lunes, 17 de mayo de 2021

Yasutaka Tsutsui: Paprika

Idioma original: Japonés
Título original: Papurika
Año de publicación: 1993
Traducción: Jesús Carlos Álvarez
Valoración: Está bien (recomendable para interesados)

¿Conocéis la película de animación japonesa titulada Paprika? Si la respuesta es no, ya estáis tardando. A fin de cuentas, el clásico de culto de Satoshi Kon es una maravilla del séptimo arte. 

Como yo mismo he descubierto hace poco, está basado en una novela homónima de Yasutaka Tsutsui. También hay dos adaptaciones al manga de la misma, y se llegó a plantear un "remake" de imagen real que acabó cancelándose. 

¿El argumento de susodicha obra? La inteligente y hermosa Atsuko Chiba, candidata al premio Nobel de psiquiatría, es una eminencia en su campo. Ha desarrollado un método que le permite tratar los trastornos mentales de sus pacientes accediendo a los sueños de éstos. Sin embargo, hay conspiradores en el Instituto de Investigación donde trabaja que rechazan su praxis científica y harán lo que sea con tal de interrumpir sus avances. 

Si os soy sincero, prefiero la versión fílmica a su recién descubierta contraparte literaria. La Paprika de Kon es más sencilla que la de Tsutsui, pero no por ello deja de entregar una experiencia única. Las bases sentadas por el texto que la influencia están presentes, pero sabe en qué momento simplificar las cosas y cuándo tomarse licencias con respecto al material original, por no hablar de que consigue exprimir al máximo las capacidades del medio audiovisual.

En cualquier caso, recomiendo la novela de Tsutsui porque contextualiza y complementa a la película de Kon (me atrevería a decir, incluso, que ayuda a que podamos entenderla en su totalidad) y, además, tiene sus propias virtudes:

  • Su aportación a la ciencia ficción.
  • Su concepto global.
  • La mala leche de ciertos pasajes. 
  • Su extraña aproximación al erotismo y el deseo, muy propia de Oriente.
  • Sus reflexiones, secundarias pero no por ello menos interesantes, en torno al corporativismo y a la ética de la ciencia. 

Por otro lado, estas son las pegas que le pondría a la Paprika de Tsutsui:

  • Cuesta memorizar los nombre y apellidos de los personajes que recorren sus páginas. 
  • Su narrador omnisciente suelta algún comentario bastante indigesto. Si pretendiera ser irreverente, como sucede en otras ficciones de Tsutsui, no me importaría lo más mínimo; sin embargo, se nos da a entender que las opiniones (sobre las mujeres, su sexualidad y la feminidad, por ejemplo) de dicho narrador son las del propio autor, quien intenta pasarlas por verdades universales. 
  • No aprovecha del todo las ideas creativas que la permean; tampoco las articula de forma brillante a través del medio de que dispone, y eso que el lenguaje tiene un potencial tremendo.
  • A ratos, su estructura se antoja repetitiva. Esto se debe a que el relato abunda en politiqueos, sesiones de terapia y rifirrafes entre el grupo protagónico y sus adversarios; asimismo, hay un rosario de escenas de violación que pierden impacto precisamente por suceder en más de una ocasión. 
  • Malgasta múltiples personajes, a los que es incapaz de hacer participar en el último tercio de la historia o siquiera dar un cierre digno. 
  • Tiene menos acción de lo que su premisa podría sugerir. Esto es especialmente palpable en el inicio, un tanto lento. 
  • Determinadas situaciones exigen que tengamos que suspender la incredulidad en demasía, aunque Tsutsui logra justificar prácticamente todo lo que relata.
  • El antagonista no intimida demasiado y los enfrentamientos contra él (particularmente el final) son algo anticlimáticos.
  • La aletoriedad y el absurdo de la lógica de los sueños se impone a la coherencia narrativa. Lo cual funciona a veces, pero no siempre.

Respecto a la edición de Atalanta que yo he leído, destacaría la traducción más que correcta de Jesús Carlos Álvarez y el escueto pero acertado prólogo de Fernando Iwasaki. La cubierta es sencilla, pero tiene un toque "pop" encantador. 


También de Yasutaka Tsutsui en ULAD: El bonsái DabadabaLo que vio la criada

domingo, 16 de mayo de 2021

Jordi Amat: El hijo del chófer


Idioma original: español

Año de publicación: 2020

Traducción: (al catalán, de Ricard Vela, edición leída con el título El fill del xofer)

Valoración: muy recomendable


Reconozco que mi opinión sobre El hijo del chófer puede estar mediatizada por alguna cuestión personal indirecta (digamos, un factor Kevin Bacon grado 2), y que me cuesta  abstraerme a la cuestión de que, por un aspecto puramente generacional, la cercanía temporal (y física: el punto culminante de la narración se produce a menos de 2 km de mi piso en Barcelona) es tal, que su lectura me ha causado gran fascinación (con la dosis justa de morbo, no voy a negarlo) y me ha sido imposible saltarme cierto orden de lecturas, ya que mi opinión lleva ya unos días madurándose como para darla a conocer.

Porque estamos ante una excelente lectura. Amat toma la figura de un personaje público, Alfons Quintà, periodista, primer máximo dirigente, allá por los años 80, del canal autonómico de TV en Catalunya, TV3, un directivo del sector de las comunicaciones que hubiera tenido una trayectoria, sin más repercusión que la profesional, con los vaivenes propios de los influyentes altos cargos, pero que, a los setenta y tres años, en 2016, saltó a la fama cuando asesinó de un tiro en la cabeza a su ex-esposa, una médico de familia del centro de salud del barrio, y se suicidó, en el piso en que vivía en el barrio acomodado de Les Corts, en Barcelona. 

Toma esa figura e investiga en su pasado, en sus vicisitudes familiares, en su devenir profesional, en aquellos a los que conoció y le conocieron, en sus artículos y sus manipulaciones para mantenerse cercano al poder. Arma una biografía en la que puede que se haya tomado alguna licencia o que haya tiznado algún párrafo o alguna situación con algún matiz ideológico, pero a mí me ha parecido que tanta precisión en los detalles, tanta mención directa a tanta celebridad en el panorama de medios y político (y no he oído que Amat haya sido desmentido o denunciado o querellado) sitúa la narración en las cercanías de la realidad, y me aventuraría a decir, incluso algunos hechos posteriores confirman que Amat no fabula o especula, que muchos de esos acontecimientos fueron así.

En la onda de El adversario de Carrère o el levemente inferior El impostor de Cercas, Amat nos acerca al personaje y traza un marcado perfil psicológico: Quintà, hijo del chófer del célebre Josep Pla que acompaña a su padre a esas reuniones en el tardofranquismo donde empieza a producirse cierta conspiración política, Quintà adolescente que se dirige por carta a Pla y amenaza con delatarle si Pla no media para que su padre le permita estudiar en Madrid, un adolescente que vive el abandono por parte del padre que ha llevado una doble vida, Quintà que empieza a ejercer cargos en el pujante periodismo de la Transición y que empieza a mostrar los rasgos perversos de su carácter, sus fijaciones, su personalidad como dirigente, despótico, cruel, tóxico, maquiavélico, errático, sus cambios de bando en función de sus intereses, la enorme marca que deja el abandono, sus obsesiones periodísticas (el caso Banca Catalana, oscura historia de cómo se manipuló la situación de un banco del cual la familia Pujol era principal accionista), sus devaneos ideológicos, siempre orientados a abrazar el poder y a denostarlo cuando este poder no actuaba a favor de sus intereses... todo ello Amat lo narra con un prodigioso dominio del tempo, con un ritmo firme y preciso, con una administración de los hechos que es tan inapelable como producto de la investigación periodística que como narración literaria deudora lejana del género negro, con los comprensibles ajustes de ficción al servicio de la trama. En fin. Uno puede pensar que Amat haya escorado algo el relato para criticar el errático devenir de los primeros pasos del procès (si bien recientemente sus protagonistas estén empeñados en convertirlo en un esperpento), pero es absurdo negar que este es un estupendo libro, un certero estudio psicológico de un criminal o, simplemente, una historia perfecta de la relación entre medios de comunicación y poder económico y político: en ese ámbito particular, Amat no deja títere con cabeza, y yo a esto no voy a ponerle pega alguna. Tros de llibre.

sábado, 15 de mayo de 2021

Giovanna Rivero: Tierra fresca de su tumba

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021 (2020 al otro lado del charco)
Valoración: Está muy bien

Ya he repetido en varias ocasiones que el "cuento latinoamericano escrito por mujeres" goza de una salud excelente y que podemos hablar de una generación de escritoras nacidas en los 70-80 que, partiendo de diversas influencias y desde una perspectiva más o menos común, han dado una vuelta de tuerca al género.

Una de esas escritoras es la boliviana Giovanna Rivero, autora de este magnífico "Tierra fresca de su tumba" en el que brutalidad y belleza se conjugan para ofrecernos seis relatos de un altísimo nivel.

En primer lugar comentaremos algunos de los aspectos comunes a los relatos para pasar, a continuación, a detallar algo más (tampoco mucho, no os vayamos a aburrir) de cada de ellos. Así, entre los aspectos comunes estarían:

  • Los personajes, seres "fronterizos" en el más amplio sentido: entre el pasado y el presente, entre la vida y muerte, entre la realidad y el delirio, del lado de acá y del lado de allá, etc. Seres, por tanto, "abandonados" o "extrañados" en mundos en precario equilibrio
  • Ligado a lo anterior, se trata también de personajes en transformación, ya sea en lo físico ("La mansedumbre" o "Hermano ciervo) o en lo psicológico ("Cuando llueve parece humano", "Piel de asno" y "Socorro"). De vital importancia es, en este sentido, el cuerpo en toda su expresión
  • Las atmósferas: Si las tuviera que definir con una palabra, esta sería sordidez. Y es que la mayoría de los relatos nacen de hechos aparentemente cotidianos que llevan implícitos una tensión subyacente que crece, unas veces de forma más sutil y otras de forma más abrupta, y termina explotando.
  • La poesía en el horror, con multitud de imágenes terribles y hermosas en las que se combinan luz y oscuridad y que contribuyen de manera imprescindible a la generación de las mencionadas atmósferas.
  • La estructura interna: Normalmente, los relatos de "Tierra fresca de su tumba" se construyen en base a dualidades o contraposiciones, en buena medida gracias al carácter fronterizo de los personajes. La fricción entre esas dualidades provocará, así, las explosiones que citaba anteriormente.
En cuanto a los relatos considerados de manera individual, destacaría la terrorífica atmósfera de "La mansedumbre", los diversos abismos que se abren y conducen al brutal final de "Pez, tortuga, hombre", la sutileza en la arquitectura de "Cuando llueve parece humano" y "Socorro", dos relatos en los que nada parece ocurrir (hasta que ocurre), el catártico final de "Piel de asno", relato marcado diversos extrañamientos, y el simbolismo de "Hermano ciervo" con la aparición y desaparición de unos ciervos en el jardín que me recuerdan a los caballos del "Si me necesitas, llámame" de Carver.  

Resumiendo, "Tierra fresca de su tumba" es una muy recomendable colección de relatos que probablemente deba figurar en futuros e hipotéticos "cánones de narrativa breve latinoamericana" junto a nombres ya conocidos (y reseñados) por estos lares. Por cierto, décimo libro (AQUÍ podéis leer las reseñas de todos ellos) de autores bolivianos que reseñamos en ULAD y... ¡todos ellos con una valoración positiva! Así que cuidadito con en el "hermano pobre".

viernes, 14 de mayo de 2021

Jane Lazarre: El nudo materno

Idioma original: inglés
Título original: The mother knot
Traductora: Elena Vilallonga
Año de publicación: 1976
Valoración: Muy recomendable, imprescindible para m/padres
 
Hoy comienzo esta reseña, sin que sirva de precedente, con una imagen que no es la portada del libro. Es una campaña de publicidad de El Corte Inglés para el Día de la Madre. El slogan, por si alguien no consigue leerlo, dice: "97% entregada; 3% egoísmo; 0% quejas. 100% MADRE". Lo que este anuncio viene a demostrar es que, por mucha reflexión y mucha deconstrucción que se haya producido en torno a los modelos de mujer y de madre en los últimos años, al menos en ciertos ámbitos (no olvidemos que todo anuncio tiene un target específico) sigue dominando la imagen de la madre sufridora, que renuncia a sí misma (salvo por ese pírrico 3% de egoísmo, qué generosidad al concedérselo), que se entrega completamente a los hijos y que, sobre todo, ojo, NUNCA SE QUEJA. Eso es una MADRE, con mayúsculas (que además y a pesar de todo tiene tiempo para estar arregladísima y perfecta para la foto). El resto, se supone, son "Malas madres" o "madres cuervo", como una amiga me enseñó que se les llama, peyorativamente, en Alemania a las que quieren mantener y desarrollar su carrera profesional.

Este anuncio, con todo lo que implica, demuestra que El nudo materno de Jane Lazarre sigue estando vigente y sigue siendo necesario, por desgracia, 45 años después de su publicación original.

Porque El nudo materno es una obra pionera en la exploración, precisamente, de ese desajuste casi inevitable que se produce entre las expectativas que se imponen a las madres (y en muchísima menor medida, a los padres), y la cruda realidad de una maternidad que puede ser física, mental y emocionalmente agotadora, que pone en cuestión la propia identidad (desde un punto de vista individual y social), y para la que casi nadie está preparado, por mucho que haya oído o leído sobre el tema, y por mucho que otras personas (amigas o familiares) hayan pasado ya por la misma experiencia. Porque una cosa es saber algo racionalmente, y otra saberla con el cuerpo.

Esa es la experiencia por la que pasó Jane Lazarre, escritora y artista neoyorquina de origen judío, cuando se queda embarazada de su primer hijo. De pronto, todos sus planes vitales, intelectuales y creativos quedan interrumpidos; su vida se detiene para enfocarse total y únicamente en su hijo Benjamin. Se espera de ella que lo sepa todo, que lo sufra todo sin quejarse y, aun más, que se sienta realizada y feliz en su papel de madre, renunciando a todas las restantes facetas de su personalidad. Y sin embargo, lo que Jane Lazarre vive y siente es algo bien distinto: es el dolor del parto y de sus consecuencias, la inseguridad por no saber cómo se cuida a un bebé, el cansancio constante, el aburrimiento, la frustración de no poder estudiar, leer, escribir - todo ello unido, sí, al amor y a la gratitud, a la felicidad y al placer. En uno de los momentos esenciales del libro, y también uno de los más citados, Jane Lazarre describe el sentimiento dominante en su experiencia de maternidad: la ambivalencia.

—Yo daría la vida por él […], prefiero morirme a perderlo. Supongo que esto es amor —dije estremeciéndome, y después nos echamos a reír—, pero ha destrozado mi vida y solo vivo pensando en cómo recuperarla —dije para terminar, porque sin la segunda parte de la frase, la primera era una pérfida mentira, una mentira que juramos desterrar para siempre.

—Estoy deseando que llegue mañana para que te ocupes tú de los niños —me confesó—, pero me da terror dejarlos.

Asumimos que las frases tendrían siempre dos partes: la segunda contradecía aparentemente la primera, pero su unidad estaba siempre sujeta a nuestra capacidad cada vez mayor de tolerar esta ambivalencia, pues el amor maternal trata precisamente de esto.

Leyendo estos párrafos, es imposible no acordarse de Las madres no, de Katixa Agirre, que sin duda conoce la obra de Jane Lazarre (y creo que incluso la cita en algún momento), puesto que describe la misma mezcla de placer, amor, aburrimiento, miedo, frustración, inseguridad.
 
El nudo materno se divide en tres partes: "Nacimiento"; "Madres y Padres" y "Niños", con una última más breve, titulada "La dama oscura", que sirve casi como epílogo a la narración. La primera de estas tres partes se centra en el embarazo, el parto (descrito con toda crudeza física y fisiológica) y el periodo inmediatamente posterior al nacimiento de Benjamin; la segunda, en su periodo de estancia en Yale, en una urbanización para familias de estudiantes y profesores de la universidad; la tercer, tras su vuelta a Nueva York, muestra su intento de encontrar o construir una escuela para Benjamin, junto con otras madres, que responda a sus valores, a su clase social y a su visión del mundo. A lo largo de estas tres partes, y sobre todo en la segunda, que es quizás la más redonda, se produce un reconocimiento de lo común de la experiencia de la maternidad, al menos con otras mujeres que también rechazan el modelo de la "madre ideal"; un viaje "del yo al nosotras", como dice en su prólogo Carolina del Olmo, usando, curiosamente, la misma expresión que yo usé para describir Cambiar de idea de Aixa de la Cruz, y que también creí reconocer en La hija única de Guadalupe Nettel

Una maternidad, eso sí, radicalmente situada, esto es, alejada de cualquier tentativa de abstracción o esencialismo que habita en muchos textos del género "libro para mamás". Quien nos habla no es la Madre, un concepto o modelo, por muy alejado que esté del ideal tradicional, sino Jane Lazarre, mujer blanca, judía, neoyorquina, artista, huérfana, de clase media, pasional, casada con un hombre negro en los Estados Unidos post-mayo del 68. Eso impone a su maternidad (como a cualquier otra) unas coordenadas culturales, sociales, raciales, económicas y, también, psicológicas, que evitan cualquier tentación de generalización. La propia autora reflexiona, con un alto grado de autoconsciencia, sobre esta inevitable e irreductible dualidad (otra) entre lo común a todas las madres, y los innumerables condicionantes que las diferencian, y que nunca deberían ser borrados u olvidados: 

Esta es la historia de la primera crisis de maternidad que experimenta una mujer. Se trata de un caso individual y atípico: es una artista, tiene un temperamento intenso y es de clase media desde un punto de vista cultural. No tiene dinero para contratar asistentas, ni canguros a tiempo completo, ni dispone de un despacho o habitación donde aislarse. Pero es una mujer típica porque es un ser humano, una mujer y una madre, y en este sentido sus experiencias reflejan las de otras mujeres, incluso ayudan a demoler una serie de patrones insoportables que nos oprimen a todas: la mística de la maternidad.

Así, si por una parte se puede decir que El nudo materno es un modelo pionero de un cierto camino de reflexión y liberación, y no sería descabellado, creo, decir que es un eslabón clave en una genealogía de textos sobre la maternidad, por otra parte la propia autora renuncia, con inteligencia, a proponerse como modelo extrapolable a otras mujeres. No se trata tanto, así, de proponer un camino alternativo al ideal dominante de madre, sino reivindicar el derecho de cada una a vivir la maternidad de forma honesta e individual - lo que incluye, también, debilidades, dudas, miedos, inseguridades, frustraciones... y quejas. Porque negar a alguien (a una mujer, a una madre en este caso) el derecho a quejarse, independientemente de que otras estén peor, o de que "ya deberías saber dónde te metías", o de que "ya no eres una niña y tienes que asumir las consecuencias de tus actos", es una forma de reprimir, controlar y culpabilizar. Cuarenta y cinco años después de que Jane Lazarre aprendiese a quejarse, todavía sigue haciendo falta recordarlo.

jueves, 13 de mayo de 2021

Usumaru Furuya: El club del suicidio

Idioma original: japonés

Título original: Jisatsu Sākuru 自殺サークル

Traducción: Marc Bernabé

Año de publicación: 2001

Valoración: Turbio


No sé si alguien se ha dado cuenta, pero en cuestión de libros disfruto bastante metiéndome en terrenos que no conozco. Si además tengo que escribir una reseña sobre algo que para mí es totalmente nuevo me siento flotar en una atmósfera de libertad absoluta, como un recién nacido que pudiese opinar sobre el mundo que acaba de descubrir. Pienso que los lectores serán indulgentes con mis tonterías, que mi inocencia será salvoconducto suficiente para que todos rían mis ingenuidades y toleren de buen grado cualquier cosa que diga. Luego quizá no sea así, pero esa es mi disposición inicial, y las posibles críticas las aceptaré de buen grado (como siempre) y me afectarán poquito o nada. Esta vez he descubierto algo que nunca había tenido entre manos y puede que nunca vuelva a catar: el manga.

El club del suicidio, como su propio título parece indicar, no es precisamente un manga para niños, tal vez ni siquiera para adolescentes, aunque por el carácter fantasioso que se descubre poco a poco puede que tampoco tenga la carga peligrosa que en principio anuncia. Al parecer, se trata de una versión libre de la película del mismo título, o más bien una recreación a partir de su primera escena: el suicidio colectivo de cincuenta y tantas chicas lanzándose bajo las ruedas del tren en la famosa estación de Shinjuku. La historia se desarrolla en torno a Saya Kôda, que milagrosamente sobrevive a la masacre y que iniciará (o continuará) lo que parece un extraño proceso autodestructivo. Para asombro y rabia de su mejor amiga, Saya transita, de momento, por distintos niveles de los trastornos de comportamiento más escabrosos, como las autolesiones o la prostitución como forma de obtener la mayor degradación personal.

El relato resulta desasosegante, mezclando en proporciones cambiantes elementos realistas y otros algo más fantasiosos. Desde la primera de las perspectivas, nos sumergimos en ese mundo complicado de la psicología adolescente: amistades que ocultan rencores insospechados, grupos inquietantemente uniformes, relaciones tóxicas. En fin, que tampoco nos vamos a poner demasiado graves, estamos en esa etapa complicada en la que se asienta la personalidad y donde, como ya sabemos, algunos caminos llevan a terrenos bastante peligrosos, no digamos en la era de internet.

Sin embargo, la historia gira lentamente hacia terrenos todavía más problemáticos y de mayor confusión, partiendo del control mental y el vaciamiento de la personalidad para llegar, de forma muy gradual y tampoco muy clara, a lo que más parece algún tipo de posesión paranormal (por lo que he podido ver en otros productos japoneses, esto de los intercambios y alteraciones de la personalidad parece que por allí gusta bastante). Curiosamente, este giro le resta dramatismo al relato porque lo descarga de aquellas terribles tendencias de adolescentes reales para acercarnos al campo de lo inverosímil, y está claro que resulta menos perturbador presenciar actos movidos por los hilos de fuerzas sobrenaturales que si responden a situaciones potencialmente reales.


En el aspecto gráfico (que sé que es algo que siempre valoran mis compañeros en este tipo de textos) la verdad es que no veo mucho que decir. He visto en este blog libros con ilustraciones realmente llamativas, a veces por su belleza, otras por su sordidez o su creatividad. En el caso de este manga no detecto nada digno de mención, el dibujo es bastante simple y apenas transmite un halo de frialdad, nada adicional al propio relato, si acaso en la última parte parece moverse hacia imágenes algo más simbólicas.

Como decía al principio, reconozco que no me muevo con comodidad en este terreno. A veces me parece estar buscándole cualidades narrativas o fundamentos filosóficos a Zipi y Zape. Un libro como este no deja de ser una opción más, tiene su punto curioso, es cómodo y rápido de digerir, y en este caso plantea algunas cuestiones bastante delicadas. Quizá habría que conformarse con eso y disfrutarlo en lo que se pueda. Porque, oiga, de todo se puede sacar algún partido.


miércoles, 12 de mayo de 2021

Natalia Ginzburg: Me casé por alegría

Idioma original: Italiano
Título original: Ti ho sposato per allegria
Año de publicación: 1966
Traducción: Andrés Barba Muñiz
Valoración: Recomendable


Que la voz narrativa de Natalia Ginzburg es poderosa no es algo nuevo en este blog aunque sí lo fuera para mí y por eso no era la primera vez que alguien me la recomendaba encarecidamente. Así que aprovechando mi inclinación por la dramaturgia —entiéndase como leer teatro— decidí acercarme a ella a través de su primera pieza del género que además ha resultado ser la más aclamada.

Resumen resumido: Giuliana y Pietro se conocieron hace un mes y ya están casados sin que nadie (ni tan solo ellos) pueda dar una explicación lógica que justifique tal premura. Giuliana, de origen humilde y temperamento volátil e impulsivo no parece a todas luces la pareja ideal para el templado y prometedor abogado. La madre y la hermana de Pietro les harán una visita que puede ser la prueba de fuego para el peculiar matrimonio.

En poco más de cien páginas la autora nos sumerge en el micro universo de la burguesía italiana a través, sobre todo, de la mirada de Giuliana que es (como poco) excéntrica. Ella y su cháchara casi incesante con Pietro o con su criada, Vittoria, es como un arroyo cantarín que despierta la curiosidad del lector para seguirlo a lo largo de su curso errático e impredecible.
«(…) Estuvimos viviendo juntos diez días, hasta que volvió Elena. En esos diez días no paré de preguntarle todo tipo de cosas: “¿Te parece que tengo estilo?”. Y él me decía: “No”. Él tampoco creía que yo tuviera estilo, pero con él no me importaba. Le decía todo lo que se me pasaba por la cabeza, no callaba ni un minuto, y él de vez en cuando me decía: “¿Pero no te vas a callar ni un minuto? ¡Tengo la cabeza como un bombo!”».
Me casé por alegría es una obra que no deja indiferente aunque parezca que todo lo que se pueda decir de ella ya está dicho: la maestría en la construcción de los personajes (sobre todo los femeninos), la viveza e hilaridad de los diálogos o la reflexión que suscita acerca de los mecanismos de la felicidad y las convenciones sociales impuestas. Por no hablar de cómo la autora se centra en un micro universo cotidiano para referirse a las grandes cuestiones humanas, cosa que me fascina siempre. 

Pero todo esto ya se ha dicho.

Sin embargo, cuando Me casé por alegría se publicó hace cincuenta y cinco años, ¿cómo fue recibida entre la burguesía provinciana italiana? Probablemente muchos la vieran como una obrita ligera y sin más pretensiones que escandalizar y hacer reír pero, desde mi punto de vista, es un torpedo a la línea de flotación de todo lo que en aquel momento se consideraba lo correcto. Solo que Natalia Ginzburg, que es muy lista y juguetona, le dio esa pátina de superficialidad para que su crítica más que mordaz pudiera pasar por un simple divertimento a pesar de que estaba tratando cuestiones como la pobreza, el suicidio, la locura, el aborto, el maltrato psicológico y el abandono, el clasismo, la decadencia de la burguesía, etc. Y ahí está, desde mi punto de vista, su interés.

¿Y hoy? ¿Creemos de verdad que estamos lo bastante avanzados y evolucionados, y que tenemos una mente lo suficientemente abierta como para no sentirnos apelados por la desfachatez con la que esta obra se burla de las convenciones? ¿Acaso no estamos nosotros también obsesionados por adaptarnos a ciertos cánones auto impuestos que nos hacen infelices? Sin embargo Giuliana y Pietro rompen con todo y no parecen necesariamente abocados al desastre o a la exclusión social. Por eso creo que lo que Natalia Ginzburg trataba de decirnos es que no está todo perdido.

martes, 11 de mayo de 2021

Ngũgĩ Wa Thiong'o: Luchar con el diablo

Idioma original: inglés
Título original: Wrestling with the Devil
Traducción: Josefina Caball (ed. en catalán). Sin traducción al castellano de momento.
Año de publicación: 2017
Valoración: entre recomendable y está bien

Considerado uno de los grandes escritores africanos actuales, la obra de Ngũgĩ wa Thiong’o se desarrolla principalmente en torno a la denuncia sobre la falta de libertades, a la crítica del sistema opresor contra las minorías y a la defensa de unos ideales enraizados en la defensa de las lenguas oprimidas por el ansia de las culturas colonizadoras que someten y ejercen presión sobre territorios ajenos.

El libro que nos ocupa es un ejemplo de la literatura de Thiong’o, pues ya desde las primeras páginas denuncia la situación en la que se encuentra, indicando su estancia en una prisión, el 12 de diciembre de 1978, combatiendo el insomnio recostado en la incomodidad de un colchón, escribiendo en una hoja de papel higiénico y afirmando que «ocupo la celda 16 de un bloque donde hay dieciocho presos políticos más. Aquí no tengo nombre. Sólo soy un numero en un expediente: K6,77».

Así, desde el presidio de máxima seguridad de Camita, una de las mayores de África, Thingo’o nos narra el motivo de su encarcelamiento en una prisión que le demuestra «aquello que tendría que haber sido obvio: que el sistema carcelario es un instrumento represivo en manos de una minoría que gobierna para garantizar la máxima seguridad para su dictadura de clase por encima del resto de la población». Thiong’o es consciente del poder de la prisión y de su cultura represiva, porque «no necesito mirar por la puerta para saber que el guardia me vigila. Lo noto en los huesos» en una brutal invasión del espacio íntimo, vigilado 24h al día por un guardia que le sigue a todas partes, con la luz de la habitación siempre encendida incluso de noche para poder ser vigilado. Un lugar lúgubre del que afirma que «el estado me ha enviado aquí para que mi cerebro se me derrita y se me pudra» en su intento de conseguir que ceda de sus ideales políticos, tras haber sido secuestrado y detenido por parte de la policía por haber escrito una obra de teatro. Y, como ya hacía también Erri De Luca en «Imposible», Boochani Behrouz en «Sin más amigos que las montañas» o incluso el gran Victor Hugo en su «Último día de un condenado a muerte», nos relata la dureza emocional y anímica que supone estar encerrado, pues «en el silencio de la celda, tenías que luchar, completamente solo, contra mil demonios que querían hacerse amos de tu alma». 

En esta obra autobiográfica, Thiong’o nos narra la presión política y la represión contra los disidentes, encarcelando activistas, porque «se hace imprescindible educar al pueblo en la cultura del miedo y el silencio», porque «el objetivo de la prisión y las condiciones dentro de la misma, así como el recordatorio constate de que estás solo, es conseguir que los patriotas sientan que los han olvidado completamente, que todas sus palabras y acciones relacionadas con las luchas del pueblo han estado gestos inútiles» en un relato que evoca de manera ineludible a la represión sufrida por todos aquellos que de manera legítima y pacífica han defendido sus ideales y luchado por los derechos civiles.

El libro se estructura, en forma y enfoque, en dos ejes principales relacionados aunque distintos: por un lado, nos narra su experiencia como preso, dirigiendo el relato en torno a la necesidad de luchar por los derechos civiles a pesar de la represión; por otro lado, el libro nos narra la colonización del ejército británico contra el pueblo keniata. Así, el libro se abre en dos frentes con resultado, a mi juicio, muy irregular, pues mientras que la experiencia personal es potente, emocional, de alto ritmo narrativo y que posibilita una conexión inexorable en aquellos que compartimos con el autor ciertos ideales, la parte centrada en la historia de Kenia y su colonización es más distante, analítica y ensayística, con un exceso de casos en los que el colonialismo británico abusa de su poder y somete a los que puedan suponer un peligro por sus actos o por sus ideales. Así, el autor nos pone ejemplos de lucha anticolonizadora contra los británicos, en las figuras de Barbara Castle, Marcus Garvey, Harry Thuku entre otros y es interesante a nivel histórico pues permite constatar cómo el estado encarcela y detiene todo aquel que puede suponer una amenaza.

Thiong’o defiende la necesidad de la lucha en todos los frentes, también desde la cultura, y pone como ejemplo el teatro popular de Kenia, amenazado por el Teatro de Kenia impulsado el 1951 por el gobierno británico para colonizar a la población, pues es en las escuelas y en los campos de concentración donde «intentaban organizar grupos de teatro entre los presos políticos para que representaran obras cristianas amables». Pero el teatro popular sobrevivió a partir de aquello que prohibían los británicos, haciendo obras de teatro en kikuyu e incluso en algunas escuelas se rebelaron contra el culto a Shakespeare y empezaron a escribir obras en Swahili representándolas en territorio colonizado, en Nairobi y Nakuru. Así, nos narra de la creación de un comité cultural y el logro de que en 1976 una clase de más de cincuenta obreros y campesinos supieran leer y escribir en kikuyu. A partir de ese hecho afirma que «ahora ya estamos preparados para aventurarnos en actividades culturales». Lamentablemente, en 1977 se retira el permiso para las funciones teatrales, una injusticia que Thiong’o expone afirmando que «la burguesía vendida podía tener su golf, polo, críquet (…) carreras de cabellos y coches, cacerías reales (…), ¿pero los payeses? Sucios de tierra no podían tener un teatro que reflejara sus vidas, miedos, esperanzas y sueños y la historia de su lucha». Y ese sueño parece llegar a su fin el 1977, el 30 de diciembre, con su detención en un acto que sentencia afirmando que «habían resucitado el lázaro colonial de entre los muertos. ¿Quién lo volvería a enterrar?» evidenciando una lucha constante y desigual, en la que el autor constata con pesar que «el Sísifo africano empujaba con gran esfuerzo la roca de la opresión hacia arriba y cómo la roca se precipitaba, pendiente abajo, hacia donde estaba antes».  

De esta manera, el autor alterna su relato y crónicas desde la cárcel con las memorias de su pasado y la lucha contra la colonización de su tierra. Y la prohibición de su libro, pues no criticaba el papel colonizador británico, sino que también podía alimentar una lucha de clases, y como siempre ocurre, «la élite keniana que gobernaba creía en la mágica omnipotencia de una cultura colonial imperialista» y se encontraba cómoda entre los colonizadores. Mucho más interesante en los capítulos en los que habla de su detención o su reclusión que cuando detalla la historia del pasado de Kenia, pues, aunque sea interesante y añada contexto, pierde intensidad emocional al centrarse más en datos y hechos históricos y, a menos que uno sea un conocedor del tema, se puede hacer cuesta arriba. 

En esta obra desigual, Thiong’o narra en este libro los abusos de los colonizadores, su afán por someter y castigar, haciendo que sirva como ejemplo, a los disidentes políticos, a quienes cuestionan el poder, a quienes se resisten a la opresión. En un canto a favor de las minorías oprimidas y a la necesidad vital de luchar por aquello que creemos, este libro cobra especial importancia por ofrecernos, con su propio testimonio, la fuerza necesaria para no desfallecer en la lucha, a menudo desigual, de nuestra cultura y nuestras ideas políticas, porque «frente a la brutalidad, la inocencia siempre pierde». Una prohibición y espíritu de venganza de los británicos hacia el pueblo keniano que, como ocurre a menudo, solo se entiende por un sentimiento: el miedo, el miedo a la cultura del heroísmo y el coraje del pueblo.

Con este relato, y desde la prisión, Thiong’o nos habla de la necesidad de buscar en pequeños detalles aquellos motivos para no caer en la depresión ni el abandono, pues señala que uno de los principales problemas que sufren los presos políticos sin juicio ni condena es no saber cuánto tiempo durará su castigo. Y eso es una forma de tortura, tanto para los que están dentro de los muros como los que están fuera. Para vencer esa tortura, el autor confiesa que «no pretendo escribir una historia de heroísmo. Solo soy un letraherido que utiliza las palabras», pues «tenía que encontrar maneras de no perder el sentido común. Escribir una novela era una de ellas»; la lucha, los ideales, como puntal anímico y soporte, como punto de agarre, porque «sabía que, si no quería perder el sentido común, especialmente debía ser capaz de continuar diciendo ‘no’ a cualquier manifestación de injusticia y a cualquier falta de respeto a mis derechos humanos y democráticos».

Por todo ello, el libro que ha escrito Thiong’o es interesante por su canto a favor de la lucha, de las convicciones, de los derechos humanos y políticos, de la férrea voluntad de defender la identidad y la cultura de un pueblo pese a la opresión del gobierno colonizador y el beneplácito de las clases más altas en favor del ocupante porque «los que están en el otro lado de la alambrada de pinchos y de los muros de piedra tienen que poden hacer preguntas y exigir respuestas. Es la única manera de derrotar la cultura del miedo y del silencio. Si una comunidad con millones de personas hiciera preguntas y exigieran respuestas, ¿quien se las podría negar?». Lamentablemente, y a pesar de lo irrefutable de este argumento, muchos países actuales demuestran que, a veces, el poder no entiende de derechos, sino únicamente de poder.