miércoles, 15 de enero de 2020

David Coventry: La milla invisible

Idioma original: inglés
Título original: The Invisible Mile
Año de publicación: 2015
Traducción: Íñigo F. Lomana
Valoración: recomendable

Puesto que nuestro compañero Koldo, que es a quien correspondía, inauguró con Ruedas de fortuna las reseñas de temática ciclista en ULAD, continuaremos por esa senda... es decir, ruta, pese a que yo hace tiempo que no soy practicante de tan noble deporte, consistente en subirte los domingos por la mañana a un velociclo que puede costar lo que un coche de pequeña cilindrada, pedalear 30 ó 40 kms. hasta algún bar famoso por sus almuerzos y carajillos, y ponerte tibio, sabiendo que vas a quemar las calorías en el trayecto de vuelta... Es broma: el ciclismo es tesón, lucha, sacrificio, épica, encontrarse con uno mismo y con el mundo, y no sé cuántas cosas más... pero todas, TODAS, las podéis encontrar en esta primera novela del neozelandés David Coventry, que nos cuenta, precisamente, la primera vez que un equipo de habla inglesa, formado por australianos y neozelandeses, tomó parte en el Tour de Francia, en 1928. 

Aunque mejor debería poner "formado por australianos y neozelandés", porque en el equipo real, de cuatro corredores, tan sólo había uno de esa nacionalidad; pero Coventry se inventa a otro de su mismo país, un quinto ciclista del que no sabemos el nombre, a pesar de que se convierte en el narrador y protagonista de la novela. De su mano recorremos l'Hexagone (y de verdad, siguiendo su perímetro y sin saltos fulleros entre etapas) por sus llanuras y montañas -ay, ese Tourmalet-; sus pueblos y sus ciudades... y también sus campos de batalla, porque la Gran Guerra aún está muy presente en las cicatrices del país y el ánimo de sus gentes; también en el del protagonista de la novela, ese quinto ciclista de las antípodas que por su edad no llegó a participar en la contienda, pero no puede olvidar el efecto causado en su hermano Thomas, veterano de guerra.

Este recuerdo de la sangrienta guerra constituye, junto con la peripecia de la propia competición, una de las patas sobre las que se asienta la novela, pero también lo es la obsesión que siente el joven ciclista hacia dos enigmáticos personajes: Louvière, carismático corredor franco-argelino, y una mujer llamada Celia que sigue a la caravana del Tour por toda Francia y que entabla una relación, cuando menos peculiar, con el protagonista-narrador. Quien, por si fuera poco, también corre atormentado por otra circunstancia: la muerte, unos años antes, de su hermana Mayra, de la que no sabemos si se hace responsable a sí mismo, a su hermano o qué puñetas le pasa... Porque todas estas obsesiones y tormentos las vive el pobre chaval entre medias de una carrera de una dureza apabullante, de etapas interminables y encadenado a un artefacto con ruedas que nada tiene que ver con las modernas bicicletas de fibra de carbono y cuyas averías y pinchazos debía reparar el mismo ciclista. Una carrera que se convertía también en una batalla, contra el propio cuerpo, en un inclemente trabajo de Sísifo que en la novela adquiere casi una corporeidad de deidad antigua, juez y verdugo de los infelices mortales, de tal manera que para sobrellevar su castigo  aquellos "esforzados de la ruta" se veían obligados a tirar de cocaína, de anfetas, de éter... incluso de simple vinacho, para aguantar. Todo ello vivido con redoblado sufrimiento por nuestro prota, porque Coventry es un escritor de los, digamos, "intensitos"...

Entiéndaseme: no estoy sugiriendo que sea un mal escritor, todo lo contrario... Ojalá yo escribiera tan bien como David Coventry, con esa mencionada intensidad, seco lirismo y desgarro. Es más: ojalá todos los escritores noveles (aunque el hombre ya es talludito, por más que éste sea su primer libro) y más de uno de los nobeles escribieran tan bien como David Coventry. Sólo que, en mi opinión, la historia se enreda demasiado, se va por las ramas cual barón Cósimo de Rondó, con tanta preocupación de su cuitado protagonista, cuando en realidad lo que funciona como un tiro es la narración de la carrera en sí, una epopeya sin sentido sobre héroes que se caen por tierra, que vomitan, se desmayan, se torturan a sí mismos sin saber muy bien por qué, odian lo que están haciendo pero tampoco son capaces de bajarse de la bici y mandarlo todo al cuerno... (y por aquel entonces no había tele, así que sus esfuerzos ni siquiera servían para que los espectadores nos echáramos unascsiestas de campeonato... Qué injusta es la vida).


Los auténticos titanes de la ruta, junto a un montón de admiradores a pie.

martes, 14 de enero de 2020

Margaret Atwood: Posturas políticas

Idioma original: inglés
Título original: Power Politics
Traducción: Edgardo Dobry (ed.en castellano) y Núria Busquet Molist (ed. en catalán)
Año de publicación: 1971
Valoración: muy recomendable

Que Margaret Atwood es conocida principalmente por «El cuento de la criada» (y por la más reciente «Los testamentos») es algo más que evidente. Pero eso no debería confundir al lector y creer que su obra entera gira en torno a distopías, porque Atwood es una autora que ofrece mucho más que una narrativa potente y crítica. De hecho, la autora empezó su carrera literaria escribiendo poesía, y debo decir que para mí descubrir este libro y esta faceta de la autora ha sido una muy grata satisfacción.

En esta breve pieza poética la autora da sobradas muestras de que su capacidad crítica va más allá de lo que plasma en sus novelas; su activismo constante a lo largo de su vida se extiende a su obra y se pone de manifiesto en esta pieza en su vertiente feminista que, escrita en 1971, no ha perdido ni un ápice de vigencia décadas después, lamentablemente.

El libro que nos ocupa narra la historia de una relación entre dos amantes, y lo hace con una estructura temporalmente lineal. De esta manera, la historia está construida como si se tratara de una novela, con un argumento continuo y escenas que se suceden, pero escrita en forma de verso. Con ello, es un libro que permite y demanda que, a diferencia de otros libros de poemas, se lea de manera seguida.

El argumento que plantea Atwood es el de una relación sentimental entre hombre y mujer, donde expone el punto de vista de una mujer inmersa en una relación que ya de entrada se le antoja imperfecta y desigual y que la autora expone perfectamente afirmando que «encajas dentro de mí/como un gancho en un ojo/un anzuelo de pescado/un ojo abierto» (ese «ojo abierto» que en inglés se traduce como «open eye» que también suena como «I»). Así, con dos líneas de verso, la autora nos sugiere ya de entrada que la mujer está atrapada en una relación donde ella se expone de manera abierta, y él la atrapa y la aferra de manera ineludible sin opción de escapar, y ella es consciente de esa desigualdad afectiva, pues seguidamente afirma que «puedo cambiarme a mí/misma más fácilmente/de lo que puedo cambiarte a ti», pero la atracción es fuerte y el deseo tienta a «tirar de la sábana nostálgica por encima/de mi sonrisa de despedida encerada».

En este libro, Atwood retrata, con sus certeras palabras, una sociedad marcada por un machismo evidente, donde la mujer queda relegada a ejercer un rol secundario en las relaciones sentimentales. Estamos en 1971, en plena segunda ola feminista, y las voces pronunciadas desde diferentes ámbitos proclaman un avance en los derechos de las mujeres, ante el anquilosamiento de una sociedad regida, diseñada e instaurada desde la visión masculina. Y Atwood denuncia este poder masculino, su visión dominante y autoritaria, y la critica con precisión con pocas palabras, afirmando que «caminas hacia atrás, /admirando tus propias huellas». Así, con pocas palabras, la protagonista critica el orgullo y pedantería del amante, que se idolatra ante la sociedad a sabiendas que su actitud supone un retroceso, y extiende la experiencia en esa relación al conjunto de mujeres que se encuentran en una situación similar, afirmando que «ahora hay hordas de mujeres como yo, todas iguales/y paralizadas, te seguimos/esparciendo ofrendas florales/debajo de tus pezuñas».

Hay muchas más citas interesantes en esta obra en los que parar por unos momentos la mirada y dejar que las palabras lleguen y crezcan dentro de nosotros. La riqueza poética y el mensaje que transmite es muy interesante y, leyendo este libro, se constata que la poesía es una herramienta plenamente útil para exponer una ideología, una crítica social y, en particular, analizar las relaciones afectivas, a la vez que las viste y engalana de una belleza poética no exenta de contundencia. De hecho, la autora escribe respecto al poder masculino que «los puños tienen muchas formas», evidenciando que su dominio y poder se ejerce en muchos y variados ámbitos, pero también aquí podríamos afirmar que la literatura es una de esas posibles formas de lo puños con los que golpear las consciencias y despertarlas de un largo letargo de dejadez y anquilosamiento.

En esta magnífica obra, Atwood evidencia que es indiferente la forma que toma un texto (ensayo, narrativa o poesía) si la potencia que lo impulsa tiene la fuerza surgida de la necesidad de exponer y criticar aquello que uno denuncia y el ímpetu y la energía de exteriorizar una ideología que vas más allá de uno mismo y se extiende al resto de la sociedad.

La poesía tiene la capacidad de, con pocas palabras, encontrar la vía directa a nuestros sentimientos y dejar que, a partir de ellos, asimilemos con mirada calmada, pero con pasión emocional aquello que nos transmite. Y éste es un buen libro para recordarlo.

Nota del reseñista: Es posible que los fragmentos traducidos incluidos en la reseña no se ajusten a la edición en castellano, pues leí la edición bilingüe catalán/inglés

lunes, 13 de enero de 2020

Malditas cubiertas: Mujeres Con Pamela

Existe un ámbito dentro de la literatura clásica en el que la mediocridad de las cubiertas en relación a la calidad literaria de las obras es prácticamente del 100%. O lo que es lo mismo: grandes novelas con cubiertas de pena como consecuencia de al menos una de estas tres injerencias editoriales:
 
Ignorancia
(no haberse leído la novela)
Estupidez 
(haberla leído y no haberla entendido) 
Desfachatez 
(importarle a uno tres pimientos lo que sea que esté ahí escrito)

Nos referimos sin duda a las novelas protagonizadas por ese colectivo de mujeres que no solo han coincidido en desarrollar sus conflictos en el mismo periodo histórico si no que, para mayor desconcierto, han decidido vestirse todas igual. 

El drama que concierne a todas esas damas de época, también conocidas como Mujeres Con Pamela (en adelante MCP) es que viven en la eterna dicotomía de considerarse a sí mismas únicas y efímeras como los copos de nieve cuando el resto del mundo las ve tan comunes y anodinas como los copos de avena. 


No hay más que ojear un puñado de esas cubiertas que tradicionalmente han monopolizado el mercado para hacerse una idea de la naturaleza de las MCP. La conclusión no será otra que —de ser cierto eso de que todas las mujeres son iguales—, entonces las MCP lo son todavía más. Tal afirmación está científicamente avalada, como no podía ser de otra manera, por las famosas 5 Grandes Leyes de las MCP

1. TODAS LAS MCP MIRAN IGUAL

a) A las musarañas 
b) Esperando taxi
c) De soslayo (porque son tímidas) 
d) De lejos (porque son tímidas pero padecen de las cervicales) 
e) De cerca (porque a pesar de todo lo anterior, también son miopes)
f) Y solo algunas miran con cierto hastío (se comprende que de tanto mirar). 

2. TODAS LAS MCP OCULTAN ALGO 

a) Por perfidia cochina, ya que una MCP que da la espalda es una MCP que está tramando algo.
b) Por economizar, ya que la visión parcial de la MCP remite automáticamente a su totalidad (como organismo simple que es junto con las estrellas de mar o las lagartijas). Del mismo modo que a partir de un miembro sano de MCP puede regenerarse la MCP entera. 

3. TODAS LAS MCP HACEN LAS MISMAS COSAS 

a) Coser, cuidar de la flora y de la fauna o mirar por la ventana en busca de más flora y de más fauna. 
b) Leer poemas de amor, cartas de amor y novelas de amor y, en su defecto, manuales de costura o para el cuidado de la flora y de la fauna. 
Visto así podría decirse que la vida de las MCP está exenta de conflictos pero esa sería una afirmación superficial que pasaría por alto su insatisfacción vital causada por la falta de autonomía o por el hecho de vivir en una sociedad que oprime sus deseos y limita sus horizontes. ¿Y qué deseos y horizontes son esos? los hombres, por supuesto. 

4. UNA MCP CON UN CONFLICTO ES UNA MCP CON UN HOMBRE CERCA 
Y de ahí que el fracaso en sus objetivos de conseguir o no al varón deseado impacte con suma virulencia en los delicados cuerpos y almas de las MCP

5. LA FRUSTRACIÓN ALTERA EL ADN DE LAS MCP

a) La acelga 
b) El cuervo 
c) La aspirante a novicia 
d) La hembra canina (o bitch
Cabe añadir que siempre hay excepciones a la regla y que un muy reducido grupo de MCP, en su afán por reivindicar su personalidad, han optado por suplantar personalidades ajenas: 1. Sara Montiel interpretando «La pulga maligna», 2. Chiquito de la Calzada con sus caminares ortopédicos, 3. Extras en «El cuento de la criada». 

Llegados a este punto, cabe entender la durísima disyuntiva a la que se enfrentan los editores cada vez que una novela de MCP cae sobre su mesa: 

a) Reiterarse en las mismas fórmulas aburridas, repetitivas, reiterativas, intercambiables, ajenas al conflicto particular de las protagonistas e inocuas. 

b) Explorar fórmulas nuevas con cubiertas que huyen de su esencia más intrínseca. He aquí una muestra de esas cubiertas distorsionadoras que lanzan mensajes confusos acerca de su contenido: 
1. Historia del ferrocarril, 2. Memorias de una florista, 3. Costura de supervivencia, 4. Oda a la dama que poseía una horrorosa caligrafía, 5. La exhibicionista: una biografía desatada, 6. Manual de urbanización del espacio público, 7. Tratado de ornitología exótica, 8. Accidentes en el ámbito doméstico (primer tomo de la colección «Por qué contratar un seguro del hogar»), 9. Excursionismo extremo, 10. El invitado no deseado (segundo tomo de la colección «Por qué contratar un seguro del hogar»). 
Una vez contrastadas empíricamente las determinaciones de las 5 GRANDES LEYES DE LAS MCP solo queda concluir que, efectivamente, todos aquellos editores que sostuvieron la teoría de que todas las mujeres de época son iguales y, por tanto, lo mismo da una cubierta que otra, TENÍAN RAZÓN. Por tanto, y en base al mismo argumentario, les animo a todos ellos a rebautizar automáticamente a sus perros (Boby, Toby, Kafka, Azucarillo...) para llamarlos simplemente «Perro». Y si eso les supone alguna dificultad para distinguirlos del resto, entonces les sugiero que le pongan una llamativa y frondosa pamela.

domingo, 12 de enero de 2020

Jon Bilbao: Padres, hijos y primates

Idioma original: Español
Año de publicación: 2011
Valoración: Recomendable

Esta novelita de menos de doscientas páginas ha sido toda una revelación. No es literatura de alto voltaje, pero entretiene de lo lindo. De verdad, Padres, hijos y primates es un maravilloso pasatiempo. Uno repleto de suspense, crueldad y violencia. Uno que, para colmo, está bien escrito. ¿Qué más se puede pedir? 

Un graduado en Ingeniería al borde de la quiebra se encuentra con su antiguo profesor durante un accidentado viaje por México. La tensión entre los dos crecerá hasta culminar en un clímax sobrecogedor. 

Jon Bilbao relata en Padres, hijos y primates cómo reaccionan varios personajes (supuestamente civilizados y racionales) a una situación límite. Esta premisa, no me lo negaréis, suena intrigante. Y dejad que os diga que Bilbao la desarrolla con una prosa sencilla y directa, una tensión narrativa admirable y una especial atención por lo atmosférico.

Ya habréis notado que de Padres, hijos y primates me ha gustado casi todo: su premisa, su estructura, su prosa, sus personajes y los conflictos de éstos, su ambientación, sus temas, su tono, su ritmo, su narración sesgada, su manejo del suspense, sus escenas de casquería... Incluso su final, algo efectista y excesivo, ha acabado por seducirme. Es cierto que choca al compararlo con el resto de la historia, más realista y comedida, pero Bilbao se encarga de que la transición de lo uno a lo otro sea orgánica y satisfactoria. 
  
Quizás le pondría, eso sí, una pega a esta novela. Sus digresiones sobre la «Inteligencia Artificial» o la «cosmogonía de Hörbiger» abultan demasiado, y hasta pueden imprimir una pátina de pretenciosidad a un relato cuyo objetivo último no es más que hacernos pasar un rato endiabladamente bueno.

En todo caso, repito que Padres, hijos y primates (premio "Otras Voces, Otros Ámbitos" del 2011) es un entretenimiento estupendo. Me encantaría ver esta obra llevada a la pantalla grande, aunque temo que la adaptación perdiera la enriquecedora ambigüedad del material original. Ya sabéis lo complicado que es que el lenguaje audiovisual respete este tipo de sutilezas.  


También de Jon Bilbao en ULAD: Aquí

sábado, 11 de enero de 2020

Augusto Rodríguez: El fin de la familia

Idioma original: Español
Año de publicación: 2019
Valoración: Recomendable

"El fin de la familia" es un libro breve, muy breve, de apenas 70 páginas que recuerda mucho al gran Eduardo Halfon. El hallazgo de un álbum de fotos de familia, instantes fugaces atrapados para siempre, sirve de base para un texto fragmentario con el que se reconstruye la historia familiar. Pero no solo esto ya que "El fin de la familia" es también una autobiografía (por persona interpuesta), una crítica de la mercantilización de los sentimientos y de la hipocresía de la sociedad ecuatoriana y una radiografía de esta última (o al menos de su clase media) y de su evolución en los últimos tiempos.

El libro se compone de tres partes. La primera de ellas, que es la más ligada a la infancia y adolescencia, es la titulada "Retratos de familia". En ella se contienen breves apuntes o retazos de personajes y lugares fundamentales en esas primeras etapas de la vida, microrrelatos que asemejan las piezas de un puzzle que en su conjunto resulta ser casi una novela de formación. Personajes como el abuelo (gran lector y contador de historias ligadas a la tradición oral), el padre (figura ausente durante un tiempo y que reaparecerá al cabo de los años), la madre (mujer, como tantas otras, condenada al fracaso), sus amigos J y X (víctimas de sus familias), etc y lugares como Urdesa (el barrio de Guayaquil donde nació), Chile (tierra paterna), Miami, etc que aparecen interconectados y que conforman un todo que va de lo particular a lo general.

La segunda parte, la más breve "El invierno de mi padre", viene a poner fin a la juventud y constituye un pequeño homenaje a la figura paterna, marcadas por sucesivos abandonos y reencuentros.

Todo lo anterior da paso a la final toma de conciencia, ya desde una posición "adulta". Porque pese a que "Es hermosa la infancia. Saber tan poco y entender tan poco. Aunque sientas mucho" , uno llega a la madurez y se da cuenta de que la familia puede ser tanto un camino para la paz pero también para el infierno, que es (nada más y nada menos) el camino de lo que fuimos y de lo que somos, una versión a pequeña escala de una sociedad hipócrita en la que los sentimientos también son objeto de compraventa y en la que solo importa ganar y cagar al otro. 

Dicho esto, tres son las principales virtudes de este libro: su capacidad de decir mucho con pocas palabras, una serie de personajes e historias más que interesantes y ese tránsito de lo particular a lo general que hace que este tipo de libros se sostengan.

Sin embargo, una de esas virtudes también tiene su cara menos positiva. Y es que me da la impresión de que muchos de los personajes de los que se habla en el texto tienen mucho más recorrido (ojo que esto es algo que también me pasa con Halfon), de que el libro podría haber dado más de sí. Aunque lo mismo esto es solo el comienzo y "El fin de la familia" es el tronco del que en un futuro saldrán nuevas novelas protagonizados por algunos de los seres aquí presentados. No lo sé, pero ojalá sea así. Aquí estaremos para comprobarlo.

viernes, 10 de enero de 2020

Michael Chabon: Moonglow

Idioma original: inglés
Título original: Moonglow
Traducción: Javier Calvo
Año de publicación: 2018
Valoración: Recomendable

Para irnos situando, Michael Chabon viene siendo presentado bajo esa peculiar etiqueta de la Next Generation, como tantas otras un invento editorial para referirnos a un grupo de autores estadounidenses, con Foster Wallace y Palahniuk como nombres más destacados, y que tienen en común –además de ser traducidos varios de ellos por Javier Calvo- poco más que una fecha de nacimiento cercana, cierto poso de cultura pop y alguna afición por la (auto)biografía y sus colindantes.

Sobre este último elemento, el biográfico, se levanta el armazón de esta voluminosa obra de quinientas y pico páginas: Chabon reconstruye la vida de su abuelo a partir de las largas conversaciones que tiene con él poco antes de su muerte, dejando claro que esto es una novela, y por tanto incorpora ficción, seguramente coherencia y algo de músculo en alguna medida que desconocemos, aunque algún indicio hay en las notas finales. El abuelo es un ingeniero judío de temperamento bastante explosivo cuya vida queda marcada por dos de las grandes fuerzas clásicas: el amor y la guerra.

Pese a ser un tipo duro casi de película (o precisamente por eso), se enamora hasta las trancas de una mujer (la abuela) que tiene algo de bruja y que cae progresivamente en el pozo de la locura. Y por otra parte, en el tramo final de la II Guerra mundial es destinado a una misión secreta para desactivar la amenaza tecnológica nazi (las V-2, especialmente), y de paso intentar apoderarse de sus avances científicos mirando ya a la inminente rivalidad con la Unión Soviética. Aquí es donde se presenta la tercera pata de la biografía del abuelo Chabon: su indomable afición a los cohetes y los viajes espaciales.

En el ámbito familiar, la enfermedad de la abuela se presenta en fragmentos aislados y no necesariamente con coherencia cronológica. Entre otras cosas, esa discontinuidad contribuye a transmitir al lector el desasosiego de lo que sabe que está presente pero no cómo se manifestará, una incertidumbre que resulta aún más dolorosa si consideramos la adoración (y atracción sexual) que el abuelo nunca deja de sentir por esa mujer, por mucho que esté internada en un manicomio, o que se deje entrever que hay algún secreto oculto en su trayectoria vital. Es el momento de decir que Chabon maneja con destreza los tiempos narrativos, y tiene habilidad para hacer que la tensión aumente mediante medidas maniobras de distracción y perífrasis que retardan la conclusión de la escena.

La biografía de la abuela viene marcada por la persecución nazi, y la guerra proporciona también material para pasajes interesantes y de cierta dureza. El abuelo es de los primeros aliados en entrar en Alemania, y asistimos al encuentro con los civiles, dominado por la sorpresa y la desconfianza mutuas. Las investigaciones llevan a instalaciones de misiles cuya mano de obra se nutre de trabajadores forzosos procedentes de campos de concentración, y el abuelo descubre con desesperación la implicación en los horrores del nazismo de su hasta entonces admirado Wernher Von Braun, máxima autoridad en materia de cohetes.  El genio tenía las manos manchadas de sangre, con lo que el ídolo se derrumba  y pasa a ser objeto de un odio ilimitado. Chabon exhibe toda su potencia narrativa en escenas oscuras y descarnadas, así como una agudeza notable al presentar los diálogos, donde examina con precisión cada gesto, cada actitud, depurando las situaciones como si de un guión cinematográfico se tratara. El dibujo de los personajes es de esta forma matizado, tan complejo como exacto, se describe sin juzgar, resultando figuras contenidas pero profundamente humanas. 

Puede decirse que al libro tal vez le sobran páginas, o que, no obstante estar muy bien escrito, quizá no llega a formar un cuerpo del todo sólido. Da la impresión de que la raíz biográfica ha podido pesar demasiado y que en definitiva Chabon no se ha atrevido a introducir la dosis de ficción que el relato necesitaba para resultar más potente. Dicho de otra forma, si uno se decide a escribir sobre la historia de su abuelo, quizá tienda a pensar que el material original tiene por sí mismo suficiente enjundia, y le parezca poco respetuoso introducir elementos extraños por mucho que eso beneficie a la novela. Esa servidumbre, junto con una morosidad quizá algo excesiva en los detalles, y una nómina tal vez demasiado grande de personajes poco relevantes (ay, esa afición norteamericana a los nombres propios, ya sea de personas o de marcas comerciales) pesa algo más de lo deseable y le resta vigor al relato.

Pero en cualquier caso me parece un libro valioso, que se lee con interés, tiene momentos brillantes y deja una sensación general de tiempo bien aprovechado.

También de Michael Chabon en ULAD: El sindicato de policía yiddish

jueves, 9 de enero de 2020

R. L. Stine: No bajes al sótano

Idioma original: Inglés
Título original: Stay out of the basement
Año de publicación: 1992
Valoración: Se deja leer (está bien para niños)

El doctor Brewer ha convertido el sótano de su casa en un laboratorio donde llevar a cabo experimentos botánicos. Margaret y Casey, sus hijos, están preocupados por él. Ambos sienten que el carácter de su padre ha cambiado desde que le despidieron del trabajo. El carácter y quizás algo más... 

No bajes al sótano es una novela corta escrita por el Stephen King del terror infantil, R. L. Stine. La calidad de la misma es ligeramente superior a la acostumbrada en las entregas de la franquicia Escalofríos (Goosebumps en inglés), aunque el regusto que deja su lectura es bastante mediocre.

Además de una sensación de potencial desperdiciado, a No bajes al sótano se le pueden reprochar varias cosillas: 

  • Su estructura repetitiva. ¿Eran necesarias tantas escenas de Margaret y Casey jugando o bajando al sótano? 
  • Un antagonista poco amenazador, incapaz de mantener a raya a un par de niños o de presentar batalla en el clímax de la historia.  
  • Algún susto barato que solamente contribuye a crear tensión artificial.
  • Un giro de tuerca final la mar de gratuito. 

Recomiendo esta novelita a aquellos niños que quieran sentir el placentero escalofrío que proporcionan unas páginas cargadas de misterio y terror fácil. Ya llegará el día en que tropecéis con la obra del King de verdad, tranquilos. Los adultos, en cambio, pueden disfrutar indirectamente de No bajes al sótano gracias al fantástico análisis del youtuber poparena.




También de R. L. Stine en ULAD: La máscara maldita