viernes, 20 de marzo de 2015

Miguel Ángel Ortiz: La inmensa minoría

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable (imprescindible para los residentes en Barcelona)

Me jode ser tan corcó. Corcó, que es la palabra catalana para la carcoma, es como llamamos en Catalunya a los tocapelotas: a esa clase de personas que, cuando uno evita un tema o anda tranquilo, se dedican a ir ahí, como la carcoma, taladrando, incordiando, recordando lo que a uno le incomoda.
Y he de hacer honor a ese apelativo. Porque no me extraña que a Kiko Amat le haya gustado tanto La inmensa minoría: es muy posiblemente parecido al libro que, si no se hubiera precipitado, él hubiera escrito en vez del fallido Eres el mejor, Cienfuegos. Una especie de cuaderno de bitácora de profundización de la crisis mezclado con un santilorenciano ejercicio de costumbrismo de barrio de extrarradio. Con momentos casi felices, pero con una tonalidad agridulce y desencantada que cala en el lector. Cala en cualquier lector, pero ya lo hace de una forma casi absoluta si uno conoce los parajes en los que esta novela se desarrolla. No en vano, y perdona que te vuelva a mencionar, Amat la incluye en una especie de relación de novelas definitivas de la Barcelona no-pija. Da la casualidad de que yo mismo atravieso en coche esos barrios en mi recorrido al trabajo. Sí, subo con el coche por Montjuïc y dejo a la derecha el barrio del Polvorín (barrio de antigua mala fama que dicen, debe su nombre a que fueron familiares de militares y policías destinados en Barcelona los primeros en habitarlo) y paso al lado del cementerio de Montjuïc, para tomar la calle Foc y recorrer unos pocos metros del propio Paseo de la Zona Franca. No veo tiendas de Inditex ahí, ni hordas de turistas con máquinas reflex balanceándose en sus cuellos. Y veo algunas casas como las que se describe y algunos badulaques y, si estuviera más atento (he de estar por el volante, sabéis) me hubiera fijado, seguro, en alguna peluquería o pequeño y modesto comercio que han cerrado sus puertas o han cambiado de dueños en los últimos cinco años.
La inmensa minoría retrata el día a día de cuatro chavales de barrio. Cada uno, con su mote a cuestas: Retaco (narrador circunspecto), Chusmari, Pista y Peludo. Les unen muchas cosas: la más poderosa es el barrio y la escuela a la que asisten. Está el futbol, el grupo de chicas con el que algunos de ellos empiezan a tener sus primeras experiencias, y está, poderosa y condicionando sus actitudes vitales, la falta de expectativas. Están los porros y las cervezas, cómo no, las tardes vagando por ahí, y lo que perciben de su entorno. Lo que oyen en el bar y en la calle, lo que ven que pasa en sus familias: paro, divorcios, precarias condiciones económicas, empleos que tardan mucho en conseguirse y poco en perderse. Porque claro, La inmensa minoría es una novela contemporánea y eso significa crisis y eso significa circunstancias nada halagüeñas. Qué hi farem. (catalán por "qué le haremos").
Ortiz usa a Retaco como narrador: lo convierte en una especie de paradigma del personaje que combina sentido común y estupor. Un adolescente que se pone un pendiente, que juega a fútbol sin ínfulas de estrellato, que duda en su relación con una novia que viene y va, que va a repetir curso porque parece que el miedo a afrontar las decisiones le haga dilatar el inexorable momento de llegar a la edad "adulta". Un lenguaje coloquial, una envidiable fluidez de diálogos, un puntual intercalado de expresiones en catalán, y la constante presencia de las letras de las canciones de Extremoduro, otro hilo conductor del libro, pues son la referencia cultural más presente en la vida de Retaco. Incluso hay quien recomienda a Retaco leer para poderlas apreciar en su justa medida.
He de decir que, como barcelonés conocedor de primera mano, la situación temporal de los hechos (desde julio de 2010, en el cual se celebra el Mundial de Sudáfrica que la selección española gana, hasta junio de 2011, con las acampadas del movimiento 15M en Plaça Catalunya) está algo alterada. Pues se hace mención a la presencia de estelades en los balcones, cosa que se produjo a raíz del primer Onze de Setembre reivindicativo, que fue en el 2012. Igualmente, se hace mención al whatsapp como modo de comunicación en un momento en que este todavía no se había arraigado como ahora. Pero son pejiguerías que atribuyo a mi manía perfeccionista. No sé si La inmensa minoría puede situarse ya, junto a las gloriosas novelas de Paco Candel, como una de esas obras que definen las grandes ciudades desde la perspectiva de sus zonas más desfavorecidas, aquellas que los ayuntamientos prefieren no enseñar. No lo sé: pero me gusta que ciudades como la mía estén vivas y presentes en brillantes novelas como esta.

3 comentarios:

Esperanza dijo...

¿Has leído "Paseos con mi madre", de Javier Pérez de Andújar?

Horacio dijo...

Dudo de poder leer esta novela alguna vez. Pero ve sabiendo que leer una reseña tan bien escrita es, ya, un gusto.
Bien, F.

Francesc Bon dijo...

Gracias por los comentarios: pues no he leído esta novela. ¿Debería?