jueves, 5 de marzo de 2015

Nicolas Bouvier: El pez escorpión

Idioma original: francés
Título original: Le poisson-escorpión
Año de publicación: 1982
Traducción: Glenn Gallardo
Valoración: recomendable

Nada gratuita, la cara (aunque debería optar por decir el careto) que pone Bouvier en la portada de El pez escorpión. Justito a las puertas (o quizás ya metido en harina) de esta especie de experiencia extra-sensorial. Un pequeño tesoro escondido que me ha sido revelado a través de las páginas de una novela de Emmanuel Carrère, una especie de viaje al fondo de la mente que me recuerda a Joseph Conrad, aunque reconocerle aires de algún que otro existencialista tampoco me parece descabellado.
Baste decir que no lea este libro todo aquel que plantee sus viajes como algo en el que el mayor riesgo sea la elección del país al que el cocinero del bufet libre del hotel all-inclusive vaya a dedicar su noche temática.
Bouvier se autoconfina, escaseando sus medios y en una especie de autocastigo, en una exigua habitación de hotel. Le acompañan sus pocas pertenencias, sin otra cosa digna de mención que un manual de Entomología, que parece mostrarse de gran importancia conforme a la minuciosidad con que describe las especies de insectos que conviven en la habitación. Con los que parece mantener una relación más franca y relajada que con sus congéneres. Porque Bouvier no parece demostrar más curiosidad por los humanos que por las otras especies que comparten con él el hábitat natural de un Sri-Lanka ecuatorial y agobiante, de un escenario en el cual el desarrollo de una existencia convencional parece una gesta cuando el aplastante Sol domina el horizonte. 
No es una lectura fácil ni es, si nos ceñimos a los cánones habituales en lo literario, una lectura acorde a una estructura convencional. Podemos especular bajo el influjo de qué se producen todas esas curiosas percepciones que llevan a Bouvier a reflexiones cargadas de un lirismo grotesco y extravagante a la par de una especie de sentido de búsqueda del origen de la esencia de la necesidad, de la carencia de lo superfluo. En todo caso, mejor dejarse llevar y no exigirle a El pez escorpión más de lo que es: un diario de una experiencia extrema, de una suerte de reto, consciente o no, con un resultado valioso en hallazgos en lo literario.
Prestad atención a esta extraña obra antes de que cualquier mastuerzo se empeñe en encontrarle propiedades semejantes a algún infecto panfleto de auto-ayuda o, peor aún, un ejecutivo de medio pelo lo considere una especie de paradigma de la lucha por la supervivencia empresarial en entornos sumamente hostiles.