viernes, 13 de diciembre de 2013

Uxue Alberdi: El juego de las sillas

Idioma original: euskera
Título original: Aulki-jokoa
Fecha de publicación: 2009
Valoración: recomendable


Todos conocemos el juego de las sillas y cómo cada participante termina, antes o después, por abandonar el mismo. El juego de las sillas de Uxue Alberdi es también, además del conocido pasatiempo infantil, la metáfora que la joven autora utiliza para hablarnos de la vida de las tres mujeres protagonistas de este libro: Teresa, Martina y Eulalia.

A las tres las conocemos cuando son niñas, así como en su juventud y ya ancianas, en la actualidad, mientras recuerdan lo vivido y se preguntan qué les quedará aún por ver. Como la memoria no es lineal, la narración de la vida de estas tres mujeres tampoco lo es: sus historias (tanto las que conciernen a cada una de ellas como las que viven en común) aparecen fragmentadas, formando un puzzle que pieza a pieza formamos a medida que avanza la lectura.

Alberdi ha escrito una novela (su primera novela, no lo olvidemos) en apariencia sencilla, que sin embargo deja ver que hay un gran trabajo detrás. No sólo por la estructura (perfectamente hilada, a pesar de la fragmentación), sino porque la autora ha sabido dar a sus protagonistas unos caracteres perfectamente definidos (Teresa sería la personificación de la rebeldía; Martina, la de los sentimientos; y Eulalia, la de la imaginación) que funcionan a la perfección para lo que nos quiere contar.

El juego de las sillas es una novela de vivencias, en la que no hay sitio para grandes hazañas o acontecimientos. Aquí conocemos el día a día en un pequeño pueblo, las simpatías y antipatías entre los vecinos (que crecen y evolucionan como si tuvieran vida propia), las desgracias, la guerra, el amor... pero, sobre todo, nos hacemos eco de la voz de los ancianos, que tantas veces dejamos de lado a pesar de lo mucho que nos tiene que enseñar.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Bruce Sterling: Distracción

Idioma original: inglés
Título original: Distraction
Año de publicación: 1998
Valoración: está bien

Cuando estaba preparando una clase sobre ciberpunk, una rama de ciencia ficción distópica encabezada por William Gibson, me encontré con el nombre de Bruce Sterling, considerado uno de los autores fundamentales del género gracias a novelas como La máquina diferencial o El fuego sagrado, o a una influyente antología de relatos, Mirrorshades (también traducida al español). Descubrí también que ya existe incluso un género llamado "postciberpunk" (y eso que el ciberpunk no tiene más de treinta años de vida), caracterizado por ofrecer una visión algo menos individualista y algo más optimista de la humanidad.

Si esa es efectivamente la definición de postciberpunk, entonces puedo decir que Distracción es una novela de ese género, porque aunque presenta un futuro distópico, opresivo y ultracapitalista, a diferencia por ejemplo de Neuromante, en Distracción el protagonista es un héroe en un sentido bastante clásico: un hombre que se enfrenta a la realidad y pretende cambiarla de acuerdo con sus ideales.

Este protagonista se llama Oscar Valparaíso; tiene un gran secreto en su pasado que el lector solo descubrirá mediada la novela (aunque todos los personajes lo conocen desde el principio), y se caracteriza por una gran inteligencia estratégica y una inacabable capacidad de trabajo, que vuelca en el mundo de la política estadounidense. El antihéroe (porque esta es una novela con buenos y malos, también a diferencia de las de Gibson) es el enloquecido gobernador de Louisiana, que pretende aprovechar el estado de vacío de poder y de bancarrota en que se encuentra el gobierno de Washington para consolidar su propio poder autárquico y populista. Y como estamos ante una novela bastante clásica, no podía faltar la clásica historia de amor: la que surge entre Oscar Valparaiso y la doctora Greta Penninger, una mujer que como él se vuelca en su trabajo y que como él tiene problemas para encajar en el mundo de las personas "normales".

A lo mejor ya se ha notado que la novela me ha decepcionado un tanto, sobre todo por las expectativas que tenía, siendo como es Bruce Sterling uno de los nombres más reputados en la ciencia ficción reciente. Y la razón de esta decepción es muy simple: que aunque hay obvios elementos propios del ciberpunk (una constante vigilancia estatal y empresarial sobre el individuo; una tecnología y biotecnología muy avanzadas; un estado de imparable descomposición política y social...), en cambio el andamiaje narrativo es muy tradicional, hasta podríamos decir que conservador: el héroe individual que labra su destino y el de sus semejantes.

Tampoco la trama política, que parecía inicialmente que podía ser clave, alcanza un nivel de desarrollo importante; así, la novela de repente se ve convertida en un enfrentamiento entre el bien y el mal, con una mujer de por medio para darle aliciente a la cosa (una mujer más activa e inteligente que la mayoría de las chicas Bond, pero no mucho más trascendental para la trama). Y uno piensa en la escritura de William Gibson, en su complejidad estilística, estructural, política e incluso moral, y casi se lamenta de que al ciberpunk, como a casi todo hoy en día, se le haya añadido el prefijo post-.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Amin Maalouf: Orígenes

Idioma original: francés
Título original: Origines
Año de publicación: 2004
Valoración: Muy recomendable






De Amin Maalouf conocemos su doble faceta de ensayista y autor de novela histórica, pero quizá haya sido menos divulgado este experimento, tan atractivo como difícil de encasillar, al que difícilmente se le pudo haber puesto un título más sobrio, Orígenes. Y de eso trata, precisamente. Del largo trecho que hubieron de atravesar tantos hombres y mujeres, no solo para alumbrar al que un día sería su cronista, sino para convertir su territorio, su tierra, sus casas, en lo que son hoy día, y también para desparramarse por el mundo dando lugar a una pequeña cantera de inmigrantes.

En primer lugar, nos cuenta de qué modo se empieza a interesar por sus ancestros, cuál fue ese primer indicio que encontró gracias al cual le fue posible rastrear las huellas de su gente, qué recursos aprovechó y qué dificultades tuvo que vencer. Pero limitarse a esto a lo largo de un buen número de páginas hubiese aburrido a las ovejas y, lo que es peor, abortado las posibilidades del germen narrativo que tenía entre manos. Por eso, lo que hace es, aprovechando su buen oficio, rellenar hábilmente las lagunas regalándonos así una magnífica obra de ficción anclada firmemente en la realidad, una novela que podríamos calificar de circular porque acaba igual  que empieza, con el fallecimiento de Ruchdi, el padre de Amin.

Ante nuestros ojos van creciendo: Botros –su peculiar y entrañable abuelo convertido en protagonista indiscutible–, Gebrayel, su hermano, la esposa de aquel, Nazeera –que cuando fallece es quien toma el relevo, tanto de sus asuntos como en la ficción–, el Orador que tanta información aporta al novelista, Alfred y su nunca aclarada contribución a la pérdida del patrimonio americano, su hijo William, el superviviente, el lejanísimo Jalil, la longeva y memoriosa Leonore, y tantos otros.

Sobre la relación entre generaciones, escojo este elocuente párrafo:
“… un dicho que la tradición atribuye al Profeta islámico, a saber, que el hombre tendrá que rendir cuentas tras la muerte de todo lo bueno y lo malo que haya hecho en el mundo… menos de la forma en que haya tratado a sus padres, pues de eso recibirá en vida el castigo o la recompensa.”
Existe un aquí (la tierra de su estirpe) y un allá, Cuba. También otros sitios, pero es en la isla americana donde se centra el interés del autor, pues allí se instaló el intrépido Gebrayel, muy joven, con la ilusión de hacer fortuna, y allí alcanzaría su objetivo con el tiempo, aunque su legado se volatilizase tan pronto. Unos sienten la vocación de emigrar, otros de quedarse y hay un tercer grupo que lo desea pero no se decide nunca. La religión –no  una sola, varias en la misma familia, algo que provoca rencillas y disputas– determina la vida de algunos y a otros solo les provoca indiferencia. La gran pasión de Botros consiste en abrir las mentes por medio de la actividad educativa, pues la considera el único medio de que el país pueda progresar, pero aquello resultaba insólito entonces y algunos se complacieron en zancadillearle. Su nieto se siente orgulloso de él y nos ofrece un retrato lleno de admiración y cariño, casi ejecutado de memoria aunque empleando todo el rigor de que es capaz que, la verdad, no es mucho, dada la escasez de datos de que dispone. Aunque en realidad es lo de menos, lo que cuenta es el resultado narrativo y de eso no podemos quejarnos.

Maalouf, siempre con el máximo respeto, propina pequeños y tiernos sopapos a sus antepasados ya que no puede aprobar ciertas conductas, sonríe ante algunas ingenuidades, critica abiertamente rasgos y prácticas estén o no en vigor aún, y muchas veces se muestra irónico. Todo ello con la pasión que se puede suponer en alguien que procede de aquellos de quienes habla. No puede evitar incluir una selección de fotos, que agradecemos y que completan el diseño de personalidades y caracteres ya ejecutado de palabra.

También de Amin Maalouf: El desajuste del mundo, Identidades asesinasLa invasión

martes, 10 de diciembre de 2013

Stephen King: Mientras escribo

Idioma original: inglés
Año de publicación: 2001
Título original: On writing
Traducción: Jofre Homedes
Valoración: muy recomendable

Pues vaya gran conocedor de la obra de Stephen King soy yo, para encontrarme con Mientras escribo. Con lo poco motivador que me resulta el género de terror y con lo aún menos motivador que me resultan los best-sellers. 
Menudo papelón.
Pues resulta que, apenas tres párrafos dentro de la reseña que escribo, la influencia de su lectura ya cala en mí. Ya me hallo reflexionando si es correcto cómo divido los párrafos y si los adverbios no son demasiados ya aquí. Sin hablar de la voz pasiva. Resulta, entonces, que este libro, que se abre en un tono autobiográfico (incluyendo referencias a orígenes familiares y a adicciones diversas bajo el influjo de las cuales confiesa haber escrito algunas de sus obras más célebres) y se cierra como un valioso manual práctico destinado a los que pretendemos escribir de vez en cuando (y que nos lean de vez en cuando), resulta que es una experiencia interesante, enriquecedora y demoledora. Demoledora de mis dos prejuicios expuestos, aclaro. Porque mi sensación final es que si Stephen King es uno de los autores más vendidos, aparte de ser prolífico y contar con un ejército de fans irredentos, lo es con cierto merecimiento. Por aquello de que la vida le ha dado limones.
Por proseguir con algo que podría ser interpretado como un tabú (ceder en exceso ante las grandes figuras encaramadas en las listas de ventas), diría que, al igual que De qué hablo cuando hablo de correr del polémico (tomen eufemismo, señores) Murakami, este ensayo me seduce por la manera en que su autor revela su pasión por su oficio. La manera en que pone su oficio al servicio de expresar ese amor. Sí, es cursi llamarle amor, pero ríanse de la vida que a King le ha procurado su talento muchas veces vilipendiado. Da envidia leer la seguridad que desprende hasta cuando reconoce errores, adicciones, debilidades. Si este hombre se decide a aconsejar es por algo. Nadie le mandaba decidirse por esto en vez de tramar otra de sus novelas de terror. Hasta hubiera vendido algunos millones más de los que seguramente vendiera Mientras escribo. Pero prefirió darse este pequeño festín  algo auto-celebratorio, sí, pero con un cierto sentido de la justicia, tuteando al lector, mostrando cariño y convicción, modestia en lo artístico pero orgullo en lo estilístico, en resumidas cuentas, dejando fluir su escritura con tanta espontaneidad que cualquier prejuicio se desmorona. Y con una idea central que no abandona mi cabeza, ya que estamos en un blog de libros. Su contundente afirmación de que un buen escritor sólo puede surgir de ser un buen lector. Touché.
Una auténtica sorpresa (a pesar de que ya había sido advertido).

Más libros de Stephen King en UnLibroAlDía: Aquí

lunes, 9 de diciembre de 2013

Colaboración: El rosario de Eros de Delmira Agustini

Idioma original: castellano
Año de publicación: 1924
Valoración: está bien


En 2014 se cumplirán cien años de la muerte de la poeta uruguaya Delmira Agustini (1886-1914). Su libro El rosario de Eros fue publicado a modo de antología en 1924, diez años después de su fallecimiento. Era el primero de los muchos reconocimientos que la escritora no pudo recibir en vida.

Delmira se había casado en agosto de 1913. Apenas dos meses después el matrimonio se separó y ella volvió a casa de su familia, “huyendo de la vulgaridad”, contaba. Poco después la poeta se reencuentra con su exmarido de manera secreta: es el 6 de julio de 1914. Él la mata disparándole dos tiros en la cabeza.
Su familia, que desaprobó el noviazgo, autorizó la publicación póstuma del libro. Los padres -ella argentina, él uruguayo- desde siempre vieron en su niña a una escultora de la palabra.

Hoy recordada por las circunstancias de su vida, Delmira supuso un hito en la lengua castellana de comienzos del siglo pasado, en América Latina y en España, donde sus versos se ganaron la admiración de Unamuno entre muchos otros. Importante entre los modernistas, de ella dijo el gran Rubén Darío: “de todas cuantas mujeres hoy escriben en verso, ninguna ha impresionado mi ánimo como Delmira Agustini, por su alma sin velos y su corazón de flor”.

Era mucho mayor que su poesía erótica, mucho más amplia que el tacto de sus palabras enamoradas. A Delmira, que no pisó un colegio, sus padres le regalaron por su boda una esmeralda. Ella se opuso decididamente a que el joyero la coronara: “¡Sola, la quiero sola!”.

En los poemas de Delmira Agustini, la presencia de los significados implica una elección, una votación secreta en la que la poeta es elegida por los números verbales, los giros, los juegos. Y por supuesto todo el amor:
Tus ojos son mis medianoches crueles,
panales negros de malditas mieles
que se desangran en mi acerbidad
crisálida de un vuelo del futuro,
es tu abrazo magnífico y oscuro
torre embrujada de mi soledad.
Delmira, una constante empedrada frente al mar, su costanera. Visitante decidida de lo prohibido, en un Montevideo que ya era la rima que hoy es, escrita entonces en un mundo para hombres. No sabemos cómo descansarían hoy los modernistas si Delmira Agustini no hubiera muerto con veintiocho años. Qué hubiera sido de los últimos años de Horacio Quiroga. Ni qué otros libros hubiera escrito Eduardo Galeano.
Visitó lo prohibido, que esta gran poeta no quede olvidada en el vaso de la flor. Nunca la amaremos bastante, como dijo Alfonsina Storni.

(La misma editorial que ahora ha editado el libro en 2013 ha publicado otro libro de la poeta, Los cálices vacíos y Manantial de la brasa, un estudio de su obra).

Firmado: Alfonso 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Jáchym Topol: Gárgaras con alquitrán

Título original: Kloktat dehet
Idioma original: checo
Fecha de publicación: 2005
Valoración: muy recomendable
Traducción: Kepa Uharte

El Hogar es un orfanato checo en el que viven, al cuidado de un grupo de monjas, niños de diferentes países y de todas las edades. Uno de esos niños, Ilja, nos cuenta el día a día en aquel lugar: su rutina diaria, sus juegos... y el castigo que las religiosas imponen a quien miente o hace alguna trastada: hacer gárgaras con jabón de alquitrán.

También nos cuenta el protagonista lo que ocurre cuando los rusos llegan a Checoslovaquia y, en concreto, al Hogar. Tras llevarse a las monjas, no todos los niños corren la misma suerte: hay quien desaparece, quien encuentra la muerte a manos de sus compañeros o de soldados rusos o de los propios checos y quien, como Ilja, recibe instrucción militar y consigue salir adelante a duras penas. Él será testigo de los horrores de la guerra y se verá envuelto en una espiral de violencia y situaciones de pesadilla que parecen no tener fin, mientras intenta desesperadamente encontrar un sitio en el que sentirse como en casa (algo nada fácil, si se tiene en cuenta que no tiene familia, que sus amigos se han dispersado y que, a pesar de su carácter resolutivo, no es más que un niño).

Como ya ocurría en Por el país del frío, Jáchym Topol saca a la luz una serie de acontecimientos (que, aun vestidos de ficción, son verídicos) que no son del gusto de todos. De hecho, no son del gusto de nadie, pero sin duda es importante hablar de ellos para conocer nuestra historia reciente, comprender el por qué de las numerosas heridas que aún hoy siguen abiertas e intentar, en la medida de lo posible, curarlas y construir un presente y un futuro mejores.

Como en el resto de sus novelas, el autor checo utiliza un estilo lírico pero directo, denunciando las atrocidades cometidas pero también resaltando los pequeños momentos de humanidad presentes en toda desgracia. En Gárgaras con alquitrán, en concreto, debemos destacar la verosímil voz del protagonista. Ilja es un niño y en sus palabras encontramos la inocencia típica de su edad, pero también puede ser cruel y contradictorio. Y lo más importante, analiza todo lo que ve de una manera infantil, sí, pero inteligente (vamos, que ya le gustaría a John Boyne haber creado a un protagonista así).


También de Jáchym Topol en ULAD: Por el país del frío.

sábado, 7 de diciembre de 2013

Juan Goytisolo: Las virtudes del pájaro solitario

Idioma original: español
Año de publicación: 1988
Valoración: Imprescindible

En ULAD celebramos el reciente Premio Nacional de las Letras concedido a Luis Goytisolo... reseñando un libro de su hermano Juan. Porque somos así...

Bromas aparte, era una laguna de este blog no tener todavía reseñado ningún libro de los hermanos Goytisolo (José Agustín, Juan y Luis, por orden de nacimiento), una laguna que iremos subsanando en los próximos meses. Y para empezar, una novela que me recomendaron y
por twitter: Las virtudes del pájaro solitario. Y, a falta de atacar Señas de identidad, Don Julián y Juan sin tierra, que vendrán después, esta novela recuerda que en la narrativa española del siglo XX hay mucho más que el realismo dominante en buena parte de las obras canónicas.

Esta es sin duda una novela que se resiste al análisis al mismo tiempo que ofrece su propio análisis. Así, en el comienzo de la segunda parte se lee una caracterización de la propia novela, en boca de su protagonista-narrador:
"...adivinó las pesadillas, cuitas, anacronías, cambio abrupto de temas y personajes, ubicación ambigua de los paisajes, mutación de voces, vaguedad y fragmentación de tramas oníricas, la insinuación paulatina de la aniquilación como leitmotiv obsesivo..."
Es difícil, efectivamente, hablar en esta novela de "trama" o "argumento": hay, más bien, hilos conductores que recorren el libro trasmutándonse, de forma deliberadamente inexacta, en diversas variaciones de sí mismos, sumiendo al lector en la confusión durante buena parte de la novela, hasta que reconoce, acepta y participa del juego narrativo.

El primero de estos temas es el de la heterodoxia. Es aquí central, aunque no explítica en el núcleo del texto, la referencia a San Juan de la Cruz (cuyas obras completas "vertebran la estructura de la novela", según se nos dice en una nota final). El protagonista, uno de los protagonistas, una de las variaciones del protagonista, es como San Juan de la Cruz un lector, traductor y apólogo del Cantar de los Cantares, y por ello ha sido apresado, humillado y torturado por las fuerzas del orden y la ortodoxia (sean estas fuerzas medievales, modernas o contemporáneas; religiosas, laicas, políticas, totalitarias).

El segundo tema, vinculado al anterior, es de la epidemia que asola el mundo y que obliga a un voluntario o forzoso aislamiento. La naturaleza de esta epidemia (que algunas fuentes consideran relacionada con la aparición del sida) es ambigua: vírica, nuclear, climática o incluso mental, ya que en determinados pasajes la propia epidemia parece equipararse con la heterodoxia, que se extiende también de unos a otros a través del aire y, sobre todo, de los libros.

Mencionemos, por último, el símbolo del pájaro solitario, de origen místico (nuevamente, San Juan de la Cruz, pero también la mística sufí), que aparece en el propio título de la novela y que gana relevancia a medida que la trama avanza. Recordemos lo que San Juan de la Cruz decía del tal "pájaro solitario":


"[...] las propriedades deste pájaro, [...] son cinco: La primera, que ordinariamente se pone en lo más alto; [...] la segunda, que siempre tiene vuelto el pico [hacia] donde viene el aire; [...] la tercera es que ordinariamente está solo y no consiente otra ave alguna junto a sí, sino que, en posándose alguna junto, luego se va; [...] la cuarta propriedad es que canta muy suavemente; [...] la quinta es que no es de algún determinado color."
En la fuente mística original (o al menos, en su glosa), el pájaro simboliza al alma; pero en la novela de Juan Goytisolo se convierte en un símbolo de otra cosa: del espíritu heterodoxo, del deseo siempre insatisfecho y siempre reprimido de libertad e independencia crítica individual. Sea en un tiempo u otro, en un lugar u otro, los pájaros solitarios son retenidos, encarcelados, señalados, destruidos por el sistema, que teme que "contagien" su libertad a otros pájaros de la pajarera.

El lector de Las virtudes del pájaro solitario se sumerge, por lo tanto, en una experiencia lectora fascinante: en un juego de sugerencias, ambigüedades y confusiones deliberadas, pero que en su conjunto construyen un sentido. Si a esto se suma un estilo preciso y poético como pocos de los que se pueden encontrar en la literatura española del siglo XX, el resultado es una absoluta obra maestra. 

Otras obras de Juan Goytisolo en ULAD: Señas de identidadDon Julián y Juan sin TierraCampos de Níjar