miércoles, 10 de febrero de 2016

Wilfrid Lupano & Grégory Panaccione: Un océano de amor

Idioma: ¿francés?
Año de publicación: 2014
Valoración: recomendable

Como dice Paco Roca en el prólogo de este libro, casi resulta sacrílego utilizar palabras para hablar sobre un cómic que no tiene ninguna en los diálogos. Ni siquiera onomatopeyas. Toda la narración se sustenta, pues en las imágenes, lo cual, sin duda, no ha resultado fácil para los autores, pero también requiere un cierto esfuerzo por parte del lector. Un esfuerzo muy llevadero y gozoso, hay que decir, y que incluso resulta bastante gratificante, cuando se le coge el tranquillo.

Bien, solventado ya el asunto, que en realidad es anecdótico de la peculiaridad expresiva de esta obra, vamos a lo que importa, que es su contenido: la historia que  nos cuenta, en una tono algo naïf y decididamente simpático, es la de un viejo pescador bretón que sale a faenar con su pequeño barco y, debido a unas peripecias que no desvelaré, para no destriparle la lectura a nadie, se ve perdido y arrastrado a una serie de aventuras, quizás menos inverosímiles de lo que pueda parecer. Entre tanto, su esposa que, al no volver él, está cada vez más preocupada, decide tomar la iniciativa y, en vez de quedarse esperándole, como la loca del muelle de San Blas, va a su encuentro o a lo que ella cree que lo es, viviendo unas peripecias no menos extravagantes y divertidas. Los protagonistas, pues, no son precisamente los típicos de las relatos de amor y aventuras: ni jóvenes, ni guapos, ni ricos... más  bien todo lo contrario, pero eso es lo que le da más encanto a su historia. Al tener que salir de su medio habitual, un pueblecito de la costa bretona, los dos tendrán que adaptarse a las nuevas circunstancias y adaptar sus capacidades, basadas en la tradición, a ese mundo moderno que parece habérseles echado encima. Para ellos, la aventura resulta doble, por tanto. El libro, en el que el mar es un tercer protagonista, que aparece en casi todas las viñetas, es también un toque de atención ecologista, sobre el estercolero en el que estamos convirtiendo los océanos. Eso sí, todo contado, denuncia y momentos azarosos incluidos, con un sentido del humor delicioso y vitalista. No quiero dejar de comentar que además nos encontramos en este cómic con  un "personaje invitado" de lo más inesperado... (no revelaré de quién se trata para no chafarle a nadie la sorpresa).


Se pueden buscar referencias, claro está, a esta entrañable historieta. La más obvia, quizás, en la aparte que atañe al pescador, sea la de la novela El viejo y el mar (recientemente reseñada en ULAD, por cierto); yo añadiría además la de la película La tormenta perfecta (basada en una novela homónima de Sebastian Junger, al parecer). Y, por lo que respecta a la historia de su esposa, me ha recordado, salvando las distancias, Largo domingo de noviazgo, aunque quizás más la película que la novela, pues los protagonistas de aquélla son también bretones, mientras que en el libro de Japrisot, al desaparecido Manex sus compañeros le creen bretón... porque es de Capbreton, en las Landas (dejando aparte, que el estilo del cómic y su humor, basado en los detalles y la reivindicación de las pequeñas cosas, así como cierto ternurismo, recuerda también el del cine de Jean-Pierre Jeunet, o parte de él: Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Amélie...).

En todo caso, sólo quiero reiterar que, más allá de la circunstancia anecdótica de que se trate de una narración "muda", nos encontramos ante una estupenda obra gráfica (magníficas las viñetas que reflejan la tormenta marina, por ejemplo) y una historia divertida y emocionante, de las que da lástima cuando se llega a la página final... Eso sí: abstenerse los alérgicos a las sardinas en lata; que conste que yo ya aviso...





martes, 9 de febrero de 2016

Nacho Carretero: Fariña

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable

En un principio, no parece que Nacho Carretero vaya a ser el Roberto Saviano gallego. Eso espero, en lo que concierne a la amenaza constante, al miedo, a la sentencia de muerte en vida que supone el saberse objeto potencial de una represalia. Ello debería alegrarnos en cuanto a que el talante de ciertas redes de delincuencia sea un poco menos violento, un poco menos vengativo o, vaya usted a saber, un poco más comprensivo con la urgencia de la labor periodística.
Labor ingente, por cierto. En Fariña (vocablo gallego para "harina", y una de las múltiples expresiones que aluden a la cocaína), Carretero efectúa un exhaustivo (aunque, en el fondo, el mundo descrito parece inabarcable) recorrido por todo lo relacionado por el narcotráfico en Galicia. El ilustrativo fajín que adorna el libro lo aclara: Historia e indiscreciones del narcotráfico en Galicia. Y la cosa no puede ser más explícita. Carretero se ahorra valoraciones a lo largo de ese extenso camino; como buen periodista se limita a desgranar hechos, a relacionarlos uno a uno, a dejar que ese goteo cause efecto en el lector, a remarcar los regresos a primera plana de algunos protagonistas, a establecer sus vínculos (acertada mención a García Márquez, esto va de sagas, de clanes) y a esperar, paciente, que la realidad se visualice.
Recuerdo, años atrás, cuando prácticamente cualquier comercio despachaba tabaco, que solía darse a elegir entre el tabaco "legal" y el de contrabando. Ignoro si esa diferencia se notaba en algo al margen del precio, pero aquellos paquetes que carecían del preceptivo sello abonando los correspondientes impuestos iban de mano en mano entre aquellos que fumaban de entre mi entorno. Ese tabaco entraba, en su mayoría, a través de las costas gallegas. Galicia, dice Carretero en los primeros párrafos, dispone de una gran cantidad de kilómetros que dan al mar. En playas y costas, pero también en intrincadas rías de complicado acceso. Allí se efectuaban las "descargas", operaciones minuciosamente planificadas y rápidamente ejecutadas, rapidez relativamente necesaria, pues Carretero dibuja un panorama de permisividad absoluta, cuando no colaboración retribuida, por parte de fuerzas de seguridad locales y estatales, autoridades, políticos, empresarios, vecinos, familiares y toda la pléyade de "agentes" que deberían hacer cumplir las leyes o colaborar en su cumplimiento, y no.
Porque la sociedad que describe Carretero es una sociedad que ha asimilado el contrabando como algo normal, como una industria en que sustenta su economía, como un negocio que hay que preservar y defender usando todos los mecanismos a su alcance. Cuando se pasa del tabaco al hachís o a la cocaína, simplemente se está dando una vuelta de tuerca más, se está trocando riesgo por rentabilidad, se está tratando con otros socios, los carteles colombianos, más peligrosos y exigentes, por lo que hay que demostrar rigor y profesionalidad. Curioso el énfasis del autor en la seriedad de los clanes gallegos en la ejecución de su función. Cuando trafican, escrupulosos, cuando transportan, cumplidores y meticulosos, cuando simplemente usan esas formidables lanchas para descargar los barcos, rápidos y seguros. El arraigo y la respetabilidad, la normalidad, se muestran de las formas más variadas. Niños que quieren ser contrabandistas, como sus padres, vecinos que facilitan cobijo en momentos difíciles, narcos que se consideran a sí mismos como honrados y ejemplares, mujeres de narcos que se quejan de que la ciudad se ha llenado de yonkis...
Se lee casi de un tirón y no escatima diatribas a políticos, autoridades mal coordinadas o directamente pasivas, inhibición del gobierno central, el consabido laissez faire que se va de las manos, hasta que, porque los hay, aparecen los cadáveres, los ajustes de cuentas, las desapariciones, los cambios de bando, y una sordidez que no por no ser siciliana sino gallega, deja de ser sordidez. Gran libro, sí señor.

lunes, 8 de febrero de 2016

Adolf Hitler: Mi lucha

Idioma original: alemán
Título original: Mein Kampf
Año de publicación: 1.925
Valoración: Intragable 

El pasado mes de enero se publicó en Alemania, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, una polémica reedición de Mi lucha, el libro escrito por Adolf Hitler como compendio del pensamiento político del nacional-socialismo. Se trata de una edición crítica, con anotaciones de historiadores y expertos, teóricamente dirigida a desmontar el mito nazi. La reseña actual se refiere no obstante a la edición original, tal cual, y dadas las peculiaridades del autor y el propio texto, intentaré ser lo más aséptico posible.

Dice Hitler en el prefacio que sus seguidores le impulsaron a poner por escrito sus ideas, aunque él considera que es la oratoria y no los textos escritos lo que mueve a las masas a la acción. Es una opinión que reitera en varias ocasiones, y que suena a justificación a priori de sus evidentes limitaciones para componer un texto, frente a las amplias dotes para la comunicación oral que siempre le fueron reconocidas.

Pese a lo que pueda parecer, el libro tiene cierto perfil autobiográfico, en especial en su primera parte, y que reaparece puntualmente en la segunda. El autor va explicando cómo desde su juventud comenzaron a tomar cuerpo las ideas que irá exponiendo, y muy pronto nos encontramos con lo que más o menos todo el mundo espera. Este punto de vista tan subjetivo permite detectar grandes dosis de rencor, que se desprenden en cada etapa que se va describiendo (los años juveniles en Viena, el tiempo en el frente de la Primera Guerra Mundial), y es sin duda el rencor la materia prima sobre la que se asienta el entramado teórico posterior. Es desde luego la voz de la Alemania vencida, humillada y arruinada pero, aún más allá, el tono desabrido y una ironía pobre y amarga ponen de manifiesto el resentimiento de un hombre mediocre que con seguridad carga con unas cuantas frustraciones.  

Como decía antes, enseguida se presentan las tres o cuatro ideas sobre las que se sustenta todo el libro: la supremacía de la raza aria-germánica (una especie de interpretación paleta de Nietzsche) y la consecuente necesidad de la expansión territorial de Alemania; el odio fanático -término que se repite una y otra vez- a la democracia, al marxismo y a los judíos, un triángulo contemplado como una única realidad; la exaltación de la fuerza y la intolerancia como armas políticas... En fin, todo ese universo ideológico del que cualquiera tiene una imagen interiorizada. 

El texto está lejos de la literatura política clásica, no hay una elaboración teórica real, ni las ideas se presentan de forma estructurada, ordenada o coherente. Es un continuo de ocurrencias y opiniones, que en la primera parte versan sobre todo en torno a acontecimientos políticos de la época, y pasan después a intentar conformar el ideario del partido nazi, momento en que el texto se introduce por completo en el terreno de la sandez. Pongamos como muestra este párrafo, referido a la ‘raza aria’:

‘… Resulta ultrajante representar a los pueblos germánicos de la era anterior a Jesucristo como bárbaros desprovistos de cultura. Jamás fueron semejante cosa. El áspero clima de su nórdico país los obligaba a vivir en condiciones que impedían el desarrollo de sus cualidades creadoras’. Criaturas. Valían un montón, pero es que pasaban mucho frío.

Y así, la colección de disparates, trivialidades e invenciones sonrojantes continúa al hablar de la educación, el Estado, la política de alianzas o el cultivo de la gimnasia. Todo ello, eso sí, teñido del mesianismo de un individuo que se creyó llamado a una empresa descomunal que él mismo se inventó.

Quizá lo que más sobrecoge al leer Mi lucha es cómo las ideas y propuestas de acción fueron haciéndose realidad, una tras otra, por absurdas que fuesen, de la mano del militarismo exacerbado y el fanatismo irracional que capturó a toda una nación. El resultado del delirio: una guerra que provocó más de 50 millones de muertos, el exterminio físico de al menos otros 6 millones de judíos y comunistas, y buena parte del planeta devastado.

Y una aclaración sobre la valoración. Como tengo por costumbre ajustarme de forma estricta al baremo propio de ULAD, he dudado mucho con qué calificación quedarme. Había pensado poner un ‘Se deja leer’ como rareza histórica, algo propio de una época pasada que no está de más conocer en su fuente original. Pero, sinceramente, viendo cómo ciertas corrientes -fanatismo religioso, xenofobia, violencia e intolerancia- se extienden por el mundo a estas alturas del siglo XXI, no cabe considerar inocuo semejante texto. Sería por tanto ‘repugnante’ por su contenido; pero como encima está mal escrito, y dice cosas tan alejadas de un mínimo de inteligencia, le dejamos como ‘intragable’. Vamos, que no merece la pena ni por curiosidad.

domingo, 7 de febrero de 2016

César Rendueles: Capitalismo canalla


Idioma: español
Año de publicación: 2015
Valoración: recomendable, incluso para discrepantes ideológicos (o no)

Desde que estalló la crisis económica en 2008 y, sobre todo, desde las protestas de mayo de 2011, han proliferado en España los libros que tratan de explicar dicha crisis y sus consecuencias; y más aún, cuestionar el sistema socioeconómico que la ha sustentado, el turbocapitalismo de la sociedad de libre mercado (que algunos de estos libros sean editados por grandes corporaciones editoriales, incluso transnacionales, no deja de resultar curioso... pero supongo que sólo supondrá cierta incoherencia para quien quiera verlo como tal).          

Capitalismo canalla, como puede suponer cualquiera, ya tan sólo a partir del título, es uno de estos libros que critica sin ambages el sistema económico imperante y su avance triunfante a lo largo de los últimos 500 años, hasta su hegemonía actual. Según Rendueles, este sistema de organización económica y, sobre todo, de división del trabajo, corresponde a una etapa transitoria en la Historia de la humanidad; los propios orígenes del comercio serían éticamente dudosos (ligados a la piratería y el pillaje) y el capitalismo naciente usó el esclavismo como banco de pruebas para el imperialismo colonialista del XIX, mientras que la utilización de ingentes cantidades de mano de obra barata en los países industrializados se basaba en la privación de sus modos de vida tradicionales. El hiperconsumismo y la ofensiva neoliberal de los 80 acabaron con la solidaridad entre la clase trabajadora y el contrato social que regulaba la economía, consecuente del New Deal y la II Guerra Mundial, hasta derivar en la actual mercantilización extrema no sólo de las actividades económicas, sino las de todo tipo realizadas por los humanos, cuya única premisa parece ser el individualismo egoísta y vacío. Las condiciones de trabajo -que parece ser el verdadero asunto del que trata el libro-, en consecuencia, han ido degradándose hacia la precariedad, la alienación y la frustración, incluso en los países más desarrollados. La solución a esta dislocación económica y laboral pasa, por lo que sugiere el autor del libro, por recuperar el espíritu de la organización del trabajo de las economías preindustriales y fomentar la solidaridad entre trabajadores a partir de la reivindicación de actividades que hasta ahora se han tenido menos en cuenta, e incluso desdeñado, como es la del cuidado entre personas.

Bien, uno podrá estar de acuerdo o discrepar de las ideas de Rendueles, pero no se puede negar que las defiende de forma elocuente y sorprendentemente amena. Y -lo que más nos puede interesar a los librópatas- para hacerlo echa mano de una enorme cantidad de referentes literarios, que utiliza a modo de ejemplos, pero también como proposiciones del hilo argumental que trata de explicar (menos efectivas, en cambio, resultan las anécdotas y ejemplos sacadas de su propia experiencia vital... rozando el sonrojo del lector, en algún caso). No se trata de una lista exhaustiva sacada de algún canon literario; como reza el subtítulo del libro, éste pretende ser Una historia personal del capitalismo a través de la literatura, así que el autor ha echado mano de las lecturas que le han influido a lo largo de su vida. Aún así, la relación de escritores y obras citadas es apabullante; mencionando solamente a los más conocidos (por un servidor), nos encontramos con: Georges Perec, Daniel Defoe, Bern Traven, Melville, Tomás Moro, Roald Dahl, Antonio Gamoneda, Jim Thompson, Steinbeck, el Lazarillo de Tormes, Dickens, Wordsworth, Von Kleist, Carlo Levi, Olbracht, Rimbaud, Bertold Brecht, Platónov, Leopardi, Dostoievski, Coetzee, George Elliot, Hesíodo, Julio Llamazares, Delibes, William Blake, Lod Byron, Percy y Mary Shelley, Kipling, Joseph Conrad, Céline, Yeats, Auden, Stephan Zweig, Jünger, Horace McCoy, Kerouac, Anthony Burgess, Primo Levi, Pasolini, Chimamanda Ngozi Adichie, Sue Townsend, Brett Easton Ellis, John Cheever, Borges, Zizek, George Saunders, Goethe, Doris Lessing, Isaac Rosa, Erri de Luca, San Juan de la Cruz, Agustín García Calvo y Gloria Fuertes. Y, por supuesto Marx y Engels (y aún hay más que no menciono).

Como bien puede suponer cualquier lector, el autor del libro ofrece una visión propia y no convencional -desde el punto de vista de la hegemonía político-económica actual- de las relaciones económicas y laborales, sino también de muchas de estad obras literarias. Por poner un ejemplo: para Rendueles, Moby Dick sería "básicamente la historia de un emprendedor enloquecido, el capitán Ahab, que construye una mitología nihilista en torno a un proyecto de exportaciones extractivas y arrastra en su caída a una a una plantilla de trabajadores migrantes precarios"... (aunque, si no recuerdo mal, los tripulantes del Pequod eran más bien socios del capitán, pues se llevaban una parte de las ganancias). O en el caso de En el camino, la interpretación habitual -una novela sobre el ansia la libertad, la contracultura, la experiencia interior...- estaría ocultando su verdadero significado, que es el de un "reduccionismo psicológico profundamente anticipador", cuya radicalidad "es un síntoma de la progresiva normalización de los procesos de ruptura social" tras la II G. M. Una novela en la que "Kerouac consigue convertir en una sensación privada de intensificación subjetiva lo que, en realidad, es una derrota política colectiva en toda regla"...

En fin, "la verdad os hará libres", dice el Evangelio. Yo no sé si eso es cierto, ni dónde está esa verdad (ni mucho menos propugno que sea este en este libro). Pero lo que sí pienso es que buscarla y, sobre todo, reflexionar sobre lo que encontremos, puede parecerse mucho a esa anhelada libertad. A ello, pues...

sábado, 6 de febrero de 2016

Albert Pla: España de mierda

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: se deja leer

Si este libro se vende, será por dos motivos: porque lo firma Albert Pla que como cantante (y actor ocasional) tiene una legión de seguidores fieles; y por el título, escogido para provocar, y que hará que algunos lo compren por afán antiespañolista, y otros por puro morbo, para ver "qué dicen de nosotros estos catalanes". De hecho, si este libro no lo firmase Albert Pla, probablemente ni siquiera se habría publicado, con la de libros mejores que este que se escriben ahora mismo en España (lo que no quiere decir que no se publiquen también cosas peores que este libro. Yo ya me entiendo).

Pero bueno, si obviamos el autor y el título, ¿qué tenemos? Una comedia. Una comedia itinerante y algo tontorrona. Una comedia canalla, podríamos decir, usando el título de la novela de Iván Repila con la que tiene algunas similitudes (pero la novela de Iván Repila está mucho mejor escrita que esta).

La novela empieza como un road trip musical: Raúl, un cantante uruguayo recién llegado a España, se reúne con su agente en Santiago de Compostela, y ahí empieza una gira que le debería llevar a León, a Salamanca, a Madrid, a Bilbao, a Barcelona... Lo que pasa es que pronto empiezan a pasar cosas raras que dificultan el viaje: su coche es aplastado por una manada de peregrinos que avanzan como zombis hacia Santiago; un atentado terrorista pone a León en estado de sitio; un misterioso virus mata solo a los hablantes de catalán (bueno, y de valenciano, y de mallorquín...), etc.

Desde luego, imaginación no le falta a Albert Pla, que mete en la novela tanto a personajes históricos, como Leonardo Da Vinci (un genio tiránico y egoísta que se cargó a casi toda la familia de los antepasados de Raúl con sus experimentos); a personajes actuales de la música y la cultura española como Tamariz, Calamaro o Quimi Portet, o personajes fantasiosos como una raza de extraterrestres que se se se lleva las pirámides de Egipto. Hay bastantes críticas a los políticos corruptos (incluidos los altos cargos universitarios, que al fin y al cabo tienen más de políticos que de profesores), pero no es una crítica que haga demasiada sangre, vista la cantidad y calidad del material corrupto que produce España anualmente.

Lo que este libro no es (y eso hay que agradecerlo) es una acumulación de tópicos sobre España y los españoles al estilo de Ocho apellidos vascos (los andaluces son vagos, los vascos son brutos y comilones, los gallegos no saben si van o vienen, etc.). Y tampoco, a pesar de su título, es un libro que ataque a España, más allá de algunas críticas bastante obvias y de sentido común, así que a los que busquen el morbo antiespañolista que parece prometer su título les va a dejar bastante fríos. Es, en realidad, una novela alocada y ligera, con un hilo conductor muy tenue que sirve básicamente para que Albert Pla dé rienda suelta a sus locuras e incluya cualquier historia que se le pasa por la cabeza (algo así como Airbag, una película en la que por cierto también aparecía Albert Pla).

Tiene puntos graciosos (como el que al cantante uruguayo todo le parezca "muy grande", desde la catedral de Santiago a las playas de Valencia), o la escena de la actuación de Tamariz, en la que acaba habiendo más gente metiéndose rayas en el baño que viendo el espectáculo del mago. Pero incluso como novela cómica se le podría pedir más, en cantidad y en acidez. Se deja leer, sí, pero sospecho que solo los que ya eran fans de Albert Pla antes de leerla la disfrutarán realmente.

viernes, 5 de febrero de 2016

Clara Usón: Valor

Idioma original: español
Año de publicación: 2015
Valoración: muy recomendable

Recuerdo y me condiciona una afirmación de Stephen Vizinczey en lo concerniente a la necesidad de conocer toda la obra de un autor como paso previo antes de aventurarse a escribir una sola reseña sobre cualquiera de sus libros. Cuántos que escribimos sobre libros estaríamos calladitos, y ya no sé decir si el mundo se perdería o se ahorraría algunas barbaries que han quedado escritas para la posteridad. Más cuando existen conceptos como la evolución o la madurez o la pérdida de inspiración, por no hablar de cómo condiciona esos conceptos la voracidad de editores exigiendo cumplir plazos. 
Conceptos con los que es difícil bregar, y estoy seguro que Clara Usón algo de esto tenía en mente cuando Valor era su siguiente novela tras la muy brillante La chica del Este.Y lo primero que diría es que Usón demuestra valentía, porque, y perdonen los aficionados a la novela histórica (obvio mencionar que no lo soy, en absoluto) podría haber elegido el camino fácil de ahondar en más episodios del conflicto balcánico, y vivir cómodamente de las rentas de ser una cronista de aquella época. Para nada lo ha hecho, y la primera consecuencia la notamos apenas unas decenas de páginas inmersos en Valor. Frente a una estructura clásica, Clara Usón apuesta de forma decidida por desorientar al lector, cuando se lanza a una narración definida en cuatro escenarios, relacionados por parejas, y, lejos de ayudar al lector dividiendo por capítulos, salta del uno al otro sin orden ni concierto. Sea en la misma página, en el mismo párrafo, a veces en la misma frase. No es una cuestión de prestar atención para no perder detalle, simplemente cada línea va avanzando, y todas avanzan en algún momento, y nos da la sensación que a la vez.
Tenemos el episodio de la revuelta de Jaca, con Fermín Galán (cuyo fusilamiento inaugura macondianamente la novela) al frente de un levantamiento republicano previo a la Guerra Civil, aplastado con contundencia. Tenemos a Luis Duch, civil de buena familia de Jaca que presta apoyo al golpe, desde la comodidad económica de ser hijo único de familia bienestante. Y en la proximidad de nuestros días tenemos a Mati Oliván, directiva de sucursal de caja de ahorros levantina metida en lo de colocar preferentes, atribulada a tres bandas, por una amiga antigua compañera que se ha entregado a otro nivel de engaños: la cosa ésa del budismo, lo ayurvédico, el reiki y otras historias para sacar cuartos a incautos, por Paco, un marido infiel que retrata las corruptelas de la construcción y las contratas, y por Mar, adolescente rebelde y desorientada, niña de quince años que insulta a Justin Bieber por Twitter a la par que tiene un póster suyo en la habitación, niña enganchada al smartphone en vez de estudiar o hacer los deberes, paradigma de esos niños de la llave a los que nos condena la sociedad hipercompetitiva. La primera parte del libro, esas casi 200 páginas aceleradas, caóticas a conciencia, combinación de estilos, diálogos, alguna licencia extemporánea que puede que asuste a según quién, es una brillante antesala. No estamos ante La chica del Este 2. 
Pero hete aquí que la segunda parte nos lleva a los Balcanes. No a los de los 90. Dura narración de la cruel depuración perpetrada, en nombre de la religión, por los ustachas croatas, con la connivencia de media Europa, liada en la II Guerra Mundial, donde el protagonista es un sacerdote fundamentalista en medio de una severa crisis de personalidad. Porque es gay y está allí, en un campo de concentración croata contribuyendo a la aniquilación de serbios, judíos, gitanos, gays. O se convierten al catolicismo, y a veces ni eso sirve, o los aniquilan. Terrible, escalofriante narración despojada de cualquier prejuicio donde se palpa la tragedia en cada página y donde el sacerdote se muestra cruel, caprichoso, con una especie de sensibilidad hipócrita de superviviente a costa de lo que sea. Difícil de digerir, pero el palo que la Usón le sacude a la religión es tan sutil como formidable.
Y la tercera parte, brillante, casi irónica, donde un gigoló aficionado es subcontratado por Mati en una especie de capricho de mujer madura entregada a la decadencia. No debería seguir escribiendo, pero lo resuelve todo y lo cuadra con brillantez. Apuesta por la conmoción antes que por la emoción, y eso tiene un resultado magnífico.

Una vez más, Usón me recuerda en su minuciosidad y precisión a Cercas, pero sin recurrir a la insistencia que a veces condiciona al escritor extremeño. Tampoco interviene en primera persona y aquí lo metaliterario queda eclipsado por lo meticuloso de la contextualización. Los detalles no son capitales, pero son importantes. Poco más puedo decir. Dos libros leídos, dos estupendos libros.

También de Clara Usón en ULAD: La hija del Este

jueves, 4 de febrero de 2016

Semana de la autobiografía (bis): Mi último suspiro de Luis Buñuel

Idioma original: francés
Título original: Mon dernier soupir
Traducción: Ana María de la Fuente
Año de publicación: 1982
Valoración: Muy recomendable

Pues sí, este es un libro que podría perfectamente haber entrado en la semana de la autobiografía (que está visto que se nos quedó corta), pero como entonces no me dio tiempo, pues lo reseño ahora, total, quién se va a dar cuenta.

Ya sabéis (los que lo sabéis) que no soy lector asiduo de autobiografías, memorias, diarios y cosas del género, pero mi amiga Leyre, que sí lo es (lectora asidua de este tipo de obras, digo) me regaló Mi último suspiro estas navidades pasadas, porque le había encantado. Y como en general me fío del criterio de Leyre (aunque no le guste Faulkner), pues me decidí a darle una oportunidad con la mente abierta.

Cuando llevaba aproximadamente cien páginas, iba pensando cómo decirle a Leyre que en fin, que bien, pero no. Porque esas cien páginas hablan de la infancia de Buñuel como hijo de una familia bien de Zaragoza, y la verdad, no tiene demasiado de particular. Incluso el apartado dedicado a la Residencia de Estudiantes, que yo anticipaba con mucha curiosidad, resulta un poco anodino, y mucho menos ácido de lo que esperaba, teniendo en cuenta la imagen pendenciera y algo bruta que tenemos de Buñuel (y que, la verdad, no creo que se aleje demasiado de la realidad).

Lo que pasa es que justo en la página 98 del libro (año 1925 en la vida real) Buñuel se muda a París, y a partir de ahí el libro me enganchó y las siguientes doscientas páginas las devoré prácticamente en una noche. Porque la vida de Buñuel fue realmente apasionante: en el París de los años 20 coincidió y se hizo amigo y cómplice de toda la élite surrealista (Breton, Aragon, Éluard, Max Ernst...); viajó también al Hollywood de los grandes estudios, donde conoció, en diferentes momentos de su vida, a mitos como Fritz Lang, Chaplin, Hitchcock, vivió la guerra civil en primera fila, en un Madrid republicano pero dividido, y después el exilio en Francia, Estados Unidos y finalmente México...

Quizá los párrafos más hermosos del libro se los dedica Buñuel a Lorca, pero no al Lorca poeta o dramaturgo, sino a la persona; creo que merece la pena copiar uno de ellos aquí.
De todos los seres vivos que he conocido, Federico es el primero. No hablo de su teatro ni de su poesía, hablo de él. La obra maestra era él. Me parece, incluso, difícil encontrar a alguien semejante. Ya se pusiera al piano para interpretar a Chopin, ya improvisara una pantomima o una breve escena teatral, era irresistible. Podía leer cualquier cosa, y la belleza brotaba siempre de sus labios. Tenía pasión, alegría, juventud. Era como una llama. Cuando lo conocí, en la Residencia de Estudiantes, yo era un atleta provinciano bastante rudo. Por la fuerza de nuestra amistad, él me transformó, me hizo conocer otro mundo. Le debo más de cuanto podría expresar.

De Dalí, en cambio, no tiene tantas cosas buenas que decir. Habla, claro, de la colaboración entre ambos para crear Un chien andalou, pero el Dalí posterior, sobre todo después de conocer a Gala, se nos presenta como un ser egocéntrico, engreído, apovechado, traicionero, infantil, ridículo. Una frase suya en un texto de autoglorificación fue el causante, por ejemplo, de que Buñuel perdiera su trabajo en el MoMA después de la guerra.

Como era de esperar, el cine ocupa un lugar importante en estas memorias, así que los que estén familiarizados con la filmografía de Buñuel podrán seguirla prácticamente año a año; pero los comentarios del realizador no son críticos o cinematográficos, sino más bien impresiones, anécdotas, emociones asociadas al rodaje o a las proyecciones de las películas. El escándalo lo acompañó durante casi toda su carrera (desde Un chien andalou y La edad de oro, hasta Los olvidados o Viridiana), un escándalo que Buñuel no rehuía sino que asumía como consecuencia de su propia libertad creativa y moral.

Cuando se termina el libro, no nos quedamos con una imagen idealizada de Buñuel: cuando tiene que ser "políticamente incorrecto" lo es (como cuando dice que le gustaría volar el Guernica de Picasso o cuando niega valor a las películas de Charlot), varias veces insiste en su carácter algo difícil, en sus maneras bruscas y sus manías inalterables. Lo que sí se tiene es una visión más humana, más poliédrica de su personalidad. Sus películas son geniales, y deben ser vistas por sí mismas independientemente de la simpatía o antipatía que nos pueda producir su creador; pero después de leer las largas confesiones del hombre que las creó, me parece que pueden verse con algo más de comprensión y hasta ternura.