miércoles, 7 de diciembre de 2011

Laurent Gaudé: La puerta de los Infiernos

Idioma original: francés
Título original: La Porte des Enfers
Fecha de publicación: 2008
Valoración: Se deja leer

Lo primero que he de decir al empezar esta reseña es que he etiquetado La puerta de los infiernos con un simple "Se deja leer" porque creo que su autor no ha conseguido engendrar una obra redonda fuera cual fuera su propósito. A ver cómo me explico...

Bueno, primero, la trama: en mitad de una reyerta de mafiosos, un taxista napolitano, Matteo, pierde a su hijo Pippo, de seis años, por culpa de una bala accidental. A raíz del terrible suceso, Giulia, esposa del primero y madre del segundo, enloquece de dolor y Matteo, apesadumbrado y deseoso de matar al responsable de la muerte de su hijo, vaga por un Nápoles oscuro y pesadillesco sin rumbo ni esperanza. Pero un encuentro accidental con cierto travestido le llevará a un peculiar café donde se dan cita una serie de extravagantes personajes entre los que destaca un profesor chiflado que asegura que en Nápoles se halla una de las puertas de los Infiernos, y ni corto ni perezoso, Matteo, ayudado por sus nuevos y frikis amigos, decide bajar al Averno en busca de su niñito.

Pero no, no: la cosa no funciona. No... Puede que la trama sea muy atractiva y que los seres que por ella desfilan, peculiares e interesantes, pero el libro no consigue tener el peso que una historia así exige para resultar coherente dentro de la ficción que es y despertar admiración. Además, y esto ya no tiene nada que ver con la novela, ¿por qué un pobre crío inocente muerto por culpa de unos matones es condenado a estar encerrado en los Infiernos por toda la eternidad? Mucho sentido no tiene...

Según mi humilde opinión, La puerta de los infiernos, cuarto libro del multipremiado escritor francés Laurent Gaudé, es una de esas novelas que podríamos analizar mejor si supiéramos cuál era verdaderamente la intención de su escritor. Porque si Gaudé quería escribir una fábula con tintes de tragedia griega, elementos sobrenaturales de principiante y esencia trágica pero no demasiado densa ni con pretensiones de arraigar con vehemencia en la memoria del lector, vale, sí, se ha salido con la suya, lo ha conseguido. Pero no sé, algo me da a mí que el autor, donatario de una imaginación loable y recursos literarios de sobra para hacer que la trama discurra ágil y con emoción contenida, se ha quedado escaso a la hora de lograr su verdadero objetivo: crear una novela breve pero sólida que envuelva en sedas de cuento cruel una terrible historia.

Eso sí, debo de ser de los pocos que piensan que Gaudé ha escrito algo curioso y agradable de leer pero muy light, porque todas las críticas que he leído hasta el momento lo llenan de halagos. Pero quizás sea que estas bienintencionadas palabras que La puerta de los infiernos ha recibido se deban más a la gloriosa fama que precede al autor que a su nueva obra en sí. Lo cierto es que no he leído nada más de Gaudé. Quizás lo haga, contraste sus obras pasadas con el presente libro y averigüe así si probablemente el autor ha escrito justamente lo que pretendía, ni más ni menos.

martes, 6 de diciembre de 2011

Roberto Bolaño: La literatura nazi en América

Idioma original: español
Año de publicación: 1996
Valoración: recomendable

Roberto Bolaño era un gamberro, un gran bromista. Se nota en su manera de escribir, en sus novelas, en sus relatos, en sus discursos. De puro bromista, hasta hizo la broma de morirse antes de tiempo, con solo 50 años, y el truco de magia de convertirse en un clásico contemporáneo mundial en menos de diez años desde su muerte. Y esta obra, esta Literatura nazi en América, es eso: la obra de un bromista con estilo.

Se podría calificar la obra de borgiana, si no fuera porque probablemente a Borges le habría dado vergüenza que le relacionaran con esta obra. Es también prima hermana de El gabinete de un aficionado, de Perec (otro gran bromista, por cierto), porque si aquella "novela" está compuesta por una lista de cuadros apenas comentados, esta otra "novela" está formada por biografías de escritores ficticios de extrema derecha (fascistas, filonazis, racistas, antisemitas...) norte- y sudamericanos.

Seguro que, leída con calma, esta obra tiene más gracia de la que parece, porque varias de las biografías se entrecruzan, se hace referencia a las mismas publicaciones periódicas (sobre todo, a El Cuarto Reich, supuesta revista argentina) y se mezclan personajes imaginados con otros reales como Ginsberg, Cabrera Infante u Octavio Paz. Pero como buena broma, la mejor forma de leerla, diría yo, es con una sonrisa y sin preocuparse demasiado por intentar no perderse estas relaciones.

Dicho así ("biografías de escritores ficticios de extrema derecha") no parece que la cosa vaya a ser demasiado divertida. Pero lo que salva la función es la ironía de Bolaño, que se transparenta en el modo de (re)tratar a los personajes, prácticamente todos ellos fracasados, ridículos, amargados. Algunas de sus obras son igualmente ridículas (como ese autor que se dedica a hacer "refutaciones" de todos los filósofos que han pasado sobre la faz de la tierra; o aquel otro que crea planos poéticos de campos de concentración...)

Merece la pena mencionar el último capítulo de la obra (antes de unos también paródicos índices), en primer lugar porque es el que más se parece a un relato casi independiente; y también porque en él, por primera vez en la obra, el propio Bolaño aparece mencionado explícitamente como narrador y como personaje, rompiendo así, por decirlo de alguna forma, la "cuarta pared" narrativa que se había mantenido incólume hasta entonces.

En fin, una curiosidad literaria entretenida. Una broma bien llevada. Un descojono.

También de Bolaño en ULAD: Aquí

lunes, 5 de diciembre de 2011

Florian Henckel von Donnersmarck: La vida de los otros


Título original: Das Lehen der anderen
Idioma original: alemán
Año de publicación: 2006
Valoración: Recomendable

Hoy voy a reseñar un género que creo (corregidme si me equivoco) que aún no ha sido tratado en ULAD: el guión (o guion, como me niego a escribir) cinematográfico. No es que sea una experta en él (de hecho, creo que éste ha sido el primer guión que he leído en la vida), pero lo vi en una librería y pensé que me vendría muy bien para practicar alemán. Además, me dije que, como ya había visto la película, podría entenderlo mejor. Así que me lo llevé a casa, lo leí y ahora me alegro de haberlo hecho, no sólo porque he practicado el idioma (y aquí es donde me doy unas palmaditas en el hombro por ser buena estudiante), sino porque este libro completa la película como no pensé que haría.

Como muchos sabréis, La vida de los otros es una película ambientada en los últimos años de la RDA, que cuenta la historia de Gerd Wiesler, un agente de la Stasi extremadamente eficiente y gris al que le encargan vigilar al dramaturgo Georg Dreyman, sospechoso de ser un disidente. No voy a contar nada más, no sea que suelte algún spoiler y la gente se me eche al cuello, pero ésta es la trama: el agente de la Stasi espiando, el dramaturgo escribiendo, sus conocidos (disidentes y no disidentes) interactuando... y los espectadores tiesos en sus butacas, testigos del entramado político y policial y de cómo era la vida en la RDA hasta hace, como quien dice, cuatro días.

En el guión de Henckel von Donnersmarck podemos leer lo que ya vimos en el cine, pero también varias escenas que, si bien se rodaron, nunca llegaron al metraje final (la película original duraba más de 3 horas, así que hubo que recortarla) y que nos sirven para entender mejor la historia. Pero lo mejor y lo que sin duda me ha hecho reseñar hoy este libro han sido los anexos finales: el diario de rodaje del actor Sebastian Koch (que interpretó a Dreyman y que, todo hay que decirlo, escribe muy bien) y una entrevista con Ulrich Mühe (que interpretó a Wiesler).

Ambos cuentan por qué decidieron trabajar en este proyecto (lo cual es bastante interesante, teniendo en cuenta que Koch suele renegar del cine y que Mühe estaba enfermo de cáncer cuando le ofrecieron el papel) y lo que ha significado para ambos. Si bien el diario de Koch es interesante y nos enseña cómo se "construye" una película, la entrevista con Mühe es sumamente reveladora, pues habla sin tapujos de la vida en la RDA y de cómo hoy en día hay mucha gente que sufre sus consecuencias.

Puede que este libro no sea "lo más" literariamente hablando, pero sin duda podemos aprender mucho con él: sobre cine, sobre nuestra historia reciente y, lo más importante, sobre nosotros mismos.

domingo, 4 de diciembre de 2011

El libro de mi infancia: Dioses y faraones de la mitología egipcia, de Geraldine Harris

Idioma original: inglés
Título original: Gods and Pharaohs from Egyptian Mythology
Fecha de publicación: 1982
Valoración: brutalparaniñosfrikis

La verdad es que al principio había pensado hablar de Los Hollister. Recuerdo ir devorando uno tras otro los volúmenes de la serie que había en la minúscula biblioteca de clase (un armario, vaya), incluso pedirlos prestado a algún compañero. Durante un tiempo me atraparon, desde luego, pero hoy en día no recuerdo nada de aquellos libros. Quizá que abusaban sin vergüenza de expresiones como "el pequeño travesuelo" o "la pecosa niña rubia", pero poco más. Así que me he decidido por la sinceridad y he pensado hablar de un libro que sí fue determinante. Sobre mitología egipcia, sí: ¿acaso no habéis pensado siempre que los autores de este blog eran una panda de niños frikis que leía cosas raras y se libraba por poco de las collejas en el patio? Pues aquí estamos Montuenga y yo para confirmar vuestras sospechas. Y a los demás... ¡no les creáis!

Con esta reseña estoy infringiendo varias de las leyes inmutables de Ulad. Además de unirme a las irresponsables burlas contra nuestro Sistema Unificado de Etiquetas (¡ay!), resulta que escribo sobre un libro que no tengo delante y cuyo recuerdo tengo más bien borroso. De todas maneras, la huella que me dejó no tiene que ver tanto con su contenido preciso -un compendio remasterizado de mitos egipcios- como con la puerta que me abrió para siempre. Será una exageración, pero a menudo pienso que si dedico mi vida a las Humanidades es por culpa de este libro. Yo debía de tener unos 7 u 8 años cuando este libro, si no recuerdo mal, me cayó unos Reyes en casa de mis tíos. Inmediatamente me fascinaron sus ilustraciones, que plasmaban con impecable realismo toda la extraña fauna divina del antiguo Egipto. Los textos también debían de estar escritos de forma amena, porque ni sé cuántas veces los releí. Enseguida fui capaz de recitar de memoria una sarta de ininteligibles nombres de dioses y faraones... para orgullo (y quizá inquietud) de padres y demás familia.

Es curioso, para escribir la reseña he tenido que buscar algunos datos del libro en Internet, ya que no recordaba ni siquiera el título exacto (eso sí, la portada podría dibujarla con los ojos cerrados). Parece una tontería, pero me ha sorprendido darme cuenta de que en efecto tenía una autora, una fecha de publicación, unos ilustradores... que era, en fin, un libro como los demás. Evidentemente, el libro en cuestión muestra una visión determinada de la mitología egipcia, que será susceptible de crítica, que elegirá una fuentes frente a otras, que suavizará los elementos más escabrosos, etc. Pero de niño uno nunca es consciente de eso. Ese libro era, para mí, Egipto mismo. Lo que decía no era una versión de nada, sino la verdad, pura y simple. Y una verdad, además, de lo más entretenida, porque las andanzas de los dioses tienen mucho que ver con los cuentos que yo acababa de dejar atrás. Después de este libro vinieron otros muchos, de la misma serie de Anaya, sobre mitología griega, romana, ibera, mesoamericana... Todos los devoré y los releí muchas veces, pero ninguno lo recuerdo como este primero.

Padres lectores del blog: tened presente que ningún contenido es "demasiado adulto" a los ojos de un niño. Pueden ser demasiado adultas las formas, claro: el lenguaje que se use o el estilo de las ilustraciones, si las hay. Pero una vez superada esa barrera, todo niño es una fuente inagotable de curiosidad. No digo que un libro de mitología sea una lectura más recomendable para niños que cualquier novela infantil o juvenil, pero no tiene por qué ser, desde luego, una lectura menos placentera. Eso sí, cuando luego vuestro retoño quiera contaros de principio a fin el mito de Osiris, no me vengáis a mí con las quejas...

sábado, 3 de diciembre de 2011

El libro de mi infancia: El pirata garrapata y Fray Perico y su borrico de Juan Muñoz Martín

Idioma original: español
Año de publicación: 1979 y 1982
Valoración: Muy recomendable

Esta reseña es en realidad un homenaje a todos los libros de El Barco de Vapor que marcaron mi (nuestra) infancia, desde que empezamos a leer (con la serie blanca) hasta que ya éramos adolescentes (con la serie roja). La de horas que pasamos leyendo libros como Un duende a rayas, La nariz de Moritz, Las aventuras de Vania el forzudo o Piotr... Pero hay libros que casi todos recordamos especialmente, y dos de ellos, de la serie naranja, son del mismo autor: El pirata garrapata y Fray Perico y su borrico, de Juan Muñoz Martín. Hubo una época, me acuerdo, en que todos los chicos de la clase querían (queríamos) leer al mismo tiempo estos dos libros, y como no había ejemplares para todos, había verdaderas listas de espera. Eran los best-sellers de los diez años.

En un alarde de profesionalismo, me he releído los dos libros antes de reseñarlo. Sí, señores, entre Roberto Bolaño y Günter Grass, una dosis de Fray perico y su borrico. Toda una experiencia. Y lo peor es que me he divertido. Está claro que tienen un humor muy inocente, muy blanco, pero también políticamente incorrecto para los estándares actuales: han pasado ya treinta años desde que se publicaron por primera vez, pero ahora mismo no creo que los chistes sobre el chino o sobre el moro en El pirata garrapata, o la escena con los gitanos de Fray Perico se considerasen aceptables.

Fray Perico y su borrico es más "buenrollista" que El Pirata Garrapata: tiene ese aire místico y moralizante que tanto gustaba a nuestras abuelas. El pirata por lo menos finge ser malo, aunque en realidad sea bueno. Fray Perico es el típico personaje tan bueno e inocente que es tonto, pero al que todo le sale bien porque Dios protege a los bondadosos. Bueno, de niños colaba; ahora me chirrían los dientes solo de pensarlo.

En fin, ha sido curioso volver a leer estos dos libros de la infancia, y que dentro de su género, sin ser especialmente rompedores, son entretenidos y en los dos hay muchas aventuras, mucho humor, algo de violencia-no-traumática, juegos de palabras, mucha imaginación, dibujos divertidos... No me extraña que de niños nos encantaran.

Por cierto que los dos libros dieron origen a sendas series de novelas (El Pirata Garrapata en América, Fray Perico en la guerra, cosas así) pero no creo que llegasen a tener el mismo éxito que las originales...

viernes, 2 de diciembre de 2011

El libro de mi infancia: Francisco Ibáñez: Chapeau el Esmirriau y El antídoto, de Mortadelo y Filemón

Fecha de publicación de Chapeau el Esmirriau: 1971
Fecha de publicación de El antídoto: 1973
Valoración: Imprescindibles

Aprendí a leer con Mortadelo y Filemón. No es una fantasmada, es de verdad: mi tío Carlos era un gran fan de las aventuras de los dos agentes de la T.I.A. y, cuando yo era pequeño, siempre había "tebeos" en casa. No me acuerdo muy bien, pero mi madre cuenta que yo solía mirar los dibujos y, cada dos por tres, le preguntaba "¿qué dice aquí?", a lo que ella, solícita, respondía leyéndome los bocadillos. Supongo que la guardería ayudó, pero sin duda pude practicar mucho con ellos... Debió ser un gran éxito personal terminar mi primer volumen solo, sin ayuda.

Dicho esto, y para hacerlo breve, debo decir que Francisco Ibáñez me acompañó durante muchos, muchísimos años. Mortadelo y Filemón son una parte fundamental de mi infancia, y todavía hoy, si tengo un día tonto, me atrevo a comprar alguno de los últimos libros. Ya no es lo mismo, claro: el mundo del comic ha cambiado, yo he cambiado, el humor no es igual que en los ochenta, pero hay un "algo" mágico, una sensación de bienestar inexplicable, que siento cuando abro cualquiera de estos "tebeos" y le dedico un ratito a su lectura. Incluso me viene a la boca una memoria de galletas de chocolate, a mis casi 33 años... Supongo que la infancia era eso: jugar y comer galletas. La parte buena, al menos.

Como todo el mundo sabe, o casi todo el mundo, Mortadelo y Filemón son dos agentes de la T.I.A. que se dedican a resolver crímenes e investigar lo que sea que el jefe de ambos, el Súper, les encargue. Normalmente también aparecen dos secundarios imprescindibles: Ofelia, la secretaria, y el Profesor Bacterio, genio de los inventos. Y punto. No hay más misterio.

He seleccionado estos dos libros porque mi memoria es como es. Cuando pensé en escribir una breve reseñar sobre el libro de mi infancia, automáticamente concluí que no podía elegir TODOS los libros de Mortadelo y Filemón, por mucho que me gustara hacerlo. Así que me dije: ¿cuáles recuerdas vivamente? Y fueron estos dos. El primero, Chapeau el Esmirriau, cuenta la historia de un tipo pequeño con un sombrero alucinante, del que saca todo tipo de objetos, que roba una moneda valiosísima que los dos agentes deben recuperar. En el segundo, El antídoto, Mortadelo y Filemón deben viajar a la República de Bestiolandia para encontrar una hoja de Hierbajus Apestosus Repelentus, con la que podrán curar al Súper de un problemilla físico (careto de cerdo) causado por un invento del Profesor Bacterio.
Las aventuras de Mortadelo y Filemón siempre son iguales: 44 páginas de gags absurdos, Mortadelo disfrazándose de cosas, Filemón echándole la bronca, explosiones, equivocaciones, destrucción, gamberradas, peleas... Un festival del humor en toda regla, inolvidable, siempre con guiños a la situación política o cultural del momento, parodiando las series de televisión, el mundo del espionaje, los personajes públicos... Gracias a ellos, creo, descubrí en mí la afición por la lectura, y aunque no eran más que "tebeos" (en aquellos tiempos no se llamaban comics, y estaban considerados lectura para público infantil y juvenil), fueron cientos las horas que dediqué a revisar cada una de las viñetas, cada frase, cada pequeño chiste. Leí cada volumen con voracidad muchísimas veces, y guardo un cristalino recuerdo de la excitación con que llegaba a mis manos uno que no había leído. Ay, qué tiempos...

En fin. Gracias, Ibáñez, por todo lo que me enseñaste. Especialmente a mirar el mundo siempre, siempre, bajo el prisma del humor. En estos tiempos chungos que vivimos, hacen falta cosas así.


También de Francisco Ibáñez en ULAD: 13, Rue del Percebe

jueves, 1 de diciembre de 2011

El libro de mi infancia: Las gemelas de Sweet Valley, de Francine Pascal y Jamie Suzanne

Título original: Sweet Valley Twins
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1986 en adelante
Valoración: estabienparaniñasdediezaños

No, no os habéis equivocado de blog. Sí, estáis en Un libro al día. Y sí, estoy reseñando los libros de Las gemelas de Sweet Valley. Y no, no estoy loca; por lo menos, no del todo... Y es que si me preguntan qué libros leía de niña, de muy niña, no puedo responder cosas tan dignas como El hobbit o La historia interminable. No me gustaban los libros de fantasía o ciencia ficción a excepción de los Animorphs, ni tampoco los de miedo. Leía Los cinco, Los siete, Las torres de Malory y otras cursiladas "para niñas"; y, sobre todo, seguía con fruición las historietas de las gemelas Wakefield, que como veréis NO son exactamente —aunque casi ;)las mismas odiosas adolescentes que las de aquella serie de televisión.

Quizás lo mejor de estos libros, ambientados en un pequeño pueblo de California, es que eran libros para niños más bien, niñas pero escritos de tal modo que parecían libros para más adultos, o quizás esa sensación me daba a mí. Además había tantos y eran tan baratos que tenía acceso ilimitado a ellos. En los 118 libros la autora tiene tiempo para tratar todo tipo de temas desde diferentes perspectivas, ya que hay un amplísimo espectro de personajes secundarios: aparte de las gemelas Elizabeth y Jessica, sus padres y su hermano Steven, tenemos a los compañeros de instituto. Cada uno de los libros se centra en algunos personajes, aunque por supuesto las gemelas y sus amigos más cercanos siempre aparecen.

Las gemelas de Sweet Valley me ayudaron a crecer en muchos sentidos. Resulta ahora me entero que esta serie que yo leía es en realidad un spin-off de la serie original (a decir verdad, me estoy haciendo un lío y ya no sé cuál era la original...). Lo que tengo claro es que "mis" gemelas estaban en sexto grado (es decir, sexto de primaria), y que cuando empecé a leerlas me parecía que eran muy mayores, con lo cual quizás yo estuviera en segundo, tercero o cuarto de primaria, hasta que llegó un momento en que yo me hice mayor que ellas y sus aventuras perdieron interés para mí. Por lo tanto, me acompañaron durante varios años, básicamente desde que aprendí a leer.

A pesar de ciertos defectos especialmente, ese tufillo a sueño americano, los libros de las gemelas de Sweet Valley me inculcaron ciertos valores. Las dos niñas, pese a ser físicamente idénticas, tenían personalidades opuestas (yo, por supuesto, me identificaba muchísimo más con la estudiosa y ávida lectora Elizabeth que con la engreída y caprichosa Jessica), pero las diferentes vicisitudes que vivían en los libros les ayudaban a mejorar y a superar cada una sus propios defectos y limitaciones, muchas veces propiciadas por ciertos prejuicios que los libros trataban de desmontar. Recuerdo especialmente la historia de Mandy, una compañera del colegio muy poco popular a la que le diagnostican cáncer; a lo largo de la novela, los demás niños van digiriendo lo que esto significa, y finalmente Jessica y el resto del selecto Club de las Unicornio dejan de lado sus absurdos prejuicios y prestan a la niña todo su apoyo.

¿Cuántos libros para niños hay que traten temas tan delicados y aparentemente tan lejanos de la vida infantil como la enfermedad y la muerte? En contra de lo que podría parecer, historias como esta, y otras similares, lograron empezar a concienciarme de ciertos asuntos de los que se suele intentar mantener a los niños apartados. Y me parece que es un gran logro que haya libros que consigan calar tan hondo en una niña de 9 o 10 años sin crearle, a cambio, ningún tipo de trauma en absoluto. Más bien, al contrario.