos con nuestra vocación de servicio público. En esta ocasión, ayudando a los sufridos padres y madres a elegir los regalos navideños para pequeños lectores (y, ¿por qué no?, también para ellos).
Porque aunque Cuando mi abuelo no pisó la Luna es, evidentemente, un libro destinado al público infantil, también puede ser una lectura, breve y tierna, para un público adulto que seguro se ve identificado con la historia del pequeño Adrián. Y si no, que levante la mano aquel (o aquella, no la vayamos a liar) que no viera cómo su infancia o adolescencia terminaba en el momento en que uno de sus abuelos fallecía. En mi caso, desde luego, así fue.
Por lo tanto, podríamos hablar de un cuento infantil de iniciación. No, no se me lleven los puristas las manos a la cabeza por incluir un librito infantil de apenas una veintena de páginas en la misma categoría que las sacrosantas El guardián entre el centeno o La montaña mágica. Estas narran la transición de la niñez a la vida adulta y eso mismo es lo que, a grandes rasgos, retrata Cuando mi abuelo no pisó la Luna.
Las principales virtudes del texto, además de su carácter atemporal y universal, son la de desprender ternura sin caer en la ñoñería y la de tratar al lector infantil como si fuese una "persona normal". Esto último es algo que me parece realmente complicado en literatura infantil, dar con ese tono adecuado, y creo que es algo que la autora consigue al no confundir inocencia con "idiotez". Puede parecer sencillo, pero creo que no lo es.
Mención especial para las ilustraciones de Carlota Téllez que acompañan (¿o debería decir se funden con?) al texto. Estas se sitúan a medio camino entre lo evocador, lo (por momentos) onírico y lo grotesco y hacen gala, en ocasiones, de un deliberado feísmo que seguro resulta de lo más atrayente para los peques.
sábado, 14 de enero de 2023
Lydie Salvayre: Caminar hasta el anochecer
Título original: Marcher jusqu'au soir
Año de publicación: 2019
Traducción: Marta Cerezales Laforet
Valoración: decepcionante
La información contenida en sinopsis y solapa de este libro insisten en que su autora ha ganado el Goncourt en 2014. No estoy muy al día del prestigio de los premios literarios franceses. De los de aquí, por ejemplo, mi recuerdo más fresco es que le han dado el Nadal a Manuel Vilas. El Nadal se lo dieron hace unas cuantas décadas a Juan José Saer. En 2023, a Manuel Vilas.
Pero mi primera intención era afrontar esta reseña con cierto sentido del humor, no con la indignación propia de alguien que asiste a la degradación del reconocimiento del mérito a favor de los imperativos comerciales y la mediocridad. De hecho, a mitad del libro estaba a punto de insinuar si a esta novela (o lo que sea) no le hubiera encajado mejor el título del último libro de Santiago Lorenzo. Todo ello me parecía un poco frívolo, incluso poco respetuoso con el trabajo de su editorial, El Desvelo, una editorial independiente santanderina a cuenta de cuyo nombre me permitiré una pequeña broma, ya que este libro no es que desvele precisamente, atendiendo a su primera mitad. Su ritmo es lento, inexplicable cuando el planteamiento puede suponer incluso cierto reto creativo. Una escritora acepta pasar una noche en un museo con la mera compañía de una obra de arte, en este caso una escultura de Giacometti. Digamos que una experiencia que ha de generar un texto interesante basado en su reacción. Pero no: lo que resulta es un anodino stream of consciousness donde las reflexiones en todo el proceso resultan recargadas, monótonas, a veces anegadas de erudición y citas poéticas, a veces más mundanas y asociadas al devenir de lo cotidiano - coqueteando con la autoficción - siempre con un uso abusivo de las anáforas, aspecto muy significativo en el estilo del texto y que lastran el ritmo, marcan un compás que podría ser disruptivo y acaba provocando cierto sopor. Siendo justos, pero hay que llegar ahí con no poca dificultad, el texto recupera cierto sentido hacia el último tercio, cuando una semblanza biográfica de Giacometti y algunos párrafos sobre Picasso resultan interesantes entre tanto análisis algo redundante entre intenciones de la obra - aquella con la que la autora ha pernoctado - y funcionalidad y pertinencia del arte.
Seguramente un libro más experimental e íntimo que puramente narrativo, pero, en conjunto, poco entusiasmo por indagar en más obras de su autora.
domingo, 24 de julio de 2022
Juancho Azuar: Cuidado con Chaikovski
Idioma original: Español
Año de publicación: 2022
Valoración: Divercioso
Ilustraciones: Teresa Arroyo
Muestra de esa "vocación de servicio público", hoy traemos un libro ideal para que lectores de unos 10 -12 años (más o menos) pasen un rato de lo más divertido en estas vacaciones de verano y para que, ya de paso, sus sufridos progenitores aprovechen para tomarse un breve respiro. Casi nada, eh!
Hablamos de "Cuidado con Chaikovski", novela con la que Juan Ramón Azuar Romero (AKA Juancho Azuar) se adentra en la literatura infantil. Además del ya comentado rato de entretenimiento que proporciona la novela, creo que esta tiene otras virtudes. Así...
- Azuar consigue que, en términos generales, la voz narradora sea creíble. Este creo que es el aspecto más complicado en literatura infantil ya que no es nada fácil ponerse en la piel de un narrador de unos 10-12 años y que sus palabras no suenen excesivamente adultas o excesivamente infantiles.
- Narrativamente se trata de una historia bastante lograda, gracias a los saltos temporales que dotan de mayor carga al personaje principal.
- Las situaciones que aparecen en el texto son plenamente identificables para el lector: relaciones familiares o "socioescolares" son contadas sin tapujos pero con humor y delicadeza.
- Las ilustraciones, obra de Teresa Arroyo, que con su toque bestia y caricaturesco me han despertado más de una sonrisa.
¿Pero vamos a hablar de una novela infantil sin conocer la opinión que sobre ella tiene una lectora de 9 años? No! Aquí os dejo lo que dice Ainhoa, que se estrena hoy en ULAD!! (A ver si tiene más recorrido que su hermana, que ya pasa de su padre, de su madre, de ULAD y de todo lo que no sea fútbol):
Me ha gustado por los dibujos (por las narices que les ponen y porque son graciosos) y por las palabras inventadas del niño: grandigorda, piscologa, matecáticas, etc. La historia encima es graciosa y divertida.
Bueno. Parca en palabras la niña, pero suficiente para hacerse una idea, ¿no?
También de Juancho Azuar en ULAD: El vértigo del trapecista
domingo, 20 de marzo de 2022
Claire Keegan: Cosas pequeñas como esas
Año de publicación: 2021
Traducción: Jorge Fondebrider
Valoración: Breve pero intensa
¿Pero qué mierda de valoración es esa? Bueno, puede que no sea una valoración "canónica" pero creo que es la que mejor se ajusta a la novela. Breve porque apenas tiene 100 páginas e intensa por la profundidad del enfoque que da Keegan al tema "de fondo" (bastante escabroso de por sí) de la novela.
Así, bajo la tradicional estructura de planteamiento, nudo y desenlace, Keegan nos presenta a Bill Furlong, encargado del depósito de carbón, casado, padre de 5 hijas e hijo de madre soltera, lo pone ante unos hechos "extraños" (por llamarlo de alguna manera) y lo lleva a tomar una serie de decisiones. Todo ello para construir una novela "moral", un drama sin dramatismos y una denuncia sin demagogia que nos sitúa frente a la hipocresía de la sociedad en su conjunto.
Se necesitaba un extraño para saber las cosas
¿Por qué las cosas más cercanas a menudo eran las más difíciles de ver?
Varios son los puntos a destacar en la novela: la complejidad que esconde tras su aparente sencillez, en especial con esos hechos pequeños y oscuros que dan cuerpo a la novela; su enfoque, esa mirada no tanto hacia afuera o hacia los propios hechos terribles y brutales sino hacia el interior; su tono austero y casi distante - está claro que Keegan podría haber optado por un tono mucho más visceral y explícito, pero creo que esa distancia que toma le permite situar a sus protagonistas frente al miedo, la incertidumbre, las dudas o la culpa de forma más certera - ; y la combinación entre pasado y presente y cómo ambos influyen en la actuación del personaje central.
jueves, 3 de febrero de 2022
Julián Ríos: LARVA. Babel de una noche de San Juan
Valoración: Desmesurado
miércoles, 10 de noviembre de 2021
Reseña + entrevista: Everest 1924. El enigma de Irvine y Mallory de Sebastián Álvaro
Valoración: Yo con estos libros me lo paso en grande
jueves, 23 de septiembre de 2021
Fernando Vallejo: Memorias de un hijueputa
Año de publicación: 2019
Valoración: cascarrabias
Fernando Vallejo cumple con el tópico: o se le ama o se le odia. Una virtud, desde luego, lo de no despertar indiferencia. Y sus obras siempre disponen de esa extraña cualidad en estos tiempos: primorosamente escritas y llenas de frases que son puñaladas. Ni un ápice de miedo a meterse con quien sea usando desde el más afilado eufemismo hasta el más directo insulto. Su coartada puede ser el registro autobiográfico, la pura creación o, como en este caso, una especie de jugueteo levemente paródico donde parecen convivir, de forma algo excesiva y desquiciada, pura mordacidad con una especie de autoparodia que combina elementos clásicos de la literatura del boom - esta es una novela, o un trasunto de novela de dictador con una muy actualizada puesta en escena. En Memorias de un hijueputa Vallejo demuestra ser un escritor de su tiempo y no hay pocas apelaciones al mundo digital.
Pero a Vallejo también se le puede volcar el tintero en la mesa o llenársele de bilis en exceso. Como si de un alter-ego se tratara, y convirtiéndose en una especie de Houellebecq centroamericano (o de Thomas Bernhard vivito y coleando con la libido desbocada) ese es el tono dominante en esta novela, que casi podría definirse como un monólogo con muy poco aderezo externo o hasta, parafraseemos, una especie de dictado, que para eso están los dictadores y así se enorgullecen (en la intimidad) de ser calificados. Poca puesta en escena es necesaria: le explica a Peñaranda, supuesto biógrafo en la sombra, sus caóticas decisiones una vez en el poder, consistentes básicamente en un ajuste de cuentas continuo y cruel. Ordena ejecuciones a mansalva, incluyendo las de todos los anteriores mandatarios de su país, Colombia, en una especie de sueño enajenado al que no le falta aderezo alguno. Incluso cierta curiosa promoción: la guisa que crea Vallejo no deja de aludir a otro texto del autor, La puta de Babilonia, que toma como punto de partida para diatribas sin respiro, con varios focos muy concretos: Colombia como país y los colombianos como colectivo; las religiones monoteístas, los Estados Unidos, España y en especial el rey emérito (el cazador de elefantes). Ni una de esas gallinas (o gallos) deja Vallejo sin desplumar a base de prosa juguetona y ácida, una especie de martillo percutor que apenas descansa sino para tomar fuerzas. Lo cual es a la vez lo peor y lo mejor de la novela. Una obra para incondicionales, pues a cualquier no iniciado en la obra del de Medellín estas ciento ochenta páginas podrán hacérsele cuesta arriba. Vallejo emplea párrafos como mero apuntalamiento de otros. Casi se diría que resulta algo grotesco en su necesidad de mostrar (con personaje interpuesto) su rabia, por momentos desesperanzada, y sus pullas pueden agotar, aunque el mensaje vaya calando en el lector, aunque sea por las malas artes usadas. Prosa precisa y descarnada, gota malaya que penetra y ya sabemos lo que pasa con la gota malaya. Quizás lejos de ser su mejor obra, pero plenamente coherente con una evolución, vuelvo a referirme a Houellebecq, en que edad y condición personal deben pesar lo suyo. Y estas memorias mentirosas no son siempre fácilmente digeribles. Pero si lo fueran, no hablaríamos de ese outsider a su pesar que es Vallejo.
jueves, 13 de mayo de 2021
Usumaru Furuya: El club del suicidio
Título original: Jisatsu Sākuru 自殺サークル
Traducción: Marc Bernabé
Año de publicación: 2001
Valoración: Turbio
No sé si alguien se ha dado cuenta, pero en cuestión de libros disfruto bastante metiéndome en terrenos que no conozco. Si además tengo que escribir una reseña sobre algo que para mí es totalmente nuevo me siento flotar en una atmósfera de libertad absoluta, como un recién nacido que pudiese opinar sobre el mundo que acaba de descubrir. Pienso que los lectores serán indulgentes con mis tonterías, que mi inocencia será salvoconducto suficiente para que todos rían mis ingenuidades y toleren de buen grado cualquier cosa que diga. Luego quizá no sea así, pero esa es mi disposición inicial, y las posibles críticas las aceptaré de buen grado (como siempre) y me afectarán poquito o nada. Esta vez he descubierto algo que nunca había tenido entre manos y puede que nunca vuelva a catar: el manga.
El relato resulta desasosegante, mezclando en proporciones cambiantes elementos realistas y otros algo más fantasiosos. Desde la primera de las perspectivas, nos sumergimos en ese mundo complicado de la psicología adolescente: amistades que ocultan rencores insospechados, grupos inquietantemente uniformes, relaciones tóxicas. En fin, que tampoco nos vamos a poner demasiado graves, estamos en esa etapa complicada en la que se asienta la personalidad y donde, como ya sabemos, algunos caminos llevan a terrenos bastante peligrosos, no digamos en la era de internet.
Sin embargo, la historia gira lentamente hacia terrenos todavía más problemáticos y de mayor confusión, partiendo del control mental y el vaciamiento de la personalidad para llegar, de forma muy gradual y tampoco muy clara, a lo que más parece algún tipo de posesión paranormal (por lo que he podido ver en otros productos japoneses, esto de los intercambios y alteraciones de la personalidad parece que por allí gusta bastante). Curiosamente, este giro le resta dramatismo al relato porque lo descarga de aquellas terribles tendencias de adolescentes reales para acercarnos al campo de lo inverosímil, y está claro que resulta menos perturbador presenciar actos movidos por los hilos de fuerzas sobrenaturales que si responden a situaciones potencialmente reales.
Como decía al principio, reconozco que no me muevo con comodidad en este terreno. A veces me parece estar buscándole cualidades narrativas o fundamentos filosóficos a Zipi y Zape. Un libro como este no deja de ser una opción más, tiene su punto curioso, es cómodo y rápido de digerir, y en este caso plantea algunas cuestiones bastante delicadas. Quizá habría que conformarse con eso y disfrutarlo en lo que se pueda. Porque, oiga, de todo se puede sacar algún partido.
domingo, 21 de marzo de 2021
Eduardo Izquierdo y Eloy Pérez: Los sureños no llevan paraguas
Año de publicación: 2020
Valoración: Entran ganas de coger un avión y plantarse en el mismísimo Nueva Orleans
"Los sureños no tienen paraguas" es la primera referencia del sello Muddy Waters Books, editorial que en su declaración de intenciones aboga por la publicación de "ensayos originales, incisivos, con buenas dosis de humor y en lengua castellana". Pues bien, los cuatro requisitos se cumplen en este texto que nos traslada, gracias a la fascinación de sus autores por una cultura capaz de lo mejor y de lo peor, al Profundo Sur (y alrededores) de los Estados Unidos.
Primer requisito: ensayo original, en tanto se trata de un texto que rompe un poco con los estándares del género. No se trata de un ensayo "sesudo", de un libro de historia o ni de una guía de viaje sino de un texto sobre cómo se vive y cómo se respira en el Sur, sobre cómo son y porqué son así. El enfoque utilizado para asomarnos a esta disparatada, aberrante (a veces) y contradictoria realidad geográfica, cultural y emocional que es el Sur es el de la cultura popular. Breves pinceladas acerca de los estereotipos, no siempre del todo ciertos, del cine, la literatura, la música, la religión, las armas, el racismo, el deporte o la comida nos llevarán a los Estados Confederados y nos permitirán acercarnos a la idiosincrasia sureña.
Segundo requisito: ensayo incisivo. Sí, incisivo, mordaz, cáustico. Pese a su carácter "no académico" y más descriptivo que analítico, son muchos los palos que se tocan (algunos de ellos un tanto peliagudos) y los autores no dudan en meter el dedo en la llaga y no solo con los sureños. Aquí hay para todos, con alguna que otra desmitificación también.
Tercer requisito: con buenas dosis de humor. La verdad es que yo me he echado unas buenas risas. Entre que los sureños tienen lo suyo (me he descojonado con las historietas de los predicadores, con las incongruencias del KKK, con las delirantes asociaciones de defensa de las armas o con algunas peculiaridades sureñas) y que el tipo de humor que se gastan los autores es muy de mi estilo, lo cierto es que el libro se hace muy divertido y se lee de una sentada.
Cuarto requisito: en lengua castellana. Poco que decir aquí, salvo que los autores proceden del mundillo de la música y bien que se nota esa querencia por lo "popular".
Así que si lo que buscáis es un ensayo profundo sobre la Guerra Civil, su origen y consecuencias, o sobre la historia económica de lo que fueron los Estado Confederados, etc, ¡huid! En cambio, si lo que queréis en pasar un buen rato y aprender unas cuantas cosas con las que fardar ante vuestros cuñados en la próxima comida familiar y con las que evitar acabar colgados de un árbol en el Viejo y Profundo Sur, este es vuestro libro.lunes, 14 de diciembre de 2020
Édouard Levé - Diario
Traducción: Matías Battistón
Año de publicación: 2004
Valoración: Extraño y curioso
Ay, estos franceses, siempre tan modernitos, tan malditos, tan a la vanguardia, tan de épater la bourgeois... Ejemplos sobran en esto de la literatura (y alguno se preguntará si esto es literatura o no y tal vez sea una buena pregunta, aunque yo tenga muy clara la respuesta): dos Raymond (Roussel y Queneau), Georges Perec, OuLiPo o, ¿por qué no?, Édouard Levé.
Nos centramos en este último. Pintor, fotógrafo y escritor cuya obra literaria se "reduce" a cuatro libritos (no ayuda mucho que decidiera ahorcarse cuando solo tenía 42 años), Levé emparenta con los anteriormente citados en ese juego / deconstrucción / reconstrucción de y con las palabras y la literatura.
En el libro que hoy nos ocupa, y pese a que su título parezca sugerir que estamos ante otra obra de autoficción, Levé organiza en función del tema (internacional, sociedad, cultura, deportes, etc) un collage de noticias deslocalizadas, despersonalizadas y desideologizadas que tienen como principal virtud y función, además de su posible interpretación como un reflejo del mundo en que vivimos, la de sugerirnos una serie de reflexiones acerca del arte, la literatura o la ficción. A saber:
- ¿Cuál es la función del arte en general (o la literatura en particular): cambiar la realidad, reflejar la realidad o "dar" al lector esa realidad y que este ponga el resto?
- ¿Qué es la literatura o qué es el arte, en realidad? ¿Quién determina lo que es y no es arte? Por ejemplo: ¿pintar unos bigotes a la Gioconda es arte? ¿"podar" las noticias de la prensa dejando solo los hechos y que estos puedan ser leídos como microrrelatos o microensayos es arte? Pues sí, aunque otra cosa sean los resultados (¡joder con el Ecce Homo de Borja!)
- ¿Supera la realidad a la ficción? ¿Necesitamos de la ficción en un mundo tan loco, cruel, absurdo y violento como el que nos presentan las noticias seleccionadas por Levé?
martes, 8 de diciembre de 2020
Donnie Eichar: Dead mountain (La montaña muerta. Los sucesos del Paso Diátlov. La historia que nunca se reveló)
Traducción: Rosa Fernández-Arroyo
Año de publicación: 2013 (2020 en España)
Valoración: A mi es que este tipo de historias me gustan
martes, 22 de septiembre de 2020
Lee Child: Mañana no estás
lunes, 20 de julio de 2020
Tochoweek IV #1 -Thomas Pynchon: Mason y Dixon

Porque está claro que intentar abarcarlo todo sería estúpido: Mason y Dixon es la creación de un escritor meticuloso que no comete un error en ninguna frase, cuyos párrafos más floridos (los hay a cientos) servirían de ejemplos rutilantes para cualquier virtud literaria objetiva; así son de imaginativos, de ricos en expresiones, en rigor histórico, en ambición. Cada capítulo, más de 70, parece una escena concluyente en un opus planificado, parece, para mostrar un momento clave en el nacimiento de esa gran nación tan cohesionada y poderosa que se atreve a asignarse a sí misma la representación de todo un continente. Algunos personajes son extraídos de la realidad y les es asignada su participación en hechos para que cuadren con esa gran historia subyacente, la de un par de tipos llevando a cabo el encargo y encontrándose gente a su paso, ya desde su salida en barco desde Inglaterra. Parece ser que el complemento perfecto para disfrutar del libro es empaparse bien de la historia de la época y reconocer a alguno de los personajes (supongo que eludiendo a la pata mecánica que vuela a toda velocidad y al reloj que habla, antes del iWatch) en los cometidos reales que les ha deparado la historia. Pero es curioso, tantas páginas, y mi lectura del libro no me ha deparado empatía con sus protagonistas. No puedo decir que los he comprendido cuando a duras penas he llegado a distinguirlos. Supongo que es premeditado, que Pynchon (mencionemos otra vez el post-modernismo, venga) no quiere estructuras narrativas clásicas. Que sus referencias a personajes como si le conociéramos de toda la vida (cuando irrumpen en cualquier momento) no son más que finas alegorías a la imprevisibilidad y a la propia complejidad de las sociedades. Vale, aceptemos eso y renunciemos a parámetros clásicos. Mason y Dixon, planteada esa circunstancia, es legible, es disfrutable, deleitable y placentera, incluso el final, las últimas páginas, que parecen desarrollar una conclusión de tono solemne. Disfrutable en sus partes, en frases y párrafos, pero casi refractario en su conjunto, cuando nos preguntamos si ese esplendor en la forma combinado con esos conceptos subyacentes en el fondo no son muros ante el lector, más que puentes hacia el lector, cuestión que me temo que no soy capaz de dilucidar,
lunes, 22 de junio de 2020
Carlos Télez Sedano: La herida
Idioma original: EspañolAño de publicación: 2020
Valoración: Entretenido
- Porque el personaje principal (y narrador de la historia) evoluciona a lo largo de la misma. No es un personaje plano, tiene sus aristas.
- Porque los personajes secundarios cumplen su función dentro del engranaje de la trama. Puede parecer una perogrullada, pero no hay personajes que "sobren". Si acaso, y por poner algún pero, quizá los personajes femeninos podrían haber tenido un poco más de recorrido
- Porque tiene muy buen ritmo. Un lenguaje de lo más coloquial, sin especiales adornos, y un buen manejo de los diálogos hacen que la novela se lea a toda velocidad.






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