lunes, 15 de septiembre de 2025

Mircea Cărtărescu: Theodoros

Idioma original: rumano

Título original: Theodoros

Traducción: Marian Ochoa de Eribe

Año de publicación: 2024

Valoración: Recomendable


No se puede negar que Mircea Cărtărescu tiene muy buen cartel en este blog, bastantes libros reseñados, valoraciones casi siempre muy positivas y hasta creo que apostamos en una ocasión por darle nuestro Nobel particular. Mi conocimiento de su obra se reduce a algunos relatos breves, así que no tengo una base precisamente sólida, y las opiniones que busco en torno a este libro, como siempre una vez terminado, tampoco aportan mucho más que los parabienes habituales. Encima, es un librote de presencia algo intimidante, como algo llamado a ser la gran obra del autor rumano, quizá lo que le lleve definitivamente a la fama y a ese Nobel de verdad para el que siempre parece estar nominado. Así que, como me siento con poco apoyo exterior, no me queda otra que tirar de mi propia experiencia como lector de Theodoros.

Ciertamente estamos ante una gran historia, algo que linda con la epopeya dándole una vuelta al concepto de novela histórica, porque en efecto existió un emperador de Etiopía llamado Theodoros o Tewodros II, que llegó al poder, como casi todos, tras liquidar enemigos rebeldes por aquí y por allá. El trono etíope estaba también emparentado, o quería estarlo (también como casi todos), con líneas dinásticas que supuestamente se remontaban hasta el rey Salomón, nada menos, y mantenía, o lo aparentaba, cierta conexión con la religión dominante en la región (otro ídem), en este caso la Iglesia ortodoxa tewahedo. 

Según explica Cărtărescu en una nota final, todo este relato histórico le atraía con fuerza, y siempre deseó escribir algo en torno a él, seguramente azuzado porque en algún momento a alguien se le ocurrió que el citado emperador podría ser un antiguo bandido valaco (rumano) con ambiciones de poder. Dicho y hecho, Cărtărescu se pone a elucubrar cómo ese posible compatriota, una especie de delincuente juvenil, después pirata, pudo llegar al trono de un país lejano.

Ahí cabe casi de todo. Se mezclan datos históricos con otros muchos ficticios, episodios propios de la novela de aventuras o el relato bélico, sueños y visiones surgidas del inconsciente o del consumo de sustancias, incursiones en los libros sagrados y en las tradiciones rumanas y griegas, intercambios de personalidad y, sobre todo, mucha sangre, violencia gratuita, empalamientos, cabezas que ruedan y extremidades cercenadas. Escenas bestiales que contrastan con las amorosas y tranquilizadoras cartas que Theodoros dirige a su madre, y con imágenes de enorme belleza como las miles de cometas sobrevolando la triste Bucarest, un collar extraído del tiempo, o la historia de Ingannamorte, el origen de todos los libros, el relato de un primer amor, o la muy borgiana visión infinita del Arca de la Alianza y sus réplicas.

Todo lo cual dice mucho de la calidad literaria que destila el autor, aunque en tantas páginas también hay sitio para cosas mucho menos atrayentes: el abuso de la enumeración, las repeticiones injustificadas y muy numerosas, la inserción de algunos relatos colaterales a veces gratuitos, a veces teñidos de un erotismo un poco pastelón, y una especie de fijación algo pueril por los órganos sexuales. A lo que habría que sumar un par de decisiones algo arriesgadas, como el uso de la prosa en segunda persona, algo que personalmente no me agrada casi nunca, y sobre todo, esa especie de deconstrucción de la historia que da lugar a que conozcamos su final prácticamente en la primera página y que el libro se construya a base de saltos temporales continuos. Sí, se consigue envolver al lector en una atmósfera confusa y algo inquietante, pero a cambio supone un obstáculo poco justificado para una lectura tan extensa y con tantos meandros.

Da quizá la impresión de apresuramiento, o de que el autor ha querido meter en un solo volumen lo que hubiera lucido mejor en relatos independientes, ámbito en el que por cierto Cărtărescu brilla especialmente. O puede que todo estuviese enfocado a evitar que el libro acabase siendo un mero culebrón o, peor aún, un tocho de ese tipo híbrido entre novela histórica y de intriga, que ustedes y yo sabemos de lo que estamos hablando.

Que no se le puede negar el aire grandioso ni un buen número de momentos deslumbrantes. Pero el conjunto me parece excesivamente irregular, como de algo a lo que le faltase una revisión profunda, pulir, recortar, encontrar equilibrios, reformular. Quién seré yo para enmendarle la plana a Cărtărescu, desde luego, pero personalmente Theodoros me ha dejado un poco a medias.

Bastantes obras de Mircea Cărtărescu reseñadas en ULAD: aquí


domingo, 14 de septiembre de 2025

Agustín Rivera: Hiroshima. Testimonio de los últimos supervivientes

Idioma original: Español

Año de publicación: 2025

Valoración: Recomendable 

Se cumplían hace unos días 80 años de los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, uno de los más ignomioniosos episodios del ya de por sí ignomionioso siglo XX. 

Y si, como dijo Adorno, después de Auschwitz, escribir poesía es un acto de barbarie, ¿qué supone escribir después de Hiroshima y Nagasaki?

Pues yo diría que es un acto necesario. Dar voz a los hibakusha (los supervivientes de la hecatombe y sus descendientes), tratar de reparar el estigma y el desprestigio padecido por estos durante décadas, protestar contra la conversión de la tragedia en souvenir... son motivos más que suficientes para escribir y leer sobre Hiroshima y Nagasaki.

En el libro que hoy nos ocupa, esta crónica ensayística del malagueño Agustín Rivera, se da voz a supervivientes de los bombardeos y a descendientes de estos, muy en la onda de la gran Svetlana Alexievich. Imágenes del horror conviven con historias mínimas e íntimas (por ejemplo, la de Sasaki Sakuko) y hasta con historias curiosas, como la del doble superviviente Tsutomu Yamaguchi.

Junto a estos testimonios, el propio autor nos habla de su relación con Japón, sus diferentes viajes a las ciudades bombardeadas, sus encuentros con los entrevistados, etc.

Creo que lo más valioso del libro reside en su vertiente más sociológica o antropológica. Ahondar en la mentalidad nipona, en la vergüenza , la culpa, la vejación o la humillación (más que resentimiento) que buena parte de los entrevistados confiesan sentir, en la lucha entre la necesidad de olvidar y los intentos de recordar nos permite acercarnos a un tiempo y un país tan lejanos como fascinantes.

Menos interesante me resulta la parte en la que el autor nos habla de sus experiencias en Japón. No llegaré a decir que sobra, pero sí que creo que los propios testimonios tienen potencia más que suficiente y admiten tan variadas lecturas que se defenderían perfectamente por sí mismos.

En cualquier caso, una lectura recomendable en lo puramente literario y necesaria en lo temático, aunque uno no crea demasiado en eso de aprender del pasado para no incurrir en viejos errores. La Historia es tozuda y el ser humano ya ha dado repetidas muestras de su torpeza.

P.S.: No me quiero ni imaginar la turra que hubiésemos tenido que aguantar si los estadounidenses hubiesen sido las víctimas de la masacre.

sábado, 13 de septiembre de 2025

Madres de libro (bonus round): Linea nigra de Jazmina Barrera

Idioma original: 
español
Año de publicación: 2020
Valoración: Muy recomendable
 
Cuando ya habíamos cerrado y programado la serie de libros para la semana sobre la maternidad, recuperé de entre mis eBooks atrasados esta obra de la autora mexicana Jazmina Barrera. Y en cierto modo es bastante adecuado que este libro aparezca como bonus round porque es, en sí mismo, una especie de sumatorio de obras sobre la maternidad, sobre el embarazo, el parto o la lactancia, entre otros temas. Es un libro que para desarrollarse reconstruye una genealogía (del Libro de la almohada a Pequeñas labores, pasando por Ursula K. LeGuin, Adrienne Rich, deRachel Cusk, o incluso el Frankenstein de Mary Shelley), y reivindica la propia necesidad de seguir ampliando esta genealogía, ocupando ese espacio negado a las mujeres, a las madres, en el propio concepto de literatura: 
Sé de otras escritoras que también están escribiendo sobre embarazo y parto y lactancia. Más libros fragmentarios, que citan al 'Libro de la almohada'. Me encanta esta moda, y quiero que sea mucho más que una moda. Que seamos más. Muchas. Creo que nunca vamos a ser suficientes. Pienso en los diarios, las listas, las cartas, los herbarios, los libros de texto: todas esas formas de escritura a veces son, o pueden ser, literatura. Lo mismo pasa con los diarios de embarazo, con los diarios de bebés. Quiero que sobren los libros, que los haya buenos y malos. Quiero un canon, una tradición. Y también una ruptura, libros en contra del canon. Nuevos géneros literarios. 
De hecho, este libro es, orgullosamente, un "Diario de la maternidad", que comienza con la noticia del embarazo, y dura (o al menos ese era el plan, como reconoce la escritora) con el destete de su hijo Silvestre. Así, el hilo principal del texto lo componen anotaciones muy concretas, y generalmente muy breves, sobre el embarazo, las náuseas, los movimientos del feto en la barriga; el parto con todo su terror y toda su gloria; y sobre los primeros meses de vida del bebé, y su relación fisiológica y emocional con su madre. En estas anotaciones, lo factual convive con lo reflexivo; la narración de anécdotas con la introspección o el comentario de lecturas de otras autoras, que ocupan sobre todo mucho más espacio en la segunda mitad. (De hecho, la obra incluye una lista final de "LIBROS QUE LEÍ MIENTRAS AMAMANTABA", en que figuran varios libros sobre la maternidad, aunque también sobre muchos otros temas).
 
Con todo, este plan, hasta cierto punto espontáneo (y que no corresponde, por cierto, con el libro que la autora debería estar escribiendo, y para el que había recibido una beca) se ve atravesado por otras líneas relevantes, algunas de ellas imposibles de prever, como el terremoto que sacudió México el 19 de septiembre de 2017, o el cáncer de ovarios detectado a la madre de la escritora. De hecho, la madre de la escritora, pintora de profesión, le sirve a la autora como puente para introducir en el texto numerosas referencias a la pintura o la fotografía, como Frida Kahlo o la narradora y traductora indígena Luz Jiménez, que aparece en varias fotografías de Tina Modotti (en algunas de ellas, dando de mamar) y que también fue modelo para Diego Rivera, entre otros pintores. 
 
El texto (y me imagino que los lectores atentos habrán notado que evito llamarlo "novela" para no traicionar la deliberada ambigüedad genérica de la obra) está compuesto, como mencionaba antes, por fragmentos relativamente breves e independientes; apuntes rápidos, como anotaciones de un diario, que crean una imagen poliédrica de la maternidad, con toda su complejidad y sus contradicciones. Esta es una decisión estética, pero también, como explica la autora, un efecto del propio tema y del contexto de la escritura, entre tomas del pecho, pañales cambiados y siestas mal dormidas:
Susan Griffin también escribe sobre las interrupciones de la maternidad y los fragmentos que produce. Dice que tenemos sólo iluminaciones breves entre las interrupciones que hay que registrar. Luego ponerlas una junto a otra, con la esperanza de que algún día, más tarde, podamos darles sentido.
Creo que, de los libros que he leído sobre la m/paternidad, este es uno de los que mejor toca todas las teclas que más me atraen en el tratamiento de este tema: es inteligente y sensible, no idealiza la experiencia pero tampoco es un relato tremendista, deja espacio al humor y a la ironía, es autoanalítico y autocrítico pero al mismo tiempo da cabida a muchas otras voces y experiencias, por lo que no se vuelve solipsista... Creo que es sin duda un libro que relagaría sin pensarlo a una amiga que estuviese embarazada, o pensando en quedarse embarazada, entre otras cosas porque, como decía antes, permite también seguir el hilo que te lleva a otras lecturas posteriores.
 
Como curiosa nota final, este libro lo disfrutarán todavía un poquito más los lectores que hayan leído también Literatura infantil de Alejandro Zambra: Jazmina Barrera y Alejandro Zambra son pareja, y ambos son los padres de Silvestre, por lo que ambos libros funcionan  como un espejo feminino/masculino sobre una misma experiencia. De hecho, "Alejandro" figura profusamente en la obra de Barrera, y alguna anécdota en concreto (como la sobredosis de hongos alucinógenos del escritor intentando superar una migraña) aparecen narrados en los dos libros desde perspectivas diferentes.

viernes, 12 de septiembre de 2025

Ibán Manzano: Las casas que arden

Idioma original: Español
Año de publicación: 2024
Valoración: Recomendable

Las casas que arden es una colección de siete relatos escritos por Ibán Manzano. Siete relatos que ostentan una prosa rica, protagonizados casi exclusivamente por mujeres, siempre salpicados por una insinuación sobrenatural, desarrollados a través de premisas creativas y articulados alrededor de metáforas cuya nitidez no les resta un ápice de sugerencia. 

Todos son muy buenos. Incluso los que, a mi juicio, carecen de la profundidad u originalidad del resto, o los que no acaban de exprimir al máximo su potencial, dejan pese a todo un regusto de lo más satisfactorio.

En "La piel subterránea", a una limpiadora encargada de los trabajos más insalubres se le pega un hedor a cadáver que se intensifica a diario. Es tan sencillo como efectivo. Además de albergar buenas dosis de crítica social, incluye una escena realmente siniestra.

En "El síndrome de Estocolmo", una mujer destapa una conspiración al descubrir que el piso de sus amigas se parece al de su infancia. Aunque va de más a menos, es una satisfactoria muestra de esa literatura en la que lo insólito se cuela en lo cotidiano por una rendija. A fin de cuentas, su atmósfera, sus misterios y sus giros argumentales me han recordado a mi admirado Jared Roberts.

En "Las noches sin silencio", una mujer incapaz de ganar dinero por su cuenta instrumentaliza la demencia de su madre para no perder el domicilio familiar. Tiene, junto con "Las casas que arden", el retrato psicológico más logrado del conjunto. También destaca por su redondez estructural.

En "Conglomerado", diversas personas se reúnen en unos edificios en construcción. Único relato coral del volumen junto a "Todo lo que se robó", presenta un elenco admirablemente amplio y una ambiciosa vocación abstracta. Si bien no he acabado de entender lo que pretendía transmitir, su lectura ha supuesto una experiencia fascinante, y varios de sus componentes son harto memorables a nivel individual.

En "La casa que arde", una mujer policía que está de vacaciones con su esposa y sus hijas rescata a una anciana de un incendio. Hace un extraordinario retrato psicológico de su protagonista y sublima perfectamente sus inquietudes a través del elemento fantástico.

En "Entre el fósforo y la llama", la actriz principal de una franquicia de películas de acción sospecha que una especialista es la misma que falleció en un rodaje anterior. Si bien tiene un arranque potente, se decanta por derroteros algo básicos para mi gusto. 

En "Todo lo que se robó", un grupo de adolescentes organizan ouijas en apartamentos turísticos vacíos por culpa de las restricciones del coronavirus, ya que ahí se acumulan los espíritus de los recién fallecidos. A pesar de la innegable creatividad de su planteamiento y la solvencia de su desarrollo, no acaba de cuajar del todo.

Resumiendo: Las casas que arden es un libro sumamente recomendable, en especial para los amantes de la literatura sutil, introspectiva y bellamente narrada. Si bien es cierto que hay relatos mejores que otros, todos merecen la pena, pues ostentan siempre la misma finura estilística y cierta audacia en el fondo.

jueves, 11 de septiembre de 2025

Victor Bockris/Gerard Malanga: Up-tight. La historia de la Velvet Underground

Idioma original: inglés

Título original: Up-tight

Traducción: Antón López 

Año de publicación: 2009 

Valoración: muy recomendable

Madres de libro, no serán, pero la Velvet Underground pasará a la historia como la referencia necesaria para entender la cultura rock en su perspectiva más ambiciosa: la que incluye sonido, imagen, influencia cultural de amplio alcance my actitud vital.

Antes de todo, por eso, reconocer que ese movimiento es, ya hace bastante, un cadáver tendido en una sala de autopsias frente al cual un montón de empresarios hacen las veces de forense e intentan sacar algún provecho, el último, de algún tejido, de alguna víscera.

Rock, entonces, es una palabra que ha sido desecada a la intemperie hasta extraerle cualquier implicación y convertirla en una etiqueta más. Solo un reducido interés mercantil en la industria de influencia anglosajona impide su inhumación definitiva.

Incluso esos esforzados tiktokers o instagramers que se empeñan en recuperar las colecciones de música de sus padres (espoleados, a lo mejor, por el dudoso resurgimiento del vinilo a precio de beluga) acabarán tirando la toalla ante lo incoherente de su planteamiento, reivindicando por igual a Alan Parsons y a los Talking Heads, a Fleetwood Mac y a Led Zeppelin.

Aunque series de máxima repercusión, como The Bear, se obstinen en rellenar de esos sonidos añejos su inexplicable última temporada.

Por eso, precisamente, leer Up-tight se presenta como una especie de ejercicio de rememoración de aquello que no volverá.

Oportunidades como leer este libro hay muy pocas. Una trama en avance, la correspondiente a la génesis de una banda, a su integración en su entorno - qué hay más estereotipadamente r'n'r que la ciudad de Nueva York - a la progresiva complicación de su carrera derivada, sobre todo, del conflicto de egos, hasta su atomización.

Más que una crónica de una banda, esto parece una tragedia por episodios, y cuando hablamos de los estereotipos del r'n'r, ninguno de los ingredientes básicos puede faltar.

Baste recordar que, fuera de este período de apenas una década que va de sus escarceos hasta su desaparición, los miembros (propios u honorarios) de la banda, tuvieron diversos finales de curiosos pelajes- Andy Warhol murió en un episodio con severos tintes de negligencia médica, o Nico, que falleció en Ibiza en un absurdo accidente de bicicleta. 

O sea: nada de glamourosas muertes, de engrosar el club de los 27, de llamar la atención de pacíficos vecindarios con la acumulación de furgones policiales a horas intempestivas.

Intentar penetrar en mentes tan diversas como las de Warhol (cuya figura en primer plano se difumina entre ser el ideólogo del grupo, el mentor de sus componentes, o cualquier otra cosa), John Cale o Lou Reed - sosteniendo una tenaz pelea de fondo por dominar la banda también nos es contrapesado con las oscuras aportaciones de los miembros menos mediáticos. 

Gozar con ese retahila de testimonios extraídos de entrevistas, confesiones, conversaciones (los autores parecen entrar y salir de la constelación cultural que el grupo aglutinaba).

No negaré que esa erótica queda un poco supeditada a esa condición.

O estaban allí o conocen a quien estuvo, y eso convierte su testimonio en esencial.

Rara vez se dispone de una crónica tan detallada y fehaciente de cómo un grupo de músicos inician una carrera, publican un primer disco que anticipa por lustros y décadas estilos musicales venideros (del dream-pop al after-punk, pasando por el punk), sufren un choque de egos entre sus componentes - incluso entre algunos que no lo son y acaba con su disolución.

Anda: no había dicho que al margen de los dos componentes más destacados del grupo fueron Lou Reed y John Cale, estuvieron Maureen Tucker, discreta batería qua aún vive o Sterling Morrison, bajista fallecido hace décadas, y algunos otros músicos, productores, promotores, fotógrafos, etc. Sus entrevistas y opiniones se suceden en este libro que parece ser como una revista (con mucho componente gráfico) que se va actualizando a medida de que el planeta toma conciencia de su majestuosa importancia.

No es para menos.

Todo cuajado de anécdotas, de intervenciones que pueden parecer no venir al caso, pero que completan un retrato fresco, verídico casi hasta la desesperación.

En fin, que salvo que pienses que la música es una expresión artística de la que uno puede prescindir, esta es una recomendación entusiasta y sin paliativos.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

James Ellroy: L.A. Confidential

Idioma original: Inglés

Título original: L.A. Confidential

Año de publicación: 1990

Traducción: Carlos Gardini d'Angelo

Valoración: Muy recomendable

La edición que tengo del Cuarteto de Los Ángeles de James Ellroy es un verdadero tabique de más de mil páginas que reúne las cuatro novelas. Y, como las páginas casi no pesan, apenas terminé El gran desierto seguí de corrido con L.A. Confidential. Debo admitirlo: fue un error.

Aunque sigue la línea de las entregas anteriores: historias atravesadas por crímenes, corrupción y violencia; esta tercera novela marca un cambio de tono importante. Ellroy baja la intensidad de la brutalidad y del vértigo narrativo que había impulsado desde La Dalia Negra y, con mayor fuerza, en El gran desierto. El foco se desplaza hacia las maniobras políticas y la psicología de los protagonistas. Por supuesto, no deja de ser una novela policiaca, con su trama articulada en torno a una investigación criminal, pero la violencia pasa a un segundo plano, como si Ellroy quisiera ensayar un registro más introspectivo y estratégico.

El cambio se refleja también en los recursos narrativos. Si en El gran desierto abundaban las escenas descritas como si fueran tomadas desde la lente de una cámara, reflejo del ambiente hollywoodense donde transcurría la acción; en L.A. Confidential el eje es la prensa sensacionalista. Los capítulos se entremezclan con artículos de revistas de chismes, reportes periodísticos y documentos oficiales, un collage que aporta verosimilitud y acentúa la manipulación mediática que atraviesa la historia.

El propio título remite a una publicación ficticia, Hush-Hush, espejo deformante de los tabloides reales de los años cincuenta (como Confidential). Su editor, con contactos en el Departamento de Policía de Los Ángeles, funciona como engranaje clave: filtra información, fabrica escándalos y utiliza el chantaje como moneda corriente frente a policías y políticos. Uno de los tres protagonistas, Jack Vincennes, no solo colabora con esta maquinaria, sino que la explota para construirse una imagen pública de policía heroico, gracias a sus vínculos con un programa televisivo al estilo de “Chico malo, Chico malo”.

Los otros dos protagonistas forman un contraste que sostiene buena parte del conflicto narrativo. Ed Exley es el trepador impecable, un policía obsesionado con la disciplina y la ambición profesional, dispuesto a sacrificar la lealtad a sus colegas con tal de ascender en la jerarquía. Bud White, en cambio, es un detective impulsivo y violento, marcado por un pasado de abusos, que canaliza su rabia en una cruzada personal contra los hombres que maltratan mujeres. La tensión entre la rectitud de Exley, la brutalidad de White y el cinismo de Vincennes convierte a la novela en un escaparate de tres modos distintos de habitar la corrupción.

Uno de los episodios más impactantes es la llamada “Navidad sangrienta”, una redada en la que varios policías descargan una violencia desproporcionada sobre prisioneros mexicanos (como en otras novelas de Ellroy, ocurrió en la vida real), la cual detona gran parte de la trama posterior. Al mismo tiempo es un claro ejemplo de la moral de toda una institución: un cuerpo policial que se cubre las espaldas a sí mismo y que se fragmenta cuando la verdad amenaza con salir a la luz. Ellroy convierte esa masacre como muestra del racismo estructural, la brutalidad policial y el cinismo político de la época.

L.A. Confidential quizá no posea la misma potencia bruta que El gran desierto (recomiendo tomarse un respiro y dejar que baje la adrenalina tras leer esta última), pero ofrece un retrato más complejo y corrosivo de Los Ángeles como maquinaria de poder, espectáculo y corrupción. 

El único aspecto que creo que puede echar para atrás a muchos lectores, o hacer que dejen el libro sin acabar, es que su lectura exige paciencia (mucha): la trama es intrincada, los personajes abundan y los giros no siempre son fáciles de seguir. Pero, como todo lo que supone un esfuerzo, al terminar el último capítulo uno siente que el esfuerzo ha valido la pena.

Ahora, a darle a White Jazz.

martes, 9 de septiembre de 2025

Rónán Hession: Leonard y Hungry Paul

Idioma original: inglés
Título original: Leonard & Hungry Paul
Traducción: Clara Ministral, para Alpha Decay
Año de publicación: 2019
Valoración: recomendable


Hay novelas que parece que estén destinadas a ser leídas en un determinado periodo vital concreto en el que encajan a la perfección, que se ajustan a lo que el cuerpo y la mente piden; algo parecido a hallar un remanso de paz en tiempos turbulentos donde parece que el mundo está estropeado, que la sociedad está tensa e irascible. Y ahí, precisamente ahí, es donde este libro cobra su mayor valor, el de transmitir algo tan (aparentemente) sencillo como la paz. 

El autor introduce de buenas a primeras a sus personajes principales, Leonard y Hungry Paul. Dos amigos de edad madura con una conexión especial, una amistad inquebrantable y forjada a lo largo del tiempo. Dos personas con un carácter singular y de mirada generosa, pues «a Leonard le crio su madre sola (…) enseñó a su hijo a ver la vida como una serie de pequeños acontecimientos encadenados (…) una persona para quien la bondad era lo más natural del mundo», alguien que se dedica a escribir enciclopedias infantiles y otros libros de no ficción para niños. Por otra parte, tenemos a Hungry Paul, de un carácter igualmente bondadoso y a quien «le había caído en suerte una calma mental que con los años se había convertido en su estado natural (…) no tenía el interés, o la capacidad, para estar manteniendo una charla consigo mismo dentro de su cabeza. No tenía un narrador interno» y eso era algo que le transmite serenidad y le aleja los posibles ruidos internos que causan frecuentemente los diálogos con uno mismo. Así, entre ambos, se construye una amistad duradera, alimentada por el cariño que se profesan y que se demuestra con «el entusiasmo con el que compartían las buenas noticias, siempre con la seguridad de que el otro se iba a alegrar». También, de manera análoga a ese tono afectuoso, la familia es otro eje narrativo sobre el que el autor lanza interesantes reflexiones sobre la relación entre hermanos y la paternidad, en la que acertadamente sostiene que «la vida de los hijos les pertenece a ellos. Lo que hace uno desde el primer día es ir devolviéndosela poco a poco hasta que caminen solos».

Estilísticamente, bastan pocas paginas para ver el estilo cercano, amable y cariñoso del autor. La mirada hacia los protagonistas y su entorno es de una calidez evidente y uno no puede evitar sentir cariño hacia sus personajes pues su bondad es remarcable (e incluso deseable). Asimismo, y acorde con ese espíritu, el ritmo del libro es pausado, calmado aunque fluye sin pausas, pues el desarrollo de la(s) historia(s) es constante, aunque sin excesivos momentos álgidos o trepidantes. Este ritmo sosegado permite que vayamos empatizando con los personajes, consiguiendo contagiar al lector de esa calma, esa tranquilidad, disfrutando de una lectura donde las cosas fluyen sin sobresaltos ni angustias, pero no por ello haciendo de la lectura algo aburrido o monótono sino justo al contrario: es en esta lenta transición a base de pequeños actos en los que se avanza en la historia y se va entrando en ella y, a pesar de que puede que en su parte central haya cierto decaimiento narrativo, el libro retoma el interés en su último tercio que se lee de una sentada mientras se va descubriendo el desarrollo de cada una de las hilvanadas historias para, en su fase final recoger los frutos de las semillas que ha ido plantando de manera que todo queda recogido y envuelto en una bonita historia de personas individuales que avanzan juntas por la vida, dándose espacio y estrechándolo cuando se requiera.

Es cierto es que alguien podría tachar al libro como ingenuo o naif, por la candidez de sus protagonistas y el aire que desprende de bondad, pero en tiempos en los que cada vez más el egocentrismo y el egoísmo campan a sus (nuestras) anchas, ¿quién no apreciaría ni aunque sea durante unos días un mundo más sencillo y humilde? ¿A quién no le gustaría vivir en una sociedad donde las cosas suceden porque tengan que suceder y donde no hay malas intenciones ni intereses ocultos? Porque esto es justamente lo que el libro ofrece, una mirada bondadosa hacia un mundo, que (quizá) aún exista. Tan solo queda encontrar a los posibles Leonards y Hungry Pauls de nuestro alrededor e incorporarlos a nuestras vidas para que nos contagien un poco de su mirada amable y generosa. Creo que no nos vendría nada mal.

Por todo ello, este libro es recomendable por saber destacar, con gran estilo, la búsqueda de la belleza de las cosas simples y hacerlos sin edulcorarlo ni excederse en ello. Así, se trata de un canto a la vida y a la búsqueda de la felicidad a través de los caminos que cada uno esboza con las herramientas o habilidades que tiene y que encuentra en su interior, algo nada fácil tal y como asevera una de las protagonistas de la historia, al confesar que «me di cuenta de lo difícil que es encontrar eso en el mundo, encontrar esa dulzura». Pero que la dificultad no suponga un obstáculo en nuestro empeño, a fin de cuentas habrá valido la pena si lo logramos.