miércoles, 10 de agosto de 2016

Bonus track de la Semana del best-seller: Chacal, de Frederick Forsyth

Idioma: inglés
Título original: The Day of the Jackal
Año de publicación: 1971
Traducción: Ramón Fernández
Valoración: de lo más recomendable

Señoras y señores, amigos y seguidores de Un Libro Al Día, no podía faltar, a modo de postre o complemento de la semana dedicada a los best-sellers, la reseña de algún libro de uno de sus más conspicuos cultivadores, autor de grandes éxitos de la política-ficción como son ODESSA, Los perros de la guerra, El cuarto protocolo o El manifiesto negro, entre muchos otros, y autor de este trepidante thriller en el que un implacable asesino a sueldo de la OAS trata de acabar con la vida del general De Gaulle...

-Hipotético Lector: Eh, un momento...¿Qué eso de la OAS y quien es ese general?

-Sufrido Reseñista: Humm... ¿y para qué sirve la Wikipedia, me pregunto yo? Bien, la OAS era una organización secreta de franceses que rechazaban la independencia de Argelia y que le echaban la culpa de la misma a De Gaulle, el líder de la Francia Libre y presidente de la República francesa entre 1958 y 1969.

-Hipotético Lector: ¿Cómo?¡ Pero si de eso hace casi 50 años! Menuda viejunez de libro...

-Sufrido Reseñista: ¡De eso nada, ignorante! Esta novela puede ser de 1971, pero es un ejemplo a seguir por todo el que quiera escribir una historia de intriga y acción. Y no es viejuna, es vintage, que no es lo mismo...¡Pero si el coche de De Gaulle es un Citroën DS, tipo Tiburón, y el del asesino, el Chacal, un Giulietta Spider, por el amor de Dios! ¿Puede haber algo más vintage que eso?

-H.L.: Un momento... Chacal, asesino... Yo creo que he visto algo así en una peli, una con Bruce Willis, que tenía una pedazo de ametralladora, y Richard G...

-S.R.: ¡Alto ahí: ni se te ocurra acabar ese nombre impío! Además, esa película es una porquería; la buena es la primera versión, la de Fred Zinnemann, con Edward Fox como el chacal y Michael Lonsdale como el policía francés que le persigue. Y no hay "pedazo ametralladoras", sino que todo es mucho más artesanal y fascinante, del tiempo en que había teléfonos de baquelita, los terroristas eran criminales glamurosos y los polis no tenían ni idea de lo que serían los Big Data.

-H.L.: Pues eso: una cosa de lo más viejuna.

-S.R.: Sí, viejuna y todo lo que quieras, pero es una novela capaz de tenerte pegado a sus páginas desde el principio hasta el final, cautivado por la caza del hombre y sobre todo, por los preparativos que realiza el frío Chacal para llevar a cabo su letal encargo (cierto es que la seguridad del Presidente francés resulta un poco de risa para los estándares actuales... hoy en día hasta parece más difícil colarse en una discoteca playera).

-H.L.: ¿Y al final lo mata con un dron o algo así?

-S.R.: ¿Eh? ¿Pero qué dron ni que gato muerto? ¿Es que no tienes ni idea de Historia o qué? Vale, nos respondas... Nada, tendrás que leer la novela para saberlo. Además, eso no es lo importante, sino la magnífica trama y cómo Forsyth conduce al lector a través de ella: una maravilla de precisión y ritmo narrativo.

-H.L.: Ya, bueno... puede que la lea. Aunque igual me pongo antes con ésa de lo perros, que son unos animales que me encantan...

-S.R.:  GGRRRL... Mejor ni te lo explico. Anda, déjame que cierre de una vez la reseña: 

Chacal, estimados lectores de ULAD: todo un clásico de la literatura popular y el thriller. Háganme caso: como ya he aclarado, no es ninguna antigualla, es vintage. Y eso mola.

martes, 9 de agosto de 2016

Günter Grass: El tambor de hojalata

Idioma original: alemán
Título original: Die Blechtrommel
Traductor: Carlos Gerhard
Año de publicación: 1959
Valoración: Pues qué quieres que te diga, decepcionante

Podía haber reseñado este libro para la semana de tochos que hicimos en abril, pero no se me ocurrió; y además, si lo hubiera hecho a lo mejor alguien me habría acusado de germanofobia, porque en aquella serie le metí caña a La montaña mágica de Thomas Mann y, bueno, ya puedo adelantar que El tambor de hojalata no va a salir mucho mejor parado. Creo que a las dos novelas les pesa demasiado el paso del tiempo, y eso que El tambor es solo del 59; y aun así, me parece que ya se ha quedado enormemente desfasada.

Dicho rápido y en pocas palabras: leer El tambor de hojalata ha sido como sacarme una muela. Como sacarme una muela durante varios días seguidos. Como sacarme una muela durante varios días seguidos y sin anestesia. (Ya preveo los comentarios: "Un gran libro no tiene por qué ser divertido; si lees por diversión, lee a Dan Brown o La chica del tren. No has entendido nada; no tienes nivel; eres un ignorante. Y además, feo. Y gordo). Vale.

Naturalmente hay cosas notables en El tambor de hojalata; sobre todo, su narrador y protagonista, Óscar (u Oskar), un hombrecillo que decidió dejar de crecer a los tres años; que tiene una obsesión por los tambores, y que puede emitir a voluntad un chillido estridente capaz de romper cristales. En la novela, Óscar, reculido en una institución psiquiátrica, cuenta su vida desde antes incluso de su nacimiento, concretamente desde que sus abuelos se conocieron, hasta el momento actual (o sea, hasta después de la Segunda Guerra Mundial), pasando por Polonia y Alemania y alternando la primera persona con la tercera, y cediendo incluso, muy ocasionalmente, la voz a su enfermero Bruno.

Como puede esperarse con un narrador así, la historia que se nos cuenta es una alucinación mitad novela picaresca y mitad novela carnavalesca. (Se ha hablado también de realismo mágico para caracterizar esta obra, pero no sé si me convence demasiado esta caracterización). A lo largo de la novela asistimos a encuentos sexuales inverosímiles, partos milagrosos, abortos, asesinatos, fecundaciones dudosas (Óscar cree tener dos "presuntos padres", y a su vez cree haber engendrado un "presunto hijo" con su amante María), y también a muchas aventuras, idas y venidas del protagonista con un sinfín de presonajes secundarios.

Y a pesar de que todas estas aventuras podrían haber dado para una especie de Soldado Svejk, la experienca de la lectura de la novela ha sido para mí, como digo, aburridísima. Como cuando alguien empieza a contar un chiste larguísimo al que no le ves la gracia, y te tienes que quedar ahí con una sonrisa tonta en la boca hasta que termina; solo que este chiste en concreto tiene 650 páginas. No sé si el problema es el estilo alambicado, o el que la novela se centre en las aventuras familiares y amorosas del protagonista con muy poco espacio para el contexto histórico y político de la acción; o si es que me faltan referentes reales que hacen que la lectura sea mucho más viva.

El caso es que solo me he acabado el libro para poder escribir esta reseña, y porque ya hace poco abandoné otra novela (El diluvio de Le Clezio) y no quería escribir dos "reseñas interruptus" en un mes.

Solo hay una sección que me ha parecido verdaderamente genial (y hasta me planteé escribir un "zoom" solo sobre ella): me refiero a la sección novena del libro primero, titulada "La tribuna". En esta sección Óscar interrumpe un mitin nazi con el sonido de su tambor, consiguiendo transformar lo que iba a ser una reunión política fascista en una danza dionisiaca caótica. La fuerza de la imagen, las reflexiones sobre los peligros de "las tribunas", y también sobre la facilidad con la que la gente se califica como "resistente" frente al poder (algo que Óscar no hace consigo mismo) hacen que esta sección merezca ser leída, aunque sea como separata del resto de la novela.

Pero claro, "La tribuna" ocupa menos de 20 páginas, difícilmente compensa la lectura tediosa de las otras 630.

lunes, 8 de agosto de 2016

José María Eça de Queirós: Adán y Eva en el paraíso

Idioma original: Portugués
Título original: Adão e Eva no paraiso
Traducción: Juan Sebastián Cárdenas
Año de publicación: 1897
Valoración: Recomendable

«Adán, Padre de todos los hombres, fue creado el día 28 de octubre a las dos de la tarde…»

Así comienza esta brevísima obra de uno de los grandes autores del siglo XIX: José María Eça de Queirós, publicada por vez primera en el año 1897 dentro del “Almanaque Enciclopédico” del citado año.

En 1897! Claro que para algo eres Eça de Queirós y puedes empezar tus obras como te de la gana.

Pero vayamos a la obra en sí que, como su propio título indica, es basicamente en una recreación de los primeros tiempos de “Nuestros Padres Venerables” en el Paraíso. Unos primeros tiempos que abarcarían desde el descenso de Adán de las alturas hasta el descubrimiento del fuego. Eça de Queirós se ventila en las apenas 80 páginas del libro un período que duró miles de años (aproximadamente). ¡Con un par!

El texto está construido a partir de una serie de contraposiciones: mito y realidad, ciencia y religión (párrafos de divulgación científica mezclados con pasajes bíblicos), misterio y lógica (Adán y Eva).
A través de estas contraposiciones, el portugués imagina esos primeros tiempos en la Tierra, plagados de miedos, temores y descubrimientos. Y su desbordante imaginación (¡atención especial merecen una serie de espantosos animales que ríanse ustedes de Parque Jurásico!), unida a su exquisita prosa y su accesible estilo, hace que el libro se lea “de un tirón” y te deje con ganas de más.

Así que, pese a que seguramente sea una obra menor del gran autor portugués, muy breve y prácticamente desconocida, me atrevo a recomendarla sin ningún pudor.

P.S.: Estoy muy orgulloso de haber conseguido poner la virgulilla de Adão (Gracias, Santi)!

Otros libros de Eça de Queirós: El misterio de la carretera de SintraLos Maia

domingo, 7 de agosto de 2016

Aleksandar Hemon: Cómo se hizo La guerra de los zombis


Idioma original: inglés
Título original:  The making of Zombies war
Año de publicación: 2015
Traducción: Eduardo Jordá
Valoración: recomendable

No sé si recordaréis cierta película primigenia de Martin Scorsese, After hours, cuyo título tradujeron (o interpretaron) por un nefasto "¡Jo, qué noche!". La cosa iba de un tipo (interpretado por un actor del que poco más se supo llamado Griffin Dune) al que una salida nocturna se le complicaba. Hasta un punto extraordinario. Sí: Scorsese tiene películas mejores.

A Joshua Levin, protagonista absoluto de Cómo se hizo La guerra de los zombis le pasa algo parecido. Él es un guionista que vive en Chicago. Escribe guiones que quedan ahí, en las profundidades de un disco duro, en las sinapsis cerebrales, en el limbo, porque lo que es una película (una película posible) sobre alguno de ellos, no parece que vaya a hacerse. Mientras, como tantos a la espera de que la humanidad entienda su genialidad, malvive de dar clases de inglés a extranjeros. Entre ellos Ana, atractiva mujer bosnia que desperdicia los estudios de su país de origen atendiendo una tiendas de chocolate donde es acosada por la propietaria. También está Kimiko, novia japonesa ultra cool de la que Joshua duda: ha hurgado en los cajones de su casa, justo unos días antes de recibir la propuesta de irse a vivir juntos, y ha encontrado unos juguetitos sexuales que no le cuadran demasiado. Joshua desconfía y da un paso en falso. Se acuesta con Ana, tentación irresistible que viene con sorpresas: Alma, una hija adolescente, y Esko, un patibulario segundo marido, que a la sazón demostrará no andarse con mucha broma. Un desliz lo tiene cualquiera, pero el de Joshua resultará monumental. Por suerte cuenta con la ayuda de Stagger, casero que se impone como amigo, propietario de una katana, veterano de la Tormenta del Desierto y metepatas aficionado con serias aspiraciones a la profesionalidad. Y lo que parecía ser una reflexión acerca de la inspiración y sus mecanismos toma un rumbo algo discordante.
Es justo en ese momento cuando creo que a Hemon su  novela se le escapa un poco de las manos, por cierto.
Hasta ahí la narración andaba por el ameno camino de la novela casual con regusto moderno donde el mundo convencional coquetea con el lado salvaje. Y hasta ahí la cosa era más o menos creíble. Pero a partir de ahí todo vínculo con lo posible vuela por los aires y Hemon (que ya ha puesto un poco a prueba nuestra paciencia con esa narración en paralelo, La guerra de los zombis a que hace mención el titulo no es más que lo que debería ser un guion "definitivo") toma un camino de acción y confusión que remata con un extraño movimiento final: la narración real pasa al plano imaginario y viceversa. Lo cual no malogra los logros iniciales de la novela, pero sí empaña su brillantez en conjunto.

sábado, 6 de agosto de 2016

Luis Piedrahita: A mí este siglo se me está haciendo largo

Idioma: español
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

Nos encontramos hoy ante el último libro, de momento, del afamado escritor Luis Piedrahita... ¿Cómo? ¿Qué quién es ese? Por favor, el autor de éxitos como ¿Por qué los mayores construyen siempre los columpios encima de un charco?, Dios hizo el mundo en siete días...y se nota o Un cacahuete flotando en una piscina... ¿sigue siendo un fruto seco? ¿Que no, que ni por ésas? Bueno, vale, tal vez no sea considerado un escritor fetén, de ésos que salen en Qué Leer o el Babelia, o de los que reseña el amigo Tongoy, pero si se fijan en la foto de la cubierta del libro, seguro que a más de uno esa cara les suena de algo; ¿ahora sí, verdad? Claro, de la tele, supongo... aunque también sale en la radio y actúa en teatros. Porque don Luis Piedrahita pertenece a esa subespecie de la raza humana que ha mutado hacia los morlocks (dicho sea con todo el cariño... aunque no diré hacia quién) que son los monologuistas. Pero éste es de los graciosos, que conste.

De los muy graciosos, qué narices... Y sus libros son básicamente eso mismo: monólogos transladados al papel. En eso sale ganando el lector, porque a ritmo de monólogo -si es bueno-, salimos a una carcajada por párrafo, más o menos. Humor en vena, lo que no quita para que sea un humor también lleno de ironía y sutileza...aunque lo primero es lo primero, y en este caso, es hacer reír al personal; es decir, que si hay que recurrir al retruécano, la procacidad -disimulada, eso sí- o el toque escatológico, se hace y en paz. Pero todo, por arte de magia del señor Piedrahita -que, por cierto, además es mago-, recubierto por una mano de encalado que le da un aspecto más blanco que a una muda de bebé lavada con el detergente de cierto corderito. Aspecto bastante engañoso, por otra parte, pues entre chiste y ocurrencia, entre risotada y carcajada, el tipo nos suelta algunas cargas de profundidad que ni el Octubre Rojo, o como se llamara el submarino de marras...

Porque si algo tiene el humor de Luis Piedrahita -y yo diría que resulta hasta algo diabólico- es su capacidad de hacernos identificar con las situaciones que nos plantea...y cuanto más tontas parezcan, más aún: ¿Quién no ha dado más vueltas con el coche que en las 24 horas de Le Mans buscando aparcamiento, con tal de no pagar en un párking? ¿O se ha sentido ridículo y desvalido en los probadores de una tienda de ropa? ¿O -esto sirve sólo para varones- como un auténtico semidiós al arreglar algún desperfecto del hogar con una herramienta o adminículo cualquiera que no correspondía? ¿Quién no ha hecho más gimnasia que un monitor de fitness tratando de recoger el mando de la tele caído en el suelo, pero sin levantar el culo del sofá? No hacew falta que levanten la mano, avergonzados: a mí, al menos, me ha pillado en todas... Con este libro aprenderemos además cómo serían unos sanfermines con zombis en vez de toros, de qué material biónico están hechas las carpetillas de documentos del coche, adónde van a parar los cortauñas requisados en los aeropuertos o por qué el precio del zumo natural de naranja es más elevado que el del barril de Brent (rigurosamente cierto). Y es que este humorista, siempre observador de los detalles de todo lo que nos rodea en la vida cotidiana, es conocido como "el rey de las cosas pequeñas", por la atención que le dispensa a objetos tan humildes como pueden ser los marcapáginas, los trapos, las esponjas de baño... incluso los libros de bolsillo. ¿Caray, si hasta tienen un apartado dedicado a los topecillos que tienen por debajo las tapas del váter! ¿Alguien se había fijado en ellos? (En fin, después de esto,no voy a ponerme cultureta hablando además de las greguerías de Gómez de la Serna o del humor de La Codorniz, de la Patafísica o del OuLiPo, pero podría hacerlo... o, bueno, lo he hecho ya, je)

Sobre la valoración: de acuerdo que Piedrahita no es Kafka, ni, yo qué sé... Vargas Llosa. Ni siquiera Murakami. Pero, al menos el que esto escribe mientras leía este libro ha salido a una media de dos carcajadas por página, hasta el punto de dolerme los músculos maseteros(y no exagero). Si eso no es recomendable, ya me dirán ustedes....




viernes, 5 de agosto de 2016

Patrick Süskind: La paloma

Idioma original: alemán
Título original: Die taube
Traducción: Pilar Giralt
Año de publicación: 1.987
Valoración: Está bien

Jonathan Noel es un tipo corriente o, mejor dicho, un don nadie (creo que lo correcto es escribir ‘donnadie’, pero me hace daño a la vista). Es vigilante de un Banco y vive desde hace treinta años en una especie de trastero alquilado, que ha convertido en su fortaleza, un microcosmos que le resulta suficiente para salvaguardar su independencia absoluta, que es realmente lo que le importa. Este carácter, individualista hasta un extremo enfermizo, alérgico a la presencia de otros humanos, le emparenta parcialmente –enseguida lo notamos- con el Grenouille de la archifamosa 'El perfume'. Claro, ese será un problema para valorar con objetividad 'La paloma': es una novela escrita muy poco después de la exitosa opera prima de Süskind, y será difícil evitar comparaciones.

La metódica vida de Jonathan se ve alterada por un incidente mínimo, una anécdota completamente irrelevante que sin embargo será suficiente para poner patas arriba el confortable entorno del protagonista. Aunque realmente no ocurre nada, la situación termina por desbocarse, porque Jonathan parece haber perdido de golpe todas las referencias de su mundo cotidiano, que ve desmoronarse a su alrededor, mientras él mismo se siente naufragar y consumirse físicamente.

El hombre asiste al descarrilamiento del orden sobre el que avanzaba su vida, vaga sin rumbo por las calles mientras acumula nuevas desgracias, y pone en cuestión todas sus certezas, mientras alumbra otras nuevas, como cuando ‘llegó a la conclusión de que la esencia de la libertad humana consistía en la posesión de un retrete comunitario’. 

Porque, en efecto, Süskind se sirve siempre del humor para desenfocar una situación subjetivamente dramática, y con ello, aumentar su impacto. Este tono mordaz –que a veces se desliza hacia lo escatológico, algo que parece bastante poco alemán- domina la mayor parte del relato y, aunque lo hace simpático, puede que también contribuya a drenar en exceso el componente trágico de la historia. Por tomar una referencia, es como si sometiéramos a un baño irónico las oscuras situaciones que plantea Kafka, de las que La paloma no se encuentra muy lejos: me parece que el cóctel no resultaría muy convincente.

En definitiva, la propuesta es atractiva, pero su desarrollo resulta algo irregular: no se ve claro cuál es el camino que toma el relato y, aunque tiene momentos brillantes (una memorable ‘última cena’ en un hotelucho), otros resultan superfluos, y da la sensación de que se acumulan situaciones para ir llenando páginas, y al final el planteamiento queda deslavazado. También 'El perfume' tenía oscilaciones, pero en esta ocasión tenemos una historia menos sólida, más bien trazos sobre una idea inicial que podría haberse desarrollado con más coherencia y más brío. 

También de Patrick Süskind en ULADEl perfumeLa historia del señor Sommer

jueves, 4 de agosto de 2016

Ana Rossetti: Señales y muestras (Antología 1980-2016)


Idioma original: Español
Año de publicación: 2016
Valoración: Está bien

Los que dejamos de estudiar literatura en el instituto nos quedamos, practicamente, con la idea de que la poesía española terminaba con la generación del 27. Alguno con un profesor más osado quizá descubrió que existían Ángel González o Blas de Otero, por ejemplo. Pero a partir de ahí, la nada.

Y es una lástima. Porque luego uno, a base de penosos esfuerzos, descubre que después de esa “generación del 50” hubo una poesía de corte más “culturalista” encabezada por Gimferrer o por Félix de Azua. Y tirando del hilo, descubre que como reacción a ese culturalismo, una serie de poetas, nacidos en los 50 y en los 60, recuperaron una orientación más social, más humanista, más existencialista en la poesía española.

Ejemplos de estos poetas serían Luis García Montero, Blanca Andreu, Jorge Riechmann o Ana Rossetti, de la que hoy venimos a hablar. Y lo hacemos a través de una breve antología, titulada "Señales y muestras", que recoge poemas de sus obras, desde el ya lejano 1980 hasta la actualidad. Se incluyen, además, algunos inéditos y poemas infantiles.

Centrándonos en sus obras para adultos, encontramos variados temas, como ejemplos de la vida cotidiana (Los devaneos de Erato, 1980), el erotismo y la sensualidad (Indicios vehementes, 1984), los recuerdos de infancia y el misticismo (Devocionario, 1985), la memoria y el recuerdo (Yesterday, 1988) o el amor (Punto umbrío, 1995 y Llenar tu nombre, 2008)En la gran mayoría de los poemas huye de las formas clásicas, recurriendo a la poesía en prosa.

A la hora de elegir, personalmente, me quedo con los poemas de "Devocionario". El criterio, para profanos en la materia como yo, no puede ser otro tan simple como que son los que más me han llegado. Imagino que habrá sido por la temática y por las imágenes que sugieren. Sin más.

En cualquier caso, más allá de inclinaciones personales, esta antología puede ser una interesante manera de acercarse a esas generaciones de poetas españoles casi ignorados por el "gran público". Porque hay vida en la poesía española contemporánea.

También de Ana Rossetti: Alevosías