sábado, 21 de marzo de 2015

Colaboración: Las manos sucias de Jean Paul Sartre

Idioma original: francés
Título original: Les mains sales
Año de publicación: 1948
Valoración: Muy recomendable

Para quienes en épocas más o menos remotas fuimos seducidos por el cóctel existencialismo-marxismo, Sartre venía a ser una especie de Pope, con su semblante a la vez horrendo y extrañamente afable. Y aunque la mayor parte del magnetismo procedía de los textos de corte político y filosófico, por algún motivo que no soy capaz de explicar a mi siempre me atrajo su obra dramática.

Y después de bastantes años relegado a la estantería de los clásicos, vuelvo a él y me sigue pareciendo tan oportuno e interesante como siempre. En Las manos sucias, en medio de una trama mitad política, mitad novela negra, esa explosiva confluencia de ambas ramas del pensamiento resulta que cobra todo su protagonismo.

En el entorno convulso de una supuesta república europea, Hugo, un joven de extracción aristocrática, busca su identidad entre sus propias contradicciones y los vientos de una Historia que parece envolverlo todo. Vaya, un tipo desubicado intentando hacerse hueco y encontrar sus límites. A nuestro existencial protagonista se opone Hoederer, el rocoso secretario general del Partido, con quien choca en el doble plano existencial y político. Y aquí, claro está, saltan las chispas y se plantea la dicotomía que es el nudo fundamental de la obra. 

Los personajes son sólidos, estereotipos pero no caricaturas, representan lo que se les pide sin dejar de resultar creíbles. El autor los define a veces con el trazo más fino, y otras les deja intencionadamente borrosos, cuando desempeñan una función pero no nos importan sus cualidades. Nos llama la atención el personaje femenino de Olga, inusual en obras de esta índole, y que evoca vagamente al cine americano de los 50: armoniosamente integrado en la trama, ejerce de contrapunto a la principal línea de tensión argumental.

Pero en definitiva, interesa lo que realmente sirva al cuadro que Sartre quiere presentar y sólo eso, lo demás es superfluo y prescinde de ello sin miramientos. Y lo que interesa es, en el orden existencial, el conflicto entre la acción y los principios, y en el político, la dialéctica posibilismo/idealismo que a Juan Pablo, como a todo el rojerío de la época, puso en un brete tantas veces. 

Desde el punto de vista diríamos artístico, es obvio que esto es literatura política (o político-filosófica) y los aspectos formales pueden verse desdibujados al quedar por completo subordinados a las ideas que se pretenden exponer. Dicho de otra forma, estamos ante una especie de dramatización del pensamiento abstracto (El ser y la nada podría ser la versión teórica) que deja en segundo plano toda otra consideración. Con lo que puede haber quien cuestione incluso su valor como obra literaria, todo depende de con qué actitud nos aproximemos.

Para mi fue un gustazo volver a Sartre, un señor que era lo más parecido a la encarnación de eso que se llamaba un intelectual. Rara especie, admirada, denostada y seguramente ya extinguida, de cuya existencia sólo los libros de Historia terminarán dejando constancia.

Firmado: Carlos Andia