domingo, 21 de julio de 2024

Aki Shimazaki: Suzuran

Idioma original: francés

Título original: Suzuran

Traducción: Robert Joan-Cantavella

Año de publicación: 2019

Valoración: está bien

“Los Temerarios” es una banda mexicana de música grupera y de baladas románticas, de esas con la que los borrachos se ponen a tomar cuando la fiesta ya está en las últimas. Es uno de los grupos musicales más reconocidos de México… hace 30 años. En México ya nadie los escucha, pero su agenda está llena de conciertos en Estados Unidos. ¿Por qué? La respuesta es sencilla para quienes conocen la situación migratoria de México: esos mexicanos que cruzaron la frontera ilegalmente y no pueden regresar a su país, siguen viviendo en el México que dejaron atrás.

Aki Shimazaki nació en Japón, pero lleva viviendo en Canadá desde hace más de 40 años. Me sorprende que la mayoría de sus novelas estén escritas en francés, su segundo idioma (con lo difícil que es escribir en el propio idioma). A diferencia de Ishiguro, que para algunos está demasiado “occidentalizado”, las novelas de Shimazaki hablan de Japón. Basta ver los títulos para darse cuenta de que Shimazaki extraña su tierra. Pero, como aquellos mexicanos que escuchan a “Los Temerarios” con nostalgia, Shimazaki vive en un Japón que ya no existe.

Suzuran es la historia de dos hermanas. La mayor, ambiciosa, hedonista, calculadora. La menor, la protagonista de la historia, sensible, empática, muy unida a su familia. Esta última, Anzu lleva una vida indolente, alejada de las pasiones. Dedica su vida a criar a su hijo, y a su vocación desde niña, la alfarería. Pareciera que el proceso de moldear y cocer la arcilla le permite dar forma sus ideas, a sus sentimientos, a sus frustraciones. Cada pieza lleva un nombre. Su jarrón favorito, Suzuran, será una especie de fetiche, que le servirá a Anzu de anclaje para evitar ser arrastrada por el desbordante pasado con su hermana.

A pesar de haber pasado décadas fuera de Japón, Shimazaki conserva una conexión profunda con su tierra natal, evidente su sensibilidad para captar las sutilezas del comportamiento humano. A través de sus personajes y su narración llena de metáforas, Shimazaki nos presenta temas como la identidad, la familia y el paso del tiempo. Esta habilidad para mantener viva su herencia cultural, mientras se expresa en un idioma adoptado, es testimonio de su maestría literaria. Sin embargo, y retomando mi introducción. Ese país al que Shimazaki hace referencia, es un mundo alterado y embellecido artificialmente por su nostalgia. La forma de vida y las tradiciones de dicho mundo parecen propias de una ensoñación, en el que los personajes parecen movidos por fuerzas externas, llamémosle fatalidad si se quiere, aunque por momentos parecen estar a la deriva. Tengo que aceptar, no obstante, que la mezcla de esa nostalgia idealizada y la realidad cruda es lo que hace que sus obras sean, si no auténticas, tan conmovedoras.

Rant: ¿Por qué las editoriales se empecinan en hacernos tragar las novelas japonesas como algo exótico, evitando traducir ciertas palabras? El ofuro es una bañera, el kamataki es el horno donde se coce la cerámica, yakimono no es otra cosa que cerámica, y la lista sigue. A mi parecer, solo hace que se pierda el foco del texto y acabe siendo otra “novela japonesa”.



sábado, 20 de julio de 2024

Bernardo Atxaga: El hijo del acordeonista

Idioma original: euskera

Título original: Soinujolearen semea

Traducción: Asun Garikano y Bernardo Atxaga

Año de publicación: 2003

Valoración: Recomendable


'La gran novela vasca', es uno de los ditirambos que, como es habitual, lucen en la solapa del libro. Eso de la gran novela quiere tener un aura definitiva, la gran obra que representa a un país, una lengua, que debe ser un texto de extensión generosa, con guiños a la identidad de la cultura en cuestión, y que recorre una parte significativa de su historia a través de unos personajes o de una saga. A todos estos parámetros se ajusta en líneas generales la que creo que es la novela más extensa de Bernardo Atxaga, de manera que, al menos conceptualmente, podría entrar en esa supuesta categoría.

La acción se sitúa en la localización imaginaria clásica del autor, Obaba, una pequeña población, paradigma de la Euskadi rural, que Atxaga fundó en su obra más conocida. Allá por los años sesenta del siglo pasado, el protagonismo lo adquiere un grupo de jóvenes del pueblo, algunos más abiertos a lo urbano, otros incrustados en las tradiciones más rústicas de las pequeñas aldeas montaraces. Esta podría ser, con sus divergencias y conexiones, la primera de varias segmentaciones de aquella primera generación nacida después de la Guerra civil. Porque precisamente otra de las grietas, en principio poco visibles, serán sus antecedentes familiares, en unos casos muertos o represaliados, en otros adictos al bando franquista en distintos grados, simpatizantes, colaboradores o directamente asesinos. Algunos saben y callan, porque la guerra terminó hace mucho, por miedo, espíritu de supervivencia o por simple amistad. Lo que en principio parece ajeno a la vida despreocupada de los jóvenes, va asomando poco a poco, fruto de la casualidad o de la curiosidad, hasta empezar a marcar su propia vida.

Las heridas de la guerra, mal cicatrizadas y ocultas quizá por la voluntad de olvidar para poder seguir adelante, se reproducen sin embargo en estos jóvenes que no la vivieron, y que conviven sin embargo con algunos de sus responsables, ahora bien colocados por el régimen. Los chicos asimilan el pasado, lo entienden a su manera, muchas veces diferente a la de sus mayores, y en poco tiempo se embarcan en una lucha voluntarista, a veces bajo una ideología muy marcada, otras impulsada por la simple necesidad de ‘hacer algo’. Encontrándonos en Euskadi, en un pequeño pueblo donde se conservan bien las esencias, en esa decisiva década de los sesenta, no es difícil adivinar que estamos ante el germen de ETA, una pequeña parte de cuyo desarrollo veremos también.

Atxaga tiene un estilo bien reconocible, sosegado, se podría decir que amable y, si convenimos que la vida no es tan trepidante como a veces nos la quieren presentar, se puede decir que su cadencia se ajusta muy bien a la realidad. Es decir, que acompasa el relato a un ritmo más bien lento que, hay que reconocerlo, puede hacerse algo pesado cuando la narración, como es el caso, tiene un crescendo de fondo bastante evidente. Otra cosa es que voluntariamente haya querido retirar el foco de lo que parecía más importante, el inicio de la violencia política, para reducirlo a consecuencia, inevitable aunque indeseable, del descubrimiento de un pasado que opera también como elemento de maduración. De esta forma, aquellos jóvenes de Obaba, entre los problemas cotidianos de su mundo más o menos idílico, van descubriendo, y el lector con ellos, las sombras de lo que se suponía oculto bajo una trampilla o tras un silencio hosco, y llega así la ruptura con una vida anterior que parece lejana aunque solo hayan pasado unos meses. 

Encontramos también algunos otros aspectos significativos de la prosa del autor de Asteasu, su capacidad para levantar personajes y diferenciarlos con sutileza, la afición por la diversidad de localizaciones, a veces quizá algo forzada (de California a Japón, nada menos) o la necesidad de subrayar el protagonismo de la lengua, la ‘vieja lengua’ que en el relato parece sucumbir más por la diáspora, una globalización avant la lettre, que por la represión o la colonización cultural (Y aquí tengo que reiterar, detalle menor desde luego, que siempre me resulta algo enojoso el empleo de una especie de traducción simultánea, no solo del euskera, que podría haberse resuelto mucho mejor mediante notas al pie, por ejemplo).

Tal vez sea mucho considerarla la gran novela vasca, aunque por argumento, localización y momento histórico, incluso por extensión, pudiera cumplir los supuestos requisitos. Pero es desde luego un libro muy estimable, que puede leerse igualmente como obra narrativa en sí, o como retrato de una época y unas circunstancias, si es que nos interesa esta otra vertiente.

Otras obras de Bernardo Atxaga reseñadas en ULADDesde el otro ladoObabakoakEsos cielosSiete casas en FranciaEl hombre solo


viernes, 19 de julio de 2024

Edmund White: Una vida anterior

Idioma original: Inglés 
Título original: A previous life
Traducción: Ariel Schettini
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable

Nos ha salido juguetón Edmund White. Así, en el capítulo I nos sitúa en el año 2050 y nos hace pensar en una distopía (o en una utopía, que siempre nos vamos por el lado malo, caray) que resulta que no es tal; en la página 13 ya aparece el propio Edmund White como personaje de la novela y nos hace pensar en juegos metalitararios y modernidades varias que aparecen, sí, pero no ocupan un lugar primordial en el texto, etc. Pero todo lo anterior no dejan de ser guiños al lector y no ocultan que Una vida anterior es una novela, en el fondo, clásica.

En ella, el tema principal es del amor y el deseo, si bien muchas son las ramificaciones que este admite. Por ejemplo, la (in)seguridad, la autopercepción, el deseo de estabilidad y las ansias de aventura, la belleza, etc. 

Para ello, el autor recurre al doble relato confesional. Por un lado está Ruggero, egocéntrico e inseguro aristócrata de origen siciliano y clavecinista profesional de 70 años; por otro está Constance, mujer de unos 40 años que conforma con Ruggero una "extraña pareja" que rememora su pasado amoroso, en el que ocupa un lugar fundamental Edmund White . Y aquí entra narración pura, cartas, correos electrónicos, etc. 

Esa doble vertiente permite al autor escribir dos "subnovelas" bien diferentes: una con ecos de Bearn o el Gatopardo, con esa aristocracia decadente más pendiente de placeres hedonistas que de crudas realidades, y otra muy muy norteamericana. Personalmente, me quedo con la atmósfera que transmite la narración de Ruggero, si bien la conjunción de ambas funciona.

Pero tanto en una como en otra hay sexo (mucho) y en todas las "variantes" posibles. Y aquí creo que White lo hace muy bien. Es posible que haya escenas o pasajes en los que "se recree", pero por lo general las escenas sexuales no son "gratuitas" dentro de la trama y, sobre todo, resultan plenamente creíbles. Creo que escribir bien sobre sexo (y no digamos practicar buen sexo que nos metemos en un berenjenal del carajo) es algo de lo más complicado y White lo resuelve de forma mas que satisfactoria.

Quizá la parte final de la novela, en la que hay una ruptura con el tono confesional anterior y que se centra el la visión desde fuera de la relación entre Ruggero y Edmund White, resulte la más floja del conjunto. Puedo entender el sentido de la misma, ese ofrecer "el otro lado del espejo", pero no sé si realmente era necesaria. Prefiero quedarme con lo que cuentan los protagonistas en primera persona y hacer yo mis conjeturas sobre lo que pudo o no pasar, lo que puede ser cierto y lo que no.

Pese a este pequeño bajón final, Una vida anterior resulta una novela recomendable, tanto por lo que supone de indagación en loa mecanismos de amor, el sexo y el deseo como por las diversas capas y desvíos que en esa indagación sigue. 

jueves, 18 de julio de 2024

Grady Hendrix: Guía del club de lectura para matar vampiros

Idioma original: inglés

Título original: The Southern Book Club's Guide to Slaying Vampires

Año de publicación: 2020

Traducción: Paz Pruneda

Valoración: recomendable

Al igual que todo escritor español tiene derecho a escribir una novela sobre la Guerra Civil o todo escritor sueco puede escribir una novela negra donde podamos descubrir las costuras del supuesto paraíso del bienestar escandinavo, todo escritor/a del género de terror tiene derecho a escribir una novela de vampiros. Al menos una (y si le sale bien, mejor sólo una); ahí tenemos ejemplos tan notorios y ¿felices? (no sé si es el adjetivo más adecuado) como El misterio de Salem's Lot del Rey, o Déjame entrar del sueco John Ajvide Lindqvist (éste mató dos pájaros de un tiro). Pues bien, una de las estrellas rutilantes de la última hornada del género, el simpático Grady Hendrix, en su aparentemente irónico recorrido por todos los topics y tópicos del terror nos ofreció hace unos años su aportación vampírica, que, de acuerdo con su querencia hacia los títulos más bien larguitos y aparentemente humorísticos, no podía titularse simplemente Sangre en los suburbios, Anochecer sangriento, Vecinos sanguinarios o cualquier otra variante que contuviera alguna palabra con la raíz "sang-"... Eso sí, el término "vampiros" lo puso, no sea que alguien se confundiese y pensara que estaba ante una novela cuqui sobre señoras que se reúnen para tomar el té mientras hablan de literatura romántica.

Algo de eso hay, no obstante, sólo que dichas señoras no se reúnen para hablar de novelas románticas sino de libros de true-crimes y sucesos truculentos en general. Y el elemento vampírico, aviso ya desde ahora, no se ajusta exactamente al canon al que estamos acostumbrados: en vez de un rutilante pero perturbador conde extranjero o los misteriosos nuevos habitantes de un caserón desvencijado, personajes que hubieran sido de inmediato detectados y neutralizados en la asimismo cuqui comunidad de Mount Pleasant, a las afueras de Charleston, Carolina del Sur (de donde procede el propio Hendrix, así que cabe suponer que conocerá bien de lo que habla), encontramos aquí, y perdón por el spoiler, a un atractivo sujeto que se integra perfectamente en ese entorno e incluso se convierte en un pilar de la comunidad, fuente de ingresos de las familias a las que encandila. En este punto podemos encontrar una de las posibles lecturas subyacentes de esta novela, que se puede interpretar como una metáfora de lo que la economía especulativa, el enriquecimiento fácil y rápido o, ¿por qué no llamarlo así?, la avaricia turbocapitalista le ha causado a la clase media norteamericana e incluso mundial... (algo de eso sabemos en la España post-crisis, aunque a algunos ya se les haya olvidado). 

Otra lectura, más evidente, de hecho, es la del empoderamiento femenino: se nos cuentan las aventuras de un grupo de amas de casa (ni pruebas ni dudas de que Hendrix tenía en mente la serie Desperate Housewives cuando escribió esta novela) de las que no se espera otra cosa que mantener en orden sus hogares  y entretenerse leyendo libros --en el caso de Patricia, la protagonista principal, fue enfermera, pero dejó sus carrera para que su marido pudiera prosperar en la suya como psiquiatra-, pero que acaban combatiendo a una fuerza maligna sobrenatural que amenaza a sus familias ya su comunidad y que, en gran medida, representa el epítome del machismo imperante en su sociedad -sin olvidar, claro, que sus maridos también son unas joyitas, a ese respecto-; que la novela la haya escrito un señor no invalida esta interpretación de la misma, sino que, a mi juicio, la fundamenta aún más, si cabe, pues si fuera obra de una escritora de convicciones feministas se le podría atribuir una intención adoctrinadora que, en este caso, no resulta tan evidente, quedando diluida, (si bien presente) además, en una historia de, al fin y al cabo, inequívoca impronta terrorífica.

Y es en este punto donde puede haber más disensión sobre la novela, me parece a mí, al menos entre los aficionados al género de terror, pues si bien esta es una obra, sin duda, perteneciente al mismo y podemos encontrar en ella varios pasajes de una agobiante tensión y considerable repeluzno, es cierto que el autor se detiene mucho más en los aspectos costumbrista y en la relación entre los personajes -sobre todo femeninos- que en el componente vampírico, en este caso, de la historia. Lo cual, por una parte, resulta conveniente para construir una narración sólida y, por otra, el hecho de dejar un tanto en el misterio el elemento sobrenatural de la novela a mí tampoco me disgusta, pero puedo entender que a los fans más conspicuos del terror y, sobre todo, de los vampiros, la novela les deje un poco insatisfechos e insatisfechas (pues quizás las amantes del subgénero vampírico sean más mujeres que hombres, no sé).

No obstante lo anterior, creedme cuando os digo que Guía del club de lectura... resulta una novela de lo más entretenida, suficientemente terrorífica y con un ritmo narrativo adictivo, que hará imposible que nadie deje a la mitad sus más de cuatrocientas páginas. Especialmente adecuada, además, en mi humilde opinión, para ser comentada en los muchos clubes de lectura que, felizmente, proliferan por doquier y que suelen contar con una mayoría femenina entre sus componentes. Os aseguro, chicas, que no volveréis a mirar con los mismos ojos a ese solitario maromo que se deja caer de vez en cuando por vuestro club... ; )


Otras novelas de Grady Hendrix reseñadas en Un Libro Al Día: HorrorstörGrupo de apoyo para final girlsCómo vender una casa encantada

miércoles, 17 de julio de 2024

Isabelle Aupy: El hombre que dejó de querer a los gatos

Idioma original: francés
Título original: L'homme qui n'aimait plus les chats
Traducción: Mia Tarradas en catalán para Raig Verd y Jean-François Silvente en castellano para Rayo Verde
Año de publicación: 2019
Valoración: está bien

Hay cierto debate en cuanto al encaje de las lecturas en una determinada época del año u otra, pues los hay que esperan al calor del verano para sumergirse en un libro que les ofrezca un puro entretenimiento y que sea sin que suponga demasiado esfuerzo lector; otros, en cambio, prefieren adentrarse en libros voluminosos, pues las vacaciones permiten (en teoría) disponer de tiempo suficiente para abordar libros que por su complejidad o su extensión requieren un tiempo necesario que no encontramos durante el resto del año. En este caso, el libro de Isabelle Aupy entraría en el primer grupo, aunque, siendo narrado en forma de evidente metáfora, ofrece más de lo que aparenta en una primera lectura. ¡Vamos allá!

Este breve libro nos habla de una pequeña isla poblada por pocas personas y muchísimos gatos. Gatos de todos los tipos y colores, de todos los comportamientos posibles y maneras de ser. Los habitantes de la isla están acostumbrados a ellos, pues conviven en el día a día y siempre se dejan ver entre las casas y los patios. Pero de golpe, un día, en esa isla, desaparecen todos los gatos y los habitantes los extrañan, acostumbrados como estaban a verlos siempre merodear y pasearse entre ellos. Este incidente deja sorprendidos y descolocados a los habitantes de la isla, pues no saben qué ha sucedido, el porqué, ni saben cómo afrontar la situación. Ellos tienen un carácter tranquilo, amistoso, porque en la isla «todos éramos refugiados, como se dice. Sí, la gente venía aquí para encontrar refugio, se iba del continente porque ya no podía más, buscaba un lugar donde vivir mejor, estar mejor, o puede que no forzosamente: encontrar una forma de ser uno mismo y ya está». Pero, superado el asombro inicial, se percatan que quienes han provocado que no queden gatos tienen otras intenciones, más perversas de lo que parecía: la voluntad de interferir en las costumbres de los habitantes de la isla y las relaciones entre ellos.

Escrito en forma de metáfora, el libro nos habla de la seguridad de nuestra sociedad basada en la estabilidad de las cosas del día a día y la amenaza que suponen aquellos que pretenden cambiarla imponiendo nuevas costumbres, nuevos hábitos, forzándonos a cambiar la realidad a menos que nos rebelemos contra ello y luchemos por los derechos conseguidos sin cesar en nuestro empeño, porque tal y como afirma uno de los personajes hablando de las cosas que antes poseían, «nos las quitaban porque habíamos dejado que nos lo hicieran. Nos las quitaban porque habían puesto palabras a unas necesidades que no eran nuestras. Y como una panda de zoquetes, encima fuimos a darles las gracias».

Debo reconocer que el libro no me ha causado el impacto que esperaba, no sé si por el enfoque, por el lenguaje o por una trama muy simple, pero seguramente la razón de ello es el estilo utilizado por la autora. Escrito con un lenguaje plano, casi orientado a un público infantil en forma aunque no en contenido, el narrador en primera persona nos cuenta la historia como si de una fábula se tratara, como un cuento contado a un grupo de jóvenes formando un círculo en torno a un fuego en el campo, aunque el mensaje que esconde bajo una capa de supuesta superficialidad es bastante más preocupante. Un mensaje que refuerza la importancia del lenguaje y de cómo y con qué finalidad usamos las palabras, y la importancia de no dejarnos llevar por la corriente de un pensamiento que bajo una capa de inocencia puede esconder auténticas perversiones. 


martes, 16 de julio de 2024

Reseña + Entrevista: Visceral de María Fernanda Ampuero

Idioma original:
español
Año de publicación: 2024
Valoración: Muy recomendable
 
Empiezo por decir que María Fernanda Ampuero es una autora a la que admiro y a la que sigo desde hace unos años (y por eso ha sido un especial placer poder entrevistarla); he leído sus libros de relatos góticos / de terror Pelea de gallos y Sacrificios humanos y el segundo de ellos incluso ha sido una de las lecturas en alguna de mis clases de Literatura Hispanoamericana. Así que cuando vi que había sacado un nuevo libro, este Visceral, me lancé a comprarlo, sin leer nada al respecto y pensando que compraba un libro semejante a los anteriores, en cuanto a género y temas.

Y no, Visceral no es un libro de cuentos, ni siquiera es un libro de ficción; y tampoco es un libro de género fantástico o de terror, aunque quien haya leído los cuentos de Sacrificios humanos reconocerá las evidentes continuidades en cuanto a las preocupaciones de la autora: el colonialismo y la migración, la violencia contra las mujeres y el machismo.... De hecho, como el propio texto de Visceral dice en un determinado momento, el terror es un género que expresa el Zeitgeist, los miedos y ansiedades de cada época. 

Si Visceral no es un libro de relatos, ni de ficción, ¿entonces qué es? Pues uno de esos libros que se suelen calificar como "inclasificables", por su carácter híbrido y su diversidad textual. Con capítulos que están próximos del ensayo o de la crónica, otros de las memorias o el diario, y algunos, sí, también próximos del relato, o incluso de la prosa poética. En muchos de los capítulos, o fragmentos, también nos internamos en el ámbito de eso que de forma bastante poco definida se denomina "autoficción", o "narrativas del yo", como las denominó Pozuelo Yvancos, ya que la narradora y protagonista comparte muchas características (nombre, origen, experiencias vitales) con la propia María Fernanda Ampuero.

Lo que da unidad al libro es, entonces, un tema que muta en diferentes manifestaciones: la violencia, la injusticia, el abuso o la desigualdad, sea en las coordenadas de raza, clase, género u orientación sexual, en relación con los cuerpos no normativos o conn las personas neurodivergentes. Hay, de hecho, me parece percibir, un plan o estructura en el desarrollo del libro, que comienza tratando temas de colonialidad e imperialismo (aunque con una perspectiva de género que no tiene por ejemplo Galeano, claro), introduce después la cuestión de la migración, obviamente relacionada con la anterior, y a través de este tema se introduce el tema de la familia, la gordofobia, la violencia de género, acabando por fin en un registro más privado, casi íntimo, también cronológicamente más próximo: el de la pandemia y la post-pandemia, y sus efectos en la salud mental (y obviamente en la física) de las personas.

Confieso que me costó un poco entrar en el libro, probablemente por la sorpresa de no estar leyendo el libro que esperaba, y también porque los primeros textos sobre la violencia colonial me parecen algo menos originales. Pero no hizo falta ni llegar a la mitad, para que textos como "Mórbida" o "Gorda" (cuyo tema no es difícil deducir) me convenciesen de que estaba ante un librazo. Un libro visceral, como su título indica, una bomba de rabia y denuncia en la que la honestidad y la justicia de sus reivincidaciones se alía con un lenguaje potente y una maleabilidad estilística notable. En definitiva, una gran lectura que añade nuevas facetas a la trayectoria de una escritora fundamental.

Entrevista:



lunes, 15 de julio de 2024

Javier Melero: Frágil virtud

Idioma original: español

Año de publicación: 2023

Valoración: flojísimo

Javier Melero, autor de esta novela, es abogado. Un abogado penalista, popular como representante de algunos de los políticos del juicio del Procés. Cosa que le reportó cierta repercusión y, al margen de su desempeño profesional, aunque como consecuencia de éste, es convocado con cierta frecuencia para participar en tertulias, no siempre de signo político, aunque, en cualquier caso, suele desmarcarse de la corriente mayoritaria e incluso ha colaborado con algún medio cultural relevante. Quiero decir, no es que fuera cuestión de tiempo el que fuera a lanzarse a la narrativa, creo que no es tan conocido como para ser llamado "escritor mediático". Definición que, en nuestro cerrado micromundo, resulta algo peyorativa. Pero algo en su oratoria hacía prever que pensaba que tenía algo que aportar, aparte de llevar casos célebres desde su bufete.

Cuatro veces, desde la portada hasta una página antes de empezar la historia, se nos advierte de que Frágil virtud está basada en hechos reales, en un caso real en particular en el que, todo hace suponer, el propio Melero debió intervenir como abogado penalista. Por supuesto, nombres y circunstancias demasiado obvias han sido debidamente alterados para evitar problemas. Y por supuestísimo que todo ello ha dado rienda suelta al autor para tomarse todas las licencias creativas necesarias para construir una historia con algún pulso narrativo, porque aquí hay crímenes, trama empresarial, investigadores, cuerpos policiales y toda la clase de personajes propios de lo que algo que se define como "a medio camino entre el true crime y la novela negra" comporta. Un empresario asesinado como punto de partida que implica socios, sicarios, mafias, cambiazos de paquetes de droga, sospechas policiales, escenas sexualmente explícitas para demostrar que no todo es trabajo... Y abogados. Claro. Mi valoración alternativa debería ser zapatero a tus zapatos porque Melero, a pesar de su empeño, aquí solamente demuestra escasa pericia narrativa, desde su incapacidad para ser claro en el desarrollo de la trama - sólo nos queda claro que el narrador es el propio abogado del acusado de los crímenes - hasta su nula habilidad en generar un crescendo narrativo que justifique esta lectura. Porque ese personaje interpuesto parece más pendiente de ir dejando caer opiniones, sean sobre el escenario de la acción, una Barcelona turística y gentrificada, sobre la oferta gastronómica y/o alcohólica de los lugares (estos sí, reales) a los que acude, sobre los propios políticos, incluyendo sutilmente algunos muy afines a aquellos a los que representó, más pendiente de eso a veces que del propio proceder profesional.

Aunque el lastre definitivo de la novela, aparte de una prosa algo proclive a las comparaciones obvias y a las divagaciones con tal de justificar una opinión o una referencia cultural algo forzada, son los diálogos. La novela está repleta de ellos y son un alarmante talón de Aquiles. Cuando no nos estamos yendo en exceso hacia la jerga gremial, (quizás Melero debería recordar que a quien le interese el género criminal o incluso los procesos judiciales esto ya lo tiene muy visto), los cruces de frases entre los personajes resultan o estereotipados o nada creíbles, sin el mínimo atisbo de ser reales y no escenificados para explicar situaciones. Con no pocos términos claramente extemporáneos e incluso expresiones demasiado ancladas generacionalmente. Melero, que en sus intervenciones en otros medios se expresa con claridad e incluso una amena elocuencia, aquí parece un boomer haciéndose el gracioso con los amigos de sus hijos. Y por brillante que uno sea en el plano corto, en una entrevista, debería hacerse a la idea de que esta no es una novela que uno pueda defender.