domingo, 15 de mayo de 2022

Guillaume Apollinaire: Los diablos enamorados

Idioma original: Francés
Título original: Les diables amoureux
Año de publicación: 1964
Traducción: Julio Monteverde
Valoración: Recomendable para interesados

Supongo que a todos os suena Guillaume Apollinaire, narrador, poeta, dramaturgo, crítico de arte y periodista. Pues bien, resulta que este señor era un gran entendido en eso de la literatura erótica y llegó a escribir, además de obras de género bastante destacables (pienso en Las once mil vergas), decenas de prólogos para los trabajos calenturientos de otros.

Los diablos enamorados, volumen de la editorial sevillana El Paseo, recupera una serie de introducciones de Apollinaire que contextualizaron diversas obras eróticas. 

A mi juicio, las virtudes de este tomo serían: 

  • Que entrega enfoques curiosos sobre autores tan manidos como el Marqués de Sade. 
  • Que da a conocer obras alejadas del canon. Y es que, en palabras de Julio Monteverde, traductor y prologuista de Los diablos enamorados, Apollinaire pensaba que «frecuentar solo las obras consensuadas como maestras no lleva más que a sitios que ya conocemos», y que es en los márgenes «donde estalla lo nuevo, lo diferente, la sorpresa».

Por otro lado, la especificidad de este libro es su mayor lastre; sólo aquellas personas interesadas en la materia tratada podrán extraerle jugo. Sea como fuere, lo recomiendo, aunque sea a los degenerados que, como un servidor, sabrán sacar provecho a los conocimientos de uno de los mayores "enfant terribles" de la Literatura.


También de Guillaume Apollinaire en ULAD: Las once mil vergas

sábado, 14 de mayo de 2022

You-jeong Jeong: El buen hijo

Idioma original: coreano

Título original:

Año de publicación: 2016

Traducción: Luis Alfredo de los Frailes

Valoración: está bien

¿Qué haríais si, siendo epilépticos y no recordando nada después de un posible ataque, os despertarais completamente cubiertos de sangre  -que además, según parece, no es vuestra- y con huellas por todas partes de haber sido responsables de un horrible crimen? ¿Jodido, no? ¿peliaguda situación, no? Pues eso es lo que le ocurre al protagonista-narrador de esta novela, el joven coreano Yu-Jin, que vive con su dominante madre en un dúplex de una localidad costera de reciente -y aún inacabada, en verdad- edificación. Durante las horas y días que siguen a este turbulento despertar, Yu-Jin se afana por recordar y dar sentido a lo ocurrido la noche anterior, al tiempo que debe asumir el peso de la tremenda tragedia que se cierne sobre él.

De esta manera, éste thriller policiaco de la también coreana You-jeong Jeong (1) adquiere en principio la forma de un peculiar whodunit, para luego convertirse en una novela psicológica y aún en un dramón familiar y personal de no te menees... Todo , con apaenaas un puñado de `personajes: Yu-Jin, su madre, su hermano adoptivo He-Jin, su tía la doctora Hye-Won...- , en una localización más o menos limitada y en un tiempo determinado... casi dese diría que, en cierto modo, la novela tiene un aire teatral. Lo que dificultaría su posible representación sobre un escenario (no así en el cine o televisión) es la gran cantidad de analepsis, tanto en forma de flashbacks como por medio de la lectura de cierto diario, que encontramos en esta novela y que, en gran medidas son las que hacen avanzar la trama o, al menos, explicarnos y explicar a su protagonista, qué es lo que ha ocurrido. Claro que también es un recurso que, en algunos momentos, ralentiza el avance de la trama y que incluso puede llegar a despistar al lector (bueno vale, a ESTE LECTOR, que, ya lo confieso, tiene sus limitaciones...) cuando se enlazan varios flashbacks seguidos... También encontramos algunos recursos típicos de este tipo de novelas, como los giros en la trama, algún que otro cliffhanger... pero que nadie se engañe: El buen hijo tiene más que ver con, salvando todas las distancias, Dostoyevski que con, yo qué sé, Dan Brown o James Patterson, por poner algún ejemplo...  También, puede servir de partida para reflexionar sobre la maternidad, la responsabilidad individual, el libre albedrío y otros temas de mayor trascendencia...eso, si el baño de sangre le deja a alguien con ganas de hacerlo.

Como suele ser habitual, a esta autora la califican algunos como la "Stephen King de su país"... En fin, yo no diría tanto, aunque sí es cierto que esta novela, al menos tiene cierto interés. pero creo que sobre todo para los aficionados al género criminal o incluso de terror, pero veo difícil que pueda gustar o al menos llegar a todo el público lector. Algo que "el Monstruo de Maine" (2) sí que ha conseguido, en general...


(1) En la edición española de este libro y también en otros idiomas como el inglés, italiano o portugués, la autora de esta novela aparece como You-jeong Jeong, siguiendo el sistema onomástico occidental de nombre propio + apellido; sin embargo, en otras ediciones, como la francesa o la turca, se respeta el sistema coreano, y por tanto la transcripción de su nombre aparece como Jeong You-jeong (siendo el primer Jeong el apellido o nombre de familia y el segundo jeong, el nombre propio que comparten los hermanos o primos de la misma generación y que, en este caso, coincide con el apellido). lo comento, sobre todo, por si queréis leerlo en turco, para que no os liéis...

(2) Lo de "Monstruo" lo digo en el sentido taurino de la palabra, no porque sea feo, que no lo es: tiene el atractivo que nos caracteriza a los miopes simpaticones... (Bueno, por lo menos, él sí que es simpaticón).

viernes, 13 de mayo de 2022

Madame Nielsen: The Monster


Idioma original: danés

Año de publicación: 2021

Traducción: Daniel Sancosmed

Valoración: intragable

Agradezco a Madame Nielsen que este libro no se haya promocionado (a pesar de la apariencia de la escritora, que parece un performer multidisciplinar de esos que inquietan un poquitín) como literatura queer, cuestión que evita su estigmatización y su etiquetado dentro de una especie de submundo que parece haber de ser juzgado de antemano.

Bueno, se lo agradezco porque así ha evitado que yo tenga que ser señalado por cargarme un libro queer. No va a ser así. Hablo sobre la novela con toda libertad, entonces, y os digo, estimados lectores, que está muy bien eso de que las pequeñas editoriales se encarguen de divulgar la obra de autores de escenas alternativas y todo eso. Pero es que aquí nos han dado gato por liebre. The Monster, así titulada en inglés, detalla las andanzas de un joven ruso en New York, donde ha acudido para formar parte del grupo teatral de Willem Dafoe, allá por 1993, con lo que la acción se sitúa en ese período extraño entre la caída del muro y la de las Torres Gemelas, un período (no hablemos del presente, por favor, que Finlandia acaba de poner nerviosa a Rusia solicitando su ingreso en la OTAN) que podría haber sido idílico, una especie de Arcadia feliz donde los bloques se desmembraban y Occidente parecía ávido por integrar a esos rusos simpáticos en la dinámica del capitalismo a ultranza. Ahí empiezan las trampas. En un juego algo acomplejado que insiste en el namedropping, Madame Nielsen teje una siniestra historia basada en los días y las noches del joven, que ha acudido a New York con poco dinero y apenas una lista de nombres a los que puede contactar para obtener algún lugar donde pasar la noche. De día acude al teatro y alterna con gente que se presenta tanto en las sesiones teatrales como a los locales nocturnos que acostumbra a frecuentar. Así que en la novela surgen los nombres como referencias, tópicos hasta la exasperación: Warhol, Sontag, Byrne, Lou Reed. Parece que en medio de esa amalgama cultural de la ciudad que nunca duerme a nuestro anónimo protagonista le ha ayudado la suerte. Pero ay la noche: a cambio de disponer de un sitio donde dormir, sus anfitriones resultan ser un par de gemelos algo degenerados que abusan de él noche tras noche.

Y en esa alternancia trufada de referencias y descripciones algo procaces de los abusos, combinado con los numeritos propios de su asistencia a algunos de esos clubes nocturnos que parecen museos de los horrores, la novela se pierde en divagaciones y escenas descritos con un lenguaje rígido y un terrible gusto por el párrafo interminable y la disertación de tonalidad epatante, como si a Madame Nielsen le molestara limitarse a describir los hechos y tuviese que incidir en un retrato psicológico del protagonista, revelando una tonalidad algo narcisista y hasta diría que acomplejada. Esto no podía pasar en Copenhaguen pero si en New York. Con lo cual,entre ciento cincuenta páginas, apenas retengo las alusiones descriptivas a la foto que hace las veces de portada, un más que previsible flash back sobre la historia de los gemelos, y unas últimas cuarenta páginas, que me perdonen mis compañeros del blog por mi retraso, que se me han hecho eternas, un auténtico tostón esperando que algo se dilucidara y más bien convencido de que, como así resultó ser, la novela era un engendro post-moderno algo pretencioso cuyo colofón es no tener colofón.


jueves, 12 de mayo de 2022

Marian Donner: Manifiesto en contra de la autoayuda

Idioma original: neerlandés

Título original: Zelfverwoestingsboek 

Año de publicación: 2019 (en castellano, 2021)

Valoración: Recomendable alto


Estamos en la cultura de Instagram, y quien dice Instagram dice cualquier otra red social, incluidas las consideradas profesionales. Toca transmitir felicidad, éxito, juventud, diversión, descubrimientos, atractivo, actividad. En contacto con amigos o conocidos, posibles parejas o posibles clientes, vecinos o familiares de cualquier rango, no son admisibles mensajes que no sean esos, solo procede enseñar nuestro último outfit, las imágenes de nuestra escapada de puente, el golazo del chaval, las instalaciones del nuevo gym. Lo demás, claro, no interesa, es lógico.

Pero no solo son las exigencias de esta vida social virtual. Permanentemente recibimos llamamientos a la positividad, la salud, el buen rollo y la iniciativa. La sociedad nos quiere a punto para nuevas metas, no podemos quedarnos parados, los fracasos son solo un aprendizaje para el próximo triunfo. El bombardeo es incesante: si quieres, puedes, basta con desearlo con mucha fuerza y trabajar duro, no hay nada que no puedas conseguir, debes hacer salir tus potencialidades ocultas. Todo es muy estimulante, fantástico, pero puede no ser fácil, tendemos a la vagancia, a la autocomplacencia, quizá a una envidia estéril. Y si uno no tiene la suficiente pasta para pagarse un psicólogo (un psicoanalista, como dicen en las películas) o, mejor, un coach, pues nada, los libros de autoayuda son un buen sucedáneo.

Este mundo del siglo XXI está montado así, nada de esto nos pilla de sorpresa, y en su diseño es necesario que el mecanismo siga siempre avanzando a buen ritmo, porque si dejamos de dar pedales el invento se desequilibra y se viene abajo. El sistema necesita consumidores felices, que siempre quieran un poco más para distinguirse, para mejorar, para tener nuevas experiencias (todo son experiencias, de compra, de viaje, de cata de vinos, de regalo sorpresa). No basta un coche chulo, un armario surtido o unas vacaciones, hay que afinar con el corte de pelo, el blanqueamiento dental, conocer pueblos con encanto, cenar tofu o aguacate, algo de teatro de vanguardia, spa, despedidas de soltero cada vez más caras y extravagantes, algún tatuaje, fin de semana ecuestre. Ahí pone Marian Donner el acento, los requerimientos del nuevo capitalismo (yo añadiría que heredado del llamado capitalismo popular de los 90), que ha descubierto que el mayor negocio es tener a los muchos millones de la clase media (y otros muchos que ni siquiera llegarían a calificarse así) obsesionados, quizá ya no tanto con escalar, sino con acceder a la multitud de bienes y servicios que hacen que la gente se vea más feliz, o que se la suponga más feliz.

La escritora y periodista holandesa (o, por lo visto, mejor neerlandesa) se fija especialmente en las imágenes que nos llegan a través de los medios (cuerpos perfectos, sonrisas de éxito) y en esos mensajes llenos de voluntarismo aparentemente ingenuo que a fin de cuentas nos vienen a decir que si no triunfamos, si no nos parecemos a esos triunfadores, es porque no queremos: amigo, no echemos la culpa a la falta de oportunidades, porque si no lo consigues es solo porque no lo quieres con suficiente intensidad. En definitiva, tú eres el culpable. La cuestión se traslada, una vez más, de lo colectivo a lo individual, es la victoria absoluta, avasalladora, del liberalismo en su aspecto más salvaje. Laissez faire, laissez passer.

Como se ve, el libro desborda claramente la crítica a la autoayuda que anuncia el título, y sus primeras veinte o treinta páginas son demoledoras. No tanto porque descubra cosas que no sepamos, sino porque lo expone con convicción, de forma nítida, brutal. Hay desde luego una clara voluntad de provocación, de fustigar y agitar el debate más que de exponer razonamientos muy elaborados, y el resultado es una saludable frescura con la que ponernos frente a realidades que han tomado cuerpo durante demasiado tiempo hasta resultar normales o inevitables, quizá hasta que ni siquiera las veamos.

Ese deseo transgresor hace que quizá el libro afloje un poco en los apartados siguientes, no sé si para justificar eso tan sonoro de en defensa de la autodestrucción, que luce sin mucha justificación en la cubierta. Ante ese paradigma de la vida sana, la belleza y la realización personal, la autora contrapone invitaciones como ‘arde’, ‘baila’, ‘sangra’, que tienen la carga metafórica de llamamientos a la libertad y a saltarse las nuevas normas de esa cultura que apenas puede esconder el objetivo inmediato del consumo masivo, y el más profundo del mantenimiento del statu quo. Y he dejado para el final el mensaje ‘bebe’, que curiosamente es el de contenido más literal y donde Donner incita en efecto a cogerse alguna buena borrachera como forma espontánea (y yo añadiría que muy clásica) de rebelarse contra el sistema, aunque sea un rato.

Sin desmerecer el valor del libro como mensaje provocador y además muy bien escrito, raro sería que terminase la reseña sin darle una vuelta de tuerca más. Porque si la autora nos pincha para no someternos tan dócilmente a los cánones ¿no está también favoreciendo soluciones exclusivamente individuales a un problema colectivo? Y aún más, esas recomendaciones tan rompedoras ¿no son una forma de terapia, en definitiva, Marian Donner, de autoayuda, aunque con un contenido algo diferente? 


miércoles, 11 de mayo de 2022

Karmele Jaio: La casa del padre

 Idioma original: vasco

Título original: Aitaren etxea

Año de publicación: 2019

Valoración: Recomendable


“Quizá por eso es peligroso escribir. Es una peligrosa marea baja que deja a la vista las rocas escondidas bajo el agua. Y lo que aparece no siempre nos gusta.”


El lugar al que siempre volvemos o del que nunca llegamos a salir del todo. La casa paterna (o materna), incluida la madre patria que cada uno considere. Ese lugar, el doméstico y el geográfico que nos ha configurado como somos, aunque luego cada uno reaccione a su manera a los estímulos. Karmele Jaio ha creado esta vez a un puñado de personajes, algunos con voz propia, y los ha echado a rodar por la pendiente de la vida, en una época (la actual en ese momento) y un lugar (Euskadi) determinados. El pasado y el presente se entremezclan y les condicionan tanto como a cualquiera.  Asistimos a sucesos y reacciones que podemos comprender fácilmente como si lo que se nos está contando fuera sencillo, que no lo es en absoluto, como si los personajes no estuvieran llenos de contradicciones e incoherencias, como si el dolor no los paralizase demasiado a menudo. Ismael, su mujer Jasone y Libe, su hermana, no solo se explican a ellos mismos, también a esos que no hablan al lector pero cuyo papel en el relato es igual de importante. A saber, los padres del susodicho y un tal Jauregi, editor y viejo amigo de Jasone. 

Esta mujer, tan válida como llena de inseguridades –complejo de usurpadora, advenediza en su propio espacio– es el hilo conductor del relato, la secundaria que protagoniza los hechos aunque resulte paradójico. Una más entre toda una generación de esposas comprometidas con la conducta que se espera de ellas y creyéndose libres de decidir, han renunciado a sus objetivos vitales sin apenas ser conscientes de ello aunque a costa de una infelicidad soterrada que, a medida que pasan los años, va pesando cada vez más sobre sus hombros. Una más y por ello tan importante, ya que representa toda una pauta de conducta asumida sin rechistar por varias generaciones de mujeres. Me refiero al esfuerzo que supone encargarse de las tareas domésticas, planificación, cuidados y pensar que un trabajo remunerado, a diferencia de sus madres, ha conseguido emanciparlas. Y claro que aquella esclavitud completa de quien se somete en cuerpo y alma porque es otro quien paga las facturas es una costumbre residual, pero las circunstancias que acepta la generación de Jasone no suponen un auténtico avance, solo un espejismo con el que se las ha ido entreteniendo hasta que (algunas) acaban cayendo en la cuenta. Pero ¿por qué me empeño en hablar de ella si el gran triunfador, el escritor de la familia resulta ser su marido, Ismael, y Jasone no ha destacado en nada todavía. Algo ha hecho, es verdad, pero poco relevante, nada que ocupe titulares de prensa: responsabilizarse de que el hogar funcione, criar a dos hijas, contribuir con su sueldo a los gastos, cuidar a sus padres ya fallecidos, corregir la obra del gran literato para que llegue bien pulidita a la mesa del editor. ¡Fruslerías! No hay motivo para que Ismael se sienta tan inseguro, tenga tanto miedo, tanta desazón por asuntillos del pasado, se encuentre tan bloqueado en su labor creativa. Aun así, me atrevo a preguntar ¿han oído hablar de María Lejárraga? Nació en el último tercio del s. XIX, vivió casi cien años  y su gran talento literario se mantuvo en la sombra la mayor parte de su vida.

Completan el cuadro la hermana rebelde y migrante que teme volver a casa, la madre, ingresada por culpa de un misterioso accidente, que se inquieta por lo que pueda pasarle al marido ahora que ella no está en condiciones de cuidarlo, y este, el marido y padre de Ismael. Los demás tienen miedo y se sienten culpables de algo, solo él es inmune a esos sentimientos, ahora porque se le ha ido la cabeza y antes porque se creía omnipotente como cabeza de una familia tradicional que dirigía los destinos de todos.

Jaio nos habla de los fantasmas del escritor, de la palabra que descubre lo oculto, de una generación marcada por la política y de la frustración a la que han sido condenadas las mujeres de este siglo y del otro. No puedo estar más de acuerdo pero pienso que tanta insistencia, tanto hacer explícitas ideas por lo demás, evidentes, lastra la novela un poco, la ralentiza, la convierte en una especie de panfleto cuando no le hacía ninguna falta. Solo tenía que dirigirse a un lector inteligente, pues los personajes están perfectamente diseñados, la trama rueda con los sobresaltos necesarios, se abren múltiples posibilidades que nos mantienen en una agradable incertidumbre hasta llegar a las vueltas de tuerca finales que sorprenden sin incoherencias y consiguen que la novela alce definitivamente el vuelo sin traicionar las convicciones de la autora.

Versión en castellano: Karmele Jaio 


Otras obras de Karmele Jaio: Música en el aire, No soy yo, Las manos de mi madre, Stop, Recuerdos (relato en volumen colectivo)

martes, 10 de mayo de 2022

Jorge Ibargüengoitia: Los conspiradores

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1981
Valoración: Recomendable

Pongamos que no habéis leído el título de la reseña y juguemos a las adivinanzas porque hoy es día de rescate literario en ULAD. 

Pista nº 1: Autor centroamericano de cierto éxito en los 70-80 y bastante olvidado en la actualidad.

Pista nº 2: Rescatado hace escasa fechas  por la editorial palentina (sí, amigos, hay vida más allá de Madrid y Barcelona) Menoscuarto. 

Ppista nº 3: Fallecido en el accidente de avión que se llevó por delante la vida de, entre otros, Manuel Scorza o Marta Traba.

Bien, pues hablamos de Jorge Ibargüengoitia (1928-1983), prolífico y "variado" escritor más mexicano que el chile chipotle pese a tener un apellido más vasco que el txakoli de Getaria.

Pero centrémonos de una vez en "Los conspiradores", novela que en México llevó el título de "Los pasos de López" (cosas del mercado editorial, supongo) y que tiene como telón de fondo los años inmediatamente anteriores a la independencia mexicana y, más concretamente, el levantamiento del cura Hidalgo en el año 1810. Así, la novela sería la ficcionalización de los citados hechos, desde su génesis hasta su desastroso final.

Podríamos hablar, por lo tanto, de una "novela histórica" si no fuese porque Ibargüengoitia hace que las categorías, los mitos y leyendas salten por los aires. De hecho, "Los conspiradores" es un texto que puede leerse como novela "antihistórica", novela de intriga, novela picaresca o directamente como resumen crítico de las diferentes "iluminaciones" que recorren la historia política de América Latina, con su mezcla de paternalismo, crueldad, caudillismo y populismo.

Me asombra la variedad de suertes que el destino nos reservaba a los que estábamos allí. La mayoría están muertos, pero mientras unos descansan en el altar de la Patria, los huesos de otros yacen en tierra bruta porque en ningún cementerio quisieron recibirlos.

Esa es una de las principales virtudes del texto: huir de lo hagiográfico y hacer de los personajes implicados en el complot seres de carne y hueso movidos al mismo tiempo por los más altos ideales y las más bajas pasiones. De ahí el tono burlón y desmitificador que recorre una novela plagada de enredos, delaciones, traiciones y errores absurdos que se mueve entre lo heroico y lo grotesco. Lo anterior, unido al ritmo que logra imponer el autor, hace de "Los conspiradores" un texto sumamente divertido. 

En el lado menos positivo está una segunda parte de la novela un tanto atropellada. Ibargüengotia opta por una estructura episódica con saltos temporales relativamente amplios, pero como lector me queda la sensación de que había material para bastante más, ya sea a través de un mayor desarrollo de esos episodios o por la vía de un mayor ahondamiento en alguno de los contradictorios protagonistas de la novela, como el cura Periñon.

En cualquier caso, y pese a estos pequeños peros, bienvenida sea la recuperación de una obra y un autor que esperemos encuentre los lectores que merece, aunque sea casi 40 años después de su fallecimiento.

También de Jorge Ibargüengoitia reseñado en ULAD: Las muertas

lunes, 9 de mayo de 2022

Isaac Bashevis Singer: El seductor

Idioma original: Yiddish  
Título original: Der Sharlatan
Año de publicación (por entregas): 1967-68
Traducción: Jacob Abecasís y Ronda Henelde
Valoración: Entre recomendable y está bien

A más leo a Isaac Bashevis Singer, más admiro su pluma. Y es que la literatura del premio Nobel polaco derrocha una calidad, sensibilidad y profundidad admirables. Como prueba de esta afirmación tenemos, por ejemplo, El seductor, una magnífica comedia de enredos protagonizada por el contradictorio Hertz Mínsker. 

Mínsker, que vive a expensas de su mejor amigo, el magnate inmobiliario Morris Kálisher, se acuesta con Minne, la esposa de éste. La llegada a Nueva York del ex marido de Minne pondrá la vida de los intregrantes del triángulo amoroso patas arriba.  

De esta novela me han gustado: 

  • Su prosa depurada y dinámica.
  • Sus personajes y las interacciones que éstos mantienen entre ellos.
  • Ciertos giros argumentales.
  • Sus últimos capítulos. Introducen algún que otro elemento abruptamente, pero cierran con tino múltiples arcos y subtramas.
  • Su humor, fino o cáustico según se tercie.
  • El sustrato psicológico que despliega.
  • Su trasfondo misántropo y pesimista.
  • Sus críticas a la comunidad judía y, en concreto, las que dirige a los religiosos, por hipócritas o por intransigentes según se tercie.
  • Las agudas observaciones que hace en torno a la ciudad de Nueva York (y América en general).

Las únicas pegas que puedo ponerle a esta obra son tan insignificantes que para nada lastran al conjunto. Aun así, quisiera señalarlas: 

  • Le falta empaque.
  • No me parecen verosímiles las disertaciones de corte teológico de muchos personajes (algunos de los cuales admiten saber poco de religión).
  • En ocasiones, Singer repite información que ya había dado previamente. Aunque supongo que estas reiteraciones se deben a que El seductor se publicó originalmente por entregas, pueden llegar a molestar.
  • Igual que me sucedió con Escoria, del mismo autor, pienso que a esta novela le falta concesión. En ningún momento se hace larga, pero el mensaje que transmite es demasiado explícito.

Pese a todo lo expuesto, recomiendo esta historia. Aparentemente es vodevilesca, sencilla, localista y mundana; sin embargo, su verdadero alcance es universal. Además, creo que es perfecta en tanto que catalizador del oficio de Singer. A fin de cuentas, apreciamos en estas páginas los personajes, escenarios y temas que obsesionaban al escritor: la desesperación existencial, la congoja espiritual, el sentimiento de desarraigo de los apátridas, el Nueva York tamizado por la mirada de los emigrantes judíos, el adulterio, etc...

Antes de terminar esta reseña querría alabar la edición de Acantilado. Como viene siendo habitual, es tan elegante como bonita. Me gusta especialmente la simpática ilustración de la cubierta, que resume magistralmente el contenido del libro. 
 

También de Isaac Bashevis Singer en ULAD: Aquí