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miércoles, 8 de septiembre de 2021

Geoffrey Willans & Ronald Searle: ¡Abajo el colejio!

Idioma original: inglés
Título original: Down with skool!
Año de publicación: 1953
Traducción: Jon Bilbao
Valoración: divertido

ha todos los ninios i niñas qe enpezais de nuebo el kurso eskolar: ¡No seais exklabos! no permitais la hopresion de padres i profes! Biva la livertaz, ermanos i ermanas de infortunio! ¡Abajo el colejio!

Uf... qué cansado es escribir así, os lo digo de verdad; más aún para una persona como un servidor, que no ha puesto una falta de ortografía en su VIDA (las que encontráis  ocasionalmente en mis reseñas y que señaláis con suma y bienvenida gentileza son por culpa, en exclusiva, del defectuoso software del procesador de textos de blogger.com, os lo aseguro). Pero el caso es que así es como está escrito este libro de Geoffrey Willans -bueno, así no, claro, en inglés, cuidadosamente traducido por Jon Bilbao... o quizás debería escribir "cuidadosamente mal traducido"-, en el que un estudiante de uno de esos típicos colegios privados británicos, santuarios de los deportes de equipo y los castigos corporales, en este caso uno llamado San Custodio, nos ofrece un compendio de observaciones y consejos sobre compañeros, padres y profesores para sobrevivir a los años escolares sin dar ni golpe y recibiendo los menos posibles...


El resultado es una mezcla entre las aventuras de Guillermo el travieso, las del pequeño Nicolás (el original, se entiende) y un Harry Potter sin magia... Así, aprendemos que podemos tener como compañeros tanto a repelentes barbilindos como a prepotentes ricachones; la diversa tipología de "direztores" y sus instrumentos de castigo, así como la de esos infelices que son los profesores; cómo conseguir librarnos de sus clases, tanto de latín, mates o literatura, como de las excursiones botánicas o la religión -el poco eficaz método de aparecer vestido de ángel y colgando de una cuerda hasta que te castiguen por blasfemo). También cómo torturar a esos curiosos especímenes que son los padres y madres cuando acuden al colegio a visitar a sus vástagos o cómo evitar  -o al menos divertirse con la infame comida que se sirve en San Custodio.

Como se ve, se trata de un texto muy divertido, aunque quizá su acidez se nos quede un tanto diluida en estos tiempos, pese a que las dosis de vitriolo no son escasas... claro que quizás aumentasen en los siguientes tres o cuatro libros que Willans escribió con el inefable Nigel Molesworth de protagonista, no lo sé... 
"Pasa a menudo que los padres se preocupan por los pogresos de sus hijos. No se dan cuenta de que todos los niños son unos zoquetes sin celebro, lo que es fácil de conprender viendo a los padres."

En todo caso, el divertimento que supone este libro sería mucho menor sin las desopilantes ilustraciones de Ronald Searle, tan jocosas como el propio texto y que, en verdad, funcionan al margen de éste. Una delicia (bueno, según para quién...):


Así que, ya sabéis, niñas y niños, personas diminutas, que retomáis en estas fechas las clases, después del parénteisi veraniego: tal vez no os guste vuestro cole, vuestros profes o compañeros, pero siempre podía ser peor; podríaas estar en San Custodio... De cualquier forma, ahora y siempre: ¡Abajo el colejio!

martes, 13 de julio de 2021

Talbot (Mary M.) & Talbot (Bryan): La virgen roja

Idioma original: inglés

Título original: The Red Virgin and the Vision of Utopia

Año de publicación: 2016

Valoración: Recomendable


Hay más de una obra con este título y más de un libro sobre el otro personaje, su homónimo, (que es quien esperaba encontrar cuando me hice con esta novela gráfica). De la otra virgen –española y más cercana a nosotros en el tiempo– hablaré quizá más adelante; la de hoy se llamó Louise Michel (1830-1905), una mujer que, además de teórica feminista –centrada en la educación de las mujeres y el rechazo absoluto al matrimonio que consideraba una trampa para ellas– educadora pionera, activista social, enfermera ocasional y autora de numerosos títulos, fue una figura destacada en la gestación de la Comuna de París durante la guerra franco-prusiana de la segunda mitad del XIX. Aunque no lograron detenerla, tuvo que entregarse cuando la amenazaron con fusilar a su madre, esto la llevó al exilio en Nueva Caledonia, donde trabajaría por la independencia y educación de los nativos y realizaría estudios biológicos in situ, que envió al Instituto Geográfico parisino. Allí reanuda su trabajo docente, funda un periódico y comienza su carrera literaria. Amnistiada y de vuelta en París, abraza la causa anarquista, pone en jaque constantemente los principios conservadores mediante mítines, manifestaciones y acciones varias, vuelve a pasar por la cárcel –y a defender allí a las más desprotegidas– es víctima de un atentado etc. Fue muy conocida y admirada, tanto por sus intervenciones orales como por sus escritos revolucionarios, narrativa y poesía. Admiraba la ciencia-ficción como forma de anticipar la utopía que soñó para el futuro. Parece ser que Verlaine la consideraba una Juana de Arco del proletariado y se sabe que, a lo largo de unos treinta años, mantuvo correspondencia con Victor Hugo, que, tal como se indica en el apéndice, le dedicó un poema titulado Viro Major cuyo comienzo es:

“Ayant vu le massacre inmense, le combat / Le peuple sur sa croix, Paris sur son grabat, / La pitié formidable était dans tes paroles./ Tu faisais ce qui font les grandes àmes folles / Et, lasse de lutter, de rèver, de souffrir, / Tu disais: “j’ai tué” car tu voulais mourir.”

No sé si Louise Michel era virgen (ni me importa, ¡qué manía de escudriñar la vida privada de las mujeres!) ni siquiera si el concepto roja es aplicable a ella, lo seguro es que se trata de una personalidad genuinamente idealista, de esas que se van metiendo en todos los charcos vayan dónde vayan y sean como sean estos. Y meterse en charcos aquí significa ponerse de parte del débil, enfrentarse al poder, procurar que se imponga la justicia, aunque las posibilidades de triunfar sean escasas y las de perjudicarse gravemente, altísimas. La novela –cuyos autores son el matrimonio británico formado por la académica y escritora Mary y su marido, el veterano ilustrador Bryan– relata su historia de forma sucinta, como es lógico teniendo en cuenta las limitaciones del formato y la cantidad de vicisitudes de su larga y ajetreada existencia, y no se hace de forma lineal sino a través de personaje interpuesto: otra activista, ésta más teórica y sedentaria, de una generación posterior, llamada Charlotte Perkins Gilman, a quien la escritora sitúa de paso por París precisamente el día del funeral de Michel. Con ella como tema de conversación, la biografía se va desarrollando a través de sus episodios más significativos y mediante los sugerentes dibujos, muy de la Francia decimonónica cuando corresponde y adaptados a otros ambientes según convenga. Las viñetas se han resuelto casi exclusivamente a tinta negra, con ocasionales toques de rojo que añade dramatismo en momentos álgidos y cuya conjunción parece aludir a la bandera anarquista.

Sin quitar méritos a la novela gráfica, que es amena, estéticamente agradable, y contiene la información más esencial, puede merecer la pena profundizar en su contenido utilizando la bibliografía que se incluye al final. Sobre el momento histórico, sobre Louise Michel, incluso sobre Charlotte Perkins, sin olvidar sus propias memorias. Como ven, hay donde elegir. Y como información no incluida en el libro, existe además una película sobre su vida titulada Louise Michel, la rebelle, estrenada en 2009, de producción francesa y críticas más que aceptables. 



lunes, 27 de enero de 2020

Semana del cine #1: Filmish de Edward Ross

Idioma original: inglés
Título original: Filmish. A Graphic Journey through Film
Año de publicación: 2015
Traducción: Carlos Mayor Ortega
Valoración: recomendable

Puede parecer un tanto chocante empezar una semana dedicada al cine reseñando un cómic, una ocurrencia más de quien firma esta entrada. pero nada más lejos de mi intención: en verdad, no sólo el lenguaje de ambos medios, películas y cómics comparten su carácter eminentemente visual, sino que, en este caso, el libro Filmish -subtitulado Un viaje gráfico por el cine-resulta ser un ensayo -"ensayo gráfico", podríamos decir-, de una complejidad y profundidad nada desdeñables, aunque también una lectura fácil y amena, amén de muy bien documentada, algo a lo que contribuye, sin duda, el estilo claro y agradable de sus ilustraciones. Ello es posible porque su autor, el británico Edward Ross, resulta ser, además de un excelente dibujante,  licenciado en Estudios Cinematográficos, claramente conocedor de muchos estudios sobre el tema. Sobre su propio libro, por lo visto en un primer momento publicó los diferentes capítulos que lo componen como los distintos números de un fanzine (lo que no significa que el resultado o la estética sea cutre o chapucera, todo lo contrario), que vendía en un cine de su ciudad. Estos diferentes capítulos no están ordenados cronológicamente -es decir, no sé trata de un libro sobre la Historia del cine, por más que esa idea aparezca en el subtítulo de su interior-, algo que Ross sólo sigue en algún momento, a modo indicativo. Y son los siguientes, que recogen diversos elementos o conceptos que, en mayor o menor medida, componen las películas: 
  • El ojo (es decir, la cámara y quien la dirije)
  • El cuerpo (los intérpretes)
  • Los decorados y la arquitectura
  • El tiempo (el tiempo como tema, pero también como elemneto narrativo)
  • La voz y el lenguaje
  • El poder y la ideología
  • Tecnología y tecnofobia
Cada capítulo está asentado en una nutrida muestra de citas de estudiosos del cine y de las ciencias sociales y, sobre todo, en muchísimas referencias a películas -más de trescientas- que le sirven al autor para ejemplificar sus asertos. La mayor parte de estas películas son norteamericanas, aunque también las hay pertenecientes a, por ejemplo, la vanguardia rusa, el expresionismo alemán o el cine surcoreano del siglo XXI -por si a alguien le interesa, referencias del cine español o casi  incluso  en español sólo hay una: Los cronocrímenes, de Nacho Vigalondo-; también hay una nutrida menció afantásticas del género fantástico y de terror, que, imagino, serán la debilidad de Mr. Ross... A través de estos capítulos, además de un panorama general de los diferentes elementos que componen las películas, Ross trata de destacarnos un par de ideas que subyacen a lo largo de todo el libro: que existen distintas interpretaciones acerca de una misma película, perfectamente válidas, aunque puedan diferir de la que tengan o pretendan transmitir los artífices de la misma. Y que es necesario mantener una visión crítica del cine (o los libros) que consumimos, más allá de su apariencia de mero entretenimiento, pues siempre se haya influenciado por las ideas políticas y el ambiente cultural predominantes entre quienes lo hayan creado. de hecho, el autor del ensayo insiste, en varias ocasiones, en que al menos en los países occidentales, el cine ha ofrecido casi simpre, o de forma predominante, el punto de vista masculino, blanco y heteronormativo, dejando en posición subalterna -cuando no obviando del todo- el de las mujeres, personas de otras etnias, homosexuales... Es obvio que Ross tiene mucha razón, pero también, o al menos en mi opinión, que esta repetida puesta en evidencia parece un tanto dictada , más que nada, por el "espíritu de los tiempos"; hace no demasiados años, es probable que las críticas las hubiera centrado en la ausencia en el cine de la perspectiva de las clases trabajadoras -algo que aquí no aparece- o de un análisis marxista de este medio...

En cualquier caso, el ensayo resulta perfectamente recomendable, por riguroso a la par que ameno -gracias a su carácter gráfico, sin duda-, para quien quiera tener una visión general del arte cinematográfico más allá de sus característicasa técnicas, hitos históricos y anécdotas... que tampoco es que falten en Filmish, pero siempre al servicio de unas tesis generales más ambiciosas y profundas.



domingo, 3 de noviembre de 2019

Zoom: La broma asesina, de Alan Moore & Brian Bolland

Idioma original: inglés
Título original: The Killing Joke
Año de publicación: 1988
Traducción: Felip Tobar Pastor
Valoración: recomendable, como poco

Supongo yo que a estas alturaas ya todo el mundo habrá visto la película Joker o por lo menos habrá leído u oído hablar sobre ella; ya sabéis, esa obra maestra del cine contemporáneo, el Taxi Driver del siglo XXI, retrato de la alienación y frustración de nuestra época, auténtico tour-de-force interpretativo... o bien una pretenciosa peli de superhéroes sin superhéroes, pero con demasiadas ínfulas arty... lo que prefiráis. El caso es que es una muestra más de la mirada digamos "adulta" se tiene hoy en día, cada vez más, hacia el género de los superhéroes, y en especial al "universo Batman", de quien el Joker es su más emblemático (y en gran medida, complementario) antagonista.

Los "batiexpertos" (yo no lo soy; a mí siempre me ha gustado más el desenfado de Spiderman) explican que este viraje hacia una mayor complejidad y profundidad en lasa aventuras y la propia figura del hombre Murciélago comenzó ya en los años 70, pero cristalizó sobre todo en los cómics de los 80 guionizados por Frank Miller Batman: el Regreso del Caballero Oscuro y Batman: año uno. Ahora, bien, por lo que respecta a su archienemigo Joker (o el Guasón), que hasta entonces no pasaba de ser un malvado payaso, criminal pero bufonesco, al fin y al cabo, el cambio  al la hora de plasmarlo en la ficción vino con este número de ese mismo 1988, perpetrado por los británicos Alan Moore, guionista y Brian Bolland, dibujante  (en la primera edición del cómic constaba también el colorista, si es que se dice así, John Higgins, pero en la que yo he leído, que es una publicadda con motivo del vigésimo aniversario, fue el propio Bolland quien se hizo cargo del color. Además, se incluye otra pequeña historieta con guión y dibujos de Bolland, así como algunos bocetos de su archivo personal). Recordemos que Moore venía de escribir, pocos años antes, Watchmen, que fue presisamente una revisión o incluso deconstrucción del concepto de "superhéroe". Ahora le tocaba al supervillano...

La historia -que, por cierto, se abre con unas estupendas páginas mudas, pura narración visual- cuenta cómo el Joker se fuga del manicomio de Arkham y secuestra al comisario Gordon, disparando, además, y violando yu ordenando violar , aunque esto no aparezca de forma explícita, a su hija Bárbara -que, era o había sido Batgirl-; luego traslada al viejo comisario a un parque de atracciones abandonado, donde intenta volverle loco con sus torturas en medio de una bizarresca puesta en escena que seguramente haría las delicias de Tim Burton, en su momento. La narración se alterna con episodios de flash-back en los que nos cuentan como el Joker se convirtió en tan peculiar villano (parece que Bolland, en verdad, no era partidario de incluirlos)... Para quien haya visto la película: también aquí es un cómico fracasado al que la vida no deja de hacer perrerías, sólo que, en este caso, su piel decolorada, su pelo verde y su permanente rictus de risa no se deben al maquillaje ni a un trastorno-cómo-se -llame, sino a un involuntario baño en una balsa llena de productos químicos.

¿Por qué es tan diferente el concepto de "villano" en este cómic? En primer lugar, por el nivel de violencia -aunque alguna sea insinuada, ya digo- que aparece, que supera el estándar considerado conveniente para el anterior público infantil de estas publicaciones, y que incluso, iría un paso más allá en el siguiente número de Batman, Una muerte en la familia, cuando Joker se carga d eforma bruutal al segundo Robin, Jason Todd. pero , so bre todo, lo que distingue a La broma asesina es el grado de comprensión y hasta complementación entre héroe y antihéroe: hay muy poco que los diferencie, en realidad (de hecho, Batman está tan chiflado como Joker...¿qué pensar si no de un multimillonario que se dedica a vapulear criminales disfrazado de murciélago?), de igual manera que hay muy poco que separe al ciudadano normal y corriente del loco peligroso. "Tan sólo se necesita un mal día", explica Joker.  Todos podemos acabar como una regadera a poco que nos aprieten las tuercas... aunque. en realidad ni siquiera hace falta eso para despertar nuestros más morbosos instintos: ya he comentado que en el siguiente cómic de batman el Joker mata a Robin... pero lo hizo porque ése fue el resultado que salió en una encuesta telefónica que hizo DC Comics entre sus lectores (en este sentido, va tambián la pequeña historieta de Bolland, Un tipo inocente, que es tan interesante como la historia principal).

Por acabar, a riesgo de cometer el pecado de SPOILER: ¿a qué viene el título de La broma asesina? Pues a que en inglés la expresión se refiere tanto a un chiste o broma asesina, literalmente, como a uan que te mata, pero de risa. Y esta historieta acaba, justamente, con un chiste sobre locos que le cuenta Joker a Batman (quizás os suene)... y hasta ahí puedo contar ; )



Otros cómics escritos por Alan Moore reseñados en Un Libro Al Día: V de VendettaWatchmen

martes, 15 de agosto de 2017

Mary M. Talbot, Kate Charlesworth & Bryan Talbot: Sally Heathcote, sufragista

Idioma original: inglés
Título original: Sally Heathcote, Sufragette
Año de publicación: 2014
Traducción: Lorenzo Díaz
Valoración: recomendable

A día de hoy (aunque a saber hasta cuándo) el Gobierno del Reino Unido está dirigido por una mujer y no es la primera que lo hace. Pero no está de más recordar que hace tan sólo cien años, que no son tantos como parece, las mujeres británicas ni siquiera podían votar (ni las españolas, ni las francesas, ni un largo etcétera...); el derecho a hacerlo lo consiguieron tras una larga lucha protagonizadad por unas damas con atuendos victorianos, coloridas bandas  y pancartas reivindicativas, que conocemos por el nombre de "sufragistas" -sufragettes en inglés-;unas combativas mujeres que, seguramente por eso mismo y pese a la justicia del innegable logro que consiguieron, no han salido bien paradas en retratos posteriores que se han hecho de ellas (aunque reconozco que no he visto aún la película titulada, precisamente, Sufragistas): en el mejor de los casos, suelen aparecer como unas simpáticas excéntricas; en el peor, como unas fanáticas exaltadas e intransigentes.

Obras como este cómic sirven precisamente para cambiar esta percepción que se tiene de las sufragistas. Y no porque nos dé una visión edulcorada de este movimiento político -incluso yo diría que todo lo contrario-, sino porque relata de forma pormenorizada pero amena la dureza de la lucha que llevaron a cabo, las dificultades y prejuicios que debieron superar para la consecución de sus justos objetivos (y no de todos, pues, por ejemplo, la equiparación salarial ente hombres y mujeres sigue sin conseguirse).  También cuenta las vicisitudes internas que vivió el movimiento sufragista, sus divisiones, rivalidades y traiciones .... como ocurre en el seno de cualquier organización humana, por otra parte. No olvida señalar, además, las otras injusticias de la época, como lasa derivadas de las diferencias de clase social, pues la protagonista, Sally Heathcote, comienza su andadura como criada de la famosa Emmeline Pankhurst, rescatada por ésta de una de aquellas dickensianas workhouses.

De hecho, aunque la protagonista de esta novela gráfica , exquisitamente ambientada en la época eduardiana sea un personaje ficticio, aparecen muchas de las figuras reales y destacadas del sufragismo británico, desde, obviamente, la señora Pankhurst y sus hijas Christabel y Sylvia, al matrimonio Pethick-Lawrence, Hannah Mitchell -al parecer, la activista que le inspiró a la guionista Mary M. Talbot el personaje de Sally- o la no menos célebre (por un motivo más luctuoso) Emily Davidson. ya digo que no todas salen siempre favorecidas: este libro no es una hagiografía, ni tampoco se ocultan las derivaciones casi terroristas -o sin casi- que surgieron del movimiento, como la protagonizada por las "Young Hot Blood".  Es muy interesante, además, comprobar las concomitancias que la lucha del movimiento sufragista tenía, al menos en cuanto a los métodos empleados y el debate interno sobre la licitud de éstos, con otros también contestatarios que habían surgido por la misma época en el seno del todopoderoso Imperio Británico: los socialistas, sindicalistas o los fenianos irlandeses.  No menos ilustrativa es la represión efectuada por las fuerzas del aparato del Estado, en este caso contra las sufragistas.

En cuanto al aspecto gráfico de la obra, destacar, junto al detallismo de que hace gala, el sabio uso de los toques de color, que hacen de contrapunto al blanco y negro general, además de servir para destacar a determinados personajes y crear ambientes. La muy cuidada edición no se queda atrás en cuanto a calidad, y convierten en una experiencia  de lo más placentera la lectura de este libro.





sábado, 5 de marzo de 2011

Andy Riley: El libro de los conejitos suicidas y El regreso de los conejitos suicidas



Título original: The Book of Bunny Suicides y Return of the Bunny Suicides
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 2003 y 2004
Valoración: Está bien

Hace unos cuantos años, durante una visita a una tienda de cómics (una de esas visitas que siempre comienzan con la engañosa premisa "entro sólo a mirar, no voy a comprar nada"), encontré un librito de tapas naranjas llamado El libro de los conejitos suicidas, en cuya portada se veía una tostadora por la que asomaban las orejas de un conejo. Intrigada por lo cafre de la imagen, lo cogí y le eché un vistazo. Para mi sorpresa, el dibujo de la cubierta no era nada comparado con lo que podía encontrarse dentro: conejitos construyendo intrincadas máquinas destinadas a matarlos, conejitos dejándose atravesar por jabalinas, suicidándose con sacacorchos, envenenándose, fastidiando a Sauron (!) para descargue su furia contra ellos... Toda una galería de barbaridades que hacían aflorar una risa floja al mismo tiempo que me hacían pensar "pero qué barbaridad".

Me compré el libro, sí, y me reí mucho (y me sentí un poco culpable por reirme), y no pude más queEl regreso de los conejitos suicidas, una compilación de historietas en las que los conejitos continuaban mostrando sus poco ortodoxos métodos para quitarse la vida. También lo compré y también me reí mucho. Y me volví a sentir culpable, porque, reconozcámoslo, las historietas que aparecen en ambos libritos son de lo más cruel.
sorprenderme cuando, al año siguiente, apareció ante mí

Quizá lo que ocurre es que son tan bestias como irreales y por ese motivo no parece tan malo reírse. Porque, al fin y al cabo, sabes que lo que ves ahí no es cierto. Porque si se pusiera en práctica cualquiera de esas formas de acabar con un conejo, no creo que nadie se riera lo más mínimo. Igual ocurre lo mismo que con Saw (salvando las distancias), que, a fuerza de intentar conseguir el acto más violento y desagradable que se pueda imaginar, ya no impresiona y apenas si hace gracia cuando debería dar miedo.

Pero los libros de los conejitos están hechos para que uno se ría. Y sí, te ríes. Cuando estás con el segundo librito el tema se hace un poco repetitivo (normal), pero hay que reconocer que Riley tiene muy mala leche y mucha, mucha imaginación. No es que ocupen un lugar privilegiado en mi estantería, pero oye, echarles un vistazo de vez en cuando y alegrarte el día es todo uno. Y eso se agradece.