sábado, 4 de septiembre de 2010

Colaboración: Un día en la vida, de Manlio Argueta

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 1980
Valoración: Recomendable

Manlio Argueta escribió este libro porque no quería volver a El Salvador después de siete años exiliado con solo dos libros en su bibliografía. Por su condición de intelectual, volver a su país de origen, que se encontraba a las puertas de una guerra civil, representaba ser asesinado. Con esta fijación necrofóbica escribió su tercera novela en tan solo tres meses (por suerte sus peores temores no se confirmaron, supongo que ayudaría el que se volviera a exiliar tan solo un mes más tarde de haber vuelto).

La novela, basada en hechos reales, bien podría haber sido titulada “Una vida en un día”, ya que va ser lo que se encuentre en su interior. Es un soliloquio de tres mujeres, que van repasando las acciones de un mismo hecho a través de sus diferentes puntos de vista. Cada capítulo es la hora de un día pero en diferentes años, hasta completar las 24 horas. Son tres voces de una vida, la juventud, la madurez y la vejez, al igual que el día tiene el despertar, la plenitud y el ocaso.

La estructura es simple y fácil de leer. Personalmente me encontré con dos pequeños escollos. El primero, que utiliza un lenguaje muy local (sigo sin saber qué es el “comején”). A pesar de todo, esto no dificulta la lectura ni la comprensión de la historia. Al contrario, le da más credibilidad y realismo. Y segundo, en ocasiones se me hizo cuesta arriba leer las vejaciones a las que son sometidos algunos de los personajes. Por suerte el autor no se recrea en ello.

Las circunstancias están enmarcadas en las del autor al escribir la novela. En un El Salvador al borde de la guerra civil, con las palabras y las costumbres propias de su gente… Pero la historia en sí, es la historia mil veces repetida en cualquier parte del mundo de los que no tienen nada más que un pedazo de tierra buscando una oportunidad de vivir mejor.

En mi humilde opinión Manlio Argueta es otra joyita más de las muchas que nos ha regalado Latinoamérica, y tanto en poesía como en prosa, merece la pena leerle.

Firma invitada: Marta

viernes, 3 de septiembre de 2010

Robert B. Laughlin: Crímenes de la razón

Idioma original: inglés
Título original:
The crime of reason
Fecha de publicación: 2008
Valoración: recomendable

Robert B. Laughlin puede no ser un gran conocido para el gran público. Tampoco para mí. Pero resulta que comparte un premio Nobel de Física con otros dos señores por haber explicado algo con un nombre tan misterioso como "efecto Hall cuántico". También ha dado clase en la Universidad de Stanford durante un montón de tiempo. Eso significa que tiene una buena experiencia en dos ámbitos esenciales de la actividad científica: investigación y docencia. Si se trata de hablar sobre cómo se produce y cómo circula el conocimiento en nuestro tiempo, el tipo sabe lo que se dice.

Adelanto esta aclaración de entrada porque este ensayo reta desde el principio algunas de nuestras convicciones más asentadas sobre la cuestión. Así, con frecuencia se nos llena la boca de expresiones como "Era de la Información", "Economía del Conocimiento" (y no pongo más mayúsculas por respeto a la R.A.E.). Pues bien, Laughlin tiene a bien aclararnos que, en realidad, vivimos una época en la que el conocimiento está amenazado por trabas de enorme eficacia.

Por un lado, las autoridades se han dado cuenta de que buena parte de la investigación científica puede tener efectos muy peligrosos, e incluso potencialmente fatales para toda la población. Durante la Guerra fría, en plena paranoia nuclear, los gobiernos optaron por prohibir toda investigación que pudiera enseñar a construir la bomba (prohibirla fuera de sus instalaciones militares, se entiende). Se sentó así un mal precedente, criminalizando el conocimiento mismo y no su aplicación. Esta lógica se ha ido imponiendo en un ámbito creciente de la ciencia, a medida que se descubrían los posibles usos militares de ciertas investigaciones genéticas, biológicas o cibernéticas.

Por otro lado, el mercado también se ha dado cuenta del enorme potencial económico de ciertos conocimientos. Claro que este potencial sólo se mantiene si el conocimiento queda en manos de unos pocos que saben explotarlo. De ahí que los gobiernos reciban una presión creciente para defender lo que se denomina propiedad intelectual. El campo del saber que está protegido por patentes y que es, por tanto, de propiedad privada crece cada día. Laughlin hace ver la contradicción en la que incurre la Corte Suprema de EE.UU. al afirmar que las leyes de la naturaleza o los algoritmos matemáticos no pueden patentarse, pero sí las secuencias génicas o el software. Es cierto que las patentes tienen una determinada duración, y luego caducan, pero el truco es tan sencillo como volver a patentar el mismo avance con un pequeño cambio insignificante.

Ante este panorama, es fácil suponer que son muchos los científicos que, si no son abiertamente censurados, al menos se autoprohiben la investigación en determinadas direcciones, ya sea por sincera preocupación por sus peligrosos efectos, o temiendo las posibles represalias de sus patrocinadores. La solución no es sencilla y las conclusiones de Laughlin dan miedo: lo que se nos viene encima es la penalización del intelecto.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Robert Walser: Vida de poeta


Idioma original: alemán
Título original: Geschichten y Poetenleben
Año de publicación: 1914 y 1918
Valoración: Recomendable


Robert Walser fue uno de los escritores en lengua alemana más importantes del siglo XX. Aquejado por una enfermedad mental e ingresado en un manicomio durante los últimos 30 años de su vida, Walser escribió varias colecciones de poemas, novelas y el libro de narraciones cortas que hoy reseño.

Compuesta en realidad por dos colecciones de relatos independientes (GeschichtenHistorias– y PoetenlebenVida de poeta–), esta obra no es sino una muestra del talento literario de Walser. Disfrutamos en ella de un estilo elegante y poético, donde la melancolía y la nostalgia se convierten en un personaje más de la narración y ésta pasa a ser un ejercicio merecedor de toda atención y elogio.

Una gran obra, sin duda, que, como los buenos platos, sacia pero deja con ganas de probar un poco más. Habrá que hacerse con sus otros libros.

Otros libros de Robert Walser reseñados en ULADJakob von GuntenEl ayudante

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Vicente Blasco Ibáñez: La barraca

Idioma original: español
Año de publicación: 1898
Valoración: muy recomendable

El lenguaje sencillo de esta novela puede llevarnos a confusión y hacernos creer que los temas que se tratan en ella son igualmente sencillos. Pero no lo son: ni el lenguaje es tan sencillo (Blasco Ibáñez lo carga de un profundo lirismo que el lector bebe como espontáneo) ni los asuntos retratados son en absoluto simples, ni de fácil resolución (como demuestra el final de la novela).

Ambientado en la Valencia agraria de finales del siglo XIX, La barraca presenta un conflicto vecinal... y un conflicto social. Cuando al tío Barret se le hace imposible el abusivo precio del arrendamiento de su parcela de tierra, el resto de los vecinos deciden unirse para boicotear cualquier posibilidad de que esa tierra sea cultivada por nadie. Pero Batiste y su familia llegan al pueblo para labrarse desde cero una nueva vida, rompiendo así ese pacto de solidaridad vecinal. Los vecinos, liderados por el zángano de Pimentó, se opondrán a ellos con armas que sólo son pacíficas al principio.

Esta novela saca a relucir los mejores y los peores aspectos del carácter humano, y nos muestra cómo incluso la solidaridad puede transformarse en intransigencia cuando entran a juego los intereses de una comunidad desesperada.

Vicente Blasco Ibáñez utiliza su evocador lenguaje para hacer un análisis de la condición humana que trasciende la lucha de clases, acercándose al instinto de supervivencia más descarnado e inclemente.

También de Vicente Blasco Ibáñez en ULADLos cuatro jinetes del apocalipsis

martes, 31 de agosto de 2010

Virginia Woolf: Orlando

Idioma original: inglés
Título original: Orlando. A Biography
Año de publicación: 1928
Valoración: Muy recomendable

Aunque escrita por la misma autora de La señora Dalloway, Orlando es una novela muy distinta de aquella, pero igualmente admirable. Aquella es una obra densa, poética, estilísticamente trabajada, trágica y llena de contrastes; ésta, en cambio, es mucho más ligera y accesible, irónica, también con momentos poéticos y pero sobre todo con mucho sentido del humor. Está considerada como una de las obras más accesibles de Woolf (y una de las mejores, también), lo cual no quiere decir que sea una lectura fácil -comparado, quiero decir, con una novela policiaca o de Dan Brown...

Orlando es una biografía ficticia (¡y tan ficticia!) de un caballero, el que da el título a la obra, que nace en el siglo XVI, durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, y vive al menos hasta el primer tercio del siglo XX (la acción de la novela termina en el momento presente, en 1928, su fecha de redacción). Durante este tiempo, Orlando vive una apasionada historia de amor con una mujer rusa llamada Sasha -sin duda, los capítulos más bonitos del libro-, escribe un larguísimo poema, acepta un cargo como embajador en Constantinopla, cambia de sexo sin motivo aparente, vive un tiempo con unos gitanos, vuelve a Londres ya como mujer, se casa con un marino y conoce a algunas de las más destacadas personalidades literarias de la época -de todas las épocas en que vive.

El estilo con el que está escrita esta novela es bastante distinto al lirismo intrincado y sinuoso de La señora Dalloway, lo que no quiere decir que sea descuidado ni mucho menos: es mucho más directo, y está lleno de pequeñas ironías e ingeniosidades sutiles. Es indudable que Virginia Woolf se lo tuvo que pasar muy bien escribiendo esta novela. Por otra parte, son relativamente abundantes las menciones al propio proceso de escritura y redacción de la novela, lo que aumenta la sensación de distancia estética e irónica con respecto a la historia.

Aunque no haga falta saberlo para disfrutarla, Orlando es en realidad una "novela en clave" o roman à clef: Orlando es en realidad un trasunto de Vita Sackville-West (escritora y amante durante unos años de la propia Virginia Woolf); la hermosa Sasha es Violet Trefusis, amante a su vez de Vita Sackville; Marmaduke Bonthorp Shelmerdine es Harold Nicholson, el marido de Vita, quien conocía sus affairs con mujeres, los aceptaba y a su vez tenía sus propios amantes masculinos (a pesar de lo cual eran un matrimonio de lo más unido y feliz), etc. Seguro que los conocidos de Woolf disfrutaron muchísimo intentando poner nombre a todos los personajes de la novela; el lector actual, que no tiene por qué conocerlos, la disfrutará igualmente, como una obra maestra de imaginación y libertad creativa.

También de Virginia Woolf en ULAD: La mujer ante el espejoFlushUna habitación propiaLa señora Dalloway

lunes, 30 de agosto de 2010

José Manuel Caballero Bonald: Dos días de septiembre

Idioma original: castellano
Año de publicación:
1962
Valoración: Recomendable

Leyendo Dos días de septiembre viajamos en el túnel del tiempo hasta el Jerez de 1960, dónde encontraremos unas clases sociales muy marcadas: ricos muy ricos, pobres míseros y una clase media a la que cuesta mucho liberarse de penalidades y cuya dependencia de los caprichos y ocurrencias de los caciques es evidente. A pesar del tiempo transcurrido, todavía planea el fantasma de la guerra civil y, sin embargo, muchos de sus planteamientos todavía siguen siendo actualidad: la dependencia económica femenina, los abusos de poder de los de arriba o la apatía que produce la falta de horizontes. Se diría que estamos leyendo una versión andaluza de Los lunes al sol, convertida en novela y con un telón de fondo muy antiguo.

Esta sensación tan cinematográfica se refuerza por el uso de un vocabulario muy preciso, con términos visuales y coloristas que aluden a objetos y utensilios de la tierra, a la vendimia y otras costumbres, también a unos diálogos muy vivos en el castellano coloquial de siempre que no hacen suponer que haya pasado medio siglo.

El argumento me atrapó desde un principio, probablemente porque tiene una estructura muy trabajada que termina envolviendo al lector. Primero se enfoca el escenario de cerca presentando personajes y situaciones sin conexión aparente para ampliar el campo de forma progresiva, mostrando vínculos, circunstancias personales o hechos del pasado que han marcado las forma de ser de cada uno. Para hacernos sentir cómplices de lo que allí ocurre, en lugar de darlo todo hecho, obliga a elaborar el conjunto a partir de los datos que aporta y a relacionarlos unos con otros a medida que vamos leyendo.
Podría considerarse una novela coral. Aunque en la segunda mitad profundiza más en algunos personajes, no puede decirse que haya un protagonista. Si alguno destaca es Miguel Gamero, a través de él el lector recibe el empuje emotivo que termina de ligarle a la historia.
A excepción del incidente central, apenas pasa nada. Lo que importa no es la acción sino la situación. Se refleja la vida cotidiana del pueblo, amores y odios, costumbres, la presencia constante del vino, las relaciones jerárquicas. Se describe más que se narra. Descripciones y diálogos son, pues, los dos pilares que sostienen toda la narración. Es éste el retrato de una época que, como toda obra maestra que se precie, trasciende el momento concreto para abordar conflictos humanos.
La novela volvió a ser noticia cuando se reeditó, hace algunos años. En esta entrevista de 2008 podéis leer lo que piensa el autor de su obra tanto tiempo después de haberla escrito.

Otras obras de José Manuel Caballero Bonald en ULAD: Ágata ojo de gato

domingo, 29 de agosto de 2010

Henry Miller: Trópico de Cáncer

Título original: Tropic of Cancer
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1934 (en París; en EEUU, en 1961)
Valoración: Muy recomendable

Si hubiera perdido definitivamente todo el respeto por el arte de reseñar libros, me habría atrevido a escribir este post utlizando una técnica nueva llamada "reseña estilo Muchachada Nui". Bueno, más concretamente, estilo sección "Celebrities" de Muchachada Nui.

Para quién no lo sepa, Muchachada Nui es un programa conformado a base de sketches en el que un grupo de comediantes gamberros ha sentado cátedra en España con un sentido del humor descacharrante y absurdo rozando el surrealismo, que se ama o se odia. Y resulta que los mozos tienen en su programa una sección llamada "Celebrities" en la que se encargan de parodiar atroz y eficazmente a famosos de todo tipo mediante locos-locos-locos testimonios en primera persona hablando de uno mismo en plan despelleje inclemente.

Y bueno, pues me hubiera apetecido hacer una "celebrity" de Henry Miller, el escritor estadounidense que armó la marimorena allá por 1930 y pico con la publicación de Trópico de Cáncer (la censura retrasó su publicación en los USA hasta los 60), un punto de inflexión en la historia de la literatura debido a su iconoclasta planteamiento. Narrada en primera persona, la novela contiene las aventuras y desventuras de un escritor de Estados Unidos en París que trata de entregarse a su pasión malviviendo de oficios varios (desde periodista a profesor de inglés), rodeado de una peculiar horda de amigos de todas las clases y condiciones, y de prostitutas, de muchas pero que de muchas muchas prostitutas.

Son quince episodios cronológicamente presentados, con un estilo literario escalofriantemente visceral, poético y apestoso, sideral y pútrido, lúcido e inclemente con los amantes de la vida ordenada, perfumada y serena. Y en cuanto a las escenas de sexo y al papel de la mujer en estas hojas malditas..., mon Dieu! Si hace poco discutíamos si la mujer es o no tratada frecuentemente en el mundo de la cultura como un objeto/herramienta sexual, las feministas más radicales hubieran quemado en la hoguera al señor Miller, el cual, fíjate tú, fue amante de la rara avis de Anaïs Nin. Es que en esta su obra cumbre, Miller habla de las féminas como si fueran cosas deseables y tentadoras pero también desechables y cargantes y tontainas...

Vamos, que entiendo que le acusaran de pornógrafo y golferas a base de tanta ladilla y seno al aire que se permitió el hombre. Lo entiendo teniendo en cuenta la doble moral reinante en la época (bueno, y aún ahora, ¿no?), una lástima, porque se pasó por alto que el libro entronca con el existencialismo más dirty y con las grandes tragedias del ser humano con chicha mental: la desorientación vital, la búsqueda desesperada de la autorrealización personal, la decepción constante al comprobar que la mayoría de los sueños sueños son...

Y eso, que me hubiera hecho gracia mostrar aquí el guión para la celebrity de Henry Miller, hablando de sus cositas con acento maño, narrando sus locas aventuras de juventud en los peores burdeles de Pigalle y describiendo sin piedad a sus amigos de pesadilla. Una caricatura del monstruo de los Trópicos, repantingado en un sofá cutrefacto, en pantuflas de jubilado. Qué cosas se me ocurren...

PD: Habemus peli.

Otras obras de Henry Miller en ULAD: Una pesadilla con aire acondicionado