sábado, 15 de julio de 2023

Manuel Astur: La aurora cuando surge

Idioma original: castellano

Año de publicación: 2022

Valoración: Está bien


Por una vez empezaré por esa parte que a tantos lectores (nos) incordia: la faja promocional. Tras un esperable halago al autor, dice Santos Sanz Villanueva (El cultural) que ‘si el riesgo literario fuera un mérito principal de los escritores, tendría [Astur] asegurado un puesto en el podium’. Sensu contrario viene a decir que el riesgo literario, claro está, no es un mérito principal de los escritores. ¿Cuáles son esos méritos principales entonces? ¿Entretener? ¿Agradar al lector? ¿Estimularle a base de recetas como las que hace muy poco nos ofrecía Palahniuk? Pues ya lo siento, don Santos, pero para este oscuro lector y reseñista el riesgo literario es, por supuesto, un mérito fundamental para valorar un libro. Un riesgo, claro está, con sentido, con proporción, que busca algo, y que se la juega a que mucha gente lo rechace simplemente por no encontrarse con lo que esperaba, con lo que es cómodo y conocido. Así que, señor Sanz, me temo que si volvemos a encontrarnos no vamos a coincidir en la mayoría de nuestras opiniones.

Pero es que además, aparte de que sospecho una doble lectura a eso que en principio parece un elogio, tampoco entiendo esa alusión al riesgo refiriéndose al libro de Manuel Astur, al que no encuentro por ninguna parte nada que se parezca a riesgo literario. La aurora cuando surge cuenta un viaje por Italia que el autor realiza un año después de la muerte de su padre. Es un viaje más o menos largo, de norte a sur, empezando por la Toscana y Génova, pasando por Pisa, Siena, Roma o Nápoles para terminar, creo, en Sicilia. Pero visitando también, y deteniéndose con cierto deleite, en pequeñas poblaciones menos conocidas, algunas ajenas al turismo. Astur es ecuánime, y dedica un tiempo semejante a los grandes monumentos y a aquellos pequeños pueblos donde parece encontrar un alma escondida de lo italiano, no necesariamente más auténtica, simplemente una especie de cara interior más difícil de detectar.

A lo largo del trayecto hay tiempo para todo, desde tomarse tranquilamente una cerveza o un spritz en una terraza hasta admirar un monumento, observar a los ancianos en una taberna o contemplar los distintos tonos del mar según las latitudes, abrir un espacio a la lectura o a la composición (Astur introduce unas cuantas poesías escritas sobre la marcha), recordar a grandes creadores que eligieron aquellas tierras para vivir o para morir, y naturalmente, dedicar reflexiones a su padre difunto, con la distancia que ponen los meses transcurridos y la herida todavía reciente pero en proceso de cicatrizar.

El tono es pausado, amable, a veces con algún tinte irónico, pero siempre templado. A Astur no le gustan las masas de turistas, pero no les insulta (como Barceló), ni saca conclusiones filosófico-políticas (como Escohotado) de las artimañas para sacar dinero a los extranjeros. Hay una atmósfera de observación relajada y generalmente abierta a la belleza que recuerda más bien a Josep Pla. Pero por encima de todo predomina una prosa poética muy marcada, encontrando a cada paso la metáfora, la imagen, el tropo, el aforismo, figuras que sin llegar a recargar demasiado el texto, le otorgan una esencia claramente lírica. Esto no es en absoluto riesgo literario, es simplemente un estilo particular del autor, que habrá a quien entusiasme y a quien suene a demasiado almibarado. Obviamente me encuentro entre estos últimos, me gusta bastante poco ese empeño en buscar la frase redonda, la imagen poética de cada cuerpo y cada sombra.

No deja de ser cierto que, con tal despliegue de recursos, alguna que otra vez da en el clavo, como cuando afirma que ‘la mayoría de los versos solo son verdaderos para el que los vivió –y, si son buenos, consiguen serlo también para el lector.’ Una reflexión que tiene algo de escalofriante para quien, como casi todo el mundo en algún momento, se haya arriesgado a escribir algo, sea poesía o prosa. Pero en general, ya digo, salvo que a uno le entusiasme mucho esta forma de expresarse, creo que Astur es mucho más interesante cuando se olvida un poco de los florilegios y se sitúa más a ras de suelo. Pongamos como ejemplos un pequeño pasaje sobre la estancia de Lord Byron en Génova, un párrafo dedicado a escudriñar en los sonidos de la naturaleza, o breves historias sobre ascensiones al Vesubio o al Etna. Se sale el autor de su propio carril y en mi opinión luce mucho más, aunque habrá quien guste más del tono general del libro, y en ese caso disfrutará desde luego mucho más que yo.

P.D: Es inevitable terminar sin meter una pequeña aguja. Muy pequeña, solo una palabra, pero que me ha sonado tan mal que no lo puedo pasar por alto. Creo que era refiriéndose a Taormina, cita Astur a varios artistas que se trasladaron allá a vivir. Entre ellos, el ‘fotógrafo homosexual Wilhelm von Gloeden’, que no tengo ni idea quién era, pero la pregunta es: ¿ser fotógrafo homosexual es una profesión algo diferente de ser fotógrafo a secas? Seguro que es un simple desliz, pero convendría cuidar un poco más los detalles, porque no hace falta lupa para detectar cosas así de feas.


viernes, 14 de julio de 2023

Patricia Highsmith: Mar de fondo

Idioma original: Inglés
Título original: Deep water
Traducción: Marta Sánchez Martín
Año de publicación: 1957
Valoración: Recomendable

Mar de fondo es un "thriller" excelente. Su premisa y caracterizaciones recuerdan sobremanera a aquellas que suele explorar Patricia Highsmith; aun así, incluso un lector saturado por la obra de la autora (¿existe tal cosa?) sabrá apreciar las múltiples virtudes de este novelón. 

Sinopsis rapidilla: Vic y Melinda, un matrimonio bastante tóxico, mantienen una relación llena de fricciones, reproches, hastío y codependencia. Melinda, con el beneplácito de su marido, mantiene aventuras con varios hombres, cosa que parece incomodar más a amigos y vecinos que al propio Vic. Un día, uno de los ex amantes de Melinda es asesinado; Vic bromea, asegurando que él lo mató, lo cual le granjea un sorprendente apoyo de parte de su comunidad.

Como viene a ser habitual en las ficciones (largas) de Highsmith, el argumento de esta historia se cuece a fuego lento, la tensión va "in crescendo" y el entramado psicológico de los personajes revela paulatinamente zonas oscuras. Como viene a ser habitual en las ficciones de Highsmith (no sólo las largas), nos ponemos de parte de Vic, pese a las acciones completamente injustificables que comete y su carácter algo turbio. Como viene a ser habitual en las ficciones de Highsmith (todas ellas, las largas y las cortas), la crítica social y el humor son tremendamente ácidos.

Es interesante, lo que insinúa Highsmith en estas páginas: que las relaciones con el otro son, necesariamente, asimétricas; que el ser humano siempre oculta cosas, para sí mismo y para los demás; que en las poblaciones supuestamente civilizadas bulle un retorcido deseo de justicia. 

En fin, insisto en que Mar de fondo es un novelón. Aunque no gustará a todo el mundo, pues es algo lento y lo protagoniza una pareja sumamente repelente (por alguna razón, hay gente para la que esto es intrínsecamente negativo), delaitará a los amantes del género en que se inscribe, a los incondicionales de la autora y a cualquier sibarita de la buena literatura. 

Por cierto: hasta donde yo sé, existen tres adaptaciones cinematográficas de Mar de fondo. La primera es francesa y data de 1981. También hay una alemana del 1983. Y la más famosa y reciente, del 2022, es del director británico Adrian Lyne.


También de Patricia Highsmith en UnLibroAlDía: Aquí

jueves, 13 de julio de 2023

Alejandro Casona: La sirena varada – Los árboles duermen de pie

Idioma original: español
Año de publicación: 1949
Valoración: Muy recomendable

Alejandro Casona es uno de mis dramaturgos favoritos, y como este libro ya lo he leído en varias ocasiones, aprovecho una relectura reciente para realizar una crítica en ULAD. Ya les advierto de que quizá sea generoso de más.

En su momento constaté con sorpresa que la crítica se cebaba con Casona en un asunto muy particular: abuso de la fantasía, unas obras carentes de contenido social y una visión evasiva de la realidad; correcto, pero es que ese precisamente es el punto fuerte de estas obras. Desde mi punto de vista, el carácter fantasioso y el confrontamiento con la realidad, este doble plano, es donde reside la magia de Casona y el punto distintivo que le hacen un creador tan particular.

Este libro está compuesto por dos obras distintas, con varios años de separación entre su redacción, y con algunas similitudes llamativas.

La primera de ellas, La sirena varada (una bonita canción de Héroes del Silencio, por cierto), trata sobre un excéntrico joven adinerado llamado Ricardo que quiere crear una academia “dónde nadie sepa geometría”, en clara alusión a la academia de Platón: esto significa que quiere rodearse, en su mansión, de hombres y mujeres con una concepción dadaísta de la vida; me explico, alguno de sus miembros son un fantasma jardinero que se cree Napoleón, otro es Daniel, un pintor que se ha vendado los ojos para inventar colores nuevos. No me digan que esto no es precioso.

En contraste con Ricardo y sus acólitos, está don Florín, que representa la cordura y el sentido común. El trío protagonista se cierra con la llegada de la sirena, que agitará las vidas de los dos hombres y les hará replantear a cada uno sus certezas internas, además de – justo lo que la crítica omitía – enfrentarse cara a cara con la realidad.

La segunda obra, Los árboles mueren de pie, es la más famosa del dramaturgo asturiano.

En esta ocasión acompañamos al señor Balboa y una misteriosa joven a unas oficinas donde ocurren cosas de lo más extrañísimas, mezclando también la realidad y la fantasía.

Allí, nuestros protagonistas creen haber entrado en un manicomio, pero lo que se encuentran les cambiará la vida...

Es una obra ostensiblemente más larga que la anterior, lo que permite “más hueco” para el desarrollo de los personajes; Casona incluye incluso una trama secundaria, resultando esta un poco previsible desde el primer momento, pero dado el argumento es inevitable que sucedan así las cosas.

Cuando todo parecía acabado, con un final de cuento de los de comer perdices, aparece un nuevo personaje que le aporta un giro curioso a la trama; es en esta aparición donde se produce ese enfrentamiento entre realidad y fantasía que tan característico resulta de la obra de Casona. 

Por cierto, me parece magnífico el final, o mejor dicho la parte de la obra que iría más allá del final, donde se da la situación de que unos se engañan a otros sabiendo que los demás saben que lo saben... ya me entienden.

En ambas obras, sin destripar nada del argumento, se puede percibir claramente a lo que se refiere a la crítica con “evasión de la realidad”; pero no es menos cierto que el culmen de ambas se alcanza cuando un personaje se da cuenta de la fantasía en la que ha estado viviendo y mira detrás del telón; al despojar a la realidad de velos y fantasías es cuando cada uno debe enfrentar los hechos tal y como son y resignarse a su destino. La forma en que cada personaje acepta su sino es la moraleja que nos aporta Casona.

En La sirena varada, personajes como Daniel, la sirena, y sobre todo Ricardo, son los que han decidido vivir en un mundo de fantasía, pero, tarde o temprano, tendrán que enfrentarse con la cruda realidad; exactamente lo mismo que Mauricio y la abuela en Los árboles mueren de pie

Si tuviera que hacer una síntesis del estilo de Casona, diría que la fantasía es donde brilla la hermosura y la belleza de su obra, y la realidad y el enfrentamiento con la verdad donde radica el mensaje.

miércoles, 12 de julio de 2023

Jim Dodge: El Cadillac de Big Bopper

 

Idioma original: inglés

Título original: Not fade away

Año de publicación: 1987

Traducción: Ana Herrera Ferrer

Valoración: bastante recomendable

Supongo que la vocación pop de este libro ya queda ejemplificada por la curiosa traducción (por decir algo) del título, que no es que sea discordante sobre su contenido- al fin y al cabo esta es una novela que habla de un Cadillac que había que entregar a Big Bopper - sino que ya se declara que su traducción quede inequívocamente relacionada con ese universo tan estereotipado: los años sesenta, cierto perfil de buscavidas, la generación floreciente del rock'n'roll, esos cars'n'girls que Prefab Sprout mencionaban a cuenta de estrellas como Bruce Springsteen, los excesos con las substancias, las huidas en un coche, la gasolina por galones, etc.

Por ese camino ya hemos encontrado a toda una generación de autores que han reportado esa especie de eclosión ligeramente contracultural, y la figura del fugitivo recorriendo kilómetros, perdón, millas, aunque quizás la palabra huida no sea exacta. Podría ser también un encuentro con uno mismo, una especie de epifanía la resultante de entregarse al asfalto en búsqueda de aventura. Para este caso concreto, George Gastin es eso, un buscavidas que se gana la vida participando en fraudes al seguro, estrellando vehículos para cobrar indemnizaciones. Recibe un encargo y este es especial. Un Cadillac que iba a ser regalado a Big Bopper, tercera víctima del icónico accidente aéreo en que pereció Buddy Holly. Un encargo muy bien pagado que Gastin podría ejecutar con sencillez y profesionalidad, pero en el que todo cambia. Gastin lee la carta en que la propietaria del vehículo va a regalárselo al músico fallecido y su decisión es tajante: no destrozará el vehículo sino que acudirá al encuentro de Big Bopper, allí donde esté enterrado entregará el regalo. Toma el dinero que le han adelantado para su trabajo, se hace con un tocadiscos y un montón de discos que va reproduciendo (!!!) por el camino, se aprovisiona de un montón de anfetaminas para hacer el camino más llevadero, inicia un largo recorrido en el que mantendrá una serie de encuentros, reales o virtuales, por acción de los estupefacientes,  podemos entender que sus recuerdos de estos episodios pueden ser fieles o consecuencia de la acción de las sustancias que va dosificando, y algunos encuentros parecen más bien parábolas que encuentros reales, que condicionan y matizan su determinación de llegar a su destino. Pernocta en moteles, dosifica el dinero y las pastillas. 

Llegado este punto, ya vemos que la premisa de la novela es ligeramente reminiscente de algunos clásicos de la época, y aunque esto no es periodismo gonzo sino narrativa, también narrada, parece, desde el exceso y, a tenor del momento de su publicación, más homenaje que, especulo, producto de la experiencia en sí. Así que sin ser una alternativa sí podemos asociar este El Cadillac de Big Bopper con la obra de Hunter S. Thompson, incluso con cierto espíritu de Thomas Pynchon en el surgimiento de personajes que parecen justificar la trama. Pero Dodge es menos excesivo, más matizado.

Eso sí, a quien busque en la literatura un sentido estético pronunciado o incluso un cierre perfecto de trama, habrá que decirle que este no es su perfil de novela. 


También de Jim Dodge en ULAD: Stone junction, Fup

martes, 11 de julio de 2023

Hilario J. Rodríguez: Construyendo Babel

Idioma original: Español 

Año de publicación: 2004

Valoración: Recomendable 

Hace ya algún tiempo publicamos en este blog nuestras biografías lectoras, unos breves textos en los que hablábamos de aquellos libros que nos habían marcado a lo largo de los años. Pues bien, algo parecido, aunque muchísimo más elaborado (por supuesto), es lo que nos ofrece Hilario J. Rodríguez en su Construyendo Babel. 

Biografía y lectora, esas son las palabras clave de este libro. Ambas se entrelazan y uno no termina de saber, aunque realmente de lo mismo, si son los sucesos de nuestra vida en los que determinan nuestras lecturas como si son esas lecturas las que nos llevan por según qué caminos.

El caso es que el autor se sirve de unos y de otros para construir un edificio híbrido en el que conviven realidad y ficción y en el que creo que el tema principal es la construcción de la propia identidad. Tanto es así que por momentos uno tiene la sensación de estar leyendo algo de W.G. Sebald o de Patrick Modiano y sus indagaciones a tientas. Porque hay rostros y rastros que se desvanecen, nombres que solo son dos palabras en un libro, asociaciones, tenues hilos que nos llevan por lugares tan variopintos como Galicia, Extremadura, Londres, Estados Unidos, etc.

Estructurado en 6 partes en las se entremezclan vivencias, anécdotas, pensamientos, ¿microensayos? y memoria personal y colectiva, "Construyendo Babel" es una biblioteca de la memoria convertida en pirámide, un compendio de lecturas que, si bien quizá no sean las mejores o las que más mayor influencia han ejercido sobre el Hilario Rodríguez autor o lector, son aquellas que más entroncan con la (su) vida.

Puestos a elegir, me quedo con las partes del libro en las que predominan las reflexiones sobre lectura y/o la escritura (esta como forma de supervivencia, aquella como alimento de la imaginación) y con los textos en los que el autor vincula determinados libros con la memoria familiar y/o colectiva. Especialmente recomendables resultan los capítulos en los que el autor se plantea cuestiones tales como qué significan los libros para un bibliófilo, cómo se comienza a "edificar" una biblioteca, qué nos lleva a leer determinados autores u obras, etc. y los textos en los que el autor indaga en autores más o menos malditos y/o de identidades difusas, ligando esto a lo familiar.

También resulta interesante el acercamiento a libros y escrituras nacidos del dolor y el recuerdo (la literatura concentracionaria y la literatura autobiográfica de Paul Steinberg y Annie Ernaux, respectivamente), a autores de lo "pequeño", alejados de la "gran cultura", en un último tercio del libro que puede ser la perdición para quienes ya tenemos por casa una pila enorme de libros por leer.

En el lado menos positivo, quizá algunos desvíos más ligados a lo estrictamente personal que no aportan gran cosa al conjunto, si bien por separado pueden funcionar perfectamente, y que hacen que por momentos uno pueda desconectar algo del hilo principal (si es que existe) del libro.

En cualquier caso, un libro recomendable con el que seguro que se sentirán identificados y disfrutarán de lo lindo los bibliófilos (bookaholics para los modernos). 

lunes, 10 de julio de 2023

Zoom: El hombre del traje negro de Stephen King

Idioma original: inglés

Título original: The man in the Black Suit (el cuento de King)- Young Goodman Brown (el cuento de Hawthorne)

Añ8 de publicación: 1994

Traducción: Iñigo Jaúregui

Valoración: está muy bien

¿Apetece algo de Stephen King, aunque sea en pequeña dosis, en plan aperitivo? Claro que sí, ¿no? Pues aquí va un chupito de auténtico destilado del Rey, un relato no muy largo en el que un anciano de 90 años nos cuenta un extraño y terrorífico encuentro que tuvo en un bosque de Maine -where else?- en 1914, cuando el sólo contaba con nueve añitos. Tal encuentro fue con un pavoroso individuo vestido de negro del que no ha dejado de acordarse toda su vida, más aún cuando se acerca su hoja final.

El hombre del traje negro no es una de esas kilométricas novelas de Stephen King, tipo It o Apocalipsis, sino un relato, aunque contiene, condensado, no pocas de los elementales características de su narrativa de terror:

  • El protagonismo de un niño. Un niño, además, que ya ha vivido una experiencia trágica con la pérdida, el año anterior, de su hermano, por lo que su encuentro terrorífico actúa un tanto de metáfora catártica de lo ocurrido.
  • La aparición de un personaje misterioso y terrorífico, representando el mal por el mal, como Pennywise, y que enlaza tanto con la tradición de los cuentos populares -de los hermanos Grimm, etc.- como, además de con la tradición "kingseana", con personajes de la posterior aparición del creepy-paste, como el célebre Slenderman.
  • Una ambientación realista, pegada al terruño, como base para sus historias fantásticas, de forma que les dotan de mayor veerosimilitud. En este caso se trataría, en realidad, de una recreación, al situarse en una granja de Maine a principios del siglo XX, pero el efecto conseguido es el mismo.
  • El simbolismo, no demasiado explícito, pero innegable, de los elementos terroríficos; el "hombre de negro" puede representar tanto a las tentaciones y debilidades en las que un individuo puede verse tentado a caer a lo largo de su via como a la atracción del lado más oscuro de su interior. O referirse, quizás a la propia muerte... En todo caso, algo de lo que no estamos nunca fuera de peligro, desde que somos unos niños hasta la más avanzada ancianidad.
Este volumen editado por Nørdica se completa con el cuento que inspiró al de King, un relato en tono satírico de Nathaniel Hawthorne, El joven Goodman Brown, en el que un joven de Salem, descendiente de los peregrinos puritanos -como él- debe elegir entre seguir el camino recto o ceder a la tentación e integrarse en un culto demoníaco. Y, por supuesto, encontramos las magníficas ilustraciones de Ana Juan, que trasladan a imágenes esta(s) narracion(es). sobre el bien, el mal y la dificultad inherente a crecer y vivir siendo humano.

Otros (muchos) títulos de Stephen King reseñados en Un Libro Al Día: aquí

domingo, 9 de julio de 2023

Javier Tomeo: El cazador

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1993
Valoración: Está bien

No voy a salir nunca más de mi habitación. Puede que mis inclinaciones antisociales hayan tenido mucho que ver a la hora de tomar esta decisión, pero estoy seguro de que también ha influido la lectura de El cazador.

En dicha novela, primera de Javier Tomeo, un hombre que vive con sus padres se encierra en su cuarto el día en que cumple los treinta y cinco años. Tomeo nunca explicita los motivos que impelen a su protagonista a recluirse, pero nos da a entender que está atravesando algún tipo de crisis; una de la mediana edad, psicológica o quizá existencial. Esta última es, a mi juicio, la más probable, ya que, si bien tampoco puedo descartar definitivamente las dos anteriores, queda claro que Julián, el protagonista de El cazador, está frustrado; cómo no iba a estarlo si, como insinúa en la página 109, vivimos en un mundo en el que no podemos ser lo que queremos ser.

Pues bien: el tal Julián se lo pasa de puta madre en su dormitorio durante el día en que transcurre la acción. Bueno, la verdad es que a ratos se le ve un tanto atribulado, al pobrecico. Pero en mi caso será distinto: yo sé estar solo, como buen admirador de Schopenhauer y Nietzsche. Yo no me refugio del mundo, sino que lo eludo voluntariamente. 

En fin, que Julián se lo pasa genial la mayoría del tiempo gracias a su imaginación portentosa. Ahora aumenta de tamaño su cuarto; ahora lo convierte en una selva, una iglesia, un jardín o un campo de batalla. Él mismo se metamorfosea; según afirma, fue hormiga, y durante su clausura muta a príncipe persa, cazador de tigres, torero y ruiseñor. También se entretiene con sus cavilaciones, sus cálculos y sus bosquejos. ¿Quién hubiera pensado que uno puede divertirse tanto encerrado entre cuatro paredes?

Ah, no os creáis que le falta compañía. Se puede evitar el trato con nuestros semejantes y, sin embargo, no sentirse solo. Julián tiene a su cargo a un pequeño ejército, y a modo de confidente emplea a un monje-palillero de porcelana. Igualmente, yo tendré un séquito: mi jorobado particular, llamado Igor, o quizá Fritz; Leo (tugnus, banus, faunus), ese perrito que nos dejó demasiado pronto; mis ex novias, abanicándome y dándome uvas; y un buen puñado de Funko Pop bajo mis órdenes, qué demonios. 

Sigo con Julián. Paulatinamente descubrimos que tiene un progenitor irascible y un par de vecinos demasiado ruidosos. Otros que le atormentan son sus compañeros de trabajo. Bueno, esa es su versión, porque nunca nos queda claro si padece manía persecutoria o no. 

A su madre, el segundo personaje con más peso de El cazador, no la trata con justicia. Es verdad que empieza siendo, hasta cierto punto, una antagonista, porque se opone a los designios de su hijo, pero nunca se deja de mostrar amable y comprensiva, e incluso se acaba volviendo su cómplice. Así que no os fiéis mucho de Julián, porque es imposible determinar hasta qué punto es un exagerado, o cuán mal de la cabeza está. A mí, en cambio, sí que me podéis creer; yo sí que soy una verdadera víctima del sistema, de la sociedad, de la humanidad. 

Pero estábamos hablando de El cazador. La (insisto que primera) novela de Tomeo es interesante y tiene una personalidad bastante marcada. Sin embargo, creo que está un poco verde; le faltan un argumento y un retrato psicológico más centrados, así como un mayor desarrollo de los ingredientes empleados. Eso sí, la obra cumple como gamberrada lúdica capaz de introducirnos en la literatura del autor. 

También querría destacar que El cazador tiene pasajes que rozan la genialidad, pues transmiten perfectamente la extravagante forma de pensar de Julián. Por ejemplo, esa breve reflexión en torno a las grietas, o ciertas asociaciones de ideas completamente desnortadas. Y es que Tomeo se sirve de diagramas, fórmulas matemáticas, meditaciones extravagantes y diálogos que en realidad son monólogos para caracterizar a su protagonista y texturizar sus delirios.

Poco más que añadir. Resulta fácil engarzar El cazador en la tradición: las escuetas descripciones del trabajo de oficinista de Julián recuerdan a Franz Kafka, y la reclusión de éste remite a libros anteriores como los de Xavier de Maistre. Asimismo, podríamos relacionar la novela con fenómenos actuales, como el de los nini, los "hikikomori", los adultos infantilizados que recurren al escapismo o la gente que frisa los cuarenta y aún vive con sus padres.

Yo, sin duda, seguiré indagando desde mi cueva en la narrativa de Tomeo. Según tengo entendido, varias de sus ficciones reiteran la fórmula introducida en El cazador, pero mejorando su premisa y refinando los elementos de que está compuesta. 


También de Javier Tomeo en ULAD: Aquí