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sábado, 30 de agosto de 2025

Aristófanes: Las aves

Idioma original: griego clásico

Título originalὌρνιθες (Ornithes) 

Año de publicación (representación): 414 a.C.

Valoración: Se deja leer 


Creo que alguna vez he llegado a decir aquí que leer a los clásicos griegos no es en absoluto tan intimidante como la gente cree. De hecho, aunque algunos textos resulten a veces no muy digeribles, hay otros, en mi opinión la mayoría y sobre todo los de los grandes dramaturgos, llenos de vivacidad, relatos épicos, tragedias brutales, historias eternas y a veces cuajadas de humor, que pueden leerse sin la menor dificultad y resultan muy gratificantes. Esto es así muchas veces, pero llegados a este punto hay que reconocer que no siempre.

Aristófanes, autor sobre todo de comedias, propone en Las aves una cosa bastante loca: un par de personajes, Pistetero y Evélpides, consiguen entrar en contacto con Tereo, un rey que de alguna manera fue transformado en una abubilla y en su nueva condición parece que ejerce cierto ascendiente sobre el mundo de las aves. Los recién llegados huyen de Atenas, donde es posible que estuviesen envueltos en algún pleito, e intentan convencer a la abubilla para que las aves creen una ciudad en los cielos desde la cual gobiernen el mundo, desbancando a los dioses del Olimpo. Todo esto, claro está, entre un despliegue de retórica disparatada, disfraces y algunas situaciones más o menos cómicas.

Tras haber logrado estos individuos en parte su objetivo, se desarrollan las escenas más divertidas cuando una serie de personajes van apareciendo en escena intentando apuntarse a lo que consideran el nuevo poder emergente. Poetas, negociantes y matemáticos se arriman a lo que consideran caballo ganador, siendo despachados sin contemplaciones por los nuevos dirigentes. También se aproximarán varios dioses con intención de conocer la situación, e incluso de negociar. El nuevo orden, aunque todavía embrionario, tiene un buen número de personajes arrodillados para hacerse hueco, una estampa que igual nos es un poco familiar en los tiempos actuales.

La cosa es tan chusca que por momentos se siente uno sumergido en el ambiente de algunas obras teatrales deudoras del surrealismo o de la literatura del absurdo, de manera que si estuviéramos leyendo algo del siglo XX nos pondríamos quizá a buscarle significados, mensajes encriptados o estereotipos bajo el disfraz. En ese intento de análisis de fondo, seguramente el texto podría darnos claves interesantes en manos de algún entendido en la época: el reflejo del conservadurismo de Aristófanes, la crítica a la recientemente nacida democracia ateniense, ecos de la geopolítica del momento, cosas así que he podido ver por ahí y que sin duda aportarían datos para una lectura más rica.

Por mi parte, a lo sumo se me ocurre que eso de abogar por una ciudad edificada en el cielo y un mundo gobernado por las aves puede tener algo de metafórico, un punto de idealismo lanzado por quien reniega de alguna situación política o social, y un mensaje que se quiere hacer llegar, envuelto en el humor, a los espectadores que por su parte solo esperan reírse y pasar un buen rato. Pero, claro, todo esto leído a pelo veinticinco siglos después no funciona nada bien, a diferencia de esos otros autores a los que me refería al principio, clásicos, estos sí, en el más profundo sentido de quienes hablan sobre cosas más allá del momento y el lugar, que tocan al ser humano con carácter universal e intemporal. 

Por lo demás, digamos que el librito por sí mismo puede resultar a lo sumo entretenido y hasta provocarnos alguna sonrisa, nada mucho más allá, pero a fin de cuentas es otro título que llevarnos a la mochila, porque en definitiva en materia de lecturas (casi) todo suma.

Otras obras de Aristófanes reseñadas en ULADLisístrataPluto


martes, 26 de septiembre de 2023

Esquilo: La Orestíada

Idioma original: griego antiguo
Título original: Ορέστεια 
Traducción: Fernando Segundo Brieva
Año de publicación: 459 a. C.
Valoración: Recomendable (o no)

La sensación que uno siente ante una obra escrita hace 2500 años (¿2500 años? ¡2500 años!) es de un profundo respeto y, cómo no, distanciamiento. ¿Qué nos puede unir a dos humanos tan separados, autor y lector, por un abismo de tiempo – y distancia – difícilmente mesurable?

Analistas mucho más preparados y capaces que yo han estudiado la obra de Esquilo y – gracias desde aquí a todos ellos – la han traducido, editado, masticado, digerido y casi regurgitado para gozo y placer de todos nosotros, legos en la materia, pero curiosos y atrevidos lectores. Será este el perfil de mi reseña: cómo un lector actual y casual, más o menos omnívoro y obsesivo, puede disfrutar de una obra como esta;  no es mi intención abarcar más allá, no dispongo de tales capacidades.

Pues bien, lo primero que debo decir es que en mi bonita edición de las tragedias completas se nos informa de que La Orestíada es la obra que nos ha llegado más completa a nuestros días: en un principio, al parecer formada por cuatro partes diferenciadas (Agamenón, Las coéforas, Las euménides y Proteo, esta última perdida en el tiempo) y, esto es importante, autoconclusivas. Es esta la razón por la que me he limitado a reseñar La Orestíada y no las tragedias en conjunto; si ya es complicado dirimir aquí algo tan fundamental en la narrativa de nuestros días como introducción, nudo y desenlace, no digamos cuando faltan partes íntegras de la trilogía.

Historias que tratan de celos, venganza, asesinatos, dramas interfamiliares, dioses presentes y falibles como humanos, justicia conceptuada de una forma que hoy en día nos puede chocar, y redención (redención precristiana, entendida a la manera de los clásicos), no es sin embargo una lectura fácil ni ágil; para algo más ligero me permito recomendarles las comedias de Plauto o Aristófanes. En este tipo de lectura deberemos acostumbrarnos a interminables soliloquios, monólogos repletos de referencias mitológicas y geográficas (indispensable hacerse con una buena edición repletita de apuntes a pie de página), y, concretamente, a la participación protagonista del coro y a sus tremendas divagaciones.

La acción transcurrirá en su absoluta totalidad fuera del escenario, y habitualmente nos enteraremos de los hechos acaecidos a través de algún mensajero o heraldo que nos irá informando de las novedades.

En un esquema repetitivo, los personajes suelen ser protagonista y antagonista, coro y corifeo, y el anteriormente mencionado mensajero, que será el que dé inicio propiamente a la trama introduciendo la información necesaria. Tradicionalmente, el héroe impondrá su voluntad con la fuerza de los dioses y el coro acabará cantando sus alabanzas.

Bien, pues, ¿cómo enfrontarnos a la valoración? ¿es esta una lectura que valga la pena para alguien sin pretensiones, con afán de pasar un rato agradable de lectura? 

Me temo que no. Sin lugar a dudas, es una obra maestra de la literatura y ejemplo de las cotas más altas que pudo alcanzar la humanidad en un pasado ya remoto (y muchísimas cosas más que no voy a listar aquí) pero no lo puedo recomendar sin más para cualquiera.

Aquellos cuya curiosidad lectora sea grande acabarán por leerlo igual; quedan avisados de que no será entretenido. Aquellos otros que solo buscan un rato agradable de lectura harán bien en buscar algo más actual y con lo que puedan sentirse más identificados o empatizar mejor.

Para finalizar, las obras de Esquilo nos hablan de un mundo pasado ya desaparecido y no es buena idea adentrarse en esas espesuras sin guías; una vez más, si uno se va a atrever con estas lecturas, recomiendo encarecidamente una buena edición anotada. Sin ella correremos el riesgo de no enterarnos de absolutamente nada.


También de Esquilo en ULAD: Prometeo  encadenado

miércoles, 5 de julio de 2023

Esquilo: Prometeo encadenado

Idioma original:
 Griego
Título original: Προμηθεὺς Δεσμώτης
Traducción: Marcelino Menéndez y Pelayo
Año de publicación: Siglo V a.C.
Valoración: ¿Está bien?

Prometeo encadenado es una tragedia griega atribuida al dramaturgo clásico Esquilo. Se especula que podría formar parte de una trilogía teatral cuyas entregas restantes no se han conservado. 

Supongo que todos sabéis, más o menos, de qué trata; a fin de cuentas, se basa en un mito archiconocido. Aun así, resumámosla por si hay despistados en la sala: 

Prometeo da el fuego a los hombres, gracias a lo cual los mortales consiguen desarrollar sus artes y ciencias. Pero a los dioses (en especial a Zeus) les ofende su acción, y deciden castigarlo severamente, haciendo que Hefesto, pariente del titán, lo encadene a una roca. Cada día, un ave de rapiña devorará las entrañas de nuestro héroe, y estas se regenerarán después para que su martirio se repita.
 
Varios personajes aconsejan a Prometeo que se disculpe con Zeus, muestre sumisión y suplique clemencia, sin querer considerar que el castigo puede ser desproporcionado e incluso injusto. No obstante, el titán se niega en rotundo a claudicar; en parte, porque sabe que eso no le garantizará el perdón, y en parte porque sabe que en realidad no ha cometido ninguna falta.

En este sentido, Prometeo recuerda al orgulloso (que no necesariamente arrogante) Satanás de John Milton. A los lectores se nos impele a simpatizar con él. ¿Acaso no demostraba su desafío a los dioses un afán desinteresado y democratizador? De igual modo, Zeus remite al Dios bíblico del Paraíso perdido, en el sentido que es igual de despótico y vengativo, aunque todavía más arbitrario.

En definitiva, Prometeo encadenado es una obra que, como todas las tragedias griegas, habla tanto de dioses como del ser humano. Habla de la soberbia, del rencor, de la venganza, del dolor y de la injusticia. Habla del Poder, de sus abusos y excesos, amén de la dignidad irreductible de aquel que se sabe justo y está dispuesto a aceptar cualquier castigo que se le imponga a cambio de no tener que bajar la cabeza ante el déspota de turno. 

A su manera es bastante amena (especialmente si se lee en una versión cuyo lenguaje ha sido modernizado), pero tiene rasgos que pueden alejarla del público contemporáneo. Por ejemplo, su formato teatral, carente de acotaciones y repleto de diálogos redundantes o llenos de exposición. O su pertenencia a una narrativa más amplia (la de la mitología griega), lo cual presupone que el lector conoce a previamente un contexto panorámico y un elenco de personajes (Hefesto, Océano, Ío, etc...) que se introducen sin presentación alguna. 

En mi opinión, suscita reflexiones valiosas, pero como clásico ha envejecido bastante mal por culpa de su formato y tema, y en tanto que texto de ficción deja mucho que desear porque no ubica ninguno de los elementos que presenta.


También de Esquilo en ULAD: La Orestíada

sábado, 24 de diciembre de 2022

Colaboración: Pluto, de Aristófanes

Idioma original: griego antiguo
Título original: Πλοῦτος
Traducción: Luis M. Macía Aparicio
Año de publicación: 380 a. C.
Valoración: Recomendable

Está claro, no es la última novedad editorial en salir al mercado, pero es lo bueno de los tiempos modernos: podemos recuperar y acceder a todo aquello que la erosión y los vaivenes de la historia no se han llevado consigo. Quedaría por saber si solo lo bueno es lo que permanece o también hay otros productos literarios de menor calidad que, por la razón que sea, han conseguido superar el paso de los años y llegar a nuestros días.

Y es que no podía estar más avisado: ya desde el prólogo nos avisa el traductor de que no es esta una de las mejores obras de Aristófanes; que sus mejores años han pasado ya y que no hay aquí nada que refleje la brillantez del genio de antaño. Opinión esta secundada por la mayoría de la crítica, por lo que he podido leer rápidamente en diagonal en diversos volúmenes sobre literatura griega. Al parecer es un punto común entre distintos especialistas.

Bueno, pues, ¿quién soy yo para rebatir algo como esto? Ni muchísimo menos lo pretendo, pero déjenme al menos admitir que a mí me ha gustado; reconozco que me ha dolido en el amor propio que chistes que me han hecho reír a día de hoy ya habían sido calificados en su momento como antiguos (hace más de 2000 años...), pero bueno, qué se le va a hacer. Cada uno es como es y tiene los gustos que tiene. Y entre los míos encaja sin duda esta divertídisima obra de teatro, moralizante y con mensaje, pero el cual aún no tengo claro. 

Desde luego, alguien a quién se consideraría una persona buena y honesta en estos días (¿existe?) no es la misma que en aquella época, en aquellos parajes. Hay unas diferencias muy claras entre ambas mentalidades y eso nos lleva a dudar en ocasiones de si uno es “bueno” o “malo”, de si un acto es egoísta y debe ser castigado o si simplemente ese comportamiento es algo natural y que debe ser visto con normalidad; han pasado muchos años desde la época de Aristófanes y muchas cosas han cambiado. Personalmente soy de los que piensan que no se debe juzgar el pasado con los ojos del presente y que para entenderlo mejor se debe contextualizar, pero ese es un debate demasiado grande y abierto como para plantearlo aquí.

Sin embargo, hay cosas que nunca cambiarán y que nos demuestran que seguimos siendo los mismos de siempre: El argumento consiste, brevemente, en un hombre que va a a pedir guía en un templo para saber cómo le podría ir bien a su hijo en la vida: siguiendo un camino recto y honesto o comportándose como un sinvergüenza sin escrúpulos, que es lo que ha visto, revisto y comprobado el bueno de Crémilo (que es así como se llama nuestro hombre) a lo largo de toda su vida. Diversas personificaciones de dioses, entidades mitológicas y demás personajes salen a la palestra para, entre otras cosas, darnos una explicación sorprendentemente moderna sobre la inflación (¡!), con un final un tanto abrupto y que deja algunos cabos sueltos.

A pesar de todo, como he dicho antes, me ha gustado y he disfrutado mucho leyéndola. Como obra de teatro se lee en dos patadas y el lenguaje moderno/actual por parte del traductor (tío, chavala, jodidos...) la hace muy ligera y fácilmente comprensible; desde luego, si esta es de las peores obras de Aristófanes, sin duda voy a intentar hacerme con el resto de su catálogo y poder juzgar por mí mismo.

Recomiendo, eso sí, una buena edición con apuntes y notas aclaratorias que nos guíen por aquellos comentarios y referencias más confusas de los antiguos griegos, o correremos el riesgo de enterarnos de la mitad.

Firmado: EPS


Otras obras de Aristófanes en ULAD: Lisístrata

martes, 22 de octubre de 2019

Aristófanes: Lisístrata

Idioma original: griego antiguo
Título original: Λυσιστράτη
Año de publicación (representación): 411 a.C.
Traducción: Luis M. Macía Aparicio
Valoración: recomendable y divertido

En el año 411 a. C. atenienses y espartanos, junto a sus aliados respectivos, llevaban ya dos décadas zurrándose la badana en la Guerra del Peloponeso, con un resultado, en ese momento, más bien desfavorable a Atenas. Pero en esta ciudad una mujer llamada Lisístrata -en griego, "la que disuelve el ejército"- decide justamente eso, parar la guerra y disolver los ejércitos; para ello convoca a otras mujeres de Atenas y de toda Grecia, para proponerles una forma. llevar a cabo una huelga "de piernas cruzadas"... es decir, nada de sexo hasta que sus maridos sean razonables y lleguen a un acuerdo de paz. Entretanto, además, las atenienses toman la Acrópolis -y, lo que es más importante, el tesoro de Atenea, que sirve para sufragar la guerra-, que es donde se desarrolla la obra.

No quiero desvelar si la treta da resultado o no, pero sí diré que en aquella época, según se da a entender, los griegos iban más salidos que el pico de una tabla de surf (sería cosa de la alimentación orgánica y el aire puro de por entonces) y ni siquiera el recurso a la sana camaradería masculina, que ha hecho célebre a aquellos aguerridos helenos, resultaba suficiente para resistir el embate del deseo hacia sus mujeres. Unas mujeres que, según las retrata Aristófanes, eran a su vez tan libidinosas y débiles de voluntad para soportar las tentaciones de la carne como sus hombres o incluso más (sorprende un poco esta imagen que se da del género femenino, anterior a que la cultura judeocristiana impusiera un modelo más recatado, e incluso pacato); el caso es que a Lisístrata le cuesta lo suyo mantener a sus compañeras dentro de este celibato estratégico, situación, por cierto, que emplea el autor de la obra para conseguir momentos de gran comicidad. Porque, claro, aunque tenga de transfondo la guerra y, en concreto, lances de ésta que no habían sido favorables a las tropas atenienses, ésta no deja de ser una comedia que rebosa humor; un humor, eso sí, más bien procaz y no demasiado fino; muy "mediterráneo", si se quiere decirlo así, pero que hace 2500 años y aun hoy, seguro que hizo partirse de risa al respetable. Todavía más entonces, ya que ellos sí que entendían a la perfección multitud de alusiones y matices que nosotros hemos de conocer leyendo las notas a pie de página. No obstante, ya digo que sigue siendo divertida.

Otra cosa es dilucidar sobre el supuesto "protofeminismo" de esta obra. La verdad, no creo que fuera ésa la intención de Aristófanes, habida cuenta las poco halagüeñas que les dedica a las féminas: "¿Y qué podrían hacer de sensato o glorioso las mujeres, que nos quedamos sentadas llenas de colorete, con nuestros vestidos de color azafrán, las largas cimbéricas que nos llegan hasta los pies y los zapatitos elegantes?"; "¡Ay, cómo es de calentón el género femenino! Con justicia suministramos temas para tragedias, porque siempre le estamos dando vueltas a los mismo." Pero, en fin, tengamos en cuenta  que hablamos de la Grecia del siglo V a. C., una época y un lugar más machistas que un disco de Bertín Osborne versioneando canciones de el Fary (parece ser, además, que en la Atenas democrática la situación de las mujeres era aún peor que en otros lugares de la antigua Grecia). Ahora bien, por otro lado, no sólo se presenta a Lisístrata como una mujer más inteligente que los hombres, sino que las mujeres en conjunto aparecen como un sujeto político activo, algo que, por más que se tratase de una comedia, no podía dejar de chocar en aquella sociedad donde no tenían ningún derecho. La obra, además, es un claro antecedente de otra del mismo autor con un carácter aún más político, que es La Asamblea de las Mujeres. Aunque el traductor de esta edición de Lisístrata y prologuista de la misma (y profesor de la UAM) la sitúa más bien dentro de las comedias "utópicas", ya que plantea una situación inimaginable para aquella época -no ya el éxito de una "huelga de sexo", sino que se tuviera en cuenta de alguna forma la opinión de la mitad femenina de la sociedad-, y precisamente en ese carácter utópico reside -o residía entonces- buena parte de la comicidad de la obra. Lo que no significa, claro está, que hoy debamos pensar lo mismo que hace 2500 años... aunque hay a quien le gustaría, por desgracia.



lunes, 15 de agosto de 2016

Sun Tzu: El arte de la guerra

Idioma original: chino
Título original: 孫子兵法
Traducción: ¿?
Año: Siglo V a.C.
Valoración: Está bien


Yo pensaba que éste iba a pasar a ser el libro más antiguo que se había reseñado en ULAD, pero creo que hay por ahí una etiqueta ‘Siglo VI a.C.’, así que me quedaré sin el Guinness hasta que me decida a meterle mano al Código de Hammurabi.

Tampoco tiene mucha importancia –al menos para los que no somos historiadores- que el tal Sun Tzu, por lo visto un prestigioso general chino en una etapa muy convulsa de la historia de ese país, fuese o no el auténtico y único autor del libro. A él se atribuye tan pretérito título y eso nos basta, aunque haya quien diga que a su redacción contribuyó su hijo Sun Bin, o tal vez otros personajes.

Porque, aunque la aclaración tal vez sobre, 'El arte de la guerra' no es un título metafórico, sino un tratado de estrategia militar, probablemente el más antiguo que se conoce, al menos con una formulación completa y sistemática. De manera que a lo largo de sus trece capítulos, el general va poniendo negro sobre blanco los principios fundamentales para alcanzar la victoria en la batalla, ya se sabe, cuándo y cómo hay que atacar (o no), cómo organizar las tropas, cuestiones a tener en cuenta (el terreno, la meteorología) y responsabilidades de generales y oficiales. Obviamente, tampoco me voy a detener a analizar estas cuestiones, que para el lector tienen un interés muy relativo y además no dominamos en absoluto. 

Lo que sí llama la atención es el énfasis que se pone en la astucia: 'Todo el arte de la guerra está basado en el engaño', ni más ni menos. Y ahí se extiende en describir cómo confundir al enemigo, maniobras de distracción o señuelos de todo tipo. En la misma línea, destaca el maestro la importancia del espionaje y la información, detallando incluso diversos tipos de espías con sus correspondientes funciones bien definidas. Ya el bravo Leónidas –más o menos contemporáneo de Sun- tuvo que sufrir en las Termópilas el efecto de un espionaje eficaz, pero aquí queda bien claro que no es un invento europeo. En todo caso, uno quizá esperaría de un general una postura más aguerrida y majestuosa, hablando de fortaleza, sacrificio y esas cosas, pero este caballero no se corta a la hora de recomendar la simulación y la contrainformación como armas fundamentales.

Es interesante también cuando Sun decide meterse en asuntos que en principio desbordan el ámbito puramente bélico. Para empezar, subraya una y otra vez que la auténtica victoria consiste siempre en evitar el conflicto, conseguir la rendición del adversario sin lucha. Seguramente, detrás de esta oda a la diplomacia y la política -más cercana del pragmatismo que de lo que hoy entenderíamos como pacifismo- se encuentre cierto humanismo de raíz taoísta, y de hecho se cita expresamente esa herencia cultural; aunque eso se lo dejamos a los expertos. Pero se incide también en la necesidad de que el soberano practique la justicia y la magnanimidad, que se evite en lo posible el exterminio del enemigo y sus núcleos de población, o la recomendación de un trato aceptable para los prisioneros. Incluso plantea la necesidad de que un general se salte órdenes superiores cuando vea claro que lo exige el buen fin de las operaciones bélicas. Realmente, no es que Sun fuese un rebelde iconoclasta, ni un remoto precursor de la Convención de Ginebra. Por el contrario, sus recomendaciones no tienen otra finalidad que la eficacia en la búsqueda de la victoria, a través de la fidelización de las tropas o la utilización en beneficio propio de los recursos humanos y materiales del enemigo. Pero aún así resulta chocante encontrar opiniones en apariencia tan modernas en un texto escrito hace 2.500 años.

De forma que este manual nos deja la sensación de trascender la materia militar de la que trata, y reunir sabiduría y lógica extensivas a otros campos, todo ello bajo unos parámetros que asociaríamos a conceptos mucho más recientes. Así que no es de extrañar que 'El arte de la guerra' se utilice aún en la actualidad, no sólo en las academias militares –que por supuesto- sino en ámbitos tan insospechados como la gestión empresarial. Y es que, al margen de que Sun Tzu incluya hasta una especie de análisis DAFO de las fuerzas, la verdad es que en las escuelas de negocios ya se echa mano casi de cualquier cosa.

Y termino con un par de curiosidades: 1. El ejemplar de que dispongo lo compré en una Feria del Libro Anarquista (por cierto, a un precio más bien poco ‘popular’). Se trata de una edición muy bootleg, y por lo mismo no consta nombre del traductor ni del autor del prólogo, ni por supuesto un ISBN. O sea, copia fusilada de algún ejemplar, cubierta (que no es la que se ve en la imagen) y a correr. La abolición de la propiedad empieza por Sun Tzu. 2. He visto por ahí que existe incluso una versión manga. Sería realmente curioso conocerla.