viernes, 17 de junio de 2022

César Aira: El jardinero, el escultor y el fugitivo

Idioma: español

Año de publicación: 2022

Valoración: está bien

Último libro publicado (no por mucho tiempo, supongo) del muy prolífico César Aira y compuesto, en este caso, por tres relatos largos y, en principio, independientes entre sí, aunque quizá no tanto... El primero de ellos, El jardinero, tiene como protagonista-narrador -los tres están contados en primera persona. aun escritor de mediana edad, esperemos que no trasunto del propio Aira-, que trasacabar unas páginas mañaneras sale de su casa en bata y zpantuflas en busca de su jardinero, quien, según nos dice, se ha convertido en el primer lector de todo lo que escribe. Mientras lo busca por su extenso jardín, recuerda que el buen hombre parece en los últimos tiempos un tanto deprimido y resuelve hacer todo lo posible para sanarlo, al tiempo que su pensamiento se va enredando en observaciones y disquisiciones diversas, que van tejiendo a su alrededor un tupido muro, como el que forman las madreselvas que encuentra en algunos rincones del jardín. 

El segundo relato -casi una nouvelle-, El escultor, está protagonizado y narrado, oh, sorpresa, por un escultor de la Antigua Grecia que, pese a estar satisfecho con su trayectoria artística y su posición social y económica -en realidad, bastante satisfecho de haberse conocido, igual que el escritor anterior- se haya un tanto preocupado porque le parece que su asistente y mano ejecutora de sus obras -él se limita a la parte conceptual de la escultura, no a su talla, propiamente dicha- se encuentra también, oh, sorpresa, sumido en una depresión que puede hacer peligrar la producción escultórica. Para encontrar un remedio, este otro artista/intelectual se encamina a un lejano santuario donde consultar al oráculo por medio de unas pitias o pitonisas.

Por fin, el tercer y último cuento trata de un tipo (quizá también otro escritor) que, para evitar los riesgos aparejados a la pasividad a la que le aboca un mal que le aqueja -no queda claro de qué se trata; tal vez también un principio de depresión o una simple astenia - comete un crimen para que su huida de la policía le obligue a mantenerse siempre activo y alerta. Esta fuga le lleva por pequeñas ciudades del interior del país, donde vive alguna peripecia inesperada...

Que nadie piense que va a encontrar en este libro unos relatos perfectamente estructurados , donde todas las piezas encajan como en un puzle hasta llegar a un epatante final... Más bien la impresión que dan es que, como de costumbre en él, este autor ha partido de unas ideas y situaciones más o menos ocurrentes para luego ir brujuleando al albur de sus ocurrencias y reflexiones a cada momento, sin saber muy bien adónde quiere ir a parar. o mejor duicho, sií da la impresión de saberlo, aunque no sea cierto, pero sus lectores no, pero avanzan creyendo lo contrario, y de ahí la sensación de cierta extrañeza, incluso de irrealidad, que transmiten sus escritos. de todos modos, y aunque estos relatos están llenos, ya digo de digresiones y elucubraciones de todo tipo -en el caso de los dos primeros, sobre la enfermedad, el arte y la relación entre el artista, su obra y sus lectores/espectadores-, junto a descripciones, sueños y racconti, no se trata de un tipo de literatura "de ideas"; más bien, de una narración-contenedor, donde el señor Aira puede dar cabida a lo que le pasa por el cacumen, con total libertad, sin preocuparse del resultado final.

Claro que esto, que a priori parece al alcance de cualquiera, no puede hacerlo todo el mundo, al menos, no con tan buenos resultados como él, Porque si algo está claro es que César Aira escribe no sólo de maravilla, sino, sobre todo, con una gracia que lo redime de cualquier defecto -y no me refiero a que sea gracioso, aunque el humor, sobre todo como una suave ironía o sorna, está presente en todo momento en sus relatos, y es lo que hace soportables a personajes tan gilipo... cretin... pagados de sí mismos como los que los protagonizan-; de ahí que, aunque en algún momento sus narraciones puedan hacerse erráticas e incluso cansinas, deje la sensación de que, antes o después, uno siempre volverá a leer algún libro suyo. Y, sin duda, tenemos para elegir...


Más libros de César Aira reseñados: aquí

jueves, 16 de junio de 2022

Elena Ferrante: La hija oscura

Idioma original: italiano

Título original: La figlia oscura

Año de publicación: 2006 (En España: 2021)

Valoración: Se deja leer


¿Quién es Elena Ferrante? Habrán oído esa pregunta a menudo, sobre todo si son lectores de sus obras. La respuesta sigue en el aire aunque en algún momento pareció que la cuestión quedaba zanjada, pero todo fue un invento, como alguien confesaría tiempo después. No sabemos si la auténtica Ferrante alimenta estos dimes y diretes. Desde luego la intriga suele ser muy rentable, algo a tener en cuenta cuando el sospechoso (él o ella) insiste en que no se le interrogue, ya que, como todo buen periodista sabe de sobra, esa clase de secretismos no suelen aplacar la curiosidad  del público sino todo lo contrario. Y es que, según parece, la clave está en el matrimonio formado por Anita Raja y Domenico Starnone, pero no se sabe de cuál de los dos se trata. ¿Y si forman un equipo? ¿O se alternan? ¿O están cubriendo al verdadero autor? ¿O no tienen nada que ver con todo esto? 

A mí, particularmente, las sensaciones que describe de embarazo y maternidad me parecen falsamente vividas. Toda esa introspección sobre experiencias genuinamente femeninas no me convence en absoluto, es más, me parece de cartón piedra. Pero las impresiones suelen ser muy subjetivas y habría que saber qué piensan quienes han pasado por las mismas experiencias que Leda. Un personaje que tampoco me convence mucho. Estereotipado sería la palabra. Aunque el remordimiento por el abandono temporal sí me parece convincente, pero se parece a cualquier otro, no encuentro rasgos específicamente maternos. También está muy bien reflejado el complejo de la impostora, esa convicción tan extendida de haber llegado a algo gracias a la ayuda masculina, pero esa es una idea generalizada no hace falta ser mujer para pensarlo. En cuanto al grupo de napolitanos, esos que le fascinan, y desprecia a la vez, tampoco van más allá de un puñado de tópicos. Sin embargo, tal como se refleja en ese desenlace que sin duda es lo más interesante de todo, el auténtico conflicto lo vive Nina, el otro personaje atrapado en la maternidad, pero ella no sale de un segundo plano hasta las últimas páginas.

¿Y qué decir de los diálogos? (“-Cómo está Elena –Resfriada -¿Tiene fiebre? -Un poco -¿Y Nina? -Nina está con su hija, como debe ser”). Más vacíos imposible, una forma de rellenar espacio rápidamente sus romperse mucho la cabeza. Por cierto, si la relación con esa familia resulta absurda y poco creíble, incluido el demencial episodio de la muñeca –otra forma de rellenar espacio con poca o ninguna sustancia–, los flas back se  quedan en los márgenes de los hechos y abundan, repito, en análisis bastante inverosímiles de sentimientos hacia sus hijas, desde antes de haber nacido hasta el momento presente. La relación con el marido se elude, del amante solo se intuye lo que apunto más arriba, el motivo de la frialdad materno-filial se nos escapa, pero especula sin parar sobre personas a las que conoce de vista y que parecen servirle de comparación con su propia vida. Yo no encuentro ninguna similitud, salvo que, como ellos, también procede de Nápoles. Así que, o bien los simbolismos se me escapan o bien no existe tal cosa y la relación entre ambas realidades es sencillamente aleatoria.

Ocurre lo mismo en la exagerada valoración que se ha hecho de su trayectoria literaria, que quizá tenga su razón de ser y sea yo quien no sepa ver la maravilla que se esconde tras sus textos. Porque en mi opinión se esconde tanto que no llega a estar visible, pero probablemente he tenido mala suerte al escoger una obra suya, la última que yo sepa, y tengo que ampliar el panorama. Lo haré, prometo solemnemente leer este verano las novelas más elogiadas de Elena Ferrante.

En cierto modo, y salvando las distancias, la novela me recuerda a Buenos días tristeza. Por el tono intimista, por su naturalidad y por esa forma de narrar en primera persona los sucesos cotidianos según van ocurriendo. Pero Sagan es mucho más trascendente. Mientras aquí se muestran banalidades –pensadas, sentidas o vividas– como si fuesen hechos de primera magnitud, la francesa lanza una mirada aparentemente frívola y consigue dar en el blanco poniéndonos los pelos de punta. Prefiero, cada vez más la contención, la sobriedad en las confidencias, me gusta que el personaje me permita deducir lo que siente antes que esa verborrea exhibicionista que  no suele aportar nada nuevo. Yo diría que para retratar a un personaje obsesivo no hace falta insistir tanto. Quizá la clave este ahí, en la insistencia, tanto en eso como en todo lo demás; pienso que el mismo material podría haber servido para un relato de dos o tres decenas de páginas  y su innecesario alargamiento es lo que le resta interés. 

Otras obras de Elena Ferrante; Aquí

miércoles, 15 de junio de 2022

Michel Houellebecq: Aniquilación

Idioma original:
Francés
Título original: Anéantir
Año de publicación: 2022
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: Es que Michel es mi ojito derecho

Puede que Michel Houellebecq ya no sea aquel enfant terrible que deslumbró y escandalizó al personal allá por los años 90 con ese coctel de existencialismo, nihilismo y sexo que encontramos en Ampliación del campo de batalla o Las partículas elementales. Es posible que se nos esté haciendo mayor, sí, pero esto no es obstáculo para que continúe siendo el perfecto cronista de nuestro tiempo y Aniquilación es buen ejemplo de ello.

Ambientada en el año 2027, la novela tiene un innegable tono "fin de época", tanto en lo colectivo como en lo individual. Ambos planos comparten protagonismo teórico en la novela y digo teórico porque, pese a que algunas reseñas ya publicadas hablan de thriller político y hacen especial hincapié en el contexto sociopolítico en el que esta se desarrolla, creo que Aniquilación es en el fondo una novela intimista que emparenta más con la narrativa rusa del XIX o la centroeuropea del período de entreguerras.

Hablemos ahora de esos dos planos. Por un lado, tenemos a Paul Raison: 50 años, funcionario del Ministerio de Economía, matrimonio en derrumbe, relaciones familiares un poco dejadas de la mano de Dios... En fin, personaje típicamente houellebecquiano. Por otro, tenemos el contexto en el que se mueve Paul: 2027, elecciones presidenciales a la vista, atentados terroristas... Algo bastante houellebecquiano también. 

Pero ambos planos, que comparten protagonismo en una parte inicial destinada a presentar protagonistas, relaciones y situaciones y en una parte central en la que confluyen para dar finalmente paso a un último tercio centrado en el aspecto personal, se ramifican en multitud de "subplanos" que sirven al autor para hablar, con más humor (del suyo, eso sí) que otras veces, de sus tradicionales temas y obsesiones (pareja, familia, sexo, muerte, religión, política... podríamos resumirlo en la búsqueda del placer y el oro)  y para retratar un mundo y una época con trazos casi apocalípticos. 

Lo que quizá hace diferente a Aniquilación con respecto a anteriores obras de Houellebecq es la introducción de un pequeña esperanza, de pequeños asideros que finalmente poco o nada pueden hacer ante el curso de la Historia o el destino. Pero esa sensación, que ya se dejaba ver en Serotonina, de derrota inevitable e inapelable, se repite y es amarga y terrible.

Por terminar, creo que esta es, por ambición, complejidad y ritmo de la narración, la mejor novela de Michel Houellebecq desde la ya lejana El mapa y el territorio. Si acaso, solo le achacaría algún que otro giro de guion demasiado loco y forzado. En resumen, una novela que apreciarán los seguidores del francés y que quizá sea algo más "cómoda" de leer para quien quiera hacer su primera aproximación al escritor que en mi opinión mejor describe nuestro tiempo.

P.S.: Sirva como dato curioso, y que quizá hace que mi identificación con la obra de Houellebecq sea mayor, el hecho de que Paul Raison y su padre nacieran en 1977 y 1952, respectivamente, ¡¡y que estos sean también mi año de nacimiento y el de mi padre!!

Otros libros de Michel Houellebecq en ULAD: SerotoninaEn presencia de SchopenhauerLa posibilidad de una islaEnemigos públicosSumisiónHP Lovecraft: contra el mundo, contra la vidaIntervencionesAmpliación del campo de batallaPlataformaEl mapa y el territorioLas partículas elementales

martes, 14 de junio de 2022

Núria Bendicho Giró: Tierras muertas

Idioma original: catalán
Título original: Terres mortes
Traducción: Ana Crespo, traducción al castellano para Sajalín Editores (original en catalán en Anagrama)
Año de publicación: 2021
Valoración: entre recomendable y muy recomendable


De un tiempo a esta parte, la literatura ambientada en los entornos rurales parece cobrar fuerza. Quién sabe si es porque nuestra sociedad, cada vez más solitaria y alejada de los conciudadanos busca su reflejo en un entorno donde esta actitud sí tenga cabida, en paisajes aislados, en terrenos áridos porque, a la postre, la soledad existente siempre encuentra su lugar, ya sea en las ciudades más abarrotadas ya sea en medio del campo. Pero lo que sorprende de esta narración no es el entorno en el que viven los personajes sino su interior, poblado de un profundo vacío.

Con esta novela, Núria Bendicho Giró debuta e irrumpe en la narrativa, y lo hace a tumba abierta (nunca mejor dicho) porque la autora parte de una escena copada por una muerte violenta sucedida en medio del bosque para desgranar, una a una, uno por uno, cada una de las miserias y penurias de una familia y sus vecinos. Porque en ese entorno ya había habido otra muerte, y había habido mucha devastación. Y la autora disecciona cada uno de ellos para hacernos comprender que el mal habita en ellos, que la maldad existe y crece a menos que la cortes de cuajo, porque la violencia reclama violencia, y osadía, y atrevimiento, a menos que optes por ceder ante ella y acabes consumiéndote. A ti, a los tuyos, a los demás.

Sin un solo atisbo de calidez en el relato, la autora posee un estilo narrativo que desborda en aridez, se percibe una ruralidad extrema llena de sequedad y hostilidad ambiental que se evidencia en el entierro de Joan; con la tierra muy presente, una tierra, un polvo que casi se puede masticar a cada palabra, que se pone en primer lugar, en frente de la escena como un protagonista más para evidenciar que nos contempla y nos engulle, porque como bien relata, «la muerte es únicamente un agujero que se te lleva». Una muerte a manos de uno de ellos porque, como dice uno de los personajes, «la desconfianza me hizo caer en la cuenta de que el hijo de puta debía de haber sido alguien de la casa», porque «en la cocina todo el mundo sospechaba de todo el mundo menos el padre». Una familia con tiranteces y recelos y donde la dureza es condición de vida, pues «solo una mujer que ha salido de una casa donde no ha habido nunca corazón será fuerte, porque cuando no tienes corazón no se te puede romper nada».

Estructuralmente, la autora dedica un solo capítulo (corto) a cada uno de sus personajes para tejer una novela coral y caleidoscópica con un muerto en el centro del escenario. A su alrededor, los ojos lo contemplan mientras a la vez miran de recelo a quienes tienen al lado porque en un pueblo como este, pero especialmente en una familia como esta, todos guardan secretos, todos guardan silencios, todos guardan miserias. Y el lector solo puede ver el mosaico compuesto de desgarro y sordidez que conforma la historia y que la autora teje en un entramado donde las piezas encajan aunque con desgarro. Y es que Bendicho nutre el relato de personajes bastante detestables, como el retardado del pueblo, siempre «con una cuchara de madera para cocinar en la boca y que cuando quería llamarte la atención para alguna cosa te daba golpecitos con ella sin fuerza o te la ponía bajo la nariz para que la olieses y era la peste de saliva más repugnante que hubieras olido nunca». Situaciones que se producen en la iglesia, en las casas o incluso en un hostal de pueblo lleno de «carroñeros indiferentes y vulgares» que lo único que querían era «una historia para explicar cuando sus mujeres con la piel que les olía a frito les preguntara cómo había ido el día». 

Con muchos aires de Víctor Català, pero también de Faulkner por el retrato coral y árido, Bendicho esgrime una solidez narrativa que se pone de manifiesto en la voz coral de cada personaje a quién dedica un único y corto capítulo pero de una intensidad tan abismal que cada uno de ellos podría ser el centro narrativo. A pesar de que la narración fragmentada y en primera persona a través de los diferentes personajes en ocasiones dificulta el seguimiento y la relación entre ellos, el libro que ha escrito la autora es altamente denso y rico pues en las pocas páginas que cubre la historia e intrahistoria de casa personaje se encuentra todo un mundo, un mundo lleno de carencias y vacíos, de recelos y adversidades, de pasados no olvidados y heridas mal sanadas. Párrafos largos y sin apenas conversaciones, más allá de las que tienen sus propios personajes con ellos mismos o con los fantasmas de su pasado que les persiguen y les corroen un alma ya perdida y enterrada entre capas de tierra, miseria y estiércol sembrado entre los surcos hundidos y áridos de sus maltrechas vidas.

Con episodios finales realmente desgarradores y repleto de detalles escabrosos de una violencia atroz, la narración es durísima, un retrato de la maldad que vive en unas almas sin lugar en el mundo, animales entre hombres. La brutalidad más extrema e incomprensible en una familia y un pueblo donde los episodios de violencia conviven con ellos. El relato de Bendicho destripa historias de odios y recelos, de abusos y calamidades, de personajes sin esperanza y envueltos en una vida llena de maldad y miseria humana. Sin amor, sin tenerlo y tan siquiera conocerlo, lleno de lapsos de tiempo en los que forjar una vida o dejar que pasara porque «me compadecía de ella por haberse pasado la vida esperando y no haber entendido a tiempo que la vida era esto, ir dejando pasar». 

Dice uno de los narradores al entrar en el hostal que aquél «era un lugar de mala muerte donde uno se encontraba mejor que en casa. De aquellos que, de tan horribles y míseros, cuando entras y miras la muchedumbre, te admiras de tu propia dignidad». Con la lectura de este libro ocurre algo parecido, pero en este caso uno no se encuentra mejor que en casa, se encuentra terriblemente incómodo ante un escenario sórdido, repleto de personajes llenos de fantasmas y pasados míseros; tampoco con su lectura consigue que admires tu propia dignidad, sino que te exaltas y te alarmas ante la crudeza de un mundo que, aunque apartado, no está tan lejos de nosotros mismos. Y esa es la verdadera maldad.

lunes, 13 de junio de 2022

Ursula K. Le Guin: Quienes se marchan de Omelas

Idioma original: Inglés
Título original: The Ones Who Walk Away from Omelas
Traducción: Maite Fernández
Año de publicación: 1973 
Valoración: Muy recomendable

¿La felicidad y prosperidad de una ciudad justifican el sufrimiento de una criatura? Esta es la paradoja a la que nos enfrenta Quienes se marchan de Omelas, cuento de Ursula K. Le Guin plagado de reflexiones morales. 

Le Guin nos incita a imaginar una utopía para, inmediatamente después, subrayar que no puede existir tal cosa. La escritora afirma que, para que unos sean felices, otros deben ser desgraciados. 

Le Guin cuestiona, a través de Quienes se marchan de Omelas, las problemáticas que acarrea la felicidad, pero no por ello romantiza el sufrimiento. Y es que, según ella, «tenemos la mala costumbre, alentada por gente pedante y rebuscada, de considerar la felicidad como algo bastante estúpido. Solo el dolor es intelectual, solo la maldad es interesante. Esa es la traición del artista: la negación a admitir la banalidad del mal y el terrible aburrimiento del dolor.»

Llegados a este punto, dejad que liste algunas de las virtudes de esta ficción:

  • Su memorabilidad.
  • Su ya mentada profundidad reflexiva.
  • Las múltipes interpretaciones que suscita.
  • La grisalla que sus mensajes contemplan. 
  • Sus logrados contrastes.
  • Sus astutas transiciones.
  • Sus descripciones, sensoriales y exhuberantes pero deliberadamente abiertas a que el lector las complete.
  • Su potente clímax.
  • Su síntesis de la filosofía taoísta. 
  • Su crítica al pensamiento utilitario.
  • Su negativa a entregar respuestas fáciles y complacientes. 

En fin: Quienes se marchan de Omelas es muy reivindicable. Más todavía en los tiempos en que un niño tercermundista debe trabajar en condiciones deplorables para que la ropa nos salga barata, un repartidor debe entregar un capricho en día festivo o un pollito debe vivir en cautividad para acabar en nuestro menú. 

Le Guin no se disfraza en estas páginas de moralista que vende soluciones mágicas, pero tampoco pretende aliviar consciencias. Igual que los habitantes de Omelas tienen que saber que su dicha proviene de la miseria de un infante, nosotros debemos ser conscientes de que nuestro (relativo) bienestar tiene consecuencias desastrosas para otros. 

Por cierto, antes de terminar esta reseña querría alabar la edición de Nórdica. El libro que han publicado es una auténtica maravilla: encuadernación en cartoné, tipografía generosa, ilustraciones a color... 

Y ya que saco a colación las hermosas ilustraciones de Eva Vázquez, dejad que me detenga en ellas unos instantes. Su factura, composición y cromatismo merecen todos mis elogios. Si acaso remarcaría que traicionan (como lo haría cualquier otra imagen, dicho sea de paso) la vocación abstracta del texto de Le Guin; mas insisto en que son preciosas y funcionan a la perfección en tanto que interpretación personal de Vázquez.  



También de Ursula K. Le Guin en ULAD: Aquí

domingo, 12 de junio de 2022

Will Gompertz: ¿Qué estás mirando?

Idioma original: inglés

Título original: What Are You Looking At?

Traducción: Federico Corriente Basús

Año de publicación: 2012

Valoración: Muy recomendable…


… incluso Imprescindible para el lector interesado en el arte moderno. Quizá para cierto tipo de lector no muy familiarizado con ese mundo tan peculiar, pero que quiere entender mejor esas cosas que algunos todavía pueden estar valorando como mamarrachadas u ocurrencias, algunas de ellas que de verdad pueden chirriar al espectador bienintencionado, sobre todo cuando vemos noticias de subastas enloquecidas por algo que parece un garabato o directamente una tomadura de pelo.

Gompertz es periodista, director de arte de la BBC, y ocupó durante varios años un cargo relevante en la Tate Modern de Londres, nada menos. El perfil es desde luego el de un comunicador que conoce en profundidad el mundo del arte, y en el libro se explica con frescura y un punto de humor, con lo que el resultado puede calificarse como un trabajo divulgativo muy bien hecho, dirigido a ese público al que me refería, no experto pero sí interesado en la materia. Si todos los profesores de Historia del arte tuviesen la destreza de Gompertz, las vocaciones proliferarían como setas en otoño. Manuales sobre la historia del arte moderno los hay a montones, con mayor o menor caudal de información o ilustraciones, mejor o peor sistematizados. El que nos ocupa hoy es también uno de ellos, un libro de volumen relativamente generoso (cerca de 500 páginas) que, como manda el canon, arranca con los impresionistas allá por finales del siglo XIX, y alcanza hasta fechas bastante recientes, siguiendo más o menos un criterio cronológico. Pero aporta algunas peculiaridades muy interesantes.

Nada más abrir el libro, literalmente, encontramos algo bastante insólito: la historia del arte moderno resumida en un mapa estilo Metro, en el que hasta casi podemos distinguir la venerable Circle Line londinense. Cada uno de los ismos y movimientos artísticos conduce hacia los siguientes, a veces en línea recta, otras con paradas intermedias e intercambiadores en los que reciben influencias para desembocar en una nueva tendencia. Así, todas interrelacionadas, nutriéndose de lo que existió antes y alimentando lo que vino después, Gompertz muestra con claridad el objetivo del libro: ilustrar cómo toda la evolución del arte moderno es un gran movimiento, de enorme diversidad pero rara vez azaroso, cuyas mutaciones son a veces una reacción, a veces una evolución respecto de lo que otros hicieron. 

El deseo de mostrar coherencia impregna todo el texto, y el autor lo maneja de forma muy convincente, aun exponiendo algunas conclusiones algo arriesgadas y sacrificando si es necesario la cronología para no alterar el sentido del viaje. Empeñado en una didáctica dirigida en buena medida al aficionado algo reticente, Gompertz procura dejar claro que todas esas obras, por caprichosas o extravagantes que parezcan, responden a un por qué y tienen una posición concreta dentro de ese enorme flujo de creatividad. Bueno, todas o casi, porque en ocasiones es inevitable que algunas elucubraciones resulten algo forzadas, algo de lo que ni el propio Gompertz puede desembarazarse.

Visto como manual de arte moderno, el libro es muy bueno, seguramente uno de los mejores que conozco, pero en ocasiones va un paso más allá. En su estimable intención de explicar algunas de las claves más problemáticas de la materia, el autor resulta brillante desarrollando el paralelismo entre la música no vocal (algo que todo el mundo entiende con mucha naturalidad) y la pintura abstracta (algo sobre lo que muy pocos se abstienen de presentar objeciones), pone luz sobre conceptos como el de obra no retiniana de Duchamp o el de pintura pura de Picasso, el valor de la obra por sí misma y no como representación de algo, o el manejo de distintas paletas de color según los diferentes momentos o tendencias. Aspectos técnicos explicados de forma amena y muy clara, ideal para quien desee asomarse a ese mundo singular sin prejuicios e interiorizando algunos conceptos básicos.

Toca también Gompertz un asunto especialmente espinoso: la muy visible distancia entre el erudito y el espectador corriente. Alude al lenguaje alambicado y elitista de los catálogos, y entra de esta forma en el mundo del arte como negocio, como actividad profesional en la que los comisarios, que en definitiva comen de todo esto, se ven obligados a exhibir cierto nivel intelectual para mantener su prestigio. Es indudable que el autor conoce de primera mano los entresijos de ese mundillo, y es una lástima que no se extienda más en ese terreno (las políticas de los museos, las subastas, el peso de los críticos) pero, claro, todo no cabe en un volumen ya de por sí bastante robusto.

Teniendo a la vista un repaso a la trayectoria del arte moderno que es relativamente exhaustivo, echamos también de menos algunos nombres ilustres que ni siquiera merecen una cita, como Toulouse-Lautrec, Calder o Balthus, por poner algunos ejemplos (¿quizá por haber volado más libres y no ser fácil ubicarlos en aquella red metropolitana?); o nos hubiera gustado una visión algo más amplia y un poco menos descriptiva del arte de las últimas dos décadas (hay vida más allá de Koons, Hirst o Weiwei). Pero esto no desmerece en absoluto el valor del libro, que es claro, ameno, interesante, algo que merece ser leído incluso aunque el tema no nos entusiasme del todo.


sábado, 11 de junio de 2022

Jorge Carrión: Todos los museos son novelas de ciencia ficción


Idioma original: español

Año de publicación: 2022

Valoración: seductor

 Cuando hace unos días reseñé - no sin cierto escepticismo - Membrana, no había reparado en la existencia de este libro. Puede que porque Carrión ya nos tiene acostumbrados a un ritmo de publicación intenso - no solo de publicación, también organiza exposiciones relacionadas con el ámbito literario, comenta ítems culturales, etc. - o incluso por su peculiar curso narrativo, en el que todos sus últimos libros, sobre todo desde que publica para Galaxia Gutenberg, parecen formar parte de un proyecto cohesionado. Y este Todos los museos son novelas de ciencia ficción, título algo reminiscente de DFW, se presenta, pasados unos meses - pocos - como un complemento de Membrana, uso el término compemento de forma algo forzada, pues casi diría que, aunque dispone de un cierto vuelo propio, Carrión, que sabe que su prestigio como agitador es indiscutible, se permite una especie de broma moderada a costa de su novela, aunque siempre podremos suponer que no hubiese carecido de sentido integrar este texto ahí mismo. Pero respetemos la voluntad del autor.

La cosa consiste en generar una especie de bitácora del proceso de escritura de la novela. Y así como en la novela el papel de narrador quedaba disuelto en la estructura del catálogo de un museo, aquí el autor levanta la mano y se hace ver, en un ejercicio de ciencia-auto-ficción, el escritor toma la primera persona y proyecta información complementaria a Membrana, más que explicar o matizar su contenido, retrata una realidad paralela a la creación, que Carrión, va siendo marca de la casa, aprovecha para enlazar con su galería de monstruos habitual. Que la realidad se empeña en hacer cada vez más visible, y entonces a Carrión más visionario. Si el texto no tarda en mencionar a HAL 9000 y a todos los sospechosos habituales - spyware, cámaras que captan nuestra vida, dispositivos que nos monitorizan porque no leímos la letra pequeña de los pop-ups que nos saltan al darnos de alta en servicios, en suscripciones, en redes sociales - el jugueteo de Carrión empieza pronto. Mencionando otro clásico reciente - la película HER - el escritor es contactado y, se diría, seducido por Mare, una identidad digital que le contacta desde el futuro de su novela, y que ya la ha leído, o quizás haya anticipado su contenido gracias a algún brillante algoritmo, y el proceso de intercambio parece tomar las riendas de la vida del autor, cuestión de la que este primero recela, pero a la cual acaba enganchado: de repente su existencia se ha visto interferida y no se atreve a confesarlo a su familia. Reproduce la voz de Mare, contesta sus mensajes, dialoga con ella en un juego aparentemente inofensivo, pues no teme a su contrapartida por su inmaterialidad, pero igualmente se siente cohibido y avergonzado. Solo habla de la existencia de esa interacción con los profesionales que cree que pueden comprenderle y, a medida que los contactos se suceden, su vida empieza a gravitar en torno a ellos.

Aparte, el impecable atractivo como objeto, pues el libro contiene abundante material gráfico, que lo sitúa en un claro perfil sebaldiano, y resulta curioso que su mera lectura parece mejorar el rastro que dejaba Membrana e incluso despojarlo de su pátina a veces demasiado solemne. Sin llegar a lo estrambótico o lo banal, Carrión introduce con sutileza y habilidad algunos elementos que hubieran parecido algo discordantes en una novela de ciencia ficción al uso. Y funciona, como obra separada y como proyecto conjunto.