martes, 19 de julio de 2016

Reseña interruptus: El diluvio de J. M. G. Le Clezio (o también: oda a los correctores)

Idioma original: francés
Título original: Le déluge
Traducción: Jaume Pomar
Año de publicación: 1966
Valoración: decepcionante (el libro) e irritante (la edición)

Andaba yo con pereza de leer a Le Clezio, uno de los Premio Nobel más incomprensibles (me parece) de los años recientes. Algunas personas que lo habían leído en el original francés me animaban a hacerlo; por eso, hace algún tiempo me compré El diluvio, y desde entonces estaba ahí, en mi estantería, esperando el momento adecuado.

Bueno, pues podría haberlo dejado en la estantería, porque estoy en la página 35, y estoy considerando seriamente abandonarlo. Es posible que al final me anime a seguir, por lo menos hasta el segundo capítulo, en que parece que cambia la voz y el tono del texto, pero por ahora lo que me apetece es no solo volver a dejarlo en la estantería, sino tirarlo por la ventana sin preocuparme de si le abre la crisma a alguien que pase por debajo.

Hay dos motivos para que esté no solo decepcionado, sino cabreado con este libro. Del primer motivo tiene la culpa Le Clezio, que emplea un lenguaje frío, abstracto, cubista, casi matemático, para describir un "diluvio" de cemento, cristal y metal desde la perspectiva de un personaje solitario y enajenado. No hay duda de que es una apuesta arriesgada y hasta interesante, pero personalmente después de treinta páginas me provoca más bostezos que sorpresas.

Pero hay otro motivo, del que no tiene la culpa Le Clezio y sí la editorial, Seix Barral en este caso: en el texto hay erratas irritantes, de las que te sacan de la lectura y te hacen comprobar que efectivamente estás leyendo un libro de un Premio Nobel publicado por una editorial importante. Algunas son simples erratas inocentes ("mimo" por "mismo", por ejemplo), pero otras son imperdonables. La peor que he encontrado: "la primera y la doceaba ventana" (p. 12). No es solo que "doceava" aparezca escrito con "b" (que ya es grave), sino que además es usado como ordinal, cuando realmente indica una fracción (1/12).

Y no es algo ocasional: en esta otra reseña de la misma obra también anotan estas y otras atrocidades, como "El lenguaje ha vuelto ha empezar su ballet demente" (p. 297), o un uso continuado de "andó" por "anduvo" (solo con ojear un poco ya he encontrado un caso, en la página 187) y "habían" por "había". Por no hablar del uso constante de "devenir" con el sentido de "transformarse en", que sí, existe en español, pero cuando aparece cuatro veces en dos páginas está claro que es una traducción perezosa del francés.

¿Cómo es posible que esto suceda, repito, con una obra de todo un Premio Nobel, publicada por una gran editorial como Seix Barral? En este caso, y viendo que la traducción publicada es de 1969, tengo una teoría: cuando a Le Clezio le concedieron el Premio Nobel en 2008, Seix Barral corrió a reeditar una traducción antigua, sin ni siquiera pasársela a un revisor, para aprovechar el tirón del momento. Desde un punto de vista comercial pudo ser un gran acierto (incautos como yo compramos esta edición, y dimos de ganar a la editorial) pero desde un punto de vista literario y editorial, es un error y un horror.

Lo que me lleva a un tema más general: la importancia de los correctores, esos héroes desconocidos del mundo editorial y literario a los que Pedro ya dedicó una entrada en su momento. Si los traductores se quejan de su invisibilidad (con razón, muchas veces), qué podrán decir los correctores: cuando se los menciona es para criticarlos por haberse dejado pasar erratas, o para atacarlos por haber querido modificar el texto de un escritor (crimen de lesa genialidad). Y sin embargo, cuando no interviene un corrector en la revisión de un texto, pasan cosas como "la doceaba ventana".

Me consta que hay editoriales que cuidan mucho el texto en todos sus pasos (traducción, corrección, maquetación, etc.), pero también hay otras, grandes y pequeñas, que parecen pensar que pueden ahorrarse el dinero de un corrector porque total, el texto ya lo lee el autor, y el editor, y el publicista, y el maquetador. Y no. Un corrector es un profesional de la corrección, y no solo tiene conocimientos ortotipográficos que escapan al resto de los mortales, sino que también tiene el ojo entrenado para encontrar las erratas que un lector "normal" puede no ver. Aun así, puede colarse alguna errata, es algo casi inevitable para quien trabaja con textos, pero será siempre mucho menos probable si en el proceso interviene un profesional.

Ahorrar a costa de la calidad del producto no es ahorrar, es tacañear. Me recuerda a este vídeo de los cómicos brasileños Porta dos Fundos, en este caso sobre el mundo de la televisión, pero que podría aplicarse también al mundo editorial. Si se intenta ahorrar explotando a los traductores, renunciando a los correctores, descuidando el proceso de edición, al final vamos a terminar leyendo una mierda de libros.


lunes, 18 de julio de 2016

Ramón J. Sender: El bandido adolescente

Idioma: español
Año de publicación: 1965
Valoración: Muy recomendable

No sé si hará falta (espero que no), pero por si acaso quiero aprovechar esta reseña para recordar y reivindicar al gran Ramón J. Sender, un escritor que tanto por su obra como por su vida fue un buen representante de la limitada pero gloriosa tradición de la heterodoxia española, en su más amplio sentido, una estirpe de la que, curiosamente -o quizá no tanto- la tierra aragonesa ha dado a luz un buen puñado de representantes (Goya, Servet, Buñuel...). A cuenta de su peculiar peripecia vital -aunque no tan peculiar, en realidad, si tenemos en cuenta que le pilló de lleno la Guerra Civil española-, este escritor tuvo la "oportunidad", por decirlo así, de exiliarse en Estados Unidos y dar clase de literatura en Nuevo México, Estado de lógica y arraigada herencia hispano-mexicana. Y además, escenario de las correrías del celebérrimo Billy el Niño (me refiero al honrado pistolero, claro, no a esa escoria humana de cierto torturador franquista así también conocido).

Porque El bandido adolescente de la novela no es otro que William H. Bonney, el legendario fuera de la ley de origen irlandés y querencia hispana que se ganó el apodo al comenzar su carrera delincuencial matando a un hombre a los doce años (el tipo había molestado a su madre, después de todo) y fallecido a los 21, de muerte natural... natural en su gremio, pues murió en Fort Sumner bajo los disparos del sheriff, y otrora amigo, Pat Garrett, entrando ambos no sólo en la leyenda, sino también en la inmortalidad literaria, musical y cinematográfica.

La novela, como era de esperar, contiene una importante carga de violencia, tiros y asesinatos a tutiplén... pero sobre todo es una historia que trata de la amistad y sus vericuetos, tan enrevesados que a menudo desembocan en traiciones e incluso en desenlaces fatales. Amistad es lo que une a Billy con otros forajidos como su compinche el albino Jesse Evans, o con su perseguidor Garrett, con protectores como el gentleman -y mentor- Tunstall o el poderoso Chisum, con víctimas como Bernstein, tío de su amante Melba... o incluso con enemigos en la guerra ganadera del condado de Lincoln...

Parece claro que esta novela resulta bastante insólita dentro del panorama de la narrativa española... excepto si la encuadramos dentro de las populares novelas del Oeste de Lafuente Estefanía o Silver Kane. Pero, con todo el respeto hacia la literatura de kiosko, está claro que esta novela es otra cosa.; no sólo por su excelencia literaria, sino además por el espíritu histórico-periodístico -recordemos unos de los oficios, quizá el principal para él, que ejerció Sender- que la anima. Sin olvidar la aportación que podríamos llamar "antropológica", con su búsqueda, o hallazgo, más bien, de las varias calaveras del Kid. Una novela peculiar, en suma, escrita por un autor cuya peripecia vital acabó siendo no menos peculiar que la de su protagonista. Aunque, eso sí, por fortuna bastante más larga en el tiempo...


Todo un galán, el amigo Billy...
Otras obras de Ramón J. Sender en ULAD: Réquiem por un campesino español

domingo, 17 de julio de 2016

Bárbara Azaola Piazza: Historia del Egipto contemporáneo

Idioma original: español
Año de publicación: 2.008
Valoración: Está bien

Quizá deberíamos empezar diciendo que estamos no ante un libro, sino ante dos. El primero se llamaría en efecto ‘Historia del Egipto contemporáneo’, y el segundo podría ser perfectamente ‘Análisis político del Egipto de Hosni Mubarak’.

Ciertamente nos encontramos de entrada con lo que el título nos indica: la historia reciente de este país, del que normalmente sólo nos suenan cosas relacionadas con los faraones y las pirámides, o sea, muchísimo más antiguas. La autora nos cuenta la gestación del sentimiento nacionalista en la época de Muhammad Alí, aún dentro del imperio otomano. Siguen las complicadas relaciones con las potencias europeas, singularmente con Inglaterra, el periodo monárquico, la revolución de los Oficiales Libres, el sueño panarabista de Naser, los conflictos armados con Israel, y el peculiar régimen presidencialista de Sadat. 

Se percibe el sello universitario de Bárbara Azaola: apartados más bien breves, epígrafes impecables, escrupuloso orden expositivo, ni una coma fuera de su sitio. Se diría que estamos ante un libro de texto, y dan ganas de empezar a subrayar. Agradecemos asimismo que, tratándose de un trabajo sobre la edad contemporánea, apenas se incluyen un par de apuntes imprescindibles que se retrotraen más allá del siglo XIX. Nada por tanto de rellenos para adornar o con los que seducir al lector, ninguna alusión a la prehistoria ni a la venerable civilización.

La exposición es clara, rigurosa y escueta, aunque tal vez se le puede achacar que le falta alma. Entiendo que se centra en exceso en lo que podríamos llamar alta política, es decir, todo aquello que se mueve en torno a las altas instancias del Estado, incluidos cambios de gobierno, golpes de Estado o relaciones internacionales. Se desciende a veces al ámbito de los partidos políticos y sindicatos, pero casi siempre vistos desde arriba. Se echa de menos un entronque más profundo con aspectos que casi siempre inciden en el devenir histórico: la evolución de la sociedad y la economía, la cultura y la Universidad, las cambiantes y complejas relaciones del poder político y los sectores religiosos, el papel del Ejército, fuerzas situadas fuera de los palacios y que determinan finalmente movimientos en las altas esferas. 

De forma que el relato resulta interesante, aunque adolece de cierto aire notarial y excesiva distancia con la realidad social. 

Pero cuando hemos llegado a poco más de la mitad del libro (más o menos página 120 de poco más de 200), nos encontramos con que ya tenemos gobernando a Hosni Mubarak. Es decir, que hemos recorrido ya cosa de siglo y medio y sólo nos quedan por delante tres décadas. ¿Qué nos contarán entonces?

Y aquí empieza la segunda parte. Resulta que la nítida organización anterior del texto se transforma en larguísimos parágrafos que nos describen con minuciosidad asuntos como una reforma constitucional referida a las elecciones presidenciales (unas diez páginas), procesos de legalización/ilegalización de algunos partidos políticos… El ritmo uniforme del inicio se rompe, y lo que era un esquemático repaso por hitos políticos relevantes pasan a ser exposiciones amplísimas de temas muy concretos. No sólo eso, sino que el tono cambia radicalmente, y la asepsia anterior desaparece bajo algo que se parece muchísimo a una especie de periodismo de investigación política, incluso penetrando en el campo de la denuncia.

Se mantiene la claridad en la exposición y un importante bagaje bibliográfico, pero cuesta entender el abismo que separa las dos partes del libro. Es como si realmente lo que quería escribir Azaola era un ensayo sobre el régimen de Mubarak, desde el punto de vista de los derechos humanos y las libertades políticas, y decidió adosarle esa historia del Egipto contemporáneo que finalmente se llevó la gloria del título.

Al final, cada parte por separado tiene sus virtudes, aunque personalmente, la primera me interesa más, no obstante los reparos que he expuesto; la segunda, menos académica, se aleja de la Historia para parecerse más a un informe de Amnistía Internacional, por poner un ejemplo. Y el conjunto, claro, queda raro. Insisto en que el material no parece malo, pero en base a la dualidad indicada puede ser difícil que el libro llegue a contentar en su totalidad al lector. 

Finalmente, hay que decir que por la fecha de edición del libro (2.008) no se incluyen los acontecimientos de la llamada ‘Primavera árabe’ y episodios posteriores, cuyas consecuencias se prolongan hasta el presente, pero a partir de lo que hemos leído podemos disponer de algunos datos para comprender mejor las claves de esta última década en un país de tanto peso político dentro del mundo árabe. 

sábado, 16 de julio de 2016

Marcel Proust: La fugitiva (En busca del tiempo perdido VI)


Idioma original: Francés
Título original: Albertine disparue
Traducción: Consuelo Bergés
Año de publicación: 1927
Valoración: Imprescindible

Dije en la anterior reseña de "En busca del tiempo perdido" algo así como ...CONTINUARÁ (después del verano).

Pues bien, soy una persona sin palabra. Lo admito. No he podido resistir a la tentación. 

Terminábamos "La prisionera" asistiendo a la huida de Albertina de casa de nuestro héroe y comenzamos "La fugitiva", conocida en otras ediciones y en otros países como "Albertina desaparecida" (mucho más acorde al título original, por cierto), con la confirmación de esa huida.

Sí, Albertina se ha ido y con ello sume en la desesperación a Marcel. Pero al muy retorcido no se lo ocurre una idea mejor que no hacer nada para conseguir así la vuelta de su amada. Al ver que esta no vuelve no se le ocurre mejor idea que  mandar a su amigo Saint-Loup "en comisión de servicio" para que hable con madame Bontemps, tía de Albertina, y así convencerla para que vuelva a su lado.
Claro, ¿Cómo va el señorito a mover un dedo por su propia cuenta?

En fin, todo sale al revés. Pasan los días. Albertina no vuelve pero comienza un breve intercambio epistolar, que se verá bruscamente interrumpido por la muerte de Albertina en un trágico accidente.

Y aquí empieza lo bueno. Los celos retrospectivos comienzan a aparecer, hasta el punto de enviar un emisario a Balbec a hacer averiguaciones sobre el pasado de Albertina o de mantener relaciones con Andrea, amiga de Albertina, para sonsacarla información. La memoria, el recuerdo y el olvido sobrevuelan todo el libro. Y el tiempo, que todo lo cura (¿o no?). Estos cuatro elementos se combinarán a lo largo de la obra y harán pasar a Marcel por diferentes estados de ánimo: desde la desesperación hasta la indiferencia, un poco al estilo de como le pasó con la muerte de su adorada abuela.

Páginas y páginas enteras de divagaciones (Marcel Proust en estado puro), acerca del amor, del recuerdo, de los celos y, sobre todo, acerca de cómo afecta el paso del tiempo al sentido y al valor que otorgamos a esos recuerdos y a esos sentimientos. Todo un tratado de psicología, y van seis.

Una vez alcanzado el olvido, nuestro protagonista vuelve a su vida mundana personajes del pasado volverán a aparecer en el libro. Nuevamente el marqués de Saint-Loup, Gilberta Swann (primer amor de Proust), Legrandin, la duquesa de Guermantes, etc. No podemos (ni queremos) escapar del tiempo, no podemos (ni queremos) escapar del entorno social en el que nos movemos y nos volvemos a encontrar con viejos conocidos en situaciones diferentes.

Y tampoco podemos escapar ya, a estas alturas, de esta barbaridad en forma de 7 libros, 7, que es "En busca del tiempo perdido".

Tocará ponerse con "El tiempo recobrado" y ver qué pasa, si es que pasa algo.

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El resto de "En busca del tiempo perdido" en ULAD:
En busca del tiempo perdido VII: El tiempo recobrado
En busca del tiempo perdido V: La prisionera
En busca del tiempo perdido IV: Sodoma y Gomorra
En busca del tiempo perdido III: El mundo de Guermantes
En busca del tiempo perdido II: A la sombra de las muchachas en flor
En busca del tiempo perdido I: Por el camino de Swann


viernes, 15 de julio de 2016

Jon Krakauer: Mal de altura

Idioma original: inglés
Título original: Into thin air
Año de publicación: 1998
Traducción: Luis Murillo
Valoración: Muy recomendable

Hubo una película allá por los 90. El turista accidental, se llamaba. Algo aburrida, protagonizada por William Hurt, que encarnaba a un escritor de guías de viaje... que no había visitado los países que describía en sus libros. Lo único que recuerdo (puede que saliera Geena Davies, la de Thelma y Louise).

El caso es que, urbanita decidido como resulto ser, leer a Krakauer escribiendo en primera persona, y de una experiencia, como adelanta en los primeros párrafos, extrema, dura y trágica, es impactante. Sin necesidad de invocar al sensacionalismo, simplemente dejando fluír el relato de unos hechos que, paradójicamente, de puro vividos parecen ficción. Pero no. Las muertes son reales como lo es el dolor y el sufrimiento: también el de los sherpas para los que el Himalaya es su medio de sustento; recibir a todos los aventureros del mundo entregados a ese absurdo juego de superación en que se han convertido algunas actividades humanas. Subir al Everest es una de ellas.

Y Mal de altura adquiere tintes melvillianos. No me extrañaría que los pesados que se empecinan en incorporar elementos de management a todo acaben clavando las zarpas, descubriendo hitos elementos de benchmarking y cosas de esas en este texto, inicialmente un reportaje para una publicación especializada, luego reconvertido aquí en una fascinante y valiosa crónica, cuyos millones de copias vendidas no deben engañar a nadie.

Hablamos de un tema muy atractivo tratado de un modo muy cercano, pues Krakauer evita adentrarse en ejercicios de estilo o en valoraciones acerca de lo que acontece. Lo cual, aunque no sea la intención, no deja en muy buen lugar al alpinismo en general, al orientado hacia las grandes cumbres en particular. De afición de locos románticos que adoran la naturaleza a obsesión complementaria de cierto tipo de individuos con posibles y muchas ínfulas y lucrativo negocio para los aprovechados de turno. Y yo no voy a comprarme crampones ni chaquetas de GoreTex. Me conformo con ver algunos vídeos de YouTube sobre los hechos descritos o sus escenarios y pensar en el humor que hay que tener y en lo calentito que se está en casa. Egoísmo, locuras, la propia y la inducida por las circunstancias: el lector se obsesiona con la lentitud y la dureza del ascenso, con los cambios súbitos de clima, con las botellas de oxígeno y las válvulas obturadas, con los periodos idóneos de aclimatación, con la funesta apariencia de las extremidades congeladas, con la pérdida de conciencia propia de las altas cotas.

Mal de altura es más que el relato de una aventura que acaba fatal: es casi una parábola de que la mente humana es capaz de convertir en insano algo tan sano como la fascinación por la montaña y la naturaleza. Es una muestra de lo perverso del espíritu competitivo. También es conradiana, todo se vuelve oscuro y enfermizo aunque sea unas decenas de metros más arriba.

Krakauer no descubre nada nuevo, pueden narrarse desde esta perspectiva conflictos bélicos, desastres naturales. El añadido aquí es la predisposición de las partes a entregarse de forma voluntaria a una situación tan extrema, la aparente indiferencia con la que se relatan las bajas y la sensación, incómoda sensación, de que la vida propia es un precio que se acepta pagar a cambio de cierta experiencia única.

jueves, 14 de julio de 2016

Selección de #shelfies de los participantes

A continuación, algunos de los #shelfies enviados por los participantes en el concurso. No podemos incluirlos todos, pero estamos agradecidos a todos los que compartieron con nosotros sus bibliotecas, y su pasión por los libros.

Primero, los shelfies de los ganadores del sorteo de ayer:

Gonzalo Puebla Gil

Inmaculada Moreno
Montserrat Sans

Y a continuación, una selección de los muchos shelfies que hemos recibido...

Carmen Garrido (enviada a través de Twitter):
"Izquierda, franceses e ingleses. Derecha, españoles. En medio, argentinos."
María Teresa Vera-Rojas (enviada a través de facebook)

Anna Coll (enviada a través del email)

 
Cintia (enviadas a través del email)

Marc Vintro (enviada a través del email)
Patricia Millán (enviada a través de twitter):
"Justo la ordené hace quince días. Novela gráfica a la derecha y ficción a la izquierda."
 
Sebastián Soto (enviada a través del email):
"Si se observa bien, se pueden ver algunas cosas muy queridas. La primera es una réplica del mensaje que los mineros atrapados en las profundidades de una mina chilena el año 2010 enviaron para anunciar que estaban vivos. Para los chilenos ese fue un momento lleno de emociones. También, hacia el fondo, se pueden ver dos cuadros que compramos en Strand, la librería de libros usados en Nueva York. Ambos reflejan muy bien nuestra cercanía con los libros. Y por supuesto... mi hijo lector que no quiso perderse la posibilidad de aparecer en el concurso".
Una vez más, muchas gracias a todos por participar, y ¡hasta el siguiente concurso!

miércoles, 13 de julio de 2016

¡Sorteo de #shelfies!

¡Sí, amiguitos, ya ha llegado el día! Después de que se cerrase el plazo para enviarnos vuestros #shelfies el fía 30 de junio, y de que diésemos un tiempo para comprobar que no nos habíamos olvidado de nadie, hoy, 12 de julio de 2016 (cuando escribo esta entrada) se acaba de realizar el sorteo de los tres lotes de tres libros entre los participantes en el primer concurso ULAD de #shelfies. Aquí va la explicación de cómo se ha realizado el sorteo, quién ha sido la mano inocente, y quiénes son los ganadores.

Los participantes:
Han participado en el sorteo todas las personas que nos enviaron sus #shelfies dentro del plazo indicado, a través del email, de facebook y de twitter. En total, 27 personas, que se han agrupado en tres grupos de nueve, tal y como se indica en la parte inferior de esta página. Así, a cada participante le corresponde un grupo del 1 al 9; esos serán los números que usemos para realizar el sorteo.

El premio:
Antes de pasar al sorteo, recordamos cuál es el premio: un lote de tres libros, Estrómboli de Jon Bilbao (ed. Impedimenta); Crónicas del encierro de Izaskun Gracia Quintana (ed. Salto de Página) e Imposibles impensables de Santi Pérez Isasi (ed. Nazarí).

El premio.


La mano inocente:
¿Alguien ha visto alguna vez mano más inocente que esta?

Fluzo, el gato inocente
El método del sorteo:
En una mesa se han dispuesto nueve pedazos de papel con los nueve números, y unos montoncitos de comida de gato encima. Los ganadores del sorteo serán los participantes indicados con el primer número al que Fluzo se dirija; los indicados con el segundo número quedarán como suplentes, en caso de que los ganadores renuncien o no consigamos hacerles llegar los libros.

La mesa con los números distribuidos aleatoriamente

El resultado:


Por lo tanto:
Los ganadores son los participantes marcados con el número 9: Gonzalo Puebla Gil (que nos envió su #shelfie por email); @inmomag (que lo hizo por twitter) y Montserrat Sans (que lo hizo por facebook). En caso de que alguno de ellos renuncie al premio o no pueda recibirlo por algún motivo, pasarán a sustituirlos, respectivamente, Lina Dianellou, Sebastián Soto y Saga Goodreads.

En las próximas horas nos pondremos en contacto con los ganadores, para ver a qué dirección podemos hacerles llegar los libros, y mañana publicaremos una selección con los #shelfies que nos habéis enviado.

¡Enhorabuena a los premiados y muchas gracias a todos, incluido Fluzo, el gato inocente!