sábado, 11 de mayo de 2013

Éric Faye: La intrusa

Idioma original: francés
Título original: Nagasaki
Fecha de publicación: 2010
Valoración: Recomendable

Curioso que la traducción al español de turno haya desechado el título original de esta novela francesa, pasando del original NagasakiLa intrusa. Pensé que esto sólo pasaba con ciertas películas cuyos títulos pueden "confundir" al espectador (lo pongo entre comillas porque cuando lo justifican así, yo no entiendo muy bien a qué se refieren). Pero en fin, vayamos a la novela...

El escritor y periodista francés Éric Faye se basó en una noticia publicada en 2008 por varios periódicos nipones para tejer ésta su primera novela (antes había escrito algunos ensayos y una nouvelle). Dicha noticia relataba un suceso de esos que le dejan a uno con la boca abierta: durante un año entero, un tipo japonés había estado "conviviendo" con una intrusa que se le había colado en su casa al verse en la calle, sin dinero y sin nadie a quien acudir. Un tema muy de actualidad en nuestro querido país, ¿no?

Pero tuviera los motivos que tuviera, está claro que la okupa encontró que la casita de aquel pobre tipo de mediana edad, soltero y sin hijos, y con una rutina perfectamente definida, era lo ideal para mantenerla a salvo de la dureza de las calles. Y Éric Faye, con muy buen ojo, vio que ahí había una historia muy interesante para desarrollar, por supuesto, rellenando los huecos originados por la falta de datos precisos con sus propias fantasías, suposiciones y elucubraciones.

Así, en esta corta novela que recibió el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa, Faye, en mi opinión, logra tejer de forma magistral una historia en la que más que sus peculiares acciones y diálogos, destacan por encima de todo sus dos personajes principales, casi únicos: Shimura Kobo, hombre solitario al que le entran y se le acomodan en casa y tarda o quiere tardar bastante en darse cuenta, y la mujer pasivamente desesperada que adquiere los hábitos de un fantasma-parásito con increíble destreza.

Dos seres prácticamente aislados y sin vida social y afectiva (por mucho que el hombre tenga trabajo y cierta hermana a la que alude vagamente), que comparten una casa durante un año entero respetándose y temiéndose mutuamente, porque Kobo sí que descubre enseguida que ciertos alimentos y bebidas de su nevera menguan misteriosamente, pero no coge el toro por los cuernos hasta mucho después.

Y también me ha gustado especialmente que Faye no haya caído en la tentación de ponerse meloso y contarnos de pe a pa la historia de la pobre mujer que tomó caminos equivocados hasta quedarse en la rue. Sin embargo, en la carta que ésta le manda a Kobo en un momento de la historia, relata brevemente su vida y hace una reflexión hermosísima sobre las casas que dejamos de habitar, lugares que, sea como sea, creemos que aún nos pertenecen por el simple hecho de que las ocupamos en algún momento de nuestras vidas.

Veo La intrusa como una pequeña y delicada pieza que parece engendrada por un artesano oriental más que por uno europeo, porque Faye sigue las pautas minimalistas y armónicas que suelen guiar a los creadores del extremo oriente a la hora de generar sus obras. Una novela recomendable
publicada por primera en vez en España por Salamandra y con traducción de José Antonio Soriano Marco.

Yo, por mi parte, buscaré más libros de Éric Faye a partir de ahora.

viernes, 10 de mayo de 2013

David Gilmour: Cineclub

Idioma original: inglés
Título original: The film club
Año de publicación: 2007
Traducción: Ignacio Gómez Calvo
Valoración: recomendable

Es importante saber qué se le puede exigir a un libro y qué no. A veces esta conclusión no resulta sencilla, pero este no es el caso. A un libro como Cineclub no hay que exigirle que se convierta en un clásico de la literatura. Es decir, no vamos a encontrar párrafos que grabar en la memoria ni frases que subrayar y atesorar para intercalarlas a la primera ocasión y hacerse el exquisito.
Este libro es claro y diáfano en su planteamiento: el autor del libro, escritor y crítico cinematográfico, se encuentra con que su hijo quiere abandonar los estudios. Desconcertado, decide recurrir a un curioso ardid para tomar las riendas de su educación y concentrar sus esfuerzos en una alternativa que no sea la insistencia autoritaria que tan malos resultados suele dar con los hijos adolescentes. Consiste en programar que ambos vean una serie de películas juntos. Esa, y alguna otra condición, es la que impone a su hijo. Y Cineclub es el mero recorrido por ese plan alternativo: a través del cual se nos presenta al autor y a su fluida relación con su ex-mujer, al hijo y sus vaivenes en las relaciones con las chicas, y, protagonista indiscutible del libro, la relación de películas que el padre, profesionalmente, selecciona con el fin de que sus escenas, sus imágenes, sus diálogos, sus virtudes y sus defectos (pues también hace que su hijo contemple auténticas películas horrorosas: "Showgirls") constituyan parte de la educación alternativa. No hay doblez: el libro es, en el fondo un pretexto ligeramente dramatizado para presentar una esplendorosa colección de películas que, clásicas, modernas, populares o minoritarias, son capaces de aportar algo en su conjunto que mantenga cierta relación de equivalencia con una educación reglada.
Ello hace que el libro sea a la vez una amable historia de relaciones personales y un repaso cargado de referencias. Nada que vaya a convertir a Gilmour en un aspirante al Nobel, ni a este libro en un clásico imperecedero, pero algo muy por encima de un libro técnico de fichas de películas. Una experiencia estimulante que hay que situar en ese sitio: el de no esperar más de lo razonable. Entonces, con una lectura amable y desinhibida, a poco que a uno le interese el cine, el lector lo pasa en grande, corre a recomendar el libro, y a ver las películas de las que en él se habla. 

jueves, 9 de mayo de 2013

Darian Leader: ¿Qué es la locura?

Idioma original: inglés
Título original: What is madness?
Año de publicación: 2011
Valoración: Muy recomendable


Si buscamos la definición de "locura" en el diccionario, veremos que éste nos dice que la locura es la privación del juicio o del uso de la razón. Si la razón, a su vez, se define como la facultad de discurrir, y discurrir es –entre otras acepciones– aplicar la inteligencia, llegamos a la conclusión de la locura es la no aplicación de la inteligencia, lo cual tampoco nos aclara mucho las cosas. ¿Acaso los locos no aplican la inteligencia? Lo hacen, sin duda. Entonces, ¿qué es la locura? ¿Cómo sabemos si una persona está loca? La verdad es que es muy difícil afirmar si alguien está loco o no, pues la mente humana sigue siendo un terreno desconocido en el que queda mucho por explorar.

Darian Leader (célebre psicoanalista, conocido, entre otras cosas, por sus estudios sobre el arte y el psicoanálisis) utiliza este planteamiento como punto de partida de un interesantísimo ensayo con el que pretende tirar por tierra muchos de los mitos y prejuicios que aún tenemos sobre la locura, al tiempo que aporta una nueva visión de las enfermedades mentales y de los tratamientos que reciben los pacientes.

Afirma el autor que muchos de los síntomas que presentan los trastornos mentales (como los delirios, las alucinaciones, las manías, los tics...) son en realidad mecanismos de defensa desarrollados por los enfermos para poder sobrellevar su enfermedad, por lo que la actual clasificación de enfermedades mentales (que se dedica a diagnosticar a un paciente en base a sus síntomas externos) resulta ser inútil. Así mismo, denuncia que el tratamiento más extendido actualmente se limita a la ingesta de fármacos que lo único que consiguen es atontar al paciente y adormecer sus síntomas, de manera que pueda volver a comportarse de forma "normal".

Haciendo continuas referencias a los maestros del psicoanálisis como Lacan o Freud y a su experiencia con diversos pacientes, Leader defiende la técnica del psicoanálisis tradicional (basado en el diálogo habitual con el paciente) y la aplicación de terapias (que no de medicamentos) exclusivas para cada persona, pues sostiene que cada trastorno, como cada paciente, es único, y por tanto necesita un tratamiento individual y adaptado a cada caso. Estas terapias permiten, según el autor, que los pacientes sobrelleven su enfermedad y mejoren notablemente su calidad de vida y la de los que los rodean.

¿Qué es la locura? nos intoduce así en un tema del que no sabemos demasiado, a pesar de lo mucho que nos afecta, y explica de forma amena y con ilustrativos ejemplos diversas cuestiones que todos nos hemos planteado alguna vez, como: ¿Hay que decir que alguien está loco o que se vuelve loco? ¿Son todos los enfermos mentales peligrosos o violentos? ¿Se puede vivir con una persona que no está cuerda?, etc. El autor carece, por supuesto, de varita mágica que aclare todas las dudas existentes o de tratamiento definitivo para todos los trastornos mentales que existen, pero sin duda aporta una visión esclarecedora y consigue que dejemos de lado muchas de las ideas preconcebidas –y negativas– que todos tenemos sobre este tema.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Lu Xun: La mala hierba 野草 (Yecao)


Idioma original: chino
Título original: 野草 (Yecao)
Año de publicación: 1927
Traducción: Blas Piñero Martínez
Valoración: está bien


De acuerdo con el apartado crítico de La mala hierba del poeta chino Lu Xun, en el caso de Virgilio, “la mala hierba es una invasora amenazante y destructora (como tantas otras) de la granja, y ésta una alegoría del mundo político. La mala hierba es también una imagen que se asociaba a la muerte en China. El campo, y sobre todo donde había habido algún enfrentamiento entre soldados, algo muy común en esos años de constantes conflictos bélicos en el interior del país, se llenó de tumbas improvisadas –otro de los elementos simbólicos del texto- que se formaban enterrando al muerto en la superficie de la tierra y poniendo encima un montículo de piedras 小石頭(xiao shitou). La mala hierba 野草 (yecao) o 蔓草(mancao) solía crecer en esos montículos que hacían de tumbas 墳墓(fenmu), en los cementerios y en los lugares abandonados. La hierba que ahí crecía acabó por ser una representación metafórica de la muerte y su presencia en el mundo de los vivos.”

“Esto es lo que puedo decir sobre los textos de La mala hierba;”, explica el autor, “son «pequeñas flores blancas», flores miserables, tristes y dignas de nuestra compasión, que han crecido en medio del infierno. Unas flores de las que no se puede decir que fueran bellas. Sin embargo, este infierno desapareció como no podía ser de otra manera. Este fue mi objetivo y mi manera de proceder. En aquella época, los gestos heroicos no me decían nada. Por eso escribí El buen infierno ya perdido para siempre. Más tarde no pude seguir ocupándome con estas cosas. Los días pasaban, la vida había cambiado, y me fue imposible seguir escribiendo este tipo de textos. Ya era otro momento y otras eran las inquietudes que ocupaban mi espíritu. Ahora, con el paso del tiempo, creo que fue bueno que así fuera.”


Escritos entre 1924 y 1926, esta especie de ensayos breves, fueron publicados sucesivamente en el semanario Al hilo de las palabras y, aunque ni siquiera él mismo pueda definirlos con certeza, los presenta como un “conjunto de relexiones sobre el momento presente”. De este modo, la unidad temática desaparece y los textos de La mala hierba van desde la ironía frente a la sentimentalidad que aqueja a la nueva poesía (‘Mi pena de amor’) a la pasividad de la sociedad ante los males que la ensombrecían en aquella época (‘La venganza’), la desesperación de los jóvenes (‘La esperanza’), la indignación que experimentó el autor el hecho de que los intelectuales ayudaran y apoyaran a los Señores de la Guerra (‘Este tipo de combatientes…’), la masacre del gobierno de Duan Qirui (‘Entre las descoloridas manchas de sangre’), hecho que provocó su huida precipitada  de Pekín, tras la escritura de ‘Despertar’, otro de los textos incluidos en el conjunto.

La mala hierba no es un libro sobre el que afirmaríamos, quizás, por desconocimiento de la tradición literaria a la que pertenece, que nos ha cambiado la vida o que ha influido notablemente en nuestra escritura, pero creo que se trata de una obra interesante a la hora de acercarse a la poesía china precisamente por el proceso de descodificación que plantea, por ese juego velado en el que poco a poco nos llenamos de árboles, fuego, coral helado o un cielo distante y extraño que parece alejarse de los hombres para que los hombres no lo vean más. 


martes, 7 de mayo de 2013

Colaboración: Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa

Idioma original: Castellano
Fecha de publicación: 1973
Valoración: recomendable

Pantaleón Pantoja, el militar peruano protagonista de este libro, es de esos personajes cuadriculados y amantes del detalle que pueden ser una pesadilla como jefes pero el sueño eterno de los dueños del negocio.

La historia es sencilla. Cansados de que los soldados violen a las civiles en la inhóspita amazonía peruana, los generales del ejército deciden crear un servicio de prostitutas que recorra los cuarteles para calmar a la tropa arrinconada por el calor y la falta de compañía femenina. Para esto llaman al recién ascendido capitán Pantoja, que luego de superar la sorpresa inicial, pone en marcha un mecanismo casi industrial de satisfacción sexual.

Lo primero que llama la atención al leer a Vargas Llosa en Pantaleón y las visitadoras es la manera de narrar la acción de la historia. Con un recurso llamativo condensa verbos en un sólo párrafo y entrega cantidad de información en pocas líneas:
No podemos fabricar mártires, basta con los que ellos hacen -revisa cartapacios de recortes de periódicos marcados con lápiz rojo, celebra conciliábulos con oficiales del Servicio de Inteligencia, de la Policía de Investigaciones, propone un plan al Estado Mayor y lo ejecuta el Tigre Collazos-. Tenlos ahí en los cuarteles... (Pág. 303)

El intercambio constante de lugares, situaciones y personajes (como en La Fiesta del Chivo) es recurrente. Además, como el mismo escritor apunta en el prólogo de una de sus ediciones, no había otra manera de contar esta historia real que burlándose de ella, llamando a la risa del lector que se asombra con los eufemismos descarados de los militares, la hipocresía de la sociedad amazónica peruana y las ideas descabelladas pero funcionales de Pantoja que, como si se tratara de una línea de producción, optimiza tiempos y recursos para que los pobres soldaditos no se queden sin el Servicio de Visitadoras para Guarniciones, Puestos de Frontera y Afines (SVGPFA).

De ahí en adelante todo son situaciones hilarantes: los intercambios de mensajes cifrados entre el capitán Pantoja y los generales, las tablas de cálculo para determinar cuántas "prestaciones" puede ofrecer cada "visitadora" en un tiempo X, la composición del himno del servicio de visitadoras, la confección de sus uniformes...

Vargas Llosa hace del pintoresco y tropical actuar latinoamericano una obra que bien vale la pena leer. Un libro que puede usarse de dos maneras: como funcional e inofensivo divertimento o como manual para entender todos esos titulares periodísticos que a diario llegan de esta parte del planeta para sorprendernos.


lunes, 6 de mayo de 2013

Elfriede Jelinek: Deseo

Idioma original: alemán
Título original: Lust
Año de publicación: 1989
Traducción: Carlos Fortea
Valoración: no sé

Jelinek: si tuviera que explicar los motivos que me acercan a la lectura de este libro debería ser hasta desinhibido. Morbo, curiosidad por todo lo relacionado con el Nobel que recibió su autora (con dimisiones de académicos incluidas), la mención en el libro de José Ovejero, haber sido tildada de pseudo-literatura. Demasiadas cosas como para afrontar su lectura de una manera relajada. O sea: consciente de que un libro como este no me dejará indiferente.
Pero si hasta la traducción que he leído dispone, en Internet, de un duro estudio crítico que la pone mucho en duda. Tanto que no estoy convencido de si el libro que he leído refleja exactamente la intención de la autora. Pero lo he intentado.

Difícil de leer es decir poco. Lleno de elipsis y metáforas, denso, cargado, uno tras otro, de imágenes y recursos que, a partir de la primera página, convierten en un esfuerzo leonino ya no su comprensión unitaria como obra (esto es mucho pedir), sino el mero momento de la acción en que nos encontramos. El estilo narrativo me lleva loco hace días, intentando encontrar una palabra que lo describa: opresivo, sórdido, asfixiante, extenuante, angustioso, lacerante. Y como los encuentros sexuales son constantes, y el factor visual en ello es tan poderoso, muchas veces esa sensación resulta inquietante, bordeando lo insano. ¿Por qué, tanta ambigüedad, y tanta confusión? Puestos a narrar encuentros sexuales, y a hacerlo como partes de la vida del personaje y, por tanto, significativos en la experiencia narrativa, ¿por qué no recurrir al estimulante relato directo de, por ejemplo, Houellebecq en Plataforma?. Ah: aquí todo es retorcido y con aristas. Quizás sea un recurso para el desasosiego. Vaya usted a saber. Yo no tengo ni idea de a qué apela Jelinek. ¿Al autoritarismo implacable del macho triunfador (el protagonista, un directivo de fábrica tan despótico que hasta despide a los trabajadores que no quieren apuntarse a un coro que ha organizado) sobre una mujer que permuta humillación por bienestar material, pero que pronto necesita esa mayor compensación que es la venganza, el ojo por ojo? Si hubiese llegado a saberlo. La cuestión de la intención: siempre pienso en Kapuscinski cuando se habla de intención literaria. Y no comprendo la de Jelinek, activista por el feminismo y, leo en la red, empeñada en recriminar al pueblo austriaco su tibieza ante el nazismo. No comprendo porqué necesita un estilo tan recargado, tan poco amable con el lector, para denunciar. Esa es una trampa del libro, y vuelvo a pensar en la traducción. Leyéndolo nos sentimos como su protagonista, como si fuera observada a través de un cristal, y quien describe su situación se empeña en hacerlo de una manera original, diferente.
Así que, por mucho que le ha dado vueltas, "no sé". Imposible saber si la de Jelinek es una argucia pirotécnica para que todo el mundo mire hacia ella y hacia sus mensajes subliminales, o es un puro ejercicio actualizado de literatura incómoda por obscena, o incómoda por perturbada, o incómoda por snob, y, bajo sus crudas capas asistimos a una hábil jugada que futuras generaciones tildarán de clasicismo. A mí, que buscaba en este libro un pretexto con el que seguir zurrando a las sombras de las narices, me ha dejado muy raro. Tan raro que ni siquiera me atrevo a decir si eso sería un defecto o una virtud.

También de Elfriede Jelinek en ULAD: Los excluidos

domingo, 5 de mayo de 2013

¡Que viva el (micro)teatro!

Por una de esas cosas que pasan en la vida sin que uno espera que pasen, me he visto de repente convertido en "productor teatral" de una obra de micro-teatro co-organizada por el Centro de Estudos Comparatistas: Nana, de la autora española Itziar Pascual, que estará en cartel en el Teatro Rápido de Lisboa durante todo el mes de mayo. Aunque soy espectador habitual de teatro, sobre todo desde que vivo en Lisboa, esta ha sido mi primera incursión en el mundo del teatro desde el otro lado, desde las bambalinas. Y está siendo toda una experiencia.

En primer lugar, me está sirviendo para comprobar en la práctica eso que tantas veces se dice en la teoría: que el teatro no es solo texto, que el proceso de escenificación añade, modifica, completa las intuiciones e indicaciones del autor. La obra realmente gana cuerpo a medida que pasan los ensayos, a medida que se construye el escenario y se afinan las interpretaciones. Las decisiones del director y de los actores pueden añadir o subrayar ideas que no estaban en el texto, o que solo estaban en forma de potencialidades. Todo esto, claro, es de sobra conocido por quienes se dedican al teatro, pero es demasiado frecuentemente olvidado por el público, y también por los propios críticos.

Otra particularidad de esta experiencia es que se trate de una obra de micro-teatro. ¿Y qué es el micro-teatro? Pues es el equivalente de los cortometrajes del cine: obras cortas, de quince minutos aproximadamente, que desarrollan una idea, una trama o un personaje. No es que sea una idea absolutamente original: ya existían, por ejemplo, los "pasos", los "sainetes" o, en el siglo XIX, el "teatro por horas". En su encarnación contemporánea, el microteatro, ya con una larga tradición en Estados Unidos y Europa, ha llegado primero a Madrid y, hace exactamente un año, también a Lisboa.

Y esto también ha sido una revelación. Confieso que era algo escéptico sobre el modelo, sobre las posibilidades de desarrollo de una experiencia teatral en solo quince minutos; pero estos prejuicios son injustificados, basados en la tradición y en la costumbre: de la misma forma que un cuento puede ser tan conmovedor, sorprendente o inspirador como una novela (y a veces, mucho más intenso), una obra de microteatro puede también concentrar una historia, una inspiración estética o un monólogo poderoso. De la misma forma que no renegamos a priori del relato como género, no deberíamos renegar a priori del micro-teatro.

Aconsejo, a quienes se animen a probar el microteatro en la ciudad que sea, que intenten, si es posible, ver el conjunto de las obras ofrecidas en cartel, en el mismo día o en días consecutivos. Así se percibirán mejor las posibilidades del género micro-teatral, y el modo en que distintos proyectos, con distintos autores, directores, actores y medios técnicos y económicos, han conseguido aprovechar las limitaciones del género (aunque "aprovechar las limitaciones parezca una contradicción no es necesariamente así). Por poner un ejemplo, de las cuatro obras representadas en el Teatro Rápido en el mes de abril, una era una experimentación Beckettiana; otra era un monólogo cómico; la tercera era una reflexión metateatral sobre el paso del tiempo, y la cuarta una escena realista con un toque social.

Merece la pena por lo tanto olvidar ciertos prejuicios y probar el microteatro; es una experiencia diferente pero potencialmente muy satisfactoria...

Fotografía: Miguel von Driburg para Teatro Maizum.