lunes, 7 de mayo de 2012

Bastian Sick: Ora feliz

Idioma original: alemán
Título original: Happy Aua
Fecha de publicación: 2011
Valoración: está bien

Bastian Sick es un periodista, escritor y traductor alemán muy conocido gracias a la columna Der Dativ ist dem Genitiv sein Tod (que literalmente se podría traducir como El dativo es para el genitivo su muerte) que escribe desde hace años para el semanario alemán Der Spiegel. En ella se dedica a hablar sobre los errores gramaticales que a menudo cometen los alemanes (el título debería ser Der Dativ ist die Tod des Genitivs, o El dativo es la muerte del genitivo) y, gracias al humor del que hace gala, ha conseguido un gran éxito entre los lectores.

Además de los artículos escritos para Der Spiegel (que han sido recogidos en varios libros), Sick también ha publicado Ora feliz, una compilación fotográfica de "patadas" al lenguaje que podemos encontrar en la vida diaria.

Así, nos presenta en este libro fotografías de señales de tráfico, carteles, anuncios... ¡incluso libros para niños! en los que los errores idiomáticos son tan flagrantes, que no sabemos si reír o llorar. Pero nos reímos, claro. Y mucho.

Está claro que éste no es un libro de gran valor literario, pero sí nos sirve para aligerar la cabeza entre dos lecturas profundas o, simplemente, para pasar el rato. Además, a los que estamos estudiando alemán, nos viene de perlas para utilizarlo de terapia y no frustrarnos más de lo necesario.

domingo, 6 de mayo de 2012

Michel Houellebecq: El mapa y el territorio

Idioma original: francés
Título original: La carte et le territoire
Año de publicación: 2010
Valoración: Recomendable


Hace un par de años, me propuse leer Las partículas elementales. Entonces no sabía si iba a convertirme en seguidora o en detractora de Houellebecq, ya que parece no haber término medio. Hice lo que pude pero en mi vida había visto nada tan prolijamente vacío, no pude soportar la indigestión y tuve que dejarlo a las ciento y pico páginas.

El objetivo de esta obra parece ser el mismo: mostrar su particular – aunque no excesivamente original – visión de la sociedad en que estamos inmersos, pero el procedimiento para llevarlo a cabo es muy diferente. Y ahí es donde radican tanto su aportación personal como los méritos que puedan adjudicársele.

La novela, como síntoma de nuestra época, es perfectamente fiel a sus planteamientos. Si, para la mentalidad de hoy día, el objetivo más sensato consiste en conseguir la mayor rentabilidad con el menor tiempo y esfuerzo posibles, nuestro autor lo pone en práctica con tanta convicción como ingenio. Y, sobre todo, con absoluta coherencia, pues se trata de una construcción narcisista – tan comercial como las transacciones artísticas enumeradas –, que contiene, entre otras cosas, un collage de Wikipedias (confesado por él mismo en nota aparte), manuales de instrucciones, comparación de marcas, estadísticas y todo lo que que pueda servirle para rellenar páginas lo más rápidamente posible. Pero eso no es todo, Houellebecq, no contento con incluirse entre los personajes más relevantes, se publicita descaradamente a sí mismo citando sus propios títulos una y otra vez. No estamos, por tanto, ante un mero retrato del actual panorama artístico: además se imitan sus procedimientos al recoger lo ya existente y presentarlo en el lugar y con la forma adecuados para su inmediato consumo, exactamente lo mismo que los artistas plásticos vienen poniendo en práctica desde hace, más o menos, un siglo. Por otra parte, a través del personaje se proclama la inutilidad del arte. Obviamente, Houellebecq es un cínico, pero lo que hace tiene un sentido claro y, sobre todo, muestra en qué nos estamos convirtiendo.

Cuanto más avanzamos más increíble nos parece que alguien se atreva a rellenar tanto espacio a base de recortes de textos, que la totalidad de los personajes, incluído el propio Houellebecq, alardeen de un solipsismo y una misantropía de ese calibre. Pero toda esa superficialidad aporta al relato un aspecto fantasmagórico, de cuento de hadas materialista y proyecta una visión irreal al simplificar el mundo al máximo convirtiéndolo en un cuento perverso de adultos infantilizados y adormecidos por un bienestar que son incapaces de disfrutar: los ricos son riquísimos, la amada tiene un físico perfecto, en el amor no existen segundas oportunidades y desaparece sin dejar rastro en cuanto se va la juventud, sólo se ama una vez en la vida, la amistad no existe, la condición filial es mera pantomima que consiste en repetir rituales. Todo esto, junto al propio texto como ejemplo palmario de lo que retrata, le aporta un carácter de implícita denuncia.

Con una prosa cercana a la del ensayo, se nos habla del momento presente pero sus hipotéticos lectores parecen pertenecer a mediados de este siglo, de ahí la cantidad de datos y explicaciones que se introducen y que a un lector actual le parecen absolutamente obvios, así como unas cuantas predicciones que resultan por lo menos discutibles. El protagonista aparente es el esquivo artista Jed Martin – que podríamos definir con una retahíla de esdrújulas (escéptico, apático, polifacético, gran místico de la técnica) –, pero hay otro, menos evidente, que se convierte en el verdadero conductor del argumento: el siglo XXI, tal como lo conocemos hasta el día de hoy. Principalmente en el campo del arte, pero también en la política, la técnica, la vida social, el consumo, los negocios. Todo este panorama económico-tecnológico se desarrolla en detrimento de la introspección, de las relaciones interpersonales y de un auténtico análisis social. Un vacío absolutamente premeditado, como el propio autor demuestra al citar una serie de nombres de analistas sociales ilustres.

Hasta la última parte no aparece el gran golpe de efecto. Sin abandonar su radical pesimismo, corta radicalmente con el discurso anterior, cambia de perspectiva y hasta de género al convertir la novela en policiaca. Particularmente, es la que he leído con más interés y la que le aporta casi toda la originalidad y capacidad de impacto que tiene. Por eso, a pesar de saltarse muchas de las normas convencionales y de permitirse todas las licencias mencionadas, al haber encontrado una fórmula novedosa y muy efectiva para constatar las miserias y contradicciones de este principio de siglo, esta obra supone una nueva forma de abordar la narrativa y un (pequeño) paso en la renovación del género. Naturalmente, basta con una sola vez, si la repitiese en sucesivas publicaciones su valor no sería el mismo, pero, de momento, no se le puede negar la impresión que nos deja al acabarla: una desazón difícil de erradicar y una conciencia clara de lo siniestro de estos tiempos.

Todas las reseñas sobre Houellebecq en ULAD: Aquí

sábado, 5 de mayo de 2012

Jenny Downham: Antes de morirme

Título original: Before I die

Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable


Santi, amigo: si anteayer, en un arranque de lúcida sinceridad, transmitías de forma acertadísima las sensaciones que le atraviesan a uno cuando tiene que escribir in extremis una reseña para este exigente blog, en esta ocasión me atrevo a seguir tu camino y manifestar sin reparo alguno que me dispongo a redactar una reseña desde el curro. Así es, amigos y trolls caverneros de ULAD: el tío Ian va a tejer una reseña mientras tendría que estar levantando este país que cada día parece más escenario de una película de Leslie Nielsen.

La cosa es que mi boss se ha ido a una reunión fuera de la villa y he terminado la tarea que me encomendó… Y en vez de empezar a bucear desorientado por la Red o dedicarme a molestar a mis compañeros, me pondré con la reseña de Antes de morirme, que desde una primera persona nos cuenta lo que le sucede en sus últimas semanas de vida a una cría de dieciséis años que se muere de leucemia.

Y ahora sí, dejaré el tonillo burlón, porque esta primera novela de la actriz inglesa Jenny Downham me ha hecho llorar como un magdaleno (no recuerdo cuándo fue la última vez que me pasó) por culpa de varios pasajes logradísimos, que hacen que el lector se crea por completo lo que le están contando. Y sin virguerías de estilo, ni palabrejas edulcoradas, ni gominolas de sensibilidad. He llorado mucho, sí, pero me ha gustado: porque lo ha provocado un buen libro.

Daré unas cuantas pinceladas sobre la trama, pero creo que cuanto menos se sepa de ella y de sus personajes, más se disfrutará. Sólo diré que la protagonista se llama Tessa Scott y lleva cuatro años, desde los doce, enferma de una leucemia que la está devorando sin piedad. Ella sabe que se va a morir y desde la primera línea del libro se expresa en un triste pero dinámico presente que hace la lectura enérgica, aunque todos sepamos cómo va a acabar la cosa.

Tessa hace una lista de diez cosas que quiere hacer antes de morir y poco a poco va cumpliéndolas (y aunque pueda parecer peliculero, la autora se las ingenia para que no nos lo parezca en absoluto), entre ellas, sexo, drogas y ser famosa. Tiene un padre totalmente entregado a ella que dejó incluso su trabajo para atenderla (y el personaje que más ha hecho que mi estómago se encogiera de ternura), un hermano de once años que juega a hacerse el fuerte a base de humor negro (su desmorone en un momento dado me dejó hipando), una madre medio-hippy que les había abandonado pero que reaparece por motivo de las circunstancias, un vecino especialito del que se enamora, y sobre todo y ante todo, Zooey, su mejor amiga y gran apoyo, golferas, atrevidísima, aparentemente práctica, hedonista y fría como la Antártida, pero que en el fondo luce un corazón de oro y quilates.

Cierro el pico ya. Que me estoy pasando. Rozando el spoiler. Si tuviera más tiempo, pondría un trocito de la carta de despedida que Tessa le deja a su padre explicándole cómo quiere que sea su funeral (ropa y música inclusive). Pero empiezo a percibir miradas sospechosas por parte de algunos compañeros de ofi mucho más ocupados que yo…Paro. Ya.

Lean y lloren con ganas. Y en breve, tendremos peli con Dakota Fanning como Tessa, que la verdad, no es santa de mi devoción, pero en fin, veremos…

viernes, 4 de mayo de 2012

Zoom: "La dulce Ermengarde o el corazón de una campesina", de H. P. Lovecraft

Idioma original: inglés
Título original: "Sweet Ermengarde or The Heart of a Country Girl"
Año de publicación: 1943 (años de escritura estimados: 1919-1921)
Valoración: está bien

Vais a tener que perdonarme con Lovecraft, porque es lo que estoy traduciendo y, por consiguiente, leyendo con más asiduidad. Lo bueno es que, aunque repita autor, no repito temática: los cuentos de H. P. Lovecraft que he reseñado hasta el momento (ver abajo) poco o nada tienen que ver entre sí. [Inciso 1: creo que eso es lo que me salva de cortarme las venas hasta de los pies].

El que ahora nos ocupa es un relato humorístico que parodia con bastante gracia el melodrama romántico y cuyos dardos, según explica la Wikipedia, podrían apuntar al escritor Fred Jackson, en cuyas obras encontramos argumentos igualmente inverosímiles y complicados. [Inciso 2: iba a poner el enlace a la correspondiente entrada de la Wikipedia, pero cuán malo sería este caballero que ni tiene una ni la enciclopedia te invita a su acostumbrado "hágalo usted mismo"...].

La dulce Ermengarde es hija de un "pobre pero honrado granjero-contrabandista" de Vermont que la instó a renunciar a su primer nombre, Ethyl, porque le recordaba al alcohol etílico y le daba sed [inciso 3: gracias, querido Lovecraft, por dificultar la ya de por sí ardua labor del traductor con tus juegos de palabras intraducibles]. La historia está ambientada en la época de la Ley Seca, así que os podéis imaginar qué es lo que produce y comercializa el buen hombre.

La joven, que "confesaba tener dieciséis primaveras y tachaba de mendaces todos los informes que apuntaran a que tenía treinta", tiene dos pretendientes: un apuesto zagal del pueblo, a quien Ermengarde asegura corresponder; y el viejo y cruel terrateniente, el villano de nuestra historia, dueño de la hipoteca que pesa sobre la vieja casa de los padres de Ermengarde y que amenaza con ejecutarla si la joven no se casa con él. Pero no es la pasión la que mueve al malvado villano, sino la codicia: ¡en los terrenos de la granja ha descubierto oro!

A partir de aquí se suceden un cúmulo de despropósitos muy divertidos que aderezarán la enrevesada trama, provocando la sonrisa del lector. Un cuento breve y simpático, cargado de ironía, que os hará pasar un buen rato [inciso 4: siempre y cuando no os toque también traducirlo, claro]. Eso sí: más no le pidáis... que de donde no hay no se puede sacar.



Imagen: The Hut, de Adriaen van de Velde


jueves, 3 de mayo de 2012

Jean Paul Sartre: A puerta cerrada

Idioma original: francés
Título original: Huis clos
Año del estreno: 1944
Valoración: Imprescindible

Para empezar esta reseña, voy a hacer una confesión, voy a abrir las tripas de la trastienda del blog: son las doce de la noche y no hay reseña para mañana. Esto es así: a veces tenemos más de una semana de reseñas programadas, y otras veces son las doce de la noche y no hay reseña para mañana. Entonces empiezan los sudores: uno piensa en los libros que ha leído últimamente, pero ya los ha reseñado todos; en sus libros favoritos, los de toda la vida, los imprescindibles, pero ya los ha reseñado todos; y entonces como último recurso uno bucea entre los libros de su estantería para encontrar alguno que ya haya leído, que recuerde lo suficientemente bien como para reseñarlo y que, a ser posible, le gustara en su momento.

Eso hago yo esta noche: busco ahí en la segunda fila donde guardo los libros de Alianza con hojas que ya empiezan a amarillear, y descubro varios candidatos razonables; pero entre todos ellos me decido por este A puerta cerrada de Sartre, por varios motivos: porque es corto y puedo releerlo antes de reseñarlo; porque me encantó cuando lo leí por primera vez; porque es una obra con un valor histórico innegable, y a ningún blog le hará daño reseñarla; y porque hablar de Sartre me permite enlazar a aquella entrada que escribí en su momento sobre "Los existencialistas".

Suele estar bien contar algo del argumento en el tercer párrafo de la reseña, así que aquí voy: tres personajes que no se conocen entre sí, Garcin, Inés y Estelle, son conducidos por un misterioso Mayordomo a una habitación cerrada, donde no hay nada que hacer más que estar y hablar unos con otros. Pronto descubriremos que esa habitación es el infierno, o mejor dicho, una de las muchas dependencias de un infierno sorprendentemente burocratizado. A lo largo de las páginas (o de las escenas, si se tiene la suerte de ver una representación de la obra) se desvelará cuáles son los pecados que han llevado a cada uno de los personajes a la condenación eterna.

Para que la reseña quede resultona, no sobra una contextualización histórico-filosófica: decir, en este caso, por ejemplo, que A puerta cerrada es la destilación de algunas de las preocupaciones esenciales del Sartre anterior a la Segunda Guerra Mundial: la idea, por ejemplo, de que son nuestros actos y no nuestros pensamientos o nuestras intenciones los que determinan nuestra esencia; o la intuición aterradora, expresada aquí en su forma más sucinta y más famosa, de que "el infierno son los otros", de que es la mirada de los otros la que finalmente nos salva o nos condena, y contra ella valen de poco las justificaciones con las que intentamos engañarnos a nosotros mismos. Sólo por eso, por concentrar en tan poco espacio y con tanta claridad algunos de los fundamentos esenciales del existencialismo sartriano, ya se merece un imprescindible.

Son las doce y media de la noche y ya hay una reseña escrita para mañana, así que me voy a dormir. Pero antes dejo aquí el inevitable guiño posmoderno, al comparar A puerta cerrada con Cube, esa extraña película en la que el infierno son los otros... y las trampas asesinas preparadas para cortarte en pedacitos si te descuidas.

A lo mejor no es mi mejor reseña, pero a estas horas es lo que hay. Hasta mañana.

También de Sartre en ULAD: La náuseaEl existencialismo es un humanismoLas manos suciasLos secuestrados de Altona Sobre esta corriente filosófica: Los existencialistas

miércoles, 2 de mayo de 2012

Arrate Egaña: El paraíso

Idioma original: euskera 
Título original: Paradisua
Año de publicación: 2012
Valoración: recomendable

Seguramente, el nombre de esta autora no le sonará a casi nadie. No es de extrañar, teniendo en cuenta que escribe en euskera y que hasta ahora ha trabajado la literatura infantil y juvenil. El paraíso es, de hecho, su primera incursión en la literatura para adultos. Y podemos decir que ha aprobado el examen.

A través de cinco historias, Egaña nos presenta un abanico de personajes con los que podemos sentirnos identificados (o bien identificar a nuestros conocidos): amigos que no son tales, jóvenes que se debaten entre vivir su vida o seguir viviendo con su familia, adultos que no saben si merece la pena continuar una relación que hace tiempo dejó de ser lo que era... 

Lo que tienen en común todos estos personajes es que, de una u otra manera, se encuentran buscando la felicidad (o, al menos, añorándola) y temen encontrarla y descubrir que es sólo un sentimiento efímero que no va a hacerles vivir la vida que les gustaría. ¿Qué es, entonces, la felicidad? ¿Acaso existe un paraíso que debemos encontrar, caiga quien caiga? ¿O somos nosotros los encargados de buscar nuestro paraíso particular, ese lugar donde podemos refugiarnos y sentirnos seguros?

Para responder a esas preguntas (o plantearlas y dejar que el lector se encargue de reflexionar al respecto) utiliza la autora un estilo directo y (aparentemente) sencillo, destacando sobre todo el buen trabajo que hace al retratar a los personajes y al escribir los diálogos, pues resultan verosímiles y muy realistas.

No sé si este libro será traducido al castellano, pero espero que sea así. Y que Egaña siga escribiendo literatura para adultos, por supuesto, porque no se le da nada mal.

martes, 1 de mayo de 2012

Colaboración: Historia de la física cuántica, de José Manuel Sánchez Ron

Idioma original: español
Año de publicación: 2001
Valoración: recomendable

La física cuántica es la construcción mental más compleja y exacta de la Historia. Es capaz de medir y demostrar matemáticamente propiedades de partículas (que también son ondas) invisibles con una precisión de más de diez cifras, ha sido fundamental en la construcción de ordenadores, bombas atómicas, televisores, instrumentos médicos (TACs) o láseres, ha producido las explicaciones más satisfactorias alrededor de la materia, el Universo y la realidad.

Este primer volumen de Historia de la física cuántica El periodo fundacional (1860-1926) es un libro ambicioso. Su autor, José Manuel Sánchez Ron, intenta ordenar y poner en relación tanto los esfuerzos e investigaciones científicas que llevaron a su creación como el contexto social y político en el que se desarrollaron. Además, se detiene rigurosamente en los protagonistas geniales (Lord Kelvin, Einstein o Heisenberg) que desarrollaron esta disciplina en los últimos años del siglo XIX y en los primeros del siglo XX. Sánchez Ron, y esto es realmente inusual en esta clase de libros, no construye un relato cronológico y coherente sobre el éxito del descubrimiento científico sino que también menciona los caminos equivocados, las actitudes mezquinas y los falsos descubrimientos que quedaron en el camino; intenta escribir a partir de los hechos (abundante utilización de documentos de la época y una bibliografía muy completa al final del libro) situados en su correspondiente momento histórico y no a partir de lo que ya sabemos y ahora parece evidente.

El libro es exigente para el lector y es fácil suponer que fue extenuante para el autor. Es recomendable tener algunos conocimientos matemáticos o físicos y estar dispuesto a leer con papel y bolígrafo. No obstante, merece la pena el esfuerzo; después de haber leído el libro, es difícil no quedar deslumbrado por la brillantez de los creadores de la física cuántica y las conclusiones fantásticas que alcanzaron acerca de la realidad. También es difícil no querer que Sánchez Ron publique la segunda parte próximamente.

Firma invitada: Jorge Martín